Mes: agosto 2011

Necesidad de un nuevo censo

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Comparto con Uds. la entrega más reciente del diplomático Ramiro Prudencio Lizón. Vale la pena leerla.

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Varias entidades y muchas personas están pidiendo la realización de un nuevo censo, pies el anterior ocurrió en el año 2001, y se piensa que hay cambios significativos en el crecimiento y distribución de la población nacional.
Se considera que actualmente el país tendría más de diez millones de habitantes y ello, porque se realiza un cálculo de crecimiento anual mayor al 1.6%. El origen de este porcentaje proviene del increíble incremento que se produjo en el último censo, de cerca de un 30% con relación al anterior de 1.992.
Pero conviene subrayar que Bolivia no es un país que recibe inmigrantes, sino que por el contrario, su gente tiende a salir de su territorio. Se dice que sólo en la República Argentina vivirían cerca de un millón de nuestros conciudadanos.
Posiblemente el meollo del asunto se encuentra en que hubo graves errores en el censo del año 2001, debidos a que no se lo efectuó en el mismo día en las zonas urbanas y en las rurales, sino que en las últimas se lo hizo tres días después. Esto dio lugar a que los campesinos que vivían en las ciudades pudieran retornar al campo y hacerse empadronar nuevamente. Y había un motivo valedero para ello, la participación popular, la cual establecía que las zonas rurales más pobladas recibirían mayores ingresos del Estado.
Hay que tener presente que el deseo de que haya una mayor población en nuestro país no es de ahora sino de siempre. Casi todos los censos anteriores seguramente extendieron también datos con falencias, con el ánimo de presentar un mayor número de habitantes. Probablemente había un anhelo de que Bolivia se vaya acercando en población y riqueza al resto de los países más poderosos del continente. Pero este procedimiento, lamentablemente, acarreó en el pasado muy graves problemas.
Recordemos que los primeros censos de la República se llevaron a cabo durante el gobierno del mariscal Andrés de Santa Cruz, y dieron una población de más de un millón de habitantes, casi igual a la peruana y muy superior a la argentina y chilena. Pero Bolivia no podía tener esa cantidad de gente en esa época porque su territorio estaba casi despoblado. Evidentemente, el Mariscal deseaba hacer creer a las naciones vecinas que Bolivia era grande no sólo en extensión sino también en población.
Todos los censos posteriores a los de Santa Cruz continuaron con la costumbre de inflar la población. Pero lo absurdo de esos cálculos quedó demostrado en la Guerra del Pacífico. Mientras Chile movilizó a fines de 1880, cincuenta mil soldados para la invasión a Lima, Bolivia, juntando todo su ejército, apenas pudo presentar 5.500 hombres en el Alto de la Alianza.
La Guerra del Chaco fue otra prueba desgraciada de los errores censales. Se creía que el país contaba con unos tres millones de habitantes. Pero sólo pudo movilizar 160.000 soldados. Si se hubiese tenido esos tres millones, se habría podido reclutar el triple de hombres de los mencionados anteriormente.
Sabemos que los censos en el país han sido difíciles de realizar. No sólo por las distancias sino por la idiosincrasia de nuestra gente rural, que por desconfianza tendía a ocultar la verdad, ya sea reduciendo su número familiar o, por el contrario, con tendencia actual a incrementar las cifras.
Por otra parte, es menester eliminar ese tipo de consultas racistas que se dio en el censo anterior. En él se preguntó si uno era originario de este suelo. Una buena mayoría, 69%, manifestó tener ascendencia indígena, pero ello no significaba que se considerara indio, sino mestizo. Este resultado determinó que se estimara oficialmente que en Bolivia hay un 69% de indios y un 22,5% de mestizos, cuando el porcentaje seguramente debe ser al revés.
De todos modos, confiemos en que ahora, con nuevas técnicas y con mejores medios de comunicación existentes, el futuro censo sea bien organizado y se obtenga un resultado real y confiable, lo que coadyuvará a los futuros planes de desarrollo nacional para este segundo decenio del siglo veintiuno.

Revés

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Es el título de una crónica esta semana en The Economist, la revista de economía más influyente del mundo. De  inicio recuerda que cuando el presidente Morales asumió, en enero de 2006, prometió gobernar a favor de los grupos étnicos oprimidos. “Los 500 años de resistencia indígena no  han sido vanos”, proclamó en su discurso inaugural. “De 500 años de resistencia pasamos a otros 500 años en el poder…Estamos aquí para decir que hemos llegado al poder para acabar con la injusticia, la desigualdad y la opresión bajo la que hemos vivido”.

La pretensión del Sr. Morales de que su llegada al poder representaría el fin de la “resistencia indígena” ahora parece algo presuntuosa. Desde fines de 2010, una amplia gama de grupos indígenas ha escenificado protestas contra su gobierno por no consultar suficientemente sobre proyectos de infraestructura o por la distribución inequitativa de los gastos públicos. Hace poco, más de 1.000 personas de varios grupos étnicos comenzaron una marcha de 500 kilómetros hacia La Paz, para oponerse a la construcción de una carretera. Con la tasa de aprobación presidencial en caída desde más de 60% a comienzos de 2010 a sólo 40% y más ahora, las comunidades cuyos intereses él asegura representar han estado entre las primeras en abandonarlo.

La revista dice que  la conversión de Evo Morales a la causa de los derechos indígenas es reciente. Antes de la elección de 2004, era más conocido como líder de los sindicatos de cocaleros y como socialista opuesto a las políticas de libre mercado y la privatización de de estatales. Se puso el manto de cruzado étnico, dice el artículo en la revista, cuando candidateaba para la presidencia, lo que le ayudó a atraer apoyo extranjero para su candidatura y conseguir dinero.

En funciones, Morales ha sido ampliamente leal a los indígenas. Ha logrado una nueva constitución para garantizarles derechos así como garantías de consulta en proyectos gubernamentales que los afecten. Pero implementar esos privilegios –dice el artículo- para las 36 comunidades reconocidas se ha vuelto extremadamente difícil. Las protestas han brotado por todo el país. En el departamento de Potosí, estallaron con la construcción de un aeropuerto y con un departamento vecino que afectará la distribución de regalías mineras. La nota en la revista refiere las protestas en El Alto, por la demora en el censo de población y vivienda que probablemente disminuya la tajada financiera de los pueblos rurales, centro principal del apoyo de Morales, a favor de las zonas urbanas, entre ellas Santas Cruz, el motor económico del país, en manos de la oposición. El carácter de las protestas no ha permitido que el gobierno recurra a su acostumbrada táctica de atribuirles motivaciones racistas.

La marcha a La Paz, recuerda el artículo, protesta por la construcción de la carretera Villa Tunari-San Ignacio de Moxos, en Beni. La carretera está en discusión desde hace dos décadas, y el gobierno ha decidido llevarla a cabo. Sus proponentes, dice el artículo, tienen fuertes argumentos en un país con una infraestructura pobre que podría, con la obra, establecer un corredor con Brasil y los puertos de Chile. Pero la obra cortaría el parque nacional Tipnis, cuyos residentes temen que sirva para que los sembradores de coca arrasen la floresta,  expandan sus cultivos y diezmen la fauna silvestre. Los nativos demandan ser consultados, se acuerdo a la nueva constitución. El gobierno mantiene su propósito y asegura que mantendrá a raya a los cocaleros, aunque no tiene capacidad para proteger la remota región efectivamente. Ha acusado a los nativos de estar apoyados por Estados Unidos y uno de sus ministros principales ha dicho que la oposición a la obra es para frenar al gobierno en detener el tráfico de tierras y de madera. Las acusaciones han enardecido a los nativos. Al final, es probable que el Sr. Morales se siente a conversar con los marchistas y les ofrezca suficientes concesiones por su consentimiento, Pero el daño político, dice la revista, será mucho más difícil de revertir.

Ahora Brasil produce más gas que Bolivia

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Pasó desapercibida estos días la noticia que hizo conocer Petrobrás: su producción de gas es ahora superior a la del estado plurinacional boliviano.

Brasil, que cuando comenzó a recibir gas de Bolivia a fines de la década pasada apenas producía tres millones de metros cúbicos diarios (le compra a Bolivia 31 milliones m3/dia) ahora produce 56 millones de m3/dia. Casi 19 veces la producción de hace poco más de diez años!

Bolivia, si se coincide con lo que dicen las autoridades de YPFB, está en 45 millones de m3/dia. El informe oficial de Petrobras dice que la producción de la empresa b rasileña fue de 56,71 millones de metros cúbicos diarios en julio, un aumento del 8% respecto al mismo mes hace un año.

Brasil ha recibido estos años fuertes inversiones (gran parte privadas), está a punto de exportar petróleo y, por lo que vemos, podría inclusive prescindir del gas boliviano.

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Una pregunta para YPFB: ¿De cuántos octanos es la gasolina que se vende en los surtidores? Vale la pena saberlo, porque si la empresa asegura que es de 94 o más octanos  la que llama “especial”, algo pasa con el combustible cuyo rendimiento –Uds. lo habrán notado- es extremadamente limitado.

¿Abandonados?

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La interrogante es por la indiferencia que muchos sectores, antes comprometidos con las causas ambientalistas, exhiben ante la marcha de los Tipnis, próxima a la segunda semana al escribir este artículo.

La marcha de 1990 fue saludada por doquier. Los marchistas fueron vitoreados por donde pasaban. Dirigentes nacionales iban a su encuentro. Hace tres años, el presidente Morales fue hasta Trinidad para conmemorar esa marcha.

El mundo da vueltas y los mismos indígenas y de la siguiente generación, ahora marchan por razones parecidas. Antes pedían que se les reconociese su tierra. Lo lograron. Ahora piden que no se la malogre con una carretera que partiría la reserva, extendida sobre unos 1.100 Km2  (unas catorce veces el tamaño de Nueva York), y causaría depredación inevitable por sus alrededores.  El presidente les dice chantajistas y rehúsa reunirse con ellos. Les ha ofrecido ministros, que en dos ocasiones esperaron en vano a los nativos. En  la tercera, ayer jueves, los nativos exigieron que se presente casi todo el gabinete. Era una situación parecida a la que prevalecía cuando el presidente Morales capitaneaba a los indígenas y desdeñaba reuniones con ministros.
Uno de los emisarios del gobierno, el ministro Carlos Romero, creció políticamente en las filas del CEJIS, una ONG que insufló vida al movimiento indigenista. Romero afirma que hay nativos que utilizan la marcha como  pretexto para el contrabando,  venta ilegal de tierras y  la depredación general. (No ha dicho una palabra sobre las plantaciones de coca mostradas hace pocos días por diarios nacionales, entre ellos El Deber). Para ser consecuente y creíble, el gobierno debería  remover a los colonos (eufemismo por cocaleros), trasladar los campamentos y tender vigilancia permanente sobre los lugares susceptibles de invasión.

Antes, los marchistas eran héroes. Ahora, para muchos de los que los vitoreaban, son villanos. Este trampolín sólo puede explicarse con la fuerza del movimiento cocalero en el gobierno. Los cocaleros creen que es hora de cobrar  promesas de vieja data. El dirigente David Herrera (informaba Erbol), declaró que “el gobierno, durante la campaña electoral (de hace seis años) se comprometió a construir esta carrera añorada…”. El dirigente hablaba, según el mismo medio,  en “la zona colonizada del Polígono 7, que está dentro del Tipnis”.  El presidente tiene razón entonces cuando dice que el Tipnis no es tan virgen. En la zona hay unos 5.000 afiliados a la Federación de Cocaleros del Trópico.

Nadie duda de la influencia benéfica de una carretera como factor de crecimiento y desarrollo económico. Con una obra de esa magnitud, llegan legiones de vendedores de servicios y la oferta laboral crece. Además, se trata de una vinculación necesaria para ayudar al Beni a dejar de “guardar” el hermoso futuro del país, como canta un himno. Pero no a ese costo, con pocos dispuestos a aceptarlo.

Hasta ahora se desconoce alguna justificación seria para el trazado original por el parque en vez de circunvalarlo. No se ha hablado de costos para esa circunvalación ni de una eventual interdicción del lugar para la coca, el nuevo maná boliviano.

El ministro Romero afirma ahora que ha sido en tierras guarayas cruceñas donde ha habido mayor  depredación. De esa región, asegura, se han extraído 1.2 millones metros cúbicos de madera que generaron US$2.12 millones. ¿En cuánto tiempo ocurrió eso? ¿En los últimos cinco años, dos años, 10 años? No ofrece datos.

Como está definido el juego, se trata de Tipnis vs. el gobierno y cocaleros. ¿Qué tienen los Tipnis para equilibrarse? Fuerza legal y moral y la comprensión de los movimientos ecológicos de gran parte del mundo. Con apoyo significativo dentro y fuera del país, su causa puede conseguir que la obra sólo bordee su territorio. Es decir, que el gobierno enganche  su proyecto en retro.

Un No para escuchar

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El No viene de mucho allá de San Ignacio de Mojos. Viene de Manaus, donde se reunió la “Primera Cumbre Regional Amazónica Saberes Ancesttrales, Pueblos y vida Plena en Armonía con los Bosques” del 15 al 18 pasados.  En su declaración final, la reunión de dirigentes indígenas de la región amazónica declaró: “No a la carretera en el territorio Indígena Isiboro-Sécure en Bolivia. Hermano Evo: Defiende a los pueblos y no a los negocios del BNDES” (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social), el principal financiador de la obra.

Con el “Mandato de Manaus” los nativos del Tipnis han roto la dimensión nacional que tenía el problema de esa carretera, cuyo trazado original pretende atravesar por el medio la reserva Isiboro-Sécure. El documento entero puede ser encontrado en www.movimientos.org (columna de la derecha), y fue distribuido esta tarde por la red.

El nombre de la conferencia, que reunió a cientos de representantes indígenas amazónicos de toda América del Sur,  es “Armonía con los bosques”.

La marcha, ahora asentada en San Ignacio de Mojos, pretende continuar hasta La Paz, a donde llegaría en el curso de la semana entrante.

El significado de esta declaración: Ahora es con todos los indígenas amazónicos, no sólo con los de las tierras bajas bolivianas.

Tipnis quinto día

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Cientos de marchistas indígenas ingresaron a San Ignacio de Mojos y se instalaron en el salón de música del lugar a la espera de que el ministro secretario Carlos Romero vaya  hasta ese lugar. Fue en en vano. Probablemente no dialogarían con él, pero el gesto del ministro habría sido un as para la mano del gobierno, que habría mostrado su disposición a dialogar allí donde los nativos lo pidiesen. Perdió la oportunidad.

Este sábado y todo el fin de semana vendrán jornadas de  presión psicológica de ambos lados. Las fotos de los nativos marchando por los senderos polvorientos del Beni ya recorrieron el mundo dando un mordisco muy grande a la imagen del presidente Morales y su proclama de ser el líder mundial de los pueblos indígenas.

Los nativos no quieren la  continuación de la carretera asfaltada San Ignacio de Mojos-Villa Tunari que, en su diseño original,  atravesaría por la mitad su territorio ancestral (el Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure) , legalmente protegido. La ruta deberá empalmarse con la red troncal de carreteras de Bolivia e incorporar a toda esa región beniana a una  región económicamente dinámica de Bolivia. Pero los nativos temen que eso acabe con todo su habitat. En verdad, en ellos y en muchos en Bolivia, existe el temor de que la carretera sea una avanzada más para los cocaleros del Chapare, a quienes el presidente les prometió la vía antes de las elecciones de 2005. Este es el mayor temor hacia esa carretera y probablemente uno de los motivos que, discretamente, ensombrecen la actitud de Brasil para financiar la obra. Sobre el financiamiento de más de 300 millones de dólares, el gobierno del vecino país ya tomó una decisión: No lo habrá mientras no ocurra la consulta prevista por las leyes.

En el programa Que no me Pierda, de Enrique Salazar, el trío Los Cambitas ganó esta noche ruidosos aplausos con una interpretación oportuna que contaba la historia de alguien que con “el producto blanco” salió temporalmente de la pobreza para, tiempo después, tras una afluencia efímera de riqueza, acabar en la cárcel.

Para los nativos, la consulta debe dar lugar a la modificación del trazado la ruta de la obra para que sólo bordee su territorio pero sin entrar en él. (Los diarios mostraron esta semana fotografías de los desmontes indiscrimonados provocados por los colonos depredadores que han invadido algunas porciones del lugar y a quienes se atribuye la intención de plantar coca.) Para el gobierno, la consulta no lo compromete a ninguna modificación de la ruta. Además, quieren hablar no con Romero sino con el presidente Morales. Para el mandatario, hablar con los nativos equivale a una rendición. Los nativos, dijo en el mismo programa el ex parlamentario Alejandro Colanzi, vinculado al partido de gobierno. Y el presidente se encuentra “cercado” por los elementos más conservadores del gobierno. Esta vez, los faros de las cámaras de TV están sobre los marchistas del Tipnis.

Los nativos no quieren como interlocutor al ministro Carlos Romero, quien estuvo aguardándolos durante toda la jornada, pero sin intenciones de ir hasta donde se encontraban. Romero, han dicho, fue uno de los que los alentó en otros tiempos, antes de que su partido alcanzara el gobierno y el poder, y ahora está en contra de ellos en la acera del frente. Esta tarde denunciaron que algunos de los vehículos que los acompañan habían sido apedreados y sus vidrios rotos.

Al concluir la jornada de este viernes,quinto día del comienzo de la marcha desde Trinidad, no había ninguna razón para esperar un arreglo inmediato.