Mes: noviembre 2007

En la espiral

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La noticia que pasa la TV sobre enfrentamientos en Cobija entre fuerzas pro-gubernamentales  y cívicas es un avance en la mancha de conflictos que se extiende por el país.  Se habla de dos muertos (feliz<mente esto no fue confirmado) y de decenas de heridos, algo dolorosamente alto en una ciudad tan pequeña y normalmente tan tranquila como aquella del extremo noroeste boliviano.  El conflicto resulta de la votación en la inusual reunión en el Senado, donde los grupos afines al gobierno se conjugaron con la guardia legislativa para frenar el acceso de senadores de oposición. Esa sesión aprobó la Renta Dignidad, en medio de una cerrada oposición de las prefecturas, pues la renta para personas de la tercera edad será cubierta casi totalmente con recursos presupuestados para las prefecturas.

La mancha avanza. Ya dejó sus marcas en Cochabamba, Tarija, San Julián, Sucre y, ahora, Cobija. En algún momento puede avanzar hacia Santa Cruz. Ojo: el proceso no tiene límites demarcados y también en algún momento puede manifestarse en La Paz, hasta ahora plaza indisputable del partido de gobierno.

Por ahora se puede ya hablar de signos muy claros de un conflicto civil en peligroso ascenso.

El retorno

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Algunos amigos me han pedido que recoloque el primer artículo que escribí, a poco de volver a Bolivia.

Para ellos y para quienes lo desearen, el artículo se encuentra en el siguiente link:

https://haroldolmos.wordpress.com/2007/01/19/vuelta-a-bolivia/

Ante el siguiente capítulo

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Y ahora apenas empieza el siguiente capítulo. Es un tramo más en un camino que no será corto: la resistencia activa de los seis departamentos que ayer hicieron un alto, y la insistencia permisiva de las autoridades.

El paro de ayer ejecutado por seis departamentos muestra la voluntad de esas regiones de defender lo que consideran propio: su acceso soberano a los recursos del IDH en el tamaño en que estuvo previsto por una ley anterior a la aprobada por el Senado antenoche.

Fue un paro masivo, un resonante “no” al gobierno que tendría que hacer pensar a las autoridades y no solamente reaccionar con un repetido y monótono “yo no entiendo…”

El siguiente paso será una huelga de hambre, el lunes, en todo el país. Parece muy similar a lo que ocurría hace 30 años, cuando por estas fechas en 1977 se iniciaban ayunos masivos que acabaron doblegando al régimen de entonces y llevándolo a decretar una amnistía general e irrestricta y luego a convocar a elecciones generales, incluso con “delincuentes políticos”, como llamaba a los líderes de oposición. No es lo mismo, es cierto, y ahora Bolivia está en otra sintonía de onda, pero la lección es clara: nada es permanente y existen límites para la fuerza o las triquiñuelas. Esto vale para todos los lados.

Tal vez una nueva tentativa de diálogo, pero un intercambio de ideas honesto y sin prejuicios, pueda ser el camino…ya trillado pero no agotado.

Los días que vendrán – II

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Texto actualizado con sólo algunos ajustes en la redacción

Crece la sensación de que habrá más días conflictivos y  dolorosos antes que ocurra una paz real y efectiva en Bolivia.  El gobierno del presidente Evo Morales ha ido malgastando paulatina y progresivamente la popularidad  que lo convirtió en el primer indio auténtico en gobernar un país sudamericano.  Por lo que puede verse, porciones masivas de las clases medias y populares no ideologizadas se han alejado de él.  Ese alejamiento creciente a lo largo de este año ha sido patente más que nunca en Sucre estos días. Bastaba ver los rostros de la gente que asistía  a las protestas antigubernamentales.

El  lunes, en el entierro de las víctimas, trenzas y polleras se juntaban con ternos, corbatas y chaquetas en el dolor de enterrar a personas que no tenían razones para morir y sí muchas para vivir. Quienes lloraban eran mayoritariamente  personas del pueblo, gente común como cualquiera de nosotros. Podían haber sido hasta los primos del presidente.

En las marchas en Sucre los rostros eran morenos casi todos y no tenían las caras de aristócratas que los portavoces del gobierno insisten en señalar mecánicamente como a los principales participantes de las marchas que lo han puesto en jaque.  El argumento de “aristócratas” ya consumió todas sus pilas y no convence más.  

Parece tan lejano aquel día de posesión hace 22 meses, cuando tronaron los pututus en el Palacio Legislativo y hubo algarabía en los corazones bolivianos. El presidente Morales era bienvenido con alegría en cualquier rincón del país. Ahora dudo mucho que se lo pueda ver por el centro de Tarija, de Cochabamba o de Santa Cruz, menos aún de Sucre.  La tortilla de la popularidad empieza a voltearse. El movimiento puede ser irreversible, a menos que el presidente escuche voces sensatas.  

Este miércoles, con algunos incidentes aislados, se ha cumplido un paro cívico de seis de los nueve departamentos del país: Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija, Chuquisaca y Cochabamba. No sólo han sido dos tercios de los departamentos bolivianos. Han sido más de dos tercios de la extensión territorial del país y más de la mitad  de toda su población de nueve millones. Esto debe decir algo a quienes nos gobiernan. Ya hubo otro paro similar el 27 de agosto y resultó en violencias también aisladas, pero sin víctimas fatales. Ese fue un alerta. El paro del miércoles ha sido el comienzo de una cadena de acciones en la que se eslabonan distintos motivos: la violencia en Sucre, la reducción de la porción que corresponde a los departamentos del  Impuesto sobre los Hidrocarburos (IDH),  la escasez de combustible, la inflación, la aprobación supersónica y “en grande” de la constitución oficialista en un liceo militar, con la lectura sólo del índice de por lo menos seis capítulos.

Escuchaba por radio Fides que cuando el asambleísta David Vargas reclamó por qué no se leían los capítulos en su integridad, incluso el de la capitalidad, y no solamente los titulares, un vicepresidente replicó: “No te preocupes. Eso que dices es sólo una formalidad”.  

Sin comentarios.

Sin embargo, eso explica la orden del presidente para que la constituyente, que se creía originaria y autónoma, se reúna cuanto antes y apruebe en detalle los artículos de la constitución que, casi sin mirar, aprobaron sus partidarios. El domingo  hablaba de someter ya ese texto a un referéndum. Ahora reconoce que aún hay que aprobarlo en detalle y con prisa. Es otra expresión de conducta errática que sus asesores deberían ser los primeros en hacerle notar.
Infelizmente, las acciones buenas del gobierno, como las que combaten la corrupción, la desnutrición infantil, y los intentos de mejorar la educación y la salud, se deslucen ante la magnitud y frecuencia de sus tropiezos, especialmente políticos y diplomáticos.

El presidente está en un laberinto. Y sus asesores más inmediatos deberían alertarlo. Pero creo que más bien atizan la confusión que con frecuencia  impera en el primer escalón del gobierno. Parece ignorar que gestos de humildad y sinceridad pueden hacer mucho para reparar errores.

La aprobación entre cuatro paredes y sin lectura completa de textos constitucionales ha sido la gota de agua que ha rebasado el vaso de esta crisis. Este paso ha sido el “alea jacta est” de Julio César al cruzar el Rubicón. 

Ya no hay vuelta atrás.  Ahora el gobierno y su partido están encerrados en una lógica militar suicida: todo o nada. Los comités cívicos y  los prefectos no pueden evitar esa lógica. Tal como le dijo en una oportunidad, marcando diferencias, Lula a Chávez. A él, a Lula, como dirigente obrero, no le interesaba una victoria que arrasase con una fábrica con cuyos dueños negociaba aumentos salariales. En cambio Chávez, le reprochó Lula, actuaba únicamente en pos de la victoria sin importarle si la fábrica (y los puestos de trabajo) sobreviviría.          

Agitando las aguas

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 Los senadores oficialistas aprobaron anoche la llamada “Renta Dignidad”, que otorga 200 bolivianos mensuales (o unos 314 dólares anuales) a toda persona mayor de 60 años.

Lo controvertido de la medida, a la que los departamentos se oponen al unísono, es el origen de los recursos para pagar tal renta, valiosa en un país pobre,  donde la mayoría de los viejos sobrevive  con sus escasos ahorros o con sus parientes, y muchos bajo  un total abandono.  Pero la fórmula del gobierno equivale a hacer beneficencia con plata ajena y pretender glorificarse. El dinero sale del llamado Impuesto sobre los Hidrocarburos (IDH) destinado a los nueve departamentos.

Los seis departamentos que hoy están en paro han dicho que no aceptan ninguna reducción de sus ingresos provenientes de aquel impuesto. No está claro cómo harán para frenar la medida del gobierno,  aprobada anoche bajo presión de millares de personas enardecidas, casi todas indígenas movidas por el partido de gobierno,  y bajo una triquiñuela democráticamente inaudita. Me cuenta una colaboradora en La Paz:  

“Los agentes de guardia en el Palacio Legislativos frenaron el ingreso de los senadores titulares de la oposición, pero dejaron pasaran algunos suplentes,  comprometidos con el MAS. Con ellos, el  MAS –que suma sólo 13 representantes frente a 14 de la oposición- consiguió la mayoría. La denuncia vino del principal dirigente opositor, Jorge Quiroga. A algunos los intimidaron diciéndoles: ´Entras,  pero no vuelves a salir…´”

“Los agentes habían recibido fotografías de los senadores de oposición y sabían a quién dejar entrar y a quién no”.

Periodistas de espaldas

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Es posible que la inciativa cunda: los periodistas bolivianos deberán asistir a las conferencias de prensa de toda autoridad gubernamental dándole las espaldas. Lo dijo Hernán Cabrera, Presidente de la Asociación de Periodistas de Santa Cruz.

La actitud de los periodistas refleja el creciente malestar del gremio con el maltrato que reciben de la policía y de los llamados”movimientos sociales”. 

Ese maltrato se hizo patente el sábado, en Sucre, y ayer lunes, en La Paz. Cámaras rotas o confiscadas, periodistas golpeados hasta caer al suelo, puntapiés, puñetazos, se han vuelto frecuentes. A principios de año, entre los peor maltratados cuando ocurrían disturbios en Cochabamba, al centro del país, y en San Julián, una zona de colonos cerca de Santa Cruz, fueron los periodistas. Y no hace mucho una ministra amenazó con enjuiciar a una periodista por el tono (nunca se supo qué tono) utilizado en la pregunta.  Ocurre en otras partes, pero es la primera vez que yo veo que un gremio se dispone a optar por esa singular forma de protesta para hacer sentir, cuando menos a los gobernantes, su propósito de recibir un trato digno.

Los fotógrafos colocarán sus cámaras en el suelo tras la primera foto y también darán las espaldas.

Los días que vendrán

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Crece la sensación de que vendrán más días conflictivos y  dolorosos antes que sobrevenga una paz real y verdaderamente efectiva en Bolivia.  El gobierno del presidente Evo Morales ha ido malgastando paulatina y progresivamente la popularidad  que lo convirtió en el primer indio auténtico en gobernar un país sudamericano.  Por lo que puede verse, porciones importantes de las clases medias no ideologizadas se han alejado de él. Incluso entre los sectores populares ese alejamiento ha sido patente estos días en Sucre al ver los rostros de la gente que asistía  a manifestaciones antigubernamentales. El  lunes, en el entierro de las víctimas, trenzas y polleras se juntaban con ternos, corbatas y chaquetas en el dolor de enterrar a personas que no tenían razones para morir y muchas para vivir. Quienes lloraban fácilmente podían ser identificadas como “personas del pueblo”.  En las marchas en Sucre los rostros eran morenos en su mayoría y no tenían las caras de aristócratas que los portavoces del gobierno insisten en señalar como a los principales participantes de las marchas que lo han puesto en jaque.  El argumento de “aristócratas” ya consumió todas sus pilas y no convence más.

Parece tan lejano aquel día de posesión hace 22 meses, cuando tronaron los pututus en el Palacio Legislativo y millones de corazones bolivianos latieron de emoción y esperanza genuinas. El presidente Morales era bienvenido con alegría en cualquier rincón del país. Ahora dudo mucho que se lo pueda ver por el centro de Tarija, de Cochabamba o de Santa Cruz, menos aún de Sucre.  Y todavía menos si aparece montado sobre un tanque “a lo Yeltsin”, el líder ruso que sepultó  la Unión Soviética.

Dentro de algunas horas deberá comenzar un paro cívico de seis de los nueve departamentos del país: Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija, Chuquisaca y Cochabamba. No son sólo dos tercios de los departamentos bolivianos. Son más de dos tercios de la extensión territorial del país y más de la mitad  de toda su población (nueve millones).  Esto debe decir algo a quienes nos gobiernan. 

Ya hubo otro paro similar el 27 de agosto y resultó en violencias en Santa Cruz, pero sin que se registrasen víctimas fatales. Ese fue un alerta.  El paro de mañana es el comienzo de una cadena de acciones contra el gobierno, en la que se eslabonan distintos motivos: la violencia en Sucre, la reducción de la porción que corresponde a los departamentos del  Impuesto sobre los Hidrocarburos (IDH), la escasez de combustible, la inflación, la aprobación supersónica y “en grande” de la constitución oficialista en un liceo militar, con la lectura sólo del índice de por lo menos seis capítulos.

(Escucho por radio Fides que cuando el asambleísta David Vargas  reclamó por qué no se leían los capítulos en su integridad, incluso el de la capitalidad, y no solamente los titulares, un vicepresidente replicó: “No te preocupes. Eso que dices es sólo una formalidad”.)

Eso explica la orden del presidente para que la constituyente, que se creía originaria y por encima de todos, se reúna cuanto antes y apruebe en detalle los artículos de la constitución que, casi sin mirar, aprobaron sus partidarios. Ayer hablaba de someter ya ese texto a un referéndum. Ahora reconoce que aún hay que aprobarlo en detalle y con prisa. Es otra expresión de conducta errática que sus asesores deberían ser los primeros en hacerle notar y evitar.

Infelizmente, las acciones buenas del gobierno, como la decisión del presidente de evitar la corrupción, de luchar contra la desnutrición infantil, de mejorar la educación, de invertir en salud, se deslucen ante la magnitud y frecuencia de sus tropiezos, especialmente políticos y diplomáticos.

El presidente está en un laberinto. Y sus asesores más inmediatos deberían alertarlo. Pero antes que alertarlo creo que atizan la confusión que con frecuencia parece imperar en el primer escalón del gobierno. Parece ignorar que gestos de humildad y sinceridad pueden hacer mucho para reparar errores.

La aprobación entre cuatro paredes y sin lectura completa de textos ha sido la gota de agua que ha rebasado el vaso de esta crisis.  

Este último paso fue el “alea jacta est” (la suerte está echada) de Julio César al cruzar el Rubicón.  No hay vuelta atrás.  Ahora el gobierno y su partido parecen haber entrado en una lógica militar suicida: todo o nada. Tal como le dijo en una oportunidad, marcando diferencias, Lula a Chávez. A él, a Lula, como dirigente obrero, no le interesaba una victoria que arrasase con una fábrica. En cambio Chávez, le reprochó Lula, actuaba únicamente en pos de la victoria.