Mes: julio 2010

¿Telenovela o reality show?

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Los ingredientes para una telenovela en su etapa más sórdida emergieron a la luz pública a lo largo de casi toda la semana. Dirk Schmidt, un alemán que vive en Bolivia hace dos décadas, es detenido por quienes dice que han sido amigos y conocidos de la policía con los que trabajaba, pescaba y cazaba frecuentemente como supuesto funcionario de inteligencia del Ministerio del Interior. Se  lo acusa de conspiración y alzamiento armado, una acusación común en Bolivia, y es encarcelado mientras la acusación es analizada por un juez. Las autoridades superiores no creen  en sus vínculos informales con las organismos de seguridad, pese a que en la hoja de servicios que Schmidt presenta figura una contribución decisiva para desactivar algunas de las crisis más graves enfrentadas por el gobierno social-indigenista del presidente Evo Morales. La esposa del alemán, la boliviana Karina Flores Villa, presenta documentos que presuntamente avalan su nombramiento como informador directo de un vice Ministro del Interior que pocos días antes había sido destituido sumariamente sin mayores explicaciones al público. Surge, entonces, la creencia de que está en curso una lucha sorda de poder en el gobierno y que el vice ministro es una de las primeras bajas y que con él ha caído Schmidt.   Pero el Ministro del Interior niega que el alemán hubiese sido designado para cosa alguna, que los documentos exhibidos han sido forjados y que Schmidt  es un elemento peligroso, pues en su casa han sido encontradas  escopetas de caza de alto calibre y municiones.  Pero la versión oficial se tambalea y entra en  un hueco negro cuando el destituido viceministro declara que el alemán efectivamente había sido funcionario, que bajo su mando había sido un “informante” y no de hacía poco sino desde los albores del gobierno del presidente Morales. Y sobre el ex viceministro ahora pende un proceso.

El ambiente hierve de conjeturas y sigilosas conversaciones cuando entra en escena otro escándalo: el amauta Valentín Mejillones Acarapi (55),  que entregó el bastón sagrado de mando a Morales cuando fue ungido presidente en enero de 2006 entre las ruinas pétreas de Tiwanacu,  es detenido en su  domicilio en El Alto, la ciudad altiplánica desde  cuyas orillas la se domina todo el valle de La Paz. A su lado están dos colombianos que lo acompañaban. Tenía 250 kilos de cocaína líquida, la droga que hace años ha plantado los pies en Bolivia y  a la que se asigna una tajada importante  de la economía del país. El caso que envuelve a Mejillones cuestiona  los nexos de la gente próxima  al presidente más popular de los bolivianos en los últimos años, ganador de elecciones y plebiscitos por goleada. La gente se pregunta si aparece con semejante cantidad de cocaína en su domicilio el hombre que ungió a Morales en un colorido rito ancestral que los cineastas y la TV festejaron,  ¿qué puede esperarse de otros niveles? El descubrimiento y encarcelamiento de Mejillones ha acuñado un nuevo vocablo que se esparce por el país: Narco-amauta, por el nombre que se da desde tiempos inmemoriales a los indígenas sabios de una comunidad.

El gobierno, que niega que en Bolivia haya aumentado el narcotráfico aunque sí las extensiones de cultivos de coca, se halla ante un problema también moral y decide que Mejillones se juegue sólo ante la justicia. Un juez decide mantenerlo detenido en custodia mientras el caso se aclare. Para sorpresa y amargura de Mejillones ahora quieren apartarse de él muchos de quienes fueron sus amigos y colegas de oficio. La decisión del gobierno es saludada como una salida digna, pero muchos aún cuestionan su valor.  En otras ocasiones el gobierno ha prometido aplicar la ley severamente, incluso sobre quienes han sido parte del propio gobierno, pero todavía se aguarda el final: proceso legal y sentencia. Entre los casos recientes más destacados están los despidos sumarios de un presidente de YPFB, la principal empresa del país, y la de una ministra sospechosa de estar envuelta en un caso de corrupción. Raras veces un gobierno en Bolivia ha actuado contra su propia gente para castigar la corrupción. Algunos de los predecesores de Morales preferían cerrar los ojos, si no eran, simplemente, parte del mismo esquema de desfalco de fondos públicos. Pero en contraposición hay otros casos que opositores y críticos se afanan en recordar: las hermanas Juana y Elba Terán González, sorprendidas con 147,5 kilos de cocaína, aún no han sido juzgadas. Son parientes de una conocida dirigente del partido de gobierno. Hay otros conflictos que la gente recuerda periódicamente: un enfrentamiento a dinamitazos (murieron 16 personas, entre ellas dos mujeres) por la posesión de un área rica en minerales en el departamento de Potosí, hace cuatro años.  Otros conflictos sangrientos ocurrieron en Sucre, a raíz de la Asamblea Constituyente que acabó aprobando una todavía controvertida ley de leyes dentro de un cuartel; también los hubo en Cochabamba;  en Pando murió al menos una docena de personas en un violento enfrentamiento, aún no aclarado de manera convincente (una comisión de la Unión de Naciones Sudamericanas emitió un informe considerado como holgadamente favorable al gobierno sin tomar en cuenta las versiones de quienes se le oponían);  más recientemente, en Caranavi, cerca de La Paz, murieron dos personas entre grupos enfrentados por la localización de una planta de cítricos. Uno de los grupos en pugna estaba al lado del gobierno y no se sabe que haya habido una investigación independiente de lo ocurrido. Algo peor ocurrió en los “ayllus”(pequeñas comunidades indígenas) en Potosí, cerca de Chile, cuando un grupo de cuatro policías fue detenido por los llamados “comunarios” del lugar, ejecutados y enterrados boca abajo para evitar que, según la superstición del lugar, sus espíritus abandonaran el pozo en el que estaban y persiguieran a sus verdugos.  De ese incidente van dos meses y no se sabe que los fiscales ni la policía hubiesen logrado ingresar a los “ayllus” para investigar los asesinatos.

Los casos del alemán Schmidt y del  amauta Mejillones han estado diariamente en las primeras páginas de los principales diarios y no está a la vista un esclarecimiento que haga saber a los bolivianos qué pasó. ¿Qué papel jugaba Schmidt?  En una entrevista con el diario local El Día Schmidt dijo que temía que lo matasen “como al igual que Eduardo Rózsa”, el boliviano-croata apuntado como cabecilla de una supuesta banda que también supuestamente buscaba matar al presidente, desatar una campaña terrorista  y dividir al país. En un acto desesperado mientras era llevado a la cárcel este jueves, pidió a gritos que el presidente Morales intervenga. “Yo lo único que hice fue cuidar sus espaldas”, dijo. Rózsa murió en un controvertido episodio hace 16 meses en Santa Cruz y la alusión de Schmidt al caso ha reactivado especulaciones que de alguna manera el gobierno no era extraño a la presencia de Rózsa en Bolivia.  Mejillones, de su parte, asegura que fue sorprendido su “buena fe” por los dos colombianos junto a quienes fue capturado: Javier Patiño Morales y Nubia Estela Guarvizu Rico. Creía, dijo, que se trataba de fabricar jabones.  Su hijo Javier Alvaro Mejillones Mamani fue considerado cómplice y también enviado a prisión mientras se organiza el juicio. El joven Mamani estaba encargado de hacer vigilia para proteger la casa, pero no vigiló nada, pues cayó dormido bajo el sopor de una borrachera.

Y todo esto puede ser sólo el primer capítulo.

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El Top Secret no fortalece a la superpotencia

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La entrega más reciente de la Columna Global de Ted Córdova-Claure:

Havelock,USA – Pese haber creado una monstruosa burocracia de inteligencia y contraespionaje desde la administración de George Bush, no se puede afirmar que la superpotencia esté ganando la guerra global contra el terrorismo islámico.

Top Secret Americ fue el título de un reportaje de periodismo investigativo de The Washinton Post que tomó dos años. El reportaje, firmado por la laureada periodista Dana Friese y William M. Arkin, un columnista especializado en trabajos en profundidad, explica algunas de las tareas puestas en marcha después del ataque terrorista a las torres gemelas de Nueva York el 11 de septiembre del 2001.

A partir de entonces y con la mira de proteger a EE.UU de otro ataque se comenzó a ensamblar una formidable y pluri-billionaria maquinaria de inteligencia e investigación global guiada desde Washington y se contrató  a más de cien empresas especializadas en seguridad, transportes o telecomunicaciones.

El reportaje del Washington Post informa que tras el ataque fueron contratadas más de 850.000 personas y que actualmente trabajan 1.271 organizaciones gubernamentales y casi 2.000 compañías privadas especializadas en programas antiterroristas, seguridad nacional y espionaje en unos 10.000 lugares a lo largo y ancho de los Estados Unidos.

Sólo en Washington y sus alrededores, han sido construidos o están en construcción más de 30 complejos para espionaje “top secret”y ocupan el equivalente a tres pentágonos, dice la publicación. Para esta compleja y gigantesca operación fueron contratados miles de agentes traductores de lenguas y de dialectos árabes y analistas de la historia del Oriente Medio. En la lista de contrataciones figuran firmas de transporte, seguridad, soldados y expertos en tecnologías modernas de comunicación.

Con todo,  hay expertos que afirman que la superpotencia no es más segura. Continúan las “guerras sociales”, el narcotráfico y sus ramificaciones. El terrorismo islámico continúa con su guerra encarnizada en Irak. La guerra contra el talibán no se está ganando. Pero los políticos en Washington, incluyendo al presidente Obama, no lo admiten. Es top secret.

TEDDYCORDOVA@GMAIL.COM

www.tedcor.wordpress.com

Jornada de vigilia-Exito relativo

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Actualización

La jornada del lunes fue intensa y de final relativamente feliz  para la libertad de prensa. Ante la firmeza  del periodista, cubierto sólo  por la fuerza moral de la movilización de los hombres de prensa en Bolivia y en muchas otras latitudes que estuvieron atentos a lo que acontecía en La Paz, los jueces dejaron retornar a Santa Cruz a José Pomacusi, el director de Poder y Placer y del popular programa televisivo No Mentirás. Al parecer quedó libre de cargos. El fiscal Marcelo Soza  se vio por primera vez con un ejército pacífico de hombres de prensa que en todo el país consideraban que en la audiencia había puesto en juego la libertad de movimiento y decisión de una profesión difícil y sacrificada, que por sus características suele entrar con frecuencia en colisión con el poder.

El periodista dijo que había explicado a la juez y al fiscal que su presencia en La Torre se debía a razones puramente profesionales, pues debía escuchar y ver la presentación de encuestas preparadas por firmas serias y conocidas en Bolivia y otros países. Uno de los acusados por el fiscal había dicho que vio a Pomacusi en una de las reuniones de La Torre donde, según el gobierno, se tramaba apoyo a una supuesta actividad magnicida, terrorista y separatista. Pomacusi informó a sus colegas, al concluir la audiencia, que por lo que él sabía había asistido a reniones en una casa de campaña en favor de la autonomía departamental y que cumplía exclusivamente una tarea profesional. También dijo que uno de los fiscales lo había interrogado por los titulares y contenido de algunos artículos en la revista. Que los fiscales interroguen a periodistas por los titulares y contenido de los trabajos que realizan no es normal en ninguna parte del mundo, pues puede representar una actitud intimidatoria para la libertad de prensa y un intento de acallar las voces críticas.

Esa preocupación la expresó la legión de colegas que acompañó a Pomacusi. Pedro Rivero, de El Deber, subrayó ante las cámaras y micrófonos de los reporteros que en los periodistas quedaba la impresión de que se había tratado de una forma de intimidación a los hombres de prensa. Por qué se tiene que indagar sobre titulares y contenido? Para eso hay una Ley de Prensa y tribunales de ética a los que quienes se sientan afectados pueden recurrir, dijo ante las cámaras en la fiscalía paceña. Marco Dipp, presidente de la ANP, que agrupa a casi veinte publicaciones impresas bolivianas, dijo que el fiscal se había salido del marco de la investigación. Y Juan Javier Zeballos, también director de la la entidad, subrayó que la convocatoria y las indagaciones sobre titulares y contenido suponían un quebrantamiento de la libertad de expresión y que, por lo demás, hay instancias dentro de la misma oprensa -los tribunales de ética y de honor- para recurrir legalmente.

Ha quedado abierta una cuenta: la de las fatigas, las angustias familiares del periodista. Es una cuenta abierta que no se podrá cuantificar.

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Este lunes los periodistas volverán a estar de vigilia en todo el país, a la espera de la voluntad del fiscal Marcelo Soza en torno al colega José Pomacusi, cuyo delito, en los ojos del fiscal, fue haber asistido a reuniones informativas en La Torre, el lugar de Santa Cruz visto por las autoridades como sinónimo de conspiración, separatismo y propósitos magnicidas.

Pomacusi irá a la sede del gobierno con dinero de su propio bolsillo, como todos los que deben ir a La Paz dentro del extenuante proceso llamado “caso hotel Las Américas”. Esta vez irá precedido por una cadena de pronunciamientos de todas las organizaciones periodísticas que defienden la libertad de prensa. La Asociación Nacional de la Prensa ha reclamado solamente justicia real para su afiliado, director de la revista Poder y Placer. La mayoría de los diarios ha escrito contrariada por la orientación de apariencia ciega que el fiscal otorga a las investigaciones que vuelve sospechoso a toda persona que de una forma u otra tuvo alguna relación con el supuesto grupo de Eduardo Rózsa o entidades en las que estuvo presente. Y la Asociación de Periodistas de Santa Cruz se ha declarado en alerta ante lo que pueda ocurrir hoy, que considera una manera de amedrentar a la prensa.
Imagínense si el periodista hubiese entrevistado a Rózsa en esos días. La jornada estará marcada por la incertidumbre para los que buscan informar al país.

Un “bolivianista” ganador del Maria Moors Cabot

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Acabo de recibir la noticia de que Norman Gall, un eximio “bolivianista”, recibió en Nueva York hace pocos días el Maria Moors Cabot Prize por su excelsa labor como periodista en América Latina. Bolivia ha sido uno de los focos de atención de Gall, director del Fernand Braudel Institute of World Economics, con sede en Sao Paulo (www.braudel.org.br). Como periodista y economista, Gall se ha distinguido a  lo largo de 50 años de carrera por la seriedad y profundidad de sus trabajos, reconocidos en gran parte de los medios académicos del continente.   Es uno de los investigadores más serios que he conocido. En Bolivia tiene muchos amigos, desde los tiempos en que empezó a investigar temas de la industria minera, en la década de 1970, y, años después, el fenómeno de El Alto, como motor de un capitalismo indígena entonces todavía incipiente.

Al anunciar el premio,  uno de los de mayor prestigio en el universo periodístico (en Bolivia sólo recuerdo en este momento a un periodista que lo recibió: Huáscar Cajías, el director fundador de “Presencia”) el directorio de la Escuela de Post-Grado de la Universidad de Columbia, destacó:

“La trayectoria de Norman Gall a lo largo de medio siglo de reportajes, análisis y comentarios sobre las Américas, no tiene paralelo en su amplitud, alcance y calidad. Esculpió su periodismo desde Nueva York, donde nació, hasta San Juan y Caracas (y Bolivia) hasta en su metrópolis adoptiva Sao Paulo, donde vive desde 1977. Gall va allende los titulares para buscar las tendencias políticas, económicas y sociales subyacentes y las fuerzas que configuran los acontecimientos que acaban en las primeras páginas. En sus escritos percibía la devastación de la región amazónica en la década de 1970, las vulnerabilidades del monolítico PRI mexicano en la de 1980 y, más recientemente, la naturaleza autoritaria del proyecto boliviariano de Hugo Chávez y las debilidades institucionales puestas al descubierto en Brasil con un mayúsculo escándalo de corrupción que sacudió al gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en 2005. Los trabajos de Gall han sido publicados en los más respetables y más influyentes diarios y revistas en Estados Unidos, América Latina y Europa.   En la última década, unió al mundo periodístico y la investigación a fondo al fundar el instituto Fernand Braudel , en el que escribe y publica en impresos y on-line informes en profundidad sobre temas claves que son frecuentemente citados o plenamente reproducidos por diarios en la región”.

Aprendiendo diplomacia

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El diplomático Ramiro Prudencio Lizón ha escrito un artículo sobre las relaciones con Perú que vale la pena leer. Lo reproduzco con autorización del autor:

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Mejoría de las relaciones con Perú

En los últimos meses han mejorado notablemente las relaciones entre Bolivia y Perú. Ello se debe principalmente a la labor diplomática desplegada por el actual embajador peruano, Rodríguez Cuadros, quien se esmeró en buscar nuevos entendimientos entre los dos países y superar los contratiempos del pasado reciente.

Esto es una prueba más de la importancia de una diplomacia bien calificada como la que mantiene el Perú y que nuestro país, por sus avatares políticos, actualmente la ha desechado casi completamente. Pero también hay que reconocer que el presidente Morales ha cambiado de actitud frente a los gobiernos americanos. Al principio de su gestión los dividía en derechistas e izquierdistas, y sólo deseaba mantener buenas relaciones con estos últimos. Ahora ha comprendido que hay que respetar a los demás países y no inmiscuirse en sus asuntos internos. Prueba de ello es su buena relación con el gobierno derechista del presidente Piñera en Chile, y su deseo de mejorar sus relaciones con el presidente Alan García.

Como bien expresó un presidente del Perú, don Augusto Leguía, los pueblos peruano y boliviano estuvieron “unidos en el Imperio (Inca), unidos en la Colonia, unidos en la Gloria y Libertad, unidos en la desgracia….”

Evidentemente sólo falta que algún día estos pueblos hermanos también estén unidos en el desarrollo y el progreso. Pero por ahora eso es imposible, ya que el gobierno de Alan García  impulsa su política económica en base al incentivo a la inversión privada y al incremento de las exportaciones, mientras que el de Evo Morales ejecuta una política contraria, desincentivando las inversiones y fomentando la estatización de la economía. Precisamente Evo Morales criticó a su colega peruano por haber variado la política que siguió en su primera presidencia, muy semejante a la que se quiere implantar en Bolivia. Pero lo que nuestro presidente no desea comprender es que el primer gobierno de García fue desastroso y casi derrumbe la economía peruana. Por este motivo, en su segunda gestión decidió desechar todos sus ideales estatistas e insertar a su país en una economía capitalista globalizada.

Para comenzar una política de acercamiento entre los dos países, es importante que el Gobierno nacional termine definitivamente con toda desconfianza y provocación hacia su colega peruano. Porque la agresividad en política internacional sólo puede traer grandes perjuicios al país, mucho más si se trata del Perú, quien como se sabe, tiene la llave del candado que encierra a Bolivia en sus montañas.

Ahora bien, para que se concrete el nuevo acercamiento entre Bolivia y Perú, convendría conformar una agenda de trabajo bilateral como el que existe con Chile.

Y en ella, el principal tema debiera ser el puerto de Ilo. Pues actualmente dicho puerto tiene muchas deficiencias para su utilización por nuestro país, al extremo de que nuestros exportadores e importadores prefieren recurrir al de Matarani, pese a encontrarse más lejos de Bolivia.

Asimismo, sería menester que se amplíe la zona franca de Ilo con la concesión de una zona franca comercial, como originalmente se negoció. Sin esa zona comercial, el puerto de Ilo no tiene significación para Bolivia. Nuestro país necesita contar con ella para superar su fuerte sujeción a la zona franca de Iquique. Además, sería un gran paso integrador que se nos confiriera allí una estación naval, para que la Fuerza Naval nacional pudiese acceder al océano Pacífico.

Cuando se alcancen los objetivos señalados, la presencia boliviana en el mar peruano se intensificará grandemente, lo que determinará que el sur peruano y el norte boliviano mantengan en el futuro un estrecho y permanente nexo y, de este modo, se llegaría más prontamente a una verdadera y auténtica integración física y económica, tal como lo anhelaban los hermanos pueblos de Perú y Bolivia.

Piñera y Bolivia

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Hace unos días, el presidente chileno Sebastián Piñera concedió una extensa entrevista a El Mercurio, en ocasión de los primeros cuatro meses de su gobierno. En ella abordó muchos temas, entre ellos la conversación que tuvo con el vicepresidente boliviano Alvaro García. El texto pertinente:

Esta semana se produjo la primera reunión de trabajo entre Chile y Bolivia en lo que va de su mandato. ¿Cuál fue el resultado?

-En primer lugar, quiero reconocer y destacar el clima de confianza mutua que se ha generado. Tengo una muy buena opinión del Presidente Evo Morales, y hemos logrado desarrollar una relación de confianza y de franqueza entre los dos, que yo aprecio y destaco. De esta primera reunión entre los vicecancilleres, se lograron resultados muy fecundos. En primer lugar, se puso en marcha el tren Arica-La Paz, que ya está licitado, para favorecer el comercio de Bolivia a través del puerto de Arica. Se logró un acuerdo para habilitar el puerto de Iquique, que sea otro puerto al servicio del comercio internacional boliviano. Logramos un acuerdo para cerrar las fronteras contra la droga. Recordemos que en Perú y Bolivia se produce el 50% de la cocaína del mundo y que está penetrando a Chile y destruyendo a nuestra juventud. Éste va a ser un acuerdo muy importante para ganar la batalla contra la droga. Se acordó la instalación de un agregado policial de Chile en La Paz para facilitar este trabajo. Se puso en marcha la comisión mixta de drogas, que hacía años que no funcionaba. Por lo tanto, estamos avanzando. Pero evidentemente, y como se lo dije al Vicepresidente de Bolivia cuando nos visitó en Santiago, Chile tiene la mejor disposición de facilitar el acceso de Bolivia a través de los puertos chilenos a todo el mundo, y vamos a ser muy creativos y perseverantes en facilitar ese acceso al mar. Pero sin duda que tenemos ciertas restricciones, particularmente en lo que se refiere a soberanía.

¿Dónde está el piloto?

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Recuerdo que hace muchos años, un periódico muy rico y de gran circulación, decidió cambiar de residencia: construyó su propio edificio y ordenó una de las imprentas más modernas de la época. Una vez el edificio estaba acabado y la imprenta en el puerto, trajeron la maquinaria. Pero resultaba que quienes construyeron el edificio no habían calculado ni el ancho ni el alto de la imprenta. No había manera de llevarla al lugar que se le había destinado si no se reformaba parte de las estructuras del inmueble. La inauguración tuvo que ser aplazada por varias semanas, entretanto se realizaban las correcciones. Algo parecido tenemos en casa.

El avión presidencial, el nuevo, aterrizó hace casi un mes, y concitó el orgullo de su principal ocupante. Fue una compra directa, no licitada, y pagada al contado: 38,7 millones de dólares. Pero no hay piloto para volarla si n un previo entrenamiento, de uno o varios pilotos y la tripulación. El avión es demasiado sofisticado para nuestra infraestructura aeronáutica.
En otros tiempos y en otro país, esta situación habría llevado a interpelaciones, destituciones, sendas averiguaciones sobre cómo fue adquirido el avión y quiénes negociaron la operación. Aquí no se ha escuchado aún ninguna voz oficial.
Si esto ocurre con un avión que debía ser garantía para la seguridad presidencial, pensemos en otras adquisiciones. La fábrica de papel, por ejemplo, pagada al contado (20 millones de dólares) y que debía estar funcionando hace más de año y medio.
Supongo que hay bolivianos que exigen una explicación.