Mes: marzo 2007

De la idea absurda del Separatismo

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Apuntes  del  retorno

Poco antes del 17 de julio de 1980, en el semanario Apertura que un grupo de periodistas consiguió traer a la vida  durante tres meses, escribí un artículo central en la que sería la última edición del semanario antes que sobreviniese el  tsunami brutal que sepultó el renaciente proceso democrático boliviano. En “Por qué no debe haber golpe” delineaba  razones elementales que convertirían  una nueva aventura militar en el equivalente a lanzarse a una piscina sin agua.  El entorno internacional, la campaña mundial por los derechos humanos, la vulnerabilidad económica y financiera de Bolivia y sus fronteras patéticamente porosas, todo contribuiría a estrangular al gobierno que surgiese apoyado en la fuerza bruta. La lógica del razonamiento era sólida, pero nada pudo ante la irracionalidad suicida de los militares de entonces, que no trepidaron en poner a prueba  -sin éxito- la fortaleza de sus cráneos lanzándose a   esa piscina sin agua… clavados y de cabeza. El resultado está ahí: Dos años después eran un ejército en desbande precipitado que capitulaba incondicionalmente ante las formas democráticas que el país había escogido. Sus dos cabecillas yacen acurrucados en sus prisiones, el uno en Chonchocoro,   en El Alto, y el otro en un presidio de seguridad de Estados Unidos.

 Para quien retorna a su país con la memoria fresca delos acontecimientos de hace más de dos décadas y su bufonesco final, resulta inquietante escuchar la ligereza con la que con frecuencia se habla de de separatismo o independencia de algunas regiones bolivianas. A los que tan livianamente patrocinan esa idea, les haría bien dar una mirada a su país desde el espacio. Tal vez podrían percibir la magnitud de los condicionamientos geográficos, a los que se suman los condicionamientos provocados por su pobreza y subdesarrollo. Cercada por cinco fronteras, sus opciones de vinculación con el resto del mundo no son autónomas: deben pasar por cualquiera de esas fronteras. Esta realidad debería habernos empujado hace mucho tiempo a ser lo que de boca para afuera se postuló pero que nunca se concretó: convertirnos en país de contactos.  Si las palabras hubiesen sido suficientes, ya tendríamos concluida la carretera Corumbá-Santa Cruz, habríamos derrotado la adversidad geográfica y los rieles nos habrían amarrado como una locomotora poderosa de desarrollo con la unión ferroviaria oriente y occidente; habríamos sacado del papel por lo menos dos ramales carreteros adicionales modernos con Brasil: por el  oriente, hacia San Matias, y por el noroeste, por Riberalta-(Guayaramerín) Cobija-Santa Rosa-La Paz.   Y esa condición de país “bisagra” en medio del continente subraya que para nuestros cinco vecinos resulta más interesante tener un solo país, -y un país estable- al centro de América del Sur.

Dos países, o la desintegración balcánica de Bolivia no son del interés de nadie, ni en Sudamérica ni fuera de ella. Para comenzar, Brasil trabaja por una América del Sur fuerte e integrada económica e infraestructuralmente. Para poder crecer y avanzar como potencia mundial, necesita de un ambiente próspero y tranquilo. Con grandes y difíciles problemas internos,  lo que menos quiere son conflictos que distraigan su atención y sus energías, ni que provoquen recelos con sus vecinos (Argentina y Venezuela, para citar dos) ni suspicacias de Estados Unidos, que ven Brasil,  –dicen los estudiosos- su rival de aquí a 40 o 50 años.  Y por extensión, de Europa, que frecuentemente lo acosa con cuestiones ambientales.  Es decir, la intangibilidad de las fronteras sudamericanas interesa a todo el mundo, especialmente a los actores principales del ajedrez mundial  (entre los que no está Bolivia) y está por encima (y prescinde) de los pequeños actores nacionales. 

Yo creo que el gobierno sabe de eso (o debería saberlo), y los departamentos que  respaldan la autonomía, también.  Germán Antelo, cuando era presidente del Comité pro Santa Cruz, me dijo:  “Queremos que toda Bolivia tenga el desarrollo de Santa Cruz. Así todos seremos fuertes.” Insistir en el tema separatista es jugar con fuego. Y es caminar hacia el trampolín para caer en una piscina sin agua, como hace más de 20 años. O aún peor.

 

Postdata: 1) La controversia con los petrocontratos continúa en medio de la ignorancia de la mayoría de los bolivianos que no sabe qué es lo que se discute.  Los medios,  en su mayoría, que yo sepa, no han sido capaces de descifrar de una manera comprensible para el común de los mortales el contenido de esos documentos ni las diferencias entre los originalmente aprobados por el congreso y los que surgieron después.  Algo tan importante para Bolivia debería ser conocido como el ABC. Pero eso parece interesar a pocos. 2) Los avales. Habría querido ver estos días una ejemplificación de todo el escándalo (un aplauso para el partido de gobierno: no es común que los partidos corten en su propia carne), con el caso de algún fulano, en el partido tantos años,  que consiguió su empleo con una remuneración de tanto gracias a una recomendación de otro fulano.  Etcétera. Será que es tan difícil?  * Harold Olmos, recientemente de vuelta a Bolivia  tras más de 26 años en el exterior, ha sido director de la Associated Press en Venezuela y en Brasil.    

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