Mes: marzo 2016

El show interminable

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Sumario.
Desde que los medios propalan la información más guardada por el cogollo del gobierno, el riachuelo informativo crece de manera descomunal y se vuelve un torrente que el gobierno no logra frenar. En la mayoría de los hogares bolivianos no se habla sino de la joven que tuvo un bebé con el presidente, que si no lo tuvo, que si está aquí, que no está, que no se lo puede ver, que solo se lo verá fuera de Bolivia, donde se encontraría para preservar su seguridad; que al concebir era adolescente; no, que era mayor de edad; que el niño nunca existió; en fin, que es una conjura digitada por ¨la derecha¨ y ¨el imperio¨ que lograron ingresar a los ámbitos más privados de la primera figura nacional.
La cuestión agota. ¿Cuál es la verdad?
El tema se vuelve obsesivo para muchos bolivianos. Pocos parecen dudar que, frente a la información ofrecida por el gobierno y sus múltiples voceros, hay más gente que le cree a Gabriela Zapata, la joven que, después de conocer al presidente Morales y tener un hijo con él, hizo una carrera meteórica hasta las cumbres empresariales bolivianas.
Tras hacer saber que posee información comprometedora, resultado del idilio con el presidente y sobre quiénes serían los que en verdad traficaron con influencias (un eufemismo sofisticado del ¨cuánto hay pa´ eso¨ venezolano), la joven ha sido trasladada del penal femenino de Obrajes, en La Paz, a otro de alta seguridad en la zona de Miraflores. Allí los periodistas no tendrían acceso.
En una amplia declaración a una reportera (ANF), la detenida dice: ¨Voy a demostrar quiénes son los mayores traficantes de influencias en este país. Usted fíjese solamente en la persona que más me acusa.¨ Algunos investigadores proponen un ¨acusómetro¨ para resolver el acertijo planteado por la expareja presidencial. Ella misma ofrece pistas cuando apunta al ministro Juan Ramón Quintana y, al salir de una audiencia judicial días después, asegura: ¨Él ha armado todo esto¨.
Toda la atención del país está enfocada en el culebrón, que no es eclipsado por eventos de trascendencia. Ni los actos del Día del Mar y ni la controversia del Silala le quitan brillo.
Algunos comentan que en un continente donde los amores furtivos indebidos suelen desplazarse con facilidad hacia la escena política, la aventura amorosa del presidente no es una singularidad.
Que lo diga, desafían, Alejandro Toledo, quien en 2002, al cabo de años de sortear demandas Judiciales para reconociera a una hija, acabó por aceptar su paternidad. El clamor peruano por una actitud hidalga, dobló su negativa pertinaz y reconoció a la adolescente que entonces tenía 14 años. Todo en medio de un remolino que había despeñado su popularidad y ponía en riesgo la estabilidad del país. Abrumado por el índice acusador de gran parte de la sociedad peruana, la aprobación de Toledo se hundió hasta el 6%, uno los porcentajes más bajos de la historia democrática de ese país.
En el sur del continente, los historiadores argentinos han hablado y escrito a raudales sobre Nelly Rivas, la ¨amante-niña¨ del Gral. Juan Domingo Perón, de quien se enamoró a los 14 años. El idilio nació un año después de la muerte de Evita, durante una visita a la residencia presidencial de un grupo de la Unión de Estudiantes de Secundaria de la que Nelly Rivas formaba parte. Del encuentro fugaz surgió el romance cuya evocación acompañó al líder argentino hasta su muerte, en 1974. Tras el golpe militar que lo derrocó en 1955, la amante adolescente fue perseguida y enviada a un asilo de prostitutas y el general seductor acusado de estupro por las nuevas autoridades.
Los productores de la serie nacional omiten revelar detalles clave de la trama pero aseguran que los próximos capítulos no decepcionarán a la audiencia.

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Lo mejor es lo peor

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Las elecciones primarias en Estados Unidos han tomado un curso cuyo desenlace parece pronto: Hillary Clinton y Donald Trump, definirán la contienda final para gobernar el país más fuerte del mundo durante 2017-2021. La ex Secretaria de Estado consiguió el martes un triunfo fundamental al arrasar en cinco estados, inclusive Florida. El pluribillonario Trump luce tan raudo que nada parece frenar su carrera hacia la nominación de abanderado republicano en la justa del 8 de noviembre. Encuestas y análisis concuerdan en que Clinton ganaría con holgura. Bernie Sanders, el aguerrido senador demócrata del estado de Vermont, aún tiene aliento para luchar y, pese a su espacio limitado, busca un improbable alineamiento de victorias capaz de eclipsar a su rival. Las apuestas le son adversas.
A estas alturas, es razonable especular sobre el significado para Bolivia del triunfo de cualquiera de los dos rivales más probables.
De partida, nada parece anunciar luces para el túnel en que están las relaciones bilaterales desde hace más de ocho años.
Clinton asumió la diplomacia norteamericana (2009-2013) cuando estaba fresca la salida precipitada de Philip Goldberg como Embajador de USA y el presidente Morales decía que no le temblaría la mano para expulsarlo. El Departamento de Estado cuestionó que no hubo pruebas sólidas que demostrasen que el diplomático conspiraba.
¿Recuerdan que una de las pruebas contra el diplomático fue una fotografía junto a un dirigente empresarial y un ciudadano colombiano desconocido que se coló cuando el diplomático recorría una avenida de la feria exposición en 2008? La foto del colombiano ignoto y del embajador a su lado fue para el presidente prueba de complicidad conspirativa. El colombiano era tan ajeno a ese tipo de afanes que se lo puso en libertad y tomó el camino más prudente: irse.
La extracción de conclusiones de premisas endebles también se manifestó hace poco cuando en una entrevista por TV el presidente dijo que el Encargado de Negocios de USA tuvo un comportamiento impropio al llevar consigo hasta El Alto el sello de la embajada y la bandera de su país, sin reparar que hacerlo nada tiene que ver con asuntos de soberanía y es con frecuencia una obligación. La cuestión no tuvo seguimiento informativo.
Pese a todo, han sido frecuentes los anuncios de una inminente normalización de la relación bilateral que nunca ocurrió.
En este marco, el mejor escenario sería que las relaciones se mantuvieran como hoy: incompletas e inestables. Apostar por una buena relación con el republicano equivaldría a jugar a la ruleta rusa y más efecto tendría invocar la protección de alguna deidad.

Idus de Marzo

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Las calles de las principales ciudades brasileñas volvieron a ser este viernes plataforma de protestas en contra y a favor de la presidenta Dilma Rousseff y de su mentor Luiz Inacio Lula da Silva, al agravarse una espiral que parece próxima a un clímax para definir el rumbo institucional del país más grande del continente. Sin un comando efectivo sobre la política y la economía de su país, el gobierno y el Partido de los Trabajadores (PT) parecen haber cedido al descontento el dominio de las calles.

La divulgación de grabaciones telefónicas en las que la presidenta anunciaba a Silva que le enviaba las credenciales que lo convertían en Ministro de la Presidencia enardeció a sus opositores y el expresidente quedó lejos de ser ministro con mando efectivo y menos de estar protegido ante la eventualidad de una orden de arresto. En la tarde del viernes, aún se debatía si llegaría a ejercer funciones. La designación, anunciada en pocas palabras salpicadas de afecto entre ambos líderes, fue vista como un intento de proteger al ex presidente ante investigaciones que apuntan a él y a miembros de su familia en actos de corrupción administrativa. Estos días, los idus de marzo han lucido como en desfile olímpico frente a los dos dirigentes y su partido.

En las horas siguientes, el PT intentaba asumir visibilidad luego de haber sido eclipsado por las concentraciones de millones de brasileños en todo el país que reclamaron la salida de la presidenta. Lucía difícil que pudiese restaurar la imagen de sus dos líderes acosados por la justicia. Las tribulaciones políticas de ambos se agravaron y entraron en un conteo descendente cuando, el jueves, quedó conformada la comisión de 65 miembros que deberá decidir si existen méritos para juzgar a la presidenta.

El informe que emita esa comisión será votado por la Cámara Baja, donde la oposición y los críticos de Rousseff son mayoría. De ser condenatorio y ganar aprobación, el Senado asumiría el juicio y la presidente sería apartada de sus funciones por 180 días. El tribunal juzgador lo presidiría el Presidente de Corte Suprema. De ser culpada, la presidente perdería sus derechos políticos durante ocho años. Una situación así no sería desconocida para los brasileños. Sería una repetición de 1992, cuando Fernando Collor de Mello fue alejado de la presidencia y perdió sus derechos políticos. Ex combatiente clandestina y  ex guerruillera, la presidenta  ha estado en coyunturas difíciles que parecìan insalvables y consiguió sobrevivirlas. Quienes conocen la historia brasileña contemporánea creen que la que le toca enfrentar ahora está entre las más formidables de toda su vida, pues no depende tanto de sí misma ni de su partido ni de sus colaboradores, sino de  gran parte de una sociedad indignada con la corrupción y las deficiencias administrativas e infraestructurales evidentes al cabo de  13 años de gobierno ¨petista¨-.

Los problemas de Brasil han hecho tocar a rebato las campanas de las izquierdas en todo el mundo, que perciben el peligro de extinción del intento de revivir desde el nuevo mundo el socialismo que representó la desaparecida unión Soviética y sus satélites. La angustia de unos no equivale a la felicidad en otros. El universo político del mundo capitalista no logra todavía zafarse de turbulencias del quinquenio anterior, a pesar de las ventajas que ofrece la caída vertiginosa de los precios del petróleo, de los minerales y de los productos agrícolas.

Los informados previenen que un naufragio político en Brasil podría operar con la fuerza de un sifón sobre sus vecinos ideológicos y fronterizos, que difícilmente podrán alejarse del área de turbulencia. Al moverse una ficha fundamental del juego que ha regido sobre gran parte de América del Sur en la primera y segunda década del siglo, el paisaje político del continente ingresaría a un período de cambios bruscos, impensables hace solo pocos años.

Días que dejan rastro

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Entre las lecciones que trajo el 21 de febrero para el país está el reconocimiento oficial del poder de las redes sociales de comunicación electrónica para influir sobre corrientes y decisiones políticas. El gobierno boliviano ha sido quizá el último en percibir la fuerza de esos medios, cuya relevancia política alcanzó el cénit hace cuatro años, en la ¨Primavera Árabe¨, el movimiento que cundió en millones de jóvenes árabes que entendieron que desde sus teléfonos celulares podían intercambiar mensajes, convocarse y reorientar la brújula política de sus países. Una chispa al parecer insignificante incendió la conflagración: la brutalidad de la policía al desalojar a un vendedor ambulante de frutas que defendía su instrumento de trabajo quien, en protesta, se prendió fuego y murió días después. Poco tiempo después se despeñaban el gobierno de Túnez y de otros a su alrededor.
En el continente sudamericano, el descubrimiento de la capacidad de convocarse a través de los teléfonos celulares fue el gatillo para las manifestaciones masivas de 2014 en Brasil, antes del Mundial de Fútbol de ese año. Fueron la primera tarjeta amarilla al gobierno de Dilma Rousseff sobre el descontento en la sociedad brasileña con sus autoridades políticas. La extensión y la magnitud de las protestas sorprendieron al gobierno, sin capacidad efectiva para apaciguar los clamores populares.
Los medios sociales también contribuyeron de manera decisiva a que el oficialismo perdiera por goleada las elecciones del 6 de diciembre pasado en Venezuela. La sociedad venezolana se manifestó en masa, exasperada con la escasez, la inflación, el desempleo, la delincuencia y la represión, y otorgó a la oposición dos tercios de la Asamblea Nacional ahora empeñada en desalojar a Nicolás Maduro de la presidencia. En Argentina el papel de la comunicación electrónica no fue menor en la derrota del peronismo que personificaba Cristina Kirchner.
Al atribuir a las redes sociales en forma genérica al menos parte de su derrota en el referéndum de febrero, el gobierno anunció su propósito de incorporar el uso de la comunicación electrónica entre las materias de enseñanza en las escuelas, inclusive la preparación de mensajes y texto vía Twitter y Facebook. Las propuestas, que incluían un diseño legal preparado por las federaciones de productores de coca del Chapare, fueron recibidas con escepticismo por los especialistas. Sería como enseñar a encender la luz de un apartamento. A partir de ahí todo es posible, incluso encender la computadora o enseñar el ABC. Pero de ahí a escribir una carta o un poema hay un océano de distancia. Y quizás bastante más. Uno de los valores adicionales de ese esfuerzo podría ser el uso del lenguaje, aprender a escribir con gramática mínima, uso de la S y no de Z, de la C y no de la S, de la V y no de la B, todo bajo una redacción correcta, con sujeto, verbo y predicado en cada oración completa.
Lo ocurrido durante estas semanas ha sido una señal para detectar por dónde marcha la generación de informaciones en Bolivia. Una buena tajada está en los pequeños dispositivos de los que al menos dos tercios de la población boliviana son usuarios incondicionales. No es difícil imaginar el futuro. Es una carrera sin tregua y, a menos que los medios, en especial los escritos, refuercen la información y los programas que ofrecen al público, estarán en camino irreversible al ocaso. Los medios escritos no pueden limitarse a reproducir, a menudo con graves limitaciones, lo que ya dijo la TV o, aún antes, lo que ya se conoce por los mensajes que circulan en las redes. Están compelidos a ofrecer información más rigurosa, más amplia y con mayor profundidad y contexto.
Los grandes periódicos del mundo están en esa lucha hace más de una década y, a pesar de exponer con frecuencia lo mejor de sus capacidades, apenas logran controlar el oleaje causado por la era digital. Y eso que, cuando analizan los grandes debates en una sociedad, suelen ofrecer a los lectores análisis precisos, compactos, rigurosos y bien elaborados que muy pocos internautas serían capaces de producir bajo las limitaciones de tiempo y espacio de los medios escritos. Es difícil no reconocer que para los periodistas los retos de estos tiempos son de los más grandes en las últimas generaciones.

Meramente casual

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Los resultados del referéndum del 21 de febrero han sido el mayor sacudón recibido por el presidente Morales y el partido de gobierno. Cuando el frente oficialista no acaba de explicarse del todo por qué fue derrotado, todavía hay algunos dirigentes que quieren sembrar la idea de volver a hacerlo en 2018.

La derrota de febrero no ha sido el único caso de un Presidente cuyas intenciones reeleccionistas son frenadas por el voto popular. Releía estos días ¨Paula¨, (Plaza & Janes, 1994, Pág. 343-344) de Isabel Allende, que en Navidad me había regalado mi hija Paola. Sin comentarios, comparto unas líneas con ustedes:

¨Una de las cláusulas de la Constitución creada por Pinochet para legalizarse como Presidente, estipulaba  que en 1988 se consultaría al pueblo para determinar la continuidad de su gobierno, y en caso de ser rechazada se llamaría a elecciones democráticas al año siguiente. El general no imaginó que podría ser derrotado en su propio juego. Los militares, dispuestos a eternizarse en el poder, no calcularon que, a pesar de la modernización y el progreso económico, en esos años había aumentado el descontento y el pueblo había aprendido algunas lecciones y se había organizado. Pinochet organizó una campaña masiva de propaganda, en cambio la oposición solo obtuvo en la televisión 15 minutos diarios a las 11 de la noche cuando se esperaba que todo el mundo estuviera durmiendo. Instantes antes de la hora señalada sonaban las alarmas de tres millones de relojes y los chilenos se sacudían el sueño para ver ese fabuloso cuarto de hora en que el ingenio popular alcanzó niveles de genialidad. La campaña del NO se caracterizó por humor, juventud y espíritu de reconciliación y esperanza. La campaña del SI era un engendro de himnos militares, amenazas, discursos del General rodeado de emblemas patrióticos, trozos de antiguos documentales que mostraban al pueblo haciendo cola en los tiempos en tiempos de loa Unidad Popular. Si todavía quedaba indecisos, la chispa del NO venció a la pesada majadería del SI y Pinochet perdió el plebiscito ¨.

 

El show debe continuar

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Sumario.

Durante un par de años, el presidente se envuelve con una joven militante del partido con el que llegará al gobierno y nace un hijo. El amor furtivo y su fruto son mantenidos en secreto, pero al cabo de un tiempo la joven mamá comienza a exhibir señales ostensibles de bonanza económica y poder. Pronto se convierte en representante de una de las mayores firmas con las que el estado boliviano hace negocios por cientos de millones.

Un periodista da la primicia y sacude al país. El ovillo se desenrolla con rapidez cuando el presidente pierde una apuesta mayor que cercena su aspiración de gobernar cinco años adicionales a los 15 que debe cumplir al final de la década. La población vota contra el proyecto reeleccionista que creía que ganarlo era pan comido.

Aún digiere el revés cuando el país se paraliza con otra noticia: el niño vive, no estaba  muerto como el presidente dice que le habían hecho creer, y está próximo a cumplir nueve años. El país es un hervidero de preguntas sin respuesta. El público desconoce dónde la joven dio a luz, de qué mal padeció el bebé, cuándo murió, si hubo un certificado de defunción, dónde fue enterrado y si hubo alguna ceremonia por el niño, del que sí existe una partida de nacimiento en Cochabamba: 30 de abril de 2007.

El presidente pide que le lleven a su hijo y proclama ante el país que quiere conocerlo, ¨estoy esperando, tengo derecho de verlo y cuidarlo¨. La trama se oscurece pues el vicepresidente afirma que su superior entregó dinero a la madre apenas supo que el bebé recién nacido estaba enfermo y que habría sido llevado al exterior para recibir tratamiento. ¿Dónde? Empieza a asomar otra preocupación: Si estuviera vivo, ¿no estaría en peligro presente e inminente?

Nuevas complicaciones surgen cuando se conoce que la madre recibía del gobierno un tratamiento privilegiado y que gozaba de una de las oficinas más importantes del Ministerio de la Presidencia para recibir a personas con las que hacía negocios. La joven es apresada porque un juez teme que escape del país. A su lado, en la prisión, acaba una joven humilde pero de alto rango en el Ministerio de la Presidencia, cuyo titular se empeña en asegurar que el periodista que divulgó la noticia es parte de una conspiración que empieza en Estados Unidos, sin embajador en Bolivia desde hace más de un lustro.

El desconcierto parece cundir entre las autoridades. El vicepresidente pide a los niños de una escuela que protejan al presidente y un ministro propone crear una CIA boliviana para, entre otras misiones, descubrir a internautas sin afecto por el gobierno. La inquietud ciudadana se acentúa cuando otro ministro dice que tiene la certeza que el niño está muerto.

Un editor reclama una reseña en cinco palabras. Le digo: La cosa está que arde.

Los próximos capítulos son imperdibles.

 

La fuerza de Aletheia

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En una operación judicial de amplio impacto político, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva fue llevado a la fuerza ante un juez el viernes para que aclare sospechas de enriquecimiento dentro de las denuncias de fraudes multi billonarios que conmueven al país más grande del continente.  Después de declarar durante más de tres horas, fue llevado de vuelta a su domicilio donde centenares de militantes lo desagraviaron al grito de ¨Lula guerrero, del pueblo brasilero¨.

De 70 años cumplidos en octubre, el ex presidente ganó la vuelta en momentos en que el tañido de las campanas también llegaba a la presidenta Dilma Rousseff, a cargo del Ministerio de Energía y Minas cuando, bajo Lula, ocurrieron los primeros desmanes en Petrobras, la bandera industrial brasileña que estaba bajo su responsabilidad. De allí, dicen los investigadores, partieron torrentes financieros que apoyaron la campaña de la presidente por la reelección en 2014.

La borrasca no ha amainado pues citadas para declarar están decenas de personas, entre ellas parientes directos del ex presidente. Quiere decir que la gran pelea está todavía en desarrollo.

Lo que sucede a nuestro lado es parte de una crisis sin precedentes en un cuarto de siglo en Brasil. Fernando Collor de Mello fue apartado de la presidencia en 1992, bajo una lluvia de acusaciones de corrupción. Una línea por la que se filtraron las acusaciones fue el tráfico de influencias.

El sacudón puede ser un timbre de alerta para los regímenes populistas latinoamericanos donde más les lastima: la honestidad.  El ex soldador mecánico de la periferia de Sao Paulo fue un campeón que movió a multitudes a las que arengó para no tener miedo de ser felices pues otro mundo mejor que el que les había tocado vivir era posible. Ese mundo puede no estar tan distante para millones que salieron de la pobreza extrema bajo su gobierno (2003-2011), pero hay muchos más que aguardan ansiosos su pedazo del pastel de la mayor economía de la región, ahora atribulada por la recesión y el desempleo. Y les causa desagrado que les digan que hay quienes se enriquecieron con el discurso de combate a la pobreza y la exclusión.

Al igual que otros líderes latinoamericanos, Lula tuvo la fortuna llegar al gobierno en medio de la mayor bonanza mundial de precios para las materias primas, ahora en reversión aguda.

Apoyados o bajo su influjo, se afirmaron los regímenes de Hugo Chávez (+), Cristina Kirchner (Argentina), Evo Morales (Bolivia), Rafael Correa (Ecuador), Daniel Ortega (Nicaragua), algunas islas del Caribe, incluso Cuba, con la que Brasil cerró millonarios negocios. Chile, arropado en una izquierda moderada y moderna, se deslizó por un curso autónomo. Hubo momentos en que todo el continente, a excepción de Colombia, vestía de rojo o de rosado.

Una pesadilla para los gobiernos populistas, de derecha o de izquierda, es alejarse del poder por la voluntad popular que aseguran representar. En Argentina, los peronistas de Cristina Kirchner salieron del gobierno por elecciones hace tres meses; en Bolivia el presidente Morales sufrió el revés plebiscitario del 21 de febrero; en Ecuador, Rafael Correa decidió apartarse de las carreras electorales; en Venezuela, Nicolás Maduro yace en terapia intensiva tras  perder las elecciones legislativas de diciembre; y Cuba, la progenitora de todos ellos, avanza rauda hacia un relacionamiento normal con Estados Unidos. Desde la caída del Muro de Berlín, el mundo no presenciaba un dominó de esta escala.

Tras meses de investigación, la Policía Federal brasileña decidió que tenía indicios suficientes para interrogar a Lula y a parte de su familia. Su retorno puede haber hecho madurar la idea que flota entre dirigentes de su partido, el de los Trabajadores (PT), que él fundó: candidatear de nuevo cuando expire el mandato de la actual presidente. ¨Volveremos a las calles¨, dijo a quienes lo recibieron de vuelta en su casa de San Bernardo do Campo.

El episodio del viernes parece solo una parada de un extenso recorrido al que se le asignó un nombre: Operación Aletheia, la palabra griega para la verdad. Para gran parte del público es más común el nombre de ¨lava-jato¨, lavar a chorro, que describiría con más propiedad los millones de dólares que los investigadores dicen que resultaron de los manejos ilegales de recursos de Petrobras.