Mes: enero 2017

El esperpento al poder en USA

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Con permiso del autor, comparto con ustedes este artículo, oportuno e ilustrativo.

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

El esperpento es una figura literaria estrafalaria ideada hacia 1920 por el novelista español de la Generación de 1898, Ramón del Valle Inclán, creador de la narrativa de dictadores iberoamericanos con la novela Tirano Banderas. Ésta dice algo muy alusivo a los desplantes del flamante presidente de EE.UU., Su Excelencia Donald Trump: “Santos Banderas les garanta que el día más feliz de su vida será cuando pueda retirarse y sumirse en la oscuridad a labrar su predio, como Cincinato. Crean, amigos, que para un viejo son fardel muy pesado las obligaciones de la presidencia”. (Col. Austral, 5ª Ed. p. 17).

Con las múltiples y numerosísimas manifestaciones públicas en contra de S.E. en las principales ciudades de EE.UU. y del mundo, sobre todo de mujeres, ocurridas el sábado 21 de enero, un día después de su toma de posesión, más su paradójica visita también ese sábado a las oficinas centrales de la Agencia Central de Inteligencia de EE.UU. donde alabó a esa repartición luego de haberla denigrado públicamente días antes… entre otras manifestaciones habladas y escritas sobre todo en twiters, todas esperpénticas, se puede decir que desde el día después de haber tomado la presidencia es probable que ya se sienta como Cincinato y quiera que todo esto se acabe aunque ese “todo” recién empieza. La resaca ha de costar a S.E.… como el percatarse de que “hacer muros” no solamente es de charlatanes sino de ilusionistas.

Como candidato dizque republicano en junio de 2016 S.E. se burló de los otros diez y seis candidatos insultando a la mayoría de ellos, denigrando a la mujer en los debates y sobre todo en grabaciones no solamente esperpénticas sino denigrantes en las que aludía a las partes femeninas íntimas con desplante machista de donjuanesco conquistador (aunque ni el Burlador de Sevilla ni Juan Tenorio llegaron tan bajo). Se burló públicamente de los lisiados, de los musulmanes, de los estadounidenses descendientes de Africanos y Mexicanos de estadía ilegal a los que llamó “asaltantes” y “violadores”, aunque en su discurso inaugural ¡ojo! se contradijo al decir: “cabe recordar ese viejo adagio que nuestros soldados nunca olvidarán, no importa si somos negros, marrones o blancos, todos sangramos la sangre roja de los patriotas”.

Prometió que el primer día de mandato derogaría lo hecho por el presidente Obama. Y lo está intentando pese a que su gente le está comenzando a decir que tal cosa no es fácil. En su discurso inaugural también dijo que muchos estadounidenses “están atrapados en la pobreza entre escombros de las que una vez fueron fábricas hoy esparcidas en el paisaje cual lápidas”; también aludió al sistema educativo de EE.UU.: “está repleto de dinero pero deja a nuestros hermosos estudiantes en la supina ignorancia”. Terminó diciendo que esta “carnicería se acaba aquí y ahora”.

La anterior es una de sus más esperpénticas e incluso desaforadas afirmaciones que el ciudadano común del país no ha de olvidar fácilmente. Es la manera negativa, insultante y contradictoria en que ha asentado su candidatura “populista” de derecha aunque cabe aclarar que la pobreza también atrapa a los barrios pobres de las ciudades como Chicago donde el crimen, sobre todo de gente pobre de color, mata a ciudadanos cada noche; aunque en la ciudad de Nueva York la situación mejora.

Esperpéntico es afirmar: “de hoy en adelante EE.UU. será primero” ; debemos proteger nuestras fronteras de los estragos causados por “países que fabrican nuestros productos”. ¿Cómo? ¿Proteger a EE.UU. de productos de China, México, Colombia o Vietnam? ¡Qué protección es esa! ¡Todos deberíamos saber que producirlos en EE.UU. costaría más al consumidor estadounidense!

Alguien tiene que decir a S.E. que el comercio internacional existe desde hace miles de años sobre todo por los factores de competitividad, algo que en Bolivia, por ejemplo, lo entienden al dedillo los contrabandistas y los empleados de aduanas… sin connotación esperpéntica.

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La gran batalla

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La “era Trump” comenzó el fin de semana pasada, pero por todo lo visto, el campanazo de largada ocurrió apenas se conocieron los resultados de la contienda electoral del 8 de noviembre. La curva ha sido de agravamiento y nada hace pensar que socios, aliados y vecinos pronto dejarán de caminar de puntillas. Una era de incertidumbre está instalada en el mundo.
Donald Trump asumió el mando con la admonición de porciones considerables de la sociedad norteamericana. Al escribir esta columna, cientos de miles de estadounidenses marchaban hacia la capital para repudiar al nuevo mandatario, en una manifestación masiva de descontento político rara vez vista en ese país. En las principales capitales del mundo la atmósfera era de estupor. Ninguno de sus predecesores asumió el mando con niveles de aprobación tan bajos. A Barack Obama le costó 18 meses descender al 44% de aprobación de los más de 60 % que tuvo al asumir. A George W.Bush le llevó cinco años (durante su segundo mandato) llegar al nivel de 40% o menos con el que empieza Trump. El flamante mandatario, resumía el New York Times, ni siquiera había empezado su gobierno y ya batía un record. Y por lo sucedido en los dos primeros días, el flamante mandatario no tiene interés en revertir la antipatía creciente que se manifiesta hacia él. Gran Bretaña, que jugó su destino al optar por apartarse de la UE, cruzaba los dedos esperando que la suerte la acompañe con el hasta ahora impredecible Donald Trump. No había bases reales que volviesen sólidas esas esperanzas, inclusive las que origina la visita de la PM Theresa May a la Casa Blanca prevista para fines de este mes.
Los críticos subrayaban que Trump ignoró la tradición de sus predecesores y en lugar de buscar superar las divisiones entre quienes lo apoyaron y los que votaron por Hillary Clinton las acentuó. Causó estragos entre la comunidad negra cuando menospreció al líder y senador John Lewis, uno de los mayores íconos de los derechos civiles. El desdén llevó a Lewis a declinar asistir a los actos de posesión. Estuvieron de su lado 60 senadores con similar actitud.
De todos los países aliados de Estados Unidos, el único contento de verdad parece Israel, por el desagrado del nuevo mandatario con la actitud de estadounidense en las Naciones Unidas, que facilitó la condena internacional a los asentamientos en territorios asignados a los palestinos. Trump les dijo a los israelíes que pronto estaría de su lado para reparar el daño. Ni hablar de los mexicanos e inmigrantes en Estados Unidos.
La batalla principal tiene por escenario a los medios de comunicación, cuya ¨arma¨ más potente es el trabajo profesional probo y exhaustivo que el nuevo mandatario no ha logrado desactivar. Como todo líder inclinado hacia la autocracia, Trump ha estado inerme ante el alud de informaciones, reportajes y opiniones que han ayudado a desnudar fragilidades, contradicciones y peligros de la administración entrante. No parece confortable en debates democráticos. Los observadores subrayan que los medios, con la libertad de prensa y de opinion bajo protección constitucional, son los garantes efectivos de la democracia y la convivencia y que muchas lecciones derivarán de la puja en curso.
La mayor defensa directa de Trump han sido sus ¨tweets¨. En uno de sus últimos antes de posesionarse afirmó que alguien le habia dicho que era ¨el Ernest Hemingway de los 140 caracteres¨. David Remnick (The New Yorker), subrayó que le faltó identificar a ese ¨alguien¨.

Conteo regresivo

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Una expectativa creciente se manifiesta en todo el mundo al aproximarse el 20 de este mes, cuando Donald Trump asumirá la presidencia de Estados Unidos. Toda la arquitectura creada en los últimos 70 años puede tambalearse ante medidas simplistas y proteccionistas que el magnate ha anunciado. Como en toda ley física, el gigante se mueve y las figuras a su alrededor se estremecen.
Nada sino una esperanza cada vez más tenue de que que en el camino Trump corrija sus percepciones anuncia tiempos tranquilos. Esa esperanza quedó al borde de la extinción el miércoles en su primera conferencia de prensa en seis meses cuando exhibió sin cortinas su estilo torpe de hacendado rico y trajo nostalgias anticipadas de Barack Obama, quien en la víspera se había despedido con un mensaje en el que, entre muchas otras cosas, pidió estrechar filas para defender la democracia con celo y sin miedo.
Uno de los puntos más sensibles entre los norteamericanos se mantuvo en carne viva: Vladimir Putín y el denunciado espionaje para debilitar a la candidata demócrata Hillary Clinton y lograr que perdiera la elección. En una débil concesión Trump dijo que creía que la filtración informativa había existido pero que con él en la presidencia Putin no se atrevería a volver a hacerlo “¿Saben qué? Pudo haber otros (países)”, dijo, para quitar fuerza a su admisión. Nada tranquilizó a sus críticos cuando dijo que era ventajoso que el presidente ruso le tuviera simpatías. Cargó contra las agencias de inteligencia por hacer público un resumen de dos páginas sobre 30 de un informe respecto a la alegada interferencia rusa, que algunas publicaciones dijeron que incluía cuestiones bochornosos para el republicano durante un concurso de belleza en Moscú. Y claro, como buen dirigente populista, acusó a importantes medios informativos de difundir noticias falsas.
Nada aminoró la inquietud por la anunciada devastación de los programas sociales de Obama ni su reemplazo simultáneo por otros desconocidos que dejarían sin protección a millones. Más allá de las fronteras, la inquietud también crece. De Europa a China y Japón la llegada de Trump provoca escalofríos. Al libre comercio alcanzado tras décadas de gestiones tras el fin de la Segunda Guerra Mundial le aguardan días decisivos.
Solo como preludio estaban las tribulaciones de México, atenazado por la cuarentena sine die dispuesta por el mandatario electo para las inversiones destinadas a manufacturas hacia Estados Unidos. Pocas veces parecía tan válida la frase atribuida a Porfirio Díaz, el general mejicano de reelecciones infinitas: Pobre México: tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos.

Todo por la re-re-re

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A un mes del primer aniversario de la mayor derrota política del gobierno del presidente Morales no quedan dudas de que el mandatario rechaza el veredicto y que insiste en ser candidato para gobernar por un cuarto período y llegar a los 20 años corridos a cargo del país. El presidente jura que un tenebroso cartel maquinó para que dijese No la mayoría a la que se le preguntó el 21 de febrero si aprobaba que volviese a candidatear. Solo le resta escoger la forma que asumirá la pulseada.
Al aproximarse ese aniversario, ha empezado a delinearse una respuesta articulada al desafío que lanzó el presidente a sus opositores al aceptar de manera implícita una nueva candidatura a pesar de haber dicho hace 11 meses que se retiraría a su propiedad en el Chapare. (“ Aceptampos los resultados. Es parte de la democracia¨, dijo entonces.)

Se espera que este domingo surja una respuesta que no admita dudas sobre la oposición del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria al propósito re-re-reeleccionista. Ese partido estuvo entre los protagonistas del fin del ciclo autoritario de gobiernos militares y se apresta a conmemorar el asesinato de gran parte de su plana mayor de dirigentes el 15 de enero de 1981 en la calle Harrington de La Paz. El MIR pasaría a engrosar de manera militante la articulación a un nuevo No. Una expresión masiva del No está en gestación para llevar a cabo manifestaciones en todo el país en la fecha del primer aniversario.
Víctor Paz Estenssoro, quizá el presidente más lúcido de Bolivia en todo el Siglo XX, dio hace 40 años una respuesta sencilla cuando le preguntaron por qué había tantos cambios de gobierno en Bolivia, a menudo con violencia. ¨Por peras¨, dijo, al explicar que el árbol del poder en Bolivia no producía suficientes frutos como para satisfacer a todos los que buscaban una ¨pera¨, un trabajo en el lenguaje de entonces. Lo mismo valía para quienes buscaban mantener la ¨pera¨ que les había llegado a través del gobierno. Pregunten a quienes defienden la re-re-reelección qué posición ejercen en el estado como resultado de su militancia en el partido de gobierno. La respuesta puede explicar la mayor o menor vehemencia con la que muchos suelen defender la continuidad de sus líderes. No será muy grande el número de los que ejercen funciones por méritos estrictamente profesionales, con prescindencia de ideologías.
A eso los analistas agregan otra razón: seguridad para el futuro inmediato de los líderes. Una justicia envilecida como la que ha tomado cuerpo no garantiza que serán conducidos con imparcialidad los juicios eventuales que algunos podrían enfrentar, desde corrupción hasta abusos y violaciones de los derechos humanos. El mismo razonamiento puede aplicarse a la tenacidad con la que Nicolás Maduro y sus partidarios en Venezuela se esfuerzan para mantenerse en el gobierno a pesar de la reprobación cercana al 90% que, en sondeos de opinión, les manifiestan sus compatriotas.
Los observadores destacan que el ¨frente externo¨ contrario al reeleccionismo y partidario de la alternabilidad democrática en el gobierno está fortalecido. Nada indica una reversión de los procesos en curso en Brasil y Argentina, y el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski en Perú les ha inyectado mayor vigor.
A eso se agrega ahora el advenimiento de Donald Trump para regir Estados Unidos. Con la retórica anti-capitalista que expresan los líderes de lo que queda del Socialismo del Siglo XXI, no es difícil vaticinar nuevas turbulencias en las relaciones entre Estados Unidos y los países regidos por ese signo. Una pregunta aún sin respuesta es si el empeño por la re-re-re llegará a agitar las aguas de nuestras relaciones exteriores.

La geopolíticade apertura en crisis

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Con permiso del autor, transcribo una reseña muy interesante sobre acontecimientos que colocan en vilo a toda la arquitectura comercial forjada en los últimos tres cuartos de siglo.

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz*

De las explosiones de la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki en 1945 nació en concepto de comunidad global contra el terror de una guerra con armas atómicas. Los 60 millones de muertos de la segunda guerra mundial también tuvieron su efecto en los seres humanos que a través de sus gobiernos optaron por la cooperación que dio pie a la creación de las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional y otras instituciones multilaterales que impulsaron la gestación de una serie de corrientes de intercambio sin precedentes en la historia del mundo.

La invención del chip en 1958 permitió el desarrollo vertiginoso de los medios de comunicación al punto de que en 1961 ya se hablaba de la “aldea global” fortalecida a partir de septiembre de 1969 con la creación de la red Internet. La caída del muro de Berlín en noviembre de 1989 y el final de la guerra fría gestaron alivio y esperanza de que los totalitarismos tanto de izquierda como de derecha habrían de ser dizque asunto histórico.

La globalización tuvo su mayor apogeo en el ámbito político-económico-comercial: Tratado de Roma (1953) que conformó la Unión Europea, Alianza para el Progreso (1961), Acuerdo de Cartagena (1964), Pacto Andino (1969), Los Tratados de Schengen (1985), Maastricht (1991), Comercio de América del Norte, NAFTA, (1994), Comercial de los Pueblos (2006), MERCOSUR y docenas de tratados bilaterales que fomentaron el comercio internacional en algunas regiones pero no en todas.

Así, entre 1981 y 2002, el porcentaje de personas que vivían con menos de dos dólares al día en Asia de Este, Pacífico y China disminuyó del 84,8 % a 40,7 % ; en América Latina disminuyó del 29,6% a tan solo el 23.%; y en África Subsahariana aumentó del 73,3% al 74,9% lo que todavía significa un fracaso de la globalización comercial con respecto a los países pobres. A Propósito, el saldo comercial de Bolivia con el exterior, de enero a diciembre de 2015, arrojó un déficit de US$509 millones; 2016 ya sabemos que arrojó un déficit aún mayor, de US$935 millones. Mejorar es una obligación… pero habrá que ver cómo se logra una mejor institucionalización del país.

El problema del momento y sobre todo desde la reciente elección del presidente de EE.UU. es que las fuerzas capitalistas entronadas en la derecha política recalcitrante hablan de cerrar fronteras y coartar la marcha del comercio internacional incluyendo el movimiento de personas que, por ejemplo con Brexit, temen, no siendo ingleses, no poder seguir trabajando en el Reino Unido. La derecha francesa habla de un “Frenxit”, etc.

La idea es comprar menos en el exterior para producir más en el país es una aberración. En EE.UU. la oferta política que se viene: dar empleo interno y castigar a las empresas que abran e incluso mantengan fábricas en el exterior, hizo, por ejemplo, que la compañía estadounidense Ford cancelara recientemente una importante inversión de fabricación de automóviles en México. Se trata de un ejemplo de intimidación gubernamental que da por tierra con la idea de globalización que tanto ha servido para sentar las bases de la cooperación internacional a través del derecho. Ha costado mucho concretar tratados de comercio que den resultados, y cuesta aún más mantener resultados y mejorarlos disminuyendo el desempleo y el subempleo.

Si el Occidente del planeta se ofusca ante la tentación de soluciones falsas, nacidas de desilusiones fraguadas y angurria política, los pilares institucionales e intelectuales en los que ha venido descansando el orden internacional desde la segunda guerra mundial quizá se debiliten y hasta se quiebren. Ignorar las historia del mundo es volver al pasado que ha costado superar, en buena medida, en base a la globalización.

*Miembro de número de la Academia Boliviana de la Lengua