Mes: diciembre 2017

Cuestión de flores

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La elección de Sebastián Piñera ha completado un círculo desafiante para la diplomacia boliviana. Mientras gobernaron Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Roussef (Brasil), Cristina Kirchner (Argentina), Fernando Lugo (Paraguay), Michelle Bachelet (Chile) y Ollanta Humala (Perú), América del Sur fue el paraíso para la diplomacia nacional. Ahora, coinciden los analistas, el gobierno deberá extremar su habilidad para mostrarse amigable ante gobiernos y presidentes cuyas bases ideológicas siempre denostó. Al sur tiene a Mauricio Macri, al este y noroeste, a Horacio Cartes y a Michel Temer, al norte a Pedro Pablo Kucinsky, y ahora al oeste, a Piñera. Ha sorteado algunas dificultades, pero en sus 12 años de gobierno, Evo Morales nunca había estado ante un cerco así.

Una prueba fugaz para su capacidad de moverse en el nuevo terreno puede darse el 11 de marzo, cuando por segunda vez Piñera asuma el mando en Chile. En Santiago se congregarán jefes de estado de toda la región, incluso, y probablemente en primera fila, Donald Trump, del más puro linaje capitalista que Piñera gusta.

Si el presidente Morales asiste, muchos ojos lo seguirán. Con quiénes se saluda y conversa, qué comentarios hace. No estarán ni Chavez ni Lula, con quienes podía darse afectuosos apretones de manos, e intercambiar comentarios y bromas. En lugar del ecuatoriano Rafael Correa estará Lenín Moreno, que viene de retorno de las políticas del Socialismo del Siglo XXI que encomia el jefe de Estado boliviano y que para el nuevo mandatario chileno son anatema.

En el primer gobierno Bachelet (2006-2009) las relaciones bilaterales fueron apacibles. La creencia que pudo tener el presidente Morales de que gobiernos con algunas similitudes ideológicas se entenderían mejor, mantuvo en calma las relaciones entre las dos naciones, hasta que el mandatario boliviano, a poco de Bachelet entregar el mando a Sebastián Piñera, dijo que había sido engañado y que llegaba el momento de reactivar la demanda marítima a toda máquina. Cuando Bachelet retomó el mando de Piñera, las flores de los primeros tiempos ya estaban secas y marchitas y no había besos que pudieran devolverles vida. Ahora que vuelve la misma inflexion y Bachelet entrega el mando a Piñera, no hay esperanzas de revivirlas. Las relaciones bilaterales han tocado fondo y no se vislumbra un rescate próximo. El caso fundamental de Bolivia aguarda en La Haya sin margaritas para deshojar.

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Cuestión de flores

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La elección de Sebastián Piñera ha completado un círculo desafiante para la diplomacia boliviana. Mientras gobernaron Luiz Inacio Lula da Silva y Dilma Roussef (Brasil), Cristina Kirchner (Argentina), Fernando Lugo (Paraguay), Michelle Bachelet (Chile) y Ollanta Humala (Perú), América del Sur fue el paraíso para la diplomacia nacional. Ahora, coinciden los analistas, el gobierno deberá extremar su habilidad para mostrarse amigable ante gobiernos y presidentes cuyas bases ideológicas siempre denostó. Al sur tiene a Mauricio Macri, al este y noroeste, a Horacio Cartes y a Michel Temer, al norte a Pedro Pablo Kucinsky, y ahora al oeste, a Piñera. Ha sorteado algunas dificultades, pero en sus 12 años de gobierno, Evo Morales nunca había estado ante un cerco así.

Una prueba para su capacidad de moverse en el nuevo terreno puede darse el 11 de marzo, cuando por segunda vez Piñera asuma el mando en Chile. En Santiago se congregarán jefes de estado de toda la región, incluso, y probablemente en primera fila, Donald Trump, del más puro linaje capitalista que Piñera gusta.

Si el presidente Morales asiste, muchos ojos lo seguirán. Con quiénes se saluda y conversa, qué comentarios hace. No estarán ni Chavez ni Lula, con quienes podía darse afectuosos apretones de manos, e intercambiar comentarios y bromas. En lugar del ecuatoriano Rafael Correa estará Lenín Moreno, que viene de retorno de las políticas del Socialismo del Siglo XXI que encomia el jefe de Estado boliviano y que para el nuevo mandatario chileno son anatema.

En el primer gobierno Bachelet (2006-2009) las relaciones bilaterales fueron apacibles. La creencia que pudo tener el presidente Morales de que gobiernos con algunas similitudes ideológicas se entenderían mejor, mantuvo en calma las relaciones entre las dos naciones, hasta que el mandatario boliviano, a poco de Bachelet entregar el mando a Sebastián Piñera, dijo que había sido engañado y que llegaba el momento de reactivar la demanda marítima a toda máquina. Cuando Bachelet retomó el mando de Piñera, las flores de los primeros tiempos ya estaban secas y marchitas y no había besos que pudieran devolverles vida. Ahora que vuelve la misma inflexion y Bachelet entrega el mando a Piñera, no hay esperanzas de revivirlas. Las relaciones bilaterales han tocado fondo y no se vislumbra un rescate próximo. El caso fundamental de Bolivia aguarda en La Haya sin margaritas para deshojar.

Todo vale

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En el climax de un antagonismo sin perspectivas de calma, el gobierno ha llevado a las calles estos días a miles de ciudadanos para celebrar un supuesto derecho humano del presidente Evo Morales a postularse a la presidencia cuantas veces él y sus partidarios lo quieran, con la creencia de que esa ambición está apoyada en el Pacto de San José, la norma diseñada para proteger los derechos humanos en el hemisferio. La oposición hizo otro tanto, sobre todo en Santa Cruz, Cochabamba y La Paz, y dejó en evidencia que si bien el gobierno tiene poder movilizador basado en el empleo, negocios e intereses que genera el estado, gran parte del país repudia su movimiento reeleccionista. El argumento de ¨el pueblo me lo pide¨ o ¨me sacrifico por mi pueblo¨ ha sonado cínico y oportunista, tan conocido en otros tiempos en estas y otras latitudes, pues se sabe que tras la frase hay intereses apoyados por un esfuerzo propagandístico masivo a costa del estado para favorecer a la clase gobernante.  Pocos dejarían de sonrojarse si la dijeran. Imaginen a Ricardo Lagos pronunciándola, a Mauricio Macri o a Pepe Mujica.

El gobierno y su partido se han prodigado en buscar argumentos que respalden el pronunciamiento del Tribunal Constitucional que abrió la ruta para una presidencia vitalicia del presidente Evo Morales. El dictamen, el más controvertido en la historia de esa instancia, fue la chispa para un polvorín que bajo cualquier visión está lejos de apagarse. Hasta ahora no se conoce una sola opinión institucional que sostenga que la interpretación de que el supuesto derecho humano del presidente a hacerse reelegir cuantas veces quiera es superior a la norma que limita la reelección. No es mínima la ansiedad para que en algún momento la Corte Interamericana de Derechos Humanos expida una aclaración.

La jugada de los abogados del presidente es vista como una ¨avivada¨ mayúscula, pues a ningún jurista se le habría ocurrido, cuando la norma fue aprobada en 1969, que sería esgrimida para favorecer la presidencia vitalicia. El Pacto fue concebido para amparar a individuos ante abusos de poderes del Estado, no para garantizar ambiciones presidenciales vitalicias, han sostenido quienes creen que el argumento reeleccionista es disparatado. Sorprende, entonces, que el TCP lo hubiera endosado, en una decisión de tinta indeleble para la historia de sus integrantes.

El fondo del debate en torno a un tema nada enaltecedor echa más sombras a la justicia boliviana bajo el gobierno del MAS y atiza otros casos irresueltos sobre los que se impone la voluntad del Poder Ejecutivo. Tema central en todos estos años de gobierno MAS ha sido el asalto al hotel Las Américas (2009), de cuyas sombras las autoridades no consiguen apartarse.

Es una conclusión generalizada que todo intento de conferir alguna credibilidad a la justicia pasa por el esclarecimiento convincente de ese episodio brutal.  Para los acusados, los jueces Sixto Fernández, Julia Elena Gemio, Anastasia Callisaya y Sonia Mamani carecen de confiabilidad y los creen dóciles al gobierno. Pregunten en privado a cualquiera de ellos y recibirán una rotunda confirmación. Los fiscales están bajo órdenes del Ministerio Público, que les instruye acusar y lograr sentencias. Ningún otro norte los aparta de la que consideran una misión suprema que se impone sobre todo y para la cual la verdad o la falta de evidencias parecen apenas una variable. Tres aún están presos en Palmasola. Svonko Matkovic Ribera, Juan Carlos Guedes y Alcides Mendoza han tocado en vano todas las puertas en procura de siquiera la prisión domiciliaria. Incluso escribieron al Papa Francisco cuando éste vino a Santa Cruz en 2015. Media docena de otros admitió la comisión de delitos negados durante seis años, en confesiones que parecieron replicar las de los Juicios de Moscú en las purgas de los años de 1930. Y queda un puñado bajo prisión domiciliaria, a la cual han se han visto forzados a adecuar sus vidas.

La justicia, en fin, está llena de ¨mala praxis¨ y es legítimo preguntarse a quién cobrar. Todo el país podría preguntarse a quién responsabilizar por ¨mala praxis¨ con proyectos e inversiones mal concebidos, mal ejecutados y por los sobreprecios que conllevaron.

Ganó la decencia

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A partir de la noche del miércoles, el mundo que preside Donald Trump ha dejado de ser el que empezó a moldear hace menos de un año. Ese mundo fue sacudido cuando la senaturía por el estado de Alabama, vacante desde la inauguración de su gobierno, fue ganada por el demócrata Doug Jones con un puñado de votos que dejó a la mayoría de la que gozaba Trump colgada de la orilla del abismo. Trump recibió una herida profunda y muchos, dentro y fuera de los Estados Unidos, respiraron aliviados. En principio, trató de disimular la derrota con actitudes de ¨aquí no pasó nada¨, creída solo por su círculo inmediato. Más allá, la incertidumbre que genera el mandatario empezó a aflojar lo suficiente para albergar esperanzas reales de que 2018 verá un gobierno menos temerario y menos impredecible. Para los analistas luce claro que las riendas con las que Trump conducía el carruaje se han acortado y que su margen de maniobra es ahora menor.

Los republicanos, que tenían 52 senadores frente a 48 de los demócratas, pasaron a tener 51 frente a 49. En momentos decisivos, ese equilibrio precario puede ser roto por figuras republicanas destacadas y descontentas con muchas de las iniciativas tomadas por Trump, desde la relación con México, los inmigrantes y el libre comercio, hasta el Oriente Medio, Europa y el clima. Una de las muchas  lecciones fue que un electorado educado puede imponerse sobre un populista vociferante.

El abanderado republicano, Roy Moore, era de los más sorprendidos. Después de haber ido a votar trotando en un caballo díscolo, botas y sombrero de cowboy, el candidato resistió conceder que había perdido, aun después de que el propio Trump felicitara, a desgano, al vencedor demócrata.

Moore cayó abatido por un alud de denuncias de acoso a jóvenes adolescentes cuatro décadas antes, cuando era alto funcionario de la Corte de Justicia de Alabama. Los testimonios de dos mujeres recogidos a principios de noviembre por The Washington Post calaron en el bastión conservador a cargo del gobierno de Alabama desde hace 25 años, y llevaron a otras a presentar casos similares de acoso.

Solo días antes de la votación, las mujeres que habían levantado la mano para acusar al candidato de comportamiento libidinoso ya eran nueve. Sus relatos parecían tan convincentes que senadores de su partido estaban dispuestos a expulsarlo del Senado si hubiese llegado a ganar.

La situación era incómoda para Trump, pues traía a la memoria pública su propio comportamiento y sus comentarios obscenos registrados por la radio y la TV respecto a las mujeres. Todo se sumaba a un guiso que sus adversarios preparan con la intención de cocinar su enjuciamiento en busca de alejarlo del cargo.

Pero Trump se cuadró firme con el candidato. Hasta solo horas antes de votar, instaba a la población a sufragar por el republicano e insistía en que los medios que divulgaron las denuncias de acoso eran de un sistema de ¨fake news¨, equivalente a ¨cartel de la mentira¨, expresión con la que busca neutralizar a sus críticos.

La gravedad de lo ocurrido indignó a multitudes de todos los segmentos demográficos. Fueron a los centros de votación miles de personas de color, tradicionalmente poco inclinadas a votar, muchas de ellas de barriadas obreras en todo el estado, similar en extensión al departamento de La Paz. Noventa y ocho de cada cien mujeres de color votaron por el candidato demócrata. Entre los varones, la avalancha fue un poco menor, sin dejar de ser aplastante. Un 96% de esa categoría prefirió votar por Jones. En general, los profesionales con ingresos superiores al promedio también respaldaron al candidato demócrata y consolidaron el 0,5% de votos que le dio el triunfo. La contienda fue decidida por menos de 10.000 votos de un total cercano a 1,4 millón de sufragios.

Jones deberá posesionarse en días más, en cuanto la Corte Electoral ratifique su victoria. Ocupará el escaño que tenía Jefferson Sessions, ahora procurador general. En el discurso que dio ante sus seguidores la noche del miércoles fue parco al describir la victoria:  ¨Ha sido un triunfo de la decencia¨. Para ese momento, Trump había dejado de encomiar a Moore.

Dilema

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A estas alturas, el presidente Evo Morales podría estar arriando sus banderas reeleccionistas y comenzando una preparación serena para apartarse del poder que ha ejercido durante casi 12 años. La mayoría de los analistas cree que ésta sería una actitud dictada por la razón. Si no estuviere en ese camino, se abriría en Bolivia  un período de tensiones, con riesgos para la estabilidad vivida por el país todos estos años.

Dos referendos consecutivos avalan esa perspectiva, inclusive un tercero, el que puso en vigencia la actual CPE en 2009. La historia boliviana reciente es pródiga en ejemplos que ilustran sobre las consecuencias de permanecer con las riendas del país en contra de una voluntad popular que se manifiesta mayoritaria.  Las objeciones a la pretensión se han generalizado y nada indica una inflexión de la tendencia que dio más del 50% a la votación nula y superó los 2/3 con los votos en blanco. Nadie podría dudar que este resultado expresa una decisión contra el reeleccionismo y contra la curiosa manera de elegir magistrados para administrar la justicia.

La Iglesia Católica tuvo un mensaje inequívoco que el gobierno habría preferido no escuchar.  El mensaje proclamó: ¨Sin respeto a las leyes no hay democracia¨ y subrayó que los obispos no pueden callar ante la sentencia del Tribunal Constitucional que dio luz verde a la reelección indefinida y abonó a la hoja de vida de los supremos magistrados uno de los fallos más repudiados de la justicia nacional. En un país con mayoría de católicos, eso podría tener un peso determinante.

A una semana del fallo pro-reeleccionista, la decisión del Tribunal de Justicia había ganado el más amplio abanico de críticos del que se tenga memoria reciente. Pocas veces, oposición, grupos juveniles espontáneos e instituciones cívicas estuvieron tan sintonizados en una visión sobre qué es lo que no quieren. Ante el anuncio de manifestaciones de protesta e incluso paros cívicos durante la semana que comienza, no estaba claro si los magistrados resistirían la presión de la opinión pública, menos aún de un repudio como el pronunciado por los obispos en días previos a la Navidad.

Si el presidente abandonará la vía reeleccionista y si los jueces desoirán el veredicto ciudadano, eran cartas en una mesa de apuestas voluminosas. La situación del gobierno parecía retratada en un dicho popular sobre situaciones imposibles: Si corro, la fiera me alcanza, si no corro, me come.

 

La historia de Indira

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Hace algún tiempo asistí a un curso de periodismo auspiciado por la UNESCO y la Universidad Evangélica de Bolivia.  Uno de los requisitos del curso era presentar un reportaje. Me pareció oportuno escribir sobre un tema que acababa de conocer:  la historia de una joven que resultó beneficiaria de uno de los primeros transplantes de órganos que se realizaban en Bolivia.  En su momento, la historia fue un hito en la medicina boliviana y quise compartirla con ustedes, bajo el formato que exigía el curso.

Justificación

Este reportaje pretende destacar el trabajo de un grupo de médicos cruceños que, con la mente fijada en salvar la vida de una criatura, se empeñó a fondo en un procedimiento quirúrgico hasta entonces nunca intentado en Bolivia. Pese a las vicisitudes de jornadas de tensión, dedicación y amor por la vida, el trabajo resultó un éxito. Para este trabajo entrevisté al médico cabeza del equipo de ocho especialistas a cargo del procedimiento, Herland Vaca Diez, y al endocrinólogo que le presentó el caso, Douglas Villarroel, así como a  Marcia Soruco Suárez, madre de Indira, la entonces criatura de poco más de un año receptora del primer trasplante de hígado realizado en Bolivia, y a la propia Indira.  El Dr. Vaca Diez tuvo la amabilidad de dejarme leer parte de las memorias que tiene previsto publicar a fines de año sobre su carrera profesional. De ellas extraje un par de párrafos que van como complemento de este reportaje, que espero que contenga todos los elementos que nutren un trabajo periodístico de esta naturaleza.

La epopeya de Indira y de su madre, que no vaciló en brindar su hígado para salvar a su hija, y los esfuerzos de los doctores Vaca Díez y Villarroel, merecerían un tratamiento mayor en los medios bolivianos, para demostrar que el empeño y las coincidencias casi milagrosas son capaces de producir resultados como el que el lector –o el amable tribunal que lea este escrito- encontrarán en la narración.  No es un trabajo dotado de novedades científicas, pero sí una crónica de un esfuerzo que, hace 15 años,  salvó una vida y abrió esperanzas para personas necesitadas de trasplantes hepáticos en Bolivia.

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Trasplantes de hígado dirigidos por el equipo de Herland Vaca Diez

 

Nombre Edad Lugar Fecha Donante vivo Donante cadavérico Obito
Indira Soruco Suárez 13 meses Incor 11/9/1996 Madre
Gabriela Gamarra 8 meses Incor 15/11/1999 Padre
Marta Daniela Saucedo 16 años Japonés 16/11/1999Hermano 4/2/2008
Mary Saravia 30 años Japonés 17/11/1999 Hermano        ?
Juana Muñoz Rojas 37 años Incor 16/02/2002       ? Cadavérico         ?
Lizbeth Alanoca Saucedo 5 años Incor 17/09/2001 Madre         ?
Yamel Cabrera Avalos 18 años Incor 25/11/2005 Padre Padre         ?

 

Una noche solitaria al cuidado de Indira

“El 21 de septiembre, día de la primavera, de los enamorados, del médico, Indira llevaba 10 días de operada y todavía estaba muy mal. Como se había prolongado su recuperación, el esquema de trabajo de los pediatras había terminado, el responsable era el Dr. Carlos Barañado, pero ya llevaba varios días sin dormir. Yo telefoneé tratando de conseguir un pediatra que pudiese cuidar a Indira ese día y la noche. Fue imposible. Tuve que quedarme yo, sin ser pediatra, a cuidar a Indira. Después preguntaba por qué ningún médico quería asumir el cuidado de Indira esa noche, a lo que alguien me dijo que muchos pediatras pensaban que Indira estaba muy mal y que no querían que falleciera en su turno.” (Tomado de las memorias del Dr. Herland Vaca Díez).

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Un 11 de septiembre diferente

La historia de Indira

Por HAROLD OLMOS

Acaba de cumplir 16 años y luce toda la lozanía de su adolescencia. No parece una persona que bien podría ostentar dos fechas de nacimiento.

El 11 de septiembre es una fecha emblemática que suele no traer buenas evocaciones en muchas partes del mundo. Hace 10 años se desplomaban las Torres Gemelas de Nueva York  y comenzaba formalmente la guerra contra el terrorismo a escala mundial. El 11 de septiembre de hace tres años fue baleado un grupo me campesinos en  un enfrentamiento en Porvenir, un poblado del remoto  departamento de Pando.  También un 11 de septiembre ocurrió el golpe militar en Chile, en 1973, contra el gobierno democráticamente elegido de Salvador Allende.

Pero también hay evocaciones buenas que son un homenaje a la vida.

La fecha fatídica en otros lugares es la que sería el segundo cumpleaños de Indira Marcia Soruco Suárez. Este segundo cumpleaños ocurre sólo semanas después del primero, el 9 de agosto.

Fue el 11 de septiembre de 1996,  cuando un grupo de cirujanos dirigido por dos equipos, uno de Santa Cruz y otro de Estados Unidos, le practicó un trasplante de hígado, en el que la donante fue su propia madre, Marcia Suárez Castedo. La experiencia fue in hito en la medicina boliviana: el primer trasplante de ese órgano vital en Santa Cruz y en toda Bolivia.

En la ruta que le salvó la vida la colocó el amor de sus padres (ambos eran compatibles para el trasplante), y el de su madre, que quiso ser la primera en poner su hígado a disposición de Indira cuando ese tipo de operaciones aún eran excepcionales en el continente, y en Bolivia era la primera experiencia. Ahora, quince años después, uno se encuentra con una joven que estuvo cerca de morir y fue rescatada para la vida en una operación practicada cirujanos de Bolivia y  Estados Unidos.   Hoy, dice, suele jugar baloncesto y no se priva de las satisfacciones de jóvenes de su edad. Come lo que la mayoría de los jóvenes de su edad comen y según su madre “está un poquito encima de su peso”. Sólo evita el exceso de grasa en las comidas y el chocolate, dieta normal entre quienes han recibido un trasplante de hígado o que padecen de alguna limitación biliar.

La mamá e Indira aceptaron conversar conmigo a principios de septiembre, en la oficina de limpieza industrial en la que María Suárez trabaja como asistente de administración. Los días de angustia de hace quince años son ahora sólo un recuerdo distante, pero, al  evocarlos, la mamá dijo que dijo que en aquellos momentos de 1996 todo le parecía imposible. Era como si el mundo le hubiese caído encima y le tocaba, junto a su esposo, levantarlo.

Para comenzar, la cobertura de los gastos de la operación representaba para ambos sumas que no cabían en la imaginación. A Marcia Suárez le habían hablado de varios cientos de miles de dólares, niveles normales para el tipo de cirugía que se le recomendaba. Ella no trabajaba todavía y su esposo era  rescatador de madera. Ganaba “más o menos lo suficiente para cubrir los gastos de la familia, pero nunca como para enfrentar los gastos de una operación de la magnitud que se practicaría a Indira”. “Eso, ni en sueños”, dijo al recordar que le habían mencionado varios cientos de miles de dólares.

La vía crucis  había comenzado a las pocas semanas de nacer Indira,  cuando su madre recuerda que notó que la piel de la niña, que había nacido prematuramente, adquiría un color amarillento que se acentuaba en vez de disminuir con el pasar de los días, como los pedíatras que visitaba creían que ocurriría. Le recomendaron ponerla más tiempo a la luz. Pero esa recomendación trivial tampoco mejoró el estado general de la niña. “Le daba pecho y tenía cólicos y sus desechos eran extrañamente blancos. Su caquita era tinta, oscura. Lo mismo su orín”.

Por entonces viajó al Beni junto a su marido. Allí amigos de la familia le hablaron seriamente: la niña no estaba bien y debía seguir un tratamiento más adecuado, que fuese más allá de la idea de que las complicaciones que tenía se debían exclusivamente a su condición de criatura prematura. De vuelta a Santa Cruz, dos semanas después, consultó de nuevo al pedíatra, y como no recibía ningún diagnóstico nuevo, la llevó a otro médico. El Dr. Hugo Foianini (sin relación con la clínica de ese nombre), le practicó algunos análisis en su  propio consultorio. Fue cuando detectó una artesa  de las vías biliares. Eso significaba que el conducto biliar no se había formado por completo y progresivamente se atrofiaba. Las excreciones biliares no acababan en el duodeno, sino que permanecían en el órgano biliar, atrofiando sus funciones aún más.

A partir de ahí comenzó otra fase: búsqueda de segundas opiniones y de sugerencias sobre qué hacer.  Llevó a la niña al Hospital Japonés, entonces uno de los centros médicos de mayor prestigio en el país, donde hubo coincidencia en el diagnóstico. Los cirujanos optaron, entonces, por un procedimiento que creían que podía evitar el trasplante, todavía desconocido en Bolivia. Le practicaron un bypass, una especie de puente biliar que llevaría los desechos biliares hasta el duodeno para su excreción.

Marcia recuerda que le  habían dicho que la operación tenía un 15% de probabilidades de éxito y de curar la deficiencia. Los resultados se verían al cabo de cuatro meses.  Pasados esos meses, la niña empezó a sufrir de hemorragias internas y le salía sangre de la boca y del conducto anal. La conclusión parecía obvia y angustiante: el bypass no  había funcionado.

Entretanto, Marcia Suárez había agilizado los trámites para dotar a su niña de un buen seguro como era considerado el que ofrecía la Caja Petrolera de Santa Cruz. Logrado el seguro, y la certidumbre de que los gastos de la familia podrían disminuir considerablemente, la llevó al Hospital Petrolero donde el diagnóstico fue también unánime: sería necesario un trasplante.

Pesaba sólo siete kilos y el problema era cómo y dónde realizar el trasplante si en Bolivia no se había hecho nunca.

“La criatura –recordó el Dr. Vaca Díez- tenía unos ojazos negros grandes que impresionaban y enternecían”, parte de la belleza que en la joven se destacan, aún ahora, para cualquiera que la vea.

Marcia Suárez empezó a visitar medios informativos para contar su historia y conseguir que divulgaran la noticia del mal que afectaba a su hija. Radio, TV, diarios, Marcia recuerda que visitó tal vez a todos, o casi a todos aquellos medios a los que podía llegar y solicitar ayuda. Desde ese momento comenzó a armarse el que parecía un rompecabezas que colocaría luz en el túnel en que se encontraba la niña.

Un médico endocrinólogo de Santa Cruz leyó la crónica que había publicado uno de los periódicos de la ciudad sobre el caso de Marcia y su bebé. El Dr. Douglas Villarroel había recibido un trasplante de riñón años atrás, en México, y el donante había sido su propio hermano. Con la sensibilidad de quien ya ha experimentado un trasplante y sabe de la importancia de renovar un órgano esencial del cuerpo humano, se interesó en el caso. Ese interés lo llevó hasta el profesional que en Santa Cruz era su propio médico, el Dr. Herland Vaca Díez, de quien era amigo desde hacía varios años. Vaca Díez ya realizaba trasplantes de riñón en Santa Cruz y su Clínica del Riñón, donde trabajaba con el equipo de profesionales que había logrado ensamblar, era un nombre reconocido en la medicina boliviana. Eso confería ventajas a favor de la criatura y generó renovadas esperanzas en sus padres.

Villarroel había hecho contactos con cirujanos en Estados Unidos, recomendados por una doctora norteamericana  que  había conocido a raíz de la dolencia renal que lo había llevado al trasplante en México. Era la doctora Susan Hamant Hou, respetada nefróloga del estado de Illinois. La especialista le hizo el seguimiento necesario del período pos-trasplante. Ambos trabaron una amistad que más adelante sería valiosa para el propósito de curar a Indira.

Marcia, de su parte,  tocó todas las puertas que pudo. Davosan, la organización sin fines de lucro que ayuda a personas de pocos recursos y necesitadas de tratamiento médico en muchos países, la puso en su lista de personas para apoyar con urgencia. El nombre de Indira encabezaba listas de personas a ayudar bajo Davosan en Estados Unidos, España y Brasil. Mientras la madre hacía gestiones  Vaca Díez también estaba activo.  El carácter de Vaca Díez, que  había incorporado a su modo de vivir el refrán “actúa primero sobre lo principal, y deja lo demás para después”,  lo llevó a aceptar de  inmediato el desafío de curar a Indira.  A pesar de las objeciones de algunos de su equipo que preferían mantener su actividad quirúrgica confinada al trasplante de riñón,  Vaca Díez aceptó una proposición del equipo médico de Filadelfia que Villarroel había contactado. En julio de 1996 viajó con su equipo profesional a Estados Unidos para un curso sobre trasplante de hígado. Retornó con la promesa del Dr. Stephen Dunn, cabeza del equipo de Filadelfia, de venir a Santa Cruz para operar a Indira.

El 11 de septiembre de ese año ocurrió la cirugía, que había creado expectativa en los medios y, especialmente, en los ámbitos científicos de Santa Cruz.

La llegada a ese momento no había sido fácil. Unos días antes, había surgido un inconveniente: en Santa Cruz no existían las molduras especiales que, para los trasplantes y la etapa de recuperación  se colocan en las piernas de los pacientes para prevenir coágulos capaces de causar fatalidades. Villarroel, ya de hecho convertido en coordinador del procedimiento y parte del equipo que  había organizado Vaca Díez, se embarcó en el primer avión a Estados Unidos. Bajo las orientaciones de Dunn, partió y retornó de inmediato con el auxilio requerido.

(Años más tarde, Villarroel llegaría a ser profesor asistente de la cátedra de Medicina general en la North Western University of Chicago, Ill.)

Hubo algunas complicaciones después de la operación, pero la paciencia y la perseverancia del equipo médico boliviano y del estadounidense superaron todas las dificultades.  La criatura macilenta de hace 15 años es ahora una colegiala con deseos de estudiar medicina y llegar a ser profesional como los médicos que le salvaron la vida.

Indira vive con su mamá y sus dos hermanos mayores.  Su padre murió poco después de la operación, cundo estaba en Cobija rescatando unas troncas. Se embarcó en un “trufi”, una modalidad boliviana para designar a los vehículos que siguen una ruta fija, que chocó con un camión, dijo Marcia. El choque lo mató instantáneamente.

Ambas siguen viendo periódicamente a Vaca Díez y Villarroel, quien continúa dando asistencia a Indira.

Tras la operación, el Colegio Británico de Santa  Cruz le concedió una beca válida para todos sus estudios de primaria y secundaria.

“Yo quisiera ser médico-cirujano. Pero creo que aún tengo tiempo antes de tomar una decisión final”, dijo al lado de su madre. “En verdad, quiero serlo”, repensó. Tal vez en esa frase estaba escribiendo su destino.

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El día después

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El repudio a la elección de magistrados por voto popular y en rechazo a la pretensión del presidente Morales de cuadrielegirse en 2019 han trastornado los parámetros politicos con los que se orientaba el gobierno y han desencadenado un nuevo dinamismo en la vida política nacional, que coloca por primera vez al partido de gobierno frente a una mayoría absoluta. De la forma en que el gobierno decida moverse ante este panorama dependerá la tranquilidad que pueda tener Bolivia en los días que vendrán. Hasta el domingo pasado el gobierno estaba convencido de que aún contaba con fuerte apoyo popular. La elección judicial de ayer, convertida en plebiscito sobre su intención de gobernar hasta el fin de sus días, ha puesto fin a esa visión y ahora se encuentra en un sendero empinado y con destino de repente empañado.

Expresivas de la magnitud del revés fueron las declaraciones de los dos primeros mandatarios cuando, al comenzar la noche del domingo y la mañana del lunes, las cifras de votos nulos eran abrumadoras. Con desdén, el Vicepresidente Álvaro García dijo que a cualquiera de los candidatos, todos escogidos por el congreso, dominado con holgura por el partido de gobierno, le habrían bastado 157 votos para convertirse en juez de la República. Ese es el número de la mayoría legislativa con el que antes se designaba a los magistrados, explicó. El Presidente Morales, el rostro no menos adusto, dijo que ¨la derecha¨ había fracasado al no lograr el 70% que algunos habían pronosticado. El mandatario probablemente no advirtió que solo los votos nulos ya habían sobrepasado la barrera del 50% y que, sumados a los blancos, bordeaban o superaban los dos tercios. Si todo ese volumen era atribuible a una ¨derecha¨ que de tanto acudir a ella tiene una significación difusa, la suerte del gobierno estaría sellada.  Sus expresiones parecían ofuscadas. ¨Dijeron que 70% va a ser nulo. Yo calculo 50% nulo¨, dijo,  al confrontar su propio vaticinio con el que atribuía a la oposicion, en todo caso suficiente para declarar un K.O.

Durante la votación ocurrieron cosas extrañas. Nunca hubo tantos votantes que decidieran llevar sus propios bolígrafos o marcadores, que es posible que hubieran sido en esa jornada y las inmediatamente anteriores los artículos más demandados. Ese fenómeno fue visto como resultado de la desconfianza que había entre muchos electores respecto a la votación, pues declinaron utilizar el bolígrafo que les ofrecía la mesa. En la mayoría de los ambientes de votación solo había pupitres sobre los que se apoyaba la papeleta. No fueron pocos los que aprovecharon la ocasión para anular el voto expresando disconformidad con la votación y con el gobierno. Así, entre los votados nulos aparecieron menciones al perro Petardo, que adquirió notoriedad hace tres años con las manifestaciones cívicas contra el gobierno realizadas por entidades cívicas de Potosí. También abundaron declaraciones de amor, fotografías de Gabriela Zapata, la ex compañera del Presidente; ofertas de matrimonio, recetas de cocina y hasta frases de despecho. Todo parecía válido para anular el voto en una de las jornadas electorales más concurridas de la historia boliviana (votó alrededor del 80% de los inscritos). Si el gobierno calculó que habría alta concurrencia o previó el volumen gigante de la votación nula, los resultados pueden haber sido una sorpresa aún más desagradable. Los nulos superaron en siquiera un 20% a los que registrados en 2011, la primera vez que Bolivia aplicó la novedosa modalidad, cuando también los votos nulos y blancos se impusieron.

Ni el gobierno, menos los que resultaron elegidos por votación en extremo minoritaria, parecían dispuestos a declinar. Los observadores consideraban improbable que el gobierno descarte el método, con el que se ha identificado y del que las autoridades se han jactado por ser, afirman, una originalidad boliviana. Un estado la aplicó durante poco tiempo. Fue la desaparecida URSS, que canceló la idea debido a las irregularidades y abusos a los que dio lugar. Algunos cantones suizos, municipios franceses y  condados de Estados Unidos la aplican, pero en cada caso bajo consideraciones muy particulares.

Los resultados sirvieron como detonante para exteriorizar descontento con el gobierno. El Deber habló de una ¨catarsis¨ ciudadana que derivó en concentraciones en la Plaza 24 de septiembre y anuncios de paros cívicos. El ambiente social y politico que había en el país al día siguiente de la votación era de júbilo entre diversos sectores. Parecía indicar que el ánimo de gran parte del país cambiaba y que algunos temores y cautelas quedaban atrás.