Bolivia

Una oración para Kit

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Tomado de LETRASIETEdomingo, 17 de febrero de 2019, con autorización del autor

Juan Carlos Salazar

Un días antes de la partida de Alberto, entregué a la imprenta los originales de la historia de Presencia, un libro con el que la Fundación Para el Periodismo pretende rescatar la maravillosa experiencia de esa escuela de ética y periodismo que fue el diario católico, una experiencia de la que Alberto Kittredge Bailey Gutiérrez, Kit para sus amigos, fue uno de sus impulsores y baluartes, junto con otros periodistas de fuste, como Huáscar Cajías, Alfonso Prudencio (Paulovich), Juan Quirós, Armando Mariaca y Jaime Humérez. 

Y, claro, en las semanas precedentes me tocó revisar los testimonios de esos pioneros, maestros del buen periodismo, y refrescar en la memoria la aventura de ese grupo de idealistas; recordar su lucha por la democracia, su lucha contra la corrupción, su lucha por la libertad de expresión en los peores momentos de la segunda mitad del siglo pasado, su lucha por la justicia social y, en fin, su incansable labor por dignificar al periodismo boliviano. 

Entre los artículos que rescaté encontré uno que refleja muy bien el pensamiento de Kit. Lo publicó en febrero de 1992, con motivo del 40 aniversario del periódico, bajo el sugestivo título de: “Sobre viejas virtudes olvidadas”. Un cuarto de siglo después, ese texto mantiene plena vigencia. 

Alberto lamentaba en él la falta de apego a principios que deberían ser permanentes e incambiables, como el culto a la verdad, la lealtad, la solidaridad, el respeto a la jerarquía de los valores que privilegia el servicio a los demás, es decir al país y a la sociedad, y la actitud que aquilata la calidad humana por encima de las palabras huecas. 

Deploraba también el sentido caprichoso y subjetivo con que se difunde la verdad, la verdad política y cotidiana, distorsionada por el culto a la imagen; la verdad que es sustituida por los símbolos y la manipulación informativa, y criticaba a los grandes intereses que no presentan ni venden realidades, sino mitos disfrazados, alejados de la verdad. 

En esa época no se hablaba de “posverdades”, pero Kit ya las señalaba como un mal a combatir. Y decía textualmente: “La solidaridad y el sentido de la justicia social han desaparecido de la biblia de los políticos, que acaparan el poder y el hacer, sustituyendo al hombre real que ha hecho la obra material y la cultura, y que la sigue haciendo en medio de penurias y sobrevivencia”.

Periodista, sociólogo, cientista político, filósofo y gestor cultural, Alberto fue ante todo un humanista, que, como todo hombre forjado en un ambiente de sólidos principios éticos y morales, sabía que los hombres no somos seres pasajeros, sino que venimos al mundo para dar testimonio. Y es lo que él hizo a lo largo de toda su vida: dar testimonio de sus ideas, de sus creencias y de sus convicciones. 

Lo hizo no sólo desde el periodismo y la cátedra, sino desde el ejemplo del quehacer diario, aunque fue en el periodismo donde ejerció y desplegó su magisterio. Como Alejo Carpentier, pensaba que el periodismo es una “maravillosa escuela de vida”, y como Arthur Miller, que “un buen periódico es una nación hablándose a sí misma”.

Cuando recibió el Premio Nacional de Periodismo, recordó a Heráclito de Éfeso, quien, contra el pensamiento filosófico de su época que concebía el mundo como algo estático, eterno e inamovible, sostenía que el cambio es el motor del mundo y que el devenir es la esencia de las cosas: Todo fluye, todo muta, nada es permanente. 

Kit decía que es verdad, que todo fluye, que el mundo cambia, que las sociedades cambian, y que los mismos medios han cambiado de manera espectacular con la revolución tecnológica. 

Testigo de esos cambios, del vertiginoso paso del telégrafo Morse al internet, Alberto sostenía, sin embargo, que nuestra profesión no ha cambiado ni podía cambiar con la computadora y los celulares. 

Si hay algo que debe permanecer –sostenía- son los principios éticos que nos rigen, los fundamentos que guían nuestro trabajo diario, a los que no es posible renunciar porque son la garantía que tiene la sociedad para acceder a una información libre e independiente.

“En los principios, en la filosofía que guía la vida y la responsabilidad del periodista, no hay lugar al retroceso ni puede ponerse al vaivén del mercado”, afirmó en esa ocasión, en diciembre del 2001.

Alberto era un hombre comprometido con su país y con su tiempo. Cuando juzgó que el compromiso que ejercía desde el periodismo debía llevarlo a la práctica, como única manera de ver realizados sus ideales, fue consecuente, con todos los riesgos que implicaba semejante paso. 

No eludió la responsabilidad política –y ética- del tiempo que le tocó vivir. La historia juzga a los hombres por las consecuencias de sus actos, pero también por el coraje con el que enfrentan los desafíos que les presenta la vida.

Conocí a Kit cuando me iniciaba en el periodismo, a mediados de los 60. Yo  no había cumplido los 20 años y me acerqué a él con el temor del principiante, porque él ya era una leyenda en la familia periodística. Me impresionó su rostro amable y su mirada dulce, su ternura en el trato. Tras el primer intercambio de palabras, yo ya lo estaba tuteando, no por falta de respeto –en esa época éramos muy cuidadosos de las formas-, sino por el efecto que transmitía su presencia y su conversación. 

Salí de la vieja redacción de Presencia, ubicada en la Mariscal Santa Cruz y la calle Colón, con la imagen que se llevaba toda persona que hablaban con él por primera vez: la de un hombre entrañable, bondadoso y transparente. No le conocí ni un solo enemigo ni nunca escuché a nadie hablar mal de él. Era -como decía un colega- un “hombre consenso”, en torno a quien nadie discrepaba; un hombre noble y solidario.    

Cuando asumió el Ministerio de Información y Cultura del gobierno de Alfredo Ovando Candia, tuve la oportunidad de conocerlo mejor. Por amistad, pero también por afinidad política, con un grupo de periodistas, entre quienes recuerdo a Jaime Humérez, José Luis Alcázar, Junior Carvajal y Andrés Soliz Rada, nos sumamos a su proyecto y nos convertimos en su equipo de trabajo.

Kit era una usina de ideas, una verdadera fábrica de iniciativas. Incansable, trabajaba 20 horas al día. Siempre fue así, no sólo en el trabajo político que le tocó realizar en su efímero pero trascendental paso por el gobierno. Si algo le caracterizaba era la alegría desbordante y el entusiasmo contagioso con el que emprendía sus proyectos, grandes o pequeños, en una actitud que convencía y arrastraba hasta al más escéptico. 

Así lo recuerdan sus compañeros de Presencia. Para él no había imposibles. ¿Cómo que no hay dinero para papel?, preguntaba ante las dificultades que enfrentaba el periódico para sacar la edición diaria. Sin perder el tiempo en lamentaciones, se ponía manos a la obra y antes de la hora de cierre aparecía con las resmas necesarias para imprimir el diario. ¿Cómo lo hacía? Nadie lo sabe, tal vez sacrificando los ingresos familiares o empeñando su palabra.              

La vida me dio la oportunidad de conocer y contar con la amistad de tres grandes hombres, tres grandes periodistas, del siglo XX boliviano: Marcelo Quiroga Santa Cruz, René Zavaleta Mercado y Alberto Bailey, pero fue Kit al que más cercano me sentí en el quehacer periodístico y del que más lecciones aprendí y mayor apoyo recibí durante mi carrera profesional.

Nunca olvidaré sus llamadas telefónicas de aliento después de cada ataque gubernamental –que fueron muchos- cuando dirigía el diario Página Siete. 

Kit deja un gran legado al periodismo boliviano, no sólo como ejemplo de práctica de un periodismo de excelencia, sino –y sobre todo- como ejemplo de ejercicio ético de un oficio nacido para servir a la sociedad, porque, como él mismo sostenía, el mundo ha cambiado, pero las aspiraciones de justicia y libertad del hombre siguen siendo las mismas; porque la vocación de servicio al país, el derecho de todos a la información libre e independiente y la obligación que tenemos los periodistas de suministrarla al margen de presiones y amenazas, permanecen y no pueden caducar. 

El discurso que pronunció al recibir el Premio Nacional de Periodismo resume muy bien su pensamiento y legado:  “La democracia como bien irrenunciable de la convivencia –dijo en esa ocasión- tiene que ser firmemente defendida. Los derechos ciudadanos no pueden conculcarse. No estamos al servicio de grupos de poder político o económico sino al servicio del país y en todo caso al de los menos favorecidos de la sociedad. La ley es para todos y es preciso cumplirla. La búsqueda de la verdad insobornable es un mandamiento para nosotros”.

Gabriel García Márquez, otro gran periodista al que Kit gustaba citar, dijo alguna vez que “la muerte no llega con la vejez, sino con el olvido”. A Kit no lo olvidaremos nunca. ¡Adiós maestro!

*Palabras pronunciadas por el autor en el funeral del periodista Alberto Bailey Gutiérrez, fallecido el 31 de enero pasado.
 

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Prueba de fuego

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El sábado que viene tal vez ocurra la última oportunidad de poner fin al régimen de Nicolás Maduro de manera no violenta ni insurreccional, cuando multitudes de venezolanos converjan sobre la frontera  para escoltar el convoy  de asistencia humanitaria que desde hace dos semanas yace en el lado colombiano y lo lleven hacia su país. Para la Guardia Nacional Bolivariana y el ejército de Venezuela será un dilema: ¿reprimir a quienes acarreen alimentos y vituallas para cientos de miles de compatriotas que aguardan socorro o dejar que las caravanas cumplan el cometido y desobedecer la orden de mantener cerrada la frontera sin dejar pasar una pizca de nada?

Sobre esa región estará gran parte de los ojos del mundo para observar el comportamiento de la guardia pretoriana de Maduro y de las legiones de venezolanos que se asegura irán al lugar, en uno de los mayores desafíos enfrentados por el régimen en sus dos décadas a la cabeza del país con las reservas petrolíferas más grandes del mundo.  La fecha del sábado fue puesta por el presidente interino, Juan Guaidó, quien hace menos de un mes se autojuramentó ante una manifestación multitudinaria que repudiaba al regimen de Maduro desde el centro de Caracas. Desde entonces, unos 60 países han reconocido a Guaidó como mandatario interino, inclusive  gran parte de América Latina, la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá,  que repudian al régimen de Maduro.

Acorralado por la multitude de países y gobiernos que lo desconocen, Maduro rehusa admitir  tamaño repudio y, forzado por el creciente rechazo mundial, preguntó esta semana a sus entrevistadores extranjeros de dónde extraían aquel número de países que lo repudian. Éstos, al parecer no tuvieron mayor interés por  polemizar con un presidente ciego ante la adversidad. Salvo Cuba, Bolivia y Nicaragua, ningún país del continente latinoamericano está de su  lado y solo dos -México y Uruguay- se declaran neutrales.

La Santa Sede, que siempre mantuvo la esperanza de que Maduro fuese a sincerarse con la realidad, ha dejado de responder a  sus invocaciones para gestiones mediadoras y ahora se cuentan con los dedos los regímenes que forman filas a su lado.

La mayoría de los analistas está de acuerdo en que este sábado,  una pequeña chispa puede crear un alboroto descontrolado de consecuencias políticas y militares mayúsculas. Guaidó se propone encabezar la caravana que proyecta escoltar al convoy por el puente ¨Tienditas¨ que separa a Ureña, en Venezuela, de Cúcuta, en Colombia. Las especulaciones sobre un posible enfrentamiento que lleve a una revuelta mayúscula han ocurrido muchas veces en los últimos años pero ninguna resultó válida. El arma principal del régimen parece ser el control disciplinado que ejerce sobre la fuerza militar, una de las más poderosas y mejor armadas del hemisferio, subrayan los  observadores.

Ahora, al cabo de 20 años de ¨chavismo-madurismo¨ la situación en  la patria de Bolívar tiene demasiados flancos explosivos, fuera de sus extensas y dilatadas fronteras por las que la ayuda humanitaria podría filtrarse. Como en el caso de un globo, las perforaciones podrían desinflar al régimen con rapidez y el colapso sería inevitable. Los indios Pemones, la etnia que puebla el sureste de Venezuela, han dicho que ellos ya han empezado a recoger ayuda, aunque sin proporcionar detalles sobre cómo ni de dónde. Intentar frenar esa ayuda luce como tarea imposible.

En sus últimas entrevistas -antes rehusaba concederlas a medios en particular y prefería ruedas colectivas con medios nacionales- Maduro insistió en la tecla que ha tocado todos estos años: las sanciones son la causa de las carencias terribles que sufre su país que, sin embargo, admite con grandes reservas.  Una amiga caraqueña me dijo que aún si le muestraran los escaparates vacíos o los niños enflaquecidos y los enfermos de los hospitales desesperados por la falta de medicinas, diría que el mal no es exclusivo de Venezuela y que se explica por el congelamiento de recursos financieros del país.

Las sanciones que aplica Estados Unidos con rigor, han devastado gran parte de los suministros del país, tanto medicos como alimenticios. Pero la tendencia creció a partir de los célebres ¨exprópiese¨ ordenados por Chavez para las empresas que se apartaban de las reglas del estado. Nadie podría ignorar que el tratamiento discriminador hacia el sector privado es una de las causas de la aguda declinación productiva y la escasez de proporciones bíblicas que azotan a la nación que un tiempo figuró entre las más prósperas de la región.

La  lección que ofrece Venezuela es fatal para los países que abrazan el Socialismo del Siglo XXI sin reparos. La lección induce a apartarse cuanto antes de ese camino y buscar equilibirios racionales entre el sector privado y el estado. Ignorar esa premisa ha hundido todo el experimento que lanzó Hugo Chávez a fines del siglo pasado en una sociedad, como todas las en desarrollo, urgida de cambios  pero no de cambios suicidas.

¿Días sin gloria?

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Hasta hace pocos años,  las conmemoraciones de hechos históricos eran material infaltable en los medios informativos y en los actos centrales en las horas cívicas de las escuelas. Estos días, si Ud. va a alguna escuela y pregunta cómo fue conmemorado el 14 de febrero, es probable que reciba una mirada estupefacta de su interlocutor. ¿Qué es eso? Si Ud. agrega que es la fecha recordatoria de la invasión a Bolivia por el ejército de Chile, y del desembarco de tropas que sin resistencia pusieron pie en Antofagasta para luego avanzar hasta Calama, habrá ofrecido una lección rápida de historia que su interlocutor ignoraba o no recordaba.

Con algunas excepciones, la fecha no ha tenido el realce de otros tiempos. Parece aún estar bajo el barullo que durante años ensordeció la enseñanza de  la historia y el afán por hacernos creer que  esos episodios permanecerían con sordina, ante el ímpetu del acercamiento entre Bolivia y Chile, primero, y la algazara triunfalista que prevalecía en los ámbitos diplomáticos nacionales sobre una inminente victoria en la Corte Internacional de Justicia. El 1 de octubre, todo se derrumbó, cuando La Haya falló que Chile no tiene deudas pendientes con Bolivia asociadas al tratado de 1904 aunque el fallo no signifique que los dos países no  puedan negociar en torno al viejo problema del enclaustramiento boliviano.   

En los últimos lustros, el 23 de marzo, fecha magna en el calendario  histórico boliviano hasta el intento de reaproximación con Chile protagonizado por el gobierno del presidente Morales, fue administrado  bajo un perfil austero. La conmemoración del año pasado, la última antes del fallo de La Haya, fue sin estridencias. Hasta hace poco, la fecha era  la  oportunidad en la que los presidentes juraban que lucharían por una reivindicación pues se trataba de una meta irrenunciable. Hoy no está claro qué conmemorarción auspiciará el gobierno ni si el presidente ofrecerá algún discurso, que bien podría resultar incongruente con el fallo de la Corte de La Haya.

Viene al dedillo mencionar la campaña sigilosa que desde hace años desarrolla el profesor Jorge Órdenes, miembro de  la  Academia Boliviana de la Lengua, por instituir en las  universidades la carrera de historia y literatura bolivianas. Usted  ha leído bien. En Bolivia no existe una facultad de historia nacional ni de literatura boliviana y la campaña del académico no tiene visos de acabar pronto ni de culminar exitosamente.

Asómbrese más: Si a algún estudiante se le ocurre estudiar para  alcanzar una licenciatura en esas materias, deberá ir a  los Estados Unidos, donde sí algunas universidades las enseñan!

La huella venezolana

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La alarma de los medios nacionales ante la convulsión que vive Venezuela proviene del  temor de estar viendo el futuro próximo de Bolivia al insistir en el Socialismo del Siglo XXI como guión rector del gobierno del presidente Evo Morales.

Los analistas admiten que las condiciones de los dos países son diferentes y que Bolivia dista mucho de las dificultades en que está Venezuela, económica, social y políticamente. Para comenzar, el factor geopolítico confiere a la Patria de Bolívar un valor excepcional, frente al mar Caribe, a un lado cercano de Estados Unidos, a un paso del Canal de Panamá y con bolsones de petróleo en su interior suficientes para cientos de años. La similitud ideológica  de los dos gobiernos , sin embargo, provoca malestares.  

Para muchos en Bolivia no ha sido tranquilizador ver al país tan cercano del gobierno venezolano como si los uniera el mismo destino. A eso se suma la convicción de que Bolivia nada puede hacer para cambiar la ruta del destino venezolano. Lo más que puede pretender es aminorar la sensación de soledad absoluta del régimen madurista en el continente sudamericano.

Son muchas las interrogantes ante esta hermandad. ¿Respaldaría Bolivia la represión contra quienes intenten ingresar con ayuda humanitaria a territorio venezolano? Hay sondeos de opinión que dicen que la oposición al régimen de Nicolás Maduro abarca al 80% de la población venezolana. El gobierno de Bolivia luce, entonces, al lado de un presidente repudiado como ningún otro en la historia de ese país. Esa cercanía no es ninguna receta saludable cuando el país avanza raudo hacia la largada para las elecciones presidenciales de octubre.

Maduro condenó la resolución del Grupo de Contacto creado el jueves para acompañar la crisis, procurar un encuentro entre las partes beligerantes y encaminar una solución no violenta a la crisis. La clave del rechazo de Maduro en esas resolución fue la mención, que suena a anatema para regimenes autoritarios, a elecciones auténticamente libres y supervisadas.

Con esas premisas, Maduro se sentiría maniatado y sin maneras de modificar cómputos, se encaminaría a  una derrota segura. Ante esa perspectiva, dijo que la exhortación de los países contactantes estaba parcializada con la mayoría que se opone a su gobierno. Fue una afirmación que ningún gobierno  independiente suscribiría. Bolivia se cuadró al lado de Maduro y no firmó  la resolución del grupo, en el que había visto una salida posible del atolladero en que se encuentra su socio principal en el Socialismo del Siglo XXI. Elecciones verdaderamente libres son anatema para regímenes autocráticos.

Brasil, parte del Grupo de Lima que vio con desagrado el surgimiento del Grupo de Contacto ahora vilipendiado, dijo que la emergencia de este grupo solo servía para dar oxígeno a Maduro. El canciller Ernesto Araujo desdeñó la iniciativa y anticipó que no prosperaría. Su vaticinio fue un gol imparable, dado el resultado conocido en la tarde del viernes.

Este fin de semana un ingrediente explosivo atizó el fuego. Tras las sanciones impuestas por Estados Unidos, con repercusión especial sobre la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), la empresa no tendría capacidad de producción de combustibles ni siquiera para un día completo de abastecimientos. La notificación, conocida por informes de la producción de la empresa, acentuó la angustia de cientos de miles de consumidores que desde siempre han considerado un derecho el poder contar con combustibles baratos y en abundancia. En criterio de muchos analistas, la nueva privación es una chispa peligrosa para un ambiente volátil.

Tal Cual Digital informó que para el viernes, PDVSA contaba con apenas 20.000 barriles de gasolina de 95 octanos, apenas una gota para los cientos de miles de vehículos que circulan por las avenidas y carreteras del país. La empresa, según el periódico, no contaba ni con un litro de gasolina de 91 octanos, la calidad más popular. Al ritmo de las necesidades del país, la falta de combustible se sentiría en pocas  horas.

El peligro que emergía de esta crisis de abastecimientos era ser una paralización general del país en muy poco tiempo, a menos que rusos y chinos encuentren vías para llegar hasta los surtidores de combustible. Nada hacía presumir, al cierre de la semana, un aflojamiento de las tenazas que aprisionan al vecino país.

En el lado errado

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El torbellino venezolano está tocando extremos  y su desenlace puede sobrevenir en cualquier momento.  Al escribir estas líneas, corre rauda la creencia de que al régimen que se instaló hace una veintena de años bajo el mando de un joven militar que se había alzado contra el sistema político venezolano y lo barrió por entero, ahora le quedan solo días. Todos están seguros que Venezuela está ante una crisis terminal que amenaza con engullir al movimiento socialista del Siglo XXI que lanzó el teniente coronel Hugo Chávez en los albores del siglo.

Heinz Dieterich, profesor alemán residente en México, creador del concepto de Socialismo del Siglo XXI vuelto, cree los militares darán la estocada final al régimen que instauró Chávez. Dietrich se distanció del proyecto cuando concluyó  que su obra había sido contaminada por desviaciones que acabarían reproduciendo el socialismo de los Gulag que había querido corregir.

El diario caraqueño Tal Cual Digital reseñó el 29 de enero el artículo de Dieterich en el sitio Aporrea.com que sostiene que los militares venezolanos, para evitar una hipotética invasión, ¨han aceptado la oferta imperial de sacrificar a Maduro a cambio de la impunidad para ellos¨. Como sucede con la mayoría de las versiones que profusamente ocurren en torno a Venezuela, habrá que esperar para determinar su verosimilitud. Tal vez sea cuestión de días.

Pero mientras el turbión politico continental corre con furia, el presidente Evo Morales, el único aliado pleno de Nicolás Maduro en el continente, luce aferrado al autócrata, en una opción lo aleja de los sistemas democráticos y acentúa un aislamiento que, tarde o temprano, podría representarle una factura. Los mapas noticiosos repiten con insistencia las escuadras ideológicas formadas para la disputa monumental. Por un lado, las democracias del hemisferio, entre ellas Estados Unidos, Brasil, Canadá, Argentina, Perú, Chile, Paraguay, Panamá y Colombia, y en el otro frente Nicaragua, Cuba, Bolivia, China, Rusia, Irán y Turquía.

Al frente democrático que lidera del presidente Juan Guaidó se han sumado gobiernos de la mayoría de los estados de la UE, incluso España que durante días titubeó. Hace pocos días, el parlamento europeo decidió reconocer a Guaidó, y desconocer de facto a Maduro, con lo cual los días para el régimen venezolano parecieron reducidas al extremo. La bomba mayor la detonó USA el lunes 28, cuando decidió cortar el comercio petrolero con Venezuela y congeló activos financieros que eran el pulmón de las finanzas languidecientes del régimen de Maduro.

A menos que ocurra un enfrentamiento sangriento de consecuencias imprevisibles, la espera para un desenlace no luce larga.

(https://haroldolmos.wordpress.com)

Pequeña guia para desmontar noticias falsas

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De Fernando Núñez-Noda – Tomado de El Nacional de Caracas, 4 de febrero

El poder para combatir la información falsa está en cada ciudadano, pero hay poderosos factores, dentro y fuera de nosotros, que hacen la tarea más difícil de lo que creemos. La información falsa suele ser muy atractiva y viral. Un estudio del Instituto de Tecnología de Massachussetts concluyó que las noticias falsas tienen 70% más de probabilidad de ser compartidas que las ciertas. Vean cuán permeables y peligrosas son.

Ahora, para que el ciudadano pueda enfrentarlas necesita técnicas y recursos. Comparto esta pequeña colección de anotaciones que puede ser útil y efectiva para ese fin. Las recomendaciones están apuntadas al consumo noticioso en sitios web y plataformas de social media o mensajería, pero pueden aplicarse por extensión a medios impresos, radio y otros no digitales.

Mi ego se cree más que yo

Este es un principio ridículamente simple de expresar, pero nada sencillo de aplicar: Hay que aplacar el ego. Muchas veces el afán de figuración de nosotros los usuarios hace que rebotemos cualquier cosa que nos llegue sin mirar a los lados. Hay una compulsión implícita en el acto de compartir información: es fácil, nos da cierta notoriedad y, casi siempre de buena fe, creemos estar haciendo un bien público.

Pues no. Al menos 50% de la información en Internet y redes es falsa. Otras mediciones y opiniones elevan ese porcentaje. Cuando me llega información defectuosa de una persona (o sospechosa de serlo) pierdo confianza en ella hasta nuevo aviso. Toda información posterior viene con un sello de duda muy difícil de levantar. No cedan a la tentación de dar un “tubazo” porque pueden dárselo a su propia credibilidad… y eso no puede ser bueno para ningún ego.

NOTA: Tampoco se vale eso de “la mandé para ver si alguien lo confirmaba o negaba”. Si no va acompañado de una explícita advertencia, la mayoría lo tomará como una noticia auténtica y la cadena seguirá incólume. De hecho, aun con advertencia se suele tomar como un dato cierto.

Dudo, luego existo

Es bueno crearse una directriz mental y actitudinal en forma de algoritmo: “Al ver una pieza de información cuya veracidad no puedo determinar → ¡Espera y revisa!”.  

Es decir, duden de todo, absolutamente de todo que no venga de una fuente de comprobada confiabilidad. Con disciplina, con rigor, e incluso al mejor cazador se le puede ir la liebre. Así que guarden un resquicio de duda también para las “buenas fuentes”.

El ABC de la verificación

Hay preguntas que podemos hacernos antes de dar por cierta una pieza de información y, sobre todo, compartirla.

¿Cuál es la fuente? 

¿Es anónima? ¿Dicen que se lo dijeron? Si se lo envió alguien conocido, pregúntele. Si antes de ese alguien conocido hay anonimato, casi con seguridad es falsa. Si las fuentes son blogs desconocidos, amateurs, que solo copian información de otras fuentes y tienen una marcada tendencia a buscar clics a toda costa… estamos en terrenos desconfiables. Ni qué hablar de los audios anónimos de un supuesto militar, desde un sótano mientras escucha los aviones partir con los chavistas que se escapan.

¿Es una noticia? ¿Es de género profesional periodístico? 

Las noticias profesionalmente redactadas contestan las cinco preguntas claves: qué ocurrió, cuándo y dónde, quiénes están involucrados y por qué. Puede o no incluir un cómo. La noticia debe tener fuentes: testigos, organizaciones que atienden el caso, el mismo que la reporta, y todo esto de forma verificable. La noticia suele ser puntual, orientada a hechos, sin trazas de opinión (excepto si son expresadas por una fuente). Su redacción es neutra, no hace juicios de valor. Un titular profesional es descriptivo, no sensacionalista.

¿Presenta pruebas forenses? 

La prensa profesional, cuando reporta un hecho, le da contexto con evidencias: documentos verificables, declaraciones grabadas, fotografías, videos, audios. En otras palabras, pruebas que pudieran presentarse en una corte de ley en un país con sistema judicial confiable (obviamente no Venezuela en este momento). Asuma una actitud escéptica, no lo crea si no lo convence con evidencias. ¿Son verificables las evidencias? ¿Son plausibles? ¿Están abiertas a la confirmación? ¿Si usted fuera miembro de un jurado, las daría por ciertas? Si el medio no es conocido, si el autor tampoco y las fuentes son anónimas… la probabilidad de certeza es muy baja.

¿Tiene resonancia en medios reconocidos, en Google News? 

Vaya a Google News o cualquier otro buscador de noticias, copie el titular de la noticia y vea si esa u otra similar tiene presencia en los resultados. Si hay otros medios reconocidos que la reportan, es una noticia auténtica y no una fabricación. Ya eso es bastante.

(Vale decir que Google Search también puede hacer la tarea, pero Google News es más preciso).

¿Tiene conversación solo en redes y entre el público en general? 

Si la “noticia” solo rueda en redes como Twitter o Whatsapp, publicadas y rebotadas por cuentas personales, es casi con seguridad un rumor sin fundamento. No la rebote hasta que sea validada por fuentes confiables. Si lo que rueda es un rumor, una pieza de información sin estructura periodística, escrita o dicha en lenguaje coloquial, encienda las alarmas de la desconfianza.

¿Sesgo político o ideológico? 

Toda persona tiene derecho a preferencias políticas, culturales, deportivas, etcétera, y expresarlas abiertamente, pero una noticia se supone que es “neutral”, no favorece o condena, solo describe o reporta una realidad. Cuando usted vea sesgo o preferencia, desconfíe. No significa que una noticia tendenciosa sea falsa por sí misma, pero lo cierto es que la mayoría de las noticias con sesgo son parcial o totalmente falsas o, al menos, incompletas. Por ejemplo, esconden datos que perjudican su matriz de opinión, exageran defectos de un contrario y usualmente fabrican “datos” para que se ajusten a sus intenciones.

¿Qué credibilidad tienen los medios que la presentan? 

Si la noticia no está reseñada en medios conocidos y confiables, hay que desconfiar. ¿Conoce usted esos medios? ¿Tienen apariencia y contenidos profesionales? Vaya a Google News y escriba el nombre del medio en el buscador. Si no aparece, ya ese es un indicio. Examine el medio que lo contiene: ¿Son visibles los representantes y/o autores? ¿Se identifica la organización que edita el medio, sus editores y personal? ¿Hay visos de tendenciosidad, manipulación? ¿Hay estímulo a la emocionalidad?

¿Hay al menos un tipo reconocido de noticia falsa o contenido problemático? Un periódico o revista confiable genera contenido propio, de agencias o colaboradores identificados.

Más sobre grados de confianza a los medios 

Otra estrategia es cotejar los diagnósticos y predicciones que hace un medio contra los resultados. Si expone lo que en la práctica ocurre y si permite predecir con un buen grado de asertividad, el medio merece nuestra confianza. 

Ojo con las fechas

A veces “el notición” es una noticia vieja revivida por alguien que no lo sabía.

Buscar en redes

Repita las búsquedas en Facebook, Twitter, Whatsapp, foros tipo Reddit. Si encuentra una noticia débil en referencias, repetida exactamente igual en blogs o posts de social media, es muy probable que sea una noticia tendenciosa o deficiente falsamente amplificada. Mejor no compartirla hasta comprobarla.

Una lista de emisores confiables

Visite cuentas de social media de reconocida confiabilidad (tome en cuenta que hasta ellos se pueden equivocar, pero no todos a la vez), solo para ver si la han compartido o comentado. Las cuentas certificadas son las más confiables. Pregúnteles o llame a un amigo.

Imágenes

En Google Chrome uno coloca el cursor sobre una foto, clic en el botón derecho del ratón y en el menú que aparece haga clic en “Buscar foto en Google”. Le dirá todas las apariciones de la foto que registra el buscador. Podrá verificar si corresponde a lo que dicen que es y la fecha de publicación.

FA.AA, beneficio y costo

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Un artículo de Ovidio Roca (tomado de su blog en wordpress.com)

Por la experiencia de la mayoría de los países latinoamericanos se constata que a la final el Ejército, las armas, son las que definen el rumbo del país y su estabilidad y mientras el Gobierno cuente con su protección podrá mantenerse indefinidamente en el poder. En consecuencia los gobernantes buscando el apoyo de las fuerzas armadas y al margen de los recursos onerosos del presupuesto estatal para su equipamiento y sostenimiento, les otorgan entre otros privilegios el monopolio del lucrativo negocio de controlar la frontera y todos los tráficos: coca, droga, armas, minerales, alimentos, combustible, etc.

Un analista de Crisis Group, explica que en Venezuela: “A los militares ya no les interesan los cargos burocráticos porque en los Ministerios ya no hay dinero”. Entonces, la línea política de los incentivos económicos se gestiona a través de otras líneas rentables: la petrolera con PDVSA, la minera con Camimpeg y la administración de la Gran Misión Abastecimiento Soberano (GMAS), pero principalmente el comando del narcotráfico para lo cual manejan un cartel propio, el Cartel de los Soles.

Los venezolanos y ahora con apoyo de las instituciones democráticas internacionales, están peleando para librarse de la dictadura castrochavista protegida por el Ejército. Hasta ahora Juan Guaidó el Presidente Constitucional Encargado para lograr su apoyo ha ofrecido a los militares que abandonen al Dictador, impunidad y perdón, pero ellos demandan que se le garantice también mantener sus privilegios y lo afanado durante este largo periodo de latrocinio chavista.

En los países democráticos el ejército, la armada y la fuerza aérea, existen por mandato constitucional para la defensa de la independencia y soberanía de la nación, pero como vemos solo sirven para entronizar las dictaduras. Por su parte las fuerzas armadas justifican su existencia pues, supuestamente, garantizan la integridad del país ante una amenaza externa y por eso es que se les otorga el monopolio de las armas; entonces la pregunta obligatoria es: ¿si esta fuerza no tiene la menor posibilidad de superar cualquier amenaza externa y solo sirven para oprimir al pueblo; se justifica su razón de existir?

Lo razonable es por tanto, concebir que la seguridad del país y de la sociedad es algo más que un problema de defensa militar ante amenazas externas y más bien ser entendida como el conjunto de condiciones que hacen posible la sostenibilidad y el desarrollo del país y del pueblo en democracia y esto significa seguridad jurídica, economía sana, educación, institucionalidad y respeto a la misma, y vale la pena reafirmar que si un país no tiene una economía solvente, evidentemente no puede tener unos buenos servicios de inteligencia, una buena diplomacia y no puede tener seguro y contento a su pueblo.

Un otro asunto es el rol de la Policía, la institución civil encargada de garantizar la seguridad de los ciudadanos y enfrentar las bandas delincuenciales y de narcotraficantes cada vez más agresivas. Se trata de una guardia armada bajo mando civil y no militar lo que tiene muchas ventajas, pues en lugar de tener un ejército como institución permanente y “con espíritu de cuerpo” es mucho más seguro y controlable tener una guardia bajo mando civil. Esta Policía, esta guardia civil y armada, con formación profesional, con ética personal y de servicio a la comunidad y por supuesto bien pagada, debe ser fortalecida y profesionalizada con las técnicas más modernas de inteligencia, de logística y con el mejor equipamiento de represión para prevenir y combatir el crimen.

Como la desmilitarización de un país conlleva el traspaso y la garantía de soberanía a un actor externo, a un régimen internacional, se considera que a un país pequeño le conviene más para la defensa de su integridad contar con una Cancillería del más alto nivel y Diplomáticos capaces que manejen estas situaciones internacionales difíciles en lugar de gastar dinero y esfuerzos en unas fuerzas militares que no jugarían ningún rol efectivo.

Costa Rica en 1948, inteligentemente eliminó el ejército y actualmente es el país más próspero, menos corrupto, más democrático y más seguro de Centro América. “No quiero un ejército de soldados, sino de educadores”; con estas palabras el 1 de Diciembre de 1948 el Presidente de Costa Rica, en aquel entonces José Figueres, abolió el ejército.

Por lo que recuerdo, la población boliviana nunca tuvo simpatías por las fuerzas armadas, las hallaban inútiles, costosas y abusivas con el pueblo llano, sobre todo en periodos dictatoriales. Recuerdo de mi infancia rural que algún camba hablando del ejército decía: se levantan temprano para hacer nada o prepararse para los desfiles; no producen nada más que gastos y lo peor es cuando los gobiernos dictatoriales, militares y civiles, los usan para someter y amedrentar al pueblo. Deberíamos coincidir parafraseando a Figueres que: “No necesitamos un ejército de soldados, sino de educadores”.