Marcha

No es más de baja intensidad

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La violencia vista en esta jornada y mostrada por los canales de la TV no es más de baja intensidad. La Paz, Santa Cruz y Cochabamba fueron campos de batalla que desmentían la idea de que en Bolivia los conflictos en curso son de menor intensidad. Casi toda la red troncal de carreteras experimentaba bloqueos.

Piedras contra gases lacrimógenos tronaron en Puerto Pailas, una de las poblaciones de las afueras de la ciudad de Santa Cruz. Los vecinos denunciaban airados que los gases habían caido incluso en escuelas, aterrorizando a niños, a quienes se les suele enseñar que la policía es la representación de la seguridad de la población. La fuerza policial se impuso y consiguió levantar el bloqueo establecido personas de los servicios de salud, en huelga indefinida desde hace más de un mes. Los heridos de la policía eran tres. No se conocía cuántos heridos hubo entre los manifestantes.

En la autopista principal La Paz-El Alto también se desencadenó una batalla campal cuando la policía decidió dispersar a médicos, estudiantes de medicina y funcionarios de salud que bloqueaban el lugar.

En Cochabamba, las imágenes parecían las de una poblada que la policía intentaba contener. Los protagonistas eran los mismos: empleados del sistema nacional de salud y estudiantes, frente a la fuerza policial que no ahorró descargas de gases lacrimógenos.

Los bloqueos iban a extenderse al sur, en las próximas horas hasta afectar inclusive localidades fronterizas con Argentina. Parecía que toda Bolivia –o gran parte del país-  estaba en los momentos más agudos (¿?) de una convulsión generalizada.

Eran los momentos extremos de una crisis, como una olla de presión en pleno estallido. No había un conteo oficial de víctimas, salvo la de los tres policías, incluso un coronel, en Santa Cruz. Dos hechos más se sumaron a la jornada. Sobresalía la voluntad de los marchistas del TIPNIS rumbo a La Paz de continuar su recorrido, a pesar de las amenazas de pobladores de San Ignacio y de otros lugares con fuerte presencia oficialista de someterlos privándolos de agua y alimentación. Hasta ahora, en dos semanas de caminata, los marchistas no han sido frenados ni por el frío ni por el fango de los deteriorados caminos del norte y oriente bolivianos. Esta noche sus dirigentes aseguraron que su ánimo de continuar el trayecto en paz no sería doblegado.

No menos explosiva, por los inevitables peligros que encierra, fue la decisión de la Central Obrera Boliviana (COB)  de apoyar al sector salud en sus demandas y de rechazar el aumento salarial del 8% ofrecido por el presidente Morales el 1 de mayo. La organización decretó un paro general de 72 horas, del miércoles al viernes de la semana próximo. Al concluir este paro, habría una reunión para decidir un paro nacional indefinido. Para el lunes y el martes está previsto un paro del transporte.

Esta noche, era cada vez más insistente la pregunta para la que no había respuesta: ¿Qué vendrá después?

Policías cocineros

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Algunos policías que el lunes fueron enfrentados por los contra-marchistas de la región Isiboro-Sécure que buscaban ingresar a la Plaza Murillo han sido comisionados para ayudar en “tareas humanitarias” en favor de los contra.
El Deber cita en su edición digital de esta madrugada imágenes divulgadas anoche por la red televisiva PAT que muestran a policías pelando papas y zanahorias para la “olla común”. El dirigente campesino Rafael Quispe calificó la misión culinaria asignada a los policías como “una humillación”. Dijo que el nuevo papel de los policías demostraba que el gobierno ha apoyado “en todo momento” la marcha de Conisur, la Confederación de Indígenas del Sur que ha actuado de acuerdo a la sugerencia que les hizo el gobierno para que reclamasen la modificación o derogatoria de la ley que sancionó la intangibilidad de ese parque y que los contra-marchistas que llegaron a La Paz el lunes quieren revertir. Si lograsen su objetivo habrían puesto un nombre a los legisladores que aprobaron la ley: Marionetas. Un comandante de la policía negó que los policías estén realizando trabajos de cocina y dijo que probablemente sólo ayudaron a recoger alguna papa o zanahoria caída. Los contra están instalados en el Coliseo Cerrado de La Paz.

El dedo en la llaga

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Han pasado dos meses desde que la Unión Europea hizo saber al gobierno su impaciencia con la demora en un estudio detallado y sustentado sobre la coca, un nudo gordiano del liderazgo político del presidente Morales. Ese documento, para el cual la UE entregó un millón de euros, debe exhibir algunas de las facetas principales de la estrategia de la coca. El que todavía no se lo haga público puede estar diciendo volúmenes.

Un artículo del cuaderno mensual izquierdista Pukara, que circula en la internet, ha puesto el dedo en la llaga en su número de este mes.  El trabajo cita una declaración del representante de la oficina de las Naciones Unidas  para la Droga y el Delito en Bolivia, César Guedes, en  la que destaca que, de acuerdo a la dirección general de Control de la Hoja de Coca,  el  94% de la coca que se produce en el Chapare  evade el mercado legal, en el municipio de Sacaba.

El mismo trabajo subraya que la coca de Yungas, un área tradicional de producción de la hoja, es demandada para el consumo humano, “incluso por la población del chapare, mientras que la coca de esta región cochabambina no es apetecida ni en las áreas rurales de Bolivia ni en el norte argentino”.  En seguida plantea la erradicación de los cultivos en el norte paceño y el norte de Santa Cruz, aún más imperiosamente los que han surgido dentro de parques como Amboró, Madidi y Territorios Indígenas.

Tras afirmar que “la coca excedentaria Chapare es un problema moral, ético y su dilatación en el tiempo enloda a  todos aquellos que dicen defenderla” presenta una terrible disyuntiva: “Coca o muerte? O salvamos a los productores ilegales e inmorales de coca –a todos, pero principalmente del Chapare- o evidenciamos la muerte del país y de su dignidad”.

El trabajo puede ser leído aquí en su integridad.

Es interesante que esta publicación coincida con los trancos finales de la marcha del CONISUR (Consejo Indígena del Sur), que con más de mil integrantes se propone, desde hace semanas, llegar hasta La Paz este fin de mes. Uno de sus cabecillas reconocidamente planta coca en el Tipnis y tras  un sí y un no sobre la ilegalidad o legalidad del plantío, el Vice-Ministro de Coordinación de los Movimientos Sociales, César Navarro, optó por la erradicación. Se desconoce cuándo se procederá a esa medida.

La opción preferencial del gobierno por los neo marchistas es bien conocida. Fue un dirigente cocalero (David Herrera, citado por El Mundo/Erbol) quien aseguró que el gobierno del presidente Morales les  había prometido la carretera en la campaña que lo llevó a la presidencia en 2006, y el rostro que tuvo el mandatario al firmar la Ley Corta que los nuevos marchistas quieren derogar fue más que una declaración. Después, los marchistas fueron instados desde el gobierno a hacer lo que ahora están haciendo: presionar por la anulación de la ley.

La mayoría de quienes marchan es tan pobre y necesitada de asistencia como los habitantes del Tipnis que marcharon entre agosto y octubre. Creo que nadie puede razonablemente negarles el derecho a reclamar lo que les parece adecuado a sus intereses. Pero existe una diferencia que lamentablemente los marchistas de hoy no  detectan: la primera marcha era percibida como una acción legítima en defensa de los derechos de los indígenas y, más aún, de las leyes, inclusive de la propia CPE. La segunda es percibida  como una manifestación de plantadores de coca deseosos de asegurar y ampliar sus cultivos. Quizá ni se den cuenta claramente que son los productores de materia prima para la droga y que no es de interés de sus dirigentes que  lo sepan. La primera marcha creó un cultivo de opinión pública que se agigantó el 25 de setiembre, con la represión policial, y estalló al mes siguiente en La Paz. Aún si ocurieran los mismos acontecimentos previos al 25/9 y la policía los reprimiera -una hipótesis negada de antemano- nunca recibirían el calor que el pueblo paceño brindó a los primeros marchistas.  ¿O no?

Periodistas premiarán cobertura de la marcha del TIPNIS

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La Asociación de Periodistas de La Paz acaba de anunciar que la próxima semana, el 8 de diciembre, entregará un reconocimiento especial a los periodistas que cubrieron la marcha indígena de defensa del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure. Es la primera vez que la organización académica matriz del periodismo nacional extiende un reconocimiento así en los últimos años. Se trata de  un estímulo al esfuerzo realizado por periodistas para describir y narrar aquella marcha histórica que culminó con una paliza brutal propinada por la policía que indignó a gran parte del país y derivó en un recibimiento emocionado de cientos de miles de paceños que salieron a las calles a vivarlos cuando llegaron a la sede de gobierno.

La cobertura periodística permitió al país y a los interesados por el medio ambiente y los derechos de los pueblos indígenas en todo el mundo acompañar el desarrollo de esa marcha, una epopeya sin paralelo en  los anales informativos de Bolivia. La semana pasada, el  ex ministro de gobierno Sacha Llorenti dijo que ni él ni el presidente habían ordenado la represión y que hubo una rutpura de la cadena de mando.”

Hace poco más de un mes el presidente Morales pidió perdón por la intervención policial y reiteró que del gobierno no había salido la orden. “Quiero que sepan -dijo a los nativos en una declaración- no ha habido ninguna instrucción ni jamás habíamos pensado que podía ocurrir de esa manera. Duele bastante, como víctimas que hemos sido en muchas oportunidades de la represión por la fuerza pública”. El ex viceministro de gobierno Marcos Farfán dijo que la orden había provenido “de La Paz”.

El anuncio, firmado por el presidente de la APLP, Pedro Glasinovic, dice que el homenaje resulta de la inquietud del directorio de la asociación por destacar los esfuerzos de los periodistas que informaron desde los caminos que recorría la marcha, “pese a las restricciones, hostigamiento e impedimentos técnicos”.

Nubarrones éticos

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No había acabado la jornada en la que el presidente Evo  Morales se reunía con nativos del TIPNIS ahora partidarios de que por su territorio pase una carretera asfaltada, cuando la red de emisoras rurales Erbol trajo las declaraciones de  una dirigente que afirmaba que el presidente había financiado los pasajes aéreos de toda la delegación de nativos que luego plantearía al mandatario que derogue la ley que promulgó hace un mes.

La nota de Erbol empezaba: “Rosa Fabricano Moye, capitán mayor del cabildo Natividad del retiro multi-étnico TIM, dijo que el presidente Evo Morales financió los pasajes a toda la delegación indígena que arribó a la sede de Gobierno esta mañana con el objetivo de pedir al primer mandatario la derogatoria de la Ley de Protección del territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure (TIPNIS) y que la construcción de la carretera villa Tunari-San Ignacio de Moxos pase por esa reserva ecológica.”

La nota fue leída esta noche al Ministro de gobierno, Wilfredo Chávez, por el conductor del programa Que No Me Pierda, Enrique Salazar, durante un enlace del programa entre Santa Cruz y La Paz, donde el ministro era entrevistado. La nueva dimensión que planteaba la información de la dirigente indígena no fue asumida por el ministro, quien pudo zafarse del tema con alguna dificultad.

Lo que la dirigente hizo conocer a través de Erbol  exhibió el terreno movedizo en el ha ingresado la cuestión del TIPNIS y las formas éticamente borrosas de hacer política que con frecuencia se presentan en  Bolivia.

El Ministro dijo que no le parecía que lo ocurrido representase algo anormal. Pero, para muchos, resultaba difícil cuando menos no sospechar que lo ocurrido creaba una situación que equivaldría a: Yo pago y tú me pides lo que yo quiero que me pidas. Pues el tema central del asunto es que el propio presidente planteó hace sólo  unos días a los nativos que presionen por anular la ley que él había promulgado cuando unos 1.500 nativos (otras cifras mencionaron alrededor de 2.000) marcharon durante más de 60 días desde Trinidad hasta La Paz, a pie, para presionar por la modificación de la ley que autorizaba el paso de la carretera por aquella reserva natural, protegida por Constitución Política del Estado. ( A las aristas éticas se agragarían otras, sobre la forma en que se gastan recursos del estado que dudosamente contribuyen a la unidad de uno de los sectores más desguarnecidos de Bolivia.)

Tras esa marcha, que conmovió a gran parte del país y que fue recibida apoteósicamente por la población de La Paz, el presidente firmó la nueva ley que reemplazaba la que días antes había promulgado. Semanas antes, la policía había intentado frenarla con  una violenta intervención que derivó en una cadena de dimisiones.

El proyecto de carretera, a  la que le faltarían sólo los kilómetros de travesía por la reserva natural, era la estrella en los planes gubernamentales de vinculación vial. Los habitantes –o una parte de los que viven en la zona- temen que con ella se facilite el ingreso de un alud de sembradores de coca que acabe con la reserva.

El veto indígena le ha colocado una traba gigante al proyecto. La obra, por todo lo que se ha publicado en estos meses, fue ordenada sin la consulta a los nativos prevista por la CPE y los convenios internacionales de protección a las tribus indígenas que Bolivia ha suscrito.

La nota de Erbol agrega que “Fabricano indicó que un vehículo trasladó a los 30 indígenas desde San Ignacio de Moxos hasta Trinidad, en el Beni, desde donde por vía aérea arribaron a La Paz. El retorno será hoy por la misma vía”.  La versión informativa agregaba””El presidente Evo Morales ha financiado el pasaje para treinta personas para llegar a La Paz; nosotros venimos de  una comunidad que se llana Natividad del retiro, que es del multiétnico TIM; de San Ignacio nos trajo una movilidad hasta Trinidad”.

La temperatura del termómetro Tipnis subió esta noche varios grados.

La revelación de la dirigente indígena ocurrió en una jornada en la otros dirigentes de los nativos cuestionaban el informe del Defensor del Pueblo que responsabilizó de la represión brutal que desencadenó la policía sobre la marcha al ahora ex ministro de gobierno Sacha Llorenti  y a otras dieciocho también ex-autoridades. El presidente de la confederación de Indígenas del Oriente Boliviano (CIDOB), Adolfo Chávez,  dijo que el informe debía haber incluído al presidente Morales y al vice-Presidente García Linera. Este último dijo, hace unas semanas, que él sabía quién había impartido la orden para la intervención de la marcha y que en poco tiempo más el nombre sería conocido.

Adolfo Chávez también dijo que el informe debía incluir a los “colonos” del TIPNIS que durante más de dos semanas bloquearon y amanazaban a los marchistas a la altura de Yucumo, cerca de San Borja, y les  impedían el acceso al agua de un arroyo del lugar.  El contingente policial enviado a la zona del conflicto también impedía a los marchistas llegar hasta el arroyo hasta que, en un sorpresivo vuelco de la situación, un grupo de mujeres tomó de los brazos al canciller David Choquehuanca, que dialogaba como represedntante oficial, con nativos y colonos. Tras una escaramuza que no llegó a causar bajas, los nativos rompieron el cerco y llegaronn al agua. Al día siuguiente sobrevino el violento ataque policial.

El TIPNIS otra vez al rojo vivo

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El presidente y su gobierno declarados enemigos de los nativos amazónicos,  del oriente y el chaco 

Los nativos del oriente, el Chaco y la región amazónica declararon al presidente Evo Morales y su gobierno enemigos de las naciones originarias y dejaron expuesta su decisión de volver a marchar hasta La Paz si el mandatario  insiste en llevar adelante el proyecto a pesar de haberlo cancelado a fines del mes pasado. La decisión de los nativos, reunidos en una asamblea en Santa Cruz, quiebra formalmente el frente campesino que llevó al presidente Morales y al Movimiento al Socialismo al gobierno en las elecciones de 2005.

Dirigentes de los 34 pueblos indígenas del oriente, norte y sur de Bolivia se declararon en “vigilia permanente” para defender el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure, ahora universalmente conocido por sus iniciales TIPNIS, cuya supervivencia como lugar preservado estaría amenazado otra vez por el proyecto del gobierno de construir una carretera que lo atravesaría por el medio. El proyecto carretero es financiado por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil.

Una  versión de la decisión, tomada en Santa Cruz,  sede de la CIDOB, fue ofrecida esta noche por la agencia informativa Erbol, el sistema que interconecta a más de 300 emisoras rurales. La posibilidad de  una nueva marcha hacia la sede del gobierno fue anunciada por el principal dirigente de la CIDOB, Adolfo Chávez.  No había esta noche, hasta las 22:00 horas, ningún comentario oficial sobre las decisiones de los nativos, que descaracterizan la noción oficial de que la administración del presidente Morales representa a todos los sectores indígenas bolivianos y sus intereses.

El gobierno se enfrenta ante el que sería el peor desafío en sus seis años a cargo de la administración del país. Los dirigentes expresaron exasperación con el presidente Morales, quien, inesperadamente,  a poco de haber suscrito la ley que cancelaba el proyecto, volvió a la carga y, ante los reclamos de sectores rurales que se beneficiarían con el trazado original de la obra, les sugirió que presionen por ella. La sugerencia no cayó en oídos sordos y el gobernador de Cochabamba, del partido de gobierno,  informó que están en marcha actos de protesta contra la presión de los nativos que llevó a la cancelación del proyecto y por su realización apesar de la cancelación mediante ley refrendada por el presidente.  Dirigentes del Tipnis dijeron que el presidente Morales buscaba una confrontación entre nativos. De hecho, ya existe una rivalidad sin remedio entre cocaleros colonos en polaciones del Tipnis y los nativos del lugar. Mientras los primeros procuran ampliar las fronteras de cultivo de coca, los segundos quieren proteger su territorio de los sembradíos que generan coca mayormente destinada a la fabricación de cocaína.

Los nativos marcharon hasta La Paz durante más de 60 días, en un movimiento que conmovió al país. El septiembre, una fuerza policial los apaleó en medio camino de una manera brutal y tomó presos a varias decenas de marchistas en una tentativa de detener la marcha. Las imágenes de la intervención de la policía causaron indignación nacional. Nadie ha asumido la responsabilidad de haber ordenado la intervención policial y  una investigación sobre el episodio aún está en curso. La marcha no se detuvo y al llegar a La Paz fue recibida por cientos de miles de paceños que salieron a las calles a darles una apoteósica bienvenida de una magnitud raras veces vista en la historia boliviana. Dos días después el presidente Morales firmó una ley que cancelaba el proyecto carretero original.

Intangibilidad

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Desde ayer está en proceso un debate que esta tarde se intensificó al  comenzar en el Poder Legislativo la discusión del proyecto de ley modificatoria de otra respecto al Tipnis. El cuello de la  botella lo constituye la palabra “intangibilidad”, intocable. La palabra viene de “tangere”,  tocar. Intangible equivale, entonces, a intocable.  Y las dudas se han vuelto fuego estimuladas por el temor de que, al ser declarado intangible, en el Tipnis no se pueda tocar ni un plátano, menos cortar algún árbol  o cazar y pescar. Es decir, sus habitantes, autóctonos o no, tendrían el Tipnis solamente para contemplarlo. Los nativos se preguntaban si no se les  habría tendido una trampa.  El debate legislativo era intenso, con acusaciones de uno y otro lado en torno al tangible problema. Qué es lo intangible? Todo el parque, sus árboles, sus animales, su terreno? Habrá que elaborar una ley interpretativa?

Quienes creímos que los acuerdos iniciales eran una clara señal de paz, no estábamos en lo correcto. Hoy han empezado a movilizarse cocaleros del Chapare y algunos grupos comenzaban a reunirse en la Plaza 14 de Septiembre, en Cochabamba (correcto; anterior entrada mencionaba a la Plaza Murillo de La Paz),   para presionar por la construcción de la carretera, tal como había sido originalmente diseñada: a través del parque.

Para los hombres de la selva la caminata no ha terminado. La palabra que les ofreció el gobierno para zanjar la disputa -intangibilidad- era observada con marcada susceptibilidad.

Eran pasadas las 23:30 cuando la TV oficial, Canal 7, mostró al presidente Morales firmando la nueva ley, que incluye el término.  Luego pronunció un discurso en el que reiteró, mostrando un fajo de documentos, que había recibido pedidos de pobladores de la región (Beni y Santa Cruz, dijo en un momento, confundiendo a Santa Cruz con Cochabamba) para que se construya la carretera. Por su mirada y su rostro con expresión adusta, no estaba en un  momento que le agradase. Pero los nativos dentro y fuera del Palacio de Gobierno celebraron la promulgación.

Desde Santa Cruz, los canales de TV mostraron imágenes en las que los nativos levantgaban la vigilia que habían mantenido a lo largo de diez semanas y se preparaban para el retorno.

En La Paz, los dirigentes de la marcha habían dicho que se retirarían con una despedida, pero no estaba claro en qué momento la harían. La jornada acababa bajo una cierta atmósfera sombría, estimulada por no saber qué harían los grupos de cocaleros que  hab;ian empezado a renirse en la plaza principal de C ochabamba para presionar por la  continuidad de la obra de acuerdo a su diseño original.

Hoy, miércoles 27 de octubre, el Dr. Jorge Ordenes, académico de la lengua, accedió a una explicación etimológica del discutido término. Hé aquí:

Intangibilidad (que no puede ser tocado) , en uso desde desde más o menos 1500, viene del francés intangible o quizá directamente del latín intangibilis de significado contrario a tangibilis o tangible. Intangible (adjetivo) desde más o menos 1880 significa que no puede ser captado por la mente… y menos por los sentidos.

El gran ausente

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Prefirió ir a Cochabamba. Esa era su “agenda apretada”  que esgrimió como argumento para no recibir a los marchistas. ¿Por qué? La Paz nunca -o pocas veces- vio a tanta gente en las calles, con sus arterias centrales repletas de una multitud compacta,  que sin hacer estallar dinamita ni bombas molotov; sin  otras armas que el ruido de sus voces que penetraban conciencias,  o el de las campanadas que alborozaban corazones. El presidente jamás vio algo así, ni muchos de los propios paceños ni gran parte de los bolivianos.

Yo creo que el presidente se acobardó al sentirse solo frente a esa multitud que sólo le gritaba que cumpliera su palabra y que cumpliera la constitución que él mismo reclamó que fuese aprobada sin una coma de modificación.

Creo que le ganó la actitud cívica y pacífica de los marchistas, que dieron a Bolivia una lección de cómo manifestarse sin violencia.  Cuando los azotaron el 25 de septiembre, pusieron la otra mejilla y siguieron su marcha. Sufrieron hambre, cansancio y frío. Pero nunca perdieron la brújula. Dijeron que llegarían a La Paz y cumplieron.

Con una policía que ahora no es más 100 por ciento confiable y  con algunos de sus integrantes dudosos de las órdenes de las autoridades en el gobierno, que no asumieron la responsabilidad de decir “yo di la orden para reprimirlos y asumo las consecuencias”, y con un ejército que también puede dudar antes de salir a reprimir, el presidente podría haberse sentido solo. Y la soledad, en esas condiciones, es caldo para un comprensible temor.

¿Qué podría decir a esa multitud, una porción de la cual antes lo vitoreaba (sólo días antes vimos la concentración de quienes lo apoyaban)?  ¿Qué podía decir a quienes había considerado “turistas” o mercenarios pagados por la DEA, USAID, ONGs, por Estados Unidos y saboteadores de la economía y del progreso?

La noche pasada debe haber sido para el presidente Morales “el árbol de la noche triste”,  como la que pasó Hernán Cortés, derrotado por los aztecas en 1520.

Lo que pasó ayer, sumado a la abrumadora presencia de votos nulos el domingo, estará ciertamente en la historia. El final de este capítulo ahora yace en gran parte en manos del presidente Morales.

Tipnis en La Paz hasta que se cancele plan carretero

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Los más de dos mil marchistas del Tipnis permanecerán en La Paz hasta que el presidente desista formalmente del trecho carretero a través del parque y resuelva otros 15 puntos incluidos en la agenda que los llevó hasta la sede de gobierno. Lo dijo este miércoles Fernando Vargas, presidente de la subcentral Tipnis, ante  una audiencia multitudinaria reunida en la Plaza San Francisco.

(Un grupo de marchistas decidió instalarse en la Plaza Murillo para cumplir allí una vigilia mientras sus demandas son resueltas. Los niños y mujeres mayores fueron instalados en la Universidad Mayor de San Andrés y la alcaldía  declaró Huéspedes Ilustres a todos los marchistas.)

La jornada marcó un ataque intensivo sobre el gobierno del presidente Morales: los parlamentarios nativos alineados con el partido de gobierno dijeron que se desafiliarían, y otros anunciaron un juicio contra el  mandatario por “genocidio y etnicidio”.

Vargas habló  horas después de haber ingresado la marcha a La Paz y  avanzado hasta la Plaza Murillo, al cabo de 65 días de marcha desde Trinidad para oponerse a la carretera ya contratada por el gobierno con financiamiento de Brasil y que partiría aquel parque, uno de los pocos casi vírgenes que quedan en el mundo. El ingreso a la Plaza Murillo tuvo  un carácter emblemático. Hasta ahora había sido reducto casi exclusivo del partido de gobierno, el Movimiento al Socialismo (MAS).

Los marchistas subieron por la empinada calle Ayacucho mientras los más rezagados estaban todavía en la avenida Bush, unos tres o cuatro kilómetros de recorrido, de acuerdo a la narración de radio Fides. Eso representaba algunas decenas de miles de personas, con cinco y seis personas por fila. La Plaza Murillo era insuficiente para dar cabida a “miles y miles” de personas reunidas alrededor de los marchistas, en la descripción del Nicolás Sanabria, reportero de la emisora.

Vargas, uno de los golpeados y maniatados durante la intervención policial de la marcha el 25 de septiembre, le espetó al presidente Morales que no debería mentir. “Dijeron que la marcha venía a quitarles el bono Juancito Pinto, el bono Juana Azurduy y el bono Dignidad; que la marcha venía a quitarles los recursos a los gobiernos municipales, a las gobernaciones y las universidades: una mentira tan grande que un dignatario…no debe mentirle al pueblo. Un dignatario debe sólo decir la verdad”, dijo, citado en una nota desde La Paz por Erbol, la red que agrupa a más de 300 radioemisoras rurales en todo el país.

En resumen, el dirigente dijo que la marcha no era conspirativa ni buscaba el derrocamiento del presidente Morales. “Sólo queremos que honre su palabra”  (respecto a la madre tierra y a los pueblos indígenas, y a los dictados de la CPE).

El despacho informativo de Erbol dijo que la concentración era extraordinariamente numerosa. Vargas, en medio de aplausos y gritos a favor de la causa de los marchistas, subrayó que los pobladores del Tipnis no se oponen al progreso, pero que no quieren la destrucción de la madre tierra. “Queremos que se unan los dos departamentos (Beni y Cochabamba) pero no destruyendo la madre tierra ni el Isiboro-Sécure, no cometiendo delito de genocidio ni etnocidio”, dijo.

El presidente Morales es reacio a cancelar el proyecto, en su etapa intermedia, que es la que atravesaría el Tipnis. Es su proyecto estrella y está financiado  por el Banco de Desarrollo Económico y Social (BNDES) de Brasil. Pero el proyecto está en colisión con la CPE, que veta trabajos de desarrollo en parques habitados por nativos salvo aprobación expresa de los habitantes nativos, y con el propio discurso ambientalista del presidente.

Ahora se encuentra frente a sus pares indígenas que le recuerdan sus compromisos ecológicos y dicen estar dispuestos a obligarlo a modificar el proyecto. La carretera es temida por los habitantes del parque no solo por la devastación que ella causaría sino porque facilitaría el acceso de nuevos colonos sembradores de coca. Durante la caminata hasta la Plaza Murillo, hubo gritos, escuchados en la transmisión de Fides, que decían: “Si Evo quiere más coca, que siembre en Orinoca”, la tierra natal del presidente, en Oruro. Una de las mujeres oradoras en Plaza San Francisco, de apellido Suárez, dijo que los marchistas preferían morir “antes que ser esclavos de los cocaleros”. La frase reflejaba un creciente descontento ciudadano con los sembradores de coca, columna vertebral del respaldo político al presidente Morales.

“Hemos venido a decirle (al presidente Morales) que atienda los 16 puntos de nuestra plataforma; hemos venido a decirle que respete nuestro territorio; que respete nuestras decisiones…”

Fue la primera vez que desde la plaza San  Francisco fueron dichas frases tan duras para el primer mandatario.

La concentración fue uno de los actos finales de una jornada que mantuvo a toda Bolivia a la expectativa. La conmoción que provocó el ingreso de los marchistas a La Paz paró a la sede de gobierno.  Las transmisiones radiales (radio Fides) reiteraban que pocas veces había tanta gente en las calles de La Paz. (El triple de la que hubo en la anterior marcha indígena de pueblos el oriente hasta La Paz, 18 años antes.) Las multitudes se volcaron a las calles para vitorear a los eran considerados como nuevos héroes nacionales.

Los medios audiovisuales dedicaron espacios extraordinarios a la cobertura de la calurosa bienvenida que se otorgó a los marchistas que, sin haberlo pretendido, hicieron de la jornada una fiesta, sin bombas ni dinamitazos.

Primer día

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Bolivia entera vibró este miércoles con la llegada de los marchistas de los llanos a La Paz. Ingresaron a la ciudad a las 11 de la mañana y continuaron su marcha en medio de gritos y alabanzas de transeúntes a lo largo de su recorrido, hasta la Plaza San Francisco. Antes de descender a la ciudad, el obispo Jesús Juárez rezó una misa y los bendijo.

En San Francisco, escenario de las grandes concentraciones y ovilizaciones de la sede de gobierno,  descansarán y probablemente mañana se reunirán con el presidente Evo Morales. Escuché en la TV decir que no podría recibirlos hoy porque tiene una “agenda apretada”.

Como estaba previsto por invitaciones a través de internet, en las principales ciudades hubo actos de homenaje a los marchistas que tras 65 días sellaron la unidad del país en torno a su reivindicación: no terminante al plan para construir  una carretera que en su diseño original atraviesa el Tipnis.

En Santa Cruz, las campanas tocaron a rebato en cuando se difundió la noticia del ingreso casi pascual de los marchistas a La Paz. En la Plaza 24 de septiembre cundió primero un silencio que permitía escuchar la brisa que pasaba sobre las hojas, pero segundos después estallaron gritos de alegría y las voces se quebraron al expresar admiración por la hazaña de los nativos. En ese lugar estuvieron decenas de nativos haciendo vigilia por sus hermanos desde que comenzó la marcha, el 15 de agosto. Justa Cabrera, la cabeza más visible del movimiento en Santa Cruz, anunció que los nativos permanecerán indefinidamente en la sede de gobierno hasta conseguir que los 15 puntos que platean sean resueltos como los indigenas reclaman. La policía fue forzada a retirarse del lugar, dijeron quienes transmitían por TV lo que ocurría en el lugar. En La Paz, tampoco se notaba presencia policial. Pero, de momento, no había ninguna explicación oficial para esa ausencia.

Casi todas las ciudades vivieron panoramas similares. Era el homenaje de los bolivianos  a quienes desafiaron todo, desde la represión del gobierno hasta la fuerza de la naturaleza, para cumplir su meta de llegar a La Paz y reunirse con el presidente, que persistentemente desdeñó al movimiento.