censo

¿Publicar mentiras de un presidente?

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The New York Times registró hace dos semanas un censo de las mentiras del presidente Donald Trump desde que asumió el mando el 20 de enero.  La publicación contabilizó un centenar, casi una por día, que habría sido todo un récord, no sancionado como tal solo porque se desconoce si hay algún registro o alguna competencia en curso cuyos resutados sean verificables y comparables.

El mayor caudal ocurrió el 16 de febrero, con seis falsedades, desde la afirmación incorrecta de que nunca había votado el dia de la elección tanta gente en Florida (con Bush, Clinton y Obama hubo una afluencia mayor) hasta la de que Waltmart iba a anunciar la creación de 10.000 nuevos trabajos en Estados Unidos gracias a las políticas de su gobierno (en verdad, la empresa había hecho el anuncio tiempo atrás, en octubre, antes de las elecciones). Sus jactancias han sido embarazosas para muchos dentro y fuera de Estados Unidos, menos para él. Decía, por ejemplo, que media hora en el teléfono le ahorró al bolsillo del país 725 millones de dólares en un negocio con China, pero los precios habían sido acordados antes de que fuera presidente.

Por lo general, las falsedades o incorrecciones del mandatario eran hasta entonces amortiguadas con frases como ¨no ofreció evidencias¨ o no presentó detalles. Para el 23 de junio, fecha de la publicación, la avalancha había sido tan copiosa como para dejar claro que las falsedades de un presidente deben ser reproducidas por los medios al público sin eufemismos para que éste juzgue la calidad ética de sus gobernantes o cuánto puede creerse de lo que dicen.

El censo de mentiras fue definido como parte de la misión de los medios ante la sociedad en la que actúan. El mando y el liderazgo no justifican faltar a la verdad, menos esconderla a la audiencia. Los comentaristas concluyeron que la divulgación de las mentiras y exageraciones obra como antídoto para evitar que los líderes piensen que todo el mundo acepta sus falsedades o que nadie duda de sus extrapolaciones tipo ¨somos los mejores¨, ¨somos los únicos¨ o ¨nadie lo hace mejor que nosotros¨.

La experiencia es didáctica y ha puesto en evidencia que las expresiones y acciones de los líderes deben ser registradas en cuanto son noticia e interesan a la comunidad, pero acompañadas del contexto debido sin esconder mentiras e incorrecciones que puedan contener. El público, con todo, debe estar atento y no dejarse sorprender.

Sube y baja del analfabetismo

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Hace cinco años, el gobierno divulgó una noticia que alegró al país y lo llenó de optimismo: bajo los datos de la Unesco, Bolivia podía ser considerada una nación libre de analfabetismo. Al cabo de muchos esfuerzos y campañas, el número de bolivianos que no sabía ni leer ni escribir equivalía al 3,77% de la población mayor de 15  años. Era un salto notable, pues a principios de siglo la cifra bordeaba el 14% y éramos el país sudamericano con mayor porcentaje de analfabetos.

Los datos más recientes sobre la cuestión muestran un grave retroceso: el porcentaje de analfabetos en Bolivia es superior al anunciado hace un quinquenio. Ese segmento representa el 5,02% de la población y deja al país fuera de la franja de seguridad que permitió al gobierno divulgar la hazaña de haber alcanzado un porcentaje de alfabetización cercano a 100. La nueva información es resultado del censo del año pasado, uno de cuyos efectos más visibles ha sido poner en duda la credibilidad de los datos estadísticos que de él han surgido y enyesar a la población de La Paz en un paro compacto y masivo el miércoles pasado. 

El grado de alfabetización de una sociedad mide su desarrollo y su potencial de progreso económico y social.  La decepción que representan los nuevos datos ha llevado al Ministerio de Educación a anunciar un “plan de emergencia” (La Razón, 8-8-2013) para reubicar al país hasta fines de año en el grupo cada vez mayor de países libres del freno del analfabetismo.

Los datos sociales no cambian de la noche a la mañana y es ilusorio afirmar que en tres meses el país conseguirá que cerca de 400.000 bolivianos aprendan a leer y escribir. En hipótesis, podría llegarse a la meta. Pero erradicar el analfabetismo no es solamente enseñar lectura y escritura. Ese es apenas el comienzo. Es preciso que los alfabetizados mantengan y consoliden el hábito de leer y el interés por el conocimiento que de ese hábito deriva. Ruptura con un mundo de oscuridad, ese  hábito es indispensable para vivir bien y está en la base de una sociedad: surge de la familia, de la escuela, del ambiente social y del apoyo del estado y de los líderes. Es entonces que nace la “masa crítica” de una sociedad que permite prosperar en todas las direcciones y que la consolida. En una época dominada por la difusión de la información y el conocimiento, la tarea de enseñar lo más elemental debería ser menos complicada de lo que fue en décadas pasadas. Allí donde hay quienes se jactan de no haber cursado la primaria o de no haber asistido a la universidad, las dificultades para avanzar son más empinadas,  aunque no son imbatibles.

Rebelión contra los resultados del censo

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Santa Cruz y otros cinco departamentos han desenterrado el hacha del conflicto (prefiero no hablar de guerra…). La chispa han sido los datos del censo que, sin una explicación que convenza, reposicionaron a La Paz como cabeza demográfica de Bolivia y relegaron a Santa Cruz, que había sido ungida en el primer lugar por el presidente Morales a principios de año.

La titular de la cartera de Planificación, Viviana Caro, juró en la TV (No Mentirás) que los datos anunciados por el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) son estrictamente correctos y que no han sido manipulados. Esta noche, su juramento (es figura retórica, pues no la vi levantar la mano ni hacer la señal de la cruz) no era creíble, al menos para la representante del MAS en Santa Cruz Margoli Guzmán, quien desde otra red televisiva (Que no me pierda) dijo que el departamento oriental debe actuar unido para defenderse ante la desventaja demográfica en la que ha sido colocado.

Era evidente que incluso el partido de gobierno estaba incómodo con el paso mágico que hizo desaparecer en el sombrero a 362.000 bolivianos (entre ellos 180.000 cochabambinos y 121.000 cruceños) que en enero estaban en el informe que presentó al país el presidente Morales. La Ministra Caro reconoció que el porcentaje era mayor al previsto pero que cabía en el cálculo estadístico para el censo: un margen máximo de error del 3%. Ese margen máximo es la diferencia entre los datos preliminares anunciados por el presidente en enero y los del INE anunciados en julio. Curiosa proximidad.

Así como para los lideres cruceños los nuevos resultados son un píldora díficil de pasar, para Cochabamba la cuestión es igualmente quisquillosa. Los datos del empadronamiento no sólo son la base para calcular las regalías departamentales. Un cuestión de importancia más irritante es que con ellos se define la composición de la Cámara de Diputados. A partir de ahí las especulaciones que escuché no eran un buen augurio de paz en la proximidad de las fiestas patrias.

En Santa Cruz, la jornada fue muy agitada a partir del anuncio oficial de los datos censales. El gobernador Rubén Costas lanzó un discurso encendido y no creyó en los datos. El Comité pro Santa Cruz calificó el anuncio como una provocación y anunció una reunión directiva para este jueves y buscar una consulta de alto nivel con los otros cinco departamentos que han perdido población entre los anuncios de enero y el de esta semana. Dispuso también exigir una explicación detallada del Ministerio de Planificación sobre la variación entre enero y julio. Además, habrá una “Asamblea de la Cruceñidad” que probablemente adoptará otras medidas aún no definidas.

Está reabierta una fase de tensión entre departamentos y el gobierno. Deficiencias e incidentes como los registros y boletas censales abandonadas en un galpón de la fuerza aérea en Santa Cruz, la ausencia de empadronadores (testimonié quejas en las afueras de Santa Cruz, carretera a Camiri) en muchos lugares, la determinación del gobierno de ignorar el término o categoría de “mestizo”  han resurgido con virulencia. Nadie parece creer en la limpieza de los resultados. El comentario prevalecientes es que los resultados, aún con las deficiencias en su tiempo señaladas,  han sido arreglados para llegar al resultado presentado este miércoles.

La controversia tiene para largo, y algunos temen que llegue a ensordecer el ambiente nacional respecto a otros temas en discusión, inclusive el que regula la información del estado. Una de las primeras bajas de lo que está ocurriendo es el deseo del partido oficial de “enamorar a Santa Cruz. No creo que el pretendiente se atreva a presentarse ante la novia ni visitar la casa de sus padres. Correría el riesgo de un terrible desaire capaz de acabar con sus pretensiones.

Resultados del censo según el INE

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En plena guerra fría, en la década de 1950, la ahora disuelta Unión Soviética, anunciaba que allí se había inventado la televisión, que empezaba a inundar los hogares en todo el mundo. El problema era que nadie le creía, ni los propios rusos.  Los datos divulgados este miércoles han echado dudas no sólo sobre los resultados sino sobre la palabra del gobierno. A principios de año, el presidente Evo Morales había anunciado datos preliminares que asignaban a Santa Cruz la condición de departamento más poblado. El INE le da ahora oficialmente ese lugar a La Paz. Creo que los paceños trepidarían si tuvieran que jurar que el INE tiene las cifras correctas.

Los resultados son muy diferentes de los que anunció el presidente. Cochabamba  (-180.000) y  Santa Cruz (-121.000) habitantes son los que tienen la mayor reducción en las cifras oficiales. La Paz (-36.000) Chuquisaca (-26.000) y  Tarija (-26.000) son otros perdedores al por mayor. Beni está en la categoría perdedora menor (-4.000). Los que crecen en las cifras oficiales son Potosí (+25.000), Oruro (+4.000) y Pando (+1.000). Las alzas son insuficientes para cubrir las disminuciones. Entonces, ¿qué hacer? La torta total fue reducida y así la población decreció en 362.000. De 10.387.000 que éramos en las cifras preliminares que ofreció el presidente Morales, ahora somos, (a la fecha en que fue realizado el censo) 10.027.000.

El censo ya fue controvertido y sus resultados lo son ahora más. Un empadronamiento es algo común en la mayor parte de los países del mundo. En Bolivia ha sido como un doloroso alumbramiento. La criatura ha nacido bajo signos de duda.

Cuadro divulgado por Agencia de Noticias Fides (ANF) con los resultados que presentó el INE esta mañana:

TABLA COMPARATIVA POR HABITANTES

CENSO 2001

PRELIMINARES (ENERO 2013) 

DATOS OFICIALES  (JULIO 2013)

 La Paz

 2.349.885

 2.741.554

 2.706.351

 Santa Cruz

 2.029.471

 2.776.244

 2.655.084

 Cochabamba

 1.455.711

 1.938.401

 1.758.143

 Potosí

 708.695

 798.664

 823.517

 Chuquisaca

 531.522

 600.728

 576.153

 Oruro

 392.769

 490.612

 494.178

 Tarija

 391.226

 508.757

 482.196

 Beni

 362.521

 425.780

 421.196

 Pando

 52.525

 109.173

 110.436

 TOTAL

 8.274.325

 10.389.913

 10.027.254

¿El censo peor organizado?

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Lo que escucho y veo por TV me hace temer por la calidad que puede emerger de este censo. A estar con el analista Carlos Cordero, este ha sido quizá el censo peor organizado de la historia boliviana. El reclamo constante escuchado era: “Faltaron las boletas censales”. Hasta cerca de la medianoche, había barrios a los que las brigadas del censo no habían llegado. En Santa Cruz eran notables los reclamos desde barrios de la periferia a los que no habían llegado las brigadas. Las imágenes de policías borrando boletas (¿corrigiendo?) que  mostróPAT no daban ninguna tranquilidad.  En Santa Cruz, faltaban las boletas pese a haber recibido más de 700.000 boletas. Cada una permite censar hasta a ocho personas. Mi experiencia personal: los brigadistas que me censaron ofrecían la impresión de un notable empeño por cumplir con su misión. No les habían dado todo el material de apoyo: ni bonetes ni poleras identificadoras. Escuché  que hubo brigadas a las que no se les habian ofreció ni  un refrigerio.
No querría caer en la tentación de extrapolar las limitaciones de este censo. Pero este experimento social también refleja las limitaciones que se manifiestan en muchas áreas de la acción gubernamental.
La población cumplió disciplinadamente y aguardó a las brigadas todo el día. Y al llegar a la media noche había muchos que aún esperaban que llegasen los encargados de censarlos. Recursos monetarios no faltaron. Si algo falló, por lo menos en algunos distritos de Santa Cruz, fue la organización. Hay que esperar que el trabajo censal en las áreas rurales haya sido más cuidadoso. Allí la  tarea censal  se prolongará por dos días  más. Pero si la referencia es el curso del censo en las áreas urbanas, no serán pocas  las quejas que escucharemos.

Un censo temido

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¿Por qué hay tantos temores causados por el censo de este miércoles, a raíz del cual hay decenas de heridos y tiene a muchas comunidades con el hacha de guerra levantada? Retratar nuestra realidad a través de los datos del censo debería alegrarnos. Es una prueba de civismo, como sociedad, saber nuestras fallas y fortalezas, puntos flacos fuertes. A 48 horas del empadronamiento, se puede decir que el país vive bajo una ola de conflictos a causa de distorsiones que se supone que acarreará la recaudación de datos.
Creo que no hay nadie satisfecho con la explicación del gobierno de que la categoría de “mestizo” carga connotaciones racistas. Si se aplica la definición ortodoxa de mestizos, todos, absolutamente todos, incluidos los diseñadores del censo, son mestizos. Todos llevamos mezclas de sangre como una combinación esencial de la trayectoria de la raza humana. Pero el gobierno ha insistido en que hay que identificarse con alguna de las 36 denominaciones étnicas (algunas con una población de apenas pocas decenas o excluirse, de manera que la mayoría resultante sea aymara o quechua, pues los que se identifiquen como mestizos no serán cuantificados). Es pesada la sospecha de que está en marcha un “pluricidio”.
Una prueba de la insuficiencia de la preparación para este censo son los conflictos que nublan el horizonte de esta consulta. En un gesto de impotencia, en una versión benigna, el Ministro de Gobierno ha dicho que los municipios que se opongan al empadronamiento, no serán incluidos en el trabajo de este miércoles. El gobierno ha alzado las manos y amenaza con amputar de la fotografía en preparación a las decenas de municipios disconformes con la cartografía para el censo. El jueves hubo en Colomi entre 60 y 80 heridos, gran parte policías, cuando la población de ese municipio cochabambino arremetió contra la tropa que procuraba desbloquear la carretera más importante del país, la de Cochabamba a Santa Cruz. Ante el peligro de un estallido de violencia en Ivirgazama, en pleno Chapare, la región cocalera por excelencia, las autoridades decidieron esperar que entre los bloqueadores del lugar, por la misma ruta que va a Santa Cruz, prevalezca la cordura y suspendan toda medida hostil hacia el empadronamiento.
Creo que los medios están en deuda con la ciudadanía. Deben explicar didácticamente qué lleva a los municipios, especialmente a los del trópico cochabambino, a oponerse al censo. Si se trata de una región de adeptos al presidente Morales, cabeza de los cocaleros bolivianos, sus habitantes deberían estar de acuerdo con el empadronamiento y apoyarlo. Qué razones motivan la actitud rebelde de esos lugares, más allá de incorporar o excluir algunas localidades de determinada jurisdicción, aún es un misterio por aclarar.
En algunos departamentos hay temores de que el censo confirme que sufren de un desangre demográfico:su poblaci[on se reduce, en vez de aumentar, a causa de lasmigraciones hacia zonas de prosperidad. En La Paz hay temores de que las cifras del empadronamiento muestren a la ciudad y al departamento desplazados demográficamete por Santa Cruz. Hay mucho en juego, desde escaños legislativos hasta impuestos y regalías.
Sin haberlo anticipado, el camino hacia el censo se ha vuelto un camino resbaloso en el que prevalecen las sospechas de un juego sucio escondido más que la alegría de llegar a la foto en la que debería participar toda la familia.

El censo y el lápiz

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Estamos a una semana del censo y he visto circular profusamente en la red una inquietud y una sospecha sobre el llenado de la boleta del censo con LÁPIZ. He escuchado decir que hacerlo con lápiz es invitar a la modificación de los datos para manipular los resultados. Las autoridades del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) aseguran que el censo es un trabajo estrictamente profesional y que es una locura pensar que se pueden modificar los datos de más de tres millones de boletas censales. Las boletas deben ser procesadas por scanners para su tabulación, dijeron esta noche por TV, y la lectura electrónica de esas boletas sólo es posible si las respuestas a las preguntas están llenadas con lápiz, NO CON LAPICERAS O TINTA.
La afirmación de que es una locura pensar que se pueden modificar los datos de millones de boletas no se sustenta. Bastaría, en algunos casos, que se modifiquen los datos de algunos cientos miles para modificar la fotografía censal, según el universo de población sobre el que se actúa. Si en un barrio de 200 familias, se introducen modificaciones en veinte boletas, se habrá alterado toda la fotografía de ese lugar. Pero éste sería un trabajo monumental y detectable en algún momento, lo que causaría al país un daño muy grande.
Más sólido parece el segundo punto: tinta de lapiceras o tinta húmeda son incompatibles con los scanners. Pregunto si el argumento tiene base. Desde una esquina independiente, ¿alguien tiene una respuesta técnicamente confiable?

Una persona que efectivamente conoce de este tipo de trabajo y a quien considero absolutamente confiable, me dice: LA TINTA NO REFLEJA LA MARCA que señala las respuestas. En cambio, el LÁPIZ SÍ LA REFLEJA. Quienes hablaron anoche en  la TV no dijeron algo básico: El reflejo es fundamental para los scanners que leen los datos. Adicionalmente, leo en la red que prácticamente todas las escuelas y universidades de Estados Unidos utilizan lápices, No. 2, para las pruebas, por la misma razón. Las marcas son más fáciles de identificar y de registrar en sistemas computarizados.

Hay, pues, que confiar en la palabra de las autoridades. Ellas aseguran que realizarán un trabajo serio y profesional.

La cuestión de la tinta parece trivial frente al largo debate que ha prevalecido en torno a las intenciones del censo de excluir la opción de MESTIZO de la identificación de las personas con alguno de los 36 grupos étnicos que se asegura que hay en Bolivia. Muchos llegarán al 21 de noviembre nada convencidos de la afirmación de as autoridades: la opción “mestizo” no es válida porque no existe esa categoría, y con las aprehensiones emergentes de la sospecha de que se quiere forzar la noción de que Bolivia no es una nación con mayoría de mestizos sino de una mayoría de indígenas o de personas identificadas con determinadas etnias indígenas.

No es la forma más adecuada de llegar a un momento tan importante para un país.

Entrada actualizada este 14/11 para incorporar explicación sobre el uso del lápiz.

Otra advertencia sobre el censo

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Mi amigo paceño es pertinaz. Hé aquí su segunda misiva sobre cómo se estaría llevando a cabo una estrategia para conservar el liderazgo demográfico paceño sobre Santa Cruz.

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Continuando con los comentarios sobre el censo, cabe mencionar que la obra que efectuará nuestro gobernador para que el departamento de La Paz obtenga más población que Santa Cruz puede ser considerado como un formidable fenómeno histórico. Se mencionó que Cocarico oficiará de poderoso imán que atraerá a cerca de un millón de paceños que viven en el interior para que se hagan censar en nuestro departamento. Cocarico será más atractivo que la miel para las moscas.
Recordemos que el primer éxodo de la historia, el de Moisés, duró cuarenta años. El segundo, el de los judíos modernos al Estado de Israel, unos cinco años (1945-1950). Pero este tercero, el de Cocarico, durará 36 horas. ¡Fantástico! La gente viajará por la noche, se hará censar en la mañana, y en la tarde retornará a los lugares donde vive. Este éxodo no será percibido por las ciudades de La Paz y El Alto, porque esa gente se desplazará subrepticiamente y retornará de la misma manera.
En consecuencia, aunque nuestros hermanos cambitas se esmeren en instalar industrias y demás riquezas en su departamento, y cada vez se traslade más gente a Santa Cruz, este departamento no superará en población a La Paz, mientras tengamos como gobernador al ingenioso hidalgo, don César Cocarico. ¡Olé!
Respecto a la población, es menester reiterar que se considera que habrá 10,8 millones de habitantes en todo el país. Y como se mencionó, sumando la población de La Paz y Santa Cruz, se tiene unos cinco millones. Cochabamba contará con 1,5 millones. Los cuatro departamentos siguientes (Oruro, Potosí, Chuquisaca y Tarija) sumarán otros 1,5 millones. Y unos 300.000 los depatamentos de Beni y Pando. Por lo tanto, habrá unos 2,5 millones de habitantes fantasmas.
Para nuestra mentalidad “bivalente”, esta gente no existiría. Pero Cocarico y Cía tienen una mentalidad “trivalente”, es decir que consideran que dicha población puede y no puede existir a la vez. Y en consecuencia, ella tiene pleno derecho a hacerse censar y después a votar. De esta manera se consolida la democracia masista. ¡Viva Bolivia!
Recibe un fuerte abrazo,
P.S. Uds notarán que mi amigo no es cocariquista ni masista. Pero vale la pena tomar nota sobre su advertencia, comenzando por verificar hoteles, albergues, pensiones y tambos para saber si aumenta la clientela para ese crucial día.

Yo preguntaría…

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Me parece que hay una falla en las informaciones que todos estos días he leído, visto y escuchado sobre el censo programado para noviembre. Las autoridades que ofrecen detalles sobre la consulta censal no dicen con qué grupo étnico se identifican. No se estaría violando ningún secreto si lo dicen. ¿Por qué no lo preguntan los colegas? La explicación que puedan ofrecer los declarantes ayudaría a los ciudadanos a definir su identidad en la boleta censal. Estoy seguro que si la Ministra de Planificación se identifica con alguna etnia específica, ayudaría a muchos. Lo mismo debería ocurrir con todas las autoridades, de arriba abajo. Las respuestas quizá ayudarían a determinar cuál es la etnia predominante en la cúspide gubernamental. Tendrían una noticia con audiencia asegurada.
Cuestión de hacerlo.

Necesidad de un nuevo censo

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Comparto con Uds. la entrega más reciente del diplomático Ramiro Prudencio Lizón. Vale la pena leerla.

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Varias entidades y muchas personas están pidiendo la realización de un nuevo censo, pies el anterior ocurrió en el año 2001, y se piensa que hay cambios significativos en el crecimiento y distribución de la población nacional.
Se considera que actualmente el país tendría más de diez millones de habitantes y ello, porque se realiza un cálculo de crecimiento anual mayor al 1.6%. El origen de este porcentaje proviene del increíble incremento que se produjo en el último censo, de cerca de un 30% con relación al anterior de 1.992.
Pero conviene subrayar que Bolivia no es un país que recibe inmigrantes, sino que por el contrario, su gente tiende a salir de su territorio. Se dice que sólo en la República Argentina vivirían cerca de un millón de nuestros conciudadanos.
Posiblemente el meollo del asunto se encuentra en que hubo graves errores en el censo del año 2001, debidos a que no se lo efectuó en el mismo día en las zonas urbanas y en las rurales, sino que en las últimas se lo hizo tres días después. Esto dio lugar a que los campesinos que vivían en las ciudades pudieran retornar al campo y hacerse empadronar nuevamente. Y había un motivo valedero para ello, la participación popular, la cual establecía que las zonas rurales más pobladas recibirían mayores ingresos del Estado.
Hay que tener presente que el deseo de que haya una mayor población en nuestro país no es de ahora sino de siempre. Casi todos los censos anteriores seguramente extendieron también datos con falencias, con el ánimo de presentar un mayor número de habitantes. Probablemente había un anhelo de que Bolivia se vaya acercando en población y riqueza al resto de los países más poderosos del continente. Pero este procedimiento, lamentablemente, acarreó en el pasado muy graves problemas.
Recordemos que los primeros censos de la República se llevaron a cabo durante el gobierno del mariscal Andrés de Santa Cruz, y dieron una población de más de un millón de habitantes, casi igual a la peruana y muy superior a la argentina y chilena. Pero Bolivia no podía tener esa cantidad de gente en esa época porque su territorio estaba casi despoblado. Evidentemente, el Mariscal deseaba hacer creer a las naciones vecinas que Bolivia era grande no sólo en extensión sino también en población.
Todos los censos posteriores a los de Santa Cruz continuaron con la costumbre de inflar la población. Pero lo absurdo de esos cálculos quedó demostrado en la Guerra del Pacífico. Mientras Chile movilizó a fines de 1880, cincuenta mil soldados para la invasión a Lima, Bolivia, juntando todo su ejército, apenas pudo presentar 5.500 hombres en el Alto de la Alianza.
La Guerra del Chaco fue otra prueba desgraciada de los errores censales. Se creía que el país contaba con unos tres millones de habitantes. Pero sólo pudo movilizar 160.000 soldados. Si se hubiese tenido esos tres millones, se habría podido reclutar el triple de hombres de los mencionados anteriormente.
Sabemos que los censos en el país han sido difíciles de realizar. No sólo por las distancias sino por la idiosincrasia de nuestra gente rural, que por desconfianza tendía a ocultar la verdad, ya sea reduciendo su número familiar o, por el contrario, con tendencia actual a incrementar las cifras.
Por otra parte, es menester eliminar ese tipo de consultas racistas que se dio en el censo anterior. En él se preguntó si uno era originario de este suelo. Una buena mayoría, 69%, manifestó tener ascendencia indígena, pero ello no significaba que se considerara indio, sino mestizo. Este resultado determinó que se estimara oficialmente que en Bolivia hay un 69% de indios y un 22,5% de mestizos, cuando el porcentaje seguramente debe ser al revés.
De todos modos, confiemos en que ahora, con nuevas técnicas y con mejores medios de comunicación existentes, el futuro censo sea bien organizado y se obtenga un resultado real y confiable, lo que coadyuvará a los futuros planes de desarrollo nacional para este segundo decenio del siglo veintiuno.