Mes: marzo 2019

Deshojando la cebolla

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Lejos de la unción cívica que caracterizaba la  jornada, transcurrió el primer Dia del Mar después del fallo del 1 de octubre pasado, cuando la Corte Internacional de Justicia decidió que Chile no está obligado a negociar con Bolivia ninguna salida al mar. Décadas de trabajo, apoyos de gran parte del mundo, fueron esfuerzos vanos. Muchos esperaron que el presidente Morales, cabeza de la gestión que llevó cinco años asumiese plenamente la responsabilidad por el fracaso y rindiera un informe. Pero esa palabra nunca apareció en las declaraciones presidenciales y el sábado 23 de marzo reiteró que el fallo de la corte contenía una convocatoria para que Chile y Bolivia siguieran dialogando. Para muchos pareció  un intento de volver atrás las manillas del reloj, un camino que muchos descartan por impracticable en las circunstancias actuales y con los mismos protagonistas. El tango se baila entre dos y Bolivia no tiene pareja.

En estas circunstancias, ha empezado a circular ¨Bolivia en La Haya – Lecciones del proceso contra Chile¨, (Editorial Plural, 140 páginas) con artículos de 14 internacionalistas que detallan el fracaso. El ramo de analistas aborda gran parte de los puntos que tienen en vilo a la sociedad boliviana, interesada en los pormenores del esfuerzo diplomático más grande del país en toda su historia. Entretanto,  todavía repercute la pregunta: ¿Por qué Bolivia se embarcó en una apuesta tan arriesgada que la llevó a dejar todo en la mesa de apuestas?  ¿De dónde partió la idea que el presidente Morales acogió con tanto entusiasmo y que llevó a muchos a creer que era, por fin, la estrategia correcta más de 100 años después del tratado de 1904? ¿Quiénes aconsejaron el paso? Es una historia fascinante aún no escrita. Las preguntas  llueven y no escampa.

Escuchemos preguntar al internacionalista Fernando Salazar Paredes en un artículo escrito para el libro presentado la semana pasada. Se refiere a la supuesta invocación que defienden el presidente y su gobierno para que Bolivia y Chile continúen negociando. ¨¿Dónde está la invocación? Una invocación es una acción de llamar a alguien, habitualmente con una connotación de urgencia¨, subraya en ¨El fallo de  La Haya, sofismas y mitomanía¨, y  recuerda que el llamado está en las líneas finales del fallo, en el párrafo 176 (en un punto seguido) cuando declara que ¨los hallazgos de la Corte no deben ser entendidos como si impidieran a las partes continuar su diálogo e intercambios en un espíritu de buena vecindad  para atender los asuntos relativos a la situación del enclaustramiento de Bolivia¨.

Los actos oficiales del ¨Dia del Mar¨ concluyeron con un mensaje presidencial, lejos de hacer eco en Chile como ocurría en ocasiones similares.

Los argumentos del presidente Morales diciendo que hasta Augusto Pinochet había reconocido (en una obra sobre geopolítica, antes de tomar el mando) que Bolivia había nacido con una costa de 400 kilómetros de longitud no tuvieron repercusión conocida.

Al abordar el tema de la supuesta invocación que Salazar lapida, el Presidente causó perplejidad en su audiencia cuando subrayó que la Corte no ha rechazado la demanda boliviana y, más bien, le ha abierto caminos para llegar al Pacífico soberanamente.

¿Era una forma de ¨posverdad¨?  Ante un público constituído mayormente por empleados públicos, cerró con la trillada arenga ¨Patria o Muerte, Venceremos¨.

Por una curiosa ironía, en esas horas los presidentes de Brasil Jair Bolsonaro y su anfitrión Sebastián Piñera suscribían una declaración en la que Bolivia quedaba excluída de un corredor entre Brasil y Chile. Ambos presidentes reafirmaban el compromiso con la construcción de un corredor para unir el centro-oeste brasileño con los puertos del norte de Chile. Bolivia quedaría cercada. Al escribir este artículo, la cancillería aún no había comentado el tema.

Un elemento importante del libro es el informe meticuloso que rinde Carlos Mesa, con una reseña de cada una de las intervenciones durante esa jornada. Es el informe que faltaba para el hombre de  la calle. Pero eso no justifica  la ausencia de una explicación oficial que solo podría ser compensada con actitudes efectivas inmediatas. Ellas pasan por el desarrollo moderno e intensivo de los puertos Busch y Aguirre (del visionario cochabambino Joaquín Aguirre Lavayén.) Un paso concreto sería establecer (y cumplir con) fechas para la entrega en operaciones totales de los puertos, con el compromiso del estado de desviar hacia ellos cuanto transporte de importación/exportación sea posible y demostrar a la agroindustria y los comerciantes pioneros que en el extremo oriental de Santa Cruz nace un polo de desarrollo de grandes proyecciones. Una acción paralela sería afianzar los puertos hacia el Atlántico que pueden partir desde el Beni.

Gustavo Fernández Saavedra, impulsor de la victoria diplomática de 1979, cuando la asamblea general de la OEA declaró que la cuestión marítima interesaba a todo el hemisferio, dice sin filtros que el resultado de la gestión fue una clara derrota para Bolivia. ¨Quien llevaba el estandarte era él, pero el fallo no le afecta solo a él¨ (el presidente Morales), dice el barroco título de su entrega  de solo siete páginas, transcripción de una entrevista con el diario Página 7, de La Paz. Su dictamen es que la via jurídica escogida por Bolivia no era la apropiada y que el estandarte queda ahora para las nuevas generaciones.

La frase entra en la bruma pues nadie, desde el 1 de octubre, se ha atrevido a estimar el tiempo para un nuevo empeño que, en cualquier caso, será con otros representantes bolivianos y con un interlocutor que ahora tiene todas las cartas en la mano.

 

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Juegos geopolíticos

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Dueña de una economía que el año pasado creció un envidiable 7,5%, la más alta tasa mundial del período, y con una población de 1.365 millones de  habitantes (de cada 100 habitantes del planeta, al menos 17 son de la India), el mundo fue advertido de la presencia del gigante asiático el 18 de mayo de 1974. Ese día, India detonó su primera bomba nuclear  e irrumpió raudamente al club exclusivo de países con armas atómicas. Todo el vecindario asiático se alarmó, en una región donde China ejercía una supremacía prácticamente absoluta.  Pero solo cerca de 25 años después, Pakistán, el rival geopolítico de la India, estampó su ingreso al club con su primera explosión nuclear. Para todos los efectos, la región se había vuelto un continente atómico.

El tiempo de Asia, como ha sido denominado este Siglo XXI, ha estado marcando repetidas hazañas que son parte de la pugna que protagonizan los dos gigantes. China envió su primer hombre al espacio en 2003 y en enero de este año se anotó un punto mayúsculo al enviar una sonda a la cara oculta de la Luna para transmitir desde allí imágenes del ignoto paisaje lunar.

El mundo no esperó mucho para conocer una respuesta de la India. Este miércoles un cohete indio hizo añicos un satélite ubicado en una órbita a 240 kilómetros sobre la Tierra. Fue una hazaña de precisión destructiva que solo Estados Unidos, Rusia y China habían logrado. Con ella, India se puso a  la par del trio militar y espacialmente más avanzado.

En este  marco llegó al país el presidente indio Ram Nath Kovind, con una agenda cumplida en Santa Cruz para hablar con autoridades nacionales sobre litio, industria farmacéutica, petroquímica y transferencia de tecnologías para el desarrollo de esas ramas industriales en Bolivia. La farmacéutica india está entre las más desarrolladas del mundo. Vaya Ud. a cualquier farmacia y pregunte por productos de ese país y se sorprenderá encontrar que, con patentes tradicionales, llegan a Bolivia muchos productos hindúes, gran parte de ellos también en sus versiones genéricas.

A esos temas se agregó la ferrovía interoceánica que conectaría las líneas ya existentes en Brasil y Bolivia para llegar desde Santos hasta Ilo, en la zona portuaria donde Bolivia tiene un puerto libre cedido por Perú, con conexiones hacia Arica e Iquique, en Chile. Hasta hace pocos días, los proyectos bolivianos en los que India podría participar representaban inversiones por más de 2.000 millones de dólares. Ahora la cifra se ha multiplicado por más de seis y con inversiones en gas natural. Bolivia espera que India invierta en la exploración de gas natural en el país y eventualmente venderle el producto y llegaría a unos 13.000 millones de dólares en un quinquenio.

Los gobiernos de ambos países consideran superada la experiencia con la firma Jindal, uno de los más grandes conglomerados industriales hindúes, con la que fracasó un millonario proyecto para explotar hierro del Mutún.

La vision India de sus relaciones exteriores pasa por encima las disputas políticas y geográficas y se enfoca en un desarrollo compartido con las naciones que albergan sus inversiones. Expresión de ese pragmatismo es el siguiente paso de la gira de su presidente. La autoridad india debe estar a estas horas empacando para ir a Chile, luego de tres días en Bolivia.  

 

En un aniversario

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El país conmemora estas  horas 140 años de la gesta heroica de Eduardo Abaroa, cuando está todavía por dilucidarse qué pasó  durante los cinco años que llevó la gestión encaminada por el presidente Evo Morales en busca de una solución para el enclaustramiento geográfico boliviano. La gestión zozobró en el 1 de octubre pasado, un hecho que pocos dudan en calificar como el mayor fracaso de la política exterior boliviana que el gobierno instauró bajo la que denominó ¨diplomacia de los pueblos¨.

Nadie duda, salvo el propio presidente y algunos de sus más cercanos colaboradores, que la gestión quedó sellada en esa fecha, cuando la Corte Internacional de Justicia decidió contra todos  los alegatos nacionales y dictaminó que Chile nunca adquirió el compromiso de negociar una salida al Pacífico para Bolivia. Los observadores concuerdan en que las consecuencias de esa derrota diplomática serán sentidas por muchos años y que será necesario contar con nuevos interlocutores antes de intentar cualquier nueva aproximación sobre el tema.

El aniversario de la gesta de Abaroa ocurre en el momento de mayor aislamiento político boliviano en América del Sur. Esto quedó manifiesto el viernes cuando Bolivia, país cuyos diplomáticos proclaman como  ¨país de contactos¨ por su posición geográfica en el centro de América del Sur, no estuvo al lado de  los  países que suscribieron el acta de creación de Prosur (todo el continente excepto Venezuela, Uruguay y Bolivia) con el que se pretende substituir a Unasur. Este ultimo organismo, ahora desfalleciente, fue creado a principios de la década bajo inspiración del comandante venezolano Hugo Chávez. El hecho de que el acta hubiese sido suscrita en Santiago y que su proponente principal fuera el presidente Sebastián Piñera, dice mucho para Bolivia y la línea política que sigue el gobierno del presidente Morales, equidistante de los que ahora forman Prosur.

En una región hasta hace poco dominada por el populismo de izquierda, el nuevo organismo obliga a sus integrantes a imponer la ¨plena vigencia de la democracia, de los respectivos ordenamientos constitucionales, el respeto del principio de separación de poderes del Estado, y la promoción y protección, respeto y garantía de  los derechos humanos y las libertades fundamentales¨. Los comentaristas subrayaban que la pastilla resultaría demasiado tóxica para los dirigentes alineados en el Socialismo del Siglo XXI, del que Venezuela y Bolivia son militantes solitarios en sudamérica.

A los siete países representados por sus presidentes, se sumó el Embajador de Guyana en Santiago, en un hecho que también fue un recado para Venezuela, que con Guyana tiene un viejo pleito pendiente por el territorio del Esequibo (dos tercios de Guyana).

El fracaso en la Corte Internacional de Justicia deberá obligar a Bolivia en redefinir sus líneas básicas de política exterior. La iniciativa de abrir debate la tomó esta semana el ex presidente Jaime Paz Zamora (1989-1993), al decidir viajar a Ilo, el puerto peruano sobre el Pacífico, donde Bolivia goza de un Puerto libre cedido bajo su gobierno, con seis kilómetros de longitud. Paz Zamora es candidato presidencial por el Partido Demócrata Cristiano y la decisión del ex presidente de conmemorar allí la gesta de Abaroa, y de inmediato viajar a Santa Cruz para sobrevolar los puertos fluviales de Puerto Busch y Puerto Aguirre,  subrayan el la intensidad que tendrá la política exterior en la campaña presidencial que empieza a aflorar.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Elecciones con sabor legislativo

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Todo parece indicar que tendrán un fuerte carácter legislativo las elecciones a celebrarse en octubre, cuando el gobierno decida la mejor fecha, pues no desea una sobreposición con las elecciones presidenciales en Argentina, donde en las más recientes elecciones hubo unos 100.000 sufragantes bolivianos. Debido a la disputa aún no zanjada definitivamente en torno a la recandidatura del presidente Evo Morales, que los principales partidos opositores se rehusan a aceptar, las principales organizaciones se preparan para una justa en la que por primera vez el principal trofeo puede no ser la presidencia de la república, sino la mayoria de las cámaras legislativas. Desde ellas se habrá de gobernar más que desde la presidencia durante el período 2020-2025, vaticinan politólogos y entendidos en cuestiones electorales.

El Partido de gobierno da por descontado que sus candidatos ganarán la elección. Pero esa premisa aún tiene un camino largo por recorrer debido a la oposición a una nueva candidatura del presidente Morales, que empieza a ser juzgada como una anomalía también en el exterior.

Con el gobierno de Nicolás Maduro tambaleante, o con los dias contados, como aseguran autoridades estadounidenses, resulta prematuro dar por asegurada la candidatura del líder boliviano cuando la corriente que lo lleva, el Socialismo del Siglo XXI, yace en la lona. La camiseta de esa corriente solo la visten el venezolano Maduro y el presidente Morales. De ella ya se apartaron los mandatarios de Argentina, Chile, Paraguay, Brasil y Ecuador, solo en América del Sur. Nadie duda que de persistir en su candidatura, tendrá que remontar una cuesta extenuante muy empinada. Nadie ignora las dificultades de gobernar en esas condiciones, bajo un ambiente externo crecientemente adverso.

La experiencia de perder para el oficialismo la gran mayoría de los escaños parlamentarios ha resultado nefasta para las fuerzas opositoras, que, como imbuídas de un impulso disgregador, han optado por caminos individuales contrario a unir sus fuerzas en un solo frente, sin esperar una todavía supuesta segunda vuelta presidencial basada en la creencia de que el candidato oficial no será capaz de ganar de un solo envión. Eso supondría un cálculo frágil, dicen los entendidos, un todo o nada peligroso para sus proponentes y sus seguidores cuando en muchos ciudadanos persisten dudas sobre la pureza del padrón electoral, al que se atribuye contener registros ilegales correspondientes a difuntos y duplicaciones, entre otros, capaces de alterar resultados.

Aún está pendiente un pronunciamiento de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y la Comisión Interamericana de DDHH sobre la legalidad de una nueva candidatura del presidente Morales. Ésta fue rechazada por el referendum de febrero de 2016 pero reimpuesta por un fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional que dictaminó que la re-elección, inclusive ad infinitum, es un  derecho humano  individual que se sobrepone a un derecho colectivo como el emanado del referendum.

La espera por el dictamen de ambas instituciones sobre el entredicho luce interminable.¨Estas instituciones deberían actuar de oficio sin siquiera esperar una denuncia¨, me dijo Rubén Dario Cuéllar, quien preside la Fundación Observatorio de Derechos Humanos y Justicia, que pidió el pronunciamiento de las cortes regionales.

¨El silencio que se empecinan en mantener sobre Bolivia, ronda la complicidad sobre la violación denunciada¨. Realcó que el fallo del TCP a favor de las reelecciones indefinidas ¨desconoce la voluntad del soberano expresada el 21F¨ e ignora la CPE que dicta que el presidente y el vicepresidente ¨solo pueden ser reelegidos por una sola vez¨.

Con la candidatura oficial aun en entredicho, los esfuerzos de los partidos que concurrirán a las elecciones de octubre deberán volcarse hacia los pretendientes a cargos legislativos. La campaña que se asoma puede ser una de las más reñidas de la historia.

Oscuridad en pleno día

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Al  mediados de semana, Venezuela  había desbordado las 120 horas de oscuridad, cuando las consecuencias de años de descuido y mal mantenimiento se volcaron sobre las turbinas y las líneas de transmisión de la presa hidroeléctrica del Guri, la tercera en el mundo en capacidad instalada, que dejaron de operar regularmente, y al menos una de su decena de turbinas colapsó y quedó reducida a escombros. Millones de dólares fueron convertidos en trozos inservibles de metal a la vera de la laguna artificial gigante, equivalente en superficie a la mitad del lago Titicaca, y millones de venezolanos perdieron acceso a la fuente que suministraba hasta el 70 por ciento de toda la energía consumida por su país.

En 1986, después de 25 años de construcción, cuando todas sus turbinas quedaron instaladas, el costo de la obra era calculado en 5.800 millones de dólares, una cantidad gigantesca que pocos países habrían podido desembolsar. Todavía bajo el proyecto de construir ¨la Gran Venezuela¨, un conjunto de obras faraónicas, el país pagó al contado casi todo. Fue la segunda presa hidroeléctrica más grande del mundo después de la egipcia de Aswan. (La de Itaipú es más grande, posee más turbinas y su producción es mayor, pero es binacional, de Brasil y Paraguay. )

Pero mucho antes del 7 de marzo, Venezuela ya vivía los prolegómenos del apagón al que la ha llevado el Socialismo del Siglo XXI, en el que también milita Bolivia. El sistema eléctrico trabajaba al máximo; sus técnicos aseguran que el mantenimiento era insuficiente, y que gran parte de sus  mejores empleados se había retirado.

Desde otras latitudes, la historia de este colapso nos la contó de antemano Eric Blair, el nombre real de Arthur Koestler, el novelista húngaro que en la década de 1940 entregó al mundo su mayor obra, ¨El cero y el infinito¨ o, también, ¨Oscuridad al Mediodía¨,  (¨Darkness at noon¨). Traducida a casi todos los idiomas, el impacto de la novela basada en el mundo en que al autor le tocó vivir fue tan brutal que nadie creyó que la historia que el novelista contaba podría repetirse jamás en la realidad posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Pero la historia no conoce el ¨jamás¨ y el 7 de marzo, hace muy pocos días, la sociedad venezolana empezó a vivir un apagón contínuo que de golpe y porrazo  la llevó 300 años atrás.

El desastre trajo muy rápido a la memoria la obra cumbre contada por Koestler sobre el régimen comunista que se  instauró en su país.

La versión ¨moderna¨ del Siglo XXI se presentaba como redentora del ¨socialismo real¨que habían vivido los países de Europa central y Rusia. Aquel fue un sistema identificado universalmente con Lubianka, la célebre prisión rusa que representaba el terror del stalinismo que Nikita Khruschev tuvo el coraje de denunciar (en 1956, tres años después de la muerte de Stalin, claro), en el vigésimo congreso del PC ruso.

Millones de venezolanos han vivido  estos años brutalidades asociadas al Socialismo del Siglo XXI (escasez de todo y violencia del poder y de las bandas delincuenciales vinculadas a él) como una materialización del sistema al que conducen, tarde o temprano,  los regímenes surgidos bajo esa corriente.  Ninguno de los principales jerarcas del gobierno nacional ha afirmado de forma contundente que esa no es receta para Bolivia ni que es meta del partido gobernante. Tampoco alguno de sus contrincantes de otros partidos lo ha exigido.

No parecen haber conmovido a ningún jerarca algunas imágenes notables de estos días, como la de la joven madre que llevaba en brazos a su hija muerta de inanición. Fue mostrada estos días en fotografías y por muchos canales de TV. Caminaba por calles soleadas de Valencia, estado Carabobo, con los despojos de la criatura en los brazos. Parecía una autómata, absorta en su dolor e incapaz de derramar lágrimas ni, aún menos, de articular palabras para describir sus sentimientos. El llanto se le  había acabado y no tenia dónde reposar su abandono.

Ella también era retrato del hambre que se había llevado a su hija y no tenia dónde dejar sus restos.  Era el retrato de un proyecto politico que se derrumbó.

Para saberlo y aplicarlo

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Miguel Henrique Otero es director y propietario principal del diario El Nacional, de Caracas. Como gran parte de sus colegas, ha sido perseguido por el régimen y ahora vive fuera de Venezuela. El tema que alude es universal para la lengua castellana. El tema interesa a todas las redacciones, donde el verbo ¨autoproclamarse¨ tomó carta de ciudadanía (ilícita) en la lengua. En el caso que nos ocupa, proclamarse es suficiente. No requiere de ¨auto¨, que es una redundancia probablemente mal copiada del inglés. Es redundante decir ¨se autoincriminó¨, como leemos en frecuentes notas judiciales. Vale la pena leer el artículo de Otero.


Ya basta: Juan Guaidó no se “autoproclamó”

Miguel Henrique Otero

LA OPINIÓN DEMiguel Henrique Otero@miguelhoter7

Insisten en repetir algunos periodistas y medios de comunicación, que Juan Guaidó se habría “autoproclamado” como encargado de la Presidencia de la República de Venezuela. Insisten, contrariando el sustento legal y político que demuestra exactamente lo contrario: que, lejos de autoproclamarse, Guaidó, obligado por sus responsabilidades como presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, sin abandonar esa posición, debió asumir, además, el cargo de presidente encargado de la República Bolivariana de Venezuela.

Resumiré a continuación lo que juristas de la talla de Allan Brewer Carías han explicado con claridad y rigor irrebatibles. El punto de partida, que se pretende seguir desconociendo, es que el 10 de enero de 2019 Venezuela se quedó sin un presidente elegido de forma constitucional para el período 2019-2025. Fue así porque las elecciones del 20 de mayo fueron ilegales, ilegítimas y fraudulentas. El primer lugar, no fueron convocadas por el Consejo Nacional Electoral, como ordena la Constitución, sino por la asamblea nacional constituyente, a su vez, organismo también ilegal, ilegítimo y fraudulento. Quienes repiten que Guaidó se “autoproclamó” olvidan que Smartmatic, empresa responsable del sistema electrónico de votación, denunció que los resultados presentados por el Consejo Nacional Electoral no se correspondían con lo contabilizado por sus máquinas. Se infló la votación para ocultar la enorme abstención que se produjo, en rechazo a una convocatoria fuera de la ley, por lo tanto, írrita y sin efecto alguno.

La propia Asamblea Nacional, cuando Guaidó todavía no era su presidente, declaró “inexistente” la supuesta reelección de Maduro. El 22 de mayo de 2018, dos días después de escenificada la farsa, el documento emitido por la Asamblea Nacional advertía que el proceso “incumplió todas las garantías electorales reconocidas en tratados y acuerdos de derechos humanos, así como en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela y la Ley orgánica de los procesos electorales, tomando en cuenta la ausencia efectiva del Estado de Derecho; la parcialidad del árbitro electoral; la violación de las garantías efectivas para el ejercicio del derecho al sufragio y para el derecho a optar a cargos de elección popular; la inexistencia de controles efectivos en contra de los actos de corrupción electoral perpetrados por el propio gobierno; la sistemática violación de la libertad de expresión, aunada con la parcialidad de los medios de comunicación social controlados por el gobierno, y la ausencia de mecanismos efectivos y transparentes de observación electoral”.

La Asamblea Nacional señaló, además, que bajo el amparo de los artículos 333 y 350 de la Constitución Nacional, el electorado “decidió rechazar, desconocer y no convalidar” la farsa, a pesar de toda la presión que el gobierno hizo, a través de la estructura burocrático-paramilitar, que intentó obligar a los ciudadanos a participar en la farsa. El 20 de mayo se puso en evidencia el inmenso rechazo político que la farsa provocó en la sociedad venezolana.

Ese 22 de mayo quedaron establecidos los fundamentos de lo que vendría después: Uno: la Asamblea declaró inexistente la farsa realizada el 20 de mayo de 2018. Dos: desconoció los resultados anunciados por el Consejo Nacional Electoral sobre la supuesta reelección de Maduro; Tres: desconoció cualquier acto de proclamación y juramentación.Nuevamente, el 13 de noviembre de 2018, la Asamblea Nacional ratificó que, a partir del 10 de enero de 2019, Maduro continuaría la usurpación, pues al no haber sido elegido, todos sus actos serían ineficaces.

Ante estas violaciones, inéditas en la historia de Venezuela, la Asamblea Nacional se vio obligada a actuar y aplicar de forma analógica lo establecido en el artículo 233 de la Constitución, que dice: “Cuando se produzca una falta absoluta del presidente electo antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo presidente se encargará de la Presidencia de la República el presidente de la Asamblea Nacional”.

Maduro, desprovisto de toda legitimidad, comete otro acto ilegal más: se juramentó, el 10 de enero, ante otra entidad ilegítima, el Tribunal Supremo de Justicia, evento que, por sí mismo, reconoce su imposibilidad de cumplir con el requisito exigido por la Constitución, de juramentarse ante la Asamblea Nacional. Ese mismo día, la Asamblea Nacional se declaró en emergencia, como consecuencia de la ruptura del hijo constitucional. En su intervención Guaidó advirtió que no había en Venezuela ni jefe de Estado ni comandante en jefe de la Fuerza Armada.

A continuación, el 15 de enero, la Asamblea Nacional, “única autoridad legítima y representante del pueblo venezolano”, tomó decisiones para restablecer el orden constitucional: declaró formalmente la usurpación de la Presidencia de la República por parte de Nicolás Maduro Moros, reputó como nulos los supuestos actos emanados del gobierno, y adoptó medidas para cesar la usurpación, dar inicio a una transición y hacer posible la convocatoria a unas elecciones libres.

Insisto: hablar de “autoproclamación” equivale a desinformar. También es un modo de sumarse a la campaña de Maduro para desconocer la legitimidad de Guaidó. Y, todavía más, es ofrecer argumentos a los robots de Putin contratados por el gobierno de Maduro, para inundar las redes de mensajes que repiten la frase “Guaidó autoproclamado”.

La amargura del dictador

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En julio de 1979, días antes de fugar de Nicaragua arrollado por la sublevación Sandinista, Anastasio Somoza se quejaba con amargura que, bajo presiones internacionales, especialmente de Estados Unidos,  se sentía como un tigre amarrado, incapaz de defenderse ante los golpes que lo empujaban al abismo de la derrota. ¨Me siento como un tigre encadenado a un poste al que no cesan de apalear¨, dijo el dictador en una de sus últimas entrevistas antes de huir para instalarse en el Paraguay de Stroessner. Maduro se parecía mucho al dictador nicaraguënse a principios de la semana,  pues hasta el jueves no lograba mover un pelo para detener al rival surgido en los últimos dos meses, cuyo ímpetu amenaza con arrastrarlo a un final  oprobioso.

Juan Guaidó llegó radiante por Maiquetía, el aeropuerto internacional de Caracas. Los funcionarios lo saludaron sonrientes y  lo llamaron ¨Señor presidente¨, ignorando las amenazas que horas antes proferian Diosdado Cabello y otros jerarcas del régimen de llevarlo preso al Sebín, el Servicio Bolivariano de Inteligencia, cuyas mazmorras el gobierno suele destinar a sus opositores. De allí hasta la ciudad, el joven legislador fue aclamado por multitudes. En uno de los tramos detuvo el vehículo que lo transportaba, se subió al techo y, ondeando una bandera, saludó a los cientos que sobre la principal carretera a Caracas lo vitoreaban. Con ellos, brazo derecho cruzando el pecho, y con una voz de estruendo multiplicado por la de los que lo rodeaban, cantó ¨Gloria al Bravo Pueblo¨, el himno nacional. Fueron momentos en los que el país se detuvo y a la cúpula del régimen pudo habérsele helado el aliento.  Uno de los instantes que Nicolás Maduro quizá más temía, se estaba materializando. ¿Qué hacer? En esos momentos, nada.  

Guaidó  llegó hasta la plazuela céntrica donde una multitud lo aguardaba. Allí comenzó a ejercer su mandato interino. Convocó a sindicatos de empleados públicos a reunirse con él al día siguiente, cuando los delegados obreros aprobarían un paro nacional escalonado para los días que vendrían y que esperaban fuese la antesala de la partida de Maduro.

La jornada fue emblemática, incluso porque era un aniversario que todos registraban. El 5 de marzo se cumplían seis años de la muerte del Comandante Chávez, cabeza de la revolución que había heredado Maduro, cuando la ciencia cubana no pudo contra el cáncer que había invadido el cuerpo del teniente coronel de paracaidistas que dio un vuelco a la historia de su país. Chávez volvió a Caracas para designar a Maduro como su sucesor poco antes de morir.

 Poquísimos recordarían que también ese día, 66 años antes, encerrado en un dormitorio de su dacha de las afueras de Moscú, murio José Stalin, en la cúspide del terror que infundía su poder. Fue atacado por un infarto masivo. Nadie pudo auxiliarlo sino después de horas de agonía, cuando la vida se le iba más allá de cualquier ayuda. Su obsesión por la seguridad había hecho que todos los accesos a la habitación fuesen  infanqueables.

¨Sic transit Gloria mundi¨, (así pasa la gloria del mundo), decían los romanos. El lunes continuaba diluyéndose el poder que había ostentado Maduro, voz indiscutible que durante los últimos seis años dominó el panorama de la nación con las mayores reservas petroleras del mundo.

 La historia de la epopeya que Guaidó (35 años) cumplió en las últimas semanas comenzó a acumular capítulos de leyenda. Desde su salida sigilosa de Venezuela hacia la frontera colombiana, para unirse al concierto que ofrecían celebridades musicales por Venezuela, hasta su retorno en Copa Airlines, desde Panamá, todo estuvo regido por un sigilo máximo. Por las redes se filtró que había viajado de Quito a Guayaquil en un avión militar y de allí en un avión diplomático de Estados Unidos hasta Panamá, donde rodeado de hermetismo, fue el último en embarcarse en un vuelo regular. Ya en el avión, pasajeros y tripulación lo reconocieron y lo vitorearon. Guaidó les pidió que los que habían filmado y grabado las escenas no las divulgaran hasta llegar a Venezuela.

Al salir del área de inmigración, en una escena rara vez registrada, lo aguardaba una docena de diplomáticos de Brasil, Estados Unidos, Argentina, Chile, Paraguay, Ecuador, que lo rodearon para protegerlo hasta que se embarcó en la movilidad que,  en un recorrido de 20 kilómetros, lo llevaría a Caracas. El gesto era un detalle mayúsculo pues, horas antes, Estados Unidos había advertido que el régimen de Maduro se cuidase de  cualquier incidente que alterase la normalidad del recorrido. La advertencia apuntaba principalmente a los ¨colectivos¨, las bandas del partido de gobierno.

Medios informativos atribuyeron a funcionarios de la Casa Blanca haber dicho que cualquier atentado contra Guaidó sería responsabilidad de Maduro que se extendería a sus aliados. Es decir, la seguridad de Guaidó también debia interesar a Rusia y China, lo mismo que a Cuba, Bolivia y Nicaragua.

La jornada del miercoles alcanzó un clímax surrealista cuando el régimen decidió expulsar a Deniel Martin Kriener, cabeza de la legacion diplomática alemana. El diplomático ignoró la orden y dijo que el gobierno de Maduro carecía de legitimidad democrática.

No son muchos los que lo entienden, pero esta la crisis interesa a Bolivia. Si se fuese Maduro, el gobierno boliviano perdería a su mejor aliado. Solitario en el continente, su camino se complicaría, con una oposición envalentonada que apretaría el acelerador para cerrar el paso a la nueva candidatura del presidente Morales, todo cuando se acercan raudas las elecciones de octubre. Estar solo y sin aliados, o con los supuestos aliados a varios fusos horarios de distancia, puede ser demoledor. Pero eso es tema de otra historia.

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