Isiboro-Sécure

Ahí viene Marina

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 El ex presidente norteamericano Richard Nixon dijo una vez que por donde fuera Brasil por allí iría América Latina. Eran las últimas semanas de 1971 y el ex presidente norteamericano brindaba por su huésped en ese momento, uno de los dictadores del régimen militar que comandó el destino del país vecino durante casi dos décadas.  Mientras hubo dictadura en Brasil, en el resto del continente se afirmaron los regímenes de fuerza. Cuando se reinstauró la democracia, ésta cundió firme entre sus vecinos. Cuando asomó Lula da Silva, los regímenes de izquierda se fortalecieron bajo características variadas y, en algunos casos, reacios a aceptar naturalmente una esencia de la democracia: la alternancia en el poder.

Una encuesta divulgada hace una semana en Brasil remeció las creencias que hasta pocos  días antes predominaban. La actual presidente Dilma Rousseff dejaba de ser favorita para ganar en la primera vuelta del domingo 5 de octubre y en el desquite sería vencida por la ecologista María Osmarina Silva de Souza, destacada ambientalista ex dirigente del Partido dos Trabalhadores, de Luiz Inacio Lula da Silva, y ahora con la bandera del Partido Socialista Brasileño.  Marina, simplemente así, como se la conoce en Brasil, emergía con un sorprendente 21% de las preferencias, encima de Aécio Neves (20%), hasta entonces el segundo favorito después de Dilma (43%).

El porcentaje que le otorgó la encuesta no era desconocido para Marina. Ya estuvo cerca en las elecciones presidenciales de 2010, cuando alcanzó 19,33% de los votos válidos de la primera vuelta, con el respaldo de cerca de 20 millones de brasileños. Dilma y el socialdemócrata José Serra disputaron la final, que ganó la actual mandataria.

El porcentaje de hace unos días no resultó de la pérdida de simpatías para Dilma o Neves sino de una disminución drástica de indecisos que se volcaron hacia el nuevo fenómeno electoral brasileño.  Los nuevos sondeos son aguardados con expectativa creciente pues la lucha en curso, de consolidarse la tendencia a favor de Marina, podría efectivamente reflejarse en los porcentajes de los dos favoritos.  Favorecerían a Marina los cansados con 12 años de gobierno del PT, que tuvieron una fuerte expresión en las manifestaciones callejeras activas hasta las primeras fechas del reciente mundial de fútbol. Las encuestas no han determinado con certeza qué candidato opositor cosecharía ese descontento, si Neves o Marina. En una de sus primeras declaraciones, la candidata opositora dio una señal nítida contra el continuismo que predomina en naciones vecinas: si llegase a ganar, sería presidente por un solo período.  

La candidata socialista tiene un camino empinado cuesta arriba y cualquier vaticinio es todavía prematuro.  De su lado cuenta con la solidaridad que ha despertado la muerte del líder de la “tercera vía” Eduardo Campos, cuando la avioneta en que viajaba el 13 de agosto se estrelló cerca de Sao Paulo. Si esa solidaridad crecerá o se debilitará, es algo que nuevos sondeos podrían detectar pronto. Pero tiene como haber principal su propia lucha política que la proyectó desde los siringales del Acre, donde nació (Rio Branco) en 1958. Su defensa del medio ambiente le dio renombre internacional y su figura, menuda y de apariencia frágil, se volvió una muralla contra la devastación de la floresta y  la utilización de las aguas de los ríos amazónicos en presas hidroeléctricas, un tema sensible en Bolivia, cuya región amazónica sufrió desastres naturales devastadores este año.

Un gobierno ambientalista en Brasil sería también un mensaje a favor del Tipnis (Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure), el tema que llenó los horarios estelares de la TV y acaparó los titulares de los medios impresos hasta hace poco tiempo. Sólo una semana antes de los comicios generales en Bolivia, los que habrá en el gigante vecino dentro de mes y medio serán seguidos con atención cuidadosa por todo el continente, presumiblemente por todo el mundo. El volumen de su economía está entre los primeros del planeta y el peso gravitacional de sus inclinaciones repercute sensiblemente entre sus vecinos.   

No es más de baja intensidad

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La violencia vista en esta jornada y mostrada por los canales de la TV no es más de baja intensidad. La Paz, Santa Cruz y Cochabamba fueron campos de batalla que desmentían la idea de que en Bolivia los conflictos en curso son de menor intensidad. Casi toda la red troncal de carreteras experimentaba bloqueos.

Piedras contra gases lacrimógenos tronaron en Puerto Pailas, una de las poblaciones de las afueras de la ciudad de Santa Cruz. Los vecinos denunciaban airados que los gases habían caido incluso en escuelas, aterrorizando a niños, a quienes se les suele enseñar que la policía es la representación de la seguridad de la población. La fuerza policial se impuso y consiguió levantar el bloqueo establecido personas de los servicios de salud, en huelga indefinida desde hace más de un mes. Los heridos de la policía eran tres. No se conocía cuántos heridos hubo entre los manifestantes.

En la autopista principal La Paz-El Alto también se desencadenó una batalla campal cuando la policía decidió dispersar a médicos, estudiantes de medicina y funcionarios de salud que bloqueaban el lugar.

En Cochabamba, las imágenes parecían las de una poblada que la policía intentaba contener. Los protagonistas eran los mismos: empleados del sistema nacional de salud y estudiantes, frente a la fuerza policial que no ahorró descargas de gases lacrimógenos.

Los bloqueos iban a extenderse al sur, en las próximas horas hasta afectar inclusive localidades fronterizas con Argentina. Parecía que toda Bolivia –o gran parte del país-  estaba en los momentos más agudos (¿?) de una convulsión generalizada.

Eran los momentos extremos de una crisis, como una olla de presión en pleno estallido. No había un conteo oficial de víctimas, salvo la de los tres policías, incluso un coronel, en Santa Cruz. Dos hechos más se sumaron a la jornada. Sobresalía la voluntad de los marchistas del TIPNIS rumbo a La Paz de continuar su recorrido, a pesar de las amenazas de pobladores de San Ignacio y de otros lugares con fuerte presencia oficialista de someterlos privándolos de agua y alimentación. Hasta ahora, en dos semanas de caminata, los marchistas no han sido frenados ni por el frío ni por el fango de los deteriorados caminos del norte y oriente bolivianos. Esta noche sus dirigentes aseguraron que su ánimo de continuar el trayecto en paz no sería doblegado.

No menos explosiva, por los inevitables peligros que encierra, fue la decisión de la Central Obrera Boliviana (COB)  de apoyar al sector salud en sus demandas y de rechazar el aumento salarial del 8% ofrecido por el presidente Morales el 1 de mayo. La organización decretó un paro general de 72 horas, del miércoles al viernes de la semana próximo. Al concluir este paro, habría una reunión para decidir un paro nacional indefinido. Para el lunes y el martes está previsto un paro del transporte.

Esta noche, era cada vez más insistente la pregunta para la que no había respuesta: ¿Qué vendrá después?

El informe del Defensor

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El informe del Defensor del Pueblo sobre la represión a los nativos del Tipnis el 25 de septiembre es también una invitación a los ciudadanos a votar, en la próxima elección presidencial, por un ministro de gobierno, no por un presidente. Si el que dispone de medidas tan delicadas como reprimir brutalmente una marcha indígena es el ministro de gobierno, así sólo intelectualmente, mejor elegir de manera directa al ministro y no al presidente.

Sarcasmo aparte, del informe se deduce que el ministro es totalmente autónomo y puede actuar sin que intervenga la autoridad presidencial. Está por encima del Primer Mandatario, quien no manda en asuntos delicados del estado. Del informe uno concluye que quien lo hace es el Ministro de Gobierno, y sólo él. Y muestra algo que eriza la piel: la policía encargada de velar por la seguridad ciudadana tiene entre sus miembros a numerosos sádicos,torturadores, violentos y desalmados. Cuando menos los 500 que actuaron en Chaparina. No es nada distinto de lo que ocurre en otros países,donde miembros de la policía, incluso en USA, suelen también ser violentos. Pero aquí uno se pregunta: Con qué tranquilidad se puede estar al lado de  cualquiera de ellos?

El informe del defensor tiene vacíos, y esta noche fue objeto de múltiples censuras de la audiencia de PAT (No Mentirás), pues no define toda la cadena de órdenes para “intervenir y desarticular” la marcha.  Algunos nativos fueron literalmente desarticulados. Al aceptar la dimisión de Llorenti, el presidente dijo que se iba su mejor colaborador pero que esperaba a tenerlo cerca pronto. El tema es amplio y no se agota.

¿Quién?

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La pelota rebota de  un lado a otro y nadie quiere agarrarla.  Estamos cerca del segundo mes del asalto policial sobre los marchistas del Tipnis y  nadie asume la responsabilidad de haberlo ordenado. Saber oficialmente quién dio la orden para intervenir la marcha y tratar de desarticularla a palazos, llevando presos a decenas de  marchistas se ha vuelto una adivinanza cuya respuesta todos parecen conocer  pero nadie en las altas esferas se atreve a decirla. Las únicas versiones oficiales  sobre la cadena que llevó a la represión están nebulosas.  Es como si Obama callase  sobre quién ordenó la operación que acabó con la vida de Bin Laden o si el presidente Chavez asegurase  que él nada tuvo que ver con el levantamiento militar de  febrero de 1992.  Sin embargo, ya han sido apuntados el jefe policial responsable de ejecutar la operación, el subcomandante Oscar Muñoz, y los “mandos medios”, acusados de “cometer excesos”.  La culpa, entonces, está, hasta ahora, en el ex subcomandante  (relevado tras ser divulgadas las imágenes  del apaleamiento) y en esos “mandos medios”  cuyas identidades son también secretas. La instrucción original, de donde partió la luz verde para la operación, es el secreto oficial del año.

El ex viceministro de Régimen Interior, Marcos Farfán, también destituido,  ha dicho que la ejecución correspondió al general Muñoz y que la orden “vino de La Paz”. La ex autoridad se queda corta y vaga, pues no termina la frase. La Paz tiene 700.000 habitantes. ¿Cuál de ellos dio la orden? ¿La ciudad entera que días después se volcó a dar la bienvenida a los marchistas? Ahora tampoco se acepta un careo entre Farfán y el ex ministro Sacha Llorenti, también arrasado por la crisis derivada del apaleamiento.  El vicepresidente García Linera dijo que lo sabía y pidió no impacientarse al periodista que hacía la pregunta pues pronto la identidad del o de los mandantes no sería un secreto.

Justa Cabrera, la dirigente guaraní, lo dijo con voz clara y alta hace dos semanas, que muy pocos no  habrán escuchado: el Presidente de la República (si verbalmente o por memorándum, no interesa). En  una entrevista, me aseguró que se lo había dicho sin pelos en la lengua  el mismo día de la represión  un senador indígena del MAS, cuando ambos coincidan en un programa de la TV en Cochabamba. Y que lo mismo lo había dicho a varios medios de informativos, pero que el presidente no leía periódicos ni escuchaba la radio o la TV. La información que recibió  Justa Cabrera no decía nada extraordinario.  Una operación de esa magnitud no podría haber sido lanzada  si no la ordenaba la máxima autoridad en cualquier lugar del mundo. El presidente,  sin embargo, no ha salido al frente para decirlo  al país  ¿Por qué? Las victorias tienen muchos padres. Las derrotas son huérfanas. Y la intervención del Tipnis se convirtió en una derrota amarga que arrasó con el “quieran o no quieran”.  Pretender revertir esa derrota es jugar con fuego.

El tema lo verán con más cuidado  los historiadores.  Como otros observadores, creo que el presidente Morales tendrá muchas  dificultades para eludir  su responsabilidad sobre lo acontecido, que marca el punto más bajo de su administración. Presenciamos  los estertores de una ruptura entre el gobierno y los movimientos indígenas de todo el nororiente, el sector de nativos que con sus marchas de la década de 1990 pavimentó la ruta para la  llegada del actual gobierno al poder.

Intangibilidad

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Desde ayer está en proceso un debate que esta tarde se intensificó al  comenzar en el Poder Legislativo la discusión del proyecto de ley modificatoria de otra respecto al Tipnis. El cuello de la  botella lo constituye la palabra “intangibilidad”, intocable. La palabra viene de “tangere”,  tocar. Intangible equivale, entonces, a intocable.  Y las dudas se han vuelto fuego estimuladas por el temor de que, al ser declarado intangible, en el Tipnis no se pueda tocar ni un plátano, menos cortar algún árbol  o cazar y pescar. Es decir, sus habitantes, autóctonos o no, tendrían el Tipnis solamente para contemplarlo. Los nativos se preguntaban si no se les  habría tendido una trampa.  El debate legislativo era intenso, con acusaciones de uno y otro lado en torno al tangible problema. Qué es lo intangible? Todo el parque, sus árboles, sus animales, su terreno? Habrá que elaborar una ley interpretativa?

Quienes creímos que los acuerdos iniciales eran una clara señal de paz, no estábamos en lo correcto. Hoy han empezado a movilizarse cocaleros del Chapare y algunos grupos comenzaban a reunirse en la Plaza 14 de Septiembre, en Cochabamba (correcto; anterior entrada mencionaba a la Plaza Murillo de La Paz),   para presionar por la construcción de la carretera, tal como había sido originalmente diseñada: a través del parque.

Para los hombres de la selva la caminata no ha terminado. La palabra que les ofreció el gobierno para zanjar la disputa -intangibilidad- era observada con marcada susceptibilidad.

Eran pasadas las 23:30 cuando la TV oficial, Canal 7, mostró al presidente Morales firmando la nueva ley, que incluye el término.  Luego pronunció un discurso en el que reiteró, mostrando un fajo de documentos, que había recibido pedidos de pobladores de la región (Beni y Santa Cruz, dijo en un momento, confundiendo a Santa Cruz con Cochabamba) para que se construya la carretera. Por su mirada y su rostro con expresión adusta, no estaba en un  momento que le agradase. Pero los nativos dentro y fuera del Palacio de Gobierno celebraron la promulgación.

Desde Santa Cruz, los canales de TV mostraron imágenes en las que los nativos levantgaban la vigilia que habían mantenido a lo largo de diez semanas y se preparaban para el retorno.

En La Paz, los dirigentes de la marcha habían dicho que se retirarían con una despedida, pero no estaba claro en qué momento la harían. La jornada acababa bajo una cierta atmósfera sombría, estimulada por no saber qué harían los grupos de cocaleros que  hab;ian empezado a renirse en la plaza principal de C ochabamba para presionar por la  continuidad de la obra de acuerdo a su diseño original.

Hoy, miércoles 27 de octubre, el Dr. Jorge Ordenes, académico de la lengua, accedió a una explicación etimológica del discutido término. Hé aquí:

Intangibilidad (que no puede ser tocado) , en uso desde desde más o menos 1500, viene del francés intangible o quizá directamente del latín intangibilis de significado contrario a tangibilis o tangible. Intangible (adjetivo) desde más o menos 1880 significa que no puede ser captado por la mente… y menos por los sentidos.

Sin retorno

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Ahora no hay duda que el gobierno del presidente Morales, generador de expectativas en toda Bolivia y en muchos otros lugares como una señal de que “otro mundo” sería posible, no representa más esas esperanzas. Al menos para los indígenas y muchísimos bolivianos.
Ya en agonía, esas expectativas murieron el 25 de septiembre, cuando un puñado de nativos de los llanos resistió la embestida de la policía enviada por las autoridades para reprmirlos y apresarlos.
Hasta ahora nadie da el paso al frente para decir “yo fui” quien dio la orden. Los nativos ofrecieron la otra mejilla y la población de Rurrenabaque, a donde habían sido trasladados en camiones, actuó como un solo Cirineo, superó a los custodios y los liberó. Al llegar a La Paz, recibieron una bienvenida apoteósica, con cientos de miles de paceños en las calles, una multitud que jamás el gobierno había visto junta en su sitio fuerte.
Con su gesto bravío, y sin bombazos ni dinamitazos, los nativos dieron una lección sobre cómo marchar pacíficamente por sus derechos. Toda Bolivia, salvo escasas excepciones, blindó a su alrededor la causa de los Tipnis. El presidente se fue a Cochabamba, y no quiso saber, al menos en esas horas, de quienes habían caminado 600  kilómetros para llegar hasta él.
El gobierno, racionalmente o no, siguió con rigor el principio ultra-marxista de que nada es permanente; todo cambia. Como todo cambiaba, era complicado asumir decisiones que habrían sí tenido carácter permanente. Como la de modificar el trazado de la ruta carretera a la que se oponen los Tipnis, bautizados popularmente como tales para simplificar su nombre e identificarlos mejor.
El  “otro mundo”  había quedado a flor de piel con la imposibilidad de hacer trabajar efectivamente a nuestra industria gana pan, el gas natural, que, desprovista de recursos, y hasta de equipos de perforación, ofrecía anuncios por aquí y por allá sobre descubrimientos potenciales.  Nadie se recuerda ya de la ceremonia pomposa con la que el presidente inauguró la perforación de un pozo, hace unos dos años, sin  que se conozcan aún los resultados.
Los nativos reclaman al presidente, quien hasta  este viernes sólo los había escuchado por la radio, la TV o los altavoces con los que hablaban en la Plaza Murillo, que cumpla su palabra y cumpla con la CPE que él pidió que fuese aprobada sin modificarle ni una coma.   Así, tienen el Art. 402 que amalgama su demanda:
“Se reconoce la integralidad del territorio indígena originario campesino, que incluye el derecho a la tierra, al uso y aprovechamiento exclusivo de los recursos naturales renovables en las condiciones determinadas por la ley; a la consulta previa e informada…”, etc.
Repárese: La consulta es previa, no posterior. El gobierno,  sorprendido desnudo, propuso una consulta fuera de los límites de la CPE. Con su imagen ahora maltrecha, el gobierno estaba ante el dilema de seguir desoyendo la demanda de los nativos, convertida en causa nacional, y atenerse a un deterioro mayor, o recular por completo, y explicar su actitud a los constructores de la obra y a quienes la financian: Brasil. Y, sobre todo,  arriesgarse a un  desangre político mayor. ¿Cómo explicar haber esperado una marcha de 65 días más dos jornadas de tensión en la Plaza Murillo para  luego volver atrás? Sus aliados y no aliados podrían ver gráficamente su debilidad ante las movilizaciones populares, como la tuvieron aquellos mandatarios a quienes él contribuyó a deponer. Decidió recular y al mediodia anunció que no habrá la carretera que “sí o sí’ había dicho que se haría. Un punto para el sentido común.

Estos días de octubre me parecen demasiado largos.

No hay diálogo, no habrá más cartas

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La posibilidad de apertura del diálogo entre los Tipnis y el presidente Evo Morales se desplomó este jueves. Tras un intercambio de cartas –la distancia entre los dos bandos no debe superar los cien metros- los nativos decidieron: Basta de cartas. No hemos caminado cientos de kilómetros para escribirnos cartas. Queremos hablar cara a cara,  dijeron los líderes marchistas, mientras la Plaza Murillo era atrincherada por la policía, que no permitía el ingreso de la mayoría de los marchistas que había quedado fuera.

Al gobierno pareció particularmente disgustado por el planteamiento de los marchistas para que en la Plaza Murillo, donde se ubicaría una porción considerable de marchistas, sea instalada una pantalla gigante  para observar los detalles del encuentro. El presidente Morales, por primera vez políticamente contra las cuerdas tras la abrumadora cantidad de votos nulos en la elección judicial del domingo, accedió a que lleguen hasta él hasta 30 dirigentes nativos.

El disgusto gubernamental con la transmisión en vivo del encuentro omitió recordar que los acontecimientos primarios en un país suelen ser vistos por toda la población. Ejemplos recientes: los propios mensajes del presidente y, para ir más atrás, las reuniones del presidente con los entonces prefectos en el palacio de gobierno en torno a la autonomía en gestación.

Una democracia transparente no teme mostrar a la ciudadanía las incidencias de un diálogo trascendental como el que debe constituir el encuentro de indígenas de las tierras bajas con el Primer Mandatario. Este blog ha pedido que la reunión sea pública.

El fuerte cordón policial contrastaba con el carácter pacífico y alegre de la llegada de los marchistas, que algunos medios dijeron que había congregado a cientos de miles de paceños. Raras veces La Paz había visto manifestaciones sin dinamitazos.

El ministro de Gobierno, Wilfredo Chávez, dijo que los cordones policiales que impedían el ingreso a la Plaza Murillo era de seguridad y calificó de incomprensible la actitud de los dirigentes de los marchistas de  insistir en que a la primera reunión asista un número de nativos que no podría caber en el Palacio de Gobierno. La llegada de algunos estudiantes y maestros crispaba el ambiente.

Los marchistas dijeron que daban plazo hasta las 08:00 de este viernes para que la guardia policial sea retirada de la plaza y los  marchistas y la ciudadanía puedan ingresar al lugar. Pidieron que La Paz y organizaciones sociales y sindicales estén prontas para solidarizarse con ellos.

El presidente y sus ministros se retiraron del Palacio de Gobierno, tras criticar la actitud de los marchistas de pretender una pantalla grande en la plaza. En el Salón Ministerial del palacio habló pocos minutos ante las cámaras y, como es habitual, no hubo preguntas.

Brasil discreto y distante

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Una columna de O Estado de Sao Paulo dice hoy:

A pesar de ser el financista de la carretera, el gobierno brasileño quiere estar distante del problema causado por la obra y por las manifestaciones de los indígenas. El gobierno y la oposición en Bolivia intentan involucrar a Brasil en la discusión, pero el gobierno de la presidenta Dilma Roussef quiere mantenerse callado, hablando lo estrictamente protocolar, mientras espera que Bolivia decida que quiere hacer con la vía.

Mientras la oposición boliviana quiere que el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Sosicla (BNDES) sea duro en la entrega de recursos, el gobierno de Evo presenta el hecho de que el banco ha aceptado financiar la carretera como una garantía de que estaría haciendo correctamente todo. Ninguno de los dos lados, por tanto, escuchará declaraciones de representantes del gobierno brasileño. Al contario de años pasados, cuando el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva llegó a apoyar a gobiernos amigos contra la oposición local, esta vez la orden es mantener una discreción total.

En conversaciones con O Estado de s. Paulo, los diplomáticos explican que Brasil no tiene razón alguna para involucrarse en asuntos internos de Bolivia, el financiamiento del BNDES atiende, en verdad, a un pedido del presidente boliviano Evo Morales  a Lula.

La disputa por la construcción de la carretera tendría como fondo,  según las fuentes, una cuestión electoral, En especial una demostración de fuerza en las elecciones para los tribunales (magistrados) superiores bolivianos, marcada para octubre (16). La votación que escoja a los presidentes de los tribunales (de justicia) regionales de Bolivia, es la última antes de las elecciones generales de 2014.

 

Periodistas salen en defensa del Tipnis

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La Asociación de Periodistas de La Paz se ha puesto en primera línea al lado de quienes defienden el Tipnis y  reclaman al presidente Evo Morales consecuencia con los principios ambientalistas  y devoción por la “pachamama” que hasta hace poco proclamaba.  “Exigimos de las autoridades y del Jefe de Estado, en particular, dejar a un lado la soberbia y acudir al diálogo conciliador para dar pronta solución a la justa demanda de nuestros hermanos que reclaman una vida digna amparado por el principio del  ‘suma a q’amaña’”(el vivir bien, que postula la constitución).

Sin decirlo directamente, le exigen al presidente ética en su comportamiento político. Si postuló una causa incluida en la CPE y reiteradamente juró defensa a la madre tierra, deber ser consecuente con sus palabras y actitudes, y no intentar salir airoso por encima  de los que le están reclamando diálogo y que les explique por qué no hizo la consulta que señala la CPE para explotar y trabajar sobre tierras protegidas. Hay de por medio valores éticos con los que se debe ser consecuente y sobre  los que debía haber sido alertado. No creo que el gobierno quiera que este conflicto se ahonde. Pienso que, más bien, está buscando cómo salir de él relativamente ileso del conflicto en el que está inmerso.  No creo que políticamente salga inerme, pero moral y éticamente  una actitud de dar un paso atrás le permitiría una revaluación de su calidad de gobernante, a pesar de quienes desde dentro de su gobierno no se atrevieron a decírselo.

Es la primera vez que leo que los colegas periodistas colegiados se pronuncian decididamente a favor de la causa que defienden  los nativos del Tipnis  -con apoyos en todo el país – e inician un  movimiento que trasciende las fronteras.

Un comunicado difundido este lunes por la APLP subraya que el gobierno “debe cumplir con la Consulta Previa Obligatoria Constitucional y escuchar a los Indígenas que marchan en defensa del TIPNIS” como la manera de frenar “la creciente conflictividad que ha derivado en agresiones contra periodistas y  la libertad de expresión”.  El documento de los periodistas es tajante: “Consulta previa es consulta previa”, es decir ANTES de empezar la obra. El gobierno no lo hizo. Además, ha escuchado a una porción de nativos disidentes (¿cómo ocurrió la disidencia? Nadie nos lo ha contado, todavía) y con eso tiene la impresión de haber cumplido con lo que manda la CPE. O siaquiera haber mostrado el propósito de hacerlo.

Los periodistas dicen: “Utilizar eufemismos para disimular bloqueos que atentan contra el derecho a la protesta de los indígenas, publicitar el seguimiento a las conversaciones telefónicas de sus dirigentes, hostigar a los marchistas con acusaciones sin pruebas y amenazar a periodistas con procesos y torturas atroces, no resuelve el conflicto. Lo agrava”. Y  enseguida subrayan que tales actitudes  “revelan una actitud autoritaria  de desacato a las hormas básicas de convivencia democrática y de preservación del Estado de Derecho”.

La APLP dice que el gobierno, para mantener su discurso en defensa de la Pachamama,  debería recordar el artículo 32 de la Declaración de las NN.UU. sobre los derechos de los pueblos indígenas, que establece que estos pueblos “tienen derecho a determinar y elaborar las prioridades y estrategias para el desarrollo o la utilización de sus tierras o territorios y otros recursos”. Además recuerdan que los pueblos indígenas, de acuerdo a la misma declaración, tienen derecho a la “participación de los beneficios” que genere la explotación de riquezas naturales dentro de sus territorios. De este punto, no  he escuchado decir una palabra a las autoridades.

Al anochecer,  un grupo de mujeres y de dirigentes del CONAMAQ se declaró en vigilia en  las puertas del templo San Francisco, de La Paz, en actitud solidaria con los marchistas del Tipnis, sólo horas después de una escaramuza entre guaraníes y policías en la ruta Camiri-Santa Cruz, de la que resultó cu ando menos una docena de  heridos de ambos bandos. Lo decía Erbol, la  agencia noticiosa que reúne las informaciones de unas 300 emisoras radiales. Por la noche, los guaraníes, que expresaban a través de Radio Fides su protesta por la actitud del gobierno respecto a los Tipnis, aseguraban que la policía no había logrado reducirlos y que el bloqueo continuaba.

¿Abandonados?

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La interrogante es por la indiferencia que muchos sectores, antes comprometidos con las causas ambientalistas, exhiben ante la marcha de los Tipnis, próxima a la segunda semana al escribir este artículo.

La marcha de 1990 fue saludada por doquier. Los marchistas fueron vitoreados por donde pasaban. Dirigentes nacionales iban a su encuentro. Hace tres años, el presidente Morales fue hasta Trinidad para conmemorar esa marcha.

El mundo da vueltas y los mismos indígenas y de la siguiente generación, ahora marchan por razones parecidas. Antes pedían que se les reconociese su tierra. Lo lograron. Ahora piden que no se la malogre con una carretera que partiría la reserva, extendida sobre unos 1.100 Km2  (unas catorce veces el tamaño de Nueva York), y causaría depredación inevitable por sus alrededores.  El presidente les dice chantajistas y rehúsa reunirse con ellos. Les ha ofrecido ministros, que en dos ocasiones esperaron en vano a los nativos. En  la tercera, ayer jueves, los nativos exigieron que se presente casi todo el gabinete. Era una situación parecida a la que prevalecía cuando el presidente Morales capitaneaba a los indígenas y desdeñaba reuniones con ministros.
Uno de los emisarios del gobierno, el ministro Carlos Romero, creció políticamente en las filas del CEJIS, una ONG que insufló vida al movimiento indigenista. Romero afirma que hay nativos que utilizan la marcha como  pretexto para el contrabando,  venta ilegal de tierras y  la depredación general. (No ha dicho una palabra sobre las plantaciones de coca mostradas hace pocos días por diarios nacionales, entre ellos El Deber). Para ser consecuente y creíble, el gobierno debería  remover a los colonos (eufemismo por cocaleros), trasladar los campamentos y tender vigilancia permanente sobre los lugares susceptibles de invasión.

Antes, los marchistas eran héroes. Ahora, para muchos de los que los vitoreaban, son villanos. Este trampolín sólo puede explicarse con la fuerza del movimiento cocalero en el gobierno. Los cocaleros creen que es hora de cobrar  promesas de vieja data. El dirigente David Herrera (informaba Erbol), declaró que “el gobierno, durante la campaña electoral (de hace seis años) se comprometió a construir esta carrera añorada…”. El dirigente hablaba, según el mismo medio,  en “la zona colonizada del Polígono 7, que está dentro del Tipnis”.  El presidente tiene razón entonces cuando dice que el Tipnis no es tan virgen. En la zona hay unos 5.000 afiliados a la Federación de Cocaleros del Trópico.

Nadie duda de la influencia benéfica de una carretera como factor de crecimiento y desarrollo económico. Con una obra de esa magnitud, llegan legiones de vendedores de servicios y la oferta laboral crece. Además, se trata de una vinculación necesaria para ayudar al Beni a dejar de “guardar” el hermoso futuro del país, como canta un himno. Pero no a ese costo, con pocos dispuestos a aceptarlo.

Hasta ahora se desconoce alguna justificación seria para el trazado original por el parque en vez de circunvalarlo. No se ha hablado de costos para esa circunvalación ni de una eventual interdicción del lugar para la coca, el nuevo maná boliviano.

El ministro Romero afirma ahora que ha sido en tierras guarayas cruceñas donde ha habido mayor  depredación. De esa región, asegura, se han extraído 1.2 millones metros cúbicos de madera que generaron US$2.12 millones. ¿En cuánto tiempo ocurrió eso? ¿En los últimos cinco años, dos años, 10 años? No ofrece datos.

Como está definido el juego, se trata de Tipnis vs. el gobierno y cocaleros. ¿Qué tienen los Tipnis para equilibrarse? Fuerza legal y moral y la comprensión de los movimientos ecológicos de gran parte del mundo. Con apoyo significativo dentro y fuera del país, su causa puede conseguir que la obra sólo bordee su territorio. Es decir, que el gobierno enganche  su proyecto en retro.