Mes: junio 2019

Perla informativa en defensa del voto

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El equipo de prensa de Radio San Miguel, del Vicariato Apostólico de Pando, exhibió para a su audiencia esta semana una señal de un fraude electoral en curso en la región nororiental: en un hotel y en casas privadas de Riberalta  había un registro computarizado de votos a favor del  Partido de gobierno. Todo esto a solo cuatro meses de las elecciones.

Ante las pruebas descubiertas, nada parece atenuar el delito: Multitud de papeletas de inscripción, equipos informáticos de identificación, escritorios  y miles de bolivianos que un supuesto funcionario distribuía desde la falsa oficina de registro en la que operaba.

El esquema aún require de investigaciones más detalladas, pero dirigentes cívicos del lugar, especialmente mujeres, intervinieron  uno de esos centros y, de acuerdo a videos que han circulado por  las redes sociales, decomisaron material impreso, y al menos 7.300 bolivianos que uno de los delincuentes electorales utilizaba para pagar, dijeron los denunciantes,  entre 100 y 300 bolivianos a cada individuo que se sometía a la ilegalidad. El dinero, según dijeron en uno de los videos, sería entregado a la Corte Electoral como  prueba de la irregularidad, que ahora muchos temen que esté diseminada por gran parte de los pueblos orientales.

El incidente ha ocurrido en un terreno fértil para las sospechas, que las autoridades tendrán que disipar cuanto antes para restablecer cualquier credibilidad que trataban de construir sobre el comicio previsto para el 20 de octubre. Incidentes como el ocurrido en Riberalta corroboran la suspicacia creciente por esa debatida elección.

Ante la competencia venidera, el trabajo reporteril de la emisora ha sido un alerta temprana. El alerta anuncia que hay tropelías a la vista para falsear el veredicto popular. El Partido de gobierno participa en la elección encabezado por sus dos principales candidatos, ambos vetados por ley pero impuestos por el Tribunal Nacional Electoral que optó por ignorar el referendum del 21 de febrero de 2016 que rechazó las candidaturas que excedían los tiempos legales. Tanto el Presidente como el Vicepresidente permanecen en el mando desde hace 14 años, con la aspiración declarada de convertirse en gobernantes vitalicios. El incidente de Riberalta puede entorpecerles el camino.

El golpe informativo de la emisora católica, considerada como la de mayor audiencia en el nororiente y una de las pocas con alcance internacional, ha generado inquietud entre sus periodistas, temerosos de represalias de las autoridades locales. La Jefe de Redacción Carmen Ruelas Pardos ha sido convocada por una fiscalía para declarar el lunes sobre la denuncia de una senadora (Maria Simone Cuéllar, del Partido de gobierno)  que la acusa de ¨acoso político¨. La acusación es anterior al incidente sobre los votantes clandestinos y se refiere a acusaciones laborales contra una empresa sin contrastarlas, sostiene la senadora, de acuerdo a la versión de los denunciados).  Pero el Director de la emisora, Carlos Arce Castedo, ha dicho que quien irá a declarar será él, como responsable periodístico de la emisora.

La intervención de la senadora ha creado un revuelo que rompió las fronteras del departamento y ha comenzado a interesar a los diarios nacionales y a ser señalado  como demostración de la senda estrecha y peligrosa por la que debe transitar el periodismo independiente en Bolivia. La dimensión que cobra el caso es algo que los que lo exhibieron no imaginaron. Arce Castedo y  la Jefe de Prensa Ruelas Pardos no sospecharon que la denuncia de un delito electoral infraganti se iba a convertir en una perla noticiosa causante de trastornos actuales.

Ambos son considerados periodistas de marca superior en la región y gozan de amplio respeto de su audiencia. De su  lado, en defensa de la  libre expresión, se han colocado las principales agremiaciones nacionales del ramo, que también estarán atentos a  lo que pueda ocurrir en la ciudad capital de la goma elástica y la castaña (la nuez del Pará), que a principios del siglo pasado, junto a Cachuela Esperanza, fueron el conducto comercial boliviano para llegar el Atlántico, y una fuente primordial de ingresos para el erario boliviano.

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Una nueva doctrina de seguridad nacional

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Hace casi nueve meses quedaron cerradas las puertas para una solución ajustada al derecho internacional del litigio marítimo con Chile. Cuando la Corte Internacional de Justicia dictaminó que Chile no tiene ninguna obligación de negociar con Bolivia una solución al enclaustramiento en que la dejó la Guerra del Pacífico, el caso quedó cerrado. Por más que las autoridades busquen rendijas por las cuales volver a asomar el tema, lo cierto es que el caso se acabó. La creencia que el gobierno estimula de que hay todavía chances para negociar, es un engaño. Para comenzar, es natural pensar que cualquier hipotética gestión no ocurrirá con las actuales autoridades nacionales y, si la hubiere, el empeño corresponderá las  próximas generaciones de diplomáticos. El tema está todavia candente y parece propicio para ingresar a los debates en momentos en que empiezan los primeros escarceos de la campaña para las elecciones de octubre.

Apoyado en la victoria de su país, el mandatario vecino ni siquiera ha respondido a la nota que le envió el presidente boliviano proponiendo reabrir las negociaciones respecto  al que hasta el 1 de octubre del año pasado fue el tema magno de la política exterior boliviana. Ese argumento se apoya en el ultimo párrafo de la declaración de la CIJ. 

Hasta ahora no se conocen los detalles que condujeron a ese fracaso histórico, pese a que a una porción importante de la población se le quiere hacer creer que todavía hay opciones válidas. Más bien, la ciudadanía siente la ausencia de un ¨Libro Blanco¨ que detalle los permenores del fracaso. Esta es una obligación pendiente que los responsables hastaq ahora han esquivado , bajo la creencia de que es possible esconder para siempre la basura bajo la alfombra.

Es proverbial el aserto de que las victorias tienen muchos progenitores y que las derrotas son huérfanas. Como dije en un comentario anterior, ahora el gobierno actual tendrá que buscar cómo hablar con el vecino a través de la estrecha rendija que cree que dejó el fallo del 1 de octubre. Pero a contrapelo de ese propósito, el presidente Morales  ni siquiera llegó a concretar el anuncio de escribir una carta al al Secretario General de la ONU reclamando que el fallo de la Corte había ignorado algunas premisas del planteamiento boliviano. (Tarde piaste pajarito, habrían dicho diplomáticos de otros tiempos.)

El concepto al que ahora Bolivia se aferra, y que el gobierno cree que aún le da pie para reclamar, yace en las cinco líneas finales del dictamen, apenas como un punto seguido y ni siquiera como párrafo independiente. ¨El Tribunal añade que la conclusión (con la que fueron rechazados los argumentos bolivianos) no debe entenderse como un obstáculo para que las partes continúen su diálogo e intercambios, en un espíritu de buena vecindad, para abordar los problemas relacionados con los países sin litoral, situación de Bolivia, solución a la que ambos han reconocido como una cuestión de mutuo interés¨.

Pocos lo admiten en público, pero el desastre diplomático debería traer reformas profundas en nuestros preceptos de seguridad nacional. Para comenzar, el fallo de La Haya parece haber decretado el epitafio para la afirmación de que recuperar la heredad perdida es un derecho y un deber. ¿Cómo insistir oficialmente en eso? ¿Qué países nos apoyarían? Y los libros de historia, ¿cómo tratarán la cuestión, especialmente los textos escolares? Estas preguntas surgieron tras conocerse el fallo de La Haya, pero aún no se las ha abordado a fondo. Apenas se ha insistido en la importancia de  fortalecer el comercio boliviano con los puertos que llevan al Atlántico desde Perú. Esta fue una propuesta lanzada hace más de un siglo por un grupo de pensadores del oriente nacional y que apenas empieza a ganar vigor en medios académicos e institucionales del resto del país.

El planteamiento para reorientar nuestra brújula será costoso, y restañar nuestro propio desdén será lento, especialmente por el costo anímico incuantificable que ha representado en todo el país. En ese costo, las autoridades no parecen reparar.

https://haroldolmos.wordpress.com

Tiempo electoral – Sin debate

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La temporada de elecciones ha empezado rauda está a las puertas y empiezan a aparecer objeciones a loa debates públicos, fruto de la mala costumbre y del desconocimiento de las normas que rigen una democracia  en la que el debate entre candidatos es una norma esencial.

Nadie puede negar que los debates ayudan a contrastar las opiniones de  los candidatos que pretendan ganar preferencias del electorado. En una Sociedad como  la nuestra, con limitaciones para un acceso amplio a la información y a las ideas primordiales que sustentan el pensamiento de quienes aspiran a ganar el apoyo popular, eludir el debate equivale no solo a menospreciar a los adversarios –  menosprecio extensivo a toda la Sociedad-, sino también  a esconder el temor ante una supuesta superioridad del rival siquiera en algunos temas fundamentals. Eso puede ser un disparo en el propio pie, pues a ningún elector le agradaría que su candidato rehuya competir con ideas ni que su candidato aparezca débil a los ojos de  los electores ni tampoco que se sienta temeroso  de perder ante los miradas del público, pues eso equivaldría  a perder los debates de antemano.

Al cabo de década y media en el poder, no es admisible que el presidente Evo Morales y su partido pretendan rehuir un debate franco para que el elector juzgue la calidad de quienes pretenden su voto. Al cabo de quince años en el poder, resulta incomprensible que el presidente Evo Morales y su Partido pretendan rehuir un debate franco para que el elector juzgue la calidad de quienes pretenden su voto. Esta premisa es válida para todos los candidatos a cargos electivos. En un juego auténticamente democrático, no hay excusas para rehuir la confrontación civilizada de  ideas.

La importancia de los debates presidenciales emergió como fórmula imprescindible para cotejar ideas y percepciones el debate que sostuvieron Richard Nixon y John F. Kennedy. Fue el primer debate televisivo nacional transmitido en Estados Unidos. Curiosamente, no fueron las ideas las que definieron el favor del público. Por todos los registros históricos, fue la apariencia de los  candidatos. En la televisión, el candidato republicano Nixon no tuvo mayor cuidado con su apariencia y lució mal afeitado, frente al cuidado impecable que lució el demócrata Kennedy. No fue solamente eso. Jugó un papel de primer orden la locuacidad del demócrata al articular sus ideas de manera convincente y directa para un público que por primera vez asistía a un debate de ese nivel.

Al presidente Morales no se lo ha visto debatir públicamente con sus rivales en las elecciones nacionales, salvo en 2002, cuando hace 17 años debatió con Gonzalo Sánchez de Lozada.  La teleaudiencia vio como ganador del debate  a Sánchez de Lozada, (El Diario, 5 de junio 2019).

En las demás ocasiones, rehusó el debate. El argumento más difundido ha sido que los candidatos opositores carecen de un ¨programa¨ de gobierno con miras  al bicentenario de la República, en 2025. El argumento es difícilmente sustentable pues no es necesaria una gran imaginación para identificar las necesidades más apremiantes, especialmente en educación, salud y obras de infraestructura. Si a estas alturas hay alguna razón para que alguna organización que aspire a conducir los destinos del  país las desconozca, de hecho estaría descalificada. A menos que pueda  comprometerse, bajo un escrutinio periódico, a avanzar resueltamene en campañas educativas y aspire a premios de prestigio internacional que pongan de relieve la calidad de la educación nacional.

Otros razonamientos a menudo repetidos son saludos a la arrogancia que, por ser tales, carecen de sustento.

Una historia aún fresca

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El cierre debía ser temporal pero hoy, 18 años después, nadie se atrevería a decir que lo fue. El 2 de junio de 2001 se cumplieron 18 años del cierre de ¨Presencia¨, la publicación que durante casi cinco décadas, primero como semanario y después como como diario, fue uno de los mayores faros informativos que tuvo la sociedad boliviana.

Está en circulación ¨Presencia, una escuela de ética y buen periodismo¨, (Plural, 319 páginas), producto de una veintena de periodistas que tuvieron la fortuna de trabajar en ese medio durante algunas de las épocas de la vida del periódico. Bajo visiones individuales de quienes estuvieron vinculados directamente al periódico, el libro cuenta la historia de la publicación católica que, en los hechos, con vicisitudes y alegrías, llegó a representar la voz más creíble de la sociedad boliviana en el tiempo que le tocó vivir.  La obra es una de las novedades de la Feria Internacional del libro abierta hace unos días en Santa Cruz.

El cierre debía ser temporal, según el anuncio de la Conferencia Episcopal. Pero se tornó permanente, y  es ahora un registro de una de una época trascendental de  la historia boliviana. En el medio siglo de la vida del periódico,  se nacionalizaron las minas, se implantó el voto universal y se otorgó ciudadanía a más de la mitad de la población boliviana; también ocurrió el auge y caída de dictaduras para desembocar en el cauce democrático más prolongado de la vida democratica nacional.

Además de  las victorias y percances del periódico, algunos contribuyentes relatan momentos poco difundidos de esta historia.  Mario Frías Infante, el último director que tuvo ¨Presencia¨, menciona, por ejemplo, intentos de utilizar al periódico para fines al menos cuestionables, cuando ya era cooperativa con participación prominente de una industria privada de Cochabamba. El capítulo deja vacíos importantes al no abordar este tema con cierto detalle, indispensable dada la magnitud del caso y por tratarse de una institución de la Iglesia Católica.

La contribución de ¨Redacción de Presencia¨, con capítulos que abarcan períodos amplios de los últimos años del periódico, son de lectura imprescindible para comprender parte de su agonía en años de dificultades.

El editor responsable de la obra, Juan Carlos Salazar, me dijo que se trata de capítulos escritos para ocasiones memorables anteriores, como la de las Bodas de Plata, a los 25 años, en 1977, O a los 40 (1992) bajo la gestión de Ana María Campero (+), con ¨Pasión, muerte y resurrección de la democracia¨.

Todo el que estuvo cerca del periódico, siente la falta de testimonios como el de Francisco Roque-Bacarreza,  el incansable Jefe de Informaciones, primero, y de Redacción, después,  durante lo peor de las dictaduras militares, en la década del ´80, o el de Carlos Arze Castedo que trabajaba a todo pulmón para lograr noticias primiciales, en especial del ámbito militar, lo mismo que Germán Cassasa, quien temprano se vino a Santa Cruz para dirigir otros medios. No menos notable fue el aporte de Norah Claros, ¨norita´¨para sus colegas, en las páginas de ¨Sociales¨ y en la recolección de noticias que solo su delicadeza y tacto femenino podían lograr. Las citas resultarían demasiado extensas para una nota que busca ser apenas una reseña.

El libro, forzoso para estudiantes de comunicación, no pretendió abarcar sino pinceladas de una obra construida a lo largo de medio siglo. Haber empezado desbrozar el camino ya es una hazaña.