Tiempos de cambio

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Libre de las obstrucciones que solía representar Venezuela, ahora suspendida del Mercosur, el bloque integracionista se dispone a retomar con ímpetu el diálogo con la Unión Europea, en un proceso llamado a dinamizar el comercio entre los dos bloques en momentos de desconcierto ante el proteccionismo de la administración de Donald Trump y la salida británica de la UE. Las expresiones de afecto entre los dos bloques llevan más de 20 años pero nunca como estos días parecen tan promisorias empujadas por el sentimiento común de que es imperativo oponer el libre comercio a la tendencia aislacionista estadounidense y a la ruptura británica con el continente europeo. Una alianza entre ambos puede estar más cerca que nunca.
Representantes del núcleo fundador del mayor bloque comercial del mundo en desarrollo se reúnen estos dias en Buenos Aires para definir pasos a seguir en un encuentro con la UE el mes venidero, demostrativo de la dinámica que empiezan a adquirir las relaciones entre países de la region. Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay están reunidos en Buenos Aires para discutir la agenda de Mercosur ante el bloque europeo, inclusive fórmulas para acelerar las negociaciones agrícolas donde el proteccionismo del viejo continente es mayor.
Excluidos de los desplazamientos de la diplomacia regional parecen los países del Socialismo del Siglo XXI, atados por ideologías que les impiden sumarse a las corrientes que se mueven en el hemisferio. Venezuela dejó de contar en el bloque sudamericano desde su apartamiento bochornoso en diciembre, al expirar su presidencia semestral. Fue un resultado ¨colateral¨ de los cambios de dirección política ocurridos en Brasil y Argentina. Bolivia era candidata a ingresar al grupo de manera plena, pero ahora que la brújula ideológica del continente ha dejado de apuntar a la izquierda, es incierto si todavía tiene interés en acoplarse. Ecuador dejará de ser una incógnita el 2 de abril, con la segunda ronda electoral.
Hace pocos días, asumió el mando de la política exterior brasileña el legislador Aloysio Nunes, como substituto de José Serra, quien en pocos meses trazó nuevas líneas a la política exterior de su país, distante de las del Socialismo Siglo XXI. Nunes acentuó esas líneas y acaba de declarar que Venezuela ha desbordado la normalidad democrática y es una dictadura indisimulada. Más aún, designó como jefe de su gabinete a Eduardo Saboia.
¿Recuerdan el nombre? Vale la pena tomar nota. Fue el diplomático que hace tres años condujo al senador boliviano Roger Pinto en una travesía épica por carretera La Paz-Corumbá, tras la negativa pertinaz de la cancillería de otorgarle salvoconducto. Llevaba 14 meses refugiado en la embajada brasileña.

Semillas de la historia reciente

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Una reunión sigilosa hace 40 años en la casa de un historiador, muy cerca del Ministerio de Gobierno, selló la base de un compromiso que diseñaba un nuevo curso politico en Bolivia. Un partido joven, todavía clandestino, le dijo al general Juan Pereda Asbún que aceptaba el reto de medirse en elecciones bajo una sola condición. El gobierno, urgido de legitimarse de alguna manera en las urnas, debía dictar una amnistia general e irrestricta que abarcase al centenar de dirigentes a los que régimen denominaba ¨delincuentes políticos¨, entre ellos Juan Lechín Oquendo y Marcelo Quiroga Santa Cruz, estrellas básicas del firmamento boliviano, y algunos de sus propios dirigentes. Vinieron la amnistía y las elecciones generales y empezó el eclipse acelerado y a tropezones del régimen militar que tenia al país a su cargo hacía una casi una década.
¨Apuntes para una historia – La hazaña de la esperanza¨ (La Hoguera, 240 páginas), de reciente presentación en Santa Cruz, es un paso hacia una narración mayor de la historia del Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), el partido que emergió a la vida política en la segunda mitad del siglo pasado y se convirtió en gobierno en 1982.
No es común en Bolivia escribir la historia contemporánea con cierto detalle. Susana Seleme Antelo y Francisco Aróstegui Quiroga asumieron el empeño de narrar aspectos sobresalientes del recorrido de su partido ensamblándolos en un registro de la construcción de una organización política, cuyos fundadores fueron agarrados en medio de dos corrientes históricas colosales. La que emanaba de la revolución cubana y la que en Bolivia era la referencia imprescindible, la revolución de 1952 y sus oleajes, manifiestos con vigor aún 60 años después.
Aróstegui, del puñado de jóvenes que fundó ese partido en 1971 y permaneció clandestino hasta el encuentro furtivo con el general Pereda seis años más tarde, y Seleme, nutrida ideológicamente por la eclosión cubana y horrorizada, como muchos de su generación, con el despotismo soviético, primero, y el cubano, después, abrazaron una ¨izquierda viable¨ para Bolivia.
¨Abandoné la lucha armada ¨para que la vida no fuera asesinada en primavera…¨, dijo en la presentación de la obra, citando al ex guerrillero colombiano Antonio Navarro Wolf, del M-19, cuando renunciaba a las armas para plegarse a las corrientes democráticas.

Ambos fueron actores destacados en el gobierno del MIR, presidido por Jaime Paz Zamora (1989-93). El primero, también nutrido ideológicamente en Cuba, fue prefecto de Santa Cruz en tanto que Seleme estuvo a cargo de la Secretaría Privada de Paz Zamora.
El libro refiere fugazmente algunas anécdotas notables, como la fuga de dirigentes miristas mientras disputaban un partido de fútbol con sus carceleros en un campo de concentración, o la conclusión a la que llegó un diplomático de que el MIR apoyaría la elección del candidato del MNR en 1989 pues no votaría por Hugo Bánzer. La conclusion resultó errónea, pues si bien el MIR no votó por Bánzer sí recibió sus votos parlamentarios y Paz Zamora fue electo presidente. Ese malabarismo ético es discutido aún hoy.
En las palabras de Aróstegui al presentar el libro, ese capítulo marcó el momento en que los bolivianos se dieron la mano y suprimieron distancias para vivir en democracia.
Es impresionante, aún casi 40 años después de ocurrido, el relato de Paz Zamora, sobre el incendio y caída del avión en que viajaba en la campaña electoral de 1979 junto a otros líderes de su partido (Hernán Siles Zuazo no viajó por otros compromisos). No lo es menos la rememoración de la masacre de la calle Harrington de La Paz, donde fueron acribillados ocho militantes del MIR y de la que se salvó escondida debajo de una cama Gloria Ardaya. Ahora en Ecuador, Ardaya también presenta un testimonio anexo al libro.
Un cimiento del MIR y de su ascenso hasta el gobierno fueron militares, jóvenes entonces, que endosaron su causa. También forjados al influjo de la revolución de 1952, un grupo de oficiales convergió en el objetivo de restablecer la democracia. En el testimonio escrito para el libro, el ahora general retirado Gary Prado Salmón, dice que esos oficiales coincidieron con el MIR en cuanto verificaron que el nuevo partido había abandonado las armas y estaba en el sendero democrático.
El trabajo trae un abordaje muy breve a la ¨desdolarización¨, bajo la UDP de la que el MIR fue parte esencial. La medida devastó los pequeños ahorros pero también, subrayan los autores, fue palanca determinante para el desarrollo agroindustrial de Santa Cruz.
También un registro de la oposición en actual curso contra el intento de re-re-reelección del presidente Morales (¨quieren impunidad para toda la vida¨), el libro es de una lectura forzosa para todo intento de conocer capítulos importantes de la historia contemporánea de Bolivia.

Arrecian las olas en el Juicio del Siglo

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El Juicio del Siglo recobró ímpetu estos días sustentado por elementos novedosos que avivaron en la memoria colectiva de Santa Cruz el episodio brutal del Hotel Las Américas y sus secuelas cuyos traumas aún perviven, a casi ocho años del acontecimiento.
Uno de los 39 acusados en el mayor juicio penal de la historia boliviana fue encumbrado como Vicepresidente del Comité Cívico pro Santa Cruz, la más influyente institución cívica de la región oriental. Durante una apretada licencia de la prisión de Palmasola, Svonko Matkovic Ribera juró al cargo el martes en una ceremonia colmada de significación por el desafío de apuntalar banderas que para el gobierno central eran anatema hasta no hace mucho. Al grito de autonomía, ahora expandido a todo el país, se suma el reclamo por un ¨pacto fiscal¨ equitativo que asigne a la region más libertad para administrar los recursos del impuesto a los hidrocarburos.
El joven de 38 años recibió autorización para asistir a la ceremonia de su posesión como dirigente cívico apenas un par de horas antes. Matkovic Ribera es parte de la nueva directiva de la organización, ahora presidida por Fernando Cuéllar para una gestión de dos años.
La designación unánime de Matkovic por las instituciones representadas en el comité subrayó el rechazo a la acusación gubernamental de que desde Santa Cruz se conspiró para desencadenar una campaña terrorista y dividir al país. De la acusación inicial ha desaparecido por insostenible el cargo de que los supuestos insurrectos urdían el asesinato del Presidente Morales.
Su redactor original, Marcelo Soza, decidió que no habría cómo probar una tesis de magnicidio. Las autoridades, sin embargo, recurren a menudo a la idea de que la eliminación del presidente era parte de los objetivos para dividir Bolivia que atribuyen a Eduardo Rózsa Flores. El personaje murió ejecutado durante la incursion de la policía en el hotel donde estaba alojado junto a cuatro acompañantes, dos de los cuales también murieron acribillados a tiros.
Todos estaban en paños menores o desnudos y en esa condición habrían disparado sobre la unidad policial que los sometió, en un acto que el entonces fiscal Soza llamó ¨injusto¨.
Los dos sobrevivientes, al cabo de seis años de negar la acusación, se declararon culpables, salieron en libertad condicional y después fugaron del país.
En más de tres años, desde que el juicio oral fue abierto en Santa Cruz, el Ministerio Público no ha conseguido consolidar su causa, pues son cada vez más fuertes las dudas sobre la tesis del gobierno, cuyo mayor detractor es el ex fiscal Marcelo Soza, ahora refugiado en Brasil. Soza ha dicho que la tesis acusatoria fue elaborada bajo presiones del gobierno para inculpar a los líderes cívicos de Santa Cruz.
La ceremonia de posesión de Svonko Matkovic, quien estuvo rodeado de toda su familia, fue una de las más concurridas en muchos años y una señal de que el impacto del asalto al Hotel las Américas y todas sus secuelas aún están latentes en esta región. Aunque Matkovic ha prometido que se empeñará a fondo para ser una pieza directiva útil para el Comité, nadie duda que su designación en el directorio que ahora preside Fernando Cuéllar es un mensaje de que las instituciones cruceñas no han olvidado la zozobra que vivió la región tras los acontecimientos de abril de 2009.

El interés por el juicio fue atizado al comparecer entre los testigos de descargo el ex Viceministro de Régimen Interior Gustavo Torrico Landa, ahora asambleísta departamental de La Paz. En la tarde del viernes, la ex autoridad de gobierno refirió que un amigo que no identificó le había contado que cuando arreciaban las convocatorias para que personajes de Santa Cruz fuesen a declarar a La Paz le preguntó al ex dirigente deportivo Juan Carlos Guillén por qué no estaba entre los convocados.
¨¿Acaso yo soy c…¨, le había contestado para agregar su ausencia de esa lista era porque había pagado 80.000 dólares a Marcelo Soza. Guillén no está en Bolivia desde ese tiempo.
La afirmación del ex viceministro reabrió en la audiencia del juicio el tema de las denuncias de soborno y la extorsión que ha acompañado al mayor caso penal de la historia boliviana. Hasta ahora, las únicas denuncias conocidas en el juicio habían sido formuladas por el ex dirigente cívico beniano Alberto Melgar Villarroel y Svonko Matkovic Fleig, ex prefecto de Santa Cruz y padre del nuevo vicepresidente cívico.
Matkovic Fleig dijo que hubo otros sobornados por una red que atribuyó al ex fiscal, pero nadie más ha vuelto a hablar de la cuestión, hasta la mención de Torrico Landa, cuya declaración fue suspendida hasta la próxima serie de audiencias, prevista a partir del 20 de marzo.

Enemigos del pueblo

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Fue el 23 de febrero que el presidente Donald Trump descargó su ataque más furioso sobre los medios informativos de mayor peso en su país.  Al coronar una secuencia de traspiés en las relaciones internacionales que han hecho que muchos en el mundo se pregunten sobre su equilibrio mental, dijo que los medios eran embaucadores y ¨enemigos del pueblo¨. Apuntó a The New York Times, The Washington Post y redes televisivas a los que, horas más tarde, cerró la Casa Blanca, en una actitud generadora de solidaridad de otros grandes medios. Time Magazine y The Associated Press, la cooperativa gigante de noticias que sirve a unos 1.800 medios solo en Estados Unidos y a unos 5.000 en todo el mundo, decidieron ignorar las sesiones informativas y cubrir cualquier hecho esencial sin intermediación oficial. Nunca en la historia estadounidense se ha dado un enfrentamiento de esa magnitud entre los medios y el presidente.

El insulto de llamar a los medios ¨enemigos del pueblo¨ coronó una secuencia de traspiés con la prensa y evocó los tiempos de Joseph Stalin.  Originada, dicen los historiadores, en la Revolución Francesa, el déspota georgiano abrazó la expresión que después equivaldría a muerte, en el peor de los casos, y  destierro en el más benigno.  Nina Khuruscheva, bisnieta de Nikita Khruschev, recordó la macabra expresión al escribir que su bisabuelo la había denunciado al atacar el culto a la personalidad, un par de años después de la muerte de Stalin, el 5 de marzo de 1953.

A esa muletilla todavía acuden regimenes que buscan concentrar el poder y evitar que el público identifique dónde ocurren las mentiras.

Tres días después de su exclusión de las sesiones informativas, los dos diarios trajeron una primicia que ha hecho tambalear a Trump. Ambos mostraron que el Fiscal General Jeff Sessions mintió al negar ante el Congreso que hubiese tenido contactos con el Embajador ruso, Sergey Kislyak, de extraordinaria habilidad para hacer amigos. Los tuvo y en los días que siguieron se multiplicaron las presiones para apartarlo de una comisión bicameral que investigaría la interferencia rusa para afectar las elecciones del 8 de noviembre y frenar a Hillary Clinton,  a quien el hombre fuerte de Rusia, Vladimir Putin, considera enemiga. Hace un par de semanas cayó Michael Flynn, asesor de seguridad, por haber conversado con diplomáticos rusos sobre las sanciones de Obama cuando dejaba la Casa Blanca y sugerir que Trump las revocaría. Sessions no pudo resistir la avalancha y se recusó de integrar la comisión investigadora que, por jerarquía, le correspondía presidir. Las conclusiones que puedan emanar de esa comisión son ahora un gran punto de interrogación para el presidente que queda desprovisto de una línea de protección.

Es el mayor enredo desde los peores tiempos de la Guerra Fria. El vendaval arrecia al aumentar las presiones para que Trump abra al público su declaración de impuestos. En su negativa de hacerlo yace la sospecha de que el multimillonario presidente trataría de esconder negocios en una escala multimillonaria gigante de prebendas recibidas de los rusos. Con el mundo aún asombrado por otros pasos del mandatario, cobra ímpetu la pregunta insistente de sus críticos y partidarios: ¿Quo vadis? ¿Adónde vas?

Alrededor del 21 de febrero

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Las fuerzas oficialistas que encabeza el presidente Morales se preparan para una segunda fase de la estrategia para desconocer la prohibición de una re3 (re-re-reelección) zanjada en el referendum del año pasado. Tras no lograr el martes una movilización contundente en el aniversario de la consulta del 21 de febrero del año pasado, los analistas creen que el oficialismo ha quedado en un sendero deslucido y salvo sorpresas deberá continuar en una ruta empinada y espinosa para revertir la antipatía que provoca la re3.
Todas las concentraciones oficialistas suelen estar marcadas por el escepticismo, pues hace mucho que dejaron de ser termómetro de respaldo o de simpatía. Cargan la sospecha odiosa de que muchos de sus participantes son obligados y que se consideran humillados al tener que asistir a actos con los que en conciencia discordan. El referendum del año pasado confirió a la antipatía por la re3 un sello nacional de legalidad y, para los observadores, los esfuerzos para neutralizarla lucen como un disparo en el pie oficialista.
El próximo paso de la estrategia re3, dicen, sería la renuncia presidencial seis meses antes de los comicios de 2019 o un debate legislativo sobre la modificación de la CPE. Ambas opciones subrayan las sospechas gigantes que de ellas emergen entre quienes observan la vida política nacional. En el fondo, puede tratarse de extender en el tiempo los beneficios del poder más que de garantizar las supuestas bondades de una causa. En todo caso, en Bolivia y en otras latitudes, los líderes pueden temer la perspectiva de verse desprovistos de la coraza del poder y en algún momento enfrentar a la justicia, muchas de cuyas impropiedades ellos ayudaron a forjar.
El ejemplo más reciente es el de Alejandro Toledo, ahora con paradero desconocido y perseguido por la justicia peruana acusado de recibir sobornos de la constructora brasileña Odebrecht. En ese mismo círculo de la fortuna revertida están Cristina Fernández, en Argentina, y Lula da Silva y Dilma Rousseff en Brasil.
Solo una generación atrás está el gran destape en los ex países socialistas, donde se implantó el Gulag del que líderes del Socialismo Siglo 21 copiaron algunos métodos y sacrificaron mucho en aras de un proceso que decían que acabaría en un Edén, ahora cada vez más desdibujado. Cubanos y venezolanos pueden describirlo mejor.
Para algunos de los líderes que resisten normas democráticas es una pesadilla recordar el destino del dictador rumano Nicolás Ceausescu, quien presidió el régimen más represivo de Europa del Este durante la Guerra Fría y acabó en la Navidad de 1989 junto a su esposa Elena frente a un pelotón de fusilamiento inspirado en las mismas normas legales que su regimen estableció.
Por todo lo leído y escuchado estos días, puede concluirse que la reaparición fugaz en las pantallas de televisión de la ex pareja del presidente Morales no fue ninguna ayuda para despejar las dudas y el bochorno que cundieron en todo el país el año pasado. El gobierno decidió bautizar la jornada como ¨El día de la mentira¨, en tanto que los que rechazan la re3 le dieron una significación cívica: Jornada ciudadana. Los propugnadores de la primera no repararon en una premisa fundamental en toda frase propagandística: evitar su distorsión fácil. Quienes transformaron el lema en ¨la mentira del día¨ encontraron una formula embarazosa para los defensores de la re3.
Los 20 minutos de la presentación -declaración individual, no entrevista- con un formato reprochable mostraron para muchos un caso de servidumbre humana y nada cambiaron la percepción mayoritaria de una mujer aplastada por el poder y víctima de sus propias veleidades.

Alarmas encendidas

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Las sospechas estadounidenses de que los nexos del gobierno venezolano con regímenes árabes eran un campo fértil para terroristas tomaron cuerpo hace dos años cuando un ciudadano iraquí resultó con múltiples pasaportes de Venezuela. El individuo tenia un prontuario relacionado con Hizbolah, la organización islamita tildada de terrorista y cuyos vínculos con la legación venezolana y su gobierno llegaban los más altos niveles.
Hace poco más de una semana, la cadena televisiva CNN en Español puso en el aire un reportaje (¨Pasaportes en la sombra¨) sobre un presunto tráfico de pasaportes venezolanos que tendría por eje a Irak. El trabajo hacía temer que algunos hubiesen llegado a manos terroristas, que con ellos tendrían pase libre a una treintena de naciones. Un par de días después, Nicolás Maduro cancelaba las señales de la cadena internacional, en un severo ajuste de las clavijas que atenazan la libre expresión en la tierra de Bolívar y Sucre y expresan la intolerancia de los gobiernos del socialismo del Siglo XXI hacia los medios informativos.
El bloqueo de señales vino precedido de un alud de denuncias contra el primer vicepresidente venezolano, Tareck El Aissami (siete semanas en el cargo), y de la decision del gobierno estadounidense de designarlo oficialmente como narcotraficante, sancionarlo suspendiéndole la visa a Estados Unidos y confiscando sus propiedades en ese país. Poco antes, Donald Trump había recibido a Lilian Tintori, la esposa del opositor encarcelado Leopoldo López, cuya libertad inmediata demandó en un tweet. Sentenciado sin poder presentar pruebas de descargo, López cumple dos años de confinamiento en una prisión militar. En las mismas horas, Trump conversó con el presidente argentino Mauricio Macri sobre la situación venezolana.
Los observadores notan que la seguidilla no augura nada bueno para Maduro y su régimen, ahora con el ejército como su sostén principal. Las encuestas más recientes le otorgan una aprobación inferior al 10 por ciento. Los analistas subrayan que ningún régimen puede sostenerse así por mucho tiempo, menos aún sentado en bayonetas.
Debe suponerse que las cancillerías tienen las luces de alarma encendidas, en especial las que todavía visten la camiseta del Socialismo del Siglo XXI. El panorama aconseja una nueva mirada hacia los medios y revisar prejuicios que los declaran enemigos a primera vista. En nuestro caso, esta nueva mirada debe incluir el respeto pleno a los acontecimientos democráticos, en especial a la voluntad emanada de consultas populares. El 21 de febrero marcó una decision nacional y buscar desconocerla arguyendo que ¨fue un error¨o ¨nunca debió haberse convocado a referéndum¨ es un desatino peligroso.

Escenario de confrontación

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Las cartas para una contienda política decisiva están echadas: el presidente Evo Morales no está dispuesto a obedecer el mandato del 21 de febrero y en el aniversario de esa fecha puede comenzar un camino sin retorno. Todos los indicios hasta ahora disponibles señalan que cualquiera que que sea la modalidad que el gobierno escoja, la ciudadanía que hace un año detuvo su empeño por una re3 (re-re-reelección), reafirmará su decision y esta vez más convencida de la corrección de su voto.
Son grandes los obstáculos que el presidente y su partido tendrán que sortear. A diferencia de hace un año, la oposición se ha visto tonificada con la victoria sobre la re3. Su ánimo es mayor porque cree que los vientos históricos ahora soplan a su favor. Antes de perder el referendum, Evo Morales lucía como un coloso. Ahora se lo ve con su caudal popular disminuido y envuelto en una tendencia que luce irreversible al haber acabado la temporada de las vacas gordas que un tiempo le permitió gastar a manos llenas y cubrir demandas de sus partridarios. También animadas por la victoria del No, las fuerzas opositoras aceleran su reorganización y se preparan para la gran batalla contra la re3.
Conducido por su líder fundador Jaime Paz, el MIR está cerca de recuperar la personería jurídica que perdió hace algunos años y con la identidad complementaria de Comunidad Política Ciudadana se dispone a reunir más de 100.000 firmas requeridas por la legislación electoral para su rehabilitación como organización política. Lograr ese número de firmas en un período relativamente breve puede colocar a ese partido dentro de la vanguardia anti re3.
Sectores que participaron de manera activa en la conformación del bloque cívico opuesto a la re3 están en el mismo empeño movilizador que exhibe un dinamismo curioso: gana ímpetu al hacerse más ostensible el esfuerzo del gobierno al colocar la re3 como su primera prioridad. Es una retroalimentación continua. Por otro lado, también aumenta el esfuerzo del gobierno para asegurarse que su empeño no será en vano.
En este marco el martes 21 de febrero luce como un punto de partida fundamental en el calendario político boliviano. Si es lo que los primeros escarceos propagandísticos señalan, plazas y lugares públicos de gran parte del país serán escenario de concentraciones a favor y contra la re3. En busca de apuntalar la re3 y desacreditar la derrota del año pasado trabajan en una sola estrategia todas las reparticiones del Estado en un despliegue pocas veces visto en el país.
El gobierno atribuye la derrota de hace un año ¨al cartel de la mentira¨ (para muchos otros ¨la mentira del cartel¨) y que un puñado de medios (Página Siete, El Deber y Agencia de Noticias Fides) maquinó su ruina electoral. Resulta interesante notar los parecidos de los juicios sobre la prensa bajo el gobierno actual de Estados Unidos y el de Bolivia. Ambos atribuyen sus dificultades mayores a medios informativos.
Hace algunas semanas circuló una película financiada por el gobierno a través de un productor argentino que endosa esa tesis. Para formarse un juicio equilibrado, sugiero ver la respuesta de Carlos Valverde que circula en la red desde hace pocos días. La respuesta de Valverde, refugiado en Argentina desde el año pasado, subraya que el caso sigue abierto y que el punto mayor -tráfico de influencias- continúa descubierto con todas sus implicaciones. La crónica reabre las interrogantes que han rondado la cabeza de un gran número de bolivianos sobre la forma de gobernar y sobre la utilizacion de recursos públicos para una causa política y el comportamiento de los gobernantes actuales.
El escenario para la contienda anti y pro re3 está nublado en casi todos los frentes. En la economía, no hay signos de mejoría del sector petrolero, ahora con un tercio de los ingresos que tuvo hace tres años, y la minería está lejos de la exuberancia de un pasado no tan distante. Las señales de malos tiempos tuvieron estos días nuevas expresiones: el aumento lineal de impuestos para las importaciones de la línea blanca (refrigeradores, lavadoras, hornos de micro-ondas) aleja para muchos la posibilidad de adquirir esos productos, y el sector bancario, uno de los que mejor relación ha tenido con el gobierno, está disconforme, a causa de un impuesto que grava sus robustas utilidades. Está claro que la quimera de la abundancia se disipó.