Muerte de un ruiseñor

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Aquel día de fines de enero de 1985 toda Venezuela se detuvo y miles se llevaron la mano a la garganta para sofocar sollozos emocionados con la voz de un niño que le cantaba a Juan Pablo II. La voz inocente de Adrián Guacarán llegó a todos los rincones de Venezuela que, en los ocho minutos de la balada ¨El Peregrino¨, se sintió sobrecogida por una emoción misteriosa como si de repente un portento milagroso llegara al país. Las imágenes de esos momentos resumieron la visita del Pontífice, que quedaron registradas como uno de los momentos más felices de la sociedad venezolana. Sin hipérbole, desde el barrio gigante de Montalbán, al oeste caraqueño, la voz del niño de 12 años vibró en cada rincón venezolano.

Adrián Guacarán murió el jueves, a los 44 años, arrastrado por el turbión de penurias que agobia a la sociedad venezolana. Padecía de insuficiencia renal que no pudo tratar por la escasez de medicinas que mata a centenas de venezolanos bajo un estadística macabra que solo crece.  El miércoles murió una paciente con transplante renal, 15 días después de recibir un riñón. Su organismo resistió esas dos semanas sin inmunosupresores , inexistentes en el sistema de seguros. Días antes, otra paciente murió horas después de haber denunciado que llevaba tres meses  sin recibir las medicinas necesarias luego de un transplante.  Cada día mueren niños venezolanos por hambre o por falta de medicinas o desnutrición. La Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría calcula que en 2016 murieron 11.466 niños, un tercio más que el año anterior. Eso representa más de un niño por hora. El dato expresa la tragedia que se ha abatido sobre el que años atrás figuraba como el país más rico de América Latina y entre los más optimistas del mundo.

Solo en un hospital de Guaiparo, un barrio de San Félix, al sur venezolano,  habían muerto 41 niños en los primeros nueve meses del año. En ese mismo lugar se han vuelto rutina los alumbramientos en el suelo.

Guacarán es la segunda figura del mundo artístico venezolano  que muere a la sombra de responsabilidades del gobierno que preside Nicolás Maduro.  En mayo, un balazo  en la cabeza disparado desde la Guardia Nacional, la temible policía del regimen venezolano, cortó la vida de Armando Cañizales, un joven de 17 años, parte de uno de los grupos musicales más famosos de Venezuela. La tragedia llevó al renombrado director de orquesta Gustavo Adolfo Dudamel a reclamar la atención de Maduro  hacia las necesidades diarias queesos días  tenían a miles de venezolanos en las calles protestando contra el gobierno. El reclamo fue una ruptura del director musical con Maduro y su régimen.

Son constantes en las redes sociales los pedidos de auxilio a favor de pacientes urgidos de medicinas. Un dirigente chavista conocido hizo hace unos días un pedido al presidente Maduro, al Instituto Venezolano de Seguro Social y a la Asamblea Nacional Constituyente, designada a dedo por el gobierno, para que le faciliten medicinas para combatir la hemofilia que amenazaba la vida de su hijo de cuatro años. ¨No sigan permitiendo más muertes¨, escribió Juan Carlos Prado, citado por el diario El Nacional. El propio Guacarán había escrito en su muro días antes de morir: ¨Saludos a todos. Soy Adrián Guacarán. Solicito con urgencia para mí Aldactone de 100 mg. Dios le pague¨. El mensaje fue registrado a las 07:56 del 6 de noviembre. Una señora fue hasta el hospital y donó cuatro unidades de albúmina, pero fueron insuficientes para los volúmenes que el paciente necesitaba.

La descomposición de todos los tejidos sociales, políticos y económicos de Venezuela ha sido lograda en un tiempo relativamente breve: en los 18 años transcurridos desde que se instaló el Socialismo del Siglo XXI.  Sociólogos y analistas políticos apuntan a tres causas para ese récord: Populismo, corrupción e ignorancia.  Con las tres, combinadas en cualquier orden, los líderes venezolanos parecen haber compuesto una receta mortal de cómo acabar con la prosperidad de un país y, en algunos sectores como salud, lograr que retroceda décadas. Epidemias como la malaria y la difteria, hace tiempo erradicadas, se han vuelto una amenaza que lllega hasta países limítrofes como Brasil y Colombia.

Todas las empresas del estado están fallidas, inclusive Pdvsa, que antes del ascenso del Socialismo Siglo XXI era, junto a la Exxon, uno de los conglomerados petroleros más ricos del mundo. Hoy está ahogada, entre otras causas por el peso de una deuda externa de 70.000 millones de dólares. (Es irresistible la comparación con las empresas públicas de Bolivia, pupila por excelencia del Socialismo Siglo XXI, donde, que se sepa , salvo YPFB, todas las empresas públicas trabajan a pérdida, resultado de un principio entre los socialistas criollos que privilegia la generación de empleo por parte del Estado sin cuidar de la competencia y los buenos resultados.)

Es posible que para el régimen de Maduro y para los dos o tres que le tienen simpatía en el continente, la muerte de Guacarán no diga gran cosa. Las muertes por hambre y falta de medicinas son ya una realidad cotidiana, pero las gotas pueden acabar en turbiones y éstos arrastrar todo a su paso, una lección que parece aún no aprendida del todo por los regímenes sobrevivientes del experimento socialista Siglo XXI.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

 

 

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Carta de Venezuela

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El estado de una sociedad es visto mejor a través de relatos individuales. Los datos globales ofuscan las trajines del día a día, que son los que mejor la retratan. Recibí ayer de una amiga venezolana (reservo su identidad) una carta que, con serenidad y objetividad propias de buena periodista, me cuenta sobre su país y su vida bajo una dictadura del Socialismo del Siglo XXI. Yo estaba preocupado porque hacía meses que no recibía ninguna noticia de esta colega. Las líneas que leí y que comparto con ustedes me trajeron un cierto alivio pero aumentaron la inquietud por la vida cotidiana de ese país en el que viví y trabajé durante más de una década. Ana Frank, la joven holandesa que sobrevivió con su familia escondida en la buhardilla de una casa de Amsterdam durante gran parte de la guerra, nos legó su diario; no nos habló de estadísticas ni de  estrategias militares o de macroeconomía, sino de las penas y alegrías de cada jornada. Fue la lucha cotidiana por sobrevivir con entereza la que llevó a los conciencias de todo el mundo el drama individual de vivir bajo la opresión de una dictadura. La carta:

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Recibe un abrazo y mi gratitud por tu sincero interés en lo que pasa en Venezuela. A veces no escribo porque tenemos dificultades serias con la señal de internet (muy errática y lenta) y porque no tengo nada que aportar a la comprensión de lo que sucede aquí.
Sabes bien que tuvimos unos días bastante agitados, con una movilización social inédita y con muchas esperanzas de que el régimen estaba agonizando. Pero las cosas derivaron de otro modo. Creo que perdimos (como ciudadanos de oposición) lo que nos quedaba de inocencia en cuanto a creer que los restos de democracia nos iban a permitir salir del atolladero. De pronto, también, como que entendimos (de verdad) que nuestra lucha no era contra Maduro y su gente solamente, sino que el gigante es tal porque es uno solo con los cubanos, rusos y chinos. Son como mucho -y con muchos intereses económicos- para una oposición que aunque mayoritaria numéricamente, no tiene  ni las armas ni el apoyo real de gobierno alguno.
La imposición de la Asamblea Constituyente y la indefensión total de los ciudadanos nos mandó de vuelta a las casas. Y aquí estamos, cada cual luchando para sobrevivir, literalmente. Hay un gran desánimo y ahora el asunto serio que nos amenaza es la gran y comprensible abstención en cualquier proceso electoral que sea convocado. La oposición política se divide entre abstencionistas y quienes queremos (con todo lo que ello implica) mantener la posibilidad de expresarnos a través del voto -que es la única vía que nos va quedando. Qué hará el gobierno con los resultados de los votos es otro cantar. Pero no seré yo (en mi caso) quien deje de votar.
Por otra parte, vemos con alegría cualquier gesto de la comunidad internacional contra el gobierno o los funcionarios, pero sabemos que eso no hará mella en nuestra realidad cotidiana. Se agradece, pero no vemos cómo pueda servir de algo para que esta locura cese.
En lo personal, por primera vez en mi vida estoy en un estado anímico muy bajo y a veces tengo pesadillas. Pero gracias a mi trabajo espiritual cotidiano logro salir de nuevo a flote e imponerme ante la desolación del alma. Mis hijas quieren que dejemos el país, pero mi marido y yo lo hemos descartado mientras se pueda vivir, pues no tenemos ahorros para comenzar una vida medianamente cómoda en otro lugar. Aquí por lo menos tenemos vivienda en un lugar hermoso, tenemos nuestro vehículo ( con dificultades crecientes para  conseguir repuestos) y ambos tenemos las pensiones que traducidas a dólares dan risa . Ambos somos doctores y  jubilados como catedráticos de la universidad pero en bolívares nos alcanza para una vida modesta sin sobresaltos y pagarnos los seguros médicos, la alimentación y las medicinas.
NO me gusta quejarme, nunca me ha gustado. Y esta situación me ha llevado a la queja constante. Cuando me veo a mí misma así, me detengo y digo basta. Esa es una de las razones por las cuales he dejado de escribir, en general. Para no cansar a mis amigos.
Pero ahora quiero que me escribas y me cuentes de ti, qué estás haciendo y cómo ves las cosas.
Te mando un gran abrazo.

La ¨Constitución Vitalicia¨

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Jorge Órdenes trajo esta semana un artículo de claridad meridiana que es necesario leer. Es un aporte, valioso para los que desconocen la historia o la conocen muy a medias, importante en estos días en que habla de la reelección sine die.

La “Constitución vitalicia” fue una opción de Simón Bolívar

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

El 21-II- 2016 Bolivia votó en contra de la reelección de SE, Evo Morales. Apelar a la posibilidad de una nueva candidatura, recurriendo increíblemente a la Constitución redactada por el Libertador en 1825, es desconocer la historia ya que esa Constitución fue inmediatamente cuestionada. El historiador Alcides Arguedas (1879-1946), en Historia de Bolivia, “Fundación de la República”, dice: “El proyecto de constitución y el reconocimiento por el Perú de la independencia de Bolivia fueron enviados por el Libertador el 25-V-1826… y llegaron a Chuquisaca el 14-VI cuando el congreso estaba en plenas labores…” Sucre leyó los 152 artículos… y se discutió el art. II “referente a la inviolabilidad del presidente, y que ocupó varias sesiones… por la multiplicidad de pareceres… con Calvo pidiendo cuántos deseaban la presidencia vitalicia. La proposición, fue rudamente combatida y desechada, tanto por estar en manifiesta contradicción con los principios netamente republicanos y democráticos y… porque iban a poner vallas a las ambiciones de mucha personas que…dada la ignorancia y el oscurantismo de las masas, se creían con legítimo derecho a dirigir los negocios del país…”

Enrique Finot (1891-1952), en su Nueva historia de Bolivia (1964) dice: “Tanto en Bolivia como en el Perú la constitución “Vitalicia” fue recibida con reservas y constituye el principio de la propaganda contra el autor.” Antonio Díaz Villamil (1897-1948) en su Historia general de Bolivia (7ª edición) dice: “Esta constitución llamada ‘vitalicia’, era muy semejante a la que el mismo Bolívar había dado a Colombia y Perú… tenía todos los visos de gobierno monárquico. Lo que no se avenía con el frenético espíritu republicano democrático que caracteriza a los altoperuanos.” El historiador peruano Luis Alberto Sánchez (1900-1994), en Breve historia de América (1965): ”Impelido por adversas circunstancias, Sucre se vio obligado a dimitir el 14-IV-1828, dejando en su lugar al general Urdininea. El cual no titubeó en firmar el Tratado de Piquiza con [el peruano] Agustín Gamarra (6-VII-1828), corroborando la extinción del régimen bolivariano. …El 24-V- 1829… Andrés de Santa Cruz ocupaba el gobierno y desconocía la constitución Boliviana.” El ensayista-historiador español Salvador de Madariaga (1886-1978) en Bolívar, tomo II (1959), dice: “En la Carta a Santander (XII,1825) describe Bolívar la Constitución que había redactado para Bolivia, y aún para toda América: ‘Estoy haciendo una constitución muy fuerte y muy bien combinada para este país, sin violar ninguna de las tres unidades, y revocando, desde la esclavitud abajo, todos los privilegios… Se califica a los ciudadanos por sus calificaciones y no por su fortuna. El que no sabe escribir ni paga contribución, ni tiene oficio conocido, no es ciudadano.’ La constitución era pues equivalente a una monarquía cuya línea determinaba el primer presidente.”

Bolívar, vaticinando, en Carta de Jamaica (IX, 1815), decía: “… las provincias americanas se hallan lidiando por emanciparse; … algunas se constituirán… en repúblicas federales y centrales; se fundarán monarquías casi inevitablemente en las grandes secciones, y algunas serán tan infelices que devorarán sus elementos, ya en la actual, ya en futuras revoluciones; que una gran monarquía no será fácil consolidar; una gran república imposible.” De ahí que emular al Libertador, en 2017, sea ahistórico y… bochornoso.

 

Vuelven los fantasmas

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La declaración del ex comandante general de la policía, Ciro Farfán Medina, que apunta al entonces capitán Walter Andrade como el ejecutor de la orden de exterminio de tres ocupantes del hotel Las Américas perseguidos por el gobierno, ha reabierto uno de los pasajes más atroces del mayor caso penal de la historia boliviana Sus repercusiones amenazan con un desborde capaz de alcanzar a la cúspide gubernamental.

El ex comandante dijo a Radio Fides el miércoles que la orden a Andrade provino de Jorge Renato Santisteban en su condición de comandante de la Unidad Táctica de Resolución de Conflictos, la UTARC ya disuelta. Para reafirmar su aseveración estaba dispuesto, dijo, a un careo en la justicia.

Fue la primera vez que un ex alto funcionario policial identificó a Andrade como actor principal en la muerte brutal de tres huéspedes del hotel y al hacerlo propinó un golpe demoledor para la tesis de conspiración enarbolada por el Presidente Morales como razón para invadir el hotel y provocar una persecución en masa de líderes del oriente boliviano, a los que acusó de pretender dividir el país. En una de sus primeras declaraciones tras el episodio, el Presidente sugirió ante la BBC en Nueva York que viniera a Bolivia una comisión internacional para verificar que los miembros del grupo resistieron a la fuerza policial que tomaba el hotel Las Américas, ¨cómo lanzaron bombas, cómo estaban con armamentos¨. Poco después desestimó su iniciativa  y no volvió a mencionarla.

Los abogados de la defensa dicen que la declaración del ex-comandante corrobora la tesis de una ejecución extra-judicial con una crueldad inaudita de la que poco se ha explicado. 

Ciro Farfán Medina asumió el mando policial a principios de marzo de 2009, un mes y medio antes del episodio del Hotel Las Américas, donde fueron acribillados el boliviano-croata Eduardo Rózsa Flores, el húngaro Arpad Magyarosi y el irlandés Michael Dwyer. El abogado defensor de los acusados, Gary Prado Arauz, recordó que las autopsias y exámenes forenses demostraron que Rózsa Flores, el jefe del grupo de alojados, recibió siete disparos: uno en cada hombro, un tercero en el pulgar derecho, y cuatro de remate desde arriba cuando los primeros tres lo habían dejado de rodillas antes de desplomarse y agonizar en el suelo de su habitación en el hotel. ¨Al irrumpir la policía, a su habitación, Dwyer se irguió de la cama y le dispararon al corazón. Al caer recibió cuatro o cinco tiros más. Magyarosi alzó las manos y las extendió entregándose cuando le hicieron un disparo desde arriba que le perforó la tráquea, seguido de otro por el costado derecho. Ya muerto y en el piso, lo maniataron y le hicieron tres disparos más¨. Estos detalles figuran en el expediente del caso y los he citado en ¨Labrado en la memoria – Anotaciones de un reportero¨, la obra que escribí sobre el caso, presentada en junio en la Feria del Libro en Santa Cruz.

Hasta el viernes no hubo ningún pronunciamiento de Andrade ni de las autoridades relacionadas con el caso. La última vez que se lo vio en público fue hace nueve meses, cuando junto con otros dos miembros del cuerpo policial que actuó en el hotel acudió a declarar, convocado por la defensa, en el juicio oral que se lleva a cabo en Santa Cruz desde hace casi cinco años. El entonces Cap. Andrade se acogió al sigilo sobre las operaciones que involucran seguridad del estado y no declaró nada substancial, de acuerdo con abogados que estuvieron en la session. La prensa fue excluida del lugar.

Andrade, ahora teniente coronel de la Policía, debería corroborar o desmentir la afirmación de quien fue su superior.

La declaración de Farfán Medina fue incompleta pues no precisó los eslabones superiores de la cadena de mando que llevó a la toma del hotel y las secuelas que sobrevinieron. El Presidente Morales estaba en Venezuela, pero dijo que había dejado instrucciones para reducir al grupo supuestamente sedicioso que se encontraba en el hotel. El Ministro de Gobierno Alfredo Rada también estaba fuera del país (en Brasil) y el ministro actuante era el titular de Defensa, Walker San Miguel. El presidente en ejercicio era el titular de la vicepresidencia, Álvaro García Linera. Ninguno fue mencionado en la declaración del ex comandante nacional de la policía.

La defensa espera mayores informaciones, de lograr convocar esta semana que comienza al general (r) Ferfán Medina. Sus abogados parten de la idea de que, los fiscales, que abrazan la causa del gobierno, se empeñarán en bloquear esa convocatoria pero creen que la denuncia cuando menos subrayará la ilegalidad del caso levantado por el gobierno.  Entre la multitud de hechos a ser esclarecidos hay algunos particularmente intrigantes registrados en el libro citado líneas arriba. A la presencia de extranjeros, presumiblemente del Caribe (venezolanos o cubanos) se refirió Mario Tádic, uno de los dos sobrevivientes del asalto, en la declaración de mayo de 2013 ante el tribunal que lo juzga.  Dijo que horas antes, en el pasillo del hotel, había visto a extranjeros mientras trabajaba en su laptop y fumaba cigarrillos Camel que puso sobre la mesa. Supuso que algunos de los extranjeros estuvieron en el ataque al hotel pues cuando a él (Tádic) lo empujonearon fuera de su habitación escuchó que uno de ellos decía a su compañero: ¨Éste es el que fuma Camel¨.

¨Fui obligado a declarar, pateado, golpeado, con los dientes rotos, con una costilla rota, culatazos y la atención médica condicionada a que declarase. Me han tenido 37 días aislado sin atención médica…Yo habría declarado hasta que (yo) era Bin Laden…. Me sacan del hotel cubierto con una sábana. He escuchado los lamentos, quejidos de dos personas¨.

También intrigante fue la declaración de Elöd Tóásó:

¨…(sus captores lo llevaron fuera del hotel hasta un lugar cementado donde quedé) de rodillas, con las manos atrás enmanilladas, con la camiseta celeste en mi cabeza. En un momento, cuando hubo mucha iluminación, he visto, a través de la camiseta, a mi frente, a Mario Tádic… a mi derecha, y a mi frente Mike Dwyer, ahí estuvo el irlandés Mike Dwyer, vivo…¨

 

Costos del continuísmo

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Con un nuevo récord cuando cumpla 12 años de gobierno, el presidente Morales se encamina a otra marca: la de presidente más empeñado en un cuarto mandato, y si posible llegar al quinto y al sexto. En el camino para el nuevo empeño está un plebiscito con nombre de elecciones judiciales. Al amparo de las elecciones del 3 de diciembre, la población le dirá sí o no a su gestión reeleccionista, ya repudiada en un primer intento a comienzos del año pasado. Bajo la mirada sospechosa de muchos países, el presidente ha enganchado el conjuro que él mismo describió y ahora se despliega a todo vapor: Se le mete nomás.

A solo semanas del dictamen sobre la legalidad de una nueva reelección, pocos esperan que el Tribunal Supremo de Justicia vaya a desairar el ímpetu reeleccionista del presidente y la cúpula de gobierno. Al parecer ante un eventual desaire a través de votos nulos, el vicepresidente anunció que la próxima carta será el llamado a una modificación de la Carta Magna para costurarla a medida de los gobernantes. Una opción siguiente sería la renuncia del presidente para decir borrón y cuenta nueva y volver a comenzar una ronda reeleccionista desde cero.

Algunos analistas ven en el empeño reeleccionista el propósito de garantizar  inmunidad para irregularidades durante la serie de mandatos, incluso una revisión meticulosa de la administración de los recursos obtenidos en los años de las vacas gordas, cuando fueron acumuladas reservas monetarias gigantes ahora en declinación. El Hotel Las Américas figura entre los mayores desafíos para el presidente. A cerca de nueve años de ocurrido el episodio sangriento que lo originó, aún repercute la admisión pública de que él impartió la orden de invadir el hotel. Al margen de quiénes ejecutaron la orden, a su cargo están anotados los resultados: tres muertes y persecución de decenas de líderes orientales. Igual espinoso resultará explicar decisiones ejecutivas como la planta de Bulo Bulo, muy cerca del Chapare y las plantaciones de coca y lejos de la frontera por donde se exportarían úrea y fertilizantes.

Un riesgo del continuismo es opacar logros sociales, ignorados bajo la obsesiva propaganda reeleccionista. Otro factor no buscado es inyectar vida a la oposición, estimulada para mantener y buscar posiciones unísonas. El costo reeleccionista puede ser muy alto, como también quedar inerme cuando el péndulo llegue al extremo opuesto.

 

Espejismo

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Pasada más de una década de las cruzadas cívicas que movilizaron a cientos de miles de cruceños para ganar espacios en la gestión de su propio destino, la autonomía departamental es todavía una quimera.  Los pasos para vivir bajo ese sistema se han convertido en un juego de pretensiones que van desde el Estado que jura haber establecido un régimen de esa naturaleza hasta sus ejecutores que pretenden desenvolverse bajo un sistema autonómico. La realidad suele imponerse a los espejismos  y el Ministerio creado para orientar la autonomía acabó reducido a principios de este año a un viceministerio del Ministerio de la Presidencia.

Una relación de ese proceso y su estado actual fue presentada hace poco con ¨Las autonomías centralizadas – El caso boliviano: ¿qué pasó y qué hacer?¨ (Plural, 122 páginas), de Juan Carlos Urenda, uno de los institucionalistas mejor versados del país.  El título curioso de la obra subraya el oximoron de autonomía y centralismo y parece un toque de clarín para una retoma de la larga marcha hacia la autonomía que las autoridades centrales consideran cuestión resuelta. La descripción que presenta el autor sobre cada recodo del curso seguido para la aplicación de la autonomía es como una vivisección de una de las mayores aspiraciones cruceñas.

Su dominio de los  temas institucionales llevó al Presidente Morales, durante una de las reuniones infructíferas de prefectos con el mandatario en 2008, a pedirle que fuera su asesor cuando aún era poca el agua que había corrido bajo el puente de la historia nacional reciente. El pedido se extinguió en esa misma reunión, pues ambos eran extremos contrapuestos desahuciados de converger sobre una misma senda.

La recopilación del autor  recuenta los pasos emprendidos para aplicar normas autonómicas clásicas, desde la descentralización administrativa hasta el manejo de recursos que corresponderían a los departamentos y que el Estado absorbe casi por completo. ¨El sistema fiscal boliviano es claramente centralista y así no puede haber autonomías de verdad¨, concluye el autor. Una sola muestra: del 11% que el departamento arrancó del poder central como regalías petroleras,  casi el 80% queda bajo la administración del estado central. Ni qué hablar de la educación, parte de cuya gestión es atributo de todo régimen autonómico. Urenda recuerda que bajo la ley Avelino Siñani-Elizardo Pérez el sistema educativo ha quedado bajo la égida del poder central de manera absoluta.

Recorrer la obra de Urenda puede resultar para muchos lectores como deshojar una cebolla: cada lámina produce lágrimas.

Jaime Humérez Seleme

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Fue un profesional sin recreos, convencido de que Bolivia sí tenia futuro,  dueño de una lógica persuasiva con sus causas cobijadas en el bien común. Como Jefe de Redacción y Director buscaba equilibrios sin desviarse de su misión de informador, su vida profesional fue un camino empeñoso y sin claudicaciones. Jaime Humérez Seleme emprendió su ruta final el 21 de octubre.

Los años de Jaime en el ejercicio profesional periodístico se insertan en la lucha de Presencia por salir adelante y por consolidar el liderazgo que alcanzó con las armas más nobles de la comunicación social: noticias, muchas de ellas exclusivas, redacción de calidad y respeto a las normas éticas.

Entre las últimas empresas en las que se embarcó estuvo la redacción del Código de Ética de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP). Debía haber sido uno solo, que englobara a todas las instituciones periodísticas, pero hubo sectores que quisieron escribir ellos mismos sus propias normas y elaboraron estatutos separados. Jaime Humérez y Willman Durán, también fallecido, se esmeraron en elaborar un documento digno de profesionales, que sirviese de antorcha ética para los periodistas. Creo que la meta fue lograda, aunque pocos recuerdan la contribución de esas dos personas en la elaboración de un conjunto de normas que buscaban hacer la tarea periodística éticamente más confiable. Tal vez no sean muchos los que sepan, pero Jaime y Willman quemaron las pestañas en la concepción y redacción de las normas éticas del que guían a los profesionales  de las empresas bajo el alero de la ANP. Junto a Alberto Zuazo Nathes fui parte del Tribunal de Ética Periodística gestado por la ANP, el primero de esa institución.

Muchos años antes, Jaime fue un puntal del sindicalismo entre los periodistas, cuando alcanzó la dirección del Sindicato de Trabajadores de Prensa de La Paz y  luego la Federación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia. Desde allí libró batallas siempre actuales para proteger la libertad de prensa,  a los periodistas y a los medios impresos acosados por tentaciones totalitarias.  Cochabambino egresado de la facultad de Derecho,  nunca ejerció la profesión, consecuencia de su inconformidad con una justicia mezquina y  con frecuencia tramposa. Jaime Humérez desarrolló  un camino profesional largo y señero, como pivote esencial de Presencia en los años en que el periódico pasó de semanario a diario, en 1958. Sus primeras páginas, que él mismo diagramaba con un inflatable lápiz Faber bicolor rojo-azul,  obedecieron a una concepción noticiosa atractiva para el público. Esas páginas, cuando la extension de un artículo se medía en centímetros y no en caracteres,  fueron muchas veces resultado de las jornadas nocturnas aliviadas con el sabor de un café tinto remachado por un Singani San Pedro.

Desde la jefatura de Redacción, Humérez coordinó y él mismo ayudó en el armado del diario de Che Guevara que el periódico decidió publicar de un envión y dejar en su rastro la hazaña de un tiraje de 134.000 ejemplares, todavía récord quizá imbatible del periodismo escrito boliviano. Con esa primicia, un verdadero ¨scoop¨, Presencia se anotó un poroto histórico que no dejó sobra para ningún otro diario, ni para los más fervientes medios del castrismo de aquella época. Lo que ellos habrían querido hacer, Presencia lo hizo, gracias a una combinación fortuita de episodios que hicieron que uno de los primeros ejemplares de la edición parisina llegara a la redacción. Esa madrugada fuimos varios los que nos hincamos sobre del pavimento de Editorial Lux para armar los cientos de páginas del documento. A esa incomodidad pueden ser atribuidos unos pocos errores de compaginación de esa edición.

A ratos veíamos a Jaime como un ¨toro¨. Incansable, a veces amanecía a la espera de las últimas noticias. Llegaba el alba con la satisfacción de haber cumplido la tarea, y aún con tiempo para ir el estadio Hernando Siles, donde las caseras escuchaban tertulias sobre la jornada que acompañaban a docenas de anticuchos consumidos por esos voraces comensales de las madrugadas.

Dotado de una paciencia excepcional, Jaime buscaba aclaraciones del redactor, corregía e indicaba cómo escribir mejor una noticia. Su letra menuda pero clara no representaba un gran esfuerzo para los linotipistas pues era muy  legible. Imponía su autoridad con una fuerza profesional que a nadie incomodaba. Jaime enseñó el camino para una buena redacción y entrenó en el buen olfato periodístico a muchos de las siguientes generaciones.  Tuvo a su cargo los diarios Hoy y Meridiano, en La Paz. Los cambios politicos, a menudo intempestivos, que ocurrían en Bolivia, lo llevaron a apartarse de Presencia. Fuera del periódico, incursionó en la internet con un blog: Bolivioscopio. Algunas de sus notas aún perduran en la red.

Su pasión por entender y construir Bolivia desde una óptica del Bien Común lo colocó entre los dirigentes del Partido Social Cristiano, antes de que se convirtiera en PDC. Inconforme con esa conversión,  refundó, junto a otras personas, el PSC original, pero el esfuerzo se diluyó en los períodos autoritarios que vivió el país.

La partida de Jaime cierra un capítulo del periodismo boliviano del que fue uno de sus grandes gestores. Fue parte destacada de una ¨belle époque¨ del perenne quehacer por forjar una sociedad mejor informada.   Le sobreviven su esposa Nelly y sus hijas Carole, Heidi, Marienka, Cecilia, Julieta, Karina y Claudia.