En la huella de la distopía

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La muerte de Fidel Castro ha reproducido lo que durante su vida el comandante sembró: polarización y controversia. La figura, elevada y firme durante gran parte de su vida, y en los últimos años encorvada y decadente, ha recorrido los espacios informativos de todo el mundo. Genio y figura, pocos meses antes de morir manifestó desconfianza hacia el deshielo entre Cuba y Estados Unidos, que busca superar un distanciamiento de más de medio siglo y oxigenar a la isla. Nunca dejó de afirmar que Cuba era un edén en gestación, aunque la realidad le decía que de ningún paraíso la gente escapa a montones dispuesta a sacrificar la vida en el intento. Bajo su vision, Cuba era la utopía realizada pero para gran parte de sus compatriotas ha sido una distopía real donde todo ha resultado tan insoportable que hay que escapar de la isla.
Las muerte del conductor cubano mostró la dificultad de muchos medios y comentaristas de definir al régimen. Nadie dudaría en calificar como dictadores a los generales Pinochet, Videla, Stroessner o Trujillo. Extender la definición al lider cubano, fallecido el viernes 25 de noviembre a los 90 años, ha sido difícil, peor aún subrayar las condiciones opresivas que subsisten en la isla. Fue perceptible el prejuicio cuando medios escritos bolivianos y de otras latitudes titulaban al día siguiente que ¨el mundo llora¨ la muerte del líder cubano. Nadie dudó cuando se dijo que el mundo había llorado el fallecimiento de la Madre Teresa de Calcuta. Atribuir ese sentimiento mundial hacia Fidel Castro fue un exabrupto ni siquiera explicable en la prisa por cerrar la edición.
¿Por qué? Una tentativa de respuesta es la resistencia del ser humano a desengañarse y aceptar que sus ilusiones se han vuelto una pesadilla. Ni siquiera los testimonios de quienes vivían esa realidad convencía a los que cerraban los ojos y seguían creyendo en la vision romántica de una revolución que entusiasmaba en sus primeros años y que acabó en una maquinaria despótica. El fanatismo enceguece, como cuando un articulista ruso pretendía que se le creyera que ¨1984¨, de Orwell, retrataba a Estados Unidos y no a la URSS.
Durante un viaje a la isla hace unos años, conversaba con un vigilante de playas que no admitía que Cuba había dado pasos gigantes en garantizar la salud, en grado envidiable para sus vecinos del continente. El vigilante arqueó las cejas y me dijo: ¨Eso dice la propaganda. Para la mayoría como yo, un hospital es inalcanzable. Usted puede ser atendido y beneficiarse de esa medicina porque va a pagar en dólares. Los cubanos no podemos hacerlo¨.
Dos países sudamericanos fueron foco especial de su atención: Venezuela y Bolivia. Con ambos tuvo los peores desencuentros y las alianzas más fructíferas. Fue a Caracas pocas semanas después de derrocar a Fulgencio Baptista y al presidente socialdemócrata Rómulo Betancourt le pidió un préstamo inmediato de 300 millones de dólares y petróleo subsidiado. Buscaba apoyarse en la riqueza venezolana para catapultar al castrismo por el continente. ¨De esta entrevista depende el futuro de la revolución¨, dijo a quienes lo acompañaban. No recibió nada. Betancourt, que había ganado las primeras elecciones libres venezolanas tras la caída del dictador Pérez Jiménez (1948-1958), le dijo que su país también estaba en aprietos y que para darle petróleo tenía que comprarlo a las compañías petroleras y venderlo a precio menor. Un negocio pírrico para un país que, entonces, ostentaba índices de atraso peores que los de Cuba.
Castro se fue con las manos vacías y en los años sucesivos Betancourt debió enfrentar invasiones guerrilleras apoyadas por La Habana, que pretendían convertirla a Venezuela en otra Cuba. El ejército las derrotó y la mayoría de los invasores acabó presa. Más tarde, sus líderes, desencantados con el socialismo real, abrazaron la democracia y algunos llegaron a ser respetables legisladores. Cuarenta años después, al llegar al poder Hugo Chávez, Castro encontró en el teniente coronel venezolano el respaldo que Betancourt no le dio. Con torrentes de petrodólares, Cuba apuntaló su economía y ¨exportó¨ miles de profesionales sin cabida en la economía estrecha de la isla.
Con Bolivia, la apuesta fue también grande. Compró la idea de que, en 1966, Bolivia vivía bajo una dictadura que se desmoronaba y la guerrilla que iba a encabezar Ernesto Che Guevara sería la mecha que incendiaría a un país que suponía ansioso por un sistema de gobierno como el cubano. Fue otro fracaso. La creencia absurda de que en Bolivia sería como en Cuba hundió a la columna, que pasó gran parte de los 10 meses de su odisea en lucha feroz contra la naturaleza, en especial insectos, mosquitos, parásitos y, carente de refugio seguro, bajo un hambre que la acosó incesante. ¨Nuestro problema principal era encontrarlos¨, me dijo el general Gary Prado Salmón, ante cuya compañía Che Guevara se rindió tras gritar ¨no disparen, soy el Che¨.
Cincuenta años después, Castro encontró en Evo Morales uno de sus más grandes admiradores, dispuesto a alcanzar metas de la revolución cubana bajo un sistema recauchutado: el Socialismo del Siglo XXI.

Un juicio a pique

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Hace poco más de una semana fueron reiniciadas las audiencias del Juicio del Siglo tras casi un mes de interrupción. Debo recalcar que asistir estos días como reportero al Palacio de Justicia de Santa Cruz trae consigo la extraña sensación de ingresar a un túnel oscuro donde manda la conveniencia del poder. A las sesiones han dejado de concurrir dos cartas que el Ministerio Público blandía entre los naipes con los que desde hace siete años sostiene que estuvo en marcha un plan siniestro bajo el cual el ejército iba a capitular vencido por las comparsas carnavaleras cruceñas y la policía municipal armada con bastones de goma. La sensación surreal persiste y todo apunta hacia una salida inesperada, incluso contra la voluntad de quienes propagaron la historia. No es ninguna premonición desatinada pues las sorpresas son una variante frecuente en el mayor juicio penal de la historia boliviana.
El curso de estos casi ocho años lo confirma, desde la fuga del arquitecto de la acusación Marcelo Soza, el apresamiento de fiscales y las confesiones estalinianas de algunos acusados para abrirse camino hacia la libertad, hasta el apartamiento del juicio del general Gary Prado Salmón, a quien el Ministerio Público atribuye la intención de descuartizar Bolivia y fundar una nueva nación desde la silla de ruedas en que está recluido hace más de tres décadas. A estos capítulos se suma ahora el alejamiento de Ronald Castedo, para el gobierno pieza articuladora de esa conjura a pesar de las deficiencias cardíacas crónicas que lo colocan entre las pocas personas en el mundo con múltiples cirugías cardiovasculares, inclusive extensores sucesivos dentro de otro extensor para desbloquear el flujo sanguíneo.
El surrealismo del caso viene desde sus orígenes. El presidente de la República anunció en tierras extranjeras que de él partió la orden de atacar el hotel donde murieron acribilladas tres personas con un salvajismo incomún en la historia nacional. Después vino la maquinaria propagandística del Estado a endosar la version, de la que, poco a poco, desaparecieron algunos puntales. No se ha vuelto a hablar de ¨magnicidio¨, por ejemplo.
Para jueces y fiscales, el caso parece tan fresco como el 16 de abril de 2009. Una excepción estos días partió de la juez ciudadana Sonia Mamani: discrepó de sus colegas Sixto Fernández, Julia Elena Gemio y Anastasia Callisaya, opuestos a la separación de Castedo. El trio recibió un fuerte revés cuando un tribunal de La Paz ordenó la separación mientras el ex ejecutivo de Cotas languidecía.
Las apuestas entre los que observan uno de los juicios más dilatados del mundo incluyen adivinar quién será el próximo separado, inclusive de entre los juzgadores. Entretanto, con la vacación judicial de La Paz en puertas, las audiencias fueron suspendidas hasta el 9 de enero. Con esta prolongada interrupción, a tres de los acusados aún presos les espera una nueva Navidad en Palmasola.

Tiempo de reflexión

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Los medios estadounidenses -y de más allá y más acá- han iniciado un examen de conciencia sobre el trabajo que hicieron antes de la elección sorprendente de Donald Trump. Fue tal la avalancha de encuestas y sondeos que daban por vencedora a Hillary Clinton que nadie se preocupó por verificar la idoneidad de las encuestas ni de los encuestados ni de desentrañar los sentimientos verdaderos que hicieron de la noche de 8 de noviembre una jornada memorable en las lides democráticas.
Los analistas perciben que no se asignó importancia debida al desafecto con el sistema que, pese a haber producido la mayor riqueza de la historia, no ha conseguido superar desigualdades impresionantes que aún persisten al lado de riquezas que pocos dudarían en calificar de hediondas. El rechazo a esos desequilibrios se impuso y muchos decidieron dar el salto al vacío que representaba la elección de Donald Trump y rechazar la continuidad atribuida a su rival. Que los grandes medios no hubiesen percibido el turbión que se aproximaba es la cuestión ahora instalada en las salas de redacción y escritorios de las encuestadoras. Puede haber certeza de que la cobertura de elecciones y de las actividades políticas del future no será más la de siempre. El público exigirá más rigor y los editores demandarán más precisión de los reporteros.
En una carta del editor del New York Times a los lectores, el periódico reiteró su compromiso de informar con honestidad, sin miedo ni favoritismos, y reflejar todos los ángulos de las noticias que entrega al público. El periódico global por excelencia estuvo entre los muchos medios que aconsejaron en sus editoriales no votar por Trump por hallarlo incapacitado debido a sus opiniones prejuiciosas sobre el sexo, las mujeres y los inmigrantes. Resultó que un gran número de votantes ignoró las advertencias y, a pesar de todo, dio su voto por el magnate. Sociólogos, politólogos e informadores están en carrera para encontrar explicaciones convincentes al fenómeno.
La aversion de Donald Trump hacia los medios no demoró en ser ratificada. La primera prueba post-elección vino cuando decidió no permitir que viajasen con él los periódicos que normalmente cubren las actividades presidenciales. La vision que tuvo el público de la visita del presidente electo a Barack Obama tuvo origen solamente oficial. No han ocurrido variantes notables en esa política.
Con las elecciones ahora atrás, la mayoría de las redacciones ha decidido refrescar sus códigos de ética y ponerlos con letra grande en frente de los editores para acentuar los esfuerzos por identificar razones más allá de las convencionales que llevan a los electores a manifestar sus preferencias de una manera determinada. Una contribución a los pocos días de la eleccción la dio Kathleen Carroll, directora ejecutiva de The Associated Press, la cooperativa noticiosa que sirve a casi la totalidad de los medios informativos de Estados Unidos y de gran parte del mundo. Al recibir una distinción en el club de periodistas convocó a sus colegas a reafirmar el compromiso con la transparencia y la defensa de la libertad de prensa e hizo algunas preguntas, válidas en todo lugar:
En la redacción de una noticia, ¿recoges frases de tweets y facebook en lugar de hablar efectivamente con la gente? Eso es pereza. ¿Envías correos electrónicos pidiendo a alguien una opinión para embutirla en una historia ya diseñada y preparada? Eso es decorar, no entrevistar. ¡Basta! Remachó diciendo que se ayuda a cerrar la puerta de la libre información cuando se acepta una información oficial sin someterla a verificación ni a cuestionamientos.
Si no estos no fueran ejemplos para reflexionar, recomiendo leer un libro de 150 páginas auspiciado por la Asociación Nacional de la Prensa: ¨Poder y ética en el periodismo¨, ahora en su segunda edición. Es una exposicción amplia del perioddista norteamericano John Virtue y contribuciones de Alberto Zuazo Nathes, José Gramunt de Moragas, S.J., Ana María Romero de Campero (+) y Juan Javier Zeballos (+).

Retorno del Americano Feo

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Muchos en el mundo aún no logran digerir la elección de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos. Entre las mejores explicaciones a las inquietudes que ha sembrado la decision del electorado estadounidense están las desigualdades que persisten en la sociedad más rica del planeta. Una representación de esas desigualdades se proyecta en los ingresos obscenos de los bancos, y en las liquidaciones y salarios aún más obscenos de sus ejecutivos.  Decenas, y a menudo centenas de millones de dólares anuales son cifras que ya no son asombrosas para ese tipo de categorías.

En el otro extremo, solo un 5% de los hijos de desertores escolares consigue llegar a la Universidad. El índice se iguala al de Eslovaquia, el más bajo de Europa, y es liliput ante el 33% de Canadá, nos recuerda Nicholas Kristoff, del New York Times. Decenas de índices con igual significado han sido divulgados estos días, sumados a una pregunta que todavía angustia: ¿Cómo podrá un padre explicar a sus hijas que en 2016 un candidato pluri-billonario, despectivo con las mujeres y con los inmigrantes fue elegido para presidir los destinos de su país?

La pregunta arde bajo los pies de los mexicanos, para quienes Trump ha repetido su promesa, ahora no ya de campaña sino de presidente electo, de erigir un muro fronterizo.

La amenaza se siente en todo el hemisferio y alimenta una noción que cobra ímpetu. Encarnada en Donald Trump, parece erigirse la imagen del ¨Americano Feo¨ que recorrió el mundo en el apogeo de la Guerra Fría.

Inspirados en la disconformidad con la política exterior y los valores politicos oficiales forjados en USA, William Lederer y Eugene Burdick escribieron ¨El Americano Feo¨ (1958).  El libro retrata las incomprensiones y fracasos de la política externa estadounidense en la primera época de la Guerra Fría y aún sigue entre los más vendidos.

En la version cinematográfica, Marlon Brando escenifica a un embajador en un país ficticio, donde el diplomático no consigue entender a un líder local (Eiji Okada) que procura demostrarle que la autodeterminación no equivale a marchar hacia el comunismo.  Ambos acaban enfrentados, resultado del simplismo del diplomático que ve la realidad solo en términos de blanco o negro.  Como Trump, cuando, sin ninguna corrección posterior, dijo que veía terroristas en los musulmanes o violadores en los mexicanos que cruzan la frontera.

No es fácil esperar que sus expresiones hayan sido solo balandronadas electorales pero medios infuyentes que lo adversaron han decidido darle la oportunidad de demostrar que en el ejercicio de la presidencia será distinto. ¿Será?

Un choque de oscurantismo

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Gran parte del mundo aún retiene la respiración para ver los efectos reales de la elección de Donald Trump. De inmediato, es cada día mayor la ansiedad por determinar el grado de oscurantismo que podría recaer sobre una administración cuyo jefe se ha manifestado contra casi todo lo forjado por y con Estados Unidos durante el pasado medio siglo. En ese amplio abanico de insatisfacciones ingresan desde la Alianza Atlántica con la que Estados Unidos ganó la Guerra Fría hasta los elogios del ahora presidente electo a Vladimir Putin y su rechazo a los tratados de libre comercio, en especial al NAFTA que coaliga el comercio de su país con México y Canadá. En el limbo han quedado las causas ecológicas que Estados Unidos abrazó, y los acuerdos contra la contaminación, incluso los programas en los que la participación financiera de Estados Unidos es esencial. Hasta el respaldo a la Organización de las Naciones Unidas (22% de su presupuesto) está en entredicho pues en algunos discursos el mandatario electo le restó utilidad.

Tras la aceptación con sobria dignidad del triunfo de su rival bajo el sistema de votos electorales, Hillary Clinton ha pasado a un segundo plano, pero con una estela de civismo ejemplar. Muchos dicen que reconocimiento de la vitoria de Trump el miércoles está entre los mejores mejores discursos de su larga carrera democrática y que con él dio un mensaje muy claro sobre cuál debe ser el comportamiento de un líder al perder una elección.  Lejos de reclamar una nueva elección, Clinton dijo a sus seguidores que le dolía haber perdido pero que Trump va a ser ¨nuestro presidente¨ y que debía dársele una mirada fresca. En una de sus frases más repetidas dijo: ¨Esta derrota duele, pero nunca dejemos de creer que vale la pena luchar por lo que es correcto¨.

América Latina estuvo fuera de los debates pre-electorales y no se espera que ingrese a áreas de interés para el nuevo gobernante, salvo casos muy especiales. Con México se avecina una pugna fuerte por la inmigración y el NAFTA, al que Trump responsabiliza por el decaimiento del empleo en algunos centros industriales. Esa visión luce para muchos economistas como de un simplismo extremo. No toma en cuenta que de ser producido en Estados Unidos, un refrigerador como el que produce México costaría dos o tres veces más. Tampoco cuantifica cuánto más deberían pagar los consumidores por defender el sello Made in USA versus el Made in China o Made in Brazil. El acceso al consumo que han tenido millones tiene un pilar fundamental en el libre comercio que apuntaló el progreso de las naciones en los útimos 50 años.

Dentro de la sombra gris que proyecta el resultado de la elección está también la relación con Cuba, que apenas empieza a florecer luego de un divorcio de más de medio siglo. Con la mirada más al sur, los observadores señalan que los gobiernos izquierdo-populistas de Venezuela, Ecuador y Bolivia, en ese orden, deberán moverse como si pisaran arenas calientes. Respecto a Colombia, señalan que Juan Manuel Santos deberá utilizar todo su buen juicio para mostrar que los acuerdos con la FARC son convenientes.

El asombro por la elección de Trump es equivalente a la decepción causada por la derrota de la candidata demócrata. Las manifestaciones callejeras que ocurrieron en las noches después de la elección en unas dos docenas de ciudades dice mucho del humor prevaleciente entre los ciudadanos ante los cambios en la brújula a la vuelta de la esquina.

El tabloid New York Post hizo notar el jueves que el Colegio Electoral deberá reunirse el 19 de diciembre en cada capital de estado y que, en teoría, nada impediría que un elector cambie de dirección.  Esto ya ocurrió este siglo, en 2004, cuando un elector declinó votar por el demócrata John Kerry y optó por su compañero de formula John Edwards.  En el lenguaje politico estadounidenses, a los defectores se los llama ¨faithless¨, sin fe o, más preciso, apóstatas. Las apostasías están prohibidas en solo 29 de los 50 estados de la union y el Post hizo notar que si un elector abdicase del candidato republicano bastarían otros 20 para mudar el curso de toda la elección.

La posibilidad luce remota pero es probable que la idea también ha martilleado la cabeza de las multitudes que han salido en manifestaciones nocturnas a protestar contra Trump.

El desenlace

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Una de las carreras presidenciales a la Casa Blanca más salvajes de las que se tenga memoria llega este martes a su fin. Gran parte de los sondeos hasta hoy vaticinan un triunfo de Hillary Clinton por estrecho margen, pero nadie se atrevería a apostar por el resultado de una carrera en la que la que gran parte de los ciudadanos de la más numerosa democracia del mundo ha sido persuadida por maquinarias propagandísticas implacables de que, en verdad, van a votar entre lo malo y lo peor.
En verdad, la credibilidad de las encuestas ha caído por un tobogán en todas partes. ¿Recuerdan que daban por seguro el rechazo británico a la salida de la Unión Europea? ¿O que el Sí a los acuerdos de paz en Colombia se impondría por amplia mayoría? ¿O que los bolivianos le garantizarían a Evo Morales una repetición que le permitiría gobernar hasta un cuarto de siglo contínuo? Pero a falta de otra referencia, solo las encuestas apoyan los vaticinios.  Pronto podrá verse cuán acertadas estuvieron.
Habrá que esperar hasta mucho más allá de esta medianoche para estimar con cierta aproximación el mundo que empezará a emerger a partir de mañana.
El problema mayor será el legado de estas elecciones. Nunca en 240 años de vida democrática la sociedad norteamericana vio su sistema tan desacreditado por el portaestandarte oficial de uno de los dos partidos con mayor representación. Donald Trump ha dicho que si la decisión del electorado fuese contraria sus pretensiones, habrá habido fraude y que no estaría dispuesto a reconocer la eventual victoria de su rival.
No es difícil anticipar el peligro que representa una posición así. El mundo estaría frente a un anuncio de rechazo radical a uno de los pilares más esenciales de la convivencia y de la vida democrática. Para los países aliados de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial un triunfo de Trump sería una notificación de que el mundo que surgió después de la guerra llegó a su fin. Qué ocurrirá después de eso ni siquiera Trump lo ha explicado.
Solo en los días que vendrán será posible determinar el impacto de sus expresiones libidinosos sobre las mujeres, sus opinions desdeñosas sobre los inmigrantes, en especial los mejicanos y musulmanes, y falsedades injuriosas como la que Barack Obama no nació en Estados Unidos.
Para una carrera que muchos consideraban ganada por la candidata demócrata, Hillary Clinton llega a la última ronda lejos de las expectativas de un knock-out temprano. No consiguió despejar el lastre negativo dejado por su uso de servidores no oficiales para sus correos electrónicos mientras fue Secretaria de Estado ni consolidar su mensaje de que representa el mejor liderazgo para dirigir su país en un momento de grandes desafíos en todos los flancos. El resultado de meses de campaña y tres debates televisados es que su elección podría ser ¨menos peor¨ para la región. En cambio, en gran medida gracias a su rival republicano, la candidata demócrata puede estar segura de contar con una porción considerable de los votantes hispánicos, que suman más de 25 millones (un 17% de toda la población). Ese número podría darle la victoria.
Para la mayoría de los observadores, el cambio de comando puede resultar sensible para ciertos países de la region más que para otros. El tono de los debates y discursos de campaña ha subido tanto que quien asuma la Casa Blanca no podrá ignorar la retórica de anti-norteamericana sentida en la región en los últimos años.

Medio siglo después

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¨Otras tierras del mundo reclaman el concurso de mis modestos esfuerzos. Yo puedo hacer lo que te está negado por tu responsabilidad al frente de Cuba y llegó la hora de separarnos.¨ Carta del Che  leída  por Fidel Castro en la reunion tricontinental de La Habana, 1966.

Medio siglo después de desembarcar en Bolivia para crear ¨uno, dos, tres, muchos Vietnam¨, Che Guevara no creería a sus ojos: el Vietcong ganó la guerra y Vietnam, reunificado bajo la égida comunista, se volvió un país dotado de un vigoroso ímpetu capitalista que lo ha catapultado como usina exportadora que coloca en el supermercado planetario casi de todo, desde zapatos hasta circuitos integrados. Sus principales escaparates están en Estados Unidos.

Che Guevara puso pie en Bolivia el 3-4 de noviembre de 1966. Su aventura acabó en pocos meses, el 8 de octubre siguiente, con su rendición (¨no disparen, soy el Che¨) y su ejecución al otro día dispuesta por la triada militar que comandaba Bolivia (René Barrientos, Alfredo Ovando y Juan José Torres).

Los historiadores ven en el desenlace un capítulo escrito en la pared, resultado de sus desencuentros con la realidad. ¨Venía de fracasar en el Congo, donde sus afanes guerrilleros ni siquiera fueron notados¨, dijo el Gral. Gary Prado Salmón, en una entrevista para este trabajo.

Prado fue el capitán ante cuyos hombres el Che capituló, en la única victoria militar decisiva en todo el Siglo XX.

Causó polémicas por donde pasó. Tras cinco décadas de haber venido a Bolivia, persiste el debate sobre qué lo llevó a esa determinación.

Una noción recurrente es que dejó Cuba desalentado porque sus propósitos de multiplicar el proceso cubano se nublaban ante la coexistencia pacífica URSS-USA.

La confrontación de octubre de 1962 y el desmantelamiento de los cohetes soviéticos en la isla y de los norteamericanos en Turquía, habían dado el golpe de gracia a la tesis de un choque nuclear inevitable entre los colosos. El nuevo modus vivendi no permitiría otra Cuba en el hemisferio y liquidaba la idea de desatar insurgencias en todo el continente en solo un quinquenio. Su situación en Cuba resultaba insostenible pues discordaba de la coexistencia que aceptaba Cuba, cuya sobrevivencia dependía de la Unión Soviética.

Fue al Congo, donde creía que había fermento para nuevas luchas. Su visión  era incorrecta y en poco tiempo estaba en un callejón sin salida.

Ahí ocurrió algo que precipitó su destino. El 1 de abril de 1965, seis meses después de llegar al Congo, Fidel Castro leyó ante el pleno del PC Cubano la carta de despedida que el Che le había dejado. Renunciaba a todos sus cargos, incluso a la ciudadanía cubana, para que Cuba no fuese responsabilizada por sus actos.

Fuentes diversas aseguran que, cuando supo de la revelación, montó en cólera, pues, afirmaba, la carta debía ser divulgada solo de ser prisionero o de morir. A partir de la revelación estaba inerme y Fidel quedaba como líder indisputado.

Documentos de una edición de ¨Pasajes de la guerra revolucionaria: Congo¨, el diario que escribió el Che en Tanzania, tras dejar las selvas congolesas sin pena ni gloria, subrayan la conclusión del combatiente sobre su aventura africana: ¨Esta es la historia de un fracaso¨.  La edición reprodujo una carta de Fidel Castro urgiéndolo a retornar: ¨…dada la delicada e inquietante situación en que te encuentras ahí, debes, de todas formas, considerar la conveniencia de darte un salto hasta aquí¨.

No fue un salto fácil. Viajó a Tanzania, donde estuvo meses en la legación cubana, y a Checoslovaquia, donde esperó tres meses la autorización para retornar a Cuba. ¨Cuando finalmente pudo hacerlo, fue bajo estricto sigilo y otra identidad¨, dijo Prado, quien ha leído gran parte de la literatura sobre el combatiente al que venció.

¨Estuvo de incognito en una granja cerca de La Habana donde se encontró con Fidel. De ahí salió la idea de venir a Bolivia¨, en base a un estudio de Regis Debray tras visitar Alto Beni y Chapare. ¨Es notable que la zona escogida para operar fuese el sudeste, la menos estudiada¨.  Este punto es uno de muchos aún no dilucidados. Aún se desconoce la influencia de los jóvenes bolivianos que estudiaban en Cuba y que fueron parte de la columna original de 21 hombres (17 cubanos) que vino a Bolivia. El resto de los 51 hombres fue compuesto por los que se sumaron al movimiento tras la llegada del Che.

El trasfondo de todo era el cisma comunista, con China contra la coexistencia pacífica abrazada por la URSS, interesada más en desarrollar su imperio que ocuparse de las revoluciones que el comandante buscaba desencadenar. El resultado de esa pugna sería otra de las sorpresas que encontraría el Che: Rusia perdió la Guerra Fría y está embarcada en su propia ruta capitalista, mientras China ha desarrollado un capitalismo de estado gigante y fuertes intereses con Estados Unidos, decidida a competir por la supremacía económica mundial.

Tras pernoctar en el Hotel Copacabana de La Paz, se fue a Cochabamba y Santa Cruz rumbo a la Casa de Calamina, cerca de Ipita, ruta a Camiri, en los parajes del sudeste, donde iba a instalar el campamento base.

La controversia sobre la operación en Bolivia continúa vigorosa. Hay estudios que desahucian la estrategia foquista y subrayan errores de la campaña. A Prado Salmón le parece imperdonable que ignorase sus propios principios. ¨Pregonaba que la guerrilla no debe dividirse, pero él la fragmentó cuando salió para evacuar a Regis Debray y Ciro Bustos, a principios de abril de 1967.¨

¨Él fue con la vanguardia y el centro del contingente para dejar a los evacuados cerca de Muyupampa. Joaquín quedó con la retaguardia en el campamento, sin que hubieran siquiera acordado un punto de reunión posterior ante cualquier contingencia. Error fatal. El ejército, que ya sabía de la base en ¨La Casa de Calamina¨, ocupó el lugar y Joaquín escapó:  con gran parte de su gente enferma, no podría resistir. Al retornar de la evacuación del dúo, el Che se encontró con el campamento tomado. Evitó retomarlo y empezó a buscar a Joaquín, que hacía lo mismo respecto a él. La guerrilla dividida nunca volvió a encontrarse¨, dijo Prado Salmón. ¨Esa fragmentación facilitó el trabajo del ejército, que combatió a una fuerza nómada, sin base y disminuida con la división¨.

Tras la capitulación, Prado Salmón estuvo largo rato junto al hombre que había rendido. Luego lo vio durante idas y venidas al campamento mientras ocurrían refriegas esporádicas. Café y cigarrillos y con el fragor de la batalla disipado, hubo un intercambio tranquilo. ¨Quería saber qué sería de él. ´Ud. Será juzgado por un tribunal militar de la división de Santa Cruz, bajo cuya jurisdicción está Ud.´¨ recordó haberle dicho.

¨Preguntó si (el juicio) sería en Camiri y le respondí que sería en Santa Cruz. Hablamos entonces de Santa Cruz y de Bolivia. Él quedó con la idea de que sería traído a juicio a Santa Cruz.¨  Prado Salmón subrayó que cumplida la entrega del guerrillero a sus superiores, volvió al comando de sus hombres. Al retornar, le informaron de la ejecución del comandante. ¨Yo no me esperaba una cosa como la que pasó¨.

Humberto Vázquez Viaña, en su juventud comunista fervoroso y de los primeros en sumarse al movimiento, fue crítico demoledor de la campaña. Murió en 2013 dejando una estela literaria que lo consagró entre los mayores iconoclastas del ¨guerrillero inmortal¨.

En ¨Dogmas y Herejías de la guerrilla del Che¨ (Ed. El País, 2013), Vázquez Viaña lo llama ¨hereje¨ y relata decenas de errores que llevaron a la capitulación. Sin logística ni abastecimientos, ordenó marchar hacia el Rio Grande con un objetivo fundamental: conseguir alimentos, cuya compra, transporte y volumen alertaron a los vecinos.

Vázquez Viaña menciona el silencio coincidente cubano-boliviano sobre la presencia del guerrillero en Bolivia. Callarla anuló ¨la mejor arma estratégica, por no decir la única, con la que contaba la guerrilla¨. El autor creía que esa presencia habría movilizado a multitudes de todo el mundo a favor de su causa.

Medio siglo después, son más densas las dudas sobre la viabilidad de lanzar desde parajes desolados tan remotos y hostiles una campaña para replicar la de Cuba.

(Publicado en Página Siete, suplemento dominical Ideas,  30 de octuubre, 2016)