Los pies en la tierra

Con un llamado a la solidaridad y la responsabilidad para promover sectores económicos capaces de sostener al país en la era post gas natural, la Universidad Ecológica de Bolivia, desde su fundación en 1999 una singularidad en el continente, inauguró hace pocos días un nuevo ciclo académico.
Con estudiantes de todo el país y un número creciente de extranjeros, asumió la conducción de esa casa de estudios superiores Carlos Hugo Molina, profesional multifacético durante muchos años asociado al municipalismo, el constitucionalismo y la participación popular en las gestiones de gobierno.
Consultor en casi todo el continente, diplomático e historiador, Molina diseñó algunos desafíos de la sociedad boliviana y de las universidades en particular. “Formamos parte de una sociedad que no ha desarrollado conciencia ambiental ni conciencia urbana, y debemos recuperar el tiempo a marchas forzadas.”
Algunos datos que mencionó en la noche de su posesión, el 18 de marzo, subrayaron la importancia de su mensaje desde Santa Cruz a los ámbitos académicos y su referencia a los contrastes que retan al país. Así como a pocos kilómetros de Quito se ubica el centro del mundo, en una zona tradicional de Santa Cruz, “…en la Plazuela Calleja, está el centro geográfico de América del Sur. Entre una y media y dos y media horas (por vía aérea) estamos en cualquiera de las capitales del sur del continente. Tardamos 16 horas para llegar en bus a La Paz y ocho para hacerlo a Puerto Suárez. Y sin embargo, tenemos comunicación en tiempo real con Chinchilla, población de Australia que se encuentra en las antípodas”.
El nuevo rector recordó el hito geopolítico del oriente boliviano: el memorándum de 1904, el documento visionario escrito por personalidades cruceñas de la época urgiendo, entre otros planteamientos, a construir un ferrocarril que permitiera a Bolivia abrirse paso hacia el océano Atlántico y superar la pérdida del litoral que el país había sufrido años antes. Era una propuesta esencial de integración que pudo haber cambiado el curso que siguió el país. “Ciento once años después, seguimos conversando lo mismo”, dijo, con desaliento.
Hasta hace poco a cargo del Centro para la Participación y el Desarrollo Humano Sostenible (CEPAD), Molina citó algunos rasgos traídos por el último censo de población y vivienda. Con 10 y pico millones de habitantes (“somos todavía muy pocos”), el 70% de la población vive en el eje central (Cochabamba, La Paz y Santa Cruz). El crecimiento demográfico de un censo a otro (2002-2012) ha sido de 1,57 %. Pero visto bajo el lente cuidadoso de Molina, el índice ofrece disparidades importantes para los planificadores. De 339 municipios en todo el país, 255 no llegan a tener, individualmente, más de 20.000 habitantes. Y así como hay municipios con crecimiento demográfico acelerado, hay otros cuya población declina.
Con cifras redondas, entre los municipios expulsores de población citó a Achacachi (de 70.000 habitantes a 46.000), Puerto Acosta (25.000 -12.000), Morochata (34.000-12.000) y Tiraque (35.000-21.000). En cambio, creció la población de Sena (Pando) de 2.000 a 8.000, Cobija (22.000-46.000) y Warnes (45.000-96.000). Los dos fenómenos de crecimiento han sido El Alto (650.000-850.0000) y Santa Cruz de la Sierra (1.131.000-1.454.000. Originalmente se asignó a Santa Cruz 1.700.000).
Los datos señalan con claridad las tendencias demográficas del país, a la par que subrayan la complejidad de los desafíos del país y de sus instituciones de enseñanza para avanzar y alcanzar niveles superiores de desarrollo. “El mundo no nos esperará y debemos darnos respuestas inteligentes, contundentes y oportunas”, dijo.
Fruto de las inquietudes académicas de Jerjes Justiniano, pronto a retornar a Bolivia al cabo de más de dos años como embajador en Brasil, la UE es única en su género en el continente, y una rareza en el mundo.

Breve recuerdo de un libertario

Una crónica de
Luis González Quintanilla

El otro día, sin decir “agua va”, la Parca me echó un importante guadañazo. Imagino que ella, al cabo del mismo, cayó en cierto desconcierto, pues pude esquivarlo. Estaba en el lugar adecuado y en el momento preciso: haciendo un trámite burocrático en el hospital de la Caja, a sólo 20 metros de “urgencias”. El buen ojo del clínico y del cardiólogo hicieron que se aplicase de inmediato el protocolo adecuado; la eficiencia de la asistente social impulsó mi inmediato traslado a la clínica especializada.

No me tocó una moderna ambulancia del programa “Evo cumple”, para la transferencia. El vehículo dispuesto, seguramente, era un rezago de aquellos de la antigua República. La sirena funcionaba, pero yo, el infartado, tenía que cogerme con fuerza del borde de la camilla, mientras mi esposa me apretaba la cintura para evitar los botes. Llegué, por fin a la meta. Allí todo fue coser y cantar. El procedimiento de limpieza de la arteria no fue muy largo y el dolor desapareció paulatinamente.

Sin embargo, en la noche, en ese importante y antipático lugar llamado terapia intensiva, la mirada pegada al techo, impasible el ademán, y entre el duermevelas correspondiente, la mente fue fluyendo hacia a la imagen de un amigo recientemente fallecido, el insigne Liber Forti. Estuve pensando en él mucho rato. Rememoré cuando me acercaron al personaje dos de sus grandes y antiguos amigos, Juan Carlos, “Gato”, Salazar y Humberto Vacaflor, estupendos

colegas míos que habían conocido al maestro cuando ellos llevaban pantalones cortos, allá, en la bucólica Tupiza de comienzos de los 50. Liber Forti había llegado años antes a ese pueblo con sus padres, tratando de poner distancia con los malos aires autocráticos de su país natal, Argentina. De la familia, como su nombre lo indica, mamó su ser libertario y solidario y su rebosante talento.

Hace un par de años, Liber me contó pedazos de su primer viaje a España, tras las huellas de quien su heroísmo lo convertiría en míto de la guerra civil española, Buenaventura Durruti. Nuestro ácrata argentino-boliviano, hombre de vastísima cultura y de una memoria excepcional, me apuntó también pinceladas de su viaje de retorno en una narración gozosa de las que llevaban su sello. Un amigo poeta le confió una carta para su amada, que estaba en Quito. Le leyó la poesía allí escrita y le entregó el sobre. El viajero, después de esos largos días sobre el Atlántico, montado sobre un barco de carga, con escalas en La Habana, Panamá y otros puertos menores, extravió el sobre con parte de su equipaje. Llegó a Quito con el pánico de incumplir el mandato del amigo, lo cual podía haber dado fin al apasionado romance. Pero Liber escudriñó los recovecos de su excepcional memoria y reconstruyó –presumo que con algunas mejoras- los párrafos del poema, y así pudo repetirlos a la destinataria. Más asombroso aún: la anécdota me la refirió decenas de años después del hecho –incluyendo la bella poesía – en una de esas tardes donde el privilegio de oírlo siempre las convertían en muy cortas.

Momentos plenos por la magia que comunicaba con sus dichos. Con detalles de jornadas épicas del incorruptible sindicalismo boliviano de otros tiempos. Con recuerdos de su amistad con aquellos hombres de acero que dirigían por entonces el movimiento minero y la COB. Relatos de pedazos importantes e inéditos de nuestra historia de los que él ahuyentaba cualquier propio protagonismo. Notas discretas de su descomunal aporte al teatro boliviano… Y, sobre todo, de su transcurrir libertario por la vida que tanto amó.

Liber Forti mereció enormes homenajes. Su talante discreto le hizo objetar intentos de cumplirlos. Hábiles biógrafos se ofrecieron a escribir uno o varios libros sobre su intensa vida. El, siempre con agradecimiento y cariño, explicaba que no se veía biografiado. Menos mal que el amor y el talento de Gisella Derpic, su compañera, rescataron valiosas páginas de la vida del excepcional libertario.

Creo que las circunstancias del breve recuerdo que tuve de Liber consienten estas pocas líneas.

Ante una distopía

Dirigentes de prestigio  internacional  enfilan baterías para sumarse a la defensa de líderes venezolanos encarcelados por el régimen de Nicolás  Maduro, en una actitud colectiva a favor de los derechos democráticos que perfila un movimiento en ruta opuesta a los regímenes socialistas del  siglo XXI. El paso anunciado por Felipe González (España),  Fernando Henrique Cardoso (Brasil),  Aecio Neves (Brasil), Alan García (Perú), Irving Cotler (Canadá, defensor de Nelson Mandela) y otros líderes de DNA democrático reconocido,  ha molestado al régimen venezolano cuando sobran los dedos de una mano para contar a los países que lo apoyan sin cuestionarlo y crece la inconformidad con el silencio de los gobiernos simpatizantes del  “chavismo”.

El trabajo del equipo legal potenciado por esas personalidades puede convertirse en el mayor desenmascaramiento de una situación que, para un gran número de venezolanos, es una distopía, la utopía al revés que se vuelve indeseable porque representa el polo opuesto de lo que muchos soñaron.

Son cada vez menos los venezolanos convencidos de que en su país existen las  libertades básicas;  son cada vez más los que creen que de la libertad de la que gozaron durante décadas ha desaparecido, y que la propaganda monótona proclama logros que se desvanecen con la escasez de casi todo, en un país que años atrás era sinónimo de abundancia.

La perspectiva de mayor visibilidad que supone la acción de los nuevos defensores para los detalles de la crisis en que está sumido el  país bolivariano  no es grata a los ojos oficiales. “Malandro” ha sido el calificativo más liviano que las autoridades venezolanas han endilgado a González. A partir de ahí se puede medir el calibre de otros adjetivos.

En las décadas de 1960, 1970 y 1980, Venezuela fue refugio seguro para muchos militantes de izquierda que huyeron de las dictaduras del sur del continente. Allí encontraron acogida y oportunidades que se les negaba en sus países.  La presencia de líderes de talla mayúscula al lado de los encarcelados es una respuesta incómoda para el silencio con el que ahora los regímenes de izquierda condonan las medidas que aplica el régimen de Maduro sobre sus opositores.

Ese silencio puede empezar a romperse cuando la defensa robustecida de los líderes encarcelados empiece a ganar una resonancia mundial mayor y se afirme la idea de que en la nación líder del Socialismo del  Siglo XXI rige una distopía.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Frente a las heridas

En medio de  incidentes provocados por descontentos con las tendencias de las circunscripciones electorales, continuaba este fin de semana el conteo de votos con una premisa aceptada claramente por todos: el  partido de gobierno perdió y sus autoridades deben trabajar inclusive con candidatos que no querían ver como vencedores. La incertidumbre que cubrió los resultados para la gobernación de Beni fue un coletazo de la decisión inédita de la Corte Electoral de anular de un plumazo al principal partido de oposición y a todos sus candidatos.

Todavía ruborizado por la magnitud de su decisión, el TDE beniano caminaba como sobre campo minado antes de contar cada voto del millar de las comunidades del Tipnis que aún faltaba.  El resultado anunciado al mediodía del viernes dejó una amplia sensación victoriosa, en especial para el candidato marginado Ernesto Suárez y el nuevo delfín de su partido Carlos Dellien. Ambos lograron la hazaña del desempate en una de las campañas electorales  más controvertidas y más exiguas de la historia: sólo en un par de días o “en cuatro horas efectivas”, según Suárez.   Al candidato gubernamental Alex Ferrier le faltó menos del 0,5% para una victoria plena que evite el desempate.

El mensaje venido de Chuquisaca no era claro este fin de semana, pues el resultado final deberá esperar hasta el domingo que viene, cuando el tribunal departamental habrá decidido sobre una excepción del MAS, renuente a aceptar la posibilidad de una segunda vuelta para  gobernar el departamento.

Aún espera la mano tendida de Soledad Chapetón al Primer Mandatario desde que su victoria se volvió inobjetable. El viernes, la alcaldesa electa deleitó a la audiencia de los principales canales televisivos exhibiendo modos sencillos e ideas claras y bien articuladas, en una lección nacional de lo que produce el empeño por una mejor educación, aun bajo las privaciones comunes a muchos hogares bolivianos.

Por lo general, las victorias tienen muchos padres mientras que las derrotas suelen ser huérfanas. El Alto era considerado por el MAS como su propia casa y la derrota en el mayor municipio de todo el altiplano encontró sólo dos explicaciones oficiales. La primera fue un error causante de gran confusión, pues partía de la creencia que la derrota habría resultado del machismo de los alteños. La explicación no reparaba que quien venció es mujer.  La segunda fue otro traspié, al responsabilizar de la derrota a la corrupción, sin ofrecer mayores especificaciones y sin aclarar por qué la admisión fue tan tardía.

En la pugna por la alcaldía de Cobija, el triunfo de Luis Gatty Ribeiro, por Pando Unido y Digno,  ha sido también un logro notable, en un departamento donde la presencia del gobierno ha sido indisputada todos estos años. De la otra esquina, Iván Canelas, del MAS, ganó la gobernación de Cochabamba con holgura. Pero el partido de gobierno perdió la lucha por alcaldía, que ganó  José Maria Ley, del Movimiento Democrático Social, el partido emergente fundado por Rubén Costas. Sólo en Potosí el partido de gobierno pudo ganar la gobernación y la alcaldía de la capital. En Oruro también tuvo que dividir honores.

Mientras son aguardados los resultados finales de estas elecciones toma vigor la pregunta sobre si el ciclo político que empezó a delinearse hace más de una década sobre la región latinoamericana ahora empieza a declinar.

Son visibles las manifestaciones de inconformidad  en países regidos por corrientes de signo político similar a la que rige en Bolivia. En el vecino Brasil las señales que ensombrecen al gobierno del PT son fuertes. La presidente Dilma Rousseff tiene el nivel de aprobación más escuálido bajo el PT: 12% de acuerdo a una de las más recientes encuestas, en línea con la debilidad de su economía. Los fenómenos económicos suelen expresarse como en dominó: el movimiento de una pieza condiciona a la siguiente.  En Argentina, la contracción del PIB puede llegar  este año del 1,3%, lejos del 7% que se asoma en Venezuela pero gigante para el vecindario de Bolivia.

A las nuevas autoridades les tocará administrar gobernaciones y municipios en una época de austeridad, un adjetivo repasado con poca frecuencia en los últimos tiempos.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Sabor de la derrota

Las resultados no oficiales de las elecciones departamentales y municipales apuntaban la noche de este domingo el camino hacia una Bolivia de rostro políticamente diferente, con la mayoría de los candidatos oficialistas derrotados por una marea de votos de una oposición variada que resistió a las amenazas del gobierno de sabotear a las autoridades no alineadas con el oficialismo. De La Paz a Cobija y de Tarija a Santa Cruz una derrota oficialista de magnitud lucia inevitable.
La victoria opositora cobró dimensiones de desastre para las filas gubernamentales dentro de su mayor reducto: El Alto, a menos de una decena de kilómetros en línea recta desde el Palacio de Gobierno, en La Paz, el corazón político del país. La ciudad, a 4.000 metros sobre el nivel del mar, ha sido centro decisivo de gran parte de la luchas políticas bolivianas en las últimas tres décadas. La oposición ganó también la gobernación del departamento y el municipio de La Paz.
En un esfuerzo por prevenir un Waterloo político (la derrota  decisiva de Napoleón ante las fuerzas inglesas en 1815), el presidente Morales había demandado un par de días antes a sus partidarios de El Alto que le dieran la victoria y les advirtió que una derrota en la mayor urbe altiplánica del continente sería un mensaje negativo con amplias repercusiones. No lo escucharon o quienes lo hicieron no pudieron contener la avalancha que se venía el domingo. En la noche, los conteos no oficiales asignaban a la opositora Soledad Chapetón, el 55% de los votos, una distancia más que holgada respecto al 31% atribuido al candidato del MAS. El sabor para el  gobierno era aún más amargo con el hecho de que la joven venecedora fue promovida por la Unidad Nacional, de su  archienemigo Samuel Doria Medina.
El presidente no habló en la noche del domingo. La tarea la asumió el vicepresidente Álvaro García. Con expresión sombría, el segundo mandatario dijo que el Movimiento al Socialismo había ganado un número significativo de concejalías y que algunos de sus candidatos no habían sido apropiadamente escogidos. La explicación planteaba una cuestión grave para la militancia y los dirigentes del MAS.
En la cuenta negativa del partido de gobierno estaban también las gobernaciones de Tarija y Santa Cruz, respectivamente con el ex legislador Adrián Oliva y el veterano Rubén Costas, quien en el conteo rápido ofrecido por las redes de TV logró un contundente 56%. Al triunfo de Costas se sumaba el de Percy Fernández, que parecía también tener la reelección asegurada.
En Beni, ganaba el municipio de Trinidad un militante opositor (el MNR, con un estrecho 2%) en tanto que para resolver la disputa por la gobernación surgía una posible segunda vuelta en mayo. Los dos resultados fueron logrados en medio de la confusión que trajo al departamento el marginamiento repentino del ex gobernador y nuevamente candidato al cargo Ernesto Suarez, junto a 227 candidatos de su partido, Unidad Demócrata, purgado de la carrera electoral.
Otro desempate lucia probable para la gobernación de Chuquisaca. Solo en Potosí el partido de gobierno ganado la carrera por el municipio de la ciudad y la gobernación del departamento. En Oruro, el oficialismo ganó la gobernación pero perdió la ciudad. En Pando, visto como una plaza oficialista segura, se repitió la misma ecuación. El mismo fenómeno ocurría en Cochabamba. Al ex portavoz del gobierno Iván Canelas se le atribuía una victoria una victoria cómoda para la gobernación del departamento pero la ciudad parecía rumbo a un alcalde opositor.
A partir del lunes se abre una etapa de examen y debate sobre la elección. Los resultados oficiales provendrán de la Corte Nacional Electoral en la primera quincena de abril.

Elecciones en la bruma

En medio de dudas y certezas, el país cumple hoy una jornada cívica con sabor a plebiscito. Esta sensación ha sido estimulada por la participación ostensible de las máximas autoridades empeñadas en lograr que la ciudadanía favorezca a los candidatos del gobierno. La Paz y Santa Cruz se han erguido en bastiones departamentales que contrarían ese empeño y que, junto a una decena de municipios mayores, pueden representar un revés electoral mayúsculo para las autoridades. En la capital política del país y en el mayor centro económico nacional los candidatos apoyados por el partido gobernante aparecen con un rezago sideral respecto a sus competidores. No es poco lo que entra al juego este domingo.
La demanda de aplazar las elecciones en el Beni creció en las horas previas a la elección con la información de que entre la veintena de municipios del departamento hay al menos tres en los que el partido de gobierno ganará por exclusión, o por “default”, en la terminología digital, pues con la eliminación de Unidad Demócrata desaparecieron las candidaturas de oposición. Tras la inhabilitación de ese partido, la salida forzosa de Ernesto Suárez y su reemplazo por otro candidato que a su vez era postulado por su propia organización, para muchos votantes el tarjetón electoral parecerá un laberinto. Confusión y caos eran los términos que más reflejaban la situación que surgida en todo el departamento.
Al concluir que los comicios benianos deberían ser aplazados hasta nueva fecha, la Defensoría de Pueblo dictaminó que no hay condiciones para llevarlas a cabo. Las autoridades electorales rechazaron las sugerencias para una suspensión y confirmaron que no habrá variación del calendario electoral. Puede hasta parecer una exageración, pero para muchos de los votantes de ese departamento, ir al recinto de votación es un camino hacia la oscuridad. ¿Puede haber elecciones legítimas así?
Será difícil que esta situación sea ignorada por los observadores de entidades supranacionales, inclusive por la UNASUR que promovió el fallecido comandante Chávez. No hay antecedentes conocidos en el país de una eliminación masiva de candidatos que afectase tan letalmente el derecho al sufragio. El incidente no podrá ser evitado en sus informes, así como tampoco referir que las principales autoridades estuvieron hasta el final de la campaña alentando la defensa del proceso que encabezan y que probablemente perciben amenazado por veredictos adversos del electorado. ¿A favor de quién creen que Samuel Doria Medina pediría implícitamente apoyo si un par de noches antes de la elección convocara al electorado a votar para defender “el proceso” del que él se identifica como vanguardia?
Una cosa es el propio presidente en el combate electoral y otra alentando y apoyando a los que representan a su partido. Está por verse en las urnas el resultado de los mensajes admonitorios de “voten por mis candidatos” si quieren obras, “retiraremos las graderías” o de seguir con la campaña inclusive en las últimas horas. Hasta antes del cierre del período de medición de intenciones de voto eso no parecía haber ayudado a los candidatos oficiales en La Paz ni en Santa Cruz.
Estas elecciones son la antesala del país post-gas, o el inicio de un período en el que se deberá ver cuánto Bolivia sembró o no sembró durante la bonanza de los precios de los hidrocarburos. Pasado el fervor electoral empezará un capítulo diferente en la vida del país con repercusiones que, oficialmente, aún no son calculadas.

Los que pierden

Son muchos los bolivianos que se han sentido frustrados con la decisión del Consejo Nacional Electoral que inhabilitó  al partido puntero del Beni, Unidad Demócrata, en momentos en que su candidato Ernesto Suárez era delantero en la carrera por la gobernación del departamento (35% vs. 33% del candidato oficial Alex Ferrier, en una de las encuestas más recientes) . En todo el país han surgido cuestionamientos  a la posición asumida por el tribunal electoral. Pretender ignorar este fenómeno es como querer tapar el sol con un cedazo.

La decisión drástica del CNE representa para muchos la pérdida de una oportunidad para desmentir la sensación de que sus miembros son piezas del poder gubernamental. Nadie puede discutir el hecho de que esa decisión  priva a la segunda región más extensa del país  de votar libremente este domingo que viene.

El precedente inmediato para esta crisis fue aquel desafortunado: “Voten por mis candidatos o…,” etc. No ha habido  una rectificación contundente para ese propósito.

Inhabilitar al partido de Ernesto Suárez y de paso a otros 227 candidatos de su partido, se yergue como un revés muy grave para estas elecciones en las que el gobierno se juega mucho. En momentos en que todo anuncia una disminución masiva de  los ingresos por exportaciones y el fin de las holguras financieras de los últimos años, obtener una victoria en las principales plazas departamentales es una necesidad imperativa para las autoridades.

Con las encuestas como intérpretes, la perspectiva de una victoria así era desalentadora ya antes de la decisión del tribunal electoral. Ahora  luce sombría. Los afectados no son solo el grupo de dirigentes que encabeza el ex gobernador Suárez. Además de la credibilidad del propio tribunal electoral, han quedado en el desierto el partido de gobierno y su candidato a la gobernación beniana. ¿Con que cara votarán sus partidarios después de una jugada vista cuando menos como desproporcionada?

La misma perplejidad se presenta ante los que supuestamente se beneficiarán del desconcierto que ha cundido en Unidad Democrática.  Es un error creer que solo por el hecho de representar una opción opositora al gobierno del presidente Morales sería fácil transferir las simpatías del líder beniano y su partido a NACER. De esa agrupación surgió la iniciativa que remató en la inhabilitación de Suárez y de todos los demás candidatos de Unidad Democrática.  Lo mismo vale cuando entra a esta ecuación el MNR y sus dirigentes benianos, a quienes los partidarios de Ernesto Suárez solían ver más próximos del partido de gobierno que de la oposición.

Tragar sapos y culebras es una tarea desagradable que a menudo practican los políticos en todo el mundo.  Ahora el plato está servido masivamente para ambos lados. Si se ha querido anular a un líder emergente, se lo ha potenciado. Suárez y su partido han crecido en notoriedad nacional. El gobernador beniano ha trascendido los límites regionales y se ha proyectado a todo el país. Más grave todavía: ha puesto la factura a nombre del presidente y como garante al partido de gobierno.