La noche aún nos envuelve

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 Nota: Esta versión ajusta el texto anterior, sólo por motivos de precisión y mayor información.

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En un parafraseo de la obra de Jan Valtín (“La Noche Quedó Atrás”, de Richard Krebs, su nombre real), Bolivia no consigue dejar su larga noche. Se ha cumplido una nueva jornada plebiscitaria del frenesí electoral  del que Bolivia no logra salir desde comienzos de la década.  Pero la oscuridad continúa ensombreciendo el horizonte nacional, a pesar de los esfuerzos del gobierno por presentar un cuadro optimista para quienes votaron por su constitución.

Los resultados conocidos hasta ahora son un revés para el MAS, que no consiguió la masa crítica regional y ciudadana para ejecutar su proyecto socializante sin traumas y para conducir raudamente a Bolivia hacia un pasado que cree paradisíaco. El país continúa escindido. Una visión revanchista y rencorosa, estatista y desalentadora de la inversión no estatal domina desde el occidente profundo, con apoyo sólido en cuatro departamentos (La Paz, Oruro, Potosí y Cochabamba).  Pero sólo ha logrado el 60% de los votos. Tal vez menos. Y ha perdido en los mayores centros urbanos.  La otra visión, que busca la modernidad con la libre iniciativa que en tres décadas hizo de Santa Cruz la locomotora económica de Bolivia, le ha dicho No.  Es la visión que domina el oriente, sur y norte del país. Los cuatro departamentos de la Media Luna (y posiblemente Chuquisaca), le han negado respaldo.  Que Pando, militarizado desde el 15 de septiembre y con su primera autoridad encarcelada y sus líderes cívicos perseguidos, también le hubiese dicho No, es una afrenta que el gobierno debería evaluar cuidadosamente.

Probablemente no lo hará. Pero sabemos  que no se implanta una ley de leyes con casi dos terceras partes del territorio nacional en contra y con el grado de conflictividad que se ha instalado en todo el país. Pretender hacerlo sin un amplio consenso sería demencial. Mucho más con las contradicciones y obligaciones creadas por el proyecto vencedor, que llevan una carga capaz de inviabilizar al gobierno.  El ex Vice-Presidente Víctor Hugo Cárdenas recordaba por TV que para ser instrumento unificador y pacificador, el proyecto requeriría de la aprobación sólida de todos los departamentos. En eso coincidía con el actual Vice-Presidente García, quien solía decir –hace menos de un año- que el proyecto sería inaplicable si perdiese en uno solo de los departamentos.

Bolivia no está entre las grandes democracias donde nadie disputa un triunfo mayoritario, incluso  por un  voto. Lo que siempre se disputó fue la ilegalidad que torció irremediablemente toda la trayectoria del proyecto desde su concepción. Ganó por el peso poblacional del departamento de La Paz, pero lejos de los mágicos 2/3. Eso no garantiza estabilidad. Expresa una condición de rehén, aunque por ahora la condición resulte conveniente al gobierno. Pronto puede llegar el momento de rendir cuentas. Cuando tenga que aplicar lo propuesto. Y cuando perciba que sus arcas se vacían porque se exporta menos y los precios bajan. Que su club de amigos no es muy recomendable, y que al  aguijonear a los Estados Unidos se empantana. O -espero fervientemente equivocarme- cuando los que lo apoyaron perciban que todo encarece, que los sueldos no alcanzan, que es más difícil conseguir trabajo y que las puertas europeas se han cerrado. Ese momento puede estar más próximo de lo que parece.  

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