Día: enero 23, 2009

En arena movediza

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Un viejo dicho irlandés sostiene que “el lugar de la lengua es detrás de los dientes”. Otro es más común y significa lo mismo: “En boca cerrada no entran moscas.” Ambas son frases impresas en las cabezas del mundo diplomático, en las que el presidente pareció no reparar ayer jueves, cuando en la reunión del congreso para informar sobre sus tres años en el gobierno, desencadenó una andanada sobre los Estados Unidos. Dijo que la embajada de ese país había pagado $US 10.000 a cada uno de los congresistas que votaron por su expulsión de la Cámara de Diputados en 2002. (El mandatario, no mencionó ningún atisbo de pruebas para su afirmación.) Recordó que había expulsado al embajador Philip Goldberg en septiembre pasado, y que lo consideraba un “descuartizador de estados”; afirmó también que USAID, en vez de ayudar a Bolivia, la había vuelto dependiente de alimentos y de apoyo militar. En fin, todo sería parte de una conspiración contra su gobierno. La cadena de acusaciones no acababa y el encargado de negocios estadounidense, Kris Urs (así aparece escrito el nombre en toda la prensa nacional) decidió que era suficiente. Perdió la paciencia y salió del recinto legislativo.

Afuera, desde su automóvil, declaró que las afirmaciones del presidente Morales eran falsas y atentaban “contra la dignidad de mi gobierno y del presidente (Barack) Obama”, quien tomó posesión del cargo sólo 48 horas antes. Urs protestó porque el presidente Morales siguiera utilizando a Estados Unidos como “una ficha en su juego político interno”.

En términos diplomáticos, esa es una actitud muy dura. Una primera consecuencia: Si el gobierno boliviano esperaba mejorar sus relaciones con la primera potencia mundial, toda posibilidad inmediata desapareció con las afirmaciones del presidente Morales.

Hoy viernes no había una respuesta formal de Estados Unidos, pero las quejas bolivianas empiezan a ser frecuentes. Un avión radar que utilizaba la DEA para detectar vuelos de aeronaves clandestinas, probablemente transportando drogas, ha vuelto a sus dueños, los Estados Unidos, y la fuerza anti-droga de Bolivia no tiene cómo detectar esos vuelos de la manera en que lo hacía aquella aeronave especializada. Algunos estan celebrando.

Si hay nuevas señales sobre el deterioro –o reparación- de las relaciones entre los dos países, nunca tan frágiles en la historia de ambos, podrán vérselas en la Cumbre de las Américas, en Trinidad y Tobago, en abril.

O antes.