Huellas de un aniversario

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Con la avalancha informativa sobre el cincuentenario de la muerte de Che Guevara, tal vez no se prestó mayor atención a hechos que dibujaban mejor lo ocurrido en Bolivia estos días y su significado en una realidad contradictoria que parecieron reflejar.  Menos de una semana después de rendir tributo al guerrillero argentino-cubano e identificarlo como su verdadero héroe, el Presidente Morales presidió el homenaje de las Fuerzas Armadas a quienes lo derrotaron y pusieron fin a su campaña. La incongruencia entre los actos de Vallegrande, primero, y de La Paz, pasó desapercibida para el Jefe del Estado, quien dedicó gran parte de su discurso a atacar al ¨imperialismo¨, imprescindible en su oratoria. El de La Paz semejó un acto en el que los participantes militares caminaban por una ruta y las palabras vibrantes del mandatario por la orilla opuesta.

Hasta ese momento, muchos ignoraban que el propio Jefe de Estado y el Alto Mando Militar iban a homenajear a los excombatientes de la guerrilla, algo que nunca había ocurrido durante todos los años del gobierno. Hasta hoy se especula sobre qué motivó al gobierno a llevar a cabo el homenaje cuando aún estaban en Bolivia algunos de la multitud de admiradores que vinieron a rendir tributo al comandante guerrillero.  Un dato citado por  testigos y observadores parecía elocuente: en las ceremonias de Vallegrande no hubo una presencia visible de militares. Fue notoria la ausencia de ex combatientes, pese a que tenían todos los gastos cubiertos, inclusive la oferta de un viático especial.  La versión más verosímil parece estar en la insatisfacción miliar con la posibilidad de dejar pasar el aniversario e ignorar la acción de 1967, en la que ocurrió la única victoria decisiva de las armas bolivianas el siglo pasado contra una fuerza que se proponía crear ¨uno, dos, tres, muchos Vietnam¨ a partir de Bolivia. Con todo, los detalles sobre la decision aún permanecen oscuros.

En La Paz, los ex combatientes fueron condecorados, acto que el presidente Morales equilibró con su fuerte discurso anti-norteamericano, con blanco en la CIA. Culpó a la agencia norteamericana y a los generales bolivianos de la muerte del guerrillero. Como ha sido habitual, no elaboró su afirmación ni sus bases históricas.

El fervor marcial del acto en el Cuartel General de Miraflores, menos de una semana después, fue visto como una evidencia de que, por sobre otras enseñanzas, pesa sobre los militares su propia historia. Los observadores subrayan que es improbable que el relato que recibían hasta hace una década vaya a transformarse para aceptar la versión de que la victoria en la campaña de Ñancahuazú no fue obra de bolivianos.

El debate sobre la guerrilla de 1967 recobró actualidad y reavivó controversias estos días con declaraciones de la combatiente de aquellos años, Loyola Guzmán, parte del grupo original que comandó Che Guevara. En una extensa entrevista publicada por Página Siete el domingo antepasado, la ex guerrillera explicó por qué se escogió Ñancahuazú, en el remoto sureste nacional, como base de operaciones para lanzar la campaña.  El lugar ha sido señalado como inadecuado por los críticos de la guerrilla pues equivalía a estar en el medio de nada: a cientos de kilómetros de la frontera más próxima (a 400 kilómetros de Argentina, a 800 kilómetros de Brasil y a más de mil de Perú).   ¨Por lo que nos explicó (el Che) era una especie de retaguardia¨, dijo la ex combatiente, cuya misión era organizar y activar una red urbana de lucha clandestina. Esas distancias gigantes respecto a la retaguardia se multiplicaban con la condición inhóspita de la zona, lo que, en opinión de los críticos, anticipaba la derrota. La retaguardia quedaba muy lejana de los lugares sobre los que se suponía que los combatientes debían operar y una cobertura logística minima lucía adversa.

La ex combatiente, nemesis para el partido de gobierno y al lado de quienes se oponen a la reelección indefinida del Presidente Morales (¨Si ser izquierdista es ser masista, yo no soy izquierdista¨), dijo que la campaña en Bolivia debía extenderse por muchos años y que su estallido el 23 de marzo de 1967 fue prematuro. En contraste, los críticos y analistas de la campaña sostienen que habría sido solo cuestión de días para que el movimiento quedase al descubierto. Casi todos los autores coinciden en que la presencia de la columna de Guevara era conocida desde hacía semanas y que los pobladores de la extensa región escogida para lanzar los combates mantenían informado al ejército. Cuando la base de operaciones del movimiento fue capturada a pocas semanas de la apertura de hostilidades, la campaña guerrillera quedó sin cordon umbilical, a la intemperie, y su suerte sellada.

Una apreciación general es que los actos del cincuentenario fueron solo una página entre otras cuya lectura quedó pendiente y que sobre la conmemoración en Bolivia resta mucho para contar.

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Reveses

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El gobierno ha sufrido estos días reveses bochornosos que ni sus más obstinados admiradores podrán ignorar. Vemos algunos:

El presidente envió a la OEA a dos escuderos -Héctor Arce Zaconeta y Gabriela Montaño- para presentar un caso curioso. El presidente reclamó que la constitución que él y su partido enarbolaron con orgullo, era un traspié para su afán de reelegirse por enésima vez. En criterio del mandatario y de quienes expusieron su caso, el presidente sufre el desconocimiento de un novedoso ¨derecho humano¨ de reelegirse  hasta la saciedad. Parecería que el mandatario y sus promotores buscan banalizar los derechos humanos. Que un presidente alegue que se le está violando su ¨derecho  humano¨ de reelegirse sine die parece una jugarreta que caló en Bolivia, cuyo Tribunal Supremo ahora analiza, pero que se atascó ante sus interlocutores de la región.  El ambiente era de estupefacción y nadie, ni sus aliados del disminuído Socialismo del Siglo 21, osó suscribir el reclamo. Era como decir que a Trump se le violaba un derecho humano por la condena a sus actitudes ofensivas hacia las mujeres.

Poco después ocurrió el aniversario de los 50 años de la ejecución (es la definición  correcta) de Ernesto Che Guevara. El bochorno fue ver al presidente  homenajeando a los que perdieron la guerrilla de 1967,  desdeñando a los soldados que la derrotaron,  y colocando al guerrillero como paradigma. En Santa Cruz, los ex combatientes desfilaron al lado del  comandante con el que vencieron la última batalla. Los ex combatientes aportaron de sus exiguas pensiones para levantar el mural que ese día se inauguró con la lista de los 54 caídos del ejército y de cientos de combatientes. Altivos y paso firme, algunos recorrieron el lugar bajo los aplausos de cientos de asistentes. Mientras el presidente y parte de su plana mayor rendían homenaje a los vencidos, a los vencedores les rodeaba la simpatía de parientes,  amigos y de algunos líderes cívicos cruceños.

El 10 de octubre multitudes salieron a millares por todo el país para conmemorar 35 años de la restitución de la democracia. Evo arremetió contra sus dos contrincantes principales:  Carlos Mesa, con su popularidad aún no articulada en ningún partido, y Jaime Paz, a quien atacó con más vehemencia que nunca. Su arremetida pareció una señal de que ve en Paz Zamora, que en dos meses ha recorrido casi todo el país, uno de los muros más difíciles para alcanzar su propósito.

Homenaje oficial a la gesta de 1967

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En un cambio radical de la conducta silenciosa que mantuvieron durante una década, las Fuerzas Armadas rindieron esta mañana homenaje a los combatientes de la guerrilla de Ñancahuazú y destacaron su desempeño para derrotar a los guerrilleros que comandaba Ernesto Che Guevara.

El escenario de la ceremonia presidida  por  el Alto Mando Militar fue el patio central del Cuartel General de Miraflores. El presidente Evo Morales estuvo a la cabeza de la ceremonia y distribuyó diplomas y condecoraciones que, en la voz del locutor de la emisora estatal de TV, fueron el ¨homenaje del Estado¨, –sin ningún adjetivo– a los excombatientes. No estuvo presente el Vice Presidente Álvaro García Linera.

En un breve discurso el Presidente Morales destacó  su reconocimiento a la fecha, y dijo que la clase militar y de entonces la constituían  ¨soldados obedientes de instrucciones internas y a la clase política de entonces que estaba sometida a instrucciones externas¨.

La banda militar interpretó las marchas e himnos nacionales clásicos y a algunos  conmovió  la tonada del Soldado de Ñancahuazú, una parodia de Mis Harapos, de Antonio Tormo, en una de cuyas estrofas combatientes bolivianos cuentan momentos de tristeza porque ¨no faltaba un guerrillero que mataba a un camarada…¨ La tonada recorrió las redes con profusión estos días de conmemoración del cincuentenario de la campaña de 1967.

En todos los aniversarios anteriores bajo el actual gobierno, la gesta de 1967 había sido recordada con extrema cautela y a veces inclusive ignorada.

El domingo 8 de octubre el presidente Morales presidió las ceremonias conmemorativas de Vallegrande y rindió homenaje a Che Guevara. Pese al pedido de las autoridades para conseguir la participación de los ex combatientes en esas ceremonias, ¨no asistió ni uno solo¨, me dijo un ex combatiente. Se buscaba una ¨reconciliación¨ de los combatientes de entonces con un abrazo ante la tumba del Che con las autoridades y representantes de Cuba que vinieron a Bolivia para ese acto.

En Santa Cruz, oficiales de la Fuerza Aérea rindieron homenaje a los soldados caídos en 1967 durante un acto breve en la Plaza 24 de Septiembre, al lado de dos cuadros de homenaje a Guevara colocados allí dos semanas antes.

Los cuatro hijos y dos hermanos del guerrillero argentino-cubano estuvieron en las ceremonias del 8 de octubre en Vallegrande. En Santa Cruz, decenas de excombatientes y cientos de amigos se congregaron en la Plaza Litoral, en el Barrio Militar, el mismo día para rendir homenaje a los ex combatientes y descubrir un mural gigante con los nombres de los caídos en los combates y de los que participaron en la campaña.

La angustia de las urnas

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El recorrido del gobierno para consolidar su ruta hacia la re3 (tercera reelección) para luego conferirle un carácter  indefinido se ha vuelto más espinoso tras las concentraciones del 10 de octubre en todo el país. Con miles de ciudadanos en las calles, las demostraciones exhibieron para el presidente  y la cúpula gobernante que una gran parte de la ciudadanía  quiere respeto al ordenamiento constitucional y repudia la noción del líder único indispensable para regir la nación.

Los observadores coinciden en que las concentraciones del martes son una muestra de la urgencia que se siente en el país por un cambio  de líderes, y  el reclamo por una administración austera y responsable. Lo ocurrido el martes no podrá ser ignorado por el Tribunal Supremo de Justicia que en días más deberá pronunciarse sobre la constitucionalidad de la pretensión de una re3.

La presión indudable que ahora existe sobre la máxima institución de la justicia, que gran parte de la ciudadanía percibe como dócil a los requerimientos del gobierno, es incompatible con la noción de que  los jueces deben decidir libres de presiones.

A esta coyuntura se ha llegado tras la aceptación que hace dos semanas anunció el tribunal de considerar la demanda del partido de gobierno para dejar sin efecto los preceptos constitucionales que prohíben una nueva reelección del Presidente Evo Morales. Esta aceptación acentuó el desaliento de quienes aún quieren creer en la imparcialidad de los jueces supremos. La expectativa sobre el fallo que debe pronunciar el Tribunal es creciente por  las actitudes del propio presidente, quien en otras ocasiones aseguró que no volvería a candidatear y que al final del periódo de gobierno en curso se iría a cultivar su hato de coca en el Chapare.

La coyuntura ha agravado la impresión de muchos de que gobiernos del Socialismo del Siglo XXI solo ceden poder si los reclamos vienen acompañados por avalanchas de votos.  El régimen de Nicolás Maduro ha resistido incluso a la derrota legislativa de 2015, y se las arregló para conservar su poder apoyado en la fuerza militar. En las elecciones regionales de este domingo, en Venezuela están en juego las 23 gobernaciones del país. Con índices de aprobación de 20-25 por ciento, no es mucho lo que Maduro y su partido podrían esperar pero habrán logrado una tregua que, por todo lo visto, puede ser muy efímera.

Una razón principal por la que dirigentes del Socialismo Siglo XXI se aferran al mando puede yacer en tropelías cometidas  en el ejercicio ilegal de ese poder y el temor a rendir, algún día, cuentas ante una justicia cuyas reglas nunca sospecharon que podían volcarse contra sus propios diseñadores.

La semana antepasada el gobierno nacional quemó uno de sus últimos cartuchos cuando no consiguió ningún respaldo en la OEA para la original tesis de que al Presidente Morales se le violan sus derechos de ser humano a través de la CPE de 2009, algunos de cuyos artículos prohiben la reelección que buscan el mandatario y su partido. La oposición ha acudido a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que aclare si es correcta la interpretación del gobierno que asegura que la CPE interfiere los derechos humanos del presidente al impedir su re3. La corte deberá dar su veredicto en las semanas próximas.

El empeño reeleccionista amenaza con restar brillo a la gestión del presidente y afectar áreas no vinculadas necesariamente a sus acciones internas. No son pocos los que creen que tras ese empeño  yace un temor al futuro. Salvo algún pacto nacional creíble, nadie estaría en condiciones de garantizar, en los límites nacionales,  un retorno no traumático de los hombres del gobierno a la vida fuera del poder. En eso estriba la angustia de las urnas presente en los últimos regímenes de la izquierda del siglo 21.

Una visión sobre Kurdistán

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Kurdistán iraquí merece la independencia
Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz
Kurdistán iraquí de 40.643 kilómetros cuadrados y 8,5 millones de habitantes, autónomo dentro de Irak, celebró un plebiscito a fines de septiembre de 2017 en el que el voto independentista ganó el 92 por ciento. Es una región democráticamente estable y organizada dentro de la inestabilidad política de Irak el cual se mantiene gracias a la ayuda externa sobre todo de EEUU, a los triunfos bélicos que va alcanzando contra el ISIS, y a la habilidad perenne de mantener relativamente satisfechas a las colectividades musulmanas sunitas, shiítas y desde luego kurdas que pueblan Irak, aunque Kurdistán es un caso aparte sobre todo ahora con el resultado de este plebiscito ante el cual el primer ministro de Irak, Haider al Abadi, ipso facto amenazó con enviar fuerzas armadas iraquíes para contrarrestarlo aunque luego escuchó consejo, recapacitó y declaró que no quería guerra entre iraquíes. Irán, Turquía y las milicias iraníes shiítas que están en Irak también mostraron alarma ente el resultado del plebiscito e incluso blandieron amenazas financieras y de hecho que hasta el momento no han pasado a los hechos aunque Irán movilizó tanques y Turquía dijo que iba a cortar el flujo del oleoducto kurdo. Los kurdos a su vez, y ante tales reacciones, dijeron que “no buscaban la libertad inmediatamente”… aunque es obvio que difundieron ante el mundo su preferencia por la independencia lo que no deja de ser un clamor justo dada la historia única que los caracteriza.
 Derrotado el imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, Inglaterra y Francia se repartieron el Oriente Medio y, en el Tratado Sykes-Picot, omitieron por descuido monumental hacer de Kurdistán un país… lo que hoy es reclamo justo de su presidente y su pueblo. Kurdistán iraquí está al sur de lo que históricamente se conoce como el gran Kurdistán cuya población, que se remonta a la época romana, se extiende en porciones territoriales de todos los países vecinos: Irán al este, Turquía al norte con más de la mitad del territorio, Siria al oeste y, el sur ocupa parte del norte de Irak hasta Kirkuk. Todos pendiente de lo que los kurdos hagan. Su capital es Erbil y su presidente de facto es Bazoud Barzani. Su moneda es el dinar iraquí. Tiene un ejército de hombres y mujeres, o Pashmerga, que se ha destacado en las luchas contra el ISIS en el norte de Irak, y en el sur sobre todo por la toma de los pozos petroleros de Kirkuk en 2014, luego de que el ejército iraquí hubo emprendido la retirada.
 EEUU, el Reino Unido y otros países, excepto Rusia e Israel, se han opuesto a la independencia kurda aunque, en vista del resultado del voto, han intervenido para calmar los ánimos e impedir, entre otras cosas, el bloqueo aéreo que en su momento hizo cancelar vuelos comerciales a Erbil. Irán, que controla milicias que luchan en Irak contra ISIS, ha amenazado con avanzar sobre Kirkuk cuyo petróleo es crucial para la economía de Kurdistán. Los kurdos del norte han construido por Turquía un oleoducto hasta el Mediterráneo que permite la exportación. Por otro lado el comercio entre Erbil y Ankara alcanza diez mil millones de dólares al año y el presidente Erdogan de Turquía prefiere no entorpecerlo pese a las endémicas escaramuzas entre kurdos y turcos.
 Kurdistán tiene hoy una economía fuerte que se basa en el petróleo. Su población tiene un nivel de vida 20% más alto que el resto de Irak; además registra las más bajas tasas del pobreza y el más alto nivel de vida. Es una región organizada y segura que mantiene su propias relaciones exteriores y es sede de consulados de EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Suecia, Rusia y Holanda lo que hace que el actual gobierno de Irak no vea con buenos ojos una posible independencia de Kurdistán que, junto con Israel, son las únicas democracias estables de una región convulsa y violenta donde el fanatismo ha demostrado ser infame con la población civil que se ha visto obligada a emigrar por millones sobre todo a Europa… y lo continúa haciendo. 

Grietas nacionales

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A unos 15 minutos de la plaza central de Santa Cruz, se levanta un mural de seis metros de ancho por cuatro de alto construido  con sigilo en los últimos meses. Podría no llamar la atención, pues se encuentra en un barrio tranquilo de poco tránsito, pero apenas uno ingresa a la Plaza Litoral, detrás del estadio Tahuichi Aguilera, percibe una larga lista de nombres y emblemas que cubren la parte frontal del monumento y el curso de  un rio que atraviesan soldados con la divisa nacional. Gran parte del plano posterior está cubierto por los nombres de cientos de combatientes que sirvieron durante la gesta representada en el mural.

Los sobrevivientes, amigos y parientes costearon la construcción con aportes modestos el valor de decenas de placas de bronce. Es el tributo perenne de los soldados bolivianos a  la memoria de sus compañeros caídos durante la guerrilla de Ñancahuazú hace 50 años y de quienes fueron enrolados para el combate. Entre ellos lucen los nombres de los 54 que murieron atacados o en combate durante los siete meses de campaña. Su costo ha sido unos 10.000 dólares. La obra corresponde al pintor e historiador cruceño Carlos Cibrián.

En Vallegrande, cerca de donde se libró el combate final con la insurgencia que capitaneaba Che Guevara, la jornada tiene este domingo un programa denso y de significado opuesto. Cuenta  con la participación asegurada de cientos de invitados, algunos venidos desde plazas lejanas y gran parte de  sus gastos cubiertos con fondos del estado. Altas autoridades nacionales son parte de actos conmemorativos para rendir su propio tributo al comandante de esa guerrilla y por  rebote menospreciar a quienes la ganaron.

Algunos excombatientes dijeron que se los había  invitado a ir a esa ciudad también con todos  los gastos pagos además de un viático especial y que había declinado con disgusto porque consideraan ese gesto como una indignidad.  Se proponían sí asistir, en cambio, al acto inaugural de Santa Cruz este domingo.

Nunca fueron tan patentes las grietas en la sociedad boliviana manifiestas bajo el gobierno del presidente Evo Morales a propósito de ese episodio, que marcó con fuego la vida del país en la segunda mitad del siglo pasado.

Legisladores del gobierno descolgaron desde los balcones de la Brigada Parlamentaria Cruceña, en la plaza principal de Santa Cruz, el diseño con el rostro más conocido del guerrillero argentino-cubano. Por un par de días los dos cuadros reinaron solitarios en ese lugar pero pronto otro más grande pero menos sólido fue colocado entre ambos y les hizo compañía con un mensaje opuesto, en homenaje a los bolivianos caídos que en las ceremonias oficiales de Vallegrande eran ignorados. Quienes pasaban por el lugar observaban con callada sorpresa el antagonismo expresado por los mensajes, prueba del empeño del gobierno para homenajear al comandante de los vencidos y de la tenacidad de cruceños anónimos de homenajear a los vencedores.

El mural levantado en la Plazuela Litoral del Barrio Militar estaba listo para ser descubierto al público hace tres días y muy pocos reparaban en su significado, salvo la frase del Himno Nacional destacada en la cúspide de la obra: ¨Loor eterno a los bravos guerreros¨.

El perfil  gigante del mural , aún cubierto, se destacaba estas noches bajo la luna, que ha estado en la misma posición clara y brillante de los días finales de la guerrilla hace 50 años. Su luz ayudaba a las operaciones del ejército y obligaba a los sobrevivientes a mantenerse cubiertos. Cuando en un día como hoy, 8 de octubre, en la madrugada se ocultó, los cinco sobrevivientes del combate final aprovecharon la oscuridad para escapar del cerco militar y  emprender una fuga espectacular hacia el oeste y llegar a la frontera con Chile, donde fueron rescatados.

A partir de ahí se desencadenó una ofensiva de las izquierdas para reivindicar al guerrillero argentino-cubano y convertir su derrota incuestionable en una palanca propagandística indispensable.

El mural que se inaugura hoy es el primero a medio siglo de la caída de Ernesto Guevara. Es también el primer homenaje público masivo bajo el gobierno del presidente Morales, quien en cuanto tuvo  oportunidad exhibió  simpatías y adhesión reverente al comandante argentino-cubano.

Hace varios años las autoridades militares instruyeron a las unidades a conmemorar la victoria con siglo y dentro de sus cuarteles. ¨Tuvimos que conmemorar a escondidas y en voz baja¨, me dijo entonces el general Gary Prado Salmón.  La instrucción buscaba no contrariar a Cuba, pero eso puede  haber provocado una contrariedad mucho mayor en las filas militares, en especial entre los oficiales que participaron en el combate a la guerrilla, sobre la que el ejército tuvo una victoria decisiva, la única en el Siglo Veinte.

Algunos historiadores creen que con los años, el fervor del grito ¨patria o muerte¨ empieza a ceder por representar una contradicción patente con el gesto final del comandante guerrillero y su exclamación: ¨No disparen, soy el Che¨.

El recuerdo orgulloso de la victoria se patentiza todos  los años en esta fecha cuando beneméritos y ex combatientes la conmemoran con una misa en la Catedral. Por lo general todos llegan sigilosos y vuelven de la misma manera a sus domicilios en o fuera de Santa Cruz. Ninguna autoridad suele asistir.

Prado Salmón, cuyo nombre personifica esa victoria, es uno de los bolivianos más conocidos dentro y fuera de Bolivia. Un estudiante, sobre todo si es extranjero, podrá ignorar los nombres de los últimos 10 presidentes de Bolivia pero con certeza no ignorará el nombre de Prado Salmón. El gobierno del presidente Morales acusa al  general de pretender dividir al país, bajo cuya bandera luchó y venció hace 50 años para dos décadas después después ser declarado Héroe Nacional por el Congreso, el único con esa distinción en más de medio siglo.

La historia de la jornada de hace 50 años la ha contado en un libro, ¨La Guerrilla Inmolada¨. Hace pocas semanas entró en circulación la cuarta edición desde 1987. Las entrevistas y conferencias que ha tenido pueden con facilidad contarse en miles.

Es probable que la ceremonia de este domingo sea la última en la que hable de la campaña en la que triunfó. ¨Son 50 años que vengo contando la misma  historia¨, me dijo. ¨Ya no más. Me cansé. No concedo más entrevistas sobre esta historia¨. Era miércoles y acababa de colgar el teléfono y declinar una  invitación para asistir a un programa de television.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

 

 

Enredo americano

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El presidente Donald Trump no logra salir del embudo forjado por su formación y experiencia de ejecutivo opulento y mandón.  Al torbellino de su presidencia, arreciado por despidos record de asesores, se sumó estos días una disputa en la que nada ganará.  Está enfrentado a las grandes ligas de beisbol y todos los deportes mayores desde que dijo que era un ¨hdp¨ y debía ser despedido sumariamente el jugador que no reverenciase de la manera usual a los emblemas patrios como el himno nacional durante competencias deportivas.  Nadie ha hecho caso a sus estridencias y ha fracasado en impedir que jugadores negros se arrodillen ante las notas del himno, actitud con la que protestan contra la discriminación racial que ven atizada por Trump. Todos los jugadores de color se han sentido aludidos y han ganado la simpatía inmediata de sus compañeros blancos, incluso de los dirigentes de clubes que el domingo antepasado repudiaron al mandatario arrodillándose con sus equipos.

Las jornadas siguieron a otras desagradables para el mandatario, agobiado por los desplantes norcoreanos y por las investigaciones sobre sus nexos con Rusia, que estos días abarcaron a su familia, con algunos de sus miembros involucrados en negocios con la tierra de Vladimir Putin.

Trump tenía apenas tres semanas de gobierno cuando debió a apartar de su grupo de asesores al general Michael Flynn, a quien The New Yorker llamó General Caos por la amplitud de su red de negocios. Flynn se enredó cuando no logró explicar sus vinculaciones con los rusos y el papel de sus contactos para sabotear a Hillary Clinton y favorecer a Trump en la elección del año pasado. No solo con los rusos. Estaba en planillas turcas con millonarias asesorías e iba a ser un as de diamantes de la política externa de Estados Unidos.

Su salida fue como abrir compuertas de un dique. En marzo, abril, mayo y junio hubo una dimisión por mes. La rutina tuvo un brusco ascenso en julio, con cinco despidos, incluida la salida de Sean Spicer, el portavoz de la Casa Blanca. Parecía un record imbatible, pero en agosto las dimisiones fueron seis, contada la de Steve Bannon, su articulador de estrategias. En septiembre quedó en suspenso la salida del procurador general Jeff Sessions, un protegido del Vicepresidente Mike Pence sobre el que Trump ha tenido expresiones denigrantes.

Bajo este escenario, nadie dudaría de estar ante un enredo descomunal cuyo final puede ser estrepitoso.