violencia

Ayer le tocó a mi barrio

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Una amiga venezolana compartió conmigo el artículo que sigue: una prueba de enorme valor humano, un testimonio de la realidad que vive la patria de Bolívar y de Sucre, y de la brutalidad que la atenaza. Fue publicado por Juan Carlos Liendo, un periodista cuya agudeza hace mérito a los grandes narradores de su país. Escribe regularmente en su blog ¨Los de Entonces¨.

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Ayer le tocó a mi barrio

El Cotufa es  uno de mis vecinos más famosos. Todavía no he descubierto bien que hace y,  con lo despistado que soy, seguro estoy que no podría identificarlo entre varios. Vive en una de las veredas y,  desde que me mudé aquí,  escucho ese mote sin nombre en todos los lugares. Un amigo me lo presentó el otro día y como a tantos otros vecinos, lo saludo al verlo pasar;  pero, seguro que no sé quién es ni porque le dicen así.  Si es por mí, El Cotufa puede ser un santo o todo lo contrario, yo solo sé que es hijo de una de las primeras familias de aquí y que su padre, de 86 años,  fue víctima de la rabia iracunda de la Guardia Nacional Bolivariana durante el tercer ataque que sufrió mi barrio hoy, en un periodo de 10 horas.

La Urbanización Los Sauzales es,  de verdad, una comunidad modelo.  Construida en 1968 por el desaparecido Banco Obrero “para dar solución a los serios problemas habitacionales de la clase obrera” significó una de las decisiones habitacionales mas atinadas de Mérida (y quizás de Venezuela) muy probablemente porque sus constructores tuvieron el ojo exacto para ver el extraordinario potencial de crecimiento urbano que posee  la zona donde fue construida.  Hoy día, no solo es el punto central de La Otra Banda, sino el paso obligado que une sus dos extremos y, aunque sigue siendo una urbanización “de interés social”,  su devenir ha sido ejemplarizante.

Es una de las colectividades mejor organizadas y con mayor sentido de pertenencia de cuantas forman el entramado social de Mérida. Formada por tres grandes grupos de bloques de apartamentos y unas cuantas veredas de pequeñas casitas unifamiliares, tiene continuidad y complemento en la Urbanización Don Pancho, cuyas dos únicas calles de “casaquintas” adosadas, le otorga particularidades estéticas a un terreno que sobrepasa los 100.000 metros cuadrados, en el que se ha logrado un orden y nivel de mantenimiento y cuidados inusuales en esta urbanidad de emergencia en que se ha convertido el país.  Los Sauzales ha crecido tanto como sus moradores: en sus apartamentos y casas, ampliadas y hermoseadas, se han formado un par de generaciones de profesionales universitarios a quienes sus padres “sacaron adelante” gracias a la tranquilidad que les produjo ese desarrollo habitacional pensado para obreros de la Universidad de los Andes.

Es también una urbanización muy comprometida con la oposición; tanto, que en ocasiones  ha llegado a llamarse,  medio en broma (y medio en  serio) una Republica Independiente. Obedece cada llamado a plantón, cada trancazo y cada marcha, habiendo desarrollado en 113 días de protestas un movimiento de resistencia que, en casi todo, unifica su agenda a la de la Mesa de la Unidad Democrática, aunque posee un punto innegociable: el cierre de sus accesos a la Avenida Los Próceres, cosa que hacen casi diariamente impulsando de esa forma otros cierres importantes en La Otra Banda, territorio de inconformes.

Las trancas siguen siempre el mismo patrón: una inmensa bandera tricolor cierra el paso a la avenida  y luego la urbanización se cierra toda, incluso el paso entre las estrechas veredas, obstaculizando el acceso que lleva, por medio de la Urb. Don Pancho,  a la Avenida Las Américas y por allí a las más emblemáticas zonas residenciales de la resistencia. Ayer no fue distinto.  Aunque el paro nacional convocado por  la MUD  y acatado por el 100% de sus negocios y habitantes debía haber terminado a las 6 de la mañana, la tranca se extendió por  una decisión que tuvo más de protección que de protesta.

El primer ataque ocurrió un poco después de las 7 de la mañana. Rápido, violento y sin víctimas: un numeroso ejercito de colectivos motorizados pasó por la avenida, se encontró con la tranca a la altura de Los Próceres y dispararon, como suelen hacer, intentando una inútil disuasión.  Realmente ocurrió poco más y se creía que ganada la escaramuza a los colectivos, el día iba a transcurrir calmado.

No fue así. Menos de dos horas más tarde, los colectivos regresaron acompañados tanto de la Policía Nacional Bolivariana como de la Guardia Nacional Bolivariana. Entonces atacaron con rudeza. A sus disparos, los Sauzaleños respondieron con piedras e insultos, para evitar el azote de los uniformados a la zona de veredas y a los bloques de apartamentos que están en la parte más interna.  No lo consiguieron por poco. Lanzaron un par de bombas lacrimógenas, detuvieron a un chico de 17 años que fue liberado, sin torturas, un poco después y se esmeraron con el primer bloque de apartamentos: el que está en el lindero exacto de la avenida. Sin embargo, no lograron dañarlo.

En la madrugada de ayer, los chicos que estaban de guardia para evitar que se quebrantara el paro nacional, movieron un enorme contenedor de basura y lo ubicaron en el medio de la calle principal haciendo más difícil el paso, quizás eso nos salvo a todos de un ataque que pudo ser más grave y que se llevó por delante al CDI más famoso de Mérida, vacio de pacientes a esa hora;  pues, creyendo que su proximidad los pondría a salvo, los chicos intentaron refugiarse en sus predios, siendo repelidos con gas lacrimógeno y una batalla de piedras contra perdigones,  que milagrosamente no arrojó sino heridos leves y cuantiosos robos,  los efectivos de la Policía Bolivariana arrasaron con bolsos, morrales y carteras de todos los que tuvieron a mano. Se fueron con mucho escándalo cerca de las 11:30 de la mañana.

Los vecinos, decididos a elevar la voz de su protesta en venganza por el desproporcionado ataque, se reunieron en uno de los estacionamientos y decidieron fortalecer las trancas.

El tercer ataque sucedió cerca de las 6 de la tarde y fue tan imprevisto como cruento.  Brutalmente, una tanqueta irrumpió a la entrada de la urbanización y un verdadero ejército represor arrasó con todo a su paso: los vidrios de los apartamentos y casas de toda el área externa de la urbanización y la integridad personal de una comunidad que se respeta a sí misma. Desde mi ventana, podía escuchar gritos, detonaciones y pedidos de poner a salvo a las personas vulnerables.  Casi  inmediatamente empezaron, como parece haberse hecho costumbre, a disparar contra los apartamentos; luego apareció el gas lacrimógeno y fue entonces cuando el padre de El Cotufa, entero y con carácter aun a sus 86 años, salió a enfrentar a la Guardia.

Solo les pidió no arrojar bombas lacrimógenas a las casas de las veredas y  quiso explicar por qué.

Don Homero fue la víctima más sentida de este último ataque. Fue golpeado, cayó al piso frente a su casa y allí tuvo que aguantarse el dolor de una bota militar sobre su rostro; pero, no fue el único: La Sra. Mireya, otra vecina de siempre, fue detenida y llevada a la tanqueta donde la golpearon un rato para dejarla en libertad “aleccionada” (para que aprenda, contaron que dijo el guardia que la liberó) y en algún apartamento, como también parece haberse convertido en costumbre, un chico de 17 años fue atendido de las heridas causadas por perdigones. Una piedra equivocada golpeó el pómulo de uno de los muchachos y tres jóvenes más fueron retenidos por un rato en la tanqueta, aunque solo apresaron a uno.

Se fueron con la misma furia que habían llegado; pero antes, para dejar muy claro que, para la Guardia Nacional Bolivariana, nosotros somos sus enemigos, quemaron la enorme bandera tricolor que ha sido emblema de esta magnífica comunidad desde el inicio de su lucha.

El Cotufa está ocupándose de restablecer la salud física de su padre, a quien según hemos sabido, los golpes no han hecho sino templarle el carácter un poco más y ya fue dado de alta. La Sra. Mireya considera su paso por la tanqueta como una herida menor de esta guerra libertaria y los demás están muy curtidos como para preocuparse por un perdigonazo.

Pero, el sentido de integridad de esta urbanización modelo, formada  por lo mejor de la clase media-media y lo mejor de lo mejor de la clase obrera, ha sido íntimamente herido. La bandera quemada  por la Guardia Nacional Bolivariana en su furioso repliegue se ha convertido en una ofensa mucho más imperdonable que la colección de golpes que hoy,  a sus 86 años, suma Don Homero a su experiencia de vida, pues esos sanarán fortaleciendo su alma de señor decente y honorable; de aquí, de Los Sauzales,  de toda la vida.

Publicado por Juan Carlos Liendo en 8:24:00  

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Etiquetas: ataqueGNBmeridaprotestas

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La última vuelta

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La disolución de la Asamblea Nacional venezolana, dispuesta por la Corte Suprema de Justicia (que después se retractó), ha desatado una tormenta que muchos observadores creen que convirtió a Nicolás Maduro, con la suma de todos los poderes, en un monarca, rareza que se creía erradicada del continente hacía más de dos siglos.
Un antecedente esencial para examinar lo que ocurre está en el derrumbe del petróleo hace dos años. Con el astro de las materias primas en 120 dólares o más el barril, no habría ocurrido el desplome politico e institucional que ahora agobia al país. Pero el grado del gasto venezolano era tan exótico que incluso en ese nivel las arcas nacionales estaban en déficit respecto a las importaciones. Con los ingresos en solo un tercio de niveles desbordantes que en una década llegaron a producir para Venezuela alrededor de un billón (doce ceros) de dólares, la cubrecama resulta ahora demasiado estrecha. El petróleo representa el 96% de los ingresos venezolanos por exportaciones y la abrupta caída de precios le costó el año pasado una tajada brutal del 11,3% de su producto interno bruto. El año anterior había sufrido una contracción parecida.
No todo el dispendio de esos años fue en vano. Petrocaribe, una de las formas de cooperación venezolana para afirmar simpatías en el Caribe, repartió ayudas y subsidios ahora transformados en una deuda que cálculos técnicos estiman en 10.000 millones de dólares de difícil recuperación. Eso explica en gran medida la lealtad de la media docena de islas caribeñas que respalda al régimen de Maduro con firmeza y que hace una semana lo protegió durante el Consejo Permanente de la OEA. Poco después de esa reunión en la que, a pesar de Caracas, se habló de la situación venezolana, vino el golpe sobre la Asamblea Legislativa y la amputación de atribuciones transferidas al Poder Judicial. Con excepciones contadas, el golpe ha sido repudiado en gran parte del hemisferio.
La anulación de la Asamblea Legislativa no fue original pero los ejemplos tampoco son para sentirse feliz. Entre otros casos, la medida evoca a Alberto Fujimori en Perú y a Juan María Bordaberry en Uruguay, ambos de memoria ingrata para los demócratas.
Atenazados por una inflación que este año llegaría a 1.660%, un récord mundial, y una violencia que cobra 28.000 vidas anualmente, es fácil entender porqué tantos venezolanos buscan salir de su país, en una reversion de lo que ocurría a mediados del siglo pasado, cuando los aeropuertos desbordaban de inmigrantes.
El colapso en que se encuentra el país de Bolívar y Sucre exhibe el fracaso de un régimen socialista que generó expectativas pues se creía que con tanto dinero no podría sino resultar exitoso. Su prueba suprema ocurrió en las elecciones legislativas de diciembre de 2015, cuando siete de cada diez venezolanos votaron por candidatos de la oposición, que obtuvo una mayoría abrumadora. En medio de una tension creciente, llevó horas al Consejo Nacional Electoral (CNE) anunciar los resultados. En esos momenbtos llegó a decirse que hubo presión militar para reconocer la voz de las urnas.
Los críticos subrayan que los regímenes socialistas o pro socialistas reconocen la voluntad popular de las urnas a plenitud solo cuando éstas los favorecen. Apenas instalada la nueva asamblea, comenzó un forcejeo que derivó en el marginamiento de tres diputados del remoto estado Amazonas, acusados de cometer fraude. Fueron apartados de la asamblea pero, dicen los opositores a Maduro, nunca se les instruyó un sumario ni cosa parecida, ni tampoco se convocó a nuevas elecciones para designar a nuevos representantes por su distrito. Los legisladores marginados han asegurado que en caso de nuevas elecciones los perdedores serían de nuevo los candidatos del gobierno.
Para los observadores, el desmantelamiento de la Asamblea Legislativa es una infracción a la democracia demasiado grave y ostensible para tolerarla. Inclusive si, como de hecho ocurrió la noche del viernes, el Tribunal Supremo de Justicia reculase. Pocos creen que los magistrados venezolanos actuaron sin interferencias del poder Ejecutivo. La marea que estos días se ha levantado contra Maduro y su régimen luce como el desafío más difícil para el régimen socialista del que es responsable desde hace cuatro años. Una pregunta decisiva es si los militares al lado de Maduro seguirán identificándose con el régimen.

Elogio a Mafalda

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La posibilidad de una segunda ronda televisiva sobre la demanda marítima nacional con el canciller chileno en estudios bolivianos empezaba a languidecer cuando ocurrió la noticia que alivió a muchos: Chile declinaba la invitación de venir a Bolivia. Desde la oferta extraña de enviar un avión a Chile hasta las dudas sobre si algún periodista del sistema estatal tendría la solvencia para entrevistar a altos niveles de la diplomacia del vecino país, la cuestión parecía destinada a abrir más controversias en el país que a generar avances en su estrategia diplomática.
La iniciativa de la Ministra de Comunicación para que la TV del estado ofrezca al canciller del vecino país una entrevista similar a la que tuvo en Santiago Carlos Mesa, fue fuente de confusión desde su lanzamiento. Seguía la norma de buscar equilibrio, pero no era original ni seguía el curso regular de periodista o su institución periodística al personaje que se quiere entrevistar. La original fue la de Chile, cuyo programa televisivo buscó la entrevista sin dar la impresión de intervención directa del gobierno. Esa gestión no obligaba a ninguna segunda vuelta.
La oferta nacional vino en medio de calificativos de neoliberal, derechista y antipatriota endilgados a Mesa, que algunos funcionarios juzgaron que eran compatibles con la función de portavoz de la demanda marítima. Dijeron que estas condiciones pueden coexistir sin inconvenientes porque los calificativos sobre el ex presidente valen solo en el ámbito interno. Un antipatriota interno no sería antipatriota externo.
Esa lógica no debe ser muy conocida y quizá son muchos los que pagarían por una explicación exhaustiva. Uno se siente como para gritarle un ¡bravo! a Mafalda cuando plantea que paren el mundo porque quiere bajarse pues no lo entiende.
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Los medios, en particular los televisivos, han alzado la voz estos días con la paliza brutal, saltos sobre la cabeza de remache, que un joven de Santa Cruz propinó a otro.
En principio nadie está de acuerdo con la violencia y la reprueba. Pero la cuestión debe plantearse más allá y proponer conductas consecuentes, a ser observadas, en especial, por las redacciones y las escuelas de comunicación. Levanten la mano quienes durante el almuerzo o la cena no sienten el bombardeo televisivo impiedoso de imágenes sobre violaciones, robos, feminicidios, incestos, infanticidios y dosis generosas de quejas lastimeras. Conllevan un plus si traen sadismo y masoquismo, todavía mayor si hay niños involucrados.
Salvo los de verdadero interés público, ¿no sería tiempo de confinar la difusión de esos crímenes a horarios nocturnos fuera programación regular? ¿Será que los noticiarios de la TV son incapaces de sobrevivir con porciones reducidas de ese tipo de crónicas?
Esta secuencia de desaciertos llega a cogollos del gobierno. Quien aconsejó al presidente para dudar que un oriental pueda llegar a la presidencia de la república olvidó a Velasco, Busch, Natusch Bush y Banzer, llegados a la presidencia bajo formas muy parecidas a las de muchos de sus congéneres occidentales. La duda lució discriminatoria, pero también llevó a preguntarse si en algo así hay olvidos de calibre, qué podría ocurrir en otros niveles.
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El Beni exhibe una justicia en extremo parcializada e inoperante cuando se lee la información sobre un ex subgobernador que había acusado al ex gobernador Carmelo Lens y contribuido a su detención en Trinidad. El acusador está prófugo. Ahora localizado en Estados Unidos y ante una posible repatriación, a su vez está acusado de calumniar al ex gobernador para beneficio propio y de su partido, el de gobierno. Con todo, la justicia no muestra ninguna prisa y Lens continúa preso en la cárcel trinitaria de Mocovi.
Es uno de los casos que más aporta a la desconfianza generalizada que parece existir en torno a la administración de justicia en Bolivia. A ésta muchos la rehúyen, en especial los que la conocen. Ya no es noticia mayor, pero es emblemático el caso del ex fiscal Marcelo Soza, ahora refugiado en Brasil tras escapar de Bolivia por temor al sistema de justicia en el que medró.
Un ejemplo del funcionamiento de la justicia son las audiencias del Juicio del Siglo, con orígenes en el asalto al Hotel Las Américas (2009) y con una dimensión internacional y consecuencias que pocos parecen percibir. Puede resultar aleccionador escuchar cómo se defienden los acusados, cómo argumentan los fiscales y cómo deciden los jueces, dos de ellas bajo investigación, dice la defensa, tras haber fallado a favor de un detenido enfermo para trasladarlo de la cárcel de San Pedro a Palmasola.
Si Ud. leyó a Koestler, Orwell o Gheorghiu no le parecerá extraña la atmósfera que podría respirar en el Palacio de Justicia de Santa Cruz.

Cerca del precipicio

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A UNASUR, la organización creada hace seis años al fragor de la influencia de Venezuela en América del Sur, le ha tocado comprometerse con virtudes que muchos en el continente juzgan que en su breve existencia no ha creído. Tres de sus integrantes han sido designados para trabajar por un diálogo con el que el gobierno de Nicolás Maduro espera superar una tormenta que sólo ha arreciado en los últimos 45 días y  ha exhibido la faz feroz de las tensiones bajo el régimen instalado hace 15 años.

Brasil, Ecuador y Colombia tienen la misión de tender puentes para que Maduro y sus rivales en la oposición conversen y traten de mostrar sí existen fórmulas para una pacificación efectiva que incluyan la permanencia del régimen vigente.  A juzgar por la persistencia de las protestas y la dureza de los militares, esa posibilidad equivalía este fin de semana a buscar el círculo cuadrado.

La UNASUR tuvo una gestión que en Bolivia lució deplorable. Se inauguró con el informe de un súbdito argentino que echó toda la culpa de los sucesos sangrientos de Porvenir en 2008 sobre el entonces prefecto Leopoldo Fernández, las autoridades que gobernaban Pando y quienes se oponían al gobierno nacional.  Para UNASUR, que endosó el Informe Mattarollo sin reservas, lo que ocurrió en aquel remoto lugar del noroeste boliviano fue parte de una “ofensiva racista” promovida por una “oposición fascista”.   El informe colocaba al gobierno del presidente Morales como víctima. Su lista de víctimas fatales incluía a personas que estaban vivas.

UNASUR también se comprometió hace dos años a enviar a Venezuela una  “comisión de la verdad” que investigaría hechos violentos y tensiones que ocurrían en la patria de Bolívar. No se supo que la comisión se hubiese siquiera formado. Tampoco es mucho lo que se conoce de los trabajos y proyectos de la entidad.

Con la seriedad comprometida y la idea de que se trata de una organización formada al calor de gobiernos populistas de la región, UNASUR tiene otra dificultad: los líderes opositores han colocado al régimen de Maduro como una dictadura sostenida con la fuerza militar y una masiva presencia cubana. Esa identificación se extiende al aumentar el número víctimas fatales que ahora se cuenta en docenas. Este fin de semana, líderes opositores negaban idoneidad a la organización para buscar un diálogo genuino.

Los países del grupo sudamericano  tienen también que lidiar con “condiciones previas” que exige la oposición, entre ellas la desarticulación de las bandas paramilitares y la liberación inmediata de Leopoldo López, los alcaldes tachirenses Daniel Ceballos y Enzo Scarano y los estudiantes detenidos. No hay elementos que permitan creer que el régimen venezolano esté dispuesto a desarmarse y el presidente Maduro no acepta precondiciones. Tampoco se sabe con certeza si la ciudadanía que está en las calles estará de acuerdo con quienes asuman su representación.

Una pequeña pero combativa organización radical, Bandera Roja, que respaldaba al régimen en sus orígenes, emitió el jueves una declaración instando a persistir en las protestas callejeras. Con ellas, afirmó, “la careta que barnizaba al régimen como democrático, como defensor de  los pobres, como socialista o comunista, o por lo menos a favor de los derechos humanos y el progreso, ha rodado por el suelo”.  Se ignoraba si Bandera Roja estaria entre las organizaciones a ser convocadas por el trío de UNASUR.  

Con su génesis matriz bajo sospecha de obedecer más a un ferviente antinorteamericanismo que a una disputada (debatible) representación continental, la misión de UNASUR se encuentra ante la condición que se atribuía a la mujer de César: debe no sólo ser pura y casta sino también parecerlo. Puede poseer los dos primeros atributos; en cuanto al tercero, muchos creen que no se ha empeñado en  adquirirlo.

Nota: Una falla mia en la digitación hizo aparecer, en el párrafo anterior, la palabra indisputada cuando debía haber dicho disputada, o  más correctamente, debatible, como acabo de colocar entre paréntesis. Pido disculpas.

Las horas de Maduro

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Cada día de las últimas semanas ha sido como amanecer bajo un conteo regresivo para el gobierno de Nicolás Maduro. Venezuela puede estar a 5.000 kilómetros de Santa Cruz, pero con las comunicaciones modernas no hay más distancias y es fácil sucumbir al interés por determinar lo que ocurre en la tierra de Bolívar.  Uno despierta preguntándose si la jornada traerá un epílogo sólo para ver otra vez crecer la espiral. La sucesión de episodios no permite tomar distancia para ver con alguna claridad el cuadro que ofrece el vecino país y  auscultar el resultado por venir. Con el pasar de los  días (ya van casi 30 desde que se incendió la chispa de la actual onda de disturbios en  San Cristóbal) se afianza la sensación desalentadora, para ambos lados, de que la luz al final del túnel no está cercana.

Todo indica que las fuerzas militares venezolanas seguirán utilizando la fuerza indiscriminadamente y que seguirán en las calles y en sus barricadas las multitudes hastiadas con la escasez, la persistente inseguridad, la inflación y la ineptitud administrativa. Y que la espiral de víctimas seguirá en ascenso. Todo esto bajo el desdén de los burócratas de organismos internacionales y de los gobiernos que atesoran una actitud hipócrita ante la violación de los derechos humanos.

La ironía de esta situación es que los factores objetivos que le dieron origen continúan presentes, y que se agravan cada día.  La inflación no mengua y  la escasez persiste. La ruptura de relaciones diplomáticas con Panamá, anunciada  gritos  rompe-tímpanos por el presidente Maduro, tiende a agravar el desabastecimiento.

Desde la distancia, parecería que el gobierno venezolano está en la arena movediza: cada movimiento lo hunde y hace más difícil salir de ella. La impresión que hay es que en Venezuela ocurre, a paso  lento, un alzamiento cada vez más generalizado. El jueves circulaban informes sobre disturbios en 30 ciudades con  más de 100.000 habitantes. A ese  paso, el gobierno lucía en  riesgo de quedar solo con el apoyo de las bayonetas y de las milicias bolivarianas.

Culpar a otros por las deficiencias propias parece haber dejado de tener valor, incluso para los que creyeron esa argucia. Ya son pocos los que honestamente admiten  que todo o casi todo lo que ocurre es responsabilidad de una “derecha” inexplicablemente cada vez más extendida, de los Estados Unidos o del capitalismo. En algún momento habrá un cortocircuito y la rendición de cuentas puede ser inevitable. ¿Qué pasó con las montañas de dinero que recibió Venezuela en 15 (correcto) años de socialismo  del Siglo XXI?  Muchas preguntas aún ahora motivo de especulación  (¿cuándo, cómo y dónde murió el presidente Chávez?, ¿quiénes lo atendieron?, ¿habrá un diario de algún médico o enfermera que relate los días finales del comandante?,  ¿cuál es el papel de Cuba dentro de Venezuela?, ¿hubo manipulación  de los resultados de las últimas elecciones en ese país?) podrían encontrar respuestas más convincentes que las hasta ahora conocidas.

Tampoco quedará  inmune la inutilidad de la diplomacia ante la tozudez de gobiernos que han convertido en su meta principal la permanencia en el poder a cualquier costo. Las piezas del ajedrez de una sociedad no son estáticas. Cuando cambien posición, los que antes defendían los derechos humanos y ahora les dan la espalda para colocarse al lado de quienes los conculcan, tendrán mucha dificultad en volver a levantar la voz. Las horas y las actitudes de estos días, para personas, naciones e instituciones, serán el telón de fondo bajo el que podrán juzgados, quizá más temprano que tarde.

¿Empieza la erupción?

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La escasez creciente de alimentos, la inflación, el crimen, la corrupción, la mediocridad en el manejo de los recursos del estado y, sobre todo, la sensación de que Venezuela está desbarrancándose han formado un polvorín que el miércoles mostró su gravedad con enfrentamientos violentos que han llevado la tensión en el vecino país a niveles extremos. Al escribir estas líneas (medianoche del jueves) Venezuela estaba rumbo a un desenlace cuya orientación final era todavía una incógnita mayúscula.

Un endurecimiento del gobierno de Nicolás Maduro no mejorará los términos de la ecuación planteada en ese país dividido en dos mitades.  Ambas son formidables y una salida por la fuerza no luce atractiva para nadie, aunque las opciones democráticas parezcan cada vez más débiles.

La chispa que llevó al fuego muy cerca del polvorín fue la protesta de estudiantes por las detenciones de colegas en ciudades occidentales. El gobierno, cercado por su inhabilidad para lidiar con momentos de apreturas económicas, acusó a dirigentes opositores de buscar su derrocamiento violento. Tres personas  murieron y  hay decenas de detenidos. ¿Es sólo una vuelta dentro de una espiral sin final previsible? Los problemas siguen siendo los mismos y nada hace pensar que la represión vaya a llenar los escaparates. La escasez afecta al 28% de los productos que ordinariamente consume el venezolano. Hace dos meses era el 22%.

Para Bolivia es fundamental seguir de cerca lo que ocurre en el país bolivariano. Nunca  los vínculos entre los dos países fueron tan fuertes. Venezuela es el pivote del ALBA, la alianza de naciones bajo una plataforma neosocialista que se contrapone al libre mercado y busca reanimar bajo matices y énfasis diferentes al marxismo leninismo que se hundió en Europa. (Cuba dejó de entusiasmar hace mucho y nadie habla de seguir su modelo.) De esa alianza es parte Bolivia, junto a un puñado de otras naciones. Económicamente, Venezuela  abrió sin reparos la billetera en los primeros años del gobierno del presidente Morales y la deuda hacia ese país no es insignificante. La embajada de Venezuela entregaba cheques a los beneficiarios de programas del gobierno (hay una  lista de obras inconclusas)  y Hugo Chávez apoyó sin reticencias (el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez también lo hizo) la demanda marítima boliviana.

Eran tiempos en los que la riqueza petrolera que el vecino aún recibe a torrentes, cubría todo, incluso las deficiencias de gestión. Esos tiempos acabaron.  Tensiones sociales y políticas con escasez de alimentos, inflación (la más alta del mundo), el apagón inaudito de los medios impresos ahora sin papel,  y otras miserias atizan el fuego que se aproxima al polvorín.

Nota al amanecer de este lunes:

Acabé de escribir la entrada anterior a la medianoche del jueves para su publicación en El Deber el lunes. Pero el viernes y en la madrugada del lunes era más denso y fluido  el clima de revuelta contra la carestía de la vida la inseguridad, y la falta de libertades. El sábado y domingo hubo grupos callejeros  en las principales ciudades venezolanas que protestaron contra nuevos apresamientos de estudiantes.  Empezaba a perfilarse una marcha contra el Ministerio del Interior convocada por Leopoldo López, un  nuevo líder en el firmamento venezolano, una medida atrevida pues de ese ministerio ha salido la orden para detener a Leopoldo López. “Doy a cara”, dijo el  joven dirigente, cuya actitud eleva en unos grados la temperatura política.

La marcha está prevista para el martes 18, coincidentemente el aniversario de la quiebra venezolana de 1983 que acabó con el tipo de cambio que había permanecido intocado durante lustros. Maduro acusaba a una difusa “derecha fascista” de conspirar para derrocarlo. Acusaba al ex presidente colombiano Álvaro Uribe estar a la cabeza de esa supuesta conspiración. Parecía  evidente que al apuntar a Uribe, trataba forjar un “enemigo externo”.  Entrevistado  por CNN, el líder colombiano dijo que había recolectado un millón de firmas de colombianos solidarios con Venezuela y contra “la dictadura castro-chavista” instalada, dijo,  en el vecino país. Los dos países son rivales geopolíticos, con viejas discrepancias marítimas sin resolver.  Para el domingo, la insatisfacción con Maduro había cuajado otra vez en varias ciudades.

Negligencia mortal

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¿Qué empresa o institución es aquella que envía a un joven mensajero a retirar de un banco y depositar en otro más de 291.474 bolivianos (más de 40.000 dólares)? A sabiendas de los peligros que una misión así representa, el joven Mario Cuéllar García (23) intentó cumplir la peligrosa misión y lo hizo a costa de su vida. Ha sido una irresponsabilidad de la institución en la que trabajaba que facilitó el trabajo de los asesinos: el banco de donde el joven retiró el dinero está sobre una calle que converge en la Plaza 24 de Septiembre y aquel donde debía depositarlo está a poco más de cien metros de distancia.
¿Costaba mucho realizar una transferencia bancaria de una cuenta a otra? ¿En qué medio vivimos que una operación tan sencilla no es practicada y resulta el camino para la comisión de asesinatos?
Creo que las autoridades tendrían que prohibir expresamente ese tipo de operaciones manuales. Hasta sugeriría que las transferencias superiores a 10 mil bolivianos sean obligatoriamente realizadas vía transferencias bancarias de una institución a otra.
A los colegas de la TV que hablan de los “antisociales”, por favor, se trata de delincuentes, de bandidos, asaltantes. ¿Por qué darles el beneficio del matiz de un calificativo más genérico?
El joven fue enterrado hoy.