Vicepresidente

Jornadas de abril

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Nota: En primer párrafo corrige: Comisión, en lugar de Corte, como erróneamente salió.

La audiencia vespertina del martes en el Juicio del Siglo se arrastraba bajo una monotonía agobiante de lectura de pruebas cuando las pantallas de los celuares trajeron la noticia de que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos acogía una denuncia de ejecuciones extrajudiciales y violación de derechos humanos presentada nueve años antes contra el Estado boliviano. De golpe venían a la memoria el asalto armado al hotel Las Américas y la ejecución sumaria y brutal de tres huéspedes que hasta poco antes dormían apaciblemente, desfile de decenas de presos y el comienzo de un episodio tenebroso y atemorizante que para muchos aún no ha restañado.

Las luces de alarma en el gobierno del Movimiento al Socialismo volvieron a encenderse, esta vez con máxima intensidad, pues la admisión significaba poner en el banquillo al Estado Boliviano y quizá a sus máximos representantes, incluso el presidente Evo Morales. La agenda informativa del pais dio un brusco viraje y atrás quedaron otros episodios que hasta entonces ocupaban la atención nacional con prominencia, inclusive el juicio en La Haya por la demanda marítima de la que nadie habló durante días.

Era la primera vez que la Comisión en sus 60 y pico años daba curso a un caso que involucraba al Estado y por ende a las máximas autoridades bolivianas, que la recibieron con desdén.

La fuerza del impacto pudo medirse por las reacciones de las autoridades. El Ministro de Gobierno, Carlos Romero, dijo que el Estado asumiría su defensa y que refrescaría la memoria de lo ocurrido hace casi una década. Las novedades que traería ese refrescamiento provocaban curiosidad, pues en cinco años de juicio oral los acusadores no han logrado comprobar ningún elemento que sostenga la tesis de que desde Santa Cruz se planeaba dividir al país y que la unidad policial armada hasta los dientes que rodeó el hotel había sido ¨injustamente atacada¨ y debió defenderse, como dijo el entonces fiscal Marcelo Soza. Fuera de 51 casquillos de balas contabilizados dese día, una prueba tangible mayor fue una vieja pistola sin cacerinas que uno de los acusados, Juan Carlos Guedes Bruno, vendió a Eduardo Rózsa Flores, con la que éste se armaría para capitanear la gesta magna de rendir al ejército nacional.

El Presidente Morales no argumentó y en un tweet pontificó que admitir la demanda equivalía a defender al terrorismo y separatismo. La afirmación causó  perplejidad entre los defensores de los acusados en el largo trámite del caso. ¨El Presidente no reparó que la misma CIDH que él tilda de favorecer al terrorismo es la que años atrás admitió el caso denunciado por el ahora vicepresidente García Linera cuando estaba preso a fines del siglo pasado. Se debe concluir que ya entonces la Comisión habría estado favoreciendo al terrorismo. Una de muchas conclusiones: el presidente carece de sindéresis, de capacidad de juzgar correctamente¨, dijo con ironía Gary Prado Araúz, abogado defensor.

El Vicepresidente salió desde otra esquina. En Bolivia, dijo, hubo terrorismo e intención de dividir al país que admitieron actores del caso ahora en libertad y algunos fuera del país. El segundo mandatario omitió mencionar que sobrevivientes del asalto policial ahora fuera del país, negaron consistentemente, a lo largo del juicio escenificado en Santa Cruz, que hubiesen pretendido promover una guerra interna y dijeron que, si confesaron culpabilidad, fue para salir en libertad al cabo de más de seis años de prisión y, a escondidas, poder fugar del país.

El memorial de admisión, contenido en decenas de páginas, era un revés a las versiones que el gobierno ofreció desde la madrugada del 16 de abril de 2009.

La noticia de la CIDH era parte de la racha de malas nuevas que golpean al socialismo del Siglo XXI. En Venezuela, Nicolás Maduro estaba cada vez más cercado; en Argentina se acentuaba el sitio judicial sobre la expresidente Cristina Fernández de Kirchner, y en Brasil, el ícono más valioso de esa corriente, el ex presidente Luiz Inacio Lula da Silva, estaba a horas de ir preso, condenado en dos instancias, por uso indebido de recursos del estado y corrupción. Nunca las llamas que consumen a vecinos izquierdistas habían llegado tan cerca del círculo boliviano en el poder.

La sensación de estar con las barbas en remojo para protegerse del fuego que quemaba a la figura más emblemática de la izquierda latinoamericana se agravaba cada hora. El presidente Morales acudió al tweet para alentar al acosado ex presidente Lula da Silva. ¨Repudiamos la decisión indignante de la justicia de Brasil…Esa sentencia ilegítima es un golpe imstituicional¨. El aliento que enviaba hacia el hermano mayor de los líderes de su línea en la region debe haberse perdido en el fragor de las horas del largo fin de semana brasileño.

La Ley de Murphy (si algo puede salir e quivocado, saldrá equivocado) que ronda el Juicio del Siglo volvió a manifestarse el viernes. El juez Sixto Fernández, que el dia anterior había suspendido las audiencias hasta el 16 de abril, pues el viernes se debatiría un enésimo pedido del ex dirigente juvenil cruceñista Guedes para defenderse desde su domicilio, no notificó al Penal de Palmasola que el reo debía ser trasladado hasta la sala de audiencias. Los custodios policiales concluyeron que al estar suspendidas las audiencias, Guedes no podía salir el penal.  Defensores y acusados aguardaron durante casi una antes que el juez suspendiera el acto hasta el martes 17 de abril.

Las noticias que llegaban de Brasil condimentaron el caldo todo el fin de semana. El rechazo del habeas corpus para Lula y su prisión inminente por lavado de dinero y corrupción, bajo óptica boliviana, era un presagio de lo que podría ocurrir a otros gobernantes. Por eso, la decisión de la CIDH estremeció a más de un alto dignatario boliviano susceptible de acusaciones de  corrupción o de violación de derechos humanos.

La secuencia de noticias no había declinado y en la semana que empieza crecía la ansiedad por descubrir lo que aún trae este mes de abril.

 

¨Yo no voy¨

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Jaime Paz Zamora dio este martes un sacudón que hizo temblar el universo politico y diplomático boliviano. Perforó el bloque que pretendía exhibir el presidente Evo Morales en torno a la política marítima de su gobierno y le rechazó la invitación para viajar a La Haya para escuchar, a su lado y junto con otros tres ex presidentes y una docena de otras personalidades nacionales, los alegatos finales de la disputa marítima con Chile. El expresidente (1989-93) dijo que Morales pretendía ofrecer una imagen de concordia cuando hay una grave discordia en el país por la actitud del mandatario de empeñarse en una nueva reelección e ignorar el referendum del 21 de febrero de 2016 que dictaminó contra esa aspiración.

La ruptura entre ambos líderes presagia un acentuado calentamiento politico en Bolivia cuando faltan casi dos años para las elecciones generales en las que el actual mandatario pretende ser candidato por cuarta vez consecutiva y regir el país hasta 2025.

¨Tomé la decision de disculparme y no ir a La Haya. Prefiero, como todos los compatriotas, esperar los resultados en territorio nacional y rogar a todos los santos que las cosas salgan bien¨, dijo en una conferencia de prensa en las oficinas de su partido, el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria (MIR), en La Paz.  En criterio del ex mandatario, el presidente Morales utiliza el tema del mar en su propio beneficio. ¨El presidente divide…si uno apoya el mar es, en su lógica, apoyarlo políticamente¨, dijo.

Las reacciones del gobierno fueron de grueso calibre, reflejo de la magnitud del impacto que causó en las autoridades la decisión del ex presidente. El Vicepresidente Álvaro García Linera lo llamó ¨político decrépito¨. ¨Le está dando la espalda a Bolivia y a esta muestra de unidad en torno al mar…hubiera sido lindo que el señor Jaime Paz hubiera aceptado la invitación del Presidente¨.

Entre los allegados al ex presidente y críticos del gobierno las reacciones fueron de aprobación jubilosa, con expresiones de ¨bravo¨y ¨valiente¨ que circulaban en las redes.

La participación de Paz Zamora entre los invitados del presidente había causado molestia y desaliento entre sus seguidores desde la semana pasada. En las redes sociales había declaraciones de franca censura y rechazo a la presencia del ex mandatario en la comitiva designada para acompañar al presidente Morales. La indignación que algunos manifestaban evidenciaban el curso de una ruptura progresiva del líder mirista y el mandatario.

El desaire del ex mandatario anunciado este martes parecía anunciar un punto elevado en las hostilidades que cruzarán el camino del presidente Morales. No era posible calibrar de inmediato el efecto de la decisión sobre otros convidados a La Haya pero resultaba obvio señalar que les provocaba al menos incomodidad. Por lo demás, la invitación ya empezaba a causar desconcierto desde que voceros del gobierno dijeron que los convidados se pagarían los gastos de viaje. El gesto pareció nada convidante, pues no lucía apropiado decir a los invitados:  ¨vengan a la fiesta, pero cubran ustedes mismos todos sus gastos, del transporte a la comida¨. Solo en pasajes, hotel y gastos generales la invitación costaría siquiera unos 5.000 dólares para dos o tres días en La Haya.

Al señalamiento de que el irrespeto al referendum de hace dos años se erigía como barrera para declinar la invitación, se agregó la connivencia que atribuyó al presidente Morales con el mandatario venezolano Nicolás Maduro, bajo cuyo gobierno la economía de su país se ha reducido a la mitad de la que era hace una década, resultado de una crisis que ha causado el éxodo de cientos de miles de venezolanos y la muerte de centenas en manifestaciones de protesta.

Las ceremonias en La Haya empezarán el lunes 19 de marzo.

Rastros de una entrevista

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Una semana después de su publicación, las declaraciones del Vicepresidente en una entrevista con El Deber continúan con un eco belicoso capaz de entretener las discusiones políticas durante largo tiempo, a menos que intervengan nuevos elementos que disipen el ambiente de pólvora que levantaron. De manera especial, los analistas han dedicado atención a la frase de que el gobierno y su partido no van a apartarse del poder ¨por un apego abstracto a la norma¨. Equivalía a decir que será necesario algo más que la voluntad expresada en votos para producir alternabilidad en el ejercicio del poder, elemento esencial de la democracia.

No debería haber sorpresa, pues no es extraña la intención del presidente y de quienes lo secundan de permanecer al mando del país por siquiera 500 años, más o menos el tiempo que medió entre la llegada de los españoles a América y las elecciones en las que triunfó el presidente Morales para poner fin a un proceso de ¨subalternidad¨. De la lectura de la entrevista se concluye que, antes de Colón, toda la historia de esta parte del mundo fue monolítica, que Huáscar y Atahuallpa no se dividieron y que esa ¨subalternidad¨, que supone superada desde 2006, retornará si el presidente Morales no es candidato presidencial otra vez. Fuera de la cuestionabilidad de la afirmación y del dictamen categórico de que ¨eso no pasará¨, el Vicepresidente García Linera tuvo otras expresiones que aún yacen en penumbras, incluso entre las multitudes que en los últimos años ingresaron a la categoría de clase media. Un ejemplo inmediato es el ¨malestar moral¨ o también ¨indignación moral¨, condiciones para las cuales no es fácil una traducción que las corporalice.

Sobre la bandeja de conceptos también brillan otras afirmaciones. Sin ningún respaldo comprobable, el Vicepresidente aseguró que el 21 de febrero, cuyo origen y significación pasó por alto, en Santa Cruz ¨nosotros sacamos 150.000 y ellos no llegaron ni a 10.000¨. Pregunten al azar a una persona en la calle si el cálculo es correcto y anoten la respuesta. Luego está la mención a ¨la movilización popular, muy plebeya¨ de la gente humilde que apoya al gobierno.  Tiendo a creer que al escuchar ¨plebeyo¨ mucha gente asociará el adjetivo más a un conocido vals peruano que a una forma despectiva de hablar de sectores populares. No se sabe si el compositor Federico Pinglo Alva (1899-1936) se habría sentido lisonjeado.

 

Días para cambiar rumbos

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Anotaciones en torno al paro regional de Santa Cruz. Las barreras instaladas en las arterias viales más importantes de la ciudad empezaron a ser levantadas al anochecer del viernes, en la culminación de dos jornadas intensas capaces de llevar al Presidente Evo Morales a rediseñar su hoja de ruta para la carrera que deberá desembocar en las elecciones presidenciales de finales del próximo año. Al llamado de un corredor ante las cámaras que transmitían la llegada de los corredores del Dakar a La Paz, se sumó el viernes un movimiento cívico que convirtió a la mayor ciudad boliviana en una urbe paralizada al influjo del reclamo para que el Presidente desista de buscar un cuarto período de gobierno y derogue el nuevo código penal que ha crispado los nervios de gran parte del  país.  Que se tenga memoria, muy pocas veces la ciudad se detuvo como el viernes.

El paro estuvo precedido por la sorpresa que representó el llamado casi suplicante del piloto cruceño Leonardo Martínez en la carrera del Dakar para que el presidente abandone sus pretensiones reelecionistas y respete las reglas de la CPE en contra de re-re-reelegir a las autoridades. El pedido del deportista al culminar la etapa de ingreso a Bolivia desde Perú, conmovió los ambientes políticos del país y llegó a playas extranjeras, donde el presidente conserva simpatía de tendencias izquierdistas influyentes que no habría querido perjudicar por un episodio impredecible. Para muchos de los noticieros televisivos la noticia fue imperdible.

Las primeras reacciones fueron intentos fugaces de descalificación del corredor, cuyas palabras habían sido recibidas con Ia mirada incrédula del presidente y una media sonrisa del vicepresidente que pareció congelarse en cuanto percibió la avalancha que se venía. El Ministro de Defensa, Reymi Ferreira, les restó importancia diciendo que al gobierno le habrían importado las palabras del corredor si hubiesen provenido de ¨Chavo¨ Salvatierra o Walter Nosiglia, ¨que son los mejores¨. La declaración lució destemplada y no tuvo, de inmediato, mayor impacto.

La magnitud del ruego público de Martínez, ante las cámaras de la TV oficial en cadena deportiva mundial,  aún estaba bajo evaluación cuando, pocas horas después, a partir de la medianoche, comenzó un paro de todo Santa Cruz en protesta contra el nuevo Código Penal y contra la reelección indefinida del Presidente Morales. El paro fue compacto, con algunas excepciones en zonas populares como el Plan 3.000 y Villa Primero de Mayo, reductos tradicionales del gobierno, donde negocios de pulpería estuvieron relativamente activos en la mañana.

La disciplina con la que el paro fue acatado representó la demostración regional pacífica más contundente contra la reelección y el conflictivo Código Penal. Brigadas de jóvenes se instalaron desde el amanecer sobre las principales rotondas de la ciudad y cerraron el paso al escaso transporte que se asomaba por las avenidas. La mayoría de los vecinos se prodigó en darles asistencia con café al amanecer y meriendas al mediodía. El espectáculo que ofrecían muchos bloqueadores era de día campestre. Los asistía también el Comité Cívico pro Santa Cruz que, con el paro y la coordinación con todas las entidades que lo conforman para que fuese exitoso, retornó a sus días memorables de resistencia a las autoridades del gobierno.

En Santa Cruz la noche del viernes prevalecía la impresión de que la región había retomado iniciativas exitosas que ayudarían a tomar rumbos en el país. Para el martes está previsto un paro regional en Cochabamba, y luego en otros departamentos, dentro de un cronograma aún no definido que podría desembocar en un paro nacional.

 

Las redes y un ultimátum

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El descontento del gobierno con la condena reiterada de la Iglesia Católica a la expansión del tráfico de cocaína, las vinculaciones del narcotráfico con el poder y la amenaza que representa para la sociedad boliviana ha tenido estos días otro capítulo, a pocos días de un encuentro entre el Presidente Morales y el Papa Francisco. En el más reciente eslabón de la disconformidad gubernamental, el Vicepresidente Álvaro García Linera, quien está en el cargo hace 10 años, igual que el presidente, criticó que no ocurra renovación de los pastores de la Iglesia como sucede en la sociedad civil.

El nerviosismo que causó la carta de los obispos sobre un tema que preocupa cada vez más a la sociedad boliviana, sigue al desconcierto de las principales autoridades por la derrota del 21 de febrero a la tentativa de asegurarles la postulación para cinco años adicionales a la cabeza del gobierno.

Tras los titubeos respecto a los resultados del referéndum, el presidente ha dado un sello de confirmación a la derrota al atribuirla a una docena de ¨twitteadores¨ de Colombia y Costa Rica, enviados desde Estados Unidos, aseguró, para socavar su campaña re-reeleccionista. Es decir, fue derrotado y la culpable sería esa docena sucia y sus mandantes. Ninguno ha sido identificado.

Quienes observan el curso político de Bolivia han visto en esa afirmación algunos elementos extraños. El primero es si el presidente y otras autoridades tienen claro qué son las llamadas ¨redes sociales¨, conformadas por grupos de personas que se vinculan con mensajes electrónicas y hacen circular ideas, imágenes y ¨memes¨ a veces burlescos o satíricos pero con frecuencia con información de interés colectivo. Los mensajes sobre acontecimientos y tendencias pueden pasar de grupo en grupo y en segundos alcanzar a multitudes enormes. Eso ocurre en todas partes. Se trata de una reacción natural ante acontecimientos de impacto. Durante siglos la gente se reunía en las plazas para comentar cuestiones de interés. Ahora se reúne sobre las pantallas de sus celulares. (Un reportaje en El Deber este domingo subraya que en promedio cada boliviano pasa 2,2 horas diarias en su celular).

El nuevo fenómeno  ha encontrado en la orfandad a los medios de comunicación, que tienen una competencia fenomenal para la cual el mejor antídoto es la calidad y credibilidad de su información. Entre los más sorprendidos, por lo que vemos, están los políticos menos enterados y más refractarios a los nuevos recursos tecnológicos.

Pueden también ser una ayuda extraordinaria. Ejemplo: Substituyen al fax, hasta hace poco apoyo imprescindible. Por teléfonos celulares no solamente circulan fotografías, artículos, dirección de sitios, y hasta voz (por supuesto) y películas También son de gran utilidad en muchos afanes. El otro día, envié al teléfono de mi médico seis páginas con los resultados de unos exámenes de laboratorio y un mensaje hablado. Antes tendría que haber ido hasta su consultorio. En verdad, sólo decir esto es embarazoso porque se trata de algo tan común.

Hasta hace unos años, la comunicación interpersonal solía partir de un teléfono a otro, con solo dos participantes. Los textos pueden ahora llegar al mismo tiempo a miles y multiplicarse de manera asombrosa. Es raro que los asesores del presidente no le hubieran informado sobre el fenómeno, que a estas alturas del Siglo 21 es una verdad de Perogrullo y hablar de él es tan tedioso como hablar del tiempo.

Un segundo elemento que subrayan los expertos: es redundante y descabellado para cualquier grupo de interesados en dañar a alguna figura política desplazar a una docena ¨twitteadora¨ para lanzar mensajes. Pregunten a cualquier joven de El Alto, del Plan 3000 o de Equipetrol si, por ejemplo, para despachar mensajes y diseños sobre algún líder involucrado en los PP (Papeles Panameños) tendría que ir hasta Madrid, Moscú o Buenos Aires. Puede enviarlos desde su dormitorio inspirado en un Vivaldi o un Bach sin otra molestia que servirse un café.

El sentido común también enseña que es irrelevante desde dónde se envía un twitter, si desde una oficina, desde el ómnibus o el automóvil o de un bar. Lo importante es el qué y el interés del mensaje para el grupo destinatario.

Con todo esto, es comprensible la curiosidad creciente por el proyecto regulatorio de las redes que se ha dicho que prepararán sectores cocaleros. Muchos están impacientes por conocer sus alcances y detalles que calibrarán el conocimiento de esos sectores sobre la punta más destacada de la comunicación moderna.

La Carta de los Obispos derivó en un ¨ultimátum¨ para que los pastores de la Iglesia identificaran a quienes en el gobierno estarían involucrados en el narcotráfico. La jerarquía eclesiástica ignoró el ultimátum y pidió, más bien, unidad para combatirlo.

Algunas personas a las que consulté respondieron, para no entrar en detalles, que les dijera si las autoridades alguna vez identificaron con nombres y apellidos ¨a la derecha¨, a ¨los neoliberales¨, a ¨los separatistas¨ o a ¨los oligarcas¨. O siquiera a la docena sucia que el presidente dice que determinó su derrota.

Aversión al debate

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La posibilidad de que los bolivianos podamos asistir a un debate entre todos lo que aspiran a dirigir sus destinos en los próximos cinco años es casi nula tras el reiterado desaire del Presidente Morales y del Vicepresidente García hacia la idea. Los lugares que les correspondían en el debate promovido por la Asociación de Periodistas de La Paz estuvieron vacios.  No es claro si se discrimina a los candidatos rivales solo porque tienen ideas diferentes a las del gobierno, soberbia por la distancia de los dos mandatarios respecto a sus oponentes mostrada en sondeos de intención de voto, o por la perspectiva de perder electores que afectaría mayormente al oficialismo. (ED, 22-09-14). En cualquiera de esos escenarios, no cabe eludir una confrontación de ideas, a menos que se quiera disparar sobre el propio pie.

Nadie puede negar que debatir ideas y enfrentar cuestionamientos sea esencial para una democracia que se precie de serlo o que aspire seriamente a alcanzarla. Ninguno de los dos mandatarios ha ofrecido una excusa capaz de convencer que el debate es innecesario o irrelevante. Imaginen Uds. el bloqueo que habría sufrido el diálogo al final de la Sudáfrica del apartheid si uno de  los bandos decía: No discuto contigo porque eres racista o porque quieres manejar la economía de manera diferente a como yo lo hago.

Un ejemplo a la mano de comportamiento democrático está aquí al lado, en Brasil, donde habrá elecciones generales el 5 de octubre Nunca escuché a ninguno de los candidatos líderes decir “no debato contigo porque tienes menos del 1 por ciento de intenciones” (Luciana Genro, con 0,9%  o Pastor Everaldo con 0,8%), no me gusta tu pasado o solo debato con las “organizaciones sociales.” Esos argumentos habrían recibido rechiflas de burla y desaprobación que habrían hecho parecer el bullicio del Marcaná al de un cementerio a la medianoche.

La lista de temas que podrían ingresar a un debate es larga y nadie podría dudar de la trascendencia de abordarlos frente al país. Desde la conducción económica, la situación de la industria petro-gasífera, el narcotráfico, la deuda externa, los acuerdos con China y las obligaciones con ese país, la percepción de los candidatos en torno al Juicio del Siglo y los eventuales responsables del  episodio, inclusive el antisemitismo que también empieza a perfilase en esferas no oficiales, todos son temas de un menú muy amplio. El país habría querido que los candidatos expongan sus ideas “en vivo” y las articulen para llegar al mayor número de ciudadanos. La oportunidad la pintan calva, de acuerdo a un viejo dicho. Nadie sabe cuándo ni si habrá otra.

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Hasta aquí esta entrada. Un lector tuvo la gentileza de encontrar en este blog un artículo escrito hace cinco años, sobre el mismo tema de la negativa del presidente a debatir. Véanlo oprimiendo las palabras subrayadas.

 

Jugar con fuego

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Mañana del 7 de mayo. El Vicepresidente de la República Plurinacional ha convocado a la población, a “los sectores sociales”, a movilizarse contra el paro que los médicos y todo el sector salubrista cumplen a lo largo y ancho del país. Objetivamente, parece el clarinazo para un enfrentamiento civil.

Para la segunda autoridad nacional, no tiene  motivo mantener el paro del sector salud, que el viernes consiguió que el presidente Evo Morales anunciara la suspensión del decreto que prendió la chispa del conflicto nacional médico-salubrista. En palabras del Vicepresidente, la decisión de médicos y salubristas es “caprichosa, abusiva, criminal y política”.

Dirigentes de los médicos han dicho que la palabra del Presidente y del gobierno está con las defensas muy bajas. Dijo lo mismo cuando el TIPNIS exitoso llegó a La Paz y recibió la mayor bienvenida de la población de “ínclito valor”, que se volcó a vitorear a los marchistas. Declaró al TIPNIS como zona “intangible”, sólo para, tres meses más tarde, dar marcha atrás. Igual había ocurrido con el “gasolinazo”, aunque esa vez sí hubo una anulación del decreto.

“Quiero convocar, el gobierno convoca al pueblo boliviano, a los trabajadores, a los vecinos, a los comerciantes, oficinistas, a defender la salud, a que no siga adelante esta prepotencia, este abuso, los convocamos a movilizarse para defender el sistema de salud…”, dijo.

Los médicos y el sector salud han decidido mantener el paro indefinido hasta que el gobierno abrogue –es la palabra clave que utilizan- el decreto 1126.

La convocatoria del Vicepresidente ocurrió cuando La Paz se encuentra paralizada, como en los momentos más álgidos antes de la llegada del actual gobierno al poder, en 2006. (“Nunca, nunca ví a una ciudad paralizada tan completamente como lucía hoy La Paz,” me dijo un amigo que vive en el centro de la c iudad y que conoce muchas otras capitales del mundo.) Los transportistas mostraron una disciplina compacta para obedecer a una huelga de oposición a un programa destinado a mejorar el transporte en la urbe paceña. El programa es del municipio, en cuya cabeza está uno de los principales opositores del presidente Morales. Pero si se cree que el paro pone en jaque al alcalde opositor y reconforta al gobierno, se incurre en falta de visión: una ciudad paralizada, la sede del gobierno, no es precisamente un buen augurio para las autoridades que residen en ella. Para todas.

Como la policía estuvo notoriamente ausente, la imagen de la ciudad fue la de una urbe indefensa. A falta de espacio de  maniobra en el conflicto,  el gobierno optó por de declarar tolerancia para quienes no pudieron asistir a sus empleos. En el caso de los empleos públicos, todos los contribuyentes pagaron el asueto forzoso. En el caso de los privados, pagaron las propias empresas. Esta ha sido sólo la primera jornada. Mañana martes viene la segunda. Y el miércoles empieza la huelga general de 72 horas dispuesta por la Cenral Obrera Boliviana (COB).