Venezuela

La hora del conejo

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Sobre la cuerda floja de una impopularidad que la fuerza militar no ha logrado aplacar, el régimen de Nicolás Maduro ha lanzado un nuevo plan para paliar el hambre y la desnutrición que azotan a una gran porción de sus compatriotas. Ahora se propone impulsar la cría de conejos.

El ¨Plan Conejo¨ consiste en entregar una pareja de conejos a familias de sectores populares para generar parte de la proteína animal que han dejado de consumir debido al desabastecimiento que atenaza al país hasta hace poco entre los mejor alimentados del continente. La velocidad reproductiva de los prolíficos mamíferos, que en 75 días pueden generar entre ocho y doce crías, reza el discurso oficial, permitirá a una familia contar en pocas semanas con substitutos para la carne de vaca, pollo y cerdo y cocinar guisos sabrosos.

Maduro hizo gala de buen humor al asistir hace una semana a la entrega de algunas parejas de los pequeños mamíferos, ahora alentados, dijo, a ¨reproducirse como conejos¨.

Todo estriba, claro, en la acogida que reciba el conejo, que nunca fue parte de la dieta regular del venezolano. Su consumo fue siempre ocasional.

No es la primera vez que el régimen acude a experimentos insólitos para cubrir las necesidades alimenticias de los venezolanos. Hace años buscó estimular la producción de hortalizas en los balcones y todo lugar de un apartamento capaz de alojar una verdura. Se desconocen los resultados del experimento, pero la escasez continua siendo causa diaria de exasperación en los hogares del otrora rico país petrolero.

El novedoso ¨Plan Conejo¨ mal comenzaba y ya tenia su primer traspié, confesado por el propio titular de un ministerio de Agricultura Urbana. No mucho antes, el Ministro Freddy Bernal había entregado un lote de conejos y cuando volvió para observar el portento que esperaba, se encontró con que muchos animales, con lazos en el cuello, estaban convertidos en mascotas, el papel que los venezolanos suelen asignarles.

El experimento concita la atención de los pocos países aún alineados con el Socialismo del Siglo XXI. Con Ecuador en retirada, en América del Sur solo quedan Venezuela y Bolivia. Dada la relación estrecha del presidente Morales con Maduro, con sus gobiernos unidos en aquella escuela, muchas miradas bolivianas hacia el vecino del Caribe acarrean inquietud extrema, pues el fracaso venezolano puede ser la antesala de lo que aguarda a los que creen que ese socialismo es el futuro.

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Diarios en tiempos de mordaza

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Al arreciar las penurias de Venezuela, cuyo régimen es, por fin, llamado de dictadura sin tapujos en gran parte del mundo, resulta notable la lucha de algunos diarios por mantener viva la voz contra la avalancha opresiva que busca el pensamiento único.  El arma que tienen es su capacidad para llegar al público gracias a la era digital y la credibilidad que se les atribuye. Sin más recursos que un puñado de reporteros y hace tiempo sin papel para ediciones en la calle, dos diarios sobresalen con noticias y análisis que desafían la censura que impone el régimen, vía intimidación y chantaje con pautas publicitarias. El Nacional y Tal Cual Digital se han vuelto una necesidad para quienes buscan informarse sobre ese país distante y cercano de Bolivia.

Las versiones electrónicas de los dos diarios suelen mostrar el rostro que el régimen de Nicolás Maduro no quiere exhibir y que los fanáticos de otras latitudes niegan.   Vean algunos titulares de este jueves en Tal Cual Digital, creado por el infatigable Teodoro Petkoff, comunista y guerrillero hasta que, sin perder su visión por una sociedad más justa, reconoció la realidad y se transformó en un demócrata respetable.  Llegó a ser ministro del presidente social cristiano Rafael Caldera, el mandatario que indultó y sacó de la cárcel a Hugo Chávez.

¨Gobierno convirtió el hambre en la nueva epidemia sin antídotos¨, destaca en su primera página , y cuenta que quien preside la ¨fraudulenta¨ Asamblea Constituyente decía ante audiencias extranjeras el año pasado, cuando era canciller (habla de Delcy Rodríguez), que en su país no había hambre y que lo que tenía daba para alimentar a tres naciones. Ese mismo día medios informativos registraban muerte de niños por desnutrición.  La ex canciller ahora reconoce la plaga bíblica creada por el gobierno del Socialismo del Siglo XXI pero la atribuye a Estados Unidos.

Por eso causó perplejidad que el ex canciller David Choquehuanca dijera que las noticias sobre la crisis de perfil terminal que vive Venezuela eran parte de ¨un formato¨ para desacreditar a gobiernos de esa corriente. Para él, no hay hambre en el vecino país sino  ¨un formato¨, aunque la ex canciller diga lo contrario.

Fundado por un intelectual comunista (Miguel Otero Silva) en 1943, El Nacional destaca el pedido de la Asamblea Nacional (la legítima) para que el Papa que ayude a crear un canal humanitario de socorro a los venezolanos y lista a los gobiernos y dirigentes que sin pelos en la lengua ahora llaman a Maduro de dictador.

Que se sepa, ni Bolivia, ni Cuba ni Nicaragua han ofrecido ayuda a Venezuela ahora que su gobierno reconoce que sí hay hambre en su país.

Doblan las campanas

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A partir del viernes han subido las apuestas sobre la capacidad del regimen de Nicolás Maduro para sobrevivir. Con la arremetida redoblada del gobierno de Estados Unidos al prohibir negocios de ciudadanos y empresas de Estados Unidos con Venezuela, el pronóstico es de una asfixia progresiva. La mayoría de los analistas cree que al régimen le queda aumentar la represión para asegurarse contra fracturas entre los militares, los únicos que ahora pueden sostenerlo.  Pero inclusive esa carta temeraria luce débil pues Maduro y los militares parecen colocados en la situación que Tyllerand desaconsejaba y de la que nadie puede salir ileso: sentarse sobre las bayonetas.

Sin márgenes para negociar compromisos internacionales de espaldas a Estados Unidos, el riesgo de insolvencia de la potencia petrolera puede estar creciendo en espiral y es inevitable que sean cada vez más escasos los que se atrevan a ofrecerle algún salvavidas financiero.

La medida dictada por la administración estadounidense ocurrió a dos días de otra de Panamá que decidió exigir visas a los venezolanos. Eso agravó la realidad tormentosa bajo la que vive gran parte de los venezolanos, cuyo país fue la Meca latinoamericana que brindaba acogida generosa e incondicional a quienes salían de sus países perseguidos por dictaduras o buscando una vida mejor. Ahora son cientos de miles los ciudadanos de la patria de Bolivar y Sucre en tierras extranjeras forzados por el deterioro de las condiciones de vida en su país.

La declinación del regimen de Maduro es el eclipse de un sistema, en cuya cabeza está Cuba, con eslabones de relativa fortaleza en Nicaragua y en Bolivia, también tributarios del Socialismo del Siglo XXI. Lo que ocurre en estas horas muestra los riesgos de alejarse de las normas democráticas y de aferrarse al poder en aras de una forma de gobierno que fracasó en Europa y que en América del Sur ha hundido a un país desbordante de riqueza. La lección y sus resultados están a la vista de todos.

La quiebra de Venezuela, con cualquier consecuencia que pueda ahora sobrevenir, es vista como un llamado a alejarse cuanto antes de experimentos que al destrozar economías, desobedecen las reglas de la democracia más esencial y amordazan la libre expresión o la tienen bajo hostigamiento incesante.

El desenlace en curso semeja un doblar de campanas que conviene escuchar antes que, como diría Hemingway, doblen por uno mismo.

Verdades de ayer

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El remolino de acontecimientos en Venezuela esta semana ha ofuscado  la historia que yace detrás del terremoto del vecino país. Los factores que confluyeron para dar lugar a la marea política, económica y social que parece tragarse a Venezuela deben ser tomados en cuenta con seriedad, en especial por sus vecinos, pues  preanuncian lo que puede ocurrir en otras latitudes del continente, especialmente  en países empeñados en afiliarse al modelo socialista del Siglo XXI hasta ahora capitaneado por Venezuela.

Norman Gall, un estudioso de América Latina y fundador y director del prestigioso Instituto Fernand Braudel de Economía Mundial, con sede en Sao Paulo, escribió hace años un estudio cuyo valor, ahora que lo vuelvo a leer, se agiganta por la actualidad que encierra. El trabajo, editado hace una década por el instituto a su cargo, asombra por la validez premonitoria de la densa información que ofrece y la lección que entraña para la región.

El estudio de  Gall, quien visita Bolivia con frecuencia y tiene trabajos que analizan cuestiones importantes que están en la base de la pirámide económica y social  boliviana, dice sin ambages: ¨La historia de Venezuela es una historia del impacto de los ingresos petrolíferos sobre las instituciones débiles, agravada  por agudas transformaciones demográficas que precedieron la ascensión al poder del presidente (+) Hugo Chávez y su ¨Revolución Bolivariana¨ en 1998, y que Chávez elevó a un nuevo nivel de desorden. Venezuela inspira tristeza, miedo e indignación ante lo que ese desorden puede acarrear¨.

Algunos datos que llamaban la atención del estudioso hace una década han empeorado, en tanto que las finanzas que ayudaron a costear el aluvión de gastos que provocó el auge de precios de los hidcocarburos se han enflaquecido en más de la mitad. ¨La desorganización y la falta de inversiones en el sector petrolífero (podríamos leer ¨gasífero¨) nacionalizado están reduciendo la producción. La infraestructura colapsa y los homicidios se triplicaron en los últimos 10 años¨.

Gall subraya que hasta hace pocos años, el petróleo y la democracia protegían al país del desorden, pero que esa protección fue socavada por la intensa presión demográfica (la población del país pasó de 2.,4 millones a comienzos del siglo pasado a 27 millones siete décadas después) que llevó al 90% de venezolanos a vivir en ciudades donde dieron lugar a una demanda creciente de vivienda, servicios e inversiones, todo aparejado con un consumo en alza cubierto por importaciones de todo, especialmente alimentos.

Con el bombeo de petróleo en un promedio declinante de dos millones de barriles diarios (3,5 millones en 1998, antes de que se instaurara el ciclo de Hugo Chávez y Maduro), el horizonte económico venezolano es oscuro.  La oscuridad es más densa conel despeñadero en el que parece encontrarse el regimen.

Cuando escribió si ensayo hace una década, Gall decía que la mayoría de los observadores creía que Chávez (murió en marzo de 2013) permanecería con las riendas de su país mientras los precios del petróleo se mantuvieran altos. ¨Pero mi impresión es que, independientemente de los precios del petróleo, Chávez va a hundirse en el desorden creciente que lo circunda. Lo más triste de esta historia es que el desorden va a continuar por mucho tiempo después de que Chavez haya partido¨.

Por la información que traía el estudio de Gall,  lo que ahora ocurre estaba escrito en la pared. Decía el ensayista: ¨El futuro (de Venezuela) será prometedor si las instituciones democráticas pudieran ser fortalecidas en las próximas décadas, de manera de superar las fallas especialmente descuidadas en los sistemas de justicia, seguridad, educación e infraestructura¨.

Estos días, el futuro del regimen acosado de Nicolás Maduro luce impredecible. Los nubarrones sobre su regimen se han acentuado con la instalación de una Asamblea Constituyente ocurrida el viernes, un día después de la fecha oficial prevista. El retraso, anunciado  a solo horas de la inauguración prevista originalmente, fue explicado por el propio Maduro por la necesidad de juramentar a unos pocos electos que no habían recibido credenciales. Pero los observadores creen que la causa real de la demora fue el impacto que causó la revelación de la firma que desde 2004 brindaba una plataforma tecnológica para el registro del voto. La firma dijo que había detectado un fraude gigante, de cuando menos un millón de votos que le habían permitido al gobierno decir que en la elección del domingo habían votado más de ocho millones de ciudadanos, más que el referendum opositor que había congregado a 7,6 millones. La destitución arbitraria e ilegal de la fiscal Luisa Ortega Días este fin de semana ha colocado la caldera hirviente en que está Venezuela a punto de estallar.

El trabajo de Norman Gall es básico para entender lo que ha ocurrido en aquel país de memoria tan grata en Bolivia, que del nombre del Libertador creó el suyo. Quien quiera que desee leerlo en sus detalles, puede encontrarlo en la página web del instituto: www.braudel.com.br

 

 

La intifada venezolana

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El levantamiento popular en Venezuela cumplió los dos días programados de paro general  y ahora avanza hacia una ¨toma de la nación¨ con la meta de forzar al gobierno de Nicolás Maduro a dar marcha atrás en su propósito de realizar una elección el domingo. Ya es tarde para revertir el turbión al que ha entrado el país bolivariano y las miradas de los vecinos sudamericanos están sobre las Fuerzas Armadas para tratar de auscultar lo que vendrá en los próximos días. Nada ayuda a avizorar un desenlace pacífico y muchos hogares parecen preparados para una contienda aún más violenta que puede prolongarse mucho tiempo.

Los analistas creen que Maduro y su entorno estuvieron todos estos años envalentonados con el poder militar sobre la población civil desarmada y que  han apretado el acelerador  para doblegar a la  oposición. Pero en en tres meses, desde que la ofensiva retomó las calles en abril,  las multitudes que desafían al régimen han mostrado una fuerza contra la que el Maduro y los militares no tienen cómo actuar de manera decisiva. La población ha perdido temor a la fuerza militar y, más todavía, parece haber perdido el temor a morir. Más de cien muertos desde abril al ritmo de uno por día prueban que la fuerza bruta ni las balas son suficientes para someter a una población civil determinada.

Venezuela vive bajo una intifada, el término árabe que describe la lucha popular en la que la población se levanta y decide jugarse el todo el todo. Se originó en Palestina para describir la ofensiva general de los palestinos contra los israelíes. En las dos intifadas que lanzaron, a fines de la década de 1980 y de 1990, los palestinos pusieron en jaque al poderoso ejército de Israel. No consiguieron la autonomía plena que buscaban pero lograron que el mundo tuviese frente a sus pantallas la lucha que libraban casi todos los días y consiguieron difundir su causa y ganar simpatías. No fue poco.

La causa venezolana ha alcanzado en estos tres meses un nivel planetario como nunca. Maduro y su regimen han quedado identificados como expresión de un sistema represivo dictatorial que trata de imponer un régimen comunal, eufemismo apenas diferente del comunista que impera en Cuba y que rigió gran parte de Europa el siglo pasado.

El método escogido es burdo, pues a título de querer redactar una nueva constitución  se pretende anular la Asamblea Nacional, de la que la oposición ganó dos tercios hace dos años contra todo el poder y maniobras del partido de gobierno para quitarle funcionalidad.

En su intifada, los venezolanos cuentan con amigos decisivos en cualquier contienda: Toda America del Sur, excepto Bolivia y, con menos énfasis, Ecuador,  están de su lado. Estados Unidos ha decretado estos días sanciones contra una docena de venezolanos, entre ellos la presidente del Consejo Nacional Electoral,  y en su saco de los vientos tiene todavía tempestades letales para desatar. Una de ellas es volátil en extremo y se llama petróleo.  Estados Unidos compra el 40% de las exportaciones petroleras de Venezuela y cerrar ese grifo sería fatal para las finanzas a cargo de Maduro.  Pero los analistas ven un arma de doble filo, pues un embargo a las compras venezolanas dañaría a la industria refinera norteamericana. Sería una medida contra corriente en un momento en que Donald Trump trata de preservar la economía y generar empleos.

Los observadores ven la intifada de la tierra de Bolívar y Sucre como una lanza letal al Socialismo del Siglo XXI. Después de lo que ocurre en Venezuela, no será fácil encontrar voluntarios para levantar carteles, en Buenos Aires, Londres o Estocolmo, que digan ¨Fuerza Maduro¨ o que quieran repetir la frase ¨Maduro dáles duro¨ del Presidente Morales hace pocos días.  Con el tiempo, nadie se atreverá a repetirlo como ahora nadie daría vivas a Ceaucescu o a  Gomulka, los dictadores de Rumania y Polonia.

El decaimiento de Venezuela en medio de la  mayor bonanza financiera de su historia es visto como prueba indiscutible de  incapacidad  administrativa y  falencias éticas de un régimen que tuvo todo para hacer de su país una excepoción en el continente.  El tema es extenso y merecerá nuevos abordajes.

Ayer le tocó a mi barrio

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Una amiga venezolana compartió conmigo el artículo que sigue: una prueba de enorme valor humano, un testimonio de la realidad que vive la patria de Bolívar y de Sucre, y de la brutalidad que la atenaza. Fue publicado por Juan Carlos Liendo, un periodista cuya agudeza hace mérito a los grandes narradores de su país. Escribe regularmente en su blog ¨Los de Entonces¨.

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Ayer le tocó a mi barrio

El Cotufa es  uno de mis vecinos más famosos. Todavía no he descubierto bien que hace y,  con lo despistado que soy, seguro estoy que no podría identificarlo entre varios. Vive en una de las veredas y,  desde que me mudé aquí,  escucho ese mote sin nombre en todos los lugares. Un amigo me lo presentó el otro día y como a tantos otros vecinos, lo saludo al verlo pasar;  pero, seguro que no sé quién es ni porque le dicen así.  Si es por mí, El Cotufa puede ser un santo o todo lo contrario, yo solo sé que es hijo de una de las primeras familias de aquí y que su padre, de 86 años,  fue víctima de la rabia iracunda de la Guardia Nacional Bolivariana durante el tercer ataque que sufrió mi barrio hoy, en un periodo de 10 horas.

La Urbanización Los Sauzales es,  de verdad, una comunidad modelo.  Construida en 1968 por el desaparecido Banco Obrero “para dar solución a los serios problemas habitacionales de la clase obrera” significó una de las decisiones habitacionales mas atinadas de Mérida (y quizás de Venezuela) muy probablemente porque sus constructores tuvieron el ojo exacto para ver el extraordinario potencial de crecimiento urbano que posee  la zona donde fue construida.  Hoy día, no solo es el punto central de La Otra Banda, sino el paso obligado que une sus dos extremos y, aunque sigue siendo una urbanización “de interés social”,  su devenir ha sido ejemplarizante.

Es una de las colectividades mejor organizadas y con mayor sentido de pertenencia de cuantas forman el entramado social de Mérida. Formada por tres grandes grupos de bloques de apartamentos y unas cuantas veredas de pequeñas casitas unifamiliares, tiene continuidad y complemento en la Urbanización Don Pancho, cuyas dos únicas calles de “casaquintas” adosadas, le otorga particularidades estéticas a un terreno que sobrepasa los 100.000 metros cuadrados, en el que se ha logrado un orden y nivel de mantenimiento y cuidados inusuales en esta urbanidad de emergencia en que se ha convertido el país.  Los Sauzales ha crecido tanto como sus moradores: en sus apartamentos y casas, ampliadas y hermoseadas, se han formado un par de generaciones de profesionales universitarios a quienes sus padres “sacaron adelante” gracias a la tranquilidad que les produjo ese desarrollo habitacional pensado para obreros de la Universidad de los Andes.

Es también una urbanización muy comprometida con la oposición; tanto, que en ocasiones  ha llegado a llamarse,  medio en broma (y medio en  serio) una Republica Independiente. Obedece cada llamado a plantón, cada trancazo y cada marcha, habiendo desarrollado en 113 días de protestas un movimiento de resistencia que, en casi todo, unifica su agenda a la de la Mesa de la Unidad Democrática, aunque posee un punto innegociable: el cierre de sus accesos a la Avenida Los Próceres, cosa que hacen casi diariamente impulsando de esa forma otros cierres importantes en La Otra Banda, territorio de inconformes.

Las trancas siguen siempre el mismo patrón: una inmensa bandera tricolor cierra el paso a la avenida  y luego la urbanización se cierra toda, incluso el paso entre las estrechas veredas, obstaculizando el acceso que lleva, por medio de la Urb. Don Pancho,  a la Avenida Las Américas y por allí a las más emblemáticas zonas residenciales de la resistencia. Ayer no fue distinto.  Aunque el paro nacional convocado por  la MUD  y acatado por el 100% de sus negocios y habitantes debía haber terminado a las 6 de la mañana, la tranca se extendió por  una decisión que tuvo más de protección que de protesta.

El primer ataque ocurrió un poco después de las 7 de la mañana. Rápido, violento y sin víctimas: un numeroso ejercito de colectivos motorizados pasó por la avenida, se encontró con la tranca a la altura de Los Próceres y dispararon, como suelen hacer, intentando una inútil disuasión.  Realmente ocurrió poco más y se creía que ganada la escaramuza a los colectivos, el día iba a transcurrir calmado.

No fue así. Menos de dos horas más tarde, los colectivos regresaron acompañados tanto de la Policía Nacional Bolivariana como de la Guardia Nacional Bolivariana. Entonces atacaron con rudeza. A sus disparos, los Sauzaleños respondieron con piedras e insultos, para evitar el azote de los uniformados a la zona de veredas y a los bloques de apartamentos que están en la parte más interna.  No lo consiguieron por poco. Lanzaron un par de bombas lacrimógenas, detuvieron a un chico de 17 años que fue liberado, sin torturas, un poco después y se esmeraron con el primer bloque de apartamentos: el que está en el lindero exacto de la avenida. Sin embargo, no lograron dañarlo.

En la madrugada de ayer, los chicos que estaban de guardia para evitar que se quebrantara el paro nacional, movieron un enorme contenedor de basura y lo ubicaron en el medio de la calle principal haciendo más difícil el paso, quizás eso nos salvo a todos de un ataque que pudo ser más grave y que se llevó por delante al CDI más famoso de Mérida, vacio de pacientes a esa hora;  pues, creyendo que su proximidad los pondría a salvo, los chicos intentaron refugiarse en sus predios, siendo repelidos con gas lacrimógeno y una batalla de piedras contra perdigones,  que milagrosamente no arrojó sino heridos leves y cuantiosos robos,  los efectivos de la Policía Bolivariana arrasaron con bolsos, morrales y carteras de todos los que tuvieron a mano. Se fueron con mucho escándalo cerca de las 11:30 de la mañana.

Los vecinos, decididos a elevar la voz de su protesta en venganza por el desproporcionado ataque, se reunieron en uno de los estacionamientos y decidieron fortalecer las trancas.

El tercer ataque sucedió cerca de las 6 de la tarde y fue tan imprevisto como cruento.  Brutalmente, una tanqueta irrumpió a la entrada de la urbanización y un verdadero ejército represor arrasó con todo a su paso: los vidrios de los apartamentos y casas de toda el área externa de la urbanización y la integridad personal de una comunidad que se respeta a sí misma. Desde mi ventana, podía escuchar gritos, detonaciones y pedidos de poner a salvo a las personas vulnerables.  Casi  inmediatamente empezaron, como parece haberse hecho costumbre, a disparar contra los apartamentos; luego apareció el gas lacrimógeno y fue entonces cuando el padre de El Cotufa, entero y con carácter aun a sus 86 años, salió a enfrentar a la Guardia.

Solo les pidió no arrojar bombas lacrimógenas a las casas de las veredas y  quiso explicar por qué.

Don Homero fue la víctima más sentida de este último ataque. Fue golpeado, cayó al piso frente a su casa y allí tuvo que aguantarse el dolor de una bota militar sobre su rostro; pero, no fue el único: La Sra. Mireya, otra vecina de siempre, fue detenida y llevada a la tanqueta donde la golpearon un rato para dejarla en libertad “aleccionada” (para que aprenda, contaron que dijo el guardia que la liberó) y en algún apartamento, como también parece haberse convertido en costumbre, un chico de 17 años fue atendido de las heridas causadas por perdigones. Una piedra equivocada golpeó el pómulo de uno de los muchachos y tres jóvenes más fueron retenidos por un rato en la tanqueta, aunque solo apresaron a uno.

Se fueron con la misma furia que habían llegado; pero antes, para dejar muy claro que, para la Guardia Nacional Bolivariana, nosotros somos sus enemigos, quemaron la enorme bandera tricolor que ha sido emblema de esta magnífica comunidad desde el inicio de su lucha.

El Cotufa está ocupándose de restablecer la salud física de su padre, a quien según hemos sabido, los golpes no han hecho sino templarle el carácter un poco más y ya fue dado de alta. La Sra. Mireya considera su paso por la tanqueta como una herida menor de esta guerra libertaria y los demás están muy curtidos como para preocuparse por un perdigonazo.

Pero, el sentido de integridad de esta urbanización modelo, formada  por lo mejor de la clase media-media y lo mejor de lo mejor de la clase obrera, ha sido íntimamente herido. La bandera quemada  por la Guardia Nacional Bolivariana en su furioso repliegue se ha convertido en una ofensa mucho más imperdonable que la colección de golpes que hoy,  a sus 86 años, suma Don Homero a su experiencia de vida, pues esos sanarán fortaleciendo su alma de señor decente y honorable; de aquí, de Los Sauzales,  de toda la vida.

Publicado por Juan Carlos Liendo en 8:24:00  

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Etiquetas: ataqueGNBmeridaprotestas

Caída libre

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El régimen de Nicolás Maduro y su experimento socialista Siglo XXI entraron en caída libre el domingo 16 de julio y de su final la oposición parece tan segura que ha empezado a formar un gobierno paralelo. La agonía del regimen que representó la mayor esperanza de millones de venezolanos de conquistar una sociedad más igual y moderna sustentada en la abundancia del petróleo luce próxima al fin. En su rastro quedan fortunas faraónicas mal gastadas, mal invertidas y mal administradas.

Tras la estocada de fondo que representó la participación de más de siete millones de ciudadanos que votaron para forzar la salida de Maduro y su régimen el domingo pasado, sobrevino el jueves el paro cívico  que detuvo gran parte de las actividades en todo el país. La desolación de las calles mostrada por las imágenes de la television proyectaba la orfandad del regimen al que ahora casi nadie, excepto sus seguidores más cercanos, vacila en llamar dictadura. Salvo Bolivia, y con modestia Ecuador, Maduro está solo en Suramérica. La oposición congregada en la Mesa de Unidad Democrática ahora anuncia un nuevo paro cívico, esta vez por 48 horas, el miércoles y el jueves, para dar curso, el viernes, a una marcha nacional hacia Caracas. Desde el llano, la costa y los Andes, la oposición al régimen, que con holgura supera el 80% de la población, tratará de desembocar en Caracas. Los que vienen son días determinantes.

La soledad internacional que rodea al régimen de Maduro se parece a la del régimen dictatorial de Anastasio Somoza en los estertores.  El 19 de julio de hace 38 años, el ejército Sandinista tomó Managua y lo derrocó tras más de cuatro décadas de dictadura. En el exilio, el capítulo crepuscular que suele acompañar a los dictadores, sus enemigos lo emboscaron en una calle de Asunción y lo acribillaron. Preso de las tribulaciones que han acorralado a su gobierno, este año Maduro envió a los sandinistas solo un mensaje escrito. (Para celebrar la caída de la dictadura y del advenimiento del sandinismo estuvo en Managua el presidente Evo Morales.)

La oposición ya organiza un gobierno de rescate nacional y el viernes juraron nuevos magistrados de una nueva Corte Suprema, a la que se sumará un nuevo Consejo Electoral. Ahora hay un poder dual en Venezuela.

Eso también supone un mensaje a la comunidad financiera (léase China y Rusia) para evitar compromisos con el régimen y se suma a la amenaza de USA de dejar de comprar petróleo de Venezuela (40% de sus exportaciones de crudo van a Estados Unidos) o pagar a través de algún ente fidecomisario. El acoso no ha dejado resquicio. Senadores de Colombia y Chile anunciaron que enjuiciarán a Maduro ante tribunales internacionales.

Con casi todas las pilas de los timbres que tocaba ahora secas, se ha vuelto aventurado asegurar que el ex conductor de autobuses, formado en la escuela de dirigentes en Cuba, sobrevivirá la riada. Tal vez más aún que celebre sus 55 años en el Palacio de Miraflores el 23 de noviembre.