Venezuela

Hacia la Corte Penal

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El informe de la ex presidente Michelle Bachelet ha recorrido gran parte del mundo y ahora suman todavía más los que creeen que la dictadura de Nicolás Maduro, sustentada en el llamado ¨Socialismo del Siglo XXI¨, debe acabar. Quienes se acoplan a ese sistema y aún lo creen redentor de pobres  y  oprimidos, pongan las barbas en remojo, pues todo confluye en sostener que ese régimen dictatorial juega sus descuentos.  Si su final será cruento o se tratará de un abandono pactado del gobierno, cabeza de una tendencia seguida por poco más de media docena de países (Bolivia entre ellos), lo podríamos saber en poco tiempo. En semanas o pocos meses, dicen los optimistas; en más de un año, creen los escépticos. Por lo que se lee, en realidad todas las opciones que manejan los opositores comienzan con la salida de Maduro y el fin de su régimen. El final no está tan lejos, dicen todos.

Los desajustes producidos en la sociedad venezolana en 20 años de régimen chavo-madurista son tan grandes que los optimistas más radiantes hablan de cuando menos una década de tiempo forzado para enderezarlos antes de volver a fojas cero, es decir a comienzos de siglo. E inversiones alucinantes, de 100.000 millones de dólares el primer año, y tres veces más para los siguientes siete: 300.000 millones de dólares. Gran parte a fondo perdido.

El gobierno venezolano y sus más fervientes seguidores, inclusive fuera de Venezuela,  atribuyen la descomposición generalizada que vive Venezuela a las sanciones impuestas por el gobierno norteamericano, especialmente a la industria petrolera. La excusa ignora que los malestares comenzaron a sentirse años antes de  las sanciones. Sus raíces se originaron casi un siglo  antes, cuando el petróleo comenzó a salir a raudales cerca del Lago Maracaibo y las arcas fiscales obtuvieron la mayor exhuberancia en toda la historia del país. Los gobiernos sucesivos gastaron y malversaron a manos llenas sin dedicar esfuerzos a la producción agrícola e industrial. Hubo iniciativas para la educación, pero nada equivalente en la diversificación productiva. (La ¨revolución de la inteligencia¨ fue   apenas un saludo a la bandera que duró mientras su progenitor fue Ministro de Educación bajo un gobierno socialcristiano.) La escalada de gastos continuó en ascenso vertical bajo Chávez. Armas rusas de modelos recientes, fragatas y lanza-cohetes ingresaron en masa al inventario militar venezolano. La presencia china, al igual que en muchos otros países, pasó de ser solo una delicadeza culinaria a dominar gran parte de  los estamentos comerciales venezolanos.

Apenas acabó el super-ciclo de alza de las materias primas, alrededor de 2014, Venezuela, cuyos ingresos de divisas dependen en siquiera un 96 por ciento de las exportaciones petroleras, empezó a sentirse mal. El agravamiento fue fulminante,  hasta llegar al colapso y al mayor éxodo en la historia del continente, con más de cuatro millones de venezolanos fuera de su país estos días. La cifra solo tiende a crecer.

Los detalles están en los más de 80 puntos del informe de la funcionaria, quien ahora espera la valoración del comité que preside, con sede en Ginebra. Una vez aprobado, sería incorporado a las denuncias ya en curso contra el régimen, principalmente las del Secretario General de la OEA Luis Almagro, quien hace un par de años presentó ante el Consejo Permanente de la OEA un informe tan lapidario para  Maduro como el que acaba de presentar la ex presidente Bachelet. Con eso, el dossier gigante pasaría a la Corte Penal Internacional donde podría ocurrir un juicio como el de Nuremberg, al final de la Segunda Guerra Mundial.

El informe de la ex presidente causó malestar en todos los rincones de la izquierda radical, en especial entre las mujeres líderes del  Partido de gobierno, por la afirmación de que las detenidas eran abusadas por los verdugos del SEBIN y del DGCIM que las forzaban a prestar servicios sexuales a cambio de cualquier concesión o con frecuencia a cambio de nada. Pocos se atrevieron a objetar el  informe de una funcionaria cuya familia había sido víctima de la dictadura de Augusto Pinochet. Una magistrada del Tribunal Supremo de Justicia se refirió oficiamente al caso para afirmar que el informe buscaba victimizar a las prostitutas.

Como quien pronuncia una sentencia, la magistrada Carmen Zuleta de Merchan declaró en un twitter reproducido por el diario El Nacional: ¨Las mujeres en Venezuela son dueñas de su propio destino y cuando optan por prostituirse (como en todas partes del mundo) es porque son putas¨. La magistrada quiso amortiguar semejante declaración, pero se hundió más al afirmar que solo defendía a las venezolanas genuinamente dedicadas a esa actividad.

Más de una semana después del  informe no se había registrado ninguna reacción del gobierno boliviano ni de sus líderes. Es probabloe que no digan nada y que no dejen de apoyar a Maduro en cuanto se les presente la ocasión.

El peligro de ignorar la gravedad del  informe es que el aislamiento en el que está Venezuela (solo México, Uruguay, Nicaragua, media docena de islas del Caribe y Bolivia) son aliados de Maduro, junto a Cuba, Rusia, China y Turquía, pueda extenderse a nuestro país a medida que la crisis se agrave aún más.

Más que barbas en remojo, estaría en juego la propia cabeza.

(jho) https://haroldolmos.wordpress.com

La vida en un país que agoniza

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POR Claudio Nazoa. Tomado de El Nacional, edición de hoy, 2 de abril. Esta vivencia no requiere de presentación alguna.

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Quienes me conocen saben que soy un guerrillero del optimismo y que seguiré siéndolo hasta el último día de mi vida. No hay ni habrá forma de convertirme en pesimista. El pesimismo y la desesperanza, son las armas más efectivas del diablo.

Soy consciente de que en medio de esta debacle soy afortunado porque tengo algunos ahorritos, un automóvil, un lugar donde vivir y la mínima posibilidad de resistir a este desastre de la ultraizquierda internacional porque, hablemos claro, Venezuela es víctima del imperialismito cubano que nos coloniza. Cuba, sin discusión, es un gobierno parásito que vive de las miserias que aún nos quedan.

Comencemos la historia. En uno de los múltiples apagones que hemos tenido en Venezuela, me tocó vivir algo que años atrás había escrito. Me cito: “Llegará el momento en el que aun teniendo dinero en el bolsillo, no podremos comprar nada…”. Juro que lo escribí sin tan siquiera imaginar que realmente me iba a pasar.

Pues, así fue. Me acosté durante un apagón nacional que comenzó a las 9:00 de la noche, día previo a mi cumpleaños, y que continuó la aciaga mañana del día siguiente. Todos sabemos que cuando se va la luz, se va el agua. Por eso fue que teniendo cocina eléctrica, sin agua y sin tener provisiones en la nevera, ya que para evitar que la comida se descompusiera la vacié dejando solo lo necesario, no tenía cómo preparar el desayuno por más humilde que este fuera.

Así que el día de mi cumpleaños, sin ser felicitado por nadie ya que no había comunicaciones de ninguna especie, decidí salir a la calle en mi automóvil con tan solo 1/4 de gasolina. La ciudad parecía un pueblo abandonado del Lejano Oeste. Los semáforos no funcionaban. Todo estaba cerrado y, por supuesto, las bombas de gasolina tampoco prestaban servicio. De vez en cuando, durante mi recorrido, me topé con algunas personas que con aspecto de zombies cargaban botellones vacíos y hacían colas enormes ante cualquier misterioso suministro de agua callejera, en un intento desesperado por tratar de llenar un bidón.

A las 10:00 de la mañana tenía hambre porque no había cenado la noche anterior. A esa hora, ni un café había logrado tomar. Lo único que había conseguido era gastar la poca gasolina que tenía. En mi cartera solo había un par de billetes de baja denominación en bolívares, pues en Venezuela hace tiempo que escasea el efectivo y sin electricidad no hay manera de que funcione ningún punto de venta para pasar las tarjetas.

De mi bolsillo saqué los últimos 200 dólares que había atesorado para una emergencia. Bueno, la emergencia llegó y de nada me sirvió ese dinero ni me habrían servido 1.000.000 de dólares si los hubiera tenido. ¡No había dónde comprar ni agua! Todo estaba cerrado. Ni siquiera pude pagarle al único vendedor callejero que vi los cambures que estaba vendiendo.

Frustrado y con hambre, regresé a casa. Eran las 10:45 de la mañana y se me ocurrió pedirle ayuda al Gallego Félix, un buen vecino y mejor amigo que casualmente también cumple años el mismo día que yo.  Al llegar, después de felicitarnos mutuamente, apenado, le dije:

—Gallego, no me lo vas a creer. Pero tengo hambre y no he podido tomarme ni un café.

El buen Gallego me preparó el café y compartió conmigo un bizcocho con un pedacito de queso. Les confesaré algo, conozco algo de gastronomía y no exagero al decirles que este fue uno de los mejores desayunos de mi vida y que jamás había valorado tanto el aroma y el sabor del café.

¿Qué más puedo contarles, queridos lectores? He pensado tanto en las miles de personas que literalmente están muriendo por hambre, sed y falta de medicinas en Venezuela y solo me queda decirles que no debemos acostumbrarnos a este infierno comunista.

Hablen con sus hijos. Cuéntenles que la vida hermosa existe y, sobre todo, resistan haciendo bien lo que cada uno sabe hacer. No permitan que la desilusión invada su alma. La vida normal y la felicidad son posibles y la vamos a recuperar junto con la luz que hoy no tenemos.

A luchar. No debemos rendirnos. El tiempo de despertar de esta pesadilla depende de nosotros. De todos, no solo de quienes valientemente están arriesgando su pellejo abiertamente para lograr el regreso de la democracia.

Oscuridad en pleno día

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Al  mediados de semana, Venezuela  había desbordado las 120 horas de oscuridad, cuando las consecuencias de años de descuido y mal mantenimiento se volcaron sobre las turbinas y las líneas de transmisión de la presa hidroeléctrica del Guri, la tercera en el mundo en capacidad instalada, que dejaron de operar regularmente, y al menos una de su decena de turbinas colapsó y quedó reducida a escombros. Millones de dólares fueron convertidos en trozos inservibles de metal a la vera de la laguna artificial gigante, equivalente en superficie a la mitad del lago Titicaca, y millones de venezolanos perdieron acceso a la fuente que suministraba hasta el 70 por ciento de toda la energía consumida por su país.

En 1986, después de 25 años de construcción, cuando todas sus turbinas quedaron instaladas, el costo de la obra era calculado en 5.800 millones de dólares, una cantidad gigantesca que pocos países habrían podido desembolsar. Todavía bajo el proyecto de construir ¨la Gran Venezuela¨, un conjunto de obras faraónicas, el país pagó al contado casi todo. Fue la segunda presa hidroeléctrica más grande del mundo después de la egipcia de Aswan. (La de Itaipú es más grande, posee más turbinas y su producción es mayor, pero es binacional, de Brasil y Paraguay. )

Pero mucho antes del 7 de marzo, Venezuela ya vivía los prolegómenos del apagón al que la ha llevado el Socialismo del Siglo XXI, en el que también milita Bolivia. El sistema eléctrico trabajaba al máximo; sus técnicos aseguran que el mantenimiento era insuficiente, y que gran parte de sus  mejores empleados se había retirado.

Desde otras latitudes, la historia de este colapso nos la contó de antemano Eric Blair, el nombre real de Arthur Koestler, el novelista húngaro que en la década de 1940 entregó al mundo su mayor obra, ¨El cero y el infinito¨ o, también, ¨Oscuridad al Mediodía¨,  (¨Darkness at noon¨). Traducida a casi todos los idiomas, el impacto de la novela basada en el mundo en que al autor le tocó vivir fue tan brutal que nadie creyó que la historia que el novelista contaba podría repetirse jamás en la realidad posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Pero la historia no conoce el ¨jamás¨ y el 7 de marzo, hace muy pocos días, la sociedad venezolana empezó a vivir un apagón contínuo que de golpe y porrazo  la llevó 300 años atrás.

El desastre trajo muy rápido a la memoria la obra cumbre contada por Koestler sobre el régimen comunista que se  instauró en su país.

La versión ¨moderna¨ del Siglo XXI se presentaba como redentora del ¨socialismo real¨que habían vivido los países de Europa central y Rusia. Aquel fue un sistema identificado universalmente con Lubianka, la célebre prisión rusa que representaba el terror del stalinismo que Nikita Khruschev tuvo el coraje de denunciar (en 1956, tres años después de la muerte de Stalin, claro), en el vigésimo congreso del PC ruso.

Millones de venezolanos han vivido  estos años brutalidades asociadas al Socialismo del Siglo XXI (escasez de todo y violencia del poder y de las bandas delincuenciales vinculadas a él) como una materialización del sistema al que conducen, tarde o temprano,  los regímenes surgidos bajo esa corriente.  Ninguno de los principales jerarcas del gobierno nacional ha afirmado de forma contundente que esa no es receta para Bolivia ni que es meta del partido gobernante. Tampoco alguno de sus contrincantes de otros partidos lo ha exigido.

No parecen haber conmovido a ningún jerarca algunas imágenes notables de estos días, como la de la joven madre que llevaba en brazos a su hija muerta de inanición. Fue mostrada estos días en fotografías y por muchos canales de TV. Caminaba por calles soleadas de Valencia, estado Carabobo, con los despojos de la criatura en los brazos. Parecía una autómata, absorta en su dolor e incapaz de derramar lágrimas ni, aún menos, de articular palabras para describir sus sentimientos. El llanto se le  había acabado y no tenia dónde reposar su abandono.

Ella también era retrato del hambre que se había llevado a su hija y no tenia dónde dejar sus restos.  Era el retrato de un proyecto politico que se derrumbó.

La amargura del dictador

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En julio de 1979, días antes de fugar de Nicaragua arrollado por la sublevación Sandinista, Anastasio Somoza se quejaba con amargura que, bajo presiones internacionales, especialmente de Estados Unidos,  se sentía como un tigre amarrado, incapaz de defenderse ante los golpes que lo empujaban al abismo de la derrota. ¨Me siento como un tigre encadenado a un poste al que no cesan de apalear¨, dijo el dictador en una de sus últimas entrevistas antes de huir para instalarse en el Paraguay de Stroessner. Maduro se parecía mucho al dictador nicaraguënse a principios de la semana,  pues hasta el jueves no lograba mover un pelo para detener al rival surgido en los últimos dos meses, cuyo ímpetu amenaza con arrastrarlo a un final  oprobioso.

Juan Guaidó llegó radiante por Maiquetía, el aeropuerto internacional de Caracas. Los funcionarios lo saludaron sonrientes y  lo llamaron ¨Señor presidente¨, ignorando las amenazas que horas antes proferian Diosdado Cabello y otros jerarcas del régimen de llevarlo preso al Sebín, el Servicio Bolivariano de Inteligencia, cuyas mazmorras el gobierno suele destinar a sus opositores. De allí hasta la ciudad, el joven legislador fue aclamado por multitudes. En uno de los tramos detuvo el vehículo que lo transportaba, se subió al techo y, ondeando una bandera, saludó a los cientos que sobre la principal carretera a Caracas lo vitoreaban. Con ellos, brazo derecho cruzando el pecho, y con una voz de estruendo multiplicado por la de los que lo rodeaban, cantó ¨Gloria al Bravo Pueblo¨, el himno nacional. Fueron momentos en los que el país se detuvo y a la cúpula del régimen pudo habérsele helado el aliento.  Uno de los instantes que Nicolás Maduro quizá más temía, se estaba materializando. ¿Qué hacer? En esos momentos, nada.  

Guaidó  llegó hasta la plazuela céntrica donde una multitud lo aguardaba. Allí comenzó a ejercer su mandato interino. Convocó a sindicatos de empleados públicos a reunirse con él al día siguiente, cuando los delegados obreros aprobarían un paro nacional escalonado para los días que vendrían y que esperaban fuese la antesala de la partida de Maduro.

La jornada fue emblemática, incluso porque era un aniversario que todos registraban. El 5 de marzo se cumplían seis años de la muerte del Comandante Chávez, cabeza de la revolución que había heredado Maduro, cuando la ciencia cubana no pudo contra el cáncer que había invadido el cuerpo del teniente coronel de paracaidistas que dio un vuelco a la historia de su país. Chávez volvió a Caracas para designar a Maduro como su sucesor poco antes de morir.

 Poquísimos recordarían que también ese día, 66 años antes, encerrado en un dormitorio de su dacha de las afueras de Moscú, murio José Stalin, en la cúspide del terror que infundía su poder. Fue atacado por un infarto masivo. Nadie pudo auxiliarlo sino después de horas de agonía, cuando la vida se le iba más allá de cualquier ayuda. Su obsesión por la seguridad había hecho que todos los accesos a la habitación fuesen  infanqueables.

¨Sic transit Gloria mundi¨, (así pasa la gloria del mundo), decían los romanos. El lunes continuaba diluyéndose el poder que había ostentado Maduro, voz indiscutible que durante los últimos seis años dominó el panorama de la nación con las mayores reservas petroleras del mundo.

 La historia de la epopeya que Guaidó (35 años) cumplió en las últimas semanas comenzó a acumular capítulos de leyenda. Desde su salida sigilosa de Venezuela hacia la frontera colombiana, para unirse al concierto que ofrecían celebridades musicales por Venezuela, hasta su retorno en Copa Airlines, desde Panamá, todo estuvo regido por un sigilo máximo. Por las redes se filtró que había viajado de Quito a Guayaquil en un avión militar y de allí en un avión diplomático de Estados Unidos hasta Panamá, donde rodeado de hermetismo, fue el último en embarcarse en un vuelo regular. Ya en el avión, pasajeros y tripulación lo reconocieron y lo vitorearon. Guaidó les pidió que los que habían filmado y grabado las escenas no las divulgaran hasta llegar a Venezuela.

Al salir del área de inmigración, en una escena rara vez registrada, lo aguardaba una docena de diplomáticos de Brasil, Estados Unidos, Argentina, Chile, Paraguay, Ecuador, que lo rodearon para protegerlo hasta que se embarcó en la movilidad que,  en un recorrido de 20 kilómetros, lo llevaría a Caracas. El gesto era un detalle mayúsculo pues, horas antes, Estados Unidos había advertido que el régimen de Maduro se cuidase de  cualquier incidente que alterase la normalidad del recorrido. La advertencia apuntaba principalmente a los ¨colectivos¨, las bandas del partido de gobierno.

Medios informativos atribuyeron a funcionarios de la Casa Blanca haber dicho que cualquier atentado contra Guaidó sería responsabilidad de Maduro que se extendería a sus aliados. Es decir, la seguridad de Guaidó también debia interesar a Rusia y China, lo mismo que a Cuba, Bolivia y Nicaragua.

La jornada del miercoles alcanzó un clímax surrealista cuando el régimen decidió expulsar a Deniel Martin Kriener, cabeza de la legacion diplomática alemana. El diplomático ignoró la orden y dijo que el gobierno de Maduro carecía de legitimidad democrática.

No son muchos los que lo entienden, pero esta la crisis interesa a Bolivia. Si se fuese Maduro, el gobierno boliviano perdería a su mejor aliado. Solitario en el continente, su camino se complicaría, con una oposición envalentonada que apretaría el acelerador para cerrar el paso a la nueva candidatura del presidente Morales, todo cuando se acercan raudas las elecciones de octubre. Estar solo y sin aliados, o con los supuestos aliados a varios fusos horarios de distancia, puede ser demoledor. Pero eso es tema de otra historia.

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Baterías cargadas

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Las baterías de la propaganda política trabajan a todo vapor estos días cuando las tensiones en Venezuela empiezan a  tener reflejos en Bolivia, a ocho meses de las elecciones presidenciales en las que el presidente Evo Morales buscará el cuarto mandato, que  lo llevaría a gobernar más de veinte años y a alzarse con un récord continental. La disconformidad ciudadana con el continuísmo fue exhibida en las concentraciones multitudinarias registradas en las principales centros urbanos del país el 21 de febrero,  en el tercer aniversario del referéndum que rechazó avalar un nuevo mandato.

Desde entonces el ¨Bolivia dijo No¨ es un mantra contra cuya difusión y significado nada han conseguido las iniciativas del gobierno.  Los intentos por ponerle freno a traves de la que fue llamada ¨guerra digital¨con la formación de escuadras de combatientes digitales que surgirían del Chapare, bastión esencial del gobierno, han tenido efecto nulo, si se los compara con las intenciones de voto que muestran las encuestas de mayor credibilidad. En ellas,  el ex presidente Carlos Mesa, ahora el principal candidato opositor, está adelante con ventaja apreciable sobre el candidato Evo Morales. Todas las encuestas conocidas dicen que si se diese una segunda vuelta, bajo una elección transparente, el candidato oficial sería derrotado y que, salvo sorpresas que pudieren dar otros candidatos, Mesa asumiría la primera magistratura. El libreto democrático, repetido por las actuales autoridades hasta no hace mucho, es que en democracia se pierde una elección sin reclamos hasta por un solo voto. De eso no han vuelto a hablar.

Doce años de ejercicio del poder  causan grandes desgastes.  A eso se agrega el drama venezolano, que el gobierno boliviano admira y temerariamente le extiende todo su apoyo. El país capitán del Socialismo del Siglo XXI yace sobre la lona, noqueado por una pésima administración de los ingentes recursos petroleros, atizada por la represión de las voces opositoras y por la corrupción de sus dirigentes y hasta de familiares de sus líderes. De nada vale argumentar que la crisis venezolana estriba en las sanciones que le han impuesto los que fueron sus principales socios comerciales. Cuantificadas, las sanciones han tenido efecto insignificante frente a la ineptitud y corrupción.

Un nucleo de la crisis es la falta de educación democrática, que, entre otras perlas, instaló la idea de que bastaba la adhesión política para ser parte de una empresa del estado. Se aplicó sin freno el viejo dicho caribeño: ¨No me den, pero pónganme donde hay¨. Un ejemplo elocuente: PDVSA. Tenía una planilla de 40.000 empleados cuando el Socialismo Siglo XXI comenzó a gobernar. En pocos años del número se triplicó. La tendencia se invirtió en la producción de petróleo, que bajó de 3,4 millones a un poquito más de un millón estos días. El camino al naufragio estaba trazado.

Como la tendencia continúa, no es aventurado pronosticar que la victoria bailada de Maduro el sábado antepasado será la antesala de otras y aún más fuertes turbulencias.

Suspenso interminable

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Después de  los sucesos del 23 de febrero, que resultaron en un fiasco al creer que la Fuerza Nacional Bolivariana se volcaría en contra de Maduro al ver ingresar a territorio venezolano los camiones de ayuda humanitaria aportada por decenas de países, se presenta ahora un suspenso que luce interminable.  La ronda, que el presidente interino Juan Guaidó, basado en quién sabe qué informaciones, decía que sería decisiva, fracasó. ¿Cuándo se dará el próximo estallido en esta lucha que tiene de puntillas al hemisferio?

Desde hace dos meses toda la iniciativa está en manos de Guaidó, el presidente interino que preside la Asamblea Nacional. El régimen solo ha atinado a reaccionar a los pasos del joven asambleísta que congrega la esperanza de millones de sus compatriotas para apartar al régimen de 20 años que, tras concitar expectativas en cada rincón venezolano, bajo Maduro derivó en un régimen dictatorial de la peor naturaleza. La arremetida contra los que procuraban ingresar la ayuda estuvo ante los ojos de pantallas de todo el mundo y ahora pocos dudarían en calificar al de Maduro como un régimen tiránico, que evoca a Leónidas Trujillo, de la República Dominicana, o a Juan Vicente Gómez, el déspota que tuvo las riendas de Venezuela durante 27 años hasta 1935.

La tragedia venezolana no escapa a nadie, menos aún a los ojos de quienes la conocieron en mejores días. Gary Añez, periodista radial boliviano muy popular en Santa Cruz, estuvo hace pocos días en Venezuela, en San Cristóbal, y al volver dijo que le había sorprendido con amargura la devastación en que se encuentra ese país. Notó algo, dice, que parece una rutina del realismo socialista de la que ya pocos hablan: no vio a ninguna persona gorda y los niños rondaban las mesas del restaurant que frecuentaba a la espera de compartir alguna merienda. El vistazo corroboraba un informe de entidades internacionales que dice que en promedio,  los venezolanos han perdido !11 kilogramos en dos años!

La gira continental aún en curso ha llevado a Guaidó por Colombia, Brasil, Paraguay, Argentina, (donde la voz se le quebró al escuchar y cantar el himno nacional de su país), Ecuador y Perú. Ha puesto sus cartas en todo el continente sudamericano, excepto en Uruguay, cuya actitud mediadora se disipó cuando planteó elecciones libres, y Bolivia, cuyo gobierno mantiene respaldo indoblegable a Maduro. Las consecuencias de ese apoyo, basado en la militancia de los dos gobiernos en el Socialismo del Siglo XXI, que pretendió ser una versión liviana del socialismo de los Gulags en la ex URSS, no se  han manifestado.  

Al concluir la gira forzada de Guaidó, que ha permitido a la oposición venezolana y a sus aliados, Estados Unidos y el Grupo de Lima, repensar la estrategia para derribar a Maduro, el legislador emprenderá su retorno a Venezuela. Cualquiera que sea la ruta, aterrizar en Caracas o ingresar por tierra, el recorrido estará seguido por la mirada de gran parte del mundo. En medios diplomáticos estadounidenses se da por sentado que cualquier daño a Guaidó durante su gira, acarrearía graves consecuencias, inclusive para sus socios en la región, de acuerdo a informes periodísticos de ese país. Es decir, Cuba, Bolivia y Nicaragua estarían entre los países que con mayor atención siguen el periplo.

La llegada a Venezuela a comienzos de esta semana, además de  los riesgos que plantea el viaje en sí,  abre muchas interrogantes sobre su seguridad. ¿Dónde se instalaría? En su propio domicilio sería temerario, pero no menos peligroso sería cumplir funciones desde la Asamblea Nacional, a solo unos 200 metros del Palacio Presidencial de Miraflores. Es improbable que el régimen venezolano acepte un gobierno paralelo a su propio lado. Eso equivaldría a descoocerse a sí mismo. Si la Guardia Nacional lo tomase preso, el régimen recibiría condenas de todo el hemisferio y el peligro de un conflicto mayor estaría tocando puertas. Guaidó es reconocido por más de 50 países que, en consecuencia, desconocen a Maduro. En momentos en que Venezuela es un polvorín opositor, con más del 80%  de la ciudadanía contra Maduro, dicen algunas encuestas, más peligroso aún resultaría cualquier atentado a la seguridad física del mandatario interino.

Es en estas condiciones que la patria de Bolívar y Sucre ingresa a la semana de carnaval más agitada de su historia.

La huella venezolana

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La alarma de los medios nacionales ante la convulsión que vive Venezuela proviene del  temor de estar viendo el futuro próximo de Bolivia al insistir en el Socialismo del Siglo XXI como guión rector del gobierno del presidente Evo Morales.

Los analistas admiten que las condiciones de los dos países son diferentes y que Bolivia dista mucho de las dificultades en que está Venezuela, económica, social y políticamente. Para comenzar, el factor geopolítico confiere a la Patria de Bolívar un valor excepcional, frente al mar Caribe, a un lado cercano de Estados Unidos, a un paso del Canal de Panamá y con bolsones de petróleo en su interior suficientes para cientos de años. La similitud ideológica  de los dos gobiernos , sin embargo, provoca malestares.  

Para muchos en Bolivia no ha sido tranquilizador ver al país tan cercano del gobierno venezolano como si los uniera el mismo destino. A eso se suma la convicción de que Bolivia nada puede hacer para cambiar la ruta del destino venezolano. Lo más que puede pretender es aminorar la sensación de soledad absoluta del régimen madurista en el continente sudamericano.

Son muchas las interrogantes ante esta hermandad. ¿Respaldaría Bolivia la represión contra quienes intenten ingresar con ayuda humanitaria a territorio venezolano? Hay sondeos de opinión que dicen que la oposición al régimen de Nicolás Maduro abarca al 80% de la población venezolana. El gobierno de Bolivia luce, entonces, al lado de un presidente repudiado como ningún otro en la historia de ese país. Esa cercanía no es ninguna receta saludable cuando el país avanza raudo hacia la largada para las elecciones presidenciales de octubre.

Maduro condenó la resolución del Grupo de Contacto creado el jueves para acompañar la crisis, procurar un encuentro entre las partes beligerantes y encaminar una solución no violenta a la crisis. La clave del rechazo de Maduro en esas resolución fue la mención, que suena a anatema para regimenes autoritarios, a elecciones auténticamente libres y supervisadas.

Con esas premisas, Maduro se sentiría maniatado y sin maneras de modificar cómputos, se encaminaría a  una derrota segura. Ante esa perspectiva, dijo que la exhortación de los países contactantes estaba parcializada con la mayoría que se opone a su gobierno. Fue una afirmación que ningún gobierno  independiente suscribiría. Bolivia se cuadró al lado de Maduro y no firmó  la resolución del grupo, en el que había visto una salida posible del atolladero en que se encuentra su socio principal en el Socialismo del Siglo XXI. Elecciones verdaderamente libres son anatema para regímenes autocráticos.

Brasil, parte del Grupo de Lima que vio con desagrado el surgimiento del Grupo de Contacto ahora vilipendiado, dijo que la emergencia de este grupo solo servía para dar oxígeno a Maduro. El canciller Ernesto Araujo desdeñó la iniciativa y anticipó que no prosperaría. Su vaticinio fue un gol imparable, dado el resultado conocido en la tarde del viernes.

Este fin de semana un ingrediente explosivo atizó el fuego. Tras las sanciones impuestas por Estados Unidos, con repercusión especial sobre la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), la empresa no tendría capacidad de producción de combustibles ni siquiera para un día completo de abastecimientos. La notificación, conocida por informes de la producción de la empresa, acentuó la angustia de cientos de miles de consumidores que desde siempre han considerado un derecho el poder contar con combustibles baratos y en abundancia. En criterio de muchos analistas, la nueva privación es una chispa peligrosa para un ambiente volátil.

Tal Cual Digital informó que para el viernes, PDVSA contaba con apenas 20.000 barriles de gasolina de 95 octanos, apenas una gota para los cientos de miles de vehículos que circulan por las avenidas y carreteras del país. La empresa, según el periódico, no contaba ni con un litro de gasolina de 91 octanos, la calidad más popular. Al ritmo de las necesidades del país, la falta de combustible se sentiría en pocas  horas.

El peligro que emergía de esta crisis de abastecimientos era ser una paralización general del país en muy poco tiempo, a menos que rusos y chinos encuentren vías para llegar hasta los surtidores de combustible. Nada hacía presumir, al cierre de la semana, un aflojamiento de las tenazas que aprisionan al vecino país.