Venezuela

La batuta se indigna

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El chasquido de los gases lacrimógenos disparados por la Guardia Nacional Venezolana sobre los manifestantes que acosan al régimen de Nicolás Maduro fue insuficiente el 4 de mayo para sofocar la voz de quien hasta poco antes había evitado, a pesar de los reclamos de muchos de sus compatriotas, abordar de frente el terremoto politico y económico que cunde en su país. Gustavo Adolfo Dudamel Ramírez, el genial director de orquesta a cargo de la filarmónica de Los Ángeles, en California, apuntó indignado la batuta hacia el régimen militar socialista de Maduro y en su página web declaró: ¨Levanto mi voz contra la violencia y la represión. Nada puede justificar el derramamiento de sangre. Ya basta de desatender el justo clamor de un pueblo sofocado por una intolerable crisis¨.
El día anterior, había muerto de un tiro en la cabeza el joven de 17 años Armando Cañizales, del sistema de orquestas que Dudamel había ayudado a organizar en Venezuela y del cual han surgido decenas de jóvenes artistas. En la descripción refinada del ministro de Interior, Justicia y Paz, Néstor Reverol, el joven talento murió en Caracas alcanzado por ¨una esfera metálica cromada de 8 milímetros¨ durante la marcha opositora del 3 de mayo, una de las tantas que estremecen a Venezuela desde hace más de un mes, con una cuenta mortífera hoy cercana a 40 víctimas.
Fue demasiado para el director que comandó una de las mejores interpretaciones polifónicas de ¨Caballo Viejo¨, del compositor hace pocos años fallecido Simón Díaz, una especie de himno nacional venezolano que desde hace medio siglo se canta en toda América Latina. Dudamel apuntó al régimen, que ha sido pródigo al abrir la billetera para apoyar algunos proyectos artísticos que, de paso y mientras hubo abundancia, le ayudaban a ensayar un rostro diferente al que está acostumbrado el venezolano corriente. Avalado por la reverencia de los artistas en Venezuela y el respeto que el mundo le confiere, es posible que Dudamel haya escrito la recriminación más sentida que haya recibido el heredero de Hugo Chávez.
Bajo la congoja que colmaba el Cementerio del Este caraqueño, Cañizales fue enterrado al mediodía, arrullado en las notas tristes de violas y flauta dulce de sus compañeros de la orquesta sinfónica juvenil de la que era parte. Con solemnidad impresionante, más de 50 de sus colegas tocaron el segundo movimiento de la séptima sinfonia de Beethoven. Las notas llegaron a las fibras más profundas de los cientos de presentes en la ceremonia y, por lo que se pudo ver en la TV, eran muy pocos los ojos secos. El telón de fondo era un precepto que algunos líderes no captan o no entienden: Nada vale una vida.
Dudamel no es el único entre figuras populares que ha alzado la voz contra el régimen venezolano. Son cada vez más frecuentes los desencantos de personajes que bajan el pulgar junto con las multitudes que llenan avenidas, muchos angustiados por el horror de no saber qué comerán al día siguiente. La semana pasada, jugadores venezolanos afamados de las grandes ligas de béisbol protestaron contra la represión policial y también le reclamaron democracia para su país. El presidente venezolano ostenta con holgura el título de mandatario más repudiado, por lo menos en el hemisferio. Por temor al contagio del repudio generalizado, sus escasos aliados del Socialismo del Siglo XXI se refieren cada vez menos a las tribulaciones con final al parecer inevitable que ahogan a Maduro.
El repudio lo sienten los representantes venezolanos. Hace unos días, un diplomático fue hostigado por una mujer en un supermercado suizo. Le gritaba ¨ladrón¨, ¨corrupto¨ y otros epítetos de calibre. Para disimular la ira y el rubor que lo embargaban, el diplomático pretendió con sonrisas forzadas que la mujer le hacía gestos amistosos. No logró aplacar a su interpelante y acabó escabulléndose del lugar. Peor suerte tuvo el Defensor del Pueblo Tarek William Saab, quien en Líbano soportó la incomodidad de ver interrumpida la conferencia que dictaba sobre derechos humanos. Dos mujeres aparecieron de repente en primera fila y una de ellas se envolvió con una bandera con los colores venezolanos y a voz en cuello le gritó ¨¡mi pueblo se muere! ¡Los están matando! ¿Dónde están los derechos humanos¨? Su compañera filmaba el video que poco después corrió por el mundo.
Tarek William Saab venía de una situación embarazosa. En Venezuela su hijo Yibram Saab había difundido un video en su cuenta internet condenando la represión policial-militar hacia los manifestantes que luchan por libertades democráticas y elecciones generales. El funcionario declaró que su hijo era libre de opinar y que por sobre todo él lo amaba. Pero el amor filial así explicitado no impidió un nuevo tweet de su hijo con el mismo contenido de reproche. El hijo de Maduro, Nicolás Maduro Guerra, le respondió con en otro tweet: ¨Tus tres minutos de gloria pudieron haber sido otra cosa¨. Quedó en el misterio saber qué sería la ¨otra cosa¨.
Con todo el poder que representa, el Ministro de la Defensa, Gral. Vladimir Padrino López se vio frente al pedido embarazoso de dos primos hermanos para que reflexione sobre su papel como comandante de las Fuerzas Armadas. Su primo Ernesto Padrino le dijo que hay venezolanos que mueren de hambre y gente escarba en la basura en busca de desperdicios. Su prima Carolina Padrina se atrevió más y le dijo que era una burla que el presidente Maduro saliese a bailar en momentos en que había manifestaciones en la calle. ¨Es una burla…no estamos para bailar¨, le dijo por escrito.
Cuánto tiempo podrá el régimen soportar estas presiones era en estos días de mayo una cuestión cuya respuesta todos querrían saber.

Maduro en su Hora 25

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La conmoción interminable que vive Venezuela bajo Nicolás Maduro ha alcanzado otra vez niveles críticos y todo parecería apuntar a un desenlace próximo. La forma que tendría ese desenlace se ha vuelto foco de las más grandes apuestas políticas de la region latinoamericana sobre un país que ha sido un centro constante de controversias en las últimas décadas.
La ciudadanía opositora ha encontrado una forma de manifestarse que complica la represión de los soldados de la Guardia Nacional: la protesta es en paz, bajo la forma de ¨plantón¨ en la que la gente se concentra en determinados lugares para expresar su descontento con el régimen de una manera nada habitual. No es fácil echar gases lacrimógenos sobre gente que conversa, lee, canta, reza y juega cartas mientras acumula adherentes.
El Nacional relató el lunes que una mujer se hizo presente en una avenida del este de Caracas y envuelta en los colores de la bandera venezolana, realizó piruetas frente a plantonistas, alegres y animados con el inesperado espectáculo acrobático de la atleta que simulaba reprimirlos.
No fue así en todas partes ni en todo momento. Dos personas murieron el martes en las ciudades de Mérida y Barinas, lo que elevó a 26 el número de víctimas fatales. Este miércoles la tension había recrudecido en Caracas y imágenes televisivas y testimonios por internet mostraban de nuevo nubes de gas lacrimógeno en el centro de la ciudad con el despliegue de la milicia policial para dispersar manifestantes.
Las protestas estallaron a fines de marzo tras la decisión de la Corte Suprema de Justicia de disolver la Asamblea Nacional, en la que la oposición tiene una amplia mayoría, y asignar a una de sus salas el papel legislador. Dirigentes opositores dijeron que el movimiento de protesta no cederá hasta que el gobierno convoque a elecciones regionales, se dicte una amnistía general con liberación de todos los prisioneros políticos y Maduro se repliegue del escenario politico venezolano.
Incluso para los gobiernos europeos que apoyaban a Maduro o evitaban criticarlo, la continuidad del sistema que implantó el comandante Hugo Chávez luce insostenible. Ahora ni siquiera contaría con los votos dóciles de algunas islas del Caribe que lo protegían contra censuras y aislamiento hemisférico.
Los analistas ven al régimen a cargo del país con las más grandes reservas petrolíferas del mundo en picada lenta y dolorosa, con su presidente ahora abierto, quizá demasiado tarde, a concesiones que hace pocos días nadie imaginaba poder arrancarle. El domingo dijo que estaba ansioso por realizar las elecciones para gobernadores que debían haberse efectuado en 2016. Pero no iba más allá del que dijo que era su mayor deseo, y el Consejo Nacional Electoral, que el régimen controla, se mantenía en silencio. Maduro lanzó la carta electoral para apaciguar a los venezolanos que están en las calles. Éstos no le creyeron o desdeñaron la jugada. El Socialismo del Siglo 21, del que el gobierno boliviano es militante, parecía en trance de perder a su país líder fundador y hasta no hace mucho ariete financiero.
Los observadores veían una perspectiva sombría para esa corriente y creían que, dado el fracaso estrepitoso en Venezuela, con 1.660 por ciento de inflación calculada para este año, escasez insoportable y una delincuencia desembozada, no levantará cabeza en la región siquiera durante dos generaciones. La izquierda radical venezolana dilapidó la mayor oportunidad que tuvo de erigir a su país en un ejemplo de desarrollo armónico pues recursos financieros no le faltaban. La falta de talento administrativo y de honestidad del regimen habrían quedado al desnudo cuando los precios del petróleo se derrumbaron hace tres años.
Los observadores dicen que las cavilaciones de las cancillerías de la región se centran en determinar la forma que tomaría apartar al régimen. Un golpe clásico parece descartado, aunque subrayan que esa sería la forma que Maduro y su régimen buscarían.
Nada más ingrato para un gobierno de izquierda como la venezolana, subrayan, que salir desplazado por la voluntad popular. La memoria de líderes de la izquierda europea como Honecker y Ulbritch, (Alemania), Ceaucescu (Rumania), Jaruzelski (Polonia), Svoboda (Checoslovaquia), Hoxa (Albania), Kádar (Hungría), para citar a algunos, se deslizó muy rápido hacia el olvido y el desprecio por un tobogán oscuro apenas fueron apartados del poder. O ejecutados, como el caso del rumano. Nadie se atrevería a erigir una escuela, fundar una Universidad o abrir una biblioteca con el nombre de cualquiera de ellos.
Un golpe militar y una represión masiva permitirían a los líderes de la izquierda venezolana victimizarse y provocar alguna reacción internacional de simpatía. Pero el camino de la resistencia pacífica promovido por las organizaciones civiles venezolanas apunta a una salida institucional cuyo camino sería solo la renuncia de Maduro y/o la convocatoria inmediata a elecciones nacionales y regionales.
Los observadores creen que el mango de la sartén ha pasado a manos opositoras y que el margen de maniobra del regimen venezolano es estrecho. Como en la novela de Constantin Virgil Gheorghiu, La Hora 25, es el momento en que para el individuo se acaban las posibilidades y yace solitario ante la maquinaria del estado. Solo que en este caso, subrayan, Maduro debía representar al estado. Ahora el juego parece camino a una voltereta en la que el líder venezolano pronto podría enfrentarse a la justicia. Tal vez en ese momento podría pedir que no sea la misma justicia que el régimen montó.

La última vuelta

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La disolución de la Asamblea Nacional venezolana, dispuesta por la Corte Suprema de Justicia (que después se retractó), ha desatado una tormenta que muchos observadores creen que convirtió a Nicolás Maduro, con la suma de todos los poderes, en un monarca, rareza que se creía erradicada del continente hacía más de dos siglos.
Un antecedente esencial para examinar lo que ocurre está en el derrumbe del petróleo hace dos años. Con el astro de las materias primas en 120 dólares o más el barril, no habría ocurrido el desplome politico e institucional que ahora agobia al país. Pero el grado del gasto venezolano era tan exótico que incluso en ese nivel las arcas nacionales estaban en déficit respecto a las importaciones. Con los ingresos en solo un tercio de niveles desbordantes que en una década llegaron a producir para Venezuela alrededor de un billón (doce ceros) de dólares, la cubrecama resulta ahora demasiado estrecha. El petróleo representa el 96% de los ingresos venezolanos por exportaciones y la abrupta caída de precios le costó el año pasado una tajada brutal del 11,3% de su producto interno bruto. El año anterior había sufrido una contracción parecida.
No todo el dispendio de esos años fue en vano. Petrocaribe, una de las formas de cooperación venezolana para afirmar simpatías en el Caribe, repartió ayudas y subsidios ahora transformados en una deuda que cálculos técnicos estiman en 10.000 millones de dólares de difícil recuperación. Eso explica en gran medida la lealtad de la media docena de islas caribeñas que respalda al régimen de Maduro con firmeza y que hace una semana lo protegió durante el Consejo Permanente de la OEA. Poco después de esa reunión en la que, a pesar de Caracas, se habló de la situación venezolana, vino el golpe sobre la Asamblea Legislativa y la amputación de atribuciones transferidas al Poder Judicial. Con excepciones contadas, el golpe ha sido repudiado en gran parte del hemisferio.
La anulación de la Asamblea Legislativa no fue original pero los ejemplos tampoco son para sentirse feliz. Entre otros casos, la medida evoca a Alberto Fujimori en Perú y a Juan María Bordaberry en Uruguay, ambos de memoria ingrata para los demócratas.
Atenazados por una inflación que este año llegaría a 1.660%, un récord mundial, y una violencia que cobra 28.000 vidas anualmente, es fácil entender porqué tantos venezolanos buscan salir de su país, en una reversion de lo que ocurría a mediados del siglo pasado, cuando los aeropuertos desbordaban de inmigrantes.
El colapso en que se encuentra el país de Bolívar y Sucre exhibe el fracaso de un régimen socialista que generó expectativas pues se creía que con tanto dinero no podría sino resultar exitoso. Su prueba suprema ocurrió en las elecciones legislativas de diciembre de 2015, cuando siete de cada diez venezolanos votaron por candidatos de la oposición, que obtuvo una mayoría abrumadora. En medio de una tension creciente, llevó horas al Consejo Nacional Electoral (CNE) anunciar los resultados. En esos momenbtos llegó a decirse que hubo presión militar para reconocer la voz de las urnas.
Los críticos subrayan que los regímenes socialistas o pro socialistas reconocen la voluntad popular de las urnas a plenitud solo cuando éstas los favorecen. Apenas instalada la nueva asamblea, comenzó un forcejeo que derivó en el marginamiento de tres diputados del remoto estado Amazonas, acusados de cometer fraude. Fueron apartados de la asamblea pero, dicen los opositores a Maduro, nunca se les instruyó un sumario ni cosa parecida, ni tampoco se convocó a nuevas elecciones para designar a nuevos representantes por su distrito. Los legisladores marginados han asegurado que en caso de nuevas elecciones los perdedores serían de nuevo los candidatos del gobierno.
Para los observadores, el desmantelamiento de la Asamblea Legislativa es una infracción a la democracia demasiado grave y ostensible para tolerarla. Inclusive si, como de hecho ocurrió la noche del viernes, el Tribunal Supremo de Justicia reculase. Pocos creen que los magistrados venezolanos actuaron sin interferencias del poder Ejecutivo. La marea que estos días se ha levantado contra Maduro y su régimen luce como el desafío más difícil para el régimen socialista del que es responsable desde hace cuatro años. Una pregunta decisiva es si los militares al lado de Maduro seguirán identificándose con el régimen.

Tiempos de cambio

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Libre de las obstrucciones que solía representar Venezuela, ahora suspendida del Mercosur, el bloque integracionista se dispone a retomar con ímpetu el diálogo con la Unión Europea, en un proceso llamado a dinamizar el comercio entre los dos bloques en momentos de desconcierto ante el proteccionismo de la administración de Donald Trump y la salida británica de la UE. Las expresiones de afecto entre los dos bloques llevan más de 20 años pero nunca como estos días parecen tan promisorias empujadas por el sentimiento común de que es imperativo oponer el libre comercio a la tendencia aislacionista estadounidense y a la ruptura británica con el continente europeo. Una alianza entre ambos puede estar más cerca que nunca.
Representantes del núcleo fundador del mayor bloque comercial del mundo en desarrollo se reúnen estos dias en Buenos Aires para definir pasos a seguir en un encuentro con la UE el mes venidero, demostrativo de la dinámica que empiezan a adquirir las relaciones entre países de la region. Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay están reunidos en Buenos Aires para discutir la agenda de Mercosur ante el bloque europeo, inclusive fórmulas para acelerar las negociaciones agrícolas donde el proteccionismo del viejo continente es mayor.
Excluidos de los desplazamientos de la diplomacia regional parecen los países del Socialismo del Siglo XXI, atados por ideologías que les impiden sumarse a las corrientes que se mueven en el hemisferio. Venezuela dejó de contar en el bloque sudamericano desde su apartamiento bochornoso en diciembre, al expirar su presidencia semestral. Fue un resultado ¨colateral¨ de los cambios de dirección política ocurridos en Brasil y Argentina. Bolivia era candidata a ingresar al grupo de manera plena, pero ahora que la brújula ideológica del continente ha dejado de apuntar a la izquierda, es incierto si todavía tiene interés en acoplarse. Ecuador dejará de ser una incógnita el 2 de abril, con la segunda ronda electoral.
Hace pocos días, asumió el mando de la política exterior brasileña el legislador Aloysio Nunes, como substituto de José Serra, quien en pocos meses trazó nuevas líneas a la política exterior de su país, distante de las del Socialismo Siglo XXI. Nunes acentuó esas líneas y acaba de declarar que Venezuela ha desbordado la normalidad democrática y es una dictadura indisimulada. Más aún, designó como jefe de su gabinete a Eduardo Saboia.
¿Recuerdan el nombre? Vale la pena tomar nota. Fue el diplomático que hace tres años condujo al senador boliviano Roger Pinto en una travesía épica por carretera La Paz-Corumbá, tras la negativa pertinaz de la cancillería de otorgarle salvoconducto. Llevaba 14 meses refugiado en la embajada brasileña.

Chivo que se devuelve

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Una gran parte de Venezuela transcurre el fin de año más triste y angustiado de su historia, con penurias económicas extremas y sus derechos democráticos embargados por un regimen que hace casi dos décadas asumió las riendas del país con la promesa de administrar mejor los recursos y convertir al país de Bolívar y Sucre en una Suiza sudamericana. La imagen que ofrece el país en esta Navidad es una caricatura cruel de esa promesa.
A sus gobernantes les llevó algún tiempo descubrir que la transformación de una sociedad requería de gran habilidad y honestidad, en particular de desterrar la idea salvaje de que la gente tiene que aprender a ser feliz sin derechos y a palos y calabozo. El regimen que instauró Hugo Chávez inspirado en Cuba se mostró inviable desde sus primeros años. En vez de substituir la dependencia del petróleo la acrecentó. El país naufragó a pesar de contar con todos los medios para superar el subdesarrollo. Ostentaba los mayores índices de felicidad en el continente pero nunca fue tan patética la capacidad de un régimen para hundir a una nación.
Cuando los lugares públicos se llenaban con la música de villancicos navideños el régimen asomó su mayor carta financiera: eliminó la denominación monetaria de 100 bolívares y retiró de la circulación legal el 40% del efectivo. El caos fue inmediato y los más afectados fueron los que tenían menos. Filas interminables de personas se instalaron alrededor de los bancos para cambiar su dinero y solo recibir un comprobante de depósito. La Conferencia Episcopal Venezolana reclamó contra la medida devastadora citando al profeta Jeremías: ¨Mi dolor no tiene remedio, mi corazón desfallece. Los ayes de mi pueblo se oyen por todo el país…Sufro con el sufrimiento de mi pueblo, la tristeza y el terror se han apoderado de mí¨.
Horas después Maduro dio vuelta atrás y amplió el plazo de vigencia de esos billetes (son la mayor denominación y cada uno compra tres centavos de dólar en el mercado paralelo). El daño ya había sido hecho. Era curioso pero Maduro decía que trataba de defender la moneda venezolana de ataques que pretendían destruirla. Como es habitual en regímenes de la misma arquitectura, acusó a ¨la derecha¨ y a Barack Obama quien, afanado en hacer maletas, no le prestó mayor atención.
Los economistas no vacilaron en describir la muerte y resurrección temporal de la moneda como una locura desconocida en los anales de la historia económica moderna. Es probable que entre los venezolanos haya surgido con vigor un dicho popular caribeño: ¨Chivo que se devuelve (regresa) se desnuca¨. Los observadores no descartaban que la sabiduría popular exhiba pronto una nueva manifestación ratificatoria de la veracidad de ese adagio.

La carrera prematura

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Con casi tres años de anticipo, la contienda electoral boliviana ha empezado a correr a toda máquina tras haber sido lanzada hace una semana cuando el gobierno decidió enfrentar la voluntad del país expresada el 21 de febrero y rebuscar una rehabilitación del presidente Evo Morales como candidato por enésima vez.
Con la anuencia entusiasmada del presidente, los sectores que lo apoyan empiezan a movilizarse y auguran un 2017 agitado. Por lo visto hasta ahora, parecería que no han calibrado la magnitud del paso dado ni tampoco la extensión de la reacción opositora. En solo una semana desde el anuncio, en el país se ha desencadenado una dinámica que sumada a otros sucesos dentro y fuera del país anuncia un tiempo prolongado de luchas intensas. El país empieza a ser envuelto por un clima de confrontación entre el movimiento prorroguista y sus adversarios, que el 21 de febrero probaron ser mayoría y le propinaron una primera derrota al presidente Morales que ahora no acepta. Haber ingresado a este clima presupone el descuido de asuntos importantes más inmediatos capaces de condicionar el curso del propio empeño reelectoralista, desde la economía al ambiente externo.
Los observadores subrayan que nada indica que la economía vaya a mejorar durante el año que empieza, mucho menos alcanzar los niveles de ingresos por exportaciones en 2014 y 2015. Las reservas de gas natural no solo se agotan sino que nuestros compradores Brasil y Argentina, con sus economías también agobiadas, comprarán menos, si es que se logra renovar contratos de suministro, y a precios alrededor de los que regían a principios de siglo. El tiempo de la holgura se acabó y queda la tarea de recoger la mesa y ver si quedan sobras del festín para recalentar.
En pocas horas han empezado a salir al frente del reeleccionismo sine die los actores ganadores del referendum de febrero, a los que podrán sumarse los disgustados con los apretones de cinturón que provoca el fin de la bonanza. Pronto podrían manifestarse opiniones para que el propio presidente defienda, en debates televisados, su posición reeleccionista.
Los analistas también señalan que el 21 de febrero fue expresión de un propósito nacional para respetar las normas constitucionales. El referendum estuvo gobernado por un clima de opinión que desde entonces puede haberse vuelto más denso y cobrado más fuerza, atizado por las penurias económicas que empiezan a sentir muchos hogares, la insatisfacción general con el mal funcionamiento de la justicia y la percepción en aumento de que los recursos que tuvo el país durante la bonanza de los años pasados no fueron debidamente aprovechados.
Algunos analistas encuentran en la atmósfera política nacional parecidos con la que había hace 40 años. En 1977, sin opciones para prorrogarse al mando del país, el regimen militar optó por llamar a elecciones generales. Entre los primeros en aceptar el reto estuvieron dos movimientos de izquierda, el Partido Socialista, de Marcelo Quiroga Santa Cruz, y el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria, nacido clandestino seis años antes. El regimen militar perdió la jugada y con la economía cuesta arriba y huérfano de amigos en el exterior, acabó en golpes y contragolpes que desembocaron en el renacimiento democrático en 1982. Tanto el MIR como los movimientos inspirados en el PS están en el mismo frente anti re-re-re que incluso cuenta con ADN, el partido generado por el fallecido presidente Hugo Banzer en la etapa en que abrazó la democracia y consiguió cimentarse entre los creyentes en la democracia representativa y la alternabilidad.
Es posible que el partido gobernante hubiese subestimado los problemas externos que el intento prorroguista puede acarrearle. Sin gobiernos amigos, salvo el de Venezuela, cuya sobrevivencia parece una hazaña diaria, y el de Ecuador, donde Rafael Correa está de partida, el movimiento reeleccionista solo puede generar antipatías. Todo esto, sin incluir el factor mayúsculo que ingresará a regir desde el 20 de enero, cuando tomará posesión Donald Trump, la mayor expresión política del capitalismo del que el gobierno boliviano es enemigo acérrimo declarado.

Nunca es tarde

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Muchos han celebrado una confesión reciente del presidente Morales cuando dijo hace unos días que entendió la importancia de la educación solo al llegar al gobierno, al cabo de más de una década de vida política intensa para alcanzar la presidencia. La declaración fue un abandono oficial de la idea, profunda en gran parte de sus allegados, de que el mejor aprendizaje lo imparten las arrugas de los abuelos. El daño causado por ese atavismo, romántico pero irreal, en especial entre niños campesinos, puede haber sido grande. Una cosa sería que algo así lo dijeran los mayores de los niños o sus padres. Pero venido de las más altas autoridades, ante quienes los niños tienen un respeto reverencial, equivalía a un mandato. Al subrayar, durante la entrega de premios a bachilleres sobresalientes, que ahora reconoce ¨la importancia de la educación¨, puede estar intentando reparar aquel daño, cuyos efectos nocivos nunca podrán ser cuantificados.
Otra sorpresa ocurrió cuando instó a los estudiantes a aprender inglés, la lengua global y oficial del imperio. Los especialistas coinciden en que el aprendizaje de una lengua esencial ensancha el horizonte de los jóvenes, pues obtienen una herramienta que les ayuda a percibir mejor el mundo moderno, aún más donde hay grandes segmentos de la población desprovistos de una noción esencial de modernidad.
Los pedagogos creen que aún más provechosa habría sido la recomendación presidencial si incluía hablar y escribir mejor el español antes de lanzarse a la aventura de aprender la lengua imprescindible del mundo globalizado. Países vecinos ya tienen al inglés entre las materias de vencimiento obligatorio. En la carrera diplomática, es imposible avanzar sin un dominio pleno de esa lengua y la cultura que la rodea.
Fue auspicioso que la declaración presidencial coincidiera con el anuncio del país ganador de las pruebas PISA (programa de evaluación internacional de estudiantes). Ganaron los estudiantes de Singapur, la pequeña isla-estado del sudeste asiático (5.4 millones de habitantes) independiente desde 1965. De esencia capitalista de la que no tiene intención de renegar, y uno de los países más ricos del mundo, el idioma oficial de Singapur es el inglés, junto al malayo, tamil y mandarin.
La evaluación es trianual entre adolescentes de 15 años en más de 70 países. De Sudamérica, Bolivia y Venezuela no participan. Hace un par de años Bolivia justificó su ausencia diciendo que eran pruebas ¨neoliberales. La evaluación mide el conocimiento en ciencias, matemáticas y lectura, disciplinas a las que no es fácil atribuir cualquier sesgo político. Las autoridades correspondientes tendrían que explicar dónde es neoliberal la trigonometría o el cálculo de la base de una pirámide. (¨La regla de cálculo no tiene ideología¨, me decía un viejo profesor.)
Una revelación de la pruebas este año fueron las mejorías de Colombia y Perú respecto a la anterior, cuando figuraron entre los peores. Esta vez ocuparon las posiciones 57 (67) y 64 (71), aún insuficientes para salir de la cola en que están los países latinoamericanos. El mejor desempeño latinoamericano fue el de Chile: del puesto 48 pasó al 44, entre 76 participantes.