Unión Soviética

Lemings del Siglo XXI

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Los signos no dejan lugar a dudas y despellejan la realidad de un ciclo que llega al final. La ex presidente Cristina Kirchner está a un paso de ir a la cárcel, en medio del asombro de muchos argentinos que no sospechaban de la trama de corrupción que bajo sus narices se tejía. El camino de la ex presidenta hacia la prisión ya fue seguido por Luiz Inacio Lula da Silva y Ollanta Humala. De Fernando Lugo casi nadie se acuerda y a Rafael Correa la justicia le pisa los talones. Tras 23 años con el poder presidencial y presionado por una insurrección cívica, Daniel Ortega no encuentra a dónde ir. Otros de su misma línea en el continente presienten que el final se acerca inexorable y temen correr la misma suerte.

Surgido como una oportunidad de redención tras el fracaso monumental del socialismo real que se instaló durante 72 años en Rusia, el Socialismo del Siglo XXI luce en crisis terminal. Muchos analistas creen que, a menos que reorienten la ruta drásticamente, los sobrevivientes de este prolongado tsunami marchan hacia el final suicida hasta hace poco atribuido a los lemings de Europa del norte. No se conoce de ninguna banda musical auténtica que los acompañe pues el entusiasmo que consiguió congregar alrededor de sus postulados ahora languidece. Los sostiene una esperanza azarosa de que en algún momento la fortuna política les vuelva a sonreir.

El sistema que colapsa también trepida más allá de los límites geográficos inmediatos. Ahora afecta al nervio esencial del socialismo en su segunda versión, Cuba, que también siente que transita un retorno a los tiempos temibles del ¨Período Especial¨ que sobrevino tras la caída de la Unión Soviética, que durante 30 años mantuvo la economía de la isla a razón de unos cinco millones de dólares diarios. Fueron años de grandes sacrificios para los cubanos, en los que hasta los bueyes compensaron la falta de energía que derivaba del petróleo, que en trueques y a precios reducidos, recibía de los soviéticos. En un determinado momento, una legión de 200.000 bueyes arrastraba arados, tractores y propulsaba moliendas de azúcar. La fortuna, sin embargo, aún estaba del lado del régimen de los hermanos Castro.

Hugo Chávez Frías fue ungido presidente tras ganar las elecciones de 1998. Recibió la banda presidencial del mandatario que lo había amnistiado años atrás, Rafael Caldera, cumbre del socialcristianismo mundial. El comandante estuvo dos años en la cárcel del Yare, a unos 70 kilómetros por carretera desde Caracas, donde fue recluido tras la intentona golpista de 1992. Libre, empezó su escalada democrática hacia la presidencia.

En el joven mandatario Cuba encontraría el respaldo económico que perdía con el hundimiento soviético. A Cuba llegaban hasta hace poco unos 90.000 barriles diarios de crudo entregados en condiciones preferenciales y que la isla procesaba o vendía directamente a clientes. Esa cantidad se ha ido reduciendo a medida que la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) también entraba en una crisis sin precedentes y retrocedía en más de medio siglo.

La producción petrolera ahora está en alrededor de 1,5 millón de barriles diarios; las refinerías se paralizan por falta de repuestos y mano de obra calificada, y en ese declive las entregas subsidiadas a Cuba y otras islas del Caribe han sido afectadas o desaparecido por completo.

Los observadores subrayan que ese derrumbe ha repercutido en una de las naciones centroamericanas más favorecidas por el petróleo subsidiado. Contar con petróleo barato y, además, con acceso preferencial al mercado venezolano fue fundamental para que la economía nicaraguense pareciese pletórica de salud, con un crecimiento que bordeó el cinco por ciento anual, el más robusto después del de Panamá. La falta del apoyo venezolano apretó fuertemente el cinturón de la economía y en abril Ortega buscó paliar el déficit fiscal con cambios en el sistema de pensiones. Fue el fulminante para las protestas estudiantiles y las convulsiones políticas que amenazan al régimen. Cualquier parecido con otras realidades no es meramente casual.

El ex comandante guerrillero, aclamado en todo el mundo tras la caída de la dictadura de Somoza, no quiere saber de elecciones anticipadas el año próximo para recortar su mandato, que duraría hasta 2022. Los observadores temen que su intransigencia por mantenerse en el poder lleve a Nicaragua de vuelta a la guerra civil. Es una actitud parecida a la de otros líderes que, al creerse insubstituibles, se comportan como los roedores nórdicos y se enderezan hacia el despeñadero con el riesgo de sacrificar los logros alcanzados por la sociedad que presidieron.

El telón se levanta

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La guerrilla inmolada, del Gral. Div. (r)  Gary Prado Salmón.  Sirena, 325 páginas

Por HAROLD OLMOS (*)

 

Esta obra, cuya primera edición data de 1987, es la historia de la derrota de un movimiento guerrillero comandado por la mayor expresión de esa forma de lucha contra un ejército que menospreciaba, convencido de que era tan fácil vencerlo que Bolivia sería solo un puente rumbo a Argentina, el destino principal.  El devenir de los meses en la selva desnudó su engaño para desembocar en el epílogo que todos conocen. Una de las grandes paradojas de la historia de la insurgencia y de las luchas políticas en América Latina aún por desmenuzar es que las izquierdas radicales convirtieron la derrota en un acto heroico que vendieron por todo el mundo. Los compradores, huérfanos de esperanzas, recibieron la narración sin espíritu crítico, y aceptaron la versión cómoda que les daban sin oponer resistencia, para luego entregarla a masas y generaciones acríticas, impermeables a las observaciones del sentido común sobre los errores garrafales de quienes urdieron la campaña. Sin estridencias ni retórica, el general Prado Salmón cuenta la historia de la guerrilla y el comportamiento de las fuerzas armadas bolivianas en los siete meses de insurgencia en la selva. Al final de la aventura, la mayor inconsecuencia fue el adiós a la arenga de ¨Patria o muerte¨, de la que era un forjador, para entregarse gritando por su vida, ¨no me maten, soy el Che¨.

Una novedad en la obra para estos 50 años de aquel episodio es la breve presentación de ¨La Guerrilla Inmolada¨ en su cuarta edición. Para el autor, el título escogido lo dice todo. ¨Esta fue una guerilla enviada al sacrificio, inmolada en el altar de las necesidades políticas de Fidel Castro de garantizar su liderazgo local y regional y su permanencia en el poder. Lo logró, sí, pero a costa del sacrificio de su propio pueblo que aún no consigue recuperar su libertad y está anclado en un modelo político obsoleto y sin perspectivas¨.

Muchos de los que hablan de la campaña del Che poco reparan en examinar un hecho que sentenció al movimiento. Lanzadas las operaciones, ningún voluntario se sumó y los campesinos, que el comandante creyó que se levantarían entusiasmados con su presencia, fueron el mejor auxilio del ejército para ubicar a los guerrilleros y derrotarlos. Con un desdén natural hacia la guerrilla y ante un discurso nebuloso que les ofrecía tierras en un país donde la idea de reforma agraria no cuajaba pues en la region de los combates tierra era lo que más sobraba, para los campesinos la música revolucionaria era como ofrecer agua a los peces de un rio.

El autor subraya que el escenario para la insurgencia fue escogido sin que nadie lo hubiese recomendado como apto para la tarea. Distaba cientos de kilómetros de las fronteras más próximas e incluso de los centros urbanos bolivianos. No solo eso. El campamento construido resultó más débil que la casa de los chanchitos de los cuentos infantiles y fue tomado por el ejército sin una sola escaramuza.

A la pérdida del que debía ser un refugio permanente e inexpugnable, se agregó la division de la columna, ocurrida tras desplazarse a la cabeza de la vanguardia combatiente dejando a la retaguardia (¨resaca¨) en el campamento, para acompañar hasta Muyupampa  a Regis Debray, Ciro Bustos y George Andrew Roth. Prado Salmón subraya la división como uno de los errores capitales del comandante.

La pregunta de por qué ocurrió esa division no ha tenido aún una respuesta satisfactoria.  ¿Una improvisación porque estaba muy seguro de que el viaje sería tranquilo? O ¿era que el comandante ya estaba librado por completo a su suerte y sin esperanzas de recibir algún apoyo? La retaguardia escapó hacia el monte cuando llegó la patrulla del ejército que tomó el lugar y los dos grupos nunca volvieron a encontrarse.

El autor recuerda que era tan evidente la situación sin destino en que se encontraban que algunos insurgentes plantearon al comandante la disolución del movimiento. El Che los desoyó y la guerrilla continuó deambulando, cada vez más cerca del ejército que lo acorralaba. Prado Salmón sostiene que ¨la negativa a disolver la guerrilla tiene una razón de fondo: el Che no tenia dónde ir. Cerrado su retorno a Cuba (cuando Fidel Castro leyó una carta que se suponía que sería secreta hasta su muerte), ¿dónde podría refugiarse? Por eso la marcha hacia el ocaso tiene su justificación final en la continuación del movimiento hacia el enfrentamiento definitivo¨.

El autor juega fuerte pero la hipótesis que apunta a la responsabilidad de Fidel Castro en la guerilla y su destino no es solo suya. Surge al amparo de la Guerra Fría. Argentino que nada le debía a Fidel sino al revés, era una espina en el zapato. Cuba sobrevivía gracias a la Unión Soviética y, a pesar de haber sido ignorada en la crisis de los cohetes cuando John Kennedy negoció directamente con Nikita Khurschev su desmantelamiento, el vínculo con los rusos era el único cordón que sostenía a su revolución. Puesta ésta y el Che en la balanza, no había salida.

A partir de ahí, para compensar la derrota, comienza ¨la construcción del mito del guerrillero heroico, del gran idealista, del conductor militar y exitoso, con poca relación con la realidad¨.

Ese capítulo ganó impulso en 2006 cuando llegó al gobierno Evo Morales e inició su cruzada para revivir al personaje. Prado Salmón anota que esa resurrección, con homenajes y monumentos, se ha llevado a cabo ¨despreciando y denigrando o pretendiendo denigrar a los oficiales, suboficiales y soldados que defendieron la soberanía nacional bajo un gobierno constitucional, derrotando al invasor¨.

¨No han tenido éxito¨, afirma en un lacónico diagnóstico. ¨Los jóvenes soldados de 1967, hoy ciudadanos cercanos a los 70 años, ostentan con orgullo el título de Beneméritos de la Patria¨.

Las batallas del general no han acabado. Es el más notable de los ¨denigrados¨ pues el gobierno del presidente Morales, con el Juicio del Siglo, lo tiene como parte de un plan para descuartizar al país que defendió hace medio siglo. Es una venganza, ha dicho, de los viudos del Che, ahora prominencias en el gobierno, consecuencia de una de las típicas volteretas de la historia boliviana que encumbra a algunos por períodos que, al extinguirse, como siempre ocurre, acaban en anécdotas.

 

Conmemoraciones

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Todavía se escucha el eco de las conmemoraciones centenarias de la Primera Guerra Mundial y las lecciones de ese conflicto que sembró la segunda conflagración, cuyas secuelas sólo se disiparon a partir del 9 de noviembre de 1989, al caer el Muro de Berlín y el subsiguiente desplome de la Unión Soviética dos años después. Esos momentos tienen necrológicos que nadie discute, pero cuando se aborda del colapso de uno de los mayores  imperios políticos de la historia, muchos, inclusive aquí, rehúsan siquiera leer la noticia.

Jean Francois Revel,  el  pensador francés (“Ni Marx ni Jesús”) que hace medio siglo vaticinó que el socialismo sucumbiría aplastado por sus fracasos económicos y su desprecio por los derechos humanos, menciona una paradoja: “A pesar de que el comunismo no se aplica en ninguna parte, se le condena cada vez menos; y a pesar de que es condenado casi universalmente, el liberalismo se aplica en todas partes. ¿Por qué?”

En una conversación con el ensayista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza (“El Olor de la Guayaba”), a propósito del más reciente trabajo del pensador, éste esbozó una respuesta: Entre 1917 y 1991 estuvo vigente el socialismo real. “Y no era bueno. Mal que bien, la izquierda no comunista se veía obligada a reconocer los errores y aun los horrores de este sistema: el gulag, los desastres económicos de la Unión Soviética, las masacres de gran salto hacia adelante en China…Pero, desaparecido el socialismo real y libres ya de esa incómoda realidad, políticos e intelectuales de izquierda pueden hoy regresar cómodamente a un socialismo que recupera su primitiva condición de utopía. Y la utopía, por definición, es imposible de objetar. Así, sus bellas intenciones y sus ideas generosas de igualdad y justicia social se enfrentan ventajosamente al infame liberalismo…”

Las conmemoraciones menudean. Está  la del  6 de junio de 1944, hace 70 años, cuando las tropas aliadas desembarcaron en Normandía y sellaron la derrota de Alemania nazi. Dos días antes, los fascistas habían sido expulsados de Roma. También un  4 de junio de 1989, los tanques del ejército chino masacraron a cientos (no se sabe cuántos y quizá fueron miles) de jóvenes que en la Plaza Tianamen demandaban democracia y protestaban contra la corrupción.  Ese mismo día los polacos aplastaron al comunismo con votos e iniciaron el dominó que acabó con la URSS.

Sin conmemoraciones correspondientes, otros aniversarios han tenido importancia mayúscula,. Ejemplo: el  5 de marzo de 2013 se cumplieron 60 años de la muerte de Stalin; su partida horadó  un sistema  cuyo fracaso económico y su crueldad oprobiosa  serían reconocidos sólo mucho después.  Curiosamente, ese aniversario pasó inadvertido, tal vez por el ruido de otros acontecimientos el mismo dia.  Así transcurre la gloria del mundo, habrían dicho los romanos.