Unasur

¨¨Cuando los pueblos emigran…¨

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Una frase del presidente ecuatoriano Lenin Moreno dicha ante la Asamblea General de las Naciones Unidas hace un tiempo y repetida en un tweet incendió  la crisis en que se han hundido las relaciones diplomáticas entre su país y Venezuela. ¨Cuando los pueblos emigran, los presidentes sobran¨. La frase atribuida al patricio cubano José Martí podría ser un sumario excelente para describir una realidad. Pero bajo la crispación con epicentro en Venezuela en que se encuentran las relaciones  interamericanas fue el fulminante que en pocas  horas llevó a la expulsión de la embajadora venezolana en Quito y, algo después, de la encargada de negocios ecuatoriana en Caracas. El jueves y el viernes, el continente parecía ante una de sus peores crisis cuyas consecuencias eran imprevisibles.

El origen es el aluvión incesante de emigrantes venezolanos que abandonan la sociedad construida por Nicolás Maduro y el Socialismo del Siglo XXI. Moreno dijo que Ecuador atiende diariamente a unos 6.000 venezolanos que escapan de su país agobiados por las penurias ocasionadas por el régimen de Nicolás Maduro. Los emigrantes se quejan del colapso y carestía de servicios, falta de alimentos, delincuencia y represión política, que les han destruido el país, un tiempo el más rico y de mayores libertades de América Latina. Moreno calculó que un millón de venezolanos ha llegado a Ecuador en los últimos meses y que de ellos se han quedado unos 300.000. El ministro de información venezolano, Jorge Rodríguez, salió al frente de la afirmación y dijo que el presidente ecuatoriano había ¨inflado¨ las cifras y que era un mentiroso. La réplica fue instantánea. Arguía no que el fenómeno era falso, sino que no era tan mayúsculo.

La cancillería ecuatoriana declaró que no toleraría ninguna falta de respeto hacia sus autoridades y anunció la expulsión de la representante venezolana. Poco después, Caracas dijo que expulsaba a la representante ecuatoriana. Parecían los prolegómenos de un conflicto mayor en una región que hasta hace poco se proponía ser el escenario de un grupo armonioso de integración continental. Con modernos y costosos edificios con destinos ahora inciertos, Quito fue designada sede de UNASUR y la  población cochabambina de San Benito como la de su parlamento. Los modernos locales apenas han sido estrenados. El de Bolivia sirvió para escenificar un congreso de cultivadores de coca, la base para elaborar cocaína.

Las frase pronunciada por Moreno refleja el drama venezolano, con millones obligados a emigrar de su país. El grueso salió en los últimos cuatro años, pero de manera continua los venezolanos que tenían condiciones de hacerlo han emigrado profusamente desde que se instaló el régimen de Hugo Chávez. Bajo Maduro, el éxodo se agravó, como todo en Venezuela en estos años.

La furia de tweets tuvo una segunda ronda, cuando Moreno replicó al ministro venezolano: ¨La furia de un miserable siempre ennoblece¨. Esta vez, Rodriguez no respondió de inmediato.

Al cerrar la semana, era todavía temprano para vaticinar el fin de los cruces cibernéticos pero muchos observadores subrayaban que el oleaje que han levantado no tendrá un final rápido. Bolivia y Nicaragua, los dos socios políticos venezolanos, habían mantenido un silencio prudente pues era evidente que cualquier agregado podía generalizar la crisis y conducirla a finales indeseados.

El naufragio de Unasur

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Menos de tres semanas después de su inauguración oficial, el moderno complejo de oficinas destinado a cobijar a Unasur, inció actividades albergando un congreso de las seis federaciones del trópico de Cochabamba, cuyos afiliados producen gran parte de la coca en Bolivia.

El acto oficial, presidido por el Primer Mandatario de la Nación, representó mensajes importantes para los participantes. En primer lugar estuvo la trascendencia de ese grupo de federaciones en la vida política, sindical y también económica de Bolivia.  Las seis federaciones fueron las primeras oficialmente alojadas en el moderno complejo que costó más de 62 millones de dólares, uno de los mayores y más costosos emprendimientos de la industria boliviana de la construcción.

Hasta días antes de que las llaves del lugar fuesen entregadas al XIV Congreso Ordinario de las seis federaciones, el monumento estaba acechado por dudas sobre su funcionamiento. El gobierno decidió designarlo como la Casa de la Integración Sudamericana y al asignarle la sede del congreso de las federaciones subrayó la importancia e influencia del grupo, que el propio presidente encabeza.

En el discurso inaugural, el mandatario envió un mensaje a los participantes: Ojalá aprendieran a hablar inglés para poder ir al Africa y divulgar el proceso politico boliviano. Parecía un buen deseo que, sin embargo, subestimaba que en ese continente se habla francés, árabe, swahili, yoruba, y muchas otras lenguas poco conocidas en Bolivia, en número igual o superior al de los que pueden expresarse de manera fluida en inglés.

Los africanos que conocieron el discurso del presidente pueden haber quedado sorprendidos con el propósito linguístico desde el que se postula como el principal foro integracionista sudamericano.

Los festejos de la inauguración no disiparon el escepticismo que ofusca el futuro de la unión integracionista.

Las riendas del proceso fueron asumidas por Bolivia a mediados de año, en medio del retiro simultáneo del grupo de seis socios mayores: Argentina, Brasil, Perú, Colombia, Chile y Paraguay. Este mes, Colombia, que había subrayado como causa matriz de su divorcio la ostensible influencia de Venezuela sobre las decisiones del grupo, ratificó que su alejamiento es definitivo. Y hasta ahora nada  se sabe sobre las responsabilidades de los gastos administrativos asumidos por Bolivia.

Informes no oficiales subrayaban la incertidumbre que habría cundido en la planta administrativa. La ocupación  temporal por el congreso de un sector ligado al gobierno tampoco traía gran tranquilidad a los administradores.  El rédito que representaría para el moderno complejo, ubicado en el municipio de San Benito, a menos de 50 kilómetros de Cochabamba, parecía mínimo o cuando menos cuestionable.

El ejecutivo Andrónico Rodríguez, de la Federación Mamoré-Bulo Bulo, dijo que la cancillería había cedido gratis el edificio y que las federaciones solo se harían cargo de la limpieza y de los gastos de agua y luz, sin ofrecer cifras sobre el monto de tales obligaciones.

En una frase ampliamente citada por los medios nacionales, el dirigente dijo: ¨Hemos coordinado con la Cancillería. Esto está al mando del Ministerio de Relaciones Exteriores. Nos ha cedido (ese ministerio), por supuesto vamos a cubrir pequeños gastos que tenemos en cuanto al agua, por ejemplo, a la energía, pero después está bajo nuestra responsabilidad el tema de higiene y la limpieza¨.

Rodríguez no detalló en qué había consistido la cesión, pero dijo que había ocurrido ¨con mucha facilidad. No estamos pagando alquiler ni nada¨.

Parecía el epitafio, cuando menos de su sede, de un organismo que nació con el  pregón de la unidad continental y que ahora  inaugura su principal edificio ofreciéndolo gratuitamente a las federaciones del trópico.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Signos de los tiempos

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La tensión que estalló en Nicaragua hace dos semanas no se ha disipado y, con las esperanzas en un diálogo aún incierto intermediado por la Iglesia Católica, el país centroamericano busca reponerse del sacudón que liquidó la imagen que los dirigentes del Frente Sandinista de Liberación Nacional propalaban de un país tranquilo abocado a desarrollarse en el marco del Socialismo del Siglo XXI, el único bastión centroamericano de esa corriente. El estallido causante de decenas de muertes  ha sido visto como una confirmación de que el anochecer avanza para los países embarcados en el experimento de buscar un rostro renovado para el socialismo marxista en el continente.

Daniel Ortega fue elegido por tercera vez hace dos años, tras la implantación de la reelección indefinida por un congreso de legisladores dóciles a su partido, el Frente Sandinista de Liberación Nacional.  La estabilidad de su país parecía asegurada con un crecimiento estable de su economía (4.9% del PIB el año pasado, con una prevision del 4.4% para este año). Los nicaraguenses parecían aceptar las restricciones impuestas por el régimen, en particular a la libertad de prensa y de expresión, a cambio de una economía sin grandes sobresaltos. La apariencia de esa tranquilidad se hizo astillas cuando, urgido por recursos para cubrir los gastos fiscales, apretó el cinturón en los gastos sociales y, entre otas medidas, dispuso una reducción de las pensiones jubilatorias. Fue la gota que rompió las apariencias de tranquilidad. Al día siguiente, miles de jóvenes estaban en las calles y al cabo de una semana de protestas, con barricadas e incendios en edificios públicos, los medios contabilizaban entre 40 y más de 60 muertos, un balance desconocido desde los tiempos de las luchas contra la dictadura de Anastasio Somoza.

Dicen los observadores que la mecha estaba encendida desde hacía al menos dos años, cuando sectores importantes de la economía comenzaron encogerse y las arcas del estado vieron restringida la ayuda venezolana que llegaba a través del petróleo subsidiado. Se acababa la época de la gran bonanza de precios y comenzaba una de vacas flacas.

La furia de las protestas hizo retroceder a Ortega, quien por primera vez se vio ante multitudes que reclamaban no solo contra los reajustes sino contra sí mismo y contra su esposa, la Vicepresidente Rosario Murillo. Le pedían que se fueran. Hizo lo único que razonablemente  podía y abrogó el decreto. En estos días todos aguardan saber qué propondrá, pues las apreturas financieras que causaron las medidas no han desaparecido.

Las tribulaciones nicaraguenses son seguidas con aprehensión por Venezuela, donde cualquier nueva baja en las filas del Socialismo del Siglo XXI sería una amputación  mayúscula en el campo externo, en el que carece de aliados, excepto Bolivia y Cuba, además de la propia Nicaragua. Ya visto a su alrededor sin atenuantes como un dictador implacable, Nicolás Maduro ha contemplado impotente el torbellino que amenaza al régimen Sandinista. Sin nada práctico para ofrecerle, el presidente Evo Morales viajó de Lima a Caracas para saludarlo cuando aún retumbaba el eco de las condenas que había recibido Maduro en la Cumbre de Las Américas en Lima. Con ese gesto pareció poner un candado a su propio aislamiento en el continente. En términos tangibles, carecía de efecto cualquier expresión de solidaridad que hubiese tenido hacia el líder nicaraguense. Además, debía concentrar la atención en UNASUR, inerte tras el abandono de Brasil, Argentina, Chile, Paraguay, Perú y Colombia justo cuando Bolivia asumía su conducción.

No estaba aún claro del todo si la salida de esos países, que deja a la intemperie financiera al organismo continental, tenía relación directa con la defensa solitaria que el presidente Morales hizo de Maduro ante sus colegas en Lima. UNASUR nació en 2004, con el continente urgido de un foro sudamericano, como los países caribeños y centroamericanos tienen el CORICOM, donde plantear y discutir estrategias y temas propios de la región.  Pero cobró vida  institucional mucho después,  con un informe sobre los sucesos en Pando cuatro años más tarde. Exoneró de toda culpa al gobierno y responsabilizó a quienes se le oponían.

Diez años después, Bolivia se encuentra ante la misión gigante de reanimar al organismo sudamericano o de prepararse para pronunciar el responso para el mayor emprendimiento institucional sudamericano.  Como está el cuadro continental estos días, la segunda opción luce más probable que la primera.

Quiebra de Unasur en medios bolivianos

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El abandono de seis naciones del bloque regional UNASUR anunciado la noche del viernes puede representar una clase didáctica sobre el manejo informativo que suele darse en Bolivia y generar discusiones en las facultades nacionales de comunicación y en sus áreas de periodismo, escrito y audiovisual.

No es cualquier día que la mitad  de los asociados en un organismo continental agarra el sombrero y se va diciendo que volverá solo si la otra mitad, territorialmente un décimo del conjunto, se comporta de manera diferente. Esto ocurrió a solo una semana de que Bolivia tomara el mando en el organismo, cuando el canciller Fernando Huanacuni no acababa de calendar el sillón. Por la importancia de la decisión, que representaba un grave revés para la política externa boliviana, uno podía esperar una volumen informativo abundante de los medios bolivianos. Pero en las primeras horas de la noche del viernes, la mayoría eludió abordar la cuestión de frente, otros trajeron informaciones parciales o sesgadas, algunos la ignoraron como si no hubiese ocurrido y solo uno que otro habló de la cuestión o de sus consecuencias.  Al tercer día, el domingo, la noticia había desaparecido, salvo excepciones notables. ¿Ha estado el público boliviano bien informado sobre un tema que cuestiona la solidez de la política exterior de su gobierno?

Al fundarse a principios de siglo, UNASUR fue saludada como una OEA estrictamente Sudamericana. Causó recelos de México, pues la geografía lo excluía, y alborozo en Brasil, que encabezaba la iniciativa en un organismo continental sin la presencia estadounidense y la exclusion de los mexicanos.  Geopolíticamente, el cielo era el límite.

UNASUR Se estrenó con un espaldarazo al presidente Evo Morales, en 2008, con una misión para informar sobre los sucesos que conmovieron a Pando, en 2008. Encomendó el trabajo al abogado argentino y ex militante del Ejército Popular del Pueblo (ERP) Rodolfo Mattarollo, quien concluyó echando toda la culpa a los contrarios al gobierno nacional, con un documento tan redactado a su medida que fue durante años citado en la propaganda oficial.

La mayoría de los que leían las versiones electrónicas informativas la noche del viernes 20 de abril debe haber quedado perpleja, sin entender mucho lo que realmente había ocurrido. Argentina, Chile, Paraguay, Brasil, Argentina y Colombia, cuya superficie cubre el 90% de todo el territorio de UNASUR, enviaban una carta al canciller Fernando Huanacuni anunciándole que dejarían de participar de la organización temporalmente, hasta que se resuelvan algunos entuertos que, de manera privada, otros habían atribuído a la naciente gestión del canciller boliviano. Entre esos entuertos figuraba la elección del Secretario General de UNASUR, hasta principios de 2017 a cargo del colombiano Ernesto Samper.

Lucía cuando menos como un despropósito ante la nueva autoridad y su país. En el fondo, parecían estar las divergencias políticas e ideológicas del presidente Morales con los socios mayores en la empresa regional, que las primeras versiones digitales de los medios nacionales no mencionaban.

Anunciaba La Razón: ¨Bolivia niega abandono de países de Unasur y convoca a una reunión para designar a nuevo secretario¨. El titular era, cuando menos, confuso. No se puede negar una decisión documentada (la carta suscrita por seis países) y, a partir de tal negativa, suponer que nada ha ocurrido.   Además, no dejaba claro si  Bolivia decía que era incorrecto sostener que los seis países estuviesen abandonando el grupo porque suponía que el abandono era temporal. Parecía surealista como una escena de Cantinflas. Como decir ¨se va pero se queda¨. El anuncio de convocatoria a reunión para mayo aumentó la confusión. ¿Se puede convocar a una reunión cuando la mitad de los socios se ha alejado? Lo normal sería traer de vuelta a los socios y luego anunciar la convocatoria.

Página Siete fue el más acertado: ¨Seis países deciden dejar la Unasur. La decisión se conoce días después de que Bolivia asumiera la presidencia pro témpore del bloque regional¨.

Los Tiempos anunció:  ¨Bolivia ignora intenciones de países de dejar Unasur y prevé reunión en mayo¨. Creo que la idea es que Bolivia no asignaba relevancia a la decisión anunciada en la carta de los seis países y que convocaba a reunirse a todo el bloque. Era un ¨se le mete nomás¨ actualizado.

El Día estuvo mejor:  ¨Unasur agoniza, seis países la abandonan¨. Un subtítulo agregaba: ¨Tensión. Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y Perú dicen que el organismo está a la deriva¨.

El Deber no estuvo inspirado y tituló: ¨Bolivia niega la salida de seis países de Unasur y convoca a una reunión¨. El subtítulo tampoco despeja la niebla: ¨El canciller Fernando Huanacuni explica que los seis países que le enviaron una carta no abandonan Unasur sino que dejarán de participar en las reuniones hasta que se elija un secretario general¨. (El lunes, sería el primer diario en editorializar sobre el tema.)

La versión de la agencia gubernamental ABI intentó tapar el sol con un dedo: Quito, 20 abr (ABI) .- Bolivia aclaró que seis países de la Unión Sudamericana de Naciones (UNASUR) comunicaron el viernes a la Presidencia pro Témpore su decisión de declinar temporalmente sus participaciones en las instancias del bloque hasta en tanto no se designe al Secretario General, acéfalo hace más de un año y que, por lo tanto, no se trata de un rompimiento. La acefalía pudo haber sido cubierta bajo el mandato del colombiano Samper, pero al nombramiento de su candidato -el argentino José Octavio Bordón, embajador de su país en Chile- se opusieron Bolivia y Venezuela, porque no era ex presidente ni ex canciller, como dijeron que estipulaban las normas.

Diarios vecinos de Bolivia hablaron directo. ¨Perú y otros cinco países dejan la Unasur por tiempo indefinido¨, tituló El Comercio, de Lima, y subtituló: ¨Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Paraguay y el Perú suspenderán su participación diplomática y económica en el bloque por discrepancias con la presidencia pro témpore de Bolivia¨

Perfil, de Argentina, reseñó: ¨Unasur, que atravesaba una situación de virtual parálisis desde hace más de un año, sufrió este viernes un golpe que la deja en peligro de disolución con el anuncio de seis países, entre ellos Argentina, de que abandonarán el bloque hasta que se garantice “el funcionamiento adecuado” de la organización.

La agencia de Noticias Fides encontró un filón informativo y pidió opiniones de dos internacionalistas – el ex embajador en Brasil Gonzalo Montenegro, y la profesora de Relaciones Internacionales y también ex diplomática Karen Longaric. Para ambos el blanco es un alerta roja dirigido a Bolivia (Montenegro) y hacia Venezuela (Longaric), respectivamente, por el trepidante rumbo electoral boliviano y por la consagración de la dictadura venezolana.

Grietas en la arquitectura regional

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Brasil critica a Unasur. Venezuela retira a su embajador en Brasilia

En menos de dos días de gobierno de la administración post-PT, Brasil respondió a los países bolivarianos participantes de UNASUR, a los que acuso de difundir falsedades, Nicolás Maduro llamó de vuelta a su embajador en Brasilia y en pocas horas quedó convulsionada la atmósfera de las relaciones del continente. La fuerte ventisca alteraba también las relaciones de Brasil con Cuba y las islas del caribe asociadas al ALBA, el esquema de comercio e integración forjado por el fallecido comandante Hugo Chávez.

Tras la nota de Itamaraty ayer viernes, fue divulgada hoy otra en la que la diplomacia brasileña critica al Secretario General de UNASUR, el colombiano Ernesto Samper. Éste había mencionado la posibilidad que a Brasil se le aplicase la  ¨cláusula democrática¨ del organismo, que prevé el marginamiento de cualquiera de sus miembros que se aleje de las prácticas democráticas. ¨Esos juicios e interpretaciones del Secretario General son incompatibles con las funciones que ejerce y con el mandato que recibió¨, subrayó la segunda nota de Itamartaty, citada este sábado por Folha de S. Paulo. Las expresiones del funcionario fueron vistas, de acuerdo al diario, como expresión de ¨juicios infundados y de prejuicios¨ contra Brasil. Un parlamentario subrayó con molestia que causaba sorpresa que gobiernos como los de Venezuela o de Cuba pretendiesen impartir lecciones sobre democracia.

Horas después se supo que el gobierno venezolano había ordenado el retorno a Caracas de su embajador para consultas. En lenguaje diplomático ese equivale a momentos álgidos en las relaciones entre las naciones.

En la tarde de este sábado aún se desconocían las medidas que tomarían Bolivia, Cuba, Ecuador, Nicaragua y las otras islas del Caribe del ALBA aludidas por Brasil.

La región presenciaba la mayor fisura del bloque constituido a mediados de la década pasada para conferir autonomía de decisiones a América del Sur sin la presencia México. No parecía fácil cerrarla, porque el organismo surgió cuando predominaban en el continente los movimientos de izquierda bajo la égida venezolana liderada por Chávez.  Los tiempos han cambiado. UNASUR (que se estrenó en Bolivia con un informe sobre los sucesos de Pando) exhibía fuerza mientras estaba apuntalado con la presencia militante de Brasil, el país capaz rivalizar con éxito con un México distante y equilibrar la influencia de Estados Unidos.  Con Argentina ahora lejos de la influencia bolivariana, la brújula política continental ahora marca un rumbo diferente.

También en geopolítica, qué diferencia puede hacer un solo día.

La frontera caliente

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Una de las fronteras latinoamericanas más dinámicas, con un intercambio comercial de más de 1.000 millones de dólares anuales hasta el año pasado, se ha convertido  en uno de los focos más tensos de la región, con una escalada cuyo desenlace luce imprevisible. Tras el fracaso de las cancilleres de Colombia y Venezuela en conseguir una distensión, los dos países han llamado a sus embajadores y ahora crece la presión sobre Unasur, la organización regional fundada en 2008 que excluye a Centroamérica, México y el Caribe, con predominio de naciones con regímenes enlazados por la izquierda del Siglo XXI. Colombia y Perú, eran entonces islas políticas circundadas por vecinos izquierdistas. La capacidad de la organización para apagar la beligerancia está ante su mayor prueba. Si no logra apaciguar a dos fundadores, ¿en qué queda su misión integradora?

El origen próximo de la tensión fue un choque violento entre bandas de narcotraficantes con mandos atribuidos a jefes venezolanos de la policía y la Fuerzas Armadas. Tres militares y un civil resultaron heridos, el gobierno de Nicolás Maduro ordenó el cierre de la frontera, el comercio fronterizo se desplomó y la tensión se disparó.

No es la primera vez que las tensiones bilaterales alcanzan altas temperatura. Años antes de ir al exilio arrollado por una  insurrección civil-militar, Marcos Pérez Jiménez comandó una operación naval y plantó soberanía venezolana sobre un conjunto de islotes a la entrada del Golfo de Venezuela, escenario de una disputa territorial con Colombia. Casi 40 años después, los ejércitos de los dos países se movilizaron en pie de guerra por el incidente que causó una corbeta que se posicionó en el golfo. Un submarino venezolano fue colocado debajo de la corbeta y el presidente venezolano Jaime Lusinchi llamó a su colega colombiano Virgilio Barco. ¨Ordenas que se vaya o te la hundo¨, dijo a su interlocutor el gobernante social-demócrata.

Esos términos los narró Lusinchi a un corresponsal durante una conversación en una recepción. En las tensas negociaciones fue clave un personaje esencial de la democracia venezolana: Simón Alberto Consalvi, amigo de Bolivia y de sus luchas democráticas fallecido hace un par de años.

Venezuela movilizó 100.000 hombres y Colombia otro tanto. Hubo un ultimátum de 24 horas de Caracas a Bogotá y el belicismo se apoderó de las cancillerías de los dos países. Predominó la cordura y Barco ordenó el repliegue de la corbeta, sobre la que con frecuencia sobrevolaban F-16 venezolanos, los más modernos caza-bombarderos de la época en América Latina. Venezuela acababa de comprar de Estados Unidos 24 unidades al contado, en una operación estimada en 2.000 millones de dólares.

Nunca se supo claramente la intención del gobierno colombiano, pero el incidente ratificó una constante básica de la política venezolana: contar con poder disuasivo sobre Colombia y librar una guerra con posibilidades militares de ganar al hermano siamés del que se separó en 1830, cuando ambos formaban La Gran Colombia que había creado Bolívar.

Con la economía venezolana en aprietos desconocidos en el país asentado sobre las reservas petrolíferas más abundantes del mundo, es una incógnita determinar hasta qué punto Nicolás Maduro podrá escalar las tensiones con su vecino Juan Manuel Santos, a tres meses de elecciones legislativas que pueden hacer tambalear su régimen.

Pero con certeza están lejanos los días de exuberancia cuando Venezuela ordenaba compras militares que hacían aguar la boca de sus vecinos. Si esta realidad puede contribuir a enfriar la frontera, o calentarla más bajo cálculos políticos ante el descontento creciente de los venezolanos con su régimen, es otra incógnita.

Conteo descendente

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La iniciativa de enviar a Venezuela una misión de la UNASUR para informarse directamente de la situación en ese país ocurrió un día después de la detención armada y violenta del  alcalde de Caracas Antonio Ledezma, el 20 de febrero. Se trató de una movida opaca para las circunstancias que sofocaban al país bolivariano. Dos semanas después, los tres países que conformaban esa misión aún aguardaban la autorización de Venezuela.  Cuando finalmente sus cancilleres viajaron el 6 de marzo, la organización  fundada en 2008 bajo el aliento del Socialismo del Siglo XXI, ofrecía el cuadro de médicos indiferentes ante un enfermo en coma y a un dueño de casa feliz de mantenerlos lejos del paciente y evitar que lo diagnostiquen. Fuera de llamar a coordinar una cadena alimenticia continental, propósito efímero y dudoso, la misión no produjo resultados que apartasen a Venezuela de la orilla de un volcán por estallar.

La realidad mostraba a un país tratando de ver un lado risueño en los malos momentos que retan diariamente su paciencia. Jon Lee Anderson (Che Guevara, Una Vida Revolucionaria, 1997) relataba en The New Yorker una anécdota escuchada en una recepción a la que, una hora después de programada, había llegado temprano: Un viejo entra a un almacén en Caracas. Luego de esperar pacientemente en la fila, pide al vendedor una lata de aceite comestible, un tarro de leche y un cuarto kilo de café. El vendedor se disculpa y le dice que esos productos están agotados. Decepcionado, da la vuelta y se va. Al escucharlo, la persona que lo sigue en la línea le dice al vendedor: ¿Aceite de comer? ¿Leche? Ese viejo estúpido debe estar loco. El vendedor medita unos instantes y responde: Es verdad, pero ¡qué buena memoria tiene!

El venezolano común tiende a ser extrovertido y bien humorado y las charlas de café estos días suelen estar acompañadas de una actitud liviana.  En un puñado de medios –especialmente en lo que queda de El Nacional y de Tal Cual Digital, ahora sólo con la versión electrónica- se percibe la sensación de que al país de Bolívar el continente le ha dado la espalda. Las sanciones aplicadas por Estados Unidos contra siete personalidades del  régimen (hay otras 49 “en capilla”)  sirven como excusa al gobierno venezolano para afirmar que está siendo agredido.

La inoperancia práctica de UNASUR contrastaba con su agilidad para los casos de Porvenir, en Bolivia, con Fernando Lugo, en Paraguay, y con Manuel Zelaya, en Nicaragua. La organización fundada en medio del fragor de los conflictos en Pando, parece interesada solo en proteger a las naciones con regímenes populistas. Su sospechada parcialidad puede anunciar la actitud del hemisferio cuando la brújula mude de orientación. El ocaso luce patente si se mira el fracaso de Venezuela que, como Argentina un siglo atrás, ostentaba todas las condiciones para ser tan desarrollada como hoy son Canadá, Australia o Europa occidental.

Todos los indicadores señalan que Nicolás Maduro no creó la crisis de su país, pero sí la empeoró. Hugo Chávez capitalizó el descontento con la ineficiencia de los servicios públicos, la infraestructura deteriorada, la violencia, la pobreza extrema proyectada por  los rancheríos alrededor de las ciudades y, sobre todo, la impresión frustrante de que con un poco de honestidad y menos corrupción mejoraría la vida diaria. Para muchos fue salir de la sartén para caer al fuego.

Los cambios políticos parecen suceder a ritmo geológico. No son perceptibles al comienzo pero cuando cobran ímpetu se vuelven inexorables. En medio de la crisis del petróleo de hace 30 años, ¿quién creía que todo el mundo soviético se iba derrumbar? Fue carcomido por dos termitas: la ineficiencia y la falta de libertades. Ningún país del bloque comunista sobrevivió.

El presidente peruano Ollanta Humala advirtió el peligro de la crisis venezolana para el continente.  Cualquier cambio en ese país, dijo,  “afectará a toda la región latinoamericana”. Las perspectivas para Maduro seguían sombrías esta semana, agravadas por las renovadas tensiones con Estados Unidos. Y si el mediano plazo se cuenta en  meses, las elecciones legislativas de fines de año podrían traer una  derrota mayúscula para un gobierno cuyo presidente bordea el 20% de la aprobación ciudadana. Las justas no tenían aún fecha oficial definida, reflejo de la inseguridad electoral del régimen. Vagamente y como para comprometerlo, UNASUR dijo que serían en setiembre. Como  en todo período de crisis, el corto plazo luce distante.

Cerca del precipicio

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A UNASUR, la organización creada hace seis años al fragor de la influencia de Venezuela en América del Sur, le ha tocado comprometerse con virtudes que muchos en el continente juzgan que en su breve existencia no ha creído. Tres de sus integrantes han sido designados para trabajar por un diálogo con el que el gobierno de Nicolás Maduro espera superar una tormenta que sólo ha arreciado en los últimos 45 días y  ha exhibido la faz feroz de las tensiones bajo el régimen instalado hace 15 años.

Brasil, Ecuador y Colombia tienen la misión de tender puentes para que Maduro y sus rivales en la oposición conversen y traten de mostrar sí existen fórmulas para una pacificación efectiva que incluyan la permanencia del régimen vigente.  A juzgar por la persistencia de las protestas y la dureza de los militares, esa posibilidad equivalía este fin de semana a buscar el círculo cuadrado.

La UNASUR tuvo una gestión que en Bolivia lució deplorable. Se inauguró con el informe de un súbdito argentino que echó toda la culpa de los sucesos sangrientos de Porvenir en 2008 sobre el entonces prefecto Leopoldo Fernández, las autoridades que gobernaban Pando y quienes se oponían al gobierno nacional.  Para UNASUR, que endosó el Informe Mattarollo sin reservas, lo que ocurrió en aquel remoto lugar del noroeste boliviano fue parte de una “ofensiva racista” promovida por una “oposición fascista”.   El informe colocaba al gobierno del presidente Morales como víctima. Su lista de víctimas fatales incluía a personas que estaban vivas.

UNASUR también se comprometió hace dos años a enviar a Venezuela una  “comisión de la verdad” que investigaría hechos violentos y tensiones que ocurrían en la patria de Bolívar. No se supo que la comisión se hubiese siquiera formado. Tampoco es mucho lo que se conoce de los trabajos y proyectos de la entidad.

Con la seriedad comprometida y la idea de que se trata de una organización formada al calor de gobiernos populistas de la región, UNASUR tiene otra dificultad: los líderes opositores han colocado al régimen de Maduro como una dictadura sostenida con la fuerza militar y una masiva presencia cubana. Esa identificación se extiende al aumentar el número víctimas fatales que ahora se cuenta en docenas. Este fin de semana, líderes opositores negaban idoneidad a la organización para buscar un diálogo genuino.

Los países del grupo sudamericano  tienen también que lidiar con “condiciones previas” que exige la oposición, entre ellas la desarticulación de las bandas paramilitares y la liberación inmediata de Leopoldo López, los alcaldes tachirenses Daniel Ceballos y Enzo Scarano y los estudiantes detenidos. No hay elementos que permitan creer que el régimen venezolano esté dispuesto a desarmarse y el presidente Maduro no acepta precondiciones. Tampoco se sabe con certeza si la ciudadanía que está en las calles estará de acuerdo con quienes asuman su representación.

Una pequeña pero combativa organización radical, Bandera Roja, que respaldaba al régimen en sus orígenes, emitió el jueves una declaración instando a persistir en las protestas callejeras. Con ellas, afirmó, “la careta que barnizaba al régimen como democrático, como defensor de  los pobres, como socialista o comunista, o por lo menos a favor de los derechos humanos y el progreso, ha rodado por el suelo”.  Se ignoraba si Bandera Roja estaria entre las organizaciones a ser convocadas por el trío de UNASUR.  

Con su génesis matriz bajo sospecha de obedecer más a un ferviente antinorteamericanismo que a una disputada (debatible) representación continental, la misión de UNASUR se encuentra ante la condición que se atribuía a la mujer de César: debe no sólo ser pura y casta sino también parecerlo. Puede poseer los dos primeros atributos; en cuanto al tercero, muchos creen que no se ha empeñado en  adquirirlo.

Nota: Una falla mia en la digitación hizo aparecer, en el párrafo anterior, la palabra indisputada cuando debía haber dicho disputada, o  más correctamente, debatible, como acabo de colocar entre paréntesis. Pido disculpas.

Reclamo desprestigiado

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El gobierno se hizo el desentendido con la creencia de que esquivando los problemas se los resolvía. Después comprobó  que el mundo real no funciona de esa manera y que nada se logra con querer esconder la realidad que, tarde o temprano, aparecerá. Ante la evidencia de  la declaración del Ministerio de Defensa de Brasil,  no le quedó otra opción sino reconocer que sí hubo aviones brasileños que Bolivia inspeccionó, al menos uno de ellos sin el consentimiento del vecino país. Hoy, el resultado es que la exigencia boliviana de satisfacciones y explicaciones por el incidente que tuvo por escenario los cielos de cuatro países europeos está desprestigiada. Con todos  los  elementos que ya son públicos, habría que preguntarse  qué harían las autoridades nacionales si mañana se realizara la reunión (disminuida) de UNASUR que se solidarizó con  Bolivia y condenó al grupo de países europeos con profusas alusiones a Estados Unidos por una supuesta o presumida responsabilidad principal en todo el incidente. ¿Habría el mismo resultado?

Nada es más dañino en las relaciones entre estados y entre personas que la sospecha de una  mentira o de verdades incompletas admitidas a regañadientes. Bolivia se quejaba de  lo que antes había hecho ella misma y nadie se lo había reprochado públicamente. En ese marco, el reclamo lucía como una actitud con olor a hipocresía. En tesis, Brasil tuvo la poco agradable tarea de decir al gobierno: Ustedes inspeccionaron tres aviones de la Fuerza Aérea Brasileña pero en aras de  las buenas relaciones colocamos paños fríos sobre la cadena de incidentes.  Ahora  nos toca decir basta.

Brasil fue uno de los cuatro países que no tuvieron a sus presidentes en la reunión de UNASUR. Perú Colombia y Chile encontraron razones para ausentarse de la cita convocada con prisa con el eco de la protesta boliviana por  el trato humillante dispensado a su máximo representante.  Pero para el gobierno no fueron  suficientes los pedidos de disculpas, y sus exigencias crecieron hasta abarcar una  investigación que traiga la afiliación completa de todos  los involucrados. Era aparente que se apuntaba a Estados Unidos con propósitos ni objetivos claros. Algunos países puede haberse preguntado: ¿A dónde se quiere llegar?

Las relaciones de Bolivia con Brasil han sido con frecuencia difíciles en los años del gobierno actual. Deberían haber sido idílicas. Brasil es el  mayor comprador de gas natural de Bolivia, suficiente para procurar un empeño sostenido por elevarlas al mejor nivel. No ha sido así.

En2006, en  una reunión de Mercosur en Paraguay , en la que estaba presente Bolivia como país observador, hubo  un encuentro tenso entre los presidentes Morales y Luiz Inacio Lula da Silva. En la narración que hizo ante  el congreso brasileño el entonces canciller y actual Ministro de la Defensa, Celso Amorím, el brasileño le reprochó al boliviano haber ejecutado la nacionalización de  los campos que operaba Petrobrás con el despliegue militar que ocurrió. “Eso no se hace con un país amigo”, le dijo airadamente Lula a Evo.  Para Lula resultaba más  incomprensible el hecho de que la  medida hubiese venido de un gobierno con el que sentía cierta afinidad. Del relato que hizo Amorím, se deduce que el ahora fallecido presidente Hugo Chávez  (testimoniaba el encuentro) intervino para ayudar al acosado presidente boliviano. Brasil absorbió el golpe, pues tampoco podía asumir una actitud que critica a las grandes potencias por su comportamiento con naciones menores. Pero los planes que tenía para elevar las relaciones comerciales con Bolivia fueron archivados, entre ellos plantas petroquímicas y termoeléctricas en base al gas natural. Es también plausible suponer que las autoridades vecinas optaron por mantener las inversiones de Petrobras sólo en un nivel suficiente para garantizar el contrato de suministros que acaba en 2019.

Chivo que se devuelve, se desnuca

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El dicho venezolano será puesto a prueba tras  lo ocurrido esta noche de jueves, cuando el Consejo Nacional Electoral, contra todo lo dicho anteriormente, aceptó la demanda de Henrique Capriles. Habrá un recuento del 46% restante de las mesas de los comicios presidenciales del domingo.

Con ese porcentaje, se llegará a una auditoría total de los resultados electorales.

En medio de “cacerolazos” nocturnos desde el lunes, la auditoría era una demanda insistente de Capriles y la Mesa de Unidad Democrática (MUD). La decisión del consejo electoral puede lucir ahora como como una victoria del líder opositor, pues la auditoría total era negada por Maduro y el partido gobernante.

De confirmarse el triunfo de Nicolás Maduro, éste ingresaría a gobernar golpeado por una circunstancia que hasta comienzos de la noche de este jueves rechazaba.

El anuncio de la decisión del CNE fue hecho por la propia presidenta del organismo, Tibisay Lucena, quien, al rechazar la posibilidad de un recuento, el lunes  había rápidamente proclamado vencedor a Maduro, el heredero ungido por el fallecido presidente Hugo Chávez.

El anuncio puso fin a un capítulo de zigzagueos que había comenzado la misma noche de domingo, cuando Maduro dijo que, al igual que Capriles, aceptaba una auditoría. Luego cambió de parecer y dijo que estaba en contra de la auditoría. Complicó más el cuadro la Presidenta del Tribunal Supremo de Justicia, Luisa Estela Morales, cuando dijo, ayer miércoles, que la auditoría era imposible y que realizarla equivalía a convocar a desódenes callejeros.

Capriles dijo que estaba seguro que la auditoría permitirá demostrar que hubo irregularidades en el conteo computarizado original y que el ganador de la elección había sido él.

Esta noche era para muchos una incógnita legal determinar cómo Maduro podría jurar al cargo este viernes cuando está en curso un proceso de confirmación o rectificación de los resultados de la votación del domingo.

Tampoco era fácil anticipar la actitud que asumirán los gobiernos extranjeros que han anunciado que asistirán a la ceremonia. Incluso los de UNASUR, ligados umbilicalmente al desaparecido presidente venezolano. Los presidentes del bloque se encontraban anoche en Lima y de allí debían viajar a Caracas al lado de Maduro.

Este viernes será un día pleno de noticias. El dicho venezolano subraya la inconveniencia  de cambiar decisiones.