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Chile-Bolivia: Sólo resta esperar

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La demanda marítima de Bolivia ha entrado en un tobogán desde el momento que el país decidió acudir a La Haya. De ahí no saldrá sino al acabar el recorrido, que puede demorar años, mucho más tiempo del que los bolivianos desearían. Sería necio esperar que bajo una nueva presidencia de Michelle Bachelet, favorita para ganar las elecciones de su país en noviembre, ocurra una mejoría capaz de reconducir favorablemente para Bolivia la cuestión marítima. En pocas palabras, nunca fueron tan malas las relaciones entre Bolivia y Chile. Igualmente, nunca fueron tan malas las cartas en la mano de Bolivia para librar su batalla diplomática suprema.

Estos conceptos fueron registrados la semana que pasó en el encuentro académico sobre “percepciones recíprocas y construcción de confianzas Chile-Bolivia” que anualmente realizan la Universidad de Aquino Bolivia (UDABOL) y el Consulado General de Chile, con participación de académicos de los dos países y alumnos de la carrera de Relaciones Internacionales de esa casa de estudios superiores. No hubo un contrapeso de opiniones bolivianas que encomiasen o defendiesen convincentemente  las bondades del camino seguido.

Al ir Bolivia a La Haya “se dañó la confianza” que los dos países procuraban construir; reiniciar el proceso de aproximación será un trabajo de orfebrería que no se vislumbra en el corto plazo, dijo Gabriel Gaspar, uno de los exponentes de las relaciones exteriores del vecino país y posiblemente llamado a ocupar funciones de importancia bajo el eventual segundo gobierno de Bachelet.

Gaspar dijo también que la cancillería boliviana no parece haber examinado la posibilidad de que la Corte Internacional de Justicia rechace la demanda. Esa línea de razonamiento parecía traer la pregunta: ¿Qué hará entonces Bolivia? Como una admonición, agregó que “Chile cumplirá rigurosamente” lo que decida el tribunal internacional.

El ambiente en el aula magna de la universidad se volvió gélido. Gaspar era el último en intervenir en la serie de presentaciones, en las que estaban presentes unos 200 estudiantes e invitados especiales. En las cabezas de muchos puede haberse cobijado el temor de que, con pocos amigos a los cuales acudir, Bolivia tendría su demanda encerrada en un jaque de alcances tal vez fatales y un fracaso estrepitoso de la llamada “diplomacia de los pueblos”.

En respuesta a quienes del lado boliviano en el foro habían expresado esperanzas de que la retoma del gobierno por parte de Bachelet y de la izquierda moderada reimpulsaría el diálogo bilateral, el académico chileno, profesor universitario y representante del Instituto Chile XXI, sentenció: “No es bueno ideologizar las relaciones exteriores”. El mensaje era muy claro para quienes en el gobierno piensan que las buenas amistades sólo ocurren si existen afinidades ideológicas. El profesor chileno dijo que el mejor vecindario al que Chile aspira “no es el que más nos quiera sino el más estable”. Subrayó que la “agenda de 13 puntos” elaborada bajo los presidentes Morales y Bachelet, tenía como columna vertebral el Tratado de 1904. Sin esa columna, que opera como la cuerda que une a las piedras del collar, todos los demás puntos se derrumbarían.

El desequilibrio que enrumbaba los vientos del debate al lado de Chile llevó a la directora de la carrera  de relaciones exteriores y vicerrectora  Roxana Forteza a intervenir y sostener que los tratados no son irrevisables, y citar ejemplos de eso (Panamá, y otros entre Bolivia y Chile anteriores a la guerra de 1879).

Las disertaciones, ocurridas el miércoles y jueves pasados, fueron abiertas por el catedrático de la carrera de Relaciones Internacionales y ex embajador boliviano Antonio Mariaca Mendieta. El ex diplomático hizo un llamado a no dejar que la cuestión marítima contamine todo el escenario amplio y próspero que ofrecen las relaciones bilaterales. En vista de todo lo dicho en el foro, el llamado pareció la mejor carta para buscar salidas al atolladero diplomático.

Tras un blindaje para proteger las otras áreas de interés bilateral, se podría marchar, dijo, hacia “una negociación diplomática seria” que contemplaría un canje de territorios bajo una atmósfera “realista y no anclada en el rencor o la historia” pura y simple. “Ojalá pase ya este oscurantismo y podamos ver un relacionamiento mejor entre los dos países”.

En el lado boliviano me pareció percibir una nostalgia por Charaña, y lo que esa aproximación -la mayor entre Bolivia y Chile-, representó. Implicaba un canje territorial y colapsó cuando Perú,  llamado a decidir sobre la concesión sobre tierras que fueron peruanas antes de la Guerra del Pacífico, propuso un puerto trinacional en el lugar escogido (sobre la frontera costeña peruano-chilena). La ausencia formal  de Perú en  el  foro de la  semana pasada ilustró la necesidad de incorprar a ese país en futuros debates.

El rompecabezas que se presenta para Bolivia ocurre en un momento excepcional de las relaciones peruano-chilenas. Nunca fue tan intenso el intercambio  comercial bilateral  ni las inversiones de Chile en Perú fueron tan volumninosas (alrededor de 20.000 millones de dólares). Los dos países son miembros fundadores de la Alianza del Pacífico que, al  lado de Colombia y México, se yergue como una sombra sobre el  Mercosur, que languidece después de haber sido visto como la mejor promesa de integración en América del Sur. Bolivia no ha siquiera observado oficialmente este novedoso proceso integracionista y se  empeña por incorporarse a un Mercosur ensombrecidopordisputas internas.

Intervinieron en el foro, como expositores o moderadores, el ex presidente del senado Oscar Ortiz, el catedrático de ciencias políticas de la Universidad Gabriel René Moreno, Manfredo Bravo; Osvaldo Barriga, por la cámara de exportadores de Santa Cruz; Hugo Siles, de la NUR; Francisco González Silva, por la administración del puerto de Arica; Francisco Terceros, de UDABOL; Rubén Darío Cuéllar, de la Fundación Nueva Democracia (Bolivia); el Almirante Ismael Shabib (UDABOL); Ángel Soto, de la Universidad de Los Andes (Chile); el Cónsul General de Chile, Jorge Canelas, y el funcionario de esa representación y estudioso de las relaciones chileno-bolivianas José Miguel Concha.

Era el primer encuentro boliviano-chileno de tras la presentación de la demanda boliviana en La Haya, lo que le confería importancia. Pero fue escasa -o invisible- la presencia de medios informativos.

Libreta de Notas

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Chile: Tan cerca y tan lejos

Un grupo de personalidades chilenas y bolivianas reunidas el miércoles en Santa Cruz en el IV encuentro sobre “Percepciones Recíprocas y Construcción de Confianzas” entre Chile y Bolivia subrayó la necesidad de no deteriorar las relaciones bilaterales más de lo que ya están ni de perjudicar el potencial para fortalecer el intercambio comercial entre ambas naciones. El encuentro se desarrolló en medio de la expectativa en los dos países por el pronunciamiento aguardado para el próximo mes por parte de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en torno a los límites marinos entre Chile y Perú.

Los participantes consideraron  que no está cerca una recomposición de las relaciones chileno-bolivianas, que ingresaron por un tobogán cuando el presidente Morales anunció en marzo del año pasado que su gobierno se disponía consultar sobre las posibilidades de llevar a la misma corte la   demanda boliviana por una salida al Pacífico. “Ojalá que las cosas se queden donde están” (sin que avancen hacia una consulta como la que pretende el gobierno), dijo Manfredo Kempff Suárez, ex embajador, ex portavoz presidencial y actualmente columnista de diarios de Santa Cruz y La Paz. El ex diplomático dijo que ese paso sobrevino después del que denominó “quinquenio bobo” durante el gobierno de la presidente chilena Michelle Bachelet, en el que se forjó la “agenda de los 13 puntos” que no avanzó hacia la solución del problema marítimo como se esperaba en Bolivia.

La audiencia estaba compuesta por un centenar de alumnos de la Facultad de Relaciones Internacionales de la UDABOL (Universidad de Aquino de Bolivia), que anualmente convoca a diplomáticos, historiadores y catedráticos de los dos países para debatir cuestiones bilaterales.

Detrás de las reservas que expresan los conocedores bolivianos sobre el paso emprendido por el gobierno yace el temor de que una consulta a ese nivel puede acabar en un desaire para Bolivia y en la imposibilidad de volver a plantear internacionalmente el tema pues habría sido zanjado por la corte más importante del mundo. También resalta el temor de que, cuando menos, se le diga a Bolivia que retome el camino bilateral, como lo hizo recientemente la OEA en Tiquipaya.

La legisladora Mónica Zalaquett, de la Comisión de relaciones Exteriores de la Cámara de Diputados de Chile, salió al paso del pesimismo que prevalece entre algunos analistas bolivianos sobre la agenda de los 13 puntos y las relaciones bilaterales. Afirmó que los dos países han avanzado y que el clima que se ha forjado todos estos años es responsable de que más del 50% de las exportaciones bolivianas hacia países no fronterizos pase por puertos chilenos. “Hemos hecho cosas”, dijo. Intervino brevemente el Cónsul General de Chile, Jorge Canelas, uno de los impulsores de los encuentros, para subrayar que en el diálogo surgido entre los dos países en los últimos años estaba la comunicación entre las fuerzas armadas de ambos, algo que no ocurría desde la guerra del Pacífico.

La legisladora subrayó si bien la iniciativa boliviana era un obstáculo para dialogar, los otros temas de la relación bilateral no debían ser contaminados por la cuestión marítima. Destacó que, en todo caso, la OEA había sugerido persistir en el diálogo bilateral.

El cónsul Canelas sugirió neutralizar el elemento emocional que rodea a los planteamientos bolivianos y destacó que si bien la “agenda de los 13 puntos” está estancada, ese estancamiento no será permanente y habría que preparar el camino para que cuando se la retome no se coloquen obstáculos que la detengan. Recomendó evitar irrumpir en una negociación con el tema principal  (¿cuándo nos devuelven el mar? ¿A qué hora…?)

El diplomático y ahora profesor universitario Antonio Mariaca había subrayado que la posición chilena de no entrar a negociar la cuestión marítima había  llevado a uno de los momentos históricamente más difíciles en las relaciones bilaterales. “No tenemos casi nada; no hay agenda de los 13 puntos y estamos en preparativos para (ir a) La Haya”, dijo. Al igual que otros de sus colegas, dijo que era necesario no contaminar toda la relación bilateral y manifestó reservas sobre la idea de ir a La Haya cuando la OEA se ha pronunciado por el trámite bilateral.

Al salir del tema marítimo y sus aristas, el diálogo ingresó a un momento más promisor. Osvaldo Barriga, del Instituto Boliviano de Comercio Exterior, destacó el potencial que para Bolivia ofrece el mercado chileno, que anualmente importa 75.000 millones de dólares, de los cuales una porción insignificante es boliviana. Además, Chile podría ser el paso de productos bolivianos hacia otros mercados (Chile tiene acuerdos de libre comercio con más de 50 naciones), pues allí podrían ser dotados de valor agregado y combinados con productos chilenos de exportación. Un entendimiento dinámico entre los dos países podrá multiplicar las oportunidades de negocios e inversión. Sólo carne, azúcar y frutas podrían elevarel intercambio en espiral, dijo.

El clima de “el cielo es el límite” vino con Karina Canepa, directora de Pro Chile (organismo chileno de comercio exterior) en Bolivia. “Vivimos de espaldas. No nos conocemos”, dijo al informar sobre los esfuerzos de su oficina para promover a Bolivia en Chile. Mostró una secuencia de diapositivas acompañadas de estadísticas. De Bolivia a Chile, el 99,9% de las exportaciones entra sin arancel, dijo. Y De chile a Bolivia, sólo el 5,2% llega con arancel cero.