Trump

El círculo se estrecha

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La decisión de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, refrendada el jueves durante la visita del presidente Juan Manuel Santos a Washington, de trabajar juntos por una solución democrática para Venezuela, ha apretado más la cuerda que asfixia al gobierno de Nicolás Maduro y a quienes lo sostienen. Casi al mismo tiempo ha sido divulgada la noticia sobre las sanciones contra ocho de los 32 magistrados de la Corte Suprema de Justicia, cuyas cuentas bancarias y bienes en Estados Unidos fueron congeladas, en una ampliación de sanciones contra funcionarios del régimen. Los observadores creen que se acaba el tiempo para el régimen venezolano y que su final será una pésima noticia para sus aliados del Socialismo del Siglo XXI.
Santos recibió de Trump un endoso a sus políticas económicas y sociales y a los esfuerzos por lograr la paz con las fuerzas guerrilleras aún en armas después del acuerdo alcanzado al año pasado con las Farc. A eso se sumó la ratificación del compromiso de combatir y eliminar la producción y el tráfico de drogas, una decisión que pronto podría sentirse en el resto del hemisferio.
El mensaje más importante fuera del significado bilateral del encuentro fueron las referencias a Venezuela. Trump dijo que lo que ocurre en la tierra de Bolívar y Sucre ¨es una desgracia¨ y que con otras naciones de la región los dos países harán ¨lo que sea necesario¨. No fue específico en cuanto a pormenores de ¨lo que sea necesario¨ pero subrayó que los problemas por los que pasa Venezuela ¨son horribles¨, en una escala no vista antes.
El robustecimiento de la relaciones entre Bogotá y Washington no escapa a la atención de los politólogos, menos de los militares venezolanos, cuyas escuelas de guerra estudian con regularidad hipótesis de un conflicto bélico entre ambos países. Es posible asegurar que el encuentro Santos-Trump ha sido sido seguido con aprehensión por los oficiales venezolanos, que no ignoran la soledad de su país, resultado de un experimento politico, económico y social que ha dejado a su economía en ruinas equivalentes a las de una guerra devastadora.
Con multitudes en las calles desde hace más de un mes, bajas fatales que esta semana se aproximaban a 50, y los heridos pasaban el millar, las cancillerías, en especial las dos o tres (sin contar islas del Caribe) del Socialismo del Siglo XXI, se devanan los sesos para determinar cuánto tiempo más Maduro podrá contener la avalancha.
La inventiva de los que protestan contra el régimen tiene sorprendidos a los militares que conducen la represión. La semana que pasó registró una peculiar marcha de centenas de personas mayores por la avenida principal de Caracas en ¨apoyo a nuestros nietos y su futuro¨. Después, contra todo cálculo, empezaron a ocurrir protestas públicas en la noche, una temeridad en un país también agobiado por la delincuencia nocturna. Al horario de la disconformidad fue agregada la madrugada. El viernes, cerca del alba, en frente a la gobernación del estado oriental de Monagas, un grupo de manifestantes plantó carteles de protesta.
Las preguntas sobre qué vendrá después se aglomeran. Las más frecuentes se refieren al destino de los eventuales desplazados, inclusive del propio Maduro y su entorno más inmediato.
La decisión de Estados Unidos de incluir a magistrados de la CSJ en la lista de funcionarios interdictos es vista también como un mensaje a los regímenes que tienen en la justicia un bastón de apoyo para perseguir a sus opositores.
Son cerca de cien los funcionarios con bienes congelados, visas suspendidas y prohibidos de realizar transacciones comerciales y bancarias con entidades estadounidenses. Uno de los sancionados más notables es el vicepresidente Tareck El Aissami. Ahora las sanciones han recaído sobre ocho magistrados de la Corte Suprema de Justicia, entre ellos su presidente, por suprimir la autoridad de la Asamblea Nacional.
Los analistas creen que 28 años después del colapso del experimento socialista en la ahora ex Unión Soviética y sus satélites, lo que sobró en este hemisferio parece vivir sus estertores.

La conquista de América continúa

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Académico de la lengua y ex funcionario del Fondo Monetario Internacional, Jorge Órdenes-Lavadenz es también un historiador exquisito. Coloco aquí su más reciente artículo.
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España y Portugal inician la conquista de América en el siglo XVI. En el XVII llegan ingleses, franceses y holandeses que trajeron africanos. A comienzos del siglo XVI sacerdotes españoles, como Bartolomé de las Casas (1474-1566), se quejaban del mal trato que se daba a los indios americanos lo que causó polémicas en los siglos XVI, XVII y XVIII. En 1552 Las Casas publicó Brevísima relación de la destrucción de las Indias condenando ese mal trato, libro que fue el fundamento inglés y francés para la “leyenda negra” sobre España que, como abanderada del catolicismo con su Inquisición de siglos, encontró enemigos en una Europa en guerra entre protestantes y católicos que terminó en 1646… aunque la secuela política continuó.

Ingleses y franceses explotaron al indio en alianzas guerreras que lo desfavorecieron. En 1804 el presidente de EEUU, Thomas Jefferson, recibió a jefes de las tribus Osage de Louisiana (vendida por Francia a EEUU). Llamó la atención la estatura de más de 1,84 m. de cada Osage que sobrepasaba la de los estadounidenses. Jefferson, impresionado, les prometió “amistad y beneficios “. Pero veinte años más tarde el gobierno confiscó cien millones de acres a cambio obligado de aceptar cuatro millones en el sureste de Kansas “de por vida”, lo que se incumplió porque los colonizadores no cesaron de ocuparlas por la fuerza o comprarlas a $1,25 el acre. Entonces los Osage pagaron un millón de dólares por lo que hoy es Oklahoma, territorio inepto para el cultivo. El contrato incluía toda riqueza que se encontrase, como petróleo (que los Osage sabían que existía). Al poco tiempo lo dieron en concesión que los empezó a beneficiar en grande porque solamente en 1923 percibieron $30 millones en dividendos (o $400 millones hoy). “Ganaban más que nadie per cápita en el mundo”. Esto se prolongó en medio del despilfarro. La autoridad intervino obligando a los Osage de pura sangre a ser fiscalizados, en tanto que los mestizos quedaban exonerados.

Los Osage devinieran cada vez más víctimas de robos, corrupción, matrimonios arreglados con mujeres blancas que se les ofrecían, y asesinatos. Más de veinticuatro asesinatos de Osage e investigadores se registraron entre 1920 y 1924. Incluso el Washington Post dijo: “La conspiración asesina indios ricos”. En esa época la autoridad local eran aguaciles y detectives en medio de tráficos prohibidos, juegos de azar, ladrones y asesinos que circulaban impunemente.

La Oficina Federal de Investigación (FBI) existe desde 1908 pero en 1920 era limitada e incluso “de moralidad liviana”. En 1924 Edgar Hoover devino Director y la profesionalizó nacionalmente. Con el tiempo desenmascaró la cruzada criminal contra los Osage que resultó en juicios y condenas federales. Se trató de los crímenes más premeditados y crueles de indígenas en la historia del país del siglo XX que diluyeron la riqueza de los Osage.

Ahora resulta que el gobierno de Trump, contrario al de Obama, busca declarar veintisiete regiones de monumentos nacionales indígenas de once estados de EEUU como áreas petroleras lo que es resistido dada la historia de despojo y abuso por parte de intereses extractivos. Una es Río Grande del Norte de 242.500 acres en Nuevo México, desde la Reservación de los Taos hasta la frontera de Colorado. Otra es Los Picos de Órgano que tienen 300 millas hacia Las Cruces. Hay otras. Todas con querellas añejas que ahora se reviven con la unión de las tribus Hopi, Navajo y otras, además de deportistas, rancheros, empresarios y ambientalistas para defenderse de Trump que, además, llama “Pokahontas” despectivamente a la senadora Elizabeth Warren que tiene ancestro indoamericano.

Hoy los intereses de las multinacionales están más que nunca en el gobierno que, entre otras cosas, tiene al ex CEO de Exxon como ministro de relaciones exteriores. O sea que la toma de tierras y la extracción de recursos a costa de los derechos humanos continúa en el siglo XXI en EEUU, ¡increíble!
jvordenes.wordpress.com

Perlas de la libertad de prensa

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En la segunda semana de febrero, cuando la administración de Donald Trump aún se instalaba, The Washington Post y The New York Times trajeron la primicia sobre los vínculos extranjeros de un asesor de la Casa Blanca en seguridad nacional. En pocos días, el general (r) Michael Flynn era alejado de uno de los cargos más influyentes del mundo, en un sismo cuyos remezones demolieron el miércoles pasado el mandato del director del FBI, James Comey, y elevaron la adrenalina en la política estadounidense como pocas veces en su historia.
Es raro que un alto funcionario de la inteligencia o, mejor, del espionaje, sea relevado de modo tan sumario y que la noticia le llegue por un ayudante que le dijo que las pantallas a su espalda, en el salón donde dictaba una conferencia, anunciaban un hecho real y no una broma como creía: Trump lo había destituido.
Solo días antes, el mandatario había elogiado al funcionario, en un zig-zag de opiniones desconcertantes en las que Comey pasaba de repente de héroe a villano y viceversa, de ¨persona maravillosa¨ a ineficiente. Al despedirlo, el mandatario dijo que no hacía buen trabajo y que el FBI le había perdido confianza. Para su desazón, el director encargado tras la destitución encomió el trabajo del destituído y ante un subcomité que lo examinaba aseguró que la institución nunca le perdió confianza. Algo más grave parecía rodear el despido. El FBI investigaba, bajo el funcionario despedido, a qué grado habría llegado la supuesta interferencia informática rusa en las elecciones del año pasado en detrimento de Hillary Clinton y en favor de Trump.
Antes que Comey, la Procuradora General encargada, Sally Yakes, había tropezado con el mandatario al decidir que los fiscales a su cargo no apoyarían la orden genérica de bloquear el ingreso de ciudadanos de países musulmanes a USA porque era una orden illegal. Más tarde había tratado de llegar a Trump para exponerle el peligro de la presencia en su círculo más estrecho de una persona con fuertes vínculos con Rusia que, además, había trabajado para el gobierno turco, del que había recibido honorarios cuantiosos. Le iba a hablar de Flynn. Fue un esfuerzo suicida pues acabó dimitida. Al igual que Comey, Yakes supo de su despido de modo indirecto: por los medios.
Todavía en desarrollo y en suspenso creciente, estos episodios han llegado al público con gran detalle gracias a los medios informativos estadounidenses, que estos meses evidencian su valor en sociedades modernas y abiertas, donde son considerados como expresión de un derecho primario. Para los demócratas, la tarea investigativa rigurosa y profesional de los medios es el mejor antídoto contra autocracias, dictaduras y cualquier sistema de naturaleza prorroguista.

Los cien días

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En la última semana de abril, el porcentaje de ciudadanos que aprobaba la gestión de Donald Trump en los primeros cien días de gobierno (cumplidos el sábado) era de 41%. La encuesta de Gallup decía que el promedio para los ex presidentes en ese mismo período en los 80 años anteriores era 53%. Al cruzar el umbral de cien días, Trump tenia 12 puntos porcentuales menos que todos sus antecesores en tres cuartos de siglo, desde que se hizo costumbre medir las simpatías o antipatías hacia un presidente a poco de iniciada su gestión, en la cúspide del que se supone es el período más dichoso de una luna de miel con los electores.
Un dato más significativo subrayado por los analistas era que el grado de aprobación hacia Trump era inferior en 22 puntos porcentuales respecto al de Barack Obama al comenzar su gestión presidencial. Obama, el líder a quien el nuevo presidente se empeña en eclipsar, tenía en 2009 una aprobación de 63%.
Los analistas dicen que uno de los factores que más influye en la popularidad de un presidente es su credibilidad. Las mentiras, imprecisiones y exageraciones son como explosivos en la percepción del público sobre su líder, en USA y en todas partes.
Trump prometió acabar con el sistema de seguridad social creado bajo Obama. No ha podido, pues incluso sus seguidores más fervientes en el Congreso han trepidado ante la perspectiva de dejar desamparados a unos 24 millones de estadounidenses en una década. Luego de admitir que acabar con ese legado no es fácil, anunció una nueva iniciativa de la que aún no se tienen indicios. La promesa de reforma tributaria está empañada por la sensación de que busca beneficiar a los más ricos con billones de dólares en desmedro de los más pobres. Las grandes empresas, entre ellas las suyas, gozarían de beneficios impositivos a costa del Tesoro, atribulado por enormes desajustes presupuestarios.
Aún más grave, en la vision de la mayoría de los comentaristas, es la relación de sus negocios con Rusia, un tema que en cualquier momento podría volverse incandescente.
Los problemas con los inmigrantes no han salido por completo del saco de los vientos y han tenido traspiés severos con la justicia.
Las inconsecuencias del nuevo presidente quedaron a la vista estos días con el NAFTA, que consideraba como prejudicial para su país y decía que lo denunciaría. Ahora, tras conversar -por teléfono- con los presidentes de México y Canadá, dice que solo lo renegociará. Y con la OTAN, la alianza militar más poderosa forjada por Estados Unidos, ha dejado de ser una entidad obsoleta y ahora es válida.

Gladys Moreno, la genial intérprete de las canciones bolivianas, habría parodiado: ¨Eso pensaba hasta ayer nomás, pero al verte vacilé¨ (En rigor, al telefonearte).

Trumptopía a la deriva

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Donald Trump se aproxima a los cien dias de gobierno, la marca acuñada en 1933 por Franklin D. Roosevelt para medir la eficacia de un gobierno en la cúspide de la luna de miel con sus electores. Nada induce a pensar que el presidente republicano haya tenido un desempeño sobresaliente ni conservado el entusiasmo de quienes lo siguieron. Al contrario, muchos analistas piensan que estos cien días son los peores de la historia reciente de USA. Como el peso de la nación del norte es mundial, las consecuencias de ese desempeño son planetarias.
Debía inaugurarse desmantelando el sistema de seguridad social creado por Barack Obama, pero la proposición parecía tan inequitativa que muchos legisladores de su partido se opusieron y colocaron al gobierno en la disyuntiva de retirarla o sufrir una derrota histórica humillante. La propuesta habría dejado en pocos años sin seguro a 24 millones de ciudadanos mientras concedía beneficios impositivos extravagantes (hasta 300.000 millones de dólares, según cálculos demócratas) a los más ricos. Habría sido una transferencia brutal de recursos de pobres a ricos.
Resentido con el fiasco, Trump anunció que no repondría su propuesta y dejaría que el sistema lanzado por Obama (Obamacare) estallase. Puesto que se trataría de un estallido en sus propias manos, cuyas consecuencias serían devastadoras en las elecciones legislativas de 2018, estos días trabajaba en una nueva propuesta. La clave era saber si para ese nuevo plan contaría con los demócratas, el antídoto para evitar un nuevo descalabro.
En medio de tropiezos en casi todos los frentes (inmigración, comercio, clima, etc), cobró cuerpo una investigación que algunos analistas llaman ¨la madre de todos los escándalos¨: la conexión rusa en negocios de la familia presidencial. El tema encabeza la cuestión mayor de la supuesta interferencia rusa en las elecciones de noviembre.
La investigación toca las puertas de Jared Kushner, yerno ¨consigliere¨ de Trump. Uno de los asesores renunció en febrero tras omitir en sus informes reuniones con el embajador ruso Sergey Kislyak en las que habría tratado temas delicados de política exterior. El renunciante trabajaba también para el gobierno turco como agente de relaciones públicas bajo un contrato de millones de dólares.
Resulta que Kushner también se reunió con el diplomático ruso días antes del cambio de gobierno, incluso con Sergey Gorkov, jefe de Vnesheconombank (sí, es impronunciable), una de las empresas sancionadas como secuela de la anexión rusa de Crimea e interferencias en la vida política de Ucrania. The New York Times dice que Gorkov confirmó las reuniones justificándolas al decir que ocurrieron en virtud de la condición de Kushner como ejecutivo de Kushner & Cia., el conglomerado que dirigía el yerno presidencial.
La ruleta de acontecimientos gira vertiginosamente y su desenlace es imprevisible.

Enemigos del pueblo

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Fue el 23 de febrero que el presidente Donald Trump descargó su ataque más furioso sobre los medios informativos de mayor peso en su país.  Al coronar una secuencia de traspiés en las relaciones internacionales que han hecho que muchos en el mundo se pregunten sobre su equilibrio mental, dijo que los medios eran embaucadores y ¨enemigos del pueblo¨. Apuntó a The New York Times, The Washington Post y redes televisivas a los que, horas más tarde, cerró la Casa Blanca, en una actitud generadora de solidaridad de otros grandes medios. Time Magazine y The Associated Press, la cooperativa gigante de noticias que sirve a unos 1.800 medios solo en Estados Unidos y a unos 5.000 en todo el mundo, decidieron ignorar las sesiones informativas y cubrir cualquier hecho esencial sin intermediación oficial. Nunca en la historia estadounidense se ha dado un enfrentamiento de esa magnitud entre los medios y el presidente.

El insulto de llamar a los medios ¨enemigos del pueblo¨ coronó una secuencia de traspiés con la prensa y evocó los tiempos de Joseph Stalin.  Originada, dicen los historiadores, en la Revolución Francesa, el déspota georgiano abrazó la expresión que después equivaldría a muerte, en el peor de los casos, y  destierro en el más benigno.  Nina Khuruscheva, bisnieta de Nikita Khruschev, recordó la macabra expresión al escribir que su bisabuelo la había denunciado al atacar el culto a la personalidad, un par de años después de la muerte de Stalin, el 5 de marzo de 1953.

A esa muletilla todavía acuden regimenes que buscan concentrar el poder y evitar que el público identifique dónde ocurren las mentiras.

Tres días después de su exclusión de las sesiones informativas, los dos diarios trajeron una primicia que ha hecho tambalear a Trump. Ambos mostraron que el Fiscal General Jeff Sessions mintió al negar ante el Congreso que hubiese tenido contactos con el Embajador ruso, Sergey Kislyak, de extraordinaria habilidad para hacer amigos. Los tuvo y en los días que siguieron se multiplicaron las presiones para apartarlo de una comisión bicameral que investigaría la interferencia rusa para afectar las elecciones del 8 de noviembre y frenar a Hillary Clinton,  a quien el hombre fuerte de Rusia, Vladimir Putin, considera enemiga. Hace un par de semanas cayó Michael Flynn, asesor de seguridad, por haber conversado con diplomáticos rusos sobre las sanciones de Obama cuando dejaba la Casa Blanca y sugerir que Trump las revocaría. Sessions no pudo resistir la avalancha y se recusó de integrar la comisión investigadora que, por jerarquía, le correspondía presidir. Las conclusiones que puedan emanar de esa comisión son ahora un gran punto de interrogación para el presidente que queda desprovisto de una línea de protección.

Es el mayor enredo desde los peores tiempos de la Guerra Fria. El vendaval arrecia al aumentar las presiones para que Trump abra al público su declaración de impuestos. En su negativa de hacerlo yace la sospecha de que el multimillonario presidente trataría de esconder negocios en una escala multimillonaria gigante de prebendas recibidas de los rusos. Con el mundo aún asombrado por otros pasos del mandatario, cobra ímpetu la pregunta insistente de sus críticos y partidarios: ¿Quo vadis? ¿Adónde vas?

Arquitecto del caos

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Sin signos de apaciguamiento, Donald Trump está en su tercera semana con el timón de Estados Unidos y crecen las especulaciones sobre el escenario de su próxima ronda. Ninguno de los capítulos abiertos estos días está cerrado pero son componentes de un piso sobre el cual el nuevo dirigente pretende que el mundo camine. Es una arquitectura caótica cuyo destino es un signo de interrogación enorme incluso para los norteamericanos.
Vía México, tocó de frente al hemisferio al decidir continuar la construcción del muro sobre la frontera. La embestida apenas empieza. A la vuelta de la esquina están negociaciones sobre el tratado de libre comercio que incluye a Canadá, en un supuesto banquete en el que Trump asegura que a USA le ha tocado la carne más flaca mientras sus vecinos recibieron filet mignon. La vision oculta los beneficios recibidos por los consumidores norteamericanos.
En la secuencia de remezones los más afectados son, por ahora, los refugiados y los países a cuyos ciudadanos les fueron suspendidas las visas, inclusive a quienes ya tenían residencia, a cientos que estaban en pleno viaje y muchos ya en aeropuertos. Era curioso que entre esas naciones no figurasen aquellas de donde partieron los que destruyeron las Torres Gemelas, Egipto y Arabia Saudita. Era más significativo que esas naciones albergasen millonarias inversiones de Organizaciones Trump, lo que para muchos analistas exponía intereses conflictivos.
La fiscal Sally Yates desafió la orden anti-refugiados y anti-inmigrantes del magnate presidente, por muchos vista como anti-islámica, y dispuso que su despacho no colaborase con su implementación. La firmeza de la fiscal, encomiada como muestra de integridad ética, tuvo una respuesta inmediata. Trump la echó. En otras latitudes, donde la justicia se ahoga en perversiones y languidece, el comportamiento de la fiscal emergió como un rayo esperanzador al mostrar que hay personas que se juegan por su conciencia y resisten al poder.
Las tensiones crecieron cuando Trump colgó el teléfono al primer ministro australiano Malcolm Turnbull, que le reclamaba un compromiso para recibir a 1.250 refugiados instalados en campos de detención australianos.
Los sacudones han llegado a un área muy sensible: ecología y medio ambiente. Una de las órdenes de Trump dispuso ejecutar las obras de un gasoducto que atraviesa áreas indígenas y ha desencadenado protestas por toda la frontera norte. Decenas de manifestantes, en su mayoría nativos, han sido arrestados y nada indicaba que la tension fuese a disminuir.
En este marco, muchos arquearon las cejas cuando el jueves oyeron al mandatario reconocer que había problemas en el mundo. ¨El mundo está en problemas, pero vamos a resolverlos. ¿OK? Es lo que yo hago. Resolver problemas¨.

Nota: La anterior reseña, publicada hoy lunes 6 de febrero en El Deber, de Santa Cruz, fue escrita antes de las decisiones judiciales que detuvieron temporalmente las medidas sobre inmigración.