Trump

Tribulaciones de Trump

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La fortuna política del president Donald Trump dio esta semana nuevas vueltas que volvieron más probable el espectro que acecha a su administración: un enjuiciamiento por multiples causas que llevarían a su apartamiento de la presidencia, desde conducta personal impropia hasta relaciones indebidas de algunos de sus parientes más próximos con jerarcas rusos para ayudarle a vencer la presidencia en 2016.

Trump, con un promedio de aprobación inferior al 40%, más bajo que el de todos sus antecesores en lo últimos 65 años en época equivalente, tendría dificultades para continuar su agenda legislativa, cuando dentro de dos meses habrá una renovación de las dos cámaras. La mayoría de las encuestas hace ver que es probable que pierda la mayoría que el Partido Republicano ha ostentado hasta ahora en ambas cámaras, que le ha permitido llevar adelante la agenda del gobierno.  En el trayecto de su agenda están las relaciones internacionales y los acuerdos de libre comercio, inclusive el que tiene Estados Unidos con México y Canadá. Sin esa mayoría, Trump ingresará a una etapa diferente de gobierno, con los demócratas acelerando una agenda que busca su enjuiciamiento.

Tres hechos sobresalientes en una semana pueden haber contribuido para que eso suceda: Su inasistencia a los funerales del senador republicano John McCain, considerado el senador más liberal de su Partido,  un libro revelador del carácter del mandatario, escrito por uno de los dos periodistas del Washington Post que desencadenaron el escándalo de Watergate, y una extraña columna periodística anónima en The New York Times.

En el primer caso, Trump no fue invitado por la familia. El presidente no guardaba ninguna simpatía hacia el senador fallecido que, a su vez, desdeñaba su modo de gobernar. La semana antepasada tuvo actitudes contradictorias, como muchas otras de su gobierno, cuando ordenó recolcar la bandera nacional de manera normal cuando había sido izada a media asta en duelo por la muerte del senador. El rencor inocultable del mandatario hacia un senador muy popular por su conducta como combatiente en la Guerra de Vietnam, donde estuvo prisionero durante cinco años y medio, irritó a gran parte del país. Trump había dicho que prefería a héroes de guerra que no hubiesen caído prisioneros. Sus asesores se vieron en figurillas para tratar de explicar la actitud del presidente.

Al traspié le siguió la publicación de Fear: Trump in the White House (Miedo, Trump en la Casa Blanca), el nuevo libro de Bob Woodward, que relata situaciones de caos y desazón imperantes en la sede del gobierno. Woodward fue el periodista que, junto a Carl Bernstein, destapó el mayor escándalo del siglo pasado en la política norteamericana. Las revelaciones del ¨caso Watergate¨, por el nombre del hotel donde se escenificó el escándalo, llevaron a la renuncia del presidente Richard Nixon en 1974.

En una conversación de Trump con el periodista, grabada la semana que acaba con el consentimiento del mandatario, éste reconoce que ¨se viene otro libro con malas noticias¨. Woodward le explicó que había tratado de entrevistarlo y que había hablado con seis funcionarios de su entorno, sin ningún éxito.

El desconcierto que parece imperar en la sede del gobierno habría llevado a uno de sus funcionarios a escribir una carta anónima que publicó The New York Times, tras advertir a los lectores que lo hacía para proteger al autor, a quién sí conocía, de represalias de la administración. El autor anónimo develaba que muchos otros funcionarios tratan de sabotear al presidente desde dentro de la Casa Blanca e incluso le esconden documentos porque creen que las actitudes del mandatario ponen en riesgo la seguridad del país y la paz mundial.

Autoconfeso  militante de ¨la resistencia¨ anónima en el gobierno de Trump, el autor critica la aproximación del presidente hacia la dictadura norcoreana y la rusa y su desdén hacia los aliados tradicionales de Estados Unidos.

La publicación ha traído una grave pregunta a los periodistas, sus jefes de redacción y los propietarios de los medios: ¿pueden publicar notas anónimas con razgos de plena verosimilitud, inclusive conociendo la identidad de los autores, si juzgan que hacen así un bien a la sociedad a la que sirven?

El periódico más influyente del mundo ha creído que sí.

Trump en sus horas más sombrías

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En solo una semana, el mundo de Donald Trump ha dado un vuelco y ha confundido hasta a sus viejos aliados. Llegó a Helsinsky con la carga de torpezas que ilustraban falta de modales, muy distante de la educación refinada de sus anfitriones, y partió dejando la sensación de que Estados Unidos se alejaba de su propia familia y se acercaba a Rusia, el gran enemigo de la Guerra Fría.

Había humillado a sus aliados de la OTAN diciéndoles que no pagaban lo que les correspondería para garantizar la seguridad del viejo continente ante la amenaza siempre latente de Rusia. La afirmación resultaba cuando menos parcialmente mentirosa, pues los miembros más destacados de la Alianza Atlántica estaban al día y todos juntos sumaban gastos militares superiores a los de China y Rusia, solo superados por los de USA. Por lo demás, era contradictorio reprochar cualquier cosa a los viejos aliados, pues si él buscaba andar del brazo con Vladimir Putin en un romance que, por lo que ahora se sabe, siempre había anhelado, ¿qué sentido tenia fortalecer la alianza con los socios cuya función primordial es defenderse de quien Trump ahora encomiaba como un gran amigo?

De Bruselas partió hacia Londres, donde dejó al descubierto torpezas que avergonzaron a muchos estadounidenses y enfurecieron a los británicos cuando por instantes obligó a la Reina Isabel a caminar desorientada unos pasos detrás de él, una descortesía insólita hacia la monarca de 92 años.

Lo peor vendría al día siguiente, el lunes, en la capital finlandesa con expresiones que volvieron a poner en duda sus condiciones para dirigir a su país con solvencia.

Fue solo 28 horas después de esa conferencia de prensa, que demócratas y republicanos coincidieron en llamar ¨un verdadero desastre¨, que el mandatario intentó responder al alud de críticas por su actuación indulgente respecto a la intromisión rusa contra la candidata presidencial Hillary Clinton y a favor de su propia elección.

La admisión del jerarca ruso de que prefería al candidato republicano fue una de las perlas de esa conferencia de prensa, que exhibió el valor de una prensa libre y sin mordaza. Esa admisión abría los grifos para confirmar que, si los rusos habían actuado cibernéticamente en la elección de 2016, fue para favorecer a ¨su¨ candidato, en desmedro de la rival Hillary Clinton.   Es decir, Trump debía su elección a los rusos.

Algo más: Al decir que las agencias de seguridad de Estados Unidos le decían que Rusia había interferido en esa elección pero que Putín afirmaba que no, asignaba igual valor a ambas versiones en desmedro de la confianza que debía prevalecer respecto a los organismos de seguridad estadounidenses que al unísono dictaminaban que sí había habido interferencia rusa. Equivalía a decir que creía a Putín lo mismo que a los servicios de seguridad propios, algo que para gran parte del público estadounidense era desmerecer la integridad de esos servicios.

Presionado por sus asesores que veían en sus declaraciones una fatalidad, Trump ofreció una aclaración tras retornar a la Casa Blanca. Leyó una sorprendente aclaración equivalente a un parto de los montes.  En medio de una expectativa mayúscula, se limitó a insertar una palabra en una de las frases controvertidas. Un ¨I wouldn´t¨ en lugar del ¨I would have¨ que había pronunciado al referirse a la intromisión rusa, que ahora dejaba de ser una especulación para convertirse en un hecho reconocido.

Con circunspección inglesa típica, The Guardian informó que el público recibía la corrección con graciosa incredulidad por entender que Trump declaraba que había querido decir exactamente lo opuesto a lo que había dicho.

Pero la corrección que volvía negativa una frase condicional (no podría por podría) era insuficiente pues, como dijeron después muchos profesores de gramática en la TV, tendría que haber cambiado todo el texto, y algo más: el tono de sus palabras y el contexto que las rodeaba.

Para el público norteamericano crítico de su mandatario, éste lucía más vacilante que nunca y con expresión angustiada de ¨¿qué fue lo que hice mal¨? El intento aclaratorio resultó peor pues dejó a muchos preguntándose con más insistencia si el jerarca ruso conoce, sabe o tiene algo sobre Trump que subyuga al pluribillonario presidente.

Nuevas realidades

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La elección de Iván Duque para presidir Colombia y  la victoria que las encuestas asignan a Andrés Manuel López Obrador el 1 de julio, colocarán a América Latina ante nuevas realidades geopolíticas que obligarán a un reacomodamiento en toda la región. Duque, consciente de que la magnitud de su victoria con más de 10,4 millones de votos frente a ocho millones de su adversario Gustavo Petro, no es un cheque en blanco, deberá conducirse sin alteraciones mayores sobre el camino heredado de su predecesor, el saliente Juan Manuel Santos.

Los observadores ven razones de sobra para esa afirmación, pues nadie en Colombia aceptaría retornar a la zozobra de la insurgencia armada, a su vez resultado de las fuertes desigualdades de la sociedad colombiana con las que Duque deberá lidiar. Pero hay una expectativa creciente por conocer los ¨ajustes¨que el presidente electo ha anunciado que se propone aplicar para que ¨la paz brille¨. Muchos pagarían para saber de antemano cómo será ese brillo.

Si bien obtuvo un número récord de votos, su rival también lo tuvo, pues nunca antes el perdedor en una segunda vuelta llegó a contar con tantos como Petro. Nadie ve equivocado que hubiera dicho que no se consideraba perdedor en una elección en la que nunca votaron tantos colombianos. Pese a la avalancha de sufragios (19,6 millones de un universo de más de 36 millones habilitados), el porcentaje estuvo lejos del promedio de sufragantes del 70% del total de habilitados que registran las sociedades democráticas.

Casi nadie duda que el ascenso de Duque apretará más las válvulas que aún le quedan a Nicolás Maduro para subsistir. Con cientos de miles de venezolanos que, en un éxodo histórico, salieron de su país para asilarse o instalarse en Colombia o pasar a otras naciones, la situación política venezolana es prioridad número uno para los dirigentes colombianos, cualquiera que sea el signo politico que los orienta. En algunas cancillerías se teme que un cierre mayor de los escasos vínculos que aún existen entre los dos países sería catastrófico, como el estallido de un globo pernicioso sobre toda la región. Eso explica la dinámica de las relaciones entre Washington y Bogotá cuyos diplomáticos, civiles y militares, exprimen sus neuronas buscando soluciones para prevenir una crispación más grave. La clave parece aún en manos de los militares.

Nada parece apuntar hacia una reversión del cuadro devastador que ofrece la patria de Bolívar y Sucre. Lo que queda en pié del que un tiempo fue un vigoroso sector privado (cientos de miles de empresas se han cerrado desde que se hizo cargo del país el Socialismo del Siglo XXI) también luce rumbo al colapso.

Un reciente informe periodístico decía que los trabajadores de un complejo de refinación de petróleo en El Tigre, oriente del país, están ¨canibalizando¨ las instalaciones y robando partes y piezas para venderlas para conseguir comida. Como decía hace algunos días, la pregunta no es más si el régimen de Maduro va a caer, sino cuándo. Ahora se agrega un angustioso cómo.

Con un mandatario norteamericano que tiene a México entre ceja y ceja, la cautela deberá ser un rasgo predominante en el líder centro-izquierdista que asumiría el mando de la segunda economía latinoamericana después de la de Brasil. AMLO, como conocen sus compatriotas a Andrés Manuel López Obrador, habría recibido un 54% de los sufragios si las elecciones hubiesen sido hace un mes. Las encuestas sugieren que la avalancha de votantes a su favor, distante de sus tres rivales en la contienda, también le daría un margen legislativo holgado como para ejecutar sus planes de gobierno. Sería la culminación de sus esfuerzos desde que hace 18 años se lanzó por primera vez en pos de la presidencia.

Quienes observan el panorama politico mexicano aseguran que el mandato que recibiría el ex popular alcalde de Ciudad de México sería contundente como para aplicar sin dificultades su plan de gobierno, una de cuyas bases es tan necesaria que nadie se atreve a contestarla ni a oponerle alternativas: combate a muerte a la corrupción. Como práctica generalizada, la proverbial costumbre de ¨la mordida¨ tendría los días contados, para satisfacción de una mayoría abrumadora de mexicanos.

AMLO ha dicho que de la supresión de coimas, sobreprecios, obras sin licitación, gastos suntuarios y muchas otras granjerías recibiría un espinazo financiero suficientemente sólido como para acometer obras inmediatas, desde las de infraestructura hasta las urgencias más apremiantes de la salud pública y la vivienda.

Armado de esa gruesa armadura ética y un amplio respaldo ciudadano que reconfiguraría el mapa politico nacional, AMLO tendría fuerza suficiente para enfrentar la ¨amenaza externa¨ representada por un gobierno como el de Donald Trump que muchos creen que naturalmente le sería hostil.

No estaría solo. Canadá, también acosado por el neo-proteccionismo de Trump, estaría de su lado en las negociaciones dentro del TLCAN, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Un respaldo y una simpatia por nada menores estaría en la Unión Europea, también afectada por los embates ¨trumpistas¨.

El cordero rugió

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En escasos segundos se conviritieron en tema obligado de análisis de las principales cancillerías el despido fulminante del ahora ex Secretario de Estado Rex Tillerson y la nueva derrota de los republicanos de Donald Trump en las elecciones celebradas en Pennsilvania. Ambos son eventos con capacidad de influir en las elecciones legislativas de noviembre, cuando Trump y su gobierno estarán a prueba.

La semana apenas empezaba cuando Trump provocó campanazos en las salas de redacción con un tweet que anunciaba la expulsión de su Secretario de Estado, que había dejado la todopoderosa Exxon Mobile para dirigir la política exterior estadounidense. El mandatario estableció un record al fulminar al encargado de la política exterior con los escasos caracteres de un tweet y con igual rapidez anunciar la designación de su reemplazante. Todo esto ocurría cuando la diplomacia estadounidense comenzaba los preparativos para un encuentro de Trump con el norcoreano Kim Jong-il posiblemente a fines de mayo, en el mayor desplazamiento diplomático de la década y que, al ser anunciado, el despedido ignoraba.

Los observadores no lograban esta semana determinar con exactitud qué llevó a Trump al despido tan descomedido. Pero muchos apuntaban a una expresión que tuvo Tillerson respecto a su jefe. Sin que nadie del mundo diplomático se escandalizara públicamente, hace algunos meses lo llamó ¨moron¨, estúpido o idiota, y nunca se retractó. Para el puesto designó al director de la CIA, Mike Pompeo, en una señal inequívoca para la diplomacia de su país, cuyos miembros ahora se sentirían como quien camina sobre brasas.  Aún más elocuente fue la designación de la persona que substituiría a Pompeo. Para el cargo nombró a Gina Haspel (61), quien ya era directora adjunta de la agencia de espionaje.  Amnistía Internacional dice que Haspel tuvo una participación relevante en sesiones de tortura tras los atentados del 11 de septiembre pero investigaciones del Departamento de Justicia no corroboraron la afirmación. Trump tiene una visión magnánima sobre las formas brutales de tortura para extraer información de supuestos terroristas y colaboradores. Dijo que éstas ¨funcionan¨.

Para Pompeo no reprimió su admiración. ¨Tiene una tremenda energía, un tremendo intelecto. Estamos en la misma onda¨, declaró. Las dos designaciones fueron conocidas también por tweets, la nueva forma de comunicación que, para Trump, substituye funciones de la diplomacia tradicional.

La onda post Tillerson se diluyó el miércoles cuando los cómputos electorales determinaron la victoria de los demócratas en las elecciones especiales que se celebraron en Pennsilvania para reasignar un escaño en la Cámara de Representantes cuyo titular había renunciado a raíz de un escándalo por su conducta personal. Conor Lamb (cordero, en español) ganó por apenas 627 votos de un total de más de 1.300.000 sufragantes al republicano Rick Saccone, en un distrito donde elecciones anteriores lo confirmaban como bastión republicano. Hillary Clinton perdió allí por más del 20% de votos y la victoria de Saccone era dada por segura por muchos republicanos, inclusive por Trump.

La zona era considerada tan republicana que incluso perder por un margen estrecho iba a ser una victoria para los demócratas. El triunfo demócrata por un pelo fue un alivio para quienes aguardan las elecciones legislativas de noviembre dispuestos a quebrar la mayoría republicana que apuntala a Trump. A partir de ahí, la administración republicana enfrentaría mayores problemas, incluso la posibilidad de que Trump sea enjuiciado por causa de sus relaciones aún oscuras con Rusia y su conducta personal al parecer poco decorosa.

El cordero rugió en esta elección. Johnathan Allen, de NBC News, dijo en su columna que el victorioso ha enseñado el camino que los demócratas deben seguir para ganar la mayoría de la cámara baja:  escoger candidatos que no irriten a los republicanos por demás. El resto provendría del propio Trump, cuyas políticas, declaraciones públicas y comportamiento propulsaron el vuelco que se dio en uno de los distritos más republicanos de Estados Unidos. Allen escribió: ¨El presidente es tan profundamente impopular entre los demócratas que Lamb no tuvo que recordarles contra quién tenían que votar¨.

La derrota republicana se suma a la sufrida en diciembre en Alabama, cuando el partido de Trump perdió un escaño valioso en el Senado con la victoria de Douglas Jones sobre Roy Moore, por quien Trump había hecho campaña. Perder el escaño significó reducir a un margen mínimo la ventaja legislativa que los republicanos tienen sobre los demócratas: 51-49.

Muchos ahora creen que haber perdido en Pennsilvania esta semana puede representar un paso más hacia un desastre politico republicano en noviembre.

Ganó la decencia

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A partir de la noche del miércoles, el mundo que preside Donald Trump ha dejado de ser el que empezó a moldear hace menos de un año. Ese mundo fue sacudido cuando la senaturía por el estado de Alabama, vacante desde la inauguración de su gobierno, fue ganada por el demócrata Doug Jones con un puñado de votos que dejó a la mayoría de la que gozaba Trump colgada de la orilla del abismo. Trump recibió una herida profunda y muchos, dentro y fuera de los Estados Unidos, respiraron aliviados. En principio, trató de disimular la derrota con actitudes de ¨aquí no pasó nada¨, creída solo por su círculo inmediato. Más allá, la incertidumbre que genera el mandatario empezó a aflojar lo suficiente para albergar esperanzas reales de que 2018 verá un gobierno menos temerario y menos impredecible. Para los analistas luce claro que las riendas con las que Trump conducía el carruaje se han acortado y que su margen de maniobra es ahora menor.

Los republicanos, que tenían 52 senadores frente a 48 de los demócratas, pasaron a tener 51 frente a 49. En momentos decisivos, ese equilibrio precario puede ser roto por figuras republicanas destacadas y descontentas con muchas de las iniciativas tomadas por Trump, desde la relación con México, los inmigrantes y el libre comercio, hasta el Oriente Medio, Europa y el clima. Una de las muchas  lecciones fue que un electorado educado puede imponerse sobre un populista vociferante.

El abanderado republicano, Roy Moore, era de los más sorprendidos. Después de haber ido a votar trotando en un caballo díscolo, botas y sombrero de cowboy, el candidato resistió conceder que había perdido, aun después de que el propio Trump felicitara, a desgano, al vencedor demócrata.

Moore cayó abatido por un alud de denuncias de acoso a jóvenes adolescentes cuatro décadas antes, cuando era alto funcionario de la Corte de Justicia de Alabama. Los testimonios de dos mujeres recogidos a principios de noviembre por The Washington Post calaron en el bastión conservador a cargo del gobierno de Alabama desde hace 25 años, y llevaron a otras a presentar casos similares de acoso.

Solo días antes de la votación, las mujeres que habían levantado la mano para acusar al candidato de comportamiento libidinoso ya eran nueve. Sus relatos parecían tan convincentes que senadores de su partido estaban dispuestos a expulsarlo del Senado si hubiese llegado a ganar.

La situación era incómoda para Trump, pues traía a la memoria pública su propio comportamiento y sus comentarios obscenos registrados por la radio y la TV respecto a las mujeres. Todo se sumaba a un guiso que sus adversarios preparan con la intención de cocinar su enjuciamiento en busca de alejarlo del cargo.

Pero Trump se cuadró firme con el candidato. Hasta solo horas antes de votar, instaba a la población a sufragar por el republicano e insistía en que los medios que divulgaron las denuncias de acoso eran de un sistema de ¨fake news¨, equivalente a ¨cartel de la mentira¨, expresión con la que busca neutralizar a sus críticos.

La gravedad de lo ocurrido indignó a multitudes de todos los segmentos demográficos. Fueron a los centros de votación miles de personas de color, tradicionalmente poco inclinadas a votar, muchas de ellas de barriadas obreras en todo el estado, similar en extensión al departamento de La Paz. Noventa y ocho de cada cien mujeres de color votaron por el candidato demócrata. Entre los varones, la avalancha fue un poco menor, sin dejar de ser aplastante. Un 96% de esa categoría prefirió votar por Jones. En general, los profesionales con ingresos superiores al promedio también respaldaron al candidato demócrata y consolidaron el 0,5% de votos que le dio el triunfo. La contienda fue decidida por menos de 10.000 votos de un total cercano a 1,4 millón de sufragios.

Jones deberá posesionarse en días más, en cuanto la Corte Electoral ratifique su victoria. Ocupará el escaño que tenía Jefferson Sessions, ahora procurador general. En el discurso que dio ante sus seguidores la noche del miércoles fue parco al describir la victoria:  ¨Ha sido un triunfo de la decencia¨. Para ese momento, Trump había dejado de encomiar a Moore.

Enredo americano

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El presidente Donald Trump no logra salir del embudo forjado por su formación y experiencia de ejecutivo opulento y mandón.  Al torbellino de su presidencia, arreciado por despidos record de asesores, se sumó estos días una disputa en la que nada ganará.  Está enfrentado a las grandes ligas de beisbol y todos los deportes mayores desde que dijo que era un ¨hdp¨ y debía ser despedido sumariamente el jugador que no reverenciase de la manera usual a los emblemas patrios como el himno nacional durante competencias deportivas.  Nadie ha hecho caso a sus estridencias y ha fracasado en impedir que jugadores negros se arrodillen ante las notas del himno, actitud con la que protestan contra la discriminación racial que ven atizada por Trump. Todos los jugadores de color se han sentido aludidos y han ganado la simpatía inmediata de sus compañeros blancos, incluso de los dirigentes de clubes que el domingo antepasado repudiaron al mandatario arrodillándose con sus equipos.

Las jornadas siguieron a otras desagradables para el mandatario, agobiado por los desplantes norcoreanos y por las investigaciones sobre sus nexos con Rusia, que estos días abarcaron a su familia, con algunos de sus miembros involucrados en negocios con la tierra de Vladimir Putin.

Trump tenía apenas tres semanas de gobierno cuando debió a apartar de su grupo de asesores al general Michael Flynn, a quien The New Yorker llamó General Caos por la amplitud de su red de negocios. Flynn se enredó cuando no logró explicar sus vinculaciones con los rusos y el papel de sus contactos para sabotear a Hillary Clinton y favorecer a Trump en la elección del año pasado. No solo con los rusos. Estaba en planillas turcas con millonarias asesorías e iba a ser un as de diamantes de la política externa de Estados Unidos.

Su salida fue como abrir compuertas de un dique. En marzo, abril, mayo y junio hubo una dimisión por mes. La rutina tuvo un brusco ascenso en julio, con cinco despidos, incluida la salida de Sean Spicer, el portavoz de la Casa Blanca. Parecía un record imbatible, pero en agosto las dimisiones fueron seis, contada la de Steve Bannon, su articulador de estrategias. En septiembre quedó en suspenso la salida del procurador general Jeff Sessions, un protegido del Vicepresidente Mike Pence sobre el que Trump ha tenido expresiones denigrantes.

Bajo este escenario, nadie dudaría de estar ante un enredo descomunal cuyo final puede ser estrepitoso.

¿Publicar mentiras de un presidente?

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The New York Times registró hace dos semanas un censo de las mentiras del presidente Donald Trump desde que asumió el mando el 20 de enero.  La publicación contabilizó un centenar, casi una por día, que habría sido todo un récord, no sancionado como tal solo porque se desconoce si hay algún registro o alguna competencia en curso cuyos resutados sean verificables y comparables.

El mayor caudal ocurrió el 16 de febrero, con seis falsedades, desde la afirmación incorrecta de que nunca había votado el dia de la elección tanta gente en Florida (con Bush, Clinton y Obama hubo una afluencia mayor) hasta la de que Waltmart iba a anunciar la creación de 10.000 nuevos trabajos en Estados Unidos gracias a las políticas de su gobierno (en verdad, la empresa había hecho el anuncio tiempo atrás, en octubre, antes de las elecciones). Sus jactancias han sido embarazosas para muchos dentro y fuera de Estados Unidos, menos para él. Decía, por ejemplo, que media hora en el teléfono le ahorró al bolsillo del país 725 millones de dólares en un negocio con China, pero los precios habían sido acordados antes de que fuera presidente.

Por lo general, las falsedades o incorrecciones del mandatario eran hasta entonces amortiguadas con frases como ¨no ofreció evidencias¨ o no presentó detalles. Para el 23 de junio, fecha de la publicación, la avalancha había sido tan copiosa como para dejar claro que las falsedades de un presidente deben ser reproducidas por los medios al público sin eufemismos para que éste juzgue la calidad ética de sus gobernantes o cuánto puede creerse de lo que dicen.

El censo de mentiras fue definido como parte de la misión de los medios ante la sociedad en la que actúan. El mando y el liderazgo no justifican faltar a la verdad, menos esconderla a la audiencia. Los comentaristas concluyeron que la divulgación de las mentiras y exageraciones obra como antídoto para evitar que los líderes piensen que todo el mundo acepta sus falsedades o que nadie duda de sus extrapolaciones tipo ¨somos los mejores¨, ¨somos los únicos¨ o ¨nadie lo hace mejor que nosotros¨.

La experiencia es didáctica y ha puesto en evidencia que las expresiones y acciones de los líderes deben ser registradas en cuanto son noticia e interesan a la comunidad, pero acompañadas del contexto debido sin esconder mentiras e incorrecciones que puedan contener. El público, con todo, debe estar atento y no dejarse sorprender.

Vueltas de la vida

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Fue en la segunda mitad de junio de 1972 que dos periodistas del Washington Post se encontraron ante un hecho noticioso que los colocaría en la senda de una de las mayores historias informativas del Siglo XX que catapultó, dos años después, la renuncia de Richard Nixon, gestor de la apertura histórica hacia China y de una nueva relación con la entonces Unión Soviética.

Acusados de mentir, al igual que la legión de colegas que después siguieron la noticia, Bob Woodward y Carl Bernstein cumplieron su tarea informativa pese al poder del estado que dirigía un presidente electo por un alud de votos y que abusaba de su efímera popularidad. Contaron la historia de uno de los mandatos presidenciales más siniestros, guiados por un misterioso ¨garganta profunda¨ que sugería ¨sigan el dinero¨ para iluminar callejones oscuros, rutas frecuentes del poder sin control y de vicios que a él se asocian. Los periodistas nunca revelaron la identidad de su fuente, William Mark Felt, el segundo en el FBI, hasta que él mismo lo hizo en 2005, tres años antes de morir.

La historia de esa epopeya informativa resurge ahora con los embates del presidente Donald Trump contra periodistas y medios, que a diario divulgan entretelones de su gestión con apenas 150 días y que tienen como sustento las rutas de negocios con jerarcas de Rusia. En esas rutas suelen ocurrir los mayores tropezones y las peores caídas de muchos poderosos en todo el mundo. Nixon estaba obsesionado con estabilizar las relaciones con Rusia, actitud que en estos tiempos equivaldría al tejido apretado que forman los vínculos comerciales rusos con la familia Trump.

Pero para muchos que creen que USA va rumbo directo a un nuevo Watergate, el hotel donde ocurrió el episodio de espionaje para ayudar a Nixon a ganar la reelección, los propios medios han recordado que llegar al estadio en que el trigésimo séptimo presidente tuvo que renunciar ante la inminencia de un impeachment que lo inculparía, costó dos años, hasta el 9 de agosto de 1974. Es decir, los desenlaces inmediatos son muy raros. Dos años constituyen, en todas partes, una eternidad en la que todo puede suceder, inclusive que Trump emerja robustecido de la que él llama la peor campaña de desprestigio contra un presidente a través de la que denomina ¨prensa mentirosa¨.

Igual que en otros países, las encuestas muestran que la mayoría cree más a esa prensa y desconfía de sus denigradores.

 

El círculo se estrecha

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La decisión de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, refrendada el jueves durante la visita del presidente Juan Manuel Santos a Washington, de trabajar juntos por una solución democrática para Venezuela, ha apretado más la cuerda que asfixia al gobierno de Nicolás Maduro y a quienes lo sostienen. Casi al mismo tiempo ha sido divulgada la noticia sobre las sanciones contra ocho de los 32 magistrados de la Corte Suprema de Justicia, cuyas cuentas bancarias y bienes en Estados Unidos fueron congeladas, en una ampliación de sanciones contra funcionarios del régimen. Los observadores creen que se acaba el tiempo para el régimen venezolano y que su final será una pésima noticia para sus aliados del Socialismo del Siglo XXI.
Santos recibió de Trump un endoso a sus políticas económicas y sociales y a los esfuerzos por lograr la paz con las fuerzas guerrilleras aún en armas después del acuerdo alcanzado al año pasado con las Farc. A eso se sumó la ratificación del compromiso de combatir y eliminar la producción y el tráfico de drogas, una decisión que pronto podría sentirse en el resto del hemisferio.
El mensaje más importante fuera del significado bilateral del encuentro fueron las referencias a Venezuela. Trump dijo que lo que ocurre en la tierra de Bolívar y Sucre ¨es una desgracia¨ y que con otras naciones de la región los dos países harán ¨lo que sea necesario¨. No fue específico en cuanto a pormenores de ¨lo que sea necesario¨ pero subrayó que los problemas por los que pasa Venezuela ¨son horribles¨, en una escala no vista antes.
El robustecimiento de la relaciones entre Bogotá y Washington no escapa a la atención de los politólogos, menos de los militares venezolanos, cuyas escuelas de guerra estudian con regularidad hipótesis de un conflicto bélico entre ambos países. Es posible asegurar que el encuentro Santos-Trump ha sido sido seguido con aprehensión por los oficiales venezolanos, que no ignoran la soledad de su país, resultado de un experimento politico, económico y social que ha dejado a su economía en ruinas equivalentes a las de una guerra devastadora.
Con multitudes en las calles desde hace más de un mes, bajas fatales que esta semana se aproximaban a 50, y los heridos pasaban el millar, las cancillerías, en especial las dos o tres (sin contar islas del Caribe) del Socialismo del Siglo XXI, se devanan los sesos para determinar cuánto tiempo más Maduro podrá contener la avalancha.
La inventiva de los que protestan contra el régimen tiene sorprendidos a los militares que conducen la represión. La semana que pasó registró una peculiar marcha de centenas de personas mayores por la avenida principal de Caracas en ¨apoyo a nuestros nietos y su futuro¨. Después, contra todo cálculo, empezaron a ocurrir protestas públicas en la noche, una temeridad en un país también agobiado por la delincuencia nocturna. Al horario de la disconformidad fue agregada la madrugada. El viernes, cerca del alba, en frente a la gobernación del estado oriental de Monagas, un grupo de manifestantes plantó carteles de protesta.
Las preguntas sobre qué vendrá después se aglomeran. Las más frecuentes se refieren al destino de los eventuales desplazados, inclusive del propio Maduro y su entorno más inmediato.
La decisión de Estados Unidos de incluir a magistrados de la CSJ en la lista de funcionarios interdictos es vista también como un mensaje a los regímenes que tienen en la justicia un bastón de apoyo para perseguir a sus opositores.
Son cerca de cien los funcionarios con bienes congelados, visas suspendidas y prohibidos de realizar transacciones comerciales y bancarias con entidades estadounidenses. Uno de los sancionados más notables es el vicepresidente Tareck El Aissami. Ahora las sanciones han recaído sobre ocho magistrados de la Corte Suprema de Justicia, entre ellos su presidente, por suprimir la autoridad de la Asamblea Nacional.
Los analistas creen que 28 años después del colapso del experimento socialista en la ahora ex Unión Soviética y sus satélites, lo que sobró en este hemisferio parece vivir sus estertores.

La conquista de América continúa

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Académico de la lengua y ex funcionario del Fondo Monetario Internacional, Jorge Órdenes-Lavadenz es también un historiador exquisito. Coloco aquí su más reciente artículo.
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España y Portugal inician la conquista de América en el siglo XVI. En el XVII llegan ingleses, franceses y holandeses que trajeron africanos. A comienzos del siglo XVI sacerdotes españoles, como Bartolomé de las Casas (1474-1566), se quejaban del mal trato que se daba a los indios americanos lo que causó polémicas en los siglos XVI, XVII y XVIII. En 1552 Las Casas publicó Brevísima relación de la destrucción de las Indias condenando ese mal trato, libro que fue el fundamento inglés y francés para la “leyenda negra” sobre España que, como abanderada del catolicismo con su Inquisición de siglos, encontró enemigos en una Europa en guerra entre protestantes y católicos que terminó en 1646… aunque la secuela política continuó.

Ingleses y franceses explotaron al indio en alianzas guerreras que lo desfavorecieron. En 1804 el presidente de EEUU, Thomas Jefferson, recibió a jefes de las tribus Osage de Louisiana (vendida por Francia a EEUU). Llamó la atención la estatura de más de 1,84 m. de cada Osage que sobrepasaba la de los estadounidenses. Jefferson, impresionado, les prometió “amistad y beneficios “. Pero veinte años más tarde el gobierno confiscó cien millones de acres a cambio obligado de aceptar cuatro millones en el sureste de Kansas “de por vida”, lo que se incumplió porque los colonizadores no cesaron de ocuparlas por la fuerza o comprarlas a $1,25 el acre. Entonces los Osage pagaron un millón de dólares por lo que hoy es Oklahoma, territorio inepto para el cultivo. El contrato incluía toda riqueza que se encontrase, como petróleo (que los Osage sabían que existía). Al poco tiempo lo dieron en concesión que los empezó a beneficiar en grande porque solamente en 1923 percibieron $30 millones en dividendos (o $400 millones hoy). “Ganaban más que nadie per cápita en el mundo”. Esto se prolongó en medio del despilfarro. La autoridad intervino obligando a los Osage de pura sangre a ser fiscalizados, en tanto que los mestizos quedaban exonerados.

Los Osage devinieran cada vez más víctimas de robos, corrupción, matrimonios arreglados con mujeres blancas que se les ofrecían, y asesinatos. Más de veinticuatro asesinatos de Osage e investigadores se registraron entre 1920 y 1924. Incluso el Washington Post dijo: “La conspiración asesina indios ricos”. En esa época la autoridad local eran aguaciles y detectives en medio de tráficos prohibidos, juegos de azar, ladrones y asesinos que circulaban impunemente.

La Oficina Federal de Investigación (FBI) existe desde 1908 pero en 1920 era limitada e incluso “de moralidad liviana”. En 1924 Edgar Hoover devino Director y la profesionalizó nacionalmente. Con el tiempo desenmascaró la cruzada criminal contra los Osage que resultó en juicios y condenas federales. Se trató de los crímenes más premeditados y crueles de indígenas en la historia del país del siglo XX que diluyeron la riqueza de los Osage.

Ahora resulta que el gobierno de Trump, contrario al de Obama, busca declarar veintisiete regiones de monumentos nacionales indígenas de once estados de EEUU como áreas petroleras lo que es resistido dada la historia de despojo y abuso por parte de intereses extractivos. Una es Río Grande del Norte de 242.500 acres en Nuevo México, desde la Reservación de los Taos hasta la frontera de Colorado. Otra es Los Picos de Órgano que tienen 300 millas hacia Las Cruces. Hay otras. Todas con querellas añejas que ahora se reviven con la unión de las tribus Hopi, Navajo y otras, además de deportistas, rancheros, empresarios y ambientalistas para defenderse de Trump que, además, llama “Pokahontas” despectivamente a la senadora Elizabeth Warren que tiene ancestro indoamericano.

Hoy los intereses de las multinacionales están más que nunca en el gobierno que, entre otras cosas, tiene al ex CEO de Exxon como ministro de relaciones exteriores. O sea que la toma de tierras y la extracción de recursos a costa de los derechos humanos continúa en el siglo XXI en EEUU, ¡increíble!
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