Traducción

La traducción no importa – II

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El Juez Sixto Fernández, a cargo del Juicio del Siglo, ordenó esta semana la comparecencia en Santa Cruz de un ingeniero en telecomunicaciones, que estudió en Hungría  hace casi 40 años, para que oficie de lector y traductor de las declaraciones del joven húngaro Elöd Tóásó cuando fue detenido por la policía en abril de 2009.

El ingeniero de telecomunicaciones Martín Santos estuvo en la audiencia del viernes en el Palacio de Justicia de Santa Cruz y durante toda la jornada leyó en voz alta documentación escrita en húngaro. Al tribunal le pareció suficiente que hubiera estudiado en Hungría a mediados de la década de 1980 y, al igual que hace tres años, le encomendó la delicada tarea de traductor instantáneo.

Leía en voz alta y luego traducía. Los jurados seguían la voz del traductor con tanta atención que parecía que entendían sin sombras de duda las expresiones del traductor.

Santos leyó decenas de páginas y dio lugar a una reiteración de las escenas surrealistas narradas en mi libro ¨Labrado en la Memoria¨, presentado en junio en la Feria del Libro de Santa Cruz.  El título de esta nota es similar a otro registrado en la misma obra.

Tóásó sobrevivió, junto con el boliviano-croata Mario Tádic, al asalto al Hotel Las Américas al rayar el alba del 16 de abril de 2009. En conexión con el asalto a cargo de una unidad policial ya disuelta murieron tres personas, entre ellas Eduardo Rózsa Flores, a quien se atribuye la responsabilidad de dirigir al grupo central de un plan de derrotar al ejército boliviano y dividir al país.

Ningún militar en servicio activo y tampoco los ministros de defensa sucesivos han contradicho la versión que supone la hazaña de lograr la capitulación de las armas bolivianas tras una cruenta guerra separatista.

Tóásó y Tadic se declararon culpables al cabo de años de negar los cargos que se les imputaban y recibieron condenas que les permitieron recuperar la libertad a comienzos de 2015.  Tiempo después, los dos lograron salir (subrepticiamente) del país y, al llegar a su nativa Hungría, Tóásó desmintió la admisión de culpa que le había dado la llave para salir libre. Tádic también se fue y nada se ha sabido de él.

La sesion fue de las más aburridas del proceso pero para el traductor Santos puede haber sido una jornada de las más tranquilas de su oficio. Podía haber leído arcoiris y haber dicho silpancho y nadie se habría dado cuenta, pues era el único que hablaba la lengua magiar. La sesión no registró ninguna interrupción.

Las audiencias serán reanudadas el 4 de septiembre cuando deberá continuar la lectura de las acusaciones.

 

La traducción

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El juicio por el caso Hotel las Américas tiene las ruedas atravesadas por una estaca: la traducción de las palabras de uno de los acusados que no habla castellano. No parece que con los medios de que dispone el tribunal haya una manera de probar que lo que la traducción dice que dice el acusado corresponde a la verdad o a la integridad de sus palabras. El idioma natal del acusado Elöd Tóásó es el húngaro. Que se exprese en su idioma es como si lo hiciera en mandarín medieval. Nadie en las audiencias del bullado proceso lo entiende. El traductor oficial hace lo posible con el húngaro que aprendió hace 30 años, cuando estudiaba telecomunicaciones en Budapest, pero no puede ir más allá de lo que iría un médico sirviendo de intérprete a un pescador, o viceversa.
El tribunal y la acusación han decidido mantener la traducción trepidante y con frecuencia incompleta que ofrece –probablemente a pesar suyo- el boliviano Martín Santos, experto en telecomunicaciones. Quienes trabajan con idiomas saben de las sutilezas de toda lengua y que intentar traducir literalmente es suicida. Un traductor al inglés de las obras del Nobel Mario Vargas Llosa contaba en una entrevista sus dificultades para traducir y recomendaba a los aspirantes un contacto permanente con las lenguas en las que trabajan, pues se vuelven esquivas si no están bajo uso intenso. El esfuerzo es mayor cuando la traducción es verbal.
En otros lugares la traducción es una profesión valorada. Ejercitarla requiere de un diploma y certificación oficial que autoriza a trabajar en traducciones desde o hacia idiomas específicamente determinados. Los actos públicos no refrendados legal y profesionalmente no tienen valor legal.
Tóásó ha afirmado que las primeras declaraciones que se le atribuyen ocurrieron sin traductor y que desconoce qué firmó; otras fueron con ayuda del inglés, que entonces, hace cuatro años, sólo balbuceaba (aprendió un inglés elemental con un canadiense compañero de prisión, me dijo), y otra con apoyo de un funcionario honorario de un consulado húngaro. Sólo hace dos años, dijo, tuvo una breve traducción eficiente. Fue suspendida porque la traductora era una extranjera que requería de visa y contrato de trabajo. El tribunal no asume costos; así, la versión del sobreviviente del asalto al hotel oída estos días es extremadamente incipiente.
Los riesgos de una causa llevada así son grandes, más si conllevan cargos que van de magnicidio a separatismo.

Juicio del Siglo: Recomienza el suspenso

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En medio de la marea levantada alrededor del ex fiscal Marcelo Soza por las aseveraciones de que él fue recipiente de sobornos y partícipe de extorsiones a algunos de  los acusados, para este lunes está prevista la reiniciación de las audiencias del juicio del siglo, suspendidas hace un mes en virtud de la vacación judicial.  Fueron  suspendidas a fines de junio cuando acababa la primera fase de la defensa de Elöd Tóásó, el húngaro sobreviviente del ataque policial al Hotel Las Américas de Santa Cruz.

Una novedad inmediata que podrá traer la reiniciación de las sesiones: Siquiera un nuevo traductor para el húngaro, quien se siente inseguro –al  igual que  la defensa y la acusación- de la calidad de la traducción que realiza la persona a cargo de ese trabajo. En la sesión final de la serie a fines de junio fueron notorios los vacios e imperfecciones de la traducción. El asunto tiene algunas espinas que hoy podrían ser removidas.

El juez Sixto Fernández pidió a la defensa conseguir un traductor adicional, pero no está claro si el Estado sufragará los gastos de una efectiva labor de traducción técnica, tan perfecta como posible. El detenido dijo que el ahora ex fiscal Soza le había asegurado que sería él, el propio Tóásó quien tendría que hacerlo (no es lo que indica la legislación ni lo que prescriben las convenciones que defienden los derechos humanos).

El telón de fondo de la nueva serie de sesiones son las incriminaciones que ahora pesan sobre Soza. El ex prefecto de Santa Cruz Svonko Matkovic ha dicho con detalles (18 de julio) que pagó una voluminosa extorsión para que el fiscal liberase a su hijo, preso en La Paz. De acuerdo a la denuncia de la ex autoridad departamental, entre Soza y sus emisarios le pidieron 200.000 dólares. Pagó $US50.000 en un sobre que dejó a una persona que ahora está presa en Palmasola. Un emisario le pidió después la segunda suma. Con estas acusaciones, agregadas a la patética condición de Tóásó que no ha podido establecer una comunicación confiable con el tribunal, todo el proceso está sobre una cuerda floja. La serie que empieza este lunes es, como las demás, de suspenso.

Surrealismo y traducción

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El Juicio del Siglo ofreció, en sus más recientes sesiones, elementos surrealistas que han atizado la atención de quienes lo siguen. En él se exhibe la calidad de la justicia boliviana y de sus jueces, jurados, fiscales y abogados de la defensa. Pocas veces la acusación ha tenido que empeñarse tanto así como raras veces un proceso ha reunido a tantos penalistas, ni la defensa ha esgrimido tanto su capacidad argumental para convencer al jurado de que el juicio carece de fundamentación sólida y que, en algún momento, los actuales jurados o instancias superiores a las que se llegue podrán a ver la verdad de lo que ocurrió en el Hotel Las Américas en la madrugada del 16 de abril de 2009.

Las dos últimas sesiones renovaron la sensación de que puede haber algo desagradable aún por ser descubierto detrás de las acusaciones de que en Santa Cruz había un plan para descuartizar Bolivia, asesinar a su presidente y otras autoridades y sembrar terrorismo.

La tesis del gobierno fue jaqueada el 19 y 20 de junio por el testimonio de uno de los sobrevivientes, el húngaro rumano Elöd Tóásó. El eje de la tesis gubernamental es que el grupo instalado en el Hotel Las Américas, supuestamente atacó la residencia del Cardenal Terrazas y un día después, en la madrugada del 16 de abril de 2009, disparó al cuerpo policial UTARC venido desde La Paz. Y éste reaccionó acribillando a tiros a tres.

Fue la primera vez que Tóásó se dirigió al tribunal en la fase que se lleva a cabo en Santa Cruz desde febrero pasado.

El acusado (33 años), que en la prisión conoció a una joven boliviana con la que acabó casándose, dijo que no podían ni él ni sus compañeros haber disparado sobre la veintena de hombres armados desde el cuarto piso del hotel, con habitaciones con una terraza desde la que la puerta principal de ingreso no se ve.

“No se puede disparar a quien no se ve. Es una mentira”, dijo al afirmar que no hubo ataque del quinteto alojado en el hotel sobre los hombres de la UTARC. Aún más, afirmó: No se puede disparar sobre blancos que habrían estado en la puerta de acceso que desde las habitaciones tampoco se ve y que, de todos modos, debía estar asegurada con cadenas, como les dijeron cuando se alojaron. Hay que imaginar que los administradores del hotel podrán  corroborar esta afirmación.

Reiteró que el grupo dormía y estaba en paños menores, una condición inapropiada para lanzar un ataque sorpresa sobre un grupo policial entrenado para operaciones especiales.  Del lado gubernamental, no ha habido explicación para esta rareza.

Los fiscales del gobierno, encabezados por el jurista Sergio Céspedes, ahora piedra angular de la acusación tras la salida de Marcelo Soza, tendrán la pelota de su lado cuando les toque interrogar al acusado al acabar su presentación, a partir del reinicio de la audiencia el 29 de julio. Fue interrumpida el jueves 20 por la vacación judicial y cuando se reinicie habrán pasado 52 meses y 15 días desde que Tóásó y el boliviano croata Mario Tádic están presos.  Se espera que la acusación descubra las pruebas que incriminarían a los acusados de una manera que elimine todas las dudas sobre el caso.

El húngaro-rumano dijo que sospechaba que hubo sobrevivientes. Cuando menos uno, y que a Magyarosi la policía lo dejó morir. ¿“Por qué?”, preguntó. ¿Por qué utilizaron fuerza policiales y no judiciales?”

El húngaro destacó un punto que refrescó la memoria reciente de la audiencia: una grabación en la que una voz, supuestamente del fiscal Soza, destaca que el cuerpo policial ingresó a las habitaciones y,  “pum, pum, pum”,  ejecutó a Dwyer y Magyarosi.  “Es verdad”, dijo. Y agregó: “Sembraron pruebas” para que la versión oficial pudiera sostenerse, dijo, volviendo a citar al audio atribuido a Soza.

La fase surrealista de las últimas sesiones se afianzó cuando mencionó un detalle: durante todo el proceso, nunca tuvo una traducción profesional de sus palabras, inclusive las que en ese momento  dirigía a los magistrados. Para la declaración del 18 de abril ante el fiscal Soza, dos días después de su detención en el hotel,  que aparece en el expediente,  no había nadie que hablase húngaro, ni siquiera inglés que el acusado más o menos entiende y habla. Hizo notar la irregularidad en La Paz a la jueza Betty Yañiquez que un tiempo atendió el caso, pero ésta no le prestó atención. Luego, en una ocasión fue asistido por un cónsul honorario de Hungría en Bolivia, pero el representante no era húngaro y carecía del conocimiento suficiente para diferenciar las sutilezas de toda lengua. Eso lo sabe quienquiera que domina una o más lenguas extranjeras.

Las deficiencias de la traducción fueron percibidas en las últimas dos sesiones y los defensores las hicieron notar ante el juez. El traductor estudió ingeniería mecánica en Hungría hace más de dos décadas y reconoció que tiene dificultades en interpretar al acusado quien, a su vez, dijo que para que su palabra llegue al tribunal debía hablar como hablaría un niño de 10 años. El juez Sixto Fernández pidió a la defensa que trajese un traductor adicional para apoyar al actual.

En un intermedio, Tóásó me dijo que desconfiaba de de la calidad de su traductor, pero que las autoridades no aceptaron pagar un traductor profesional.