Tipnis

Barreras

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El camino para que el presidente Evo Morales pueda aplicar el principio del ¨se le mete nomás¨ en busca de permanecer en el gobierno se ha vuelto más empìnado. Estos días han surgido barreras que parecen haber colcado ese sendero muy próximo a una posición vertical. Su estrategia, dicen los observadores, puede continuar de manera impredecible o rectiificar hacia un retiro elegante. Nada indica que, de inmediato, el mandatario vaya a renunciar a su intento tri-releccionista.

En menos de dos semanas han aterrizado en el escenario politico nacional dos factores que deben haber sacudido sus planes. Primero ocurrió el manifiesto ciudadano Agenda del 21F (por el referendum de febrero del año pasado, cuando la mayoría dijo No al propósito de reformar la constitución para permitir al presidente ser candidato por enésima vez.) A poco vino el ingreso de Jaime Paz Zamora a la arena con el mismo propósito de la A21F y fijó como punto de ruptura oponerse a la construcción de una carretera por el Tipnis que no repara en las secuelas ambientales del proyecto ni en el buen vivir de los habitantes de la zona.

La A21F reiteró también sin ambages una posición ciudadana generalizada contra el plan carretero del gobierno que, por ahora, regresó otra vez en el congelador. El gobierno calibró la avalancha que representaba haber quitado la intangibilidad al territorio cuando, el 9 de agosto, los legisladores oficialistas revirtieron la decision que ellos mismos habían tomado seis años antes, y lo dejaron legalmente interme. Entonces, el presidente Morales declaró que la obra dormiría sin plazo porque no había recursos para construirla.

Que no había más financiamiento externo era algo que ya se sabía cuando los legisladores desnudaron al Tipnis de protección legal. De manera que el ¨no hay dinero¨ equivalió a reconocer que hay una corriente mayoritaria opuesta a su plan, visto más que como una via de infraestructura para unir los dos departamentos, como un claro favorecimiento a la expansion de las áreas cocaleras del Chapare, que el presidente había prometido facilitar. Aquí yace el punto de fricción inevitable pues nadie en el gobierno se ha atrevido a desmentir los estudios que dicen que hasta el 90 por ciento de la coca chapareña tiene un fin ilícito. Léase narcotráfico.

La A21F expresó un compendio de ideas y sentimientos que han estado a flote en el ambiente y tiene la virtud de expresarlos de manera resumida y clara. En contenido y propósitos, es el mismo movimiento que recorrió el país con la meta de parar la tentativa multi-reeleccionista del presidente Morales y culminó a principios del año pasado.  El éxito fue contundente y al principio reconocido, pero el gobierno, en una confirmación de que regímenes de su naturaleza tienden a no irse del gobierno si no son arrancados de él, decidió buscar otras maneras de contornar el muro anti re-re-re-releccionista que se levantó. Igual que Nicolás Maduro, quien, arrinconado por una asamblea legislativa mayoritaria, inventó una constituyente de miembros escogidos a dedo con la que pretende gobernar.  

Concebido en media docena de páginas, el documento con el que la A21F ingresó al escenario politico expuso su objetivo principal: ¨la transición del Estado autoritario y corporativo actual hacia un estado democrático que garantice los derechos de las personas, de los pueblos y de a naturaleza¨, al que agregó una advertencia: ¨Puesto que no hay viabilidad jurídica ni política para los planes de perpetuación de Evo Morales en el poder, las organizaciones de oposición y el propio MAS (el partido de gobierno), deben prepararse para un nuevo proceso de transición¨.

De inmediato, el presidente no dio oídos a la advertencia, que sonó como un consejo de sobria firmeza para evitar mayores tribulaciones al país. Este fin de semana estaba de viaje, acompañado de docenas de militantes de su partido, rumbo a Caracas, para rendir apoyo a Maduro, el gobernante más impopular del continente, de quien el mismo conglomerado ciudadano le había sugerido un alejamiento profiláctico.

Paz Zamora, aún empeñado en obtener reconocimiento legal para su partido ahora bajo el nombre de Unidad 21F MIR, mostró otra punta afilada de la que Morales deberá cuidarse mucho. Jefe de una organización que luchó contra dictaduras y que tiene estructuras en casi todo el país, Paz Zamora se pone al frente de Morales determinado a combatir los nuevos intentos prorroguistas del mandatario. La última semana, estuvo casi todos los días atacando al régimen y condenando el plan carretero por el Tipnis, bajo cuya presidencia ganó el carácter doble de parque nacional y territorio indígena.

Hasta hace solo unos meses, el cielo de Evo Morales parecía más o menos despejado. Ahora las nubes se le han oscurecido y anuncian tiempos de tormentas.

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Trampolines

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Las volteretas de 180 grados ocurren en todas partes. El presidente Donald Trump dio esta semana un trampolín que dejó boquiabierto  a medio mundo, a solo horas de haber intentado parapetar su imagen, deteriorada por él mismo cuando trataba de condenar episodios violentos de racismo en una pequeña comunidad del estado de Virginia.  

El mandatario colocó en el mismo saco a los que sentían sus derechos avasallados y a los ultranacionalistas blancos, neo-nazistas, antijudíos y Ku Klux Klan agrupados bajo un denominador común que pretende que existe una ¨supremacía blanca¨.  El KKK le agradeció  su ¨honestidad y coraje¨ cuando condenó la violencia ¨de muchos lados¨ sin menciones específicas a los grupos ultraderechistas.

Que midiera a todos por igual enardeció incluso a dirigentes de su partido. El mandatario ensayó  el lunes un equilibrio y apuntó por su nombre a los grupos ¨supremacistas¨, uno de cuyos militantes había enfilado su vehículo sobre quienes protestaban contra el racismo extremista. La arremetida aplastó a una mujer y la mató. 

Apuntar a grupos derechistas era demasiado para  el presidente republicano. No pasó un día antes de que volviera retroceder y a condenar sólo genéricamente la violencia. Pero de inmediato no le salió una palabra de condolencias por la muerte de Heather Hayer. Solo días más tarde, ante la avalancha de críticas que le sobrevinieron, dijo que la joven de 32 años era una persona muy especial.

Mientras esas idas y venidas ocurrían en el norte, acá en el sur el partido de gobierno daba su propio trampolín y abrogaba una ley que seis años antes había sancionado bajo la indignación general desatada por una carretera que partirá el corazón del Tipnis, y por la furia de la policía para desbandar una marcha de indígenas indefensos que se oponían a la obra. El presidente Evo Morales fue exultante a Trinidad para firmar la ley, mientras muchos indígenas contemplaban impotentes la inminencia de la obra en su territorio. En Santa Cruz, los indígenas, algunos con ojos enrojecidos, no pudieron evitar que los afiliados al gobierno pasasen a ocupar las oficinas que creyeron suyas por derecho.

Los zigzagueos y trampolines ante cuestiones fundamentales son reprensibles y cuestionan el apoyo a líderes con ese comportamiento, que suele ignorar compromisos y desnuda la ineptitud moral de quienes asumen el papel de dirigentes.

La aprobación de Trump bajaba a niveles inexplorados cuando ocurrió el nuevo entripado y afianzaba la creencia de que está sobre una ruta capaz de llevar rauda a su enjuiciamiento.

En nuestras latitudes, quitar la protección al Tipnis puede haber desatado el saco de los vientos y mejor prepararse para las primeras ventiscas.

De nuevo el Tipnis

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El Tipnis ha vuelto a erigirse en tema de atención nacional ante la inminencia de la construcción de una carretera a través de ese lugar con la venia de los legisladores del gobierno que con un ¨se le mete nomás¨ dieron una voltereta a la decisión que habían tomado hace seis años. Por estos días en 2011, medio millar de habitantes del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure decidió marchar hasta La Paz en un trayecto de 600 kilómetros que duraría poco más de un mes, como recurso extremo para detener la construcción de una carretera que consideraban iba a herir de muerte a su territorio. Los temores de los marchistas cundieron en todo el país, aún más después de que recibieran una paliza inmisericorde de la policía que intentó desbandarlos el 25 de septiembre aquel año. Cuando, por fin, consiguieron subir las alturas y llegar a La Paz, fueron ovacionados por miles de ciudadanos que desbordaron los controles policiales para dar la bienvenida a quienes consideraron como heroes de una epopeya por salvaguardar uno de los pocos rincones naturales que quedan en el mundo.

Presionado por un movimiento genuino de opinión pública que había desbordado el país, cruzaba mares y llegaba a latitudes lejanas donde poco o nada se sabía de Bolivia, el presidente Morales firmó un ley que declaraba al Tipnis un territorio intangible, que no podía ser tocado. Fue la primera vez que un auténtico movimiento social torció el brazo de la primera autoridad nacional. Este pasado miércoles 9 de agosto, los senadores oficialistas levantaron la mano para aprobar la ley que suprimió la intangilidad del lugar y dejaron abierto el camino para construir la carretera por el centro del territorio.

(De este episodio marcante de la historia moderna del país tengo algunos capítulos narrativos y testimoniales en mi libro ¨Labrado en la memoria,  anotaciones de un reportero¨, editado por Plural y expuesto en la Feria del Libro de La Paz que concluye esta semana.)

Creo que el gobierno calculó muy mal si creyó que le saldría barato o gratis abrir la cuestión del Tipnis y tenerla resuelta para la campaña electoral de 2019-20 y la re-re-re con la que la mayoría oficialista parece de nuevo entusiasmada. Le está saliendo costoso. Miren ustedes.

Por las redes sociales abundan llamados para la defensa del lugar. El canción de Luis Rico que destaca el coraje de los habitantes del Tipnis resuena en millares de mensajes que recorren las redes. Junto a la canción, se ha vuelto viral la pintura del artista riberalteño José Moreno Aparicio que muestra en primer plano una paraba multicolor gigante de colores vistosos, que bate las alas como para aventar peligros sobre los que marchaban para llegar a La Paz hace seis años.

Los llamados a favor del parque y contra el status de tangibilidad que le han conferido los legisladores oficialistas parecen destinados a multiplicarse al aproximarse, en septiembre,  el aniversario de la ¨Masacre de Chaparina¨, el lugar donde ocurrió la paliza despiadada ejecutada por la policía y dirigida por autoridades del Ministerio del Interior.

Este movimiento corre independiente de la protesta de los partidos politicos de oposición, que han encontrado en la nueva norma una razón poderosa para actuar en conjunto. Todo cuenta con el aval de una opinion pública cuyo crecimiento luce incontenible, incluso para los propagandistas más empeñosos, pues está recubierta por principios de nobleza indiscutible como la defensa del medio ambiente y la protección de los pueblos indígenas. Son atributos que todo el mundo ama defender. (O casi todo el mundo). A eso se suma el convencimiento de que la carretera por el lugar tiene el propósito de ampliar las áreas de cultivos de coca, una promesa no desmentida del presidente Morales a los miembros de las federaciones que él también preside.

También hay el convencimiento de que no obstante la inquietud ya provocada por el paso dado por el legislativo, el debate no ha llegado a su fin y que la controversia reabierta está solo en sus comienzos. En el umbral parecen haber surgido batallas ecológicas y políticas con bajas cuya magnitude aún se desconoce.

El pintor del Tipnis

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La curiosidad de un profesor y un jalón de orejas fueron la mano del destino que llevó a José Moreno Aparicio a encontrar su pasión artística y con los años a proyectar las figuras de sus sueños infantiles convirtiéndolas en pinturas que asombran por la vivacidad de los colores y lo genuino de sus paisajes. Sin percatarse, estuvo librando durante años una lucha entre sus propias habilidades antes de encaminarse por la que se impondría y que hoy engalanan salas en Santa Cruz, México, Brasil y residencias privadas de otros países.
Con 60 años a cumplir en abril y ahora pintor consagrado, José Moreno Aparicio parece cobijado por la sombra del ave gigante, la guacamaya o la paraba rojo-azul que bate sus alas sobre una marcha de hombres de las tierras bajas como para darles protección y aventar a los enemigos del lugar. Con ese cuadro, ahora en posesión de una familia particular en Santa Cruz, Moreno Aparicio consolidó el entrelazamiento de su arte con la defensa del medio ambiente. No ha vuelto abordar el tema de la marcha de los pobladores del Tipnis, que escindió las relaciones del gobierno con los pueblos indígenas del oriente y norte de Bolivia, pero la atmósfera húmeda y ardiente de la selva permea el estilo de gran parte de sus telas.
Conversé con el pintor tras haber visto en una casa de amigos de Santa Cruz algunos de sus cuadros y visitar la exposición que presentaba hace un par de meses en la sala de Cainco (Cámara de Industria y Comercio), donde eran también destacadas las obras de otros riberalteños. (Es curiosa la vocación artística natural de los nacidos en aquella ciudad, a veces identificada con paisajes del Edén o con una extensión imaginaria del paraíso).
Maciso, bajo de estatura y luciendo una guayabera de lino celeste, José Moreno Aparicio me contó que había pintado cuanto le pidieron: techos, paredes y hasta cruces en el cementerio, donde su letra gótica fina era buscada para homenajear con elegancia a parientes, amigos o conocidos ya difuntos. A los 13 años trabajaba de albañil con su padre y hacía adobes, rellenaba paredes con barro en los tabiques y colocaba techos, en la trilla de un oficio de construcción que se mantiene inalterable por generaciones. Le trajeron tutumas para pintar, después caparazón de tortugas y por último discos de 78 rpm, que fueron el orgullo de familias que podían darse el lujo de una vitrola. Una cubierta con paisajes coloridos del disco que registraba la música favorita era una exclusividad privilegiada que ganó simpatías en el lugar y trajo alivio a los bolsillos desnutridos del naciente artista.
Aún estaba en el ciclo primario de educación cuando una vocación innata de arreglar lo arreglable lo llevó a reparar anafes de la casa que oficiaban de hornillas para cocinar y tiempo más tarde a reparar la máquina de coser en la que su madre quemaba los ojos para ganar el sustento de ocho hijos. Empeñado en darle un respiro, el joven Moreno Aparicio empezó a reparar los anafes de la casa y a manejar el hierro candente para derretir metales y soldar piezas rotas. Ahí comenzó una historia que décadas después se iba a plasmar en las pinturas vistosas y paisajes con los colores lujuriosos del vientre tropical que albergan algunas galerías y domicilios privados de muchos lugares. ¿Cómo pasó de allí a manejar los colores con destreza? Uno nunca lleva apuntes para subrayar los cambios decisivos en la ruta del destino pero Moreno Aparicio dice que todo le servía para pintar, inclusive los rizos de sus hermanas, que guardaba para hacer pinceles finos para trazados delicados.
En esa misma ruta artística apareció el trabajo en barro greda, entonces abundante en los pauros de las que eran las ¨afueras¨ de Riberalta (ahora a solo pocas cuadras de la plaza principal). Y, recuerda, se le ocurrió moldear cabezas de sus profesores. Ya tenía varias en fila al pie de una pared de la casa donde se había instalado en diagonal al edificio del colegio cuando cruzó por su destino la curiosidad de Rubén Darío Parada, declamador eximio y figura señera de la educación en Riberalta.
El espigado profesor estaba intrigado por las entradas y salidas tan frecuentes del alumno que apenas ingresaba al ciclo secundario y quería saber el motivo de sus trajines cada vez que había intermedio en las clases. Desde el piso superior del colegio, en medio de los dos grandes barrios de la ciudad, lo veía salir corriendo y una vez se dispuso a averiguar el porqué.
Recuerda el pintor que el profesor quedó sorprendido al encontrarse al pie de la pared con media docena de bustos, ente ellos el suyo, de casi todo el elenco de profesores del colegio. Acababa de develar el secreto de las salidas furtivas del estudiante. De ahí, dice el pintor, se forjó una relación sólida entre el alumno y el maestro que vincularía a ambos por el resto de sus vidas. El professor murió hace algún tiempo pero su nombre está vivo en la ciudad: evoca las grandes épocas de la educación en el noroeste boliviano.
¨El profesor Ñaño confió en mí¨, recordó, y cuando surgió un ítem para enseñar artes se lo hizo saber. Moreno Aparicio, que aún no era bachiller, postuló y a los pocos meses era nombrado maestro en su colegio. ¨Fue un salto con garrocha¨, dijo, pues de golpe ganaba en status y conseguía un sueldo mensual que lo sacaría de las apreturas financieras. Al poco tiempo se vino a Santa Cruz para estudiar bellas artes y reunirse con parte de su familia (había enviado a la capital oriental a una hermana y a su madre). Fue otro salto cualitativo.
En Santa Cruz estudió teatro bajo la dirección de Elías Serrano y forjó muchas amistades. Finalizaba la década de 1970 y ganó una beca para ir a Rio de Janeiro donde estuvo seis meses. Ahí tuvo, en su evocación, el mayor avance cualitativo de su carrera. Red Globo entrevistaba a jóvenes artistas y reparó en sus trabajos, casi todos guiados por el estilo Naif. Días después lo llamaban desde las oficinas de Roberto Marinho, el patriarca dueño de Red Globo. Le ofrecían un trabajo desafiante: revivir paisajes de Cabo Frio, la costa del Atlántico donde residía el magnate, en base a las memorias que contarían los pobladores más ancianos del lugar. Los ancianos describían el paisaje y Moreno Aparicio procuraba retratarlos. Instalado en el lugar, el pintor conoció a personalidades de las artes y del espectáculo brasileños.
De vuelta en Bolivia, con la madurez lograda en Rio, pintó con entusiasmo y se fue a La Paz con algunos de sus cuadros. Intentó exponer, pero se encontró con que abrirse camino en la capital política del país era demasiado cuesta arriba. Recuerda que le dijeron que en las salas oficiales de exposiciones ¨no había espacio para benianos¨.
Se le ocurrió ir a la Embajada de México, donde había un salón de exposiciones que en esos días hospedaría obras de algunos artistas. No tuvo suerte inmediata, pero al salir del lugar con un amigo que lo acompañaba, acomodó en la vereda los tres cuadros que había traído, cuando otro golpe del destino hizo que estacionara, a pocos pasos, un vehículo con placa diplomatica.
No lo sabía, pero era el Embajador de México, quien al ver los cuadros le preguntó qué hacía allí. En pocos minutos, Moreno Aparicio contaba con un pequeño cubículo donde expondría sus telas, gracias a la intervención de Marcelo Vargas, hijo del cantante Pedro Vargas cuya voz perpetuó ¨Vereda Tropical¨ y cientos de otras canciones. Pese al desdén de algunos funcionarios de las bellas artes nacionales, la exposición resultó no sólo en la venta de casi todos sus cuadros sino en llegar hasta México (¨nadie es profeta en su tierra¨), donde se instaló y tras coincidencias sucesivas acabó radicándose. Ahora vive, dice, entre Cuernavaca y Puerto Vallarta y cuando viene a Bolivia se queda meses, va a Riberalta y Guayaramerín, dicta clases y seminarios y se envuelve en proyectos de nuevas telas. Ahora espera desarrollar pasantías para jóvenes pintores orientales con suficiente talento como para abrirse camino. Moreno Aparicio cree ellos pueden reproducir su historia.

Eclipse y tramonto

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La suspensión de Dilma Rousseff como presidente de Brasil y la asunción de su vicepresidente Michel Temer son un golpe mayúsculo para las tendencias de izquierda en el continente y tal vez el campanazo final para el Socialismo del Siglo XXI que hace una década estuvo cerca de cubrir toda la región sudamericana.

El impacto del cambio que se ha dado en el gigante latinoamericano se aprecia en la reacción de los líderes gobernantes de Venezuela y Bolivia, para quienes el cambio que se da en Brasil luce como un aviso muy claro de que se acabaron los días de vino y rosas en los que el gobierno del PT condonaba comportamientos de algunos de sus vecinos reñidos con la democracia. El mandato superior era favorecer un discurso regional bajo el signo de una izquierda de colores variados que iban desde el rojo intenso cubano hasta el rosado liviano de Chile y Uruguay.

Con los colores ideológicos de Cuba cada vez más opacados parece inevitable el tramonto del movimiento ¨sin miedo de ser feliz¨ que acabó eclipsando las esperanzas que había despertado en millones y que en los últimos dos años volvieron militante la disconformidad con un gobierno que presidió la mayor contracción económica de Brasil en un siglo.

Nicolás Maduro, en Venezuela, envió un abrazo solidario a su colega al denunciar que con su apartamiento se había consumado ¨la primera parte de un golpe de estado¨. Como para curarse salud afirmó que ahora le tocará a Venezuela, acorralada en la peor crisis económica y social de su historia, con índices de criminalidad insoportables y una escasez generalizada tan aguda como la de países europeos durante la Segunda Guerra Mundial. Más que alertar, la advertencia de Maduro puede haber parecido una esperanza para muchos de sus compatriotas.

El presidente Evo Morales también rechazó el ¨golpe legislativo¨ a la colega que nunca visitó Bolivia como Jefe de Estado. El mandatario nacional no consiguió que Rousseff olvidase la afrenta que para el establecimiento político brasileño representó la toma militar de las instalaciones de Petrobras en 2006.

Salvo las manifestaciones personales y no institucionales de Maduro y Morales, ninguno de los socios brasileños en Mercosur acogió especulaciones sobre la aplicación de la ¨cláusula democrática¨ que le permitió a ese organismo suspender a Paraguay en 2012 para dar curso al ingreso de Venezuela. Portavoces del grupo subrayaron que el proceso que derivó en el enjuiciamiento de la presidente suspendida fue cumplido dentro de las normas democráticas.

En el trópico central boliviano, al norte de Cochabamba, poblaciones autóctonas y ecologistas podrían celebrar lo que ocurre en el vecino país. José Serra, el ex ministro de Salud de Fernando Henrique Cardoso, fue uno de los mayores críticos brasileños de la carretera por el Tipnis, cuyas obras ejecutaba la empresa brasileña OAS, con financiamiento del BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social).

Serra calificó esa obra como una ¨transcocalera¨ que aumentaría el flujo de drogas hacia su país. Ahora ha sido designado Canciller por Michel Temer, en el equipo de gobierno que regirá Brasil hasta fines de 2018, el período que le restaría Dilma Rousseff, y es improbable que hubiese cambiado de idea.

Uno de los acuerdos políticos que llevaron a la formación del ¨gobierno de salvación nacional¨, como ha sido designado el de Temer, sería que éste no propiciaría su candidatura presidencial. Con muy pocos dispuestos a apostar por un improbable retorno de Dilma Rousseff al cabo del juicio de responsabilidades en el Senado, no sería sorprendente que Serra acabe catapultado hacia la presidencia en las eventuales elecciones de fines de 2018.

Igual ocurrió con Cardoso. De Ministro de Itamar Franco, quien como vicepresidente asumió el mando con la renuncia del también enjuiciado Fernando Collor, Cardozo acabó electo presidente e implantó  severas medidas económicas bajo cuyo signo aún se maneja Brasil.

En las horas siguientes a la asunción temporal de Temer, se especulaba sobre medidas austeras ¨a-la-Paz-Estenssoro¨ que el gobierno se propondría ejecutar para revivir la economía del gigante sudamericano.

No había duda entre los observadores que el tambaleante equilibrio geopolítico regional ha tenido un nuevo desplazamiento. Con el triunfo de Mauricio Macri en Argentina, el cuadro de la región cambió. A eso siguió el revés aplastante de Maduro en las elecciones legislativas de diciembre, seguido por la derrota de Evo Morales en el referéndum del 21 de febrero, en el que esperaba apuntalar la aspiración para una nueva reelección que le habría dado la oportunidad de cumplir dos décadas en la presidencia.

Con el ecuatoriano Rafael Correa de partida y sin pretensiones reeleccionistas, el espacio geopolítico de Morales y Maduro luce asfixiante. Una apuesta abultada entre las cancillerías de la región es sobre si lograrán capear la tormenta.

(*) Esta entrada fue escrita en la mañana del viernes 13 de mayo. La publivcs hoy El Diario, de La Paz-

Aristas

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En días que el gobierno querría que fuesen tranquilos, han empezado a afirmarse focos de controversia destinados a crecer en momentos en que el Papa Francisco ya está en tierra sudamericana y se aproxima el momento de su llegada a Bolivia. Las aristas conflictivas afiladas a lo largo de años que se manifiestan estos días contrastan con los esfuerzos de las autoridades por rodear la presencia de Pontífice de un clima de concordia.

A unos cientos de metros de las vallas oficiales que saludan al Santo Padre desde un escenario conmovedor  por su sencillez y expresivo de la profunda cultura religiosa que plantaron los misioneros jesuitas de la colonia, se alzan otras que celebran la presencia del Papa Bergoglio y reclaman una amnistía como paso de reencuentro entre bolivianos. Flanqueado por banderas verde-blanco de Santa Cruz, y un diseño del perfil del Pontífice, estaba este fin de semana un pedido adherido a los vidrios de gran número de vehículos: “Papa Francisco: Intercede por nuestros familiares, refugiados, presos y perseguidos políticos”.

La oportunidad que ofrece la visita del Pontífice repercutió con fuerza el jueves en el Juicio del Siglo, donde un abogado defensor sugirió sorpresivamente una amnistía que decretaría el  Presidente Evo Morales bajo prerrogativas establecidas por la Constitución Política del Estados. Francisco Aróstegui, el ex prefecto de Santa Cruz, planteó esa mañana, apenas iniciada la audiencia, que la amnistía fuese solicitada al presidente en conjunto por la defensa y por los propios fiscales, ante la insólita extensión del proceso, con más de seis años desde sus orígenes, el 16 de abril de 2009 con el asalto al Hotel Las Américas.

“Fue como hablarle a mudos”, dijo después, al recalcar que los fiscales no respondieron de inmediato a la propuesta. Aróstegui dijo que veía esa posibilidad como una forma legal y expeditiva de resolver el proceso aletargado como pocos en la historia del país. Uno solo de 41 testigos lleva más de tres meses declarando y a ese ritmo “verán llegar a sus bisnietos y tataranietos sin que ocurra una solución”, dijo. De 39 acusados, cuatro siguen en prisión preventiva en San Pedro (La Paz) y Palmasola (Santa Cruz) y cinco recuperaron la libertad tras declararse culpables tras años en la prisión desde la que proclamaron inocencia. (Uno de ellos, acaba de afirmar ante el Parlamento Europeo que no hubo un enfrentamiento entre la policía y ocupantes del hotel, a diferencia de la tesis oficial que sostiene que la policía fue la atacada). Los demás están en el exilio.

Con una magnitud igual o mayor, se desplaza la controversia sobre el TIPNIS. La determinación del gobierno de abrir una carretera por el corazón de ese lugar entre el norte de Cochabamba y el sur del Beni marcó una ruptura con indígenas del oriente boliviano y definió prioridades oficiales superiores a los discursos para preservar la naturaleza. Los indígenas que se opusieron a la carretera y pagaron con una paliza brutal que indignó a ecologistas en todo el mundo, se proponen denunciar la persistencia de los planes para atravesar el lugar y buscan la manera de llegar con su mensaje hasta el Sumo Pontífice. Con cartas oficiales a la Nunciatura Apostólica, la Conferencia Episcopal y al Cardenal Julio Terrazas, han pedido ayuda para hablar ante el Papa Francisco sobre “los problemas de las nacionalidades indígenas” y denunciar que “se siguen violando los derechos de los pueblos indígenas”.

El tema es particularmente sensible para el Papa, que hace solo pocas semanas  divulgó una carta encíclica para la preservación de la naturaleza.  “A los gobiernos se les vende un discurso que no corresponde a la realidad”, dijo Adolfo Chávez de la CIDOB (Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente de Bolivia). Con el tema que representan, opuestos al recorrido de la carretera, los indígenas amazónicos esperan llamar la atención sobre el problema y llevar al gobierno a reorientar su mayor proyecto carretero.

“Es una oportunidad de mostrar esta agresión contra nosotros y la naturaleza”, dijo Lázaro Tacoó,  también de la CIDOB. En el lugar se extiende por unos  9.000 kilómetros cuadrados donde viven más de 4.000 indígenas agrupados en unas 60 comunidades. La mayoría vive de la caza y la pesca y del comercio entre comunidades. En busca de frenar los planes del gobierno realizaron dos marchas con un recorrido de más 600 kilómetros desde el lugar hasta La Paz.

A la controversia se ha sumado la autorización  del gobierno para que empresas petroleras exploren en busca de hidrocarburos en una veintena de parques naturales. La apertura hacia una industria frecuentemente en conflicto con los ambientalistas ha traído a la discusión el estado del sector petrolero nacional, hoy responsable de la mayor tajada de ingresos de divisas y de impuestos que tiene el país. El tema merece ser tratado en otra oportunidad.

Otra vez el Tipnis

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En una decisión que reactiva la alarma de los ambientalistas, el gobierno ha dicho que se propone retomar este año la construcción de una carretera por el Tipnis, la obra más controvertida de la historia nacional.

Al tenor de noticias recientes, ejecuta los trabajos una Fuerza Binacional de Ingeniería Social Bolivia Venezuela de la que poco se ha hablado y que este año deberá construir 1.500 kilómetros de carreteras asfaltadas en Beni y Pando. Es una extensión respetable, sin precedentes para solo un año, aun de vías sencillas doble carril. Unos 60 kilómetros de la carretera hacia San Ignacio de Mojos traen un costo ambiental inaceptable para muchos bolivianos. Incluyen el tramo destinado a atravesar el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure que un millar de indígenas originarios encumbró en la conciencia ecológica del mundo como trinchera de la defensa de las reservas naturales.

Paralizado desde hace tres años, al arreciar las simpatías hacia los habitantes originarios del Tipnis y la furia por la represión sobre quienes marcharon en 2011 para defenderlo (aún no está muy clara la ruptura de la “cadena de mando” que desencadenó la brutal paliza), el presidente ha anunciado el reinicio del emprendimiento, dormido por las campañas electorales recientes.

Apoyados en una consulta posterior (previa, dispone la ley) los colonizadores de un quinto de los 12.000 Km2 del Tipnis, ahora se movilizan por la construcción, en tanto que nativos originarios han dicho que preparan  otra marcha para llegar hasta la sede de la comisión interamericana de derechos humanos, en Washington.

La controversia en torno a la obra que irritaba a ambientalistas por doquier   inviabilizó un financiamiento de 332 millones de dólares acordado por Brasil mediante su Banco de Desarrollo. El gobierno boliviano dispuso entonces cubrir todos los costos con recursos propios. La controversia está atizada por la presencia de sembradores de coca entre los colonos y el temor de que la carretera aumente sembradíos y materia prima para las drogas. Dirigentes del lugar contrarios a la obra han dicho que legiones de cocaleros ingresarán al Tipnis apenas esté expedita la ruta, que aseguran les prometió el presidente Morales en la campaña para su primera elección.

La agitación derivada del proyecto reconfirma una realidad que algunos preferirían ignorar: un tema que marcará huella en el registro positivo o negativo de la historia será la actitud de los dirigentes del gobierno ante el Tipnis. Por lo que se lee, datos fundamentales para esa historia están siendo escritos estos días.