Tipnis

El pintor del Tipnis

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La curiosidad de un profesor y un jalón de orejas fueron la mano del destino que llevó a José Moreno Aparicio a encontrar su pasión artística y con los años a proyectar las figuras de sus sueños infantiles convirtiéndolas en pinturas que asombran por la vivacidad de los colores y lo genuino de sus paisajes. Sin percatarse, estuvo librando durante años una lucha entre sus propias habilidades antes de encaminarse por la que se impondría y que hoy engalanan salas en Santa Cruz, México, Brasil y residencias privadas de otros países.
Con 60 años a cumplir en abril y ahora pintor consagrado, José Moreno Aparicio parece cobijado por la sombra del ave gigante, la guacamaya o la paraba rojo-azul que bate sus alas sobre una marcha de hombres de las tierras bajas como para darles protección y aventar a los enemigos del lugar. Con ese cuadro, ahora en posesión de una familia particular en Santa Cruz, Moreno Aparicio consolidó el entrelazamiento de su arte con la defensa del medio ambiente. No ha vuelto abordar el tema de la marcha de los pobladores del Tipnis, que escindió las relaciones del gobierno con los pueblos indígenas del oriente y norte de Bolivia, pero la atmósfera húmeda y ardiente de la selva permea el estilo de gran parte de sus telas.
Conversé con el pintor tras haber visto en una casa de amigos de Santa Cruz algunos de sus cuadros y visitar la exposición que presentaba hace un par de meses en la sala de Cainco (Cámara de Industria y Comercio), donde eran también destacadas las obras de otros riberalteños. (Es curiosa la vocación artística natural de los nacidos en aquella ciudad, a veces identificada con paisajes del Edén o con una extensión imaginaria del paraíso).
Maciso, bajo de estatura y luciendo una guayabera de lino celeste, José Moreno Aparicio me contó que había pintado cuanto le pidieron: techos, paredes y hasta cruces en el cementerio, donde su letra gótica fina era buscada para homenajear con elegancia a parientes, amigos o conocidos ya difuntos. A los 13 años trabajaba de albañil con su padre y hacía adobes, rellenaba paredes con barro en los tabiques y colocaba techos, en la trilla de un oficio de construcción que se mantiene inalterable por generaciones. Le trajeron tutumas para pintar, después caparazón de tortugas y por último discos de 78 rpm, que fueron el orgullo de familias que podían darse el lujo de una vitrola. Una cubierta con paisajes coloridos del disco que registraba la música favorita era una exclusividad privilegiada que ganó simpatías en el lugar y trajo alivio a los bolsillos desnutridos del naciente artista.
Aún estaba en el ciclo primario de educación cuando una vocación innata de arreglar lo arreglable lo llevó a reparar anafes de la casa que oficiaban de hornillas para cocinar y tiempo más tarde a reparar la máquina de coser en la que su madre quemaba los ojos para ganar el sustento de ocho hijos. Empeñado en darle un respiro, el joven Moreno Aparicio empezó a reparar los anafes de la casa y a manejar el hierro candente para derretir metales y soldar piezas rotas. Ahí comenzó una historia que décadas después se iba a plasmar en las pinturas vistosas y paisajes con los colores lujuriosos del vientre tropical que albergan algunas galerías y domicilios privados de muchos lugares. ¿Cómo pasó de allí a manejar los colores con destreza? Uno nunca lleva apuntes para subrayar los cambios decisivos en la ruta del destino pero Moreno Aparicio dice que todo le servía para pintar, inclusive los rizos de sus hermanas, que guardaba para hacer pinceles finos para trazados delicados.
En esa misma ruta artística apareció el trabajo en barro greda, entonces abundante en los pauros de las que eran las ¨afueras¨ de Riberalta (ahora a solo pocas cuadras de la plaza principal). Y, recuerda, se le ocurrió moldear cabezas de sus profesores. Ya tenía varias en fila al pie de una pared de la casa donde se había instalado en diagonal al edificio del colegio cuando cruzó por su destino la curiosidad de Rubén Darío Parada, declamador eximio y figura señera de la educación en Riberalta.
El espigado profesor estaba intrigado por las entradas y salidas tan frecuentes del alumno que apenas ingresaba al ciclo secundario y quería saber el motivo de sus trajines cada vez que había intermedio en las clases. Desde el piso superior del colegio, en medio de los dos grandes barrios de la ciudad, lo veía salir corriendo y una vez se dispuso a averiguar el porqué.
Recuerda el pintor que el profesor quedó sorprendido al encontrarse al pie de la pared con media docena de bustos, ente ellos el suyo, de casi todo el elenco de profesores del colegio. Acababa de develar el secreto de las salidas furtivas del estudiante. De ahí, dice el pintor, se forjó una relación sólida entre el alumno y el maestro que vincularía a ambos por el resto de sus vidas. El professor murió hace algún tiempo pero su nombre está vivo en la ciudad: evoca las grandes épocas de la educación en el noroeste boliviano.
¨El profesor Ñaño confió en mí¨, recordó, y cuando surgió un ítem para enseñar artes se lo hizo saber. Moreno Aparicio, que aún no era bachiller, postuló y a los pocos meses era nombrado maestro en su colegio. ¨Fue un salto con garrocha¨, dijo, pues de golpe ganaba en status y conseguía un sueldo mensual que lo sacaría de las apreturas financieras. Al poco tiempo se vino a Santa Cruz para estudiar bellas artes y reunirse con parte de su familia (había enviado a la capital oriental a una hermana y a su madre). Fue otro salto cualitativo.
En Santa Cruz estudió teatro bajo la dirección de Elías Serrano y forjó muchas amistades. Finalizaba la década de 1970 y ganó una beca para ir a Rio de Janeiro donde estuvo seis meses. Ahí tuvo, en su evocación, el mayor avance cualitativo de su carrera. Red Globo entrevistaba a jóvenes artistas y reparó en sus trabajos, casi todos guiados por el estilo Naif. Días después lo llamaban desde las oficinas de Roberto Marinho, el patriarca dueño de Red Globo. Le ofrecían un trabajo desafiante: revivir paisajes de Cabo Frio, la costa del Atlántico donde residía el magnate, en base a las memorias que contarían los pobladores más ancianos del lugar. Los ancianos describían el paisaje y Moreno Aparicio procuraba retratarlos. Instalado en el lugar, el pintor conoció a personalidades de las artes y del espectáculo brasileños.
De vuelta en Bolivia, con la madurez lograda en Rio, pintó con entusiasmo y se fue a La Paz con algunos de sus cuadros. Intentó exponer, pero se encontró con que abrirse camino en la capital política del país era demasiado cuesta arriba. Recuerda que le dijeron que en las salas oficiales de exposiciones ¨no había espacio para benianos¨.
Se le ocurrió ir a la Embajada de México, donde había un salón de exposiciones que en esos días hospedaría obras de algunos artistas. No tuvo suerte inmediata, pero al salir del lugar con un amigo que lo acompañaba, acomodó en la vereda los tres cuadros que había traído, cuando otro golpe del destino hizo que estacionara, a pocos pasos, un vehículo con placa diplomatica.
No lo sabía, pero era el Embajador de México, quien al ver los cuadros le preguntó qué hacía allí. En pocos minutos, Moreno Aparicio contaba con un pequeño cubículo donde expondría sus telas, gracias a la intervención de Marcelo Vargas, hijo del cantante Pedro Vargas cuya voz perpetuó ¨Vereda Tropical¨ y cientos de otras canciones. Pese al desdén de algunos funcionarios de las bellas artes nacionales, la exposición resultó no sólo en la venta de casi todos sus cuadros sino en llegar hasta México (¨nadie es profeta en su tierra¨), donde se instaló y tras coincidencias sucesivas acabó radicándose. Ahora vive, dice, entre Cuernavaca y Puerto Vallarta y cuando viene a Bolivia se queda meses, va a Riberalta y Guayaramerín, dicta clases y seminarios y se envuelve en proyectos de nuevas telas. Ahora espera desarrollar pasantías para jóvenes pintores orientales con suficiente talento como para abrirse camino. Moreno Aparicio cree ellos pueden reproducir su historia.

Eclipse y tramonto

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La suspensión de Dilma Rousseff como presidente de Brasil y la asunción de su vicepresidente Michel Temer son un golpe mayúsculo para las tendencias de izquierda en el continente y tal vez el campanazo final para el Socialismo del Siglo XXI que hace una década estuvo cerca de cubrir toda la región sudamericana.

El impacto del cambio que se ha dado en el gigante latinoamericano se aprecia en la reacción de los líderes gobernantes de Venezuela y Bolivia, para quienes el cambio que se da en Brasil luce como un aviso muy claro de que se acabaron los días de vino y rosas en los que el gobierno del PT condonaba comportamientos de algunos de sus vecinos reñidos con la democracia. El mandato superior era favorecer un discurso regional bajo el signo de una izquierda de colores variados que iban desde el rojo intenso cubano hasta el rosado liviano de Chile y Uruguay.

Con los colores ideológicos de Cuba cada vez más opacados parece inevitable el tramonto del movimiento ¨sin miedo de ser feliz¨ que acabó eclipsando las esperanzas que había despertado en millones y que en los últimos dos años volvieron militante la disconformidad con un gobierno que presidió la mayor contracción económica de Brasil en un siglo.

Nicolás Maduro, en Venezuela, envió un abrazo solidario a su colega al denunciar que con su apartamiento se había consumado ¨la primera parte de un golpe de estado¨. Como para curarse salud afirmó que ahora le tocará a Venezuela, acorralada en la peor crisis económica y social de su historia, con índices de criminalidad insoportables y una escasez generalizada tan aguda como la de países europeos durante la Segunda Guerra Mundial. Más que alertar, la advertencia de Maduro puede haber parecido una esperanza para muchos de sus compatriotas.

El presidente Evo Morales también rechazó el ¨golpe legislativo¨ a la colega que nunca visitó Bolivia como Jefe de Estado. El mandatario nacional no consiguió que Rousseff olvidase la afrenta que para el establecimiento político brasileño representó la toma militar de las instalaciones de Petrobras en 2006.

Salvo las manifestaciones personales y no institucionales de Maduro y Morales, ninguno de los socios brasileños en Mercosur acogió especulaciones sobre la aplicación de la ¨cláusula democrática¨ que le permitió a ese organismo suspender a Paraguay en 2012 para dar curso al ingreso de Venezuela. Portavoces del grupo subrayaron que el proceso que derivó en el enjuiciamiento de la presidente suspendida fue cumplido dentro de las normas democráticas.

En el trópico central boliviano, al norte de Cochabamba, poblaciones autóctonas y ecologistas podrían celebrar lo que ocurre en el vecino país. José Serra, el ex ministro de Salud de Fernando Henrique Cardoso, fue uno de los mayores críticos brasileños de la carretera por el Tipnis, cuyas obras ejecutaba la empresa brasileña OAS, con financiamiento del BNDES (Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social).

Serra calificó esa obra como una ¨transcocalera¨ que aumentaría el flujo de drogas hacia su país. Ahora ha sido designado Canciller por Michel Temer, en el equipo de gobierno que regirá Brasil hasta fines de 2018, el período que le restaría Dilma Rousseff, y es improbable que hubiese cambiado de idea.

Uno de los acuerdos políticos que llevaron a la formación del ¨gobierno de salvación nacional¨, como ha sido designado el de Temer, sería que éste no propiciaría su candidatura presidencial. Con muy pocos dispuestos a apostar por un improbable retorno de Dilma Rousseff al cabo del juicio de responsabilidades en el Senado, no sería sorprendente que Serra acabe catapultado hacia la presidencia en las eventuales elecciones de fines de 2018.

Igual ocurrió con Cardoso. De Ministro de Itamar Franco, quien como vicepresidente asumió el mando con la renuncia del también enjuiciado Fernando Collor, Cardozo acabó electo presidente e implantó  severas medidas económicas bajo cuyo signo aún se maneja Brasil.

En las horas siguientes a la asunción temporal de Temer, se especulaba sobre medidas austeras ¨a-la-Paz-Estenssoro¨ que el gobierno se propondría ejecutar para revivir la economía del gigante sudamericano.

No había duda entre los observadores que el tambaleante equilibrio geopolítico regional ha tenido un nuevo desplazamiento. Con el triunfo de Mauricio Macri en Argentina, el cuadro de la región cambió. A eso siguió el revés aplastante de Maduro en las elecciones legislativas de diciembre, seguido por la derrota de Evo Morales en el referéndum del 21 de febrero, en el que esperaba apuntalar la aspiración para una nueva reelección que le habría dado la oportunidad de cumplir dos décadas en la presidencia.

Con el ecuatoriano Rafael Correa de partida y sin pretensiones reeleccionistas, el espacio geopolítico de Morales y Maduro luce asfixiante. Una apuesta abultada entre las cancillerías de la región es sobre si lograrán capear la tormenta.

(*) Esta entrada fue escrita en la mañana del viernes 13 de mayo. La publivcs hoy El Diario, de La Paz-

Aristas

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En días que el gobierno querría que fuesen tranquilos, han empezado a afirmarse focos de controversia destinados a crecer en momentos en que el Papa Francisco ya está en tierra sudamericana y se aproxima el momento de su llegada a Bolivia. Las aristas conflictivas afiladas a lo largo de años que se manifiestan estos días contrastan con los esfuerzos de las autoridades por rodear la presencia de Pontífice de un clima de concordia.

A unos cientos de metros de las vallas oficiales que saludan al Santo Padre desde un escenario conmovedor  por su sencillez y expresivo de la profunda cultura religiosa que plantaron los misioneros jesuitas de la colonia, se alzan otras que celebran la presencia del Papa Bergoglio y reclaman una amnistía como paso de reencuentro entre bolivianos. Flanqueado por banderas verde-blanco de Santa Cruz, y un diseño del perfil del Pontífice, estaba este fin de semana un pedido adherido a los vidrios de gran número de vehículos: “Papa Francisco: Intercede por nuestros familiares, refugiados, presos y perseguidos políticos”.

La oportunidad que ofrece la visita del Pontífice repercutió con fuerza el jueves en el Juicio del Siglo, donde un abogado defensor sugirió sorpresivamente una amnistía que decretaría el  Presidente Evo Morales bajo prerrogativas establecidas por la Constitución Política del Estados. Francisco Aróstegui, el ex prefecto de Santa Cruz, planteó esa mañana, apenas iniciada la audiencia, que la amnistía fuese solicitada al presidente en conjunto por la defensa y por los propios fiscales, ante la insólita extensión del proceso, con más de seis años desde sus orígenes, el 16 de abril de 2009 con el asalto al Hotel Las Américas.

“Fue como hablarle a mudos”, dijo después, al recalcar que los fiscales no respondieron de inmediato a la propuesta. Aróstegui dijo que veía esa posibilidad como una forma legal y expeditiva de resolver el proceso aletargado como pocos en la historia del país. Uno solo de 41 testigos lleva más de tres meses declarando y a ese ritmo “verán llegar a sus bisnietos y tataranietos sin que ocurra una solución”, dijo. De 39 acusados, cuatro siguen en prisión preventiva en San Pedro (La Paz) y Palmasola (Santa Cruz) y cinco recuperaron la libertad tras declararse culpables tras años en la prisión desde la que proclamaron inocencia. (Uno de ellos, acaba de afirmar ante el Parlamento Europeo que no hubo un enfrentamiento entre la policía y ocupantes del hotel, a diferencia de la tesis oficial que sostiene que la policía fue la atacada). Los demás están en el exilio.

Con una magnitud igual o mayor, se desplaza la controversia sobre el TIPNIS. La determinación del gobierno de abrir una carretera por el corazón de ese lugar entre el norte de Cochabamba y el sur del Beni marcó una ruptura con indígenas del oriente boliviano y definió prioridades oficiales superiores a los discursos para preservar la naturaleza. Los indígenas que se opusieron a la carretera y pagaron con una paliza brutal que indignó a ecologistas en todo el mundo, se proponen denunciar la persistencia de los planes para atravesar el lugar y buscan la manera de llegar con su mensaje hasta el Sumo Pontífice. Con cartas oficiales a la Nunciatura Apostólica, la Conferencia Episcopal y al Cardenal Julio Terrazas, han pedido ayuda para hablar ante el Papa Francisco sobre “los problemas de las nacionalidades indígenas” y denunciar que “se siguen violando los derechos de los pueblos indígenas”.

El tema es particularmente sensible para el Papa, que hace solo pocas semanas  divulgó una carta encíclica para la preservación de la naturaleza.  “A los gobiernos se les vende un discurso que no corresponde a la realidad”, dijo Adolfo Chávez de la CIDOB (Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente de Bolivia). Con el tema que representan, opuestos al recorrido de la carretera, los indígenas amazónicos esperan llamar la atención sobre el problema y llevar al gobierno a reorientar su mayor proyecto carretero.

“Es una oportunidad de mostrar esta agresión contra nosotros y la naturaleza”, dijo Lázaro Tacoó,  también de la CIDOB. En el lugar se extiende por unos  9.000 kilómetros cuadrados donde viven más de 4.000 indígenas agrupados en unas 60 comunidades. La mayoría vive de la caza y la pesca y del comercio entre comunidades. En busca de frenar los planes del gobierno realizaron dos marchas con un recorrido de más 600 kilómetros desde el lugar hasta La Paz.

A la controversia se ha sumado la autorización  del gobierno para que empresas petroleras exploren en busca de hidrocarburos en una veintena de parques naturales. La apertura hacia una industria frecuentemente en conflicto con los ambientalistas ha traído a la discusión el estado del sector petrolero nacional, hoy responsable de la mayor tajada de ingresos de divisas y de impuestos que tiene el país. El tema merece ser tratado en otra oportunidad.

Otra vez el Tipnis

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En una decisión que reactiva la alarma de los ambientalistas, el gobierno ha dicho que se propone retomar este año la construcción de una carretera por el Tipnis, la obra más controvertida de la historia nacional.

Al tenor de noticias recientes, ejecuta los trabajos una Fuerza Binacional de Ingeniería Social Bolivia Venezuela de la que poco se ha hablado y que este año deberá construir 1.500 kilómetros de carreteras asfaltadas en Beni y Pando. Es una extensión respetable, sin precedentes para solo un año, aun de vías sencillas doble carril. Unos 60 kilómetros de la carretera hacia San Ignacio de Mojos traen un costo ambiental inaceptable para muchos bolivianos. Incluyen el tramo destinado a atravesar el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro-Sécure que un millar de indígenas originarios encumbró en la conciencia ecológica del mundo como trinchera de la defensa de las reservas naturales.

Paralizado desde hace tres años, al arreciar las simpatías hacia los habitantes originarios del Tipnis y la furia por la represión sobre quienes marcharon en 2011 para defenderlo (aún no está muy clara la ruptura de la “cadena de mando” que desencadenó la brutal paliza), el presidente ha anunciado el reinicio del emprendimiento, dormido por las campañas electorales recientes.

Apoyados en una consulta posterior (previa, dispone la ley) los colonizadores de un quinto de los 12.000 Km2 del Tipnis, ahora se movilizan por la construcción, en tanto que nativos originarios han dicho que preparan  otra marcha para llegar hasta la sede de la comisión interamericana de derechos humanos, en Washington.

La controversia en torno a la obra que irritaba a ambientalistas por doquier   inviabilizó un financiamiento de 332 millones de dólares acordado por Brasil mediante su Banco de Desarrollo. El gobierno boliviano dispuso entonces cubrir todos los costos con recursos propios. La controversia está atizada por la presencia de sembradores de coca entre los colonos y el temor de que la carretera aumente sembradíos y materia prima para las drogas. Dirigentes del lugar contrarios a la obra han dicho que legiones de cocaleros ingresarán al Tipnis apenas esté expedita la ruta, que aseguran les prometió el presidente Morales en la campaña para su primera elección.

La agitación derivada del proyecto reconfirma una realidad que algunos preferirían ignorar: un tema que marcará huella en el registro positivo o negativo de la historia será la actitud de los dirigentes del gobierno ante el Tipnis. Por lo que se lee, datos fundamentales para esa historia están siendo escritos estos días.

Desafíos

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El racionamiento biométrico que pretende implantar en Venezuela el presidente Nicolás Maduro y la oleada que, con http://https://haroldolmos.wordpress.com/wp-admin/post.php?post=12124&action=edit amenaza desbancar al gobierno del PT en Brasil, se han erigido estos días como el mayor desafío para la cadena de países bajo regímenes socialistas del Siglo 21. La protesta venezolana se hizo escuchar el jueves con pitazos y batir de cacerolas que han recordado al gobierno heredero de Hugo Chávez que aún tiene al frente a una porción formidable de la población de su país. Más cerca de nosotros, los sondeos le han dicho al de Dilma Rousseff que tiene muchas cuentas por saldar a favor de brasileños descontentos con los resultados del doble sexenio de gobierno del Partido de los Trabajadores.

La insatisfacción en Venezuela con los racionamientos de agua y electricidad creció con la intención de aplicar un control biométrico sobre las compras, especialmente de productos esenciales, una situación hace poco tiempo inconcebible. La única forma de racionamiento que se conocía era la existente en Cuba y en los países tras la Cortina de Hierro antes de la caída del Muro de Berlín.

Mientras el país parece encaminado hacia elecciones legislativas de fines de 2015, es improbable una disminución a corto plazo de la polarización en la que ha caído la sociedad venezolana. Con una gestión administrativa desastrosa que ha colocado a Petróleos de Venezuela (Pdvsa) en su peor crisis desde la nacionalización de hace 40 años (al igual que en otras latitudes, se desconocen las cifras de la industria) la producción ha declinado y los ingresos, todavía multi-billonarios, han sido insuficientes para la voracidad del estado. Afectado por una aguda indisponibilidad de dólares, muy pronto el gobierno podría enfrentar la perspectiva desagradable de romper la excentricidad de una gasolina hiper-barata que cuesta miles de millones de dólares subsidiar (el país consume unos 500.000 barriles diarios de petróleo) y de provocar nuevas devaluaciones del bolívar.

El camino de Dilma Rousseff para la reelección parecía expedito hasta el estallido de protestas callejeras de una magnitud y furia sin precedentes en Brasil. El malestar no se apagó ni con el mundial de fútbol de junio y julio. La emergencia de Marina Silva, ayudada por la solidaridad que causó la muerte trágica del candidato socialista Eduardo Campos el 13 de agosto, ha colocado a la “tercera vía” a las puertas de gobernar.

Tenaz luchadora por el medio ambiente, la dirigente socialista ha triplicado el porcentaje que asignaban las encuestas al Partido Socialista Brasileño hace sólo tres semanas. Los sondeos en curso, cuyos resultados serán conocidos durante la semana que empieza, dirán si persiste la tendencia, que ha dejado en tercer lugar al socialdemócrata Aécio Neves y ahora pisa los talones de una Dilma Rousseff acosada por incómodas perspectivas electorales como nunca estuvo su partido desde el primer triunfo de Lula da Silva en 2002. Si Marina registrase un estancamiento, la noticia no sería festejada por el partido de gobierno. Es improbable que las simpatías captadas por la ambientalista se vuelquen hacia Dilma. Es, más bien, probable que el apoyo que tienen los socialdemócratas converja hacia Marina.

Con el PT gobernando, el “chavismo” ha contado cuando menos con guiños de asentimiento para gran parte de sus políticas, incluso para el ingreso de Venezuela al Mercosur. No es seguro que los guiños sean tan seguidos con eventual gobierno de Marina. Los analistas creen que una corriente distinta al mando de la mayor economía del continente sería un serio traspié para los más radicales del socialismo del siglo 21.

Quienes fuera de Brasil tendrían mayores razones para festejar una eventual victoria de la ecologista brasileña serían los habitantes y los defensores del Tipnis. La carretera generadora de violencia en esa región del centro boliviano fue un tiempo financiada por un banco estatal brasileño y había sido criticada por el candidato presidencial socialdemócrata de hace cuatro años, José Serra. La llamó “transcocalera”.

Para quienes analizan lo que ocurre en nuestro vecindario y lo extrapolan a nuestro propio patio, va un dato: En el debate entre candidatos hace una semana, Marina Silva dijo que estaría feliz si, de ganar la contienda del 5 de octubre, pudiera tener a Serra como uno de sus ministros.

Ley del embudo

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Gumercindo Pradel, el dirigente de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente (CIDOB) de tendencia oficialista, fue castigado (azotado) de acuerdo a “usos y costumbres” de los nativos de la CIDOB original. La justicia se ha movilizado ordenando la detención de los cabecillas de la CIDOB original, y el Comité Cívico del Beni ha anunciado un paro en el departamento en respaldo a los líderes originarios Adolfo Chávez, Fernando Vargas, Lázaro Tacoó y el ex diputado Pedro Nuni, a quienes percibe como víctimas de una justicia que consideran deformada por su parcialidad con el oficialismo.
El Comité Cívico del Beni tiene algunos argumentos para caracterizar a la justicia de esa manera: Marcial Fabricano, también líder indígena y cabecilla de las primeras marchas de los pueblos indígenas hasta La Paz, recibió 50 azotes en 2009 según los términos de la “justicia comunitaria” incorporada a la Constitución Política del Estado. Mientras las fotografías de la espalda llagada de Fabricano daban la vuelta al mundo, la justicia decidió que el castigo era una cuestión de exclusiva aquella justicia nativa, con la que no debía interferir. Dos años después ocurrió la intervención policial sobre la marcha indígena que estaba en curso contra la construcción de la carretera que atravesaría el TIPNIS. Hasta ahora se desconoce quién dio la orden y la investigación sobre la represión salvaje contra los indígenas no avanza.
No ha ocurrido igual con el caso de Pradel. Los dirigentes del sector originario no asistieron a una audiencia judicial (temían ser arrestados) como parte de la investigación sobre la paliza a Pradel. La última línea de defensa de los originarios es ahora elanunio de un paro cívico dispuesto este jueves si los dirigentes son  arrestados. Nada sugiere que la calma esté a la vuelta de la esquina. La justicia está en entredicho y la parcialidad que le imputan los líderes benianos, nativos y urbanos, contribuye a la desconfianza creciente que parece levantarse contra uno de los pilares institucionales del estado. El Comité Cívico que ordenó el paro dice que la actitud de la justicia retrata una “ley del embudo”: amplia para unos, angosta para otros.

Entre la Iglesia y JR Quintana

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Actualiza con nuevo párrafo al final de la entrada.

La Iglesia Católica se refirió este martes a expresiones del Ministro de la Presidencia Juan Ramón Quintana Taborga, quien en la noche del 26 de diciembre la había acusado de “tramposa” y “latifundista” al responder al informe que a mediados del mes pasado cuestionaba la consulta “a posteriori” ordenada por el gobierno entre las comunidades del Tipnis. Esa consulta busca avalar un controvertido proyecto para construir una carretera por el lugar.

Mons. Julio María Elías, obispo de Vicariato Apostólico del Beni, dijo que Quintana Taborga es mentiroso. Fue imprecisa la declaración del hombre del primer círculo de poder del gobierno pues no solamente sobrevoló la propiedad San Marcos que el vicariato posee cerca de Gundonovia, en el Tipnis, sino que estuvo allí, habló con empleados y habitantes del lugar e hizo promesas que nunca cumplió, dijo el obispo en una carta que reprodujo en su cuenta de Twitter el periodista Andrés Gómez, del sistema de noticias Erbol.

Molesto con el informe de la Conferencia Episcopal Boliviana que puso en entredicho toda la campaña del gobierno para construir una carretera que atravesaría el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure, el ministro Quintana, entrevistado por la  Red Uno de TV (Que no me Pierda), afirmó que el vicariato beniano poseía una estancia de 5.000 hectáreas. En la carta que hoy le dirigió, el obispo lo corrigió: son 843,16 hectáreas de propiedad de extensión certificada, en la que funciona un centro de educación para los nativos del lugar. Allí existe un colegio secundario y un centro de formación agropecuaria, que podría ser un modelo para otros lugares de país y que el propio ministro visitó.

“Me extraña –dice el obispo- que el Sr. Ministro…, quien llegó a (el centro de educación) Kateri en helicóptero a mediados de mayo del 2012 y visitó algunos de los módulos, considere “San Marcos” simplemente como estancia ganadera y que pregunte a dónde va la plata. En dicha ocasión dialogó con los docentes y les prometió una cabina de ENTEL para el 16 de Junio con el objeto de poder comunicarse con sus familias a través de celulares. Dicha promesa no se ha cumplido”.
Esta tarde se ignoraba si el Ministro Quintana replicaría al obispo.

La cuestión originada en las declaraciones del ministro plantea un dilema para quienes siguen los programas noticiosos nocturnos bolivianos: ¿a quién creer? Al ministro o a la Iglesia Católica? Creo que no hay por donde perderse, pero la magnitud moral  de este entredicho sirve también como una medida para la credibilidad del ministro y de la institución que guía a la mayoría de los bolivianos.

Un hecho para reflexionar: Excepto el diario Estrella del Oriente, que publicó un breve resumen dela intervención de Quintana, ningún otro medio escrito boliviano registró la entrevista. (A propósito, ¿cuál fue la motivación noticiosa para realizarla?) Por lo menos, ninguno lo hizo, al dia siguiente o después, de la manera  encuadrada en antecedentes que permitan calibrar al acusador y al acusado y facilitar una mejor lectura del episodio importante en el mundo noticioso. No es cualquier día que una autoridad gubernamental denosta un documento de la Iglesia Católica y lo denomina “tramposo”.  Hoy, 9 de enero, veo que la mayoría informa sobre la carta del Obispo y del apoyo que le brinda a Conferencia Episcopal ante la avalancha verbal de la autoridad del gobierno.  Una información detallada no habría ignorado la mirada fija del Ministro ante las cámaras cuando, como quien anuncia un dogma, aseguraba que el vicariato del Beni poseía, según afirmaba, una estancia de 5.000 hectáreas, afirmación ahora desmentida por el obispo con una certificación del Instituto Nacional de Reforma Agraria.