Tádic

Tropiezos en el Juicio del Siglo

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Mario Tádic (boliviano-croata) y Elöd Tóásó (húngaro) deberán concluir estos días los trámites para recuperar efectivamente la libertad, al cabo de casi seis años desde el asalto al Hotel Las Américas, el episodio que marca un antes y un después en la historia moderna de Santa Cruz. Se da por descontado que retornarán a los países que dejaron con planes que acabaron convertidos en un horror que les cercenó parte de sus vidas. Los dos podrán hablar con más soltura sobre el sexenio en la prisión, las torturas e interrogatorios reminiscentes de Lubianka o Control Político que denunciaron durante el Juicio de Siglo (alzamiento armado,magnicidio, separatismo y terrorismo). Podrían, entonces, conocerse detalles de cómo se gestionó el acuerdo que les permitirá respirar bajo plena libertad.
Con penas que parecieron cronometradas (cinco años y 10 meses) para adecuarlas al tiempo que han estado presos, el proceso acelerado y sus resultados evocan los juicios en la Rusia bolchevique del siglo pasado, cuando muchos acusados de entonces también se declararon culpables bajo farsas históricas. Sentencias mayores tuvieron Ignacio Villa Vargas (ocho años) y Juan Alberto Kudelka (seis años y nueve meses).
No se ha probado que fuesen culpables, pero han admitido delitos que se les endilgaba. El paso puede quitar impulso al avance de sus denuncias ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). La confesión de culpabilidad fue precedida de más de una docena de audiencias fallidas de Habeas Corpus planteadas por cada uno a lo largo de sus años en la prisión.
En la estela de las confesiones, la propaganda gubernamental ha arreciado a todo vapor estos días, como aprovechando la marea de quien asegura: ¿Ven? Yo tenía razón.
Un corto televisivo en la mayoría de las estaciones y un suplemento en algunos diarios han buscado tonificar la idea de que Bolivia iba a ser mutilada bajo la dirección del grupo a cuyo cargo habría estado Eduardo Rózsa. La tesis elaborada por el Dr. Marcelo Soza, ahora fugitivo refugiado en Brasil, sostiene que los 39 acusados, dos en silla de ruedas, uno apartado del proceso por dificultades de memoria y todos con escasa o ninguna vinculación entre sí antes del juicio, fueron la falange de una aventura separatista monumental. En la nueva andanada propagandística figuran incluso abogados de la defesa y esposas de algunos presos.
Declarado Héroe Nacional por el Congreso, entre los acusados está el general (r) Gary Prado Salmón, el militar que rindió a Ernesto “Ché” Guevara en la única victoria decisiva de las armas bolivianas el siglo pasado.
Dos semanas después de comenzar la sucesión de confesiones y las sentencias que sobrevinieron, una pregunta mayúscula aún estaba sin respuesta: si ha habido admisión de culpas en el grado de complicidad, ¿quiénes fueron los autores directos del crimen?
La admisión de culpas fue iniciada por el personaje célebre de todo el proceso, Ignacio Villa Vargas, nacionalmente conocido como “El Viejo”.
El general Prado Salmón dijo en el programa televisivo “No Mentirás” que no buscará el juicio abreviado y que continuará en el proceso. “Jamás. Soy militar de honor y no voy a aceptar un proceso y una condena por una supuesta sedición montada por el gobierno contra los líderes de Santa Cruz”, dijo. Una afirmación similar en el mismo programa hizo el ex prefecto Svonko Matkovic Fleig respeto a su hijo.
El proceso ha estado caracterizado por episodios sorprendentes. El más reciente ocurrió el martes cuando una juez técnica notó que faltaban 11 volúmenes de documentación con un total de 2.200 páginas, entre ellas las relativas a las sentencias a “El Viejo”, Tádic, Tóásó y Kudelka. El abogado defensor Otto Ritter recordó (“está registrado en las actas”) que el juez Sixto Fernández, al anunciar con alivio que el bloque de documentos había aparecido, cometió un lapsus y dijo a la audiencia que “lamentablemente” el cartón en el que están guardados había sido ubicado. “Quiso decir ‘felizmente’”, dijo Ritter, al pedir que las actas hiciesen notar la corrección.
La historia de ese legajo voluminoso, cuya desaparición habría paralizado el juicio, está aún pendiente de la investigación que esa misma tarde inició la policía. Su hallazgo parece surrealista.
La juez Julia Elena Gemio pidió un documento y tras notar su falta entre los cartones que acompañan los desplazamientos del tribunal del mayor caso de la historia penal boliviana, percibió que la falla era gigante. Todo el expediente tiene hasta ahora unos 160 cuerpos y cundió la alarma con la desaparición misteriosa de 11 de ellos. El juez Fernández convocó a la policía y suspendió la sesión. La falta de documentos obligaba a aplazarla hasta el día siguiente (miércoles). Juan Carlos Guedes, Gelafio Santisteban y Zoilo Salces descendieron desde el segundo piso del edificio judicial hasta el subsuelo, donde los detenidos se concentran para volver a la prisión de Palmasola. El Cnl. Salces deseaba escupir y pidió permiso al guardia que lo custodiaba. “Me dirigí hacia un cartón que parecía de basura, que ya tenía encima algunos desechos. Me contuve, vi que contenía material como el de los archivos y miré con atención. Al darme cuenta que eran documentos del proceso avisé al guardia y éste al juez y a sus superiores en el edificio”, dijo el militar retirado, que hace un año recibió el beneficio de la prisión domiciliaria, después revocada por el juez que la otorgó.

Por qué el cajón quedó durante horas en ese lugar y el temor de que la documentación hubiese sido manipulada, estaban entre los temas que la policía debía aclarar.
Gelafio Santisteban, militar boliviano ex integrante de las Fuerzas de Paz de las Naciones Unidas y uno de los acusados en la lista del ex fiscal Soza como responsable de cuatro divisiones secesionistas, dijo que tiempo atrás desapareció del expediente el certificado oficial de sus ingresos y salidas del país con el que buscaba probar que no estuvo en Bolivia en las fechas que el ex fiscal decía que sí estuvo. Ese documento, dijo, no tuvo la suerte de los 11 volúmenes y sigue desaparecido.

Otra vez los fantasmas

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Las declaraciones del húngaro-rumano Elöd Tóásó ante el tribunal del Juicio del Siglo el pasado viernes han traído un elemento inesperado que desafía el escenario de la tesis del gobierno desde que estalló el episodio hace 52 meses: por lo menos una persona, el irlandés Michael Dwyer, no murió en el Hotel Las Américas. Fue ejecutado en el aeropuerto en un área de aviones militares mientras él era subido a uno de ellos, dijo el acusado y uno de los dos sobrevivientes del episodio cuyas secuelas son para Santa Cruz todavía una pesadilla.

El acusado, que en Santa Cruz habló por primera vez en medio de las dificultades ocasionadas por una traducción deficiente de sus palabras, ha alimentado de nuevo las sospechas de participación de extranjeros en la operación que liquidó al boliviano-húngaro-croata Eduardo Rózsa Flores, al húngaro Arpad Magyarosi y a Dwyer.

Las sospechas las levantó inicialmente Mario Tádic Astorga, el otro sobreviviente, cuando en marzo escribió en la internet que en la tarde anterior a la madrugada del 16 de abril había bajado a la recepción del hotel para comprar cigarrillos. No encontró Marlboro entre las vendedoras de la calzada y acabó comprando Camel. Tádic también escribió que fumaba en la recepción cuando vio que ingresaban militares de Venezuela, al parecer tripulantes de un avión de ese país. La cajetilla de Camel era visible sobre una de las mesas del área. “Nadie más pasó por el lugar” y él volvió a su habitación. En la madrugada, cuando ya estaba rendido a la unidad que había ingresado a hotel, hincado y contra la pared del pasillo, enmanillado y la cabeza envuelta con una sábana, una de las personas que entró a la habitación le dijo a otra: “Éste es el que fuma Camel”.

La afirmación sobre el aeropuerto y la versión de supuestos extranjeros deberían ser investigadas a fondo.  No se conoce una explicación que elimine las dudas sobre los protagonistas del episodio. Tádic sostiene que no eran sólo bolivianos los soldados que tomaron el hotel, pues, según escribió, utilizaban formas de expresión que no son corrientes en Bolivia. Sospechas similares también han acompañado otros incidentes, como el de Porvenir (2008) y el de Chaparina (2011).

Dwyer estaba con vida, aseguró Tóásó, porque pudo reconocerlo cuando estaba arrodillado, a su derecha, calzoncillos rojos y un tatuaje característico que le cubría parte del brazo. Si estaba en esas condiciones, gana fuerza la declaración que ofreció la forense oficial del estado de Irlanda, Marie Cassidy, en su informe sobre la necropsia del cadáver de Dwyer. Su compatriota, dijo, fue ejecutado con un solo disparo que le reventó el corazón. El porqué de las discrepancias entre el informe de la máxima autoridad forense de Irlanda y el de los médicos bolivianos no ha tenido respuesta.

Tádic dijo que tras el ataque repentino al hotel y el ingreso de la tropa policial escuchó quejidos. “Los muertos no se quejan”, dijo.

Tóásó trajo un nuevo elemento que entra en juego: una de las primeras personas en interrogarlo fue Juan Carlos Nuñez del Prado, por entonces funcionario del Ministerio de Gobierno, quien ha negado esa alegada participación pero no ha sido convocado para testimoniar ante el tribunal. El acusado dijo que lo había reconocido por la voz registrada en el –tampoco aclarado- video-soborno revelado a principios de 2011. En esa filmación, una persona le entrega a Ignacio Villa Vargas fajos de dólares (más de $30.000, según ese video). Villa Vargas, mejor conocido como “El Viejo”, dijo que ese dinero (ignora el total) sólo apareció para la filmación del video, al que le ha atribuido un propósito de desinformar para restarle credibilidad a partir del momento en que dejó de ser “testigo clave” del ex Fiscal Soza para convertirse en acusado y en uno de los enjuiciados.

Sólo una investigación creíble podrá despejar las dudas sobre lo que realmente ocurrió y que apuntaló la tesis del gobierno de que en Santa Cruz se conspiraba para asesinar al presidente Morales, desatar acciones terroristas que iban a iniciarse con un atentado en la residencia del Cardenal Terrazas y otros extrañamente anticipados en un memorial presentado por el Ministerio Público antes de que ocurriese cualquier incidente que provocase una investigación.

Medios, jueces y jurados

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El problema para una justicia creíble y la difusión de informaciones de la propaganda del Estado a través de los medios, ha sido patente en el Juicio del Siglo y estos días ha causado incertidumbre. Hay temor de que los jurados no tengan protección suficiente para formar libremente sus opiniones durante un juicio. En los casos controvertidos como el que está en debate, la imparcialidad parece depender de la frecuencia y fuerza persuasiva de lo que los jurados ven, leen o escuchan. ¿Ud. juraría que en nuestro medio y en este juicio los jurados pueden tener opiniones genuinamente imparciales?
En teoría, todas las partes deben confiar en la honestidad de los jueces y jurados, y en que serán capaces de resistir influencias indebidas en el caso que tratan. Es difícil creer que esa confianza sea plena en este Juicio del Siglo y probablemente en muchos otros.
En Bolivia, a diferencia de otros países, los jurados no son recluidos para evitar influencias sobre sus opiniones antes de la emisión de un veredicto. El sistema es distinto y abordar el tema expresa la preocupación sobre si esa diferencia reduce las garantías para un juicio en el que debe primar sólo el mejor saber y entender de los jurados adquirido durante el proceso. Esta desprotección puede poner en entredicho la imparcialidad de los jurados y la seguridad de todos los involucrados. Especialmente cuando la tarea de los jurados ocurre en un ambiente con gran flujo de informaciones, opiniones y tendencias que los jurados no pueden evadir.
El problema es mayor cuando una de las partes es el Estado. Con predominio sobre los medios, en Bolivia el Estado se expresa en radios, estaciones de TV y periódicos impresos.
Imagine Ud. las influencias que apuntan al pensamiento de los jueces y jurados cuando un proceso se extiende por semanas, meses y años. Contabilizados, cuando Ud. lea este artículo habrán transcurrido más de cuatro años y siete semanas desde que comenzó el caso, con la irrupción policial al Hotel Las Américas, de Santa Cruz, en la madrugada del 16 de abril de 2009, y la muerte a balazos de tres personas, seguida de persecuciones y encarcelamientos.

Que se tenga memoria, es uno de los juicios colectivos más numerosos y el que más interés ha concitado en el país. El juicio militar colectivo más famoso del siglo pasado, el de Nuremberg (40 millones de muertos sólo en Europa, holocausto de los judíos, destrucción y sufrimiento, desplazamientos y pérdidas incalculables), puso en el banquillo a 23 personas de Alemania nazi. Duró 11 meses, de noviembre de 1945 a octubre de 1946. En el caso boliviano, los acusados son 39 y el juicio pronto superará 50 meses.
“La idea de que el tribunal sea imparcial es el aislamiento. Eso aquí no sucede, tanto porque los jueces leen periódicos, escuchan y miran la TV”, me dijo un abogado. “Todo esto sucede porque el procedimiento penal es un engendro del proceso español y el americano. Es escrito y oral”. Cuando se adoptó este procedimiento, “el objetivo fue hacer los procesos más rápidos. Creo que no lo han conseguido. Peor aún si el proceso es político, con formalidades jurídicas”. (Es difícil imaginar jurados que pasen cuatro años de su vida recluidos en aras de una opinión independiente). Otro abogado, parte de la defensa, me dijo que “siempre ha sido así” y que nunca se había planteado la posibilidad de modificar el sistema.
Los penalistas podrán explicar mejor el problema, pero la cuestión se volvió patente cuando se discutía si la defensa podía hacer uso del Power Point para su presentación. En el debate, la acusación dijo que la presentación visual en esta fase del proceso podía ser una interferencia indebida sobre los cinco jurados (dos jueces técnicos, dos juezas ciudadanas y el presidente del tribunal, el juez Fernández). Los defensores reaccionaron: ¿No son interferencia los avisos impresos y las emisiones de la TV pública que emitía periódicamente un programa sobre terrorismo en el que los acusados aparecían como parte de un plan terrorista? A eso siguió un pedido para que el juez haga que la TV pública cese esas emisiones. Y el juez alegó que no podía hacerlo así como tampoco vetar la publicidad impresa en forma de folletos y avisos. Quedó flotando el temor angustioso de que jurados y juez, con tanta parafernalia informativa diversa que no pueden evitar, no están totalmente inmunes a lo que llega ante los ojos. Menos aún si llega del gobierno.
La semana que empieza puede ser crítica, pues toca defenderse al húngaro-rumano Elöd Tóásó, uno de los dos sobrevivientes de la operación del 16 de abril. La anterior audiencia, interrumpida por un nuevo receso de 10 días que acaba este lunes, fue dominada por la defensa del otro sobreviviente, el boliviano-croata Mario Francisco Tádic. La acusación objetó preguntas de la defensa que buscaban indagar si Tádic, no siendo de Santa Cruz, había conocido al general (r) Gary Prado Salmón, supuestamente el comandante de la conspiración que, en la teoría oficial y desde la silla de ruedas en la que está postrado, buscaba dividir a Bolivia, y suscitó la interrogante de si un grupo en todo sentido abigarrado como el juzgado sería capaz de derrotar al ejército boliviano.
Por el interés natural que este proceso debe concitar, es extraño que en las audiencias no sea perceptible la presencia de otros juristas, catedráticos y alumnos de facultades de derecho. Un hecho así enseña didácticamente y no ocurre todos los días.

Tádic sigue disparando

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El juicio del Siglo llegó este martes a uno de sus momentos de mayor suspenso cuando el boliviano-croata Mario Francisco Tádic reasumió su defensa y reclamó la anulación de todas sus declaraciones en los últimos cuatro años pues fueron emitidas, dijo, bajo presión de las torturas que le aplicaban funcionarios del gobierno.
Por el curso de todo el proceso, el caso podría encaminarse hacia una corte internacional en cuyo banquillo de los acusados eventualmente estarían otras personas y no solamente aquellas ahora sindicadas por el gobierno.
En el trasfondo yacen las demandas de los gobiernos de Irlanda y de Hungría, sumados a los de Croacia, que exigen una investigación internacional en torno al caso que ha provocado la mayor atención sobre Bolivia desde los juicios contra Regis Debray, en 1967, y de Luis García Meza, en la década de 1990.
Tádic y el rumano Elöd Tóásó son los dos sobrevivientes de la incursión de una fuerza especial de la policía el 16 de abril de 2009 al Hotel Las Américas, de Santa Cruz, de la que resultaron acribillados a balazos Eduardo Rózsa Flores, el Irlandés Michael Dwyer y el húngaro Arpad Magyarosi, en condiciones que Tádic describió este martes como una masacre. La acusación restó mérito a las afirmaciones de Tádic.
El boliviano-croata hizo una afirmación ante los jurados que está sin respuesta oficial convincente desde la madrugada del episodio: “No era necesario matar a nadie. Podían haber nos detenido (en cualquier momento) sin utilizar fuerza letal”, exclamó Tádic.
La pregunta de Tádic no tiene aún respuesta contundente sinotentativas. No ha aiso demostrada la afirmación de que el grupo disparó sobre la policía y que ésta reaccionó en defensa propia. Y en la ronda sobre quienes cuelga la pregunta aparecen autoridades del primer círculo del gobierno que en algún momento podrían ser interrogadas.
El ex fiscal del caso Marcelo Soza, que aparece en ese estrecho círculo, ha sido mencionado como testigo de la acusación, por “El Viejo”, el ex testigo fundamental de Soza convertido en acusado a las pocas semanas de abrirse la investigación. Soza dijo también este martes que está dispuesto a ser testigo de la acusación o de la defensa.
Tádic también disparó otra interrogante ante la que la acusación no ha tenido una respuesta convincente: “Qué terrorista se registra en un hotel con su nombre legal! Qué terrorista se aloja en un hotel con una sola salida!”
La verdad, dijo Tádic, probablemente nunca se sabrá a menos que hablen el muerto (que no podrá hacerlo) o quien dio la orden de ataque sobre el hotel. El presidente Morales ha dicho que antes de partir aquella madrugada hacia Venezuela dejó órdenes expresas al vicepresidente García Linera para reducir al grupo, pero en la orden no aparece la palabra “matar”.

A pedido de la acusación -y las objeciones de la defensa, que no veía en el punto algo relevante para el caso en ese momento- relató su experiencia en Croata y contó  brevemente la historia de ese país.
Tádic declaró su orgullo por haber combatido en Croacia y subrayó que su frente de batalla estaba a 400 kilómetros de aquel donde se encontraba Eduardo Rózsa Flores.

El caso está ingresando a un terreno cada vez más minado. Las jornadas que vienen prometen ser dignas de seguimiento.

Juicio del Siglo: Tádic al ataque

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El juez Sixto Fernández no pudo estar presente en la reanudación de las audiencias de Juicio del Siglo, a causa de fallas de horarios de la aerolínea nacional BOA, que lo dejo varado en La Paz, dijo la juez técnica del proceso. Pero de igual manera el cochabambino Mario Tádic Astorga ocupó la tribuna informativa para denunciar que “en Bolivia no hay justicia”. Hizo la denuncia teniendo a las espaldas a las tres mujeres integrantes del jurado, que al cabo de casi una hora de espera de la cabeza del tribunal coincidieron en suspender la reiniciación de la audiencia hasta mañana martes, a las 09:30.
“Su vuelo está retrasado”, dijo la juez técnica Elena Julia Gemio Limachi, al informar que el fiscal Fernández se había quedado esperando que las autoridades de BOA anunciasen la orden de abordar el avión. La juez desconocía detalles (al parecer el vuelo fue cancelado o partió demasiado tarde para que el juez pudiese llegar en hrario al Palacio Legislativo) y sólo lamentó que los funcionarios encargados de reservar y comprar los pasajes para los miembros del tribunal no hubieran hecho el trámite con la antecedencia debida. Ella, con funcionarios más diligentes, consiguió espacio en un vuelo más temprano y se vino a Santa Cruz con sus colegas, las dos jueces ciudadanas. “Es una pena”, dijo, cuando me acerqué a pedirle algún detalle más.
Pocos minutos antes, Tádic Astorga había congregado a su alrededor a una veintena de periodistas y camarógrafos ante los cuales protestó porque la justicia no aplicaba la misma medida que había recibido, en su tiempo, el ahora vicepresidente Álvaro García Linera. García Linera fue beneficiado con la extinción de la causa por la demora de la justicia en expedir una sentencia tras permanecer preso preventivamente durante cinco años (1992-1997). Tádic planteó la extinción del proceso que lleva más de cuatro años.
Tádic subrayó el pasado guerrillero del vicepresidente y distribuyó fotocopias de una “Edición especial Referida al Terrorismo” de una publicación titulada Gaceta Ilustrada. La cubierta de la revista traía el diseño de un rostro blanco y el de un indígena sobre toda la parte norte y oeste del que sería el mapa de Bolivia. Algunas notas centrales de esa publicación eran reseñadas con tres títulos de la cubierta: “Frente Común para combatir el terrorismo en Bolivia”, “La muerte de E.G.T.K.” y “Salvemos a Bolivia de las garras del terrorismo”.
Los 39 acusados en el Juicio del Siglo deben defenderse de acusaciones de magnicidio, terrorismo, alzamiento armado y separatismo. La de hoy iba a ser una audiencia decisiva pues el tribunal debía resolver la demanda de la defensa del general Gary Prado Salmón para aplicar integralmente una decisión del Tribunal constitucional que podría determinar la disolución del propio tribunal. Prado Salmón estuvo presente en la audiencia abortada por la ausencia del juez.
Tádic y el rumano Elod Tóásó son los dos sobrevivientes del sangriento episodio del Hotel las Américas, en Santa Cruz el 16 de abril de 2009. Ambos están presos preventivamente desde entonces, al igual que la mayoría de los acusados.

El tronco y sus ramas

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Sobre el “Juicio del Siglo” (terrorismo, magnicidio, alzamiento armado y separatismo) han confluido elementos que refuerzan la impresión de los críticos del gobierno de que el episodio del Hotel Las Américas ha sido el tronco esencial de algunos de los más importantes desplazamientos políticos desde entonces. Muchas de las preguntas que se hicieron en su momento están sin respuesta y las actitudes de algunas autoridades han contribuido a volverlas más apremiantes, pues de ellas depende el esclarecimiento oficial que los bolivianos aguardan desde hace casi cuatro años.

La semana pasada, antes del nuevo intervalo en el juicio que se desarrolla en Santa Cruz, el abogado Otto Ritter, defensor del general Gary Prado Salmón, afirmó que “a Eduardo Rózsa lo trajo a Bolivia un venezolano de apellido Osorio, que le pagó los pasajes desde Europa con la finalidad de hacer pisar el palito a algunos ingenuos”. El abogado también dijo que el caso había sido “montado” con la intención de una alta autoridad de derrocar al actual presidente. Por lo menos uno de los personajes acusados ha sostenido una tesis similar. Resulta imperativo, entonces, determinar quién, dónde y cuándo pagó esos pasajes, preguntas de cuya respuesta depende la libertad de muchas personas, la tranquilidad de parientes, familiares y amigos y el fin de la zozobra bajo la cual ha vivido Santa Cruz desde el asalto armado a aquel hotel.

La sospecha de envolvimiento directo de extranjeros hispanoparlantes ha sido también sugerida por Mario Tádic, el boliviano sobreviviente, junto al rumano Elöd Tóásó, quien ha declarado que fueron venezolanos los únicos alojados que lo vieron, en la tarde anterior al fatídico episodio, fumando cigarrillos Camel en la sala de espera de la recepción del hotel. Tádic dijo que después, cuando fue sometido por la UTARC y estaba semidesnudo y esposado en el pasillo fuera de su habitación, uno de los uniformados de negro que lo vigilaba le dijo a otro: “Este es el que fuma Camel”.

Quienes asisten a las audiencias en Santa Cruz han escuchado al fiscal Marcelo Soza reiterar que por la inexistencia de elementos suficientes decidió no imputar a un capitán de la policía, cuya fotografía al lado de Eduardo Rózsa Flores en la que parece una reunión de amigos ha circulado por casi todos los medios informativos nacionales. Abogados de los acusados han hecho notar que sólo el registro de números en la libreta de anotaciones de Rózsa Flores ha llevado a los investigadores del gobierno a ordenar detenciones preventivas. Comparativamente, una fotografía tendría un peso investigativo mucho mayor que números de teléfono en una libreta. No existe una descripción de la fiscalía para las funciones de este capitán, a quien no se puede calificar de “agente infiltrado” porque esa figura sólo se aplica legalmente para el narcotráfico. El capitán sería un “infiltrado no infiltrado”.

Hace tres semanas, en el programa televisivo No Mentirás, de PAT, Soza dijo que la fotografía no era un elemento para una imputación y admitió que “oficialmente” no la tenía. De remate, afirmó que la policía había sido “agredida de manera injusta e ilegal” por el quinteto alojado en el hotel y tuvo que responder a los atacantes, que inauguraban una manera morbosa de atacar y morir en cueros o apenas en calzoncillos.

En la grabación distribuida estos días, con diálogos que supuestamente corresponderían al fiscal con interlocutores no identificados, se asigna al caso Hotel Las Américas un papel fundamental en la estrategia política del gobierno. Sin tomar partido en torno a la veracidad o falsedad del contenido de la grabación, el tema es extremadamente grave y por eso ha sido vista como una medida saludable la decisión del Fiscal General de ordenar una investigación. Algo tan sensible no debe quedar flotando en sospechas y será bienvenido todo esfuerzo que contribuya a una aclaración más allá de toda duda. Cuando, como en la grabación, alguien asegura que el gobierno se derrumba si se cae el caso terrorismo se ingresa a un campo de graves implicaciones que debe ser esclarecido. Todos los bolivianos lo agradecerán.

Tádic: “Había extranjeros…y quejidos”

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En la madrugada del 16 de abril, el comando que tomó el Hotel las Américas incluía a por lo menos tres extranjeros de algún país hispanoamericano. Fueron los que ingresaron a la habitación en la que estaba Mario Tádic, el boliviano-croata y sobreviviente, junto al rumano Élod Tóásó, probablemente con la orden de exterminarlos, pero algo resultó equivocado. Tádic, en una breve entrevista en el Palacio de Justicia este lunes, me dijo que no  ha logrado determinar cuál fue la falla,  pero que ese supuesto error lo tiene con vida y estos días en el banquillo de los acusados en “juicio del siglo” que, a tropezones, se lleva a cabo en Santa Cruz.

Tádic trae revelaciones en el sitio Wikileaks Bolivia sobre aquella madrugada, en la que fue bruscamente despertado, dice, por una explosión. Fue la que derribó la puerta de la habitación de Rózsa y afectó la suya.

Las afirmaciones de Tádic están escritas sobre un bloque de anotaciones color amarillo, con rayas azules, y contrafirmadas en el margen de la izquierda, donde aparecen también sus huellas digitales. “Así testimonio que son mis declaraciones, que no hay suplantación”, me dijo en la sala donde se procesa el caso que tiene al cochabambino y a otros 38 acusados como centro.

De lo ocurrido en esa madrugada, Tádic recuerda que en el pasillo del cuarto piso, donde se encontraba, pudo ver a tres personas con uniforme negro, probablemente policías. Tádic concluye que posiblemente eran venezolanos que estaban también alojados en el hotel.  Su conclusión proviene de un momento en el hall de ingreso del hotel, a donde había ido “entre las tres y cuatro de la tarde para comprar cigarrillos”. Al no encontrar su línea preferida –Marlboro- compró Camel. Estaba fumando en uno de los sofás y la cajetilla recién comprada era visible. En esos instantes, mientras fumaba en el hall, sólo entraron los venezolanos (al parecer la tripulación de un avión).

“Nadie más pasó por el lugar. Yo retorné a mi habitación. En la madrugada, cuando estaba rendido, hincado y contra la pared del pasillo, enmanillado y la cabeza envuelta con una sábana, una de las personas que entraron a la habitación le dijo a otra: “Éste es el que fuma Camel”.

La declaración puede abrir un nuevo canal de investigaciones en el caso, que se arrastra por casi cuatro años.

No se conocen muchos cuerpos policiales que utilicen uniformes negros acorde con la descripción de Tádic. Entre los que lo utilizan se encuentra la DISIP de Venezuela, el equivalente al FBI, que suele inscribir las iniciales en la espalda de las chaquetas.

El gobierno ha negado que en el asalto al hotel hubiese  habido extranjeros.

Tádic dijo que algunas expresiones de los incursores de su habitación no eran bolivianas, como la orden “al suelo, perro”, que le impartió uno de ellos. “En Bolivia lo habrían dicho de otra manera”, me dijo el lunes en el Palacio de la Justicia. “Al suelo, m…o al suelo c…o hdp”.

Otro elemento que aparece en la declaración (seis hojillas, manuscritas y firmadas) del detenido es que es que dice haber escuchado “quejidos” que corresponderían a sus compañeros en el hotel. “Los muertos no se quejan”.

En la declaración manuscrita especula que el irlandés Michael Dwyer sobrevivió una media hora antes de que le hicieran el disparo al pecho que lo liquidó.