Suárez

Frente a las heridas

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En medio de  incidentes provocados por descontentos con las tendencias de las circunscripciones electorales, continuaba este fin de semana el conteo de votos con una premisa aceptada claramente por todos: el  partido de gobierno perdió y sus autoridades deben trabajar inclusive con candidatos que no querían ver como vencedores. La incertidumbre que cubrió los resultados para la gobernación de Beni fue un coletazo de la decisión inédita de la Corte Electoral de anular de un plumazo al principal partido de oposición y a todos sus candidatos.

Todavía ruborizado por la magnitud de su decisión, el TDE beniano caminaba como sobre campo minado antes de contar cada voto del millar de las comunidades del Tipnis que aún faltaba.  El resultado anunciado al mediodía del viernes dejó una amplia sensación victoriosa, en especial para el candidato marginado Ernesto Suárez y el nuevo delfín de su partido Carlos Dellien. Ambos lograron la hazaña del desempate en una de las campañas electorales  más controvertidas y más exiguas de la historia: sólo en un par de días o “en cuatro horas efectivas”, según Suárez.   Al candidato gubernamental Alex Ferrier le faltó menos del 0,5% para una victoria plena que evite el desempate.

El mensaje venido de Chuquisaca no era claro este fin de semana, pues el resultado final deberá esperar hasta el domingo que viene, cuando el tribunal departamental habrá decidido sobre una excepción del MAS, renuente a aceptar la posibilidad de una segunda vuelta para  gobernar el departamento.

Aún espera la mano tendida de Soledad Chapetón al Primer Mandatario desde que su victoria se volvió inobjetable. El viernes, la alcaldesa electa deleitó a la audiencia de los principales canales televisivos exhibiendo modos sencillos e ideas claras y bien articuladas, en una lección nacional de lo que produce el empeño por una mejor educación, aun bajo las privaciones comunes a muchos hogares bolivianos.

Por lo general, las victorias tienen muchos padres mientras que las derrotas suelen ser huérfanas. El Alto era considerado por el MAS como su propia casa y la derrota en el mayor municipio de todo el altiplano encontró sólo dos explicaciones oficiales. La primera fue un error causante de gran confusión, pues partía de la creencia que la derrota habría resultado del machismo de los alteños. La explicación no reparaba que quien venció es mujer.  La segunda fue otro traspié, al responsabilizar de la derrota a la corrupción, sin ofrecer mayores especificaciones y sin aclarar por qué la admisión fue tan tardía.

En la pugna por la alcaldía de Cobija, el triunfo de Luis Gatty Ribeiro, por Pando Unido y Digno,  ha sido también un logro notable, en un departamento donde la presencia del gobierno ha sido indisputada todos estos años. De la otra esquina, Iván Canelas, del MAS, ganó la gobernación de Cochabamba con holgura. Pero el partido de gobierno perdió la lucha por alcaldía, que ganó  José Maria Ley, del Movimiento Democrático Social, el partido emergente fundado por Rubén Costas. Sólo en Potosí el partido de gobierno pudo ganar la gobernación y la alcaldía de la capital. En Oruro también tuvo que dividir honores.

Mientras son aguardados los resultados finales de estas elecciones toma vigor la pregunta sobre si el ciclo político que empezó a delinearse hace más de una década sobre la región latinoamericana ahora empieza a declinar.

Son visibles las manifestaciones de inconformidad  en países regidos por corrientes de signo político similar a la que rige en Bolivia. En el vecino Brasil las señales que ensombrecen al gobierno del PT son fuertes. La presidente Dilma Rousseff tiene el nivel de aprobación más escuálido bajo el PT: 12% de acuerdo a una de las más recientes encuestas, en línea con la debilidad de su economía. Los fenómenos económicos suelen expresarse como en dominó: el movimiento de una pieza condiciona a la siguiente.  En Argentina, la contracción del PIB puede llegar  este año del 1,3%, lejos del 7% que se asoma en Venezuela pero gigante para el vecindario de Bolivia.

A las nuevas autoridades les tocará administrar gobernaciones y municipios en una época de austeridad, un adjetivo repasado con poca frecuencia en los últimos tiempos.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Promesa de ventura, paz y unión

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El punto relevante no es que el partido de gobierno hubiese subido tres o cuatro puntos porcentuales respecto a los resultados de las anteriores elecciones departamentales del Beni. La cuestión a subrayar es que Carmelo Lens ganó a pesar de la maquinaria del gobierno, de la capacidad de sus órganos de información y de la campaña abierta del presidente Evo Morales a favor de la candidata Jessica Jordan.  Que hubiera ganado en la primera ronda es aún más significativo pues el peor de los cálculos gubernamentales apuntaba a una segunda vuelta. El gobierno lanzó a la mesa de apuestas todas sus figuras, incluso su escuadra propagandística, en una actitud que difícilmente encontraría paralelos en otros países. Bajo este cuadro, los desafíos que tiene Lens  son mayúsculos.

La victoria en Riberalta, Guayaramerín, San Borja, Trinidad (dos tercios de la población beniana) y en localidades menores relieva las características demográficas de un departamento con población mayoritariamente urbana, sin el gigantismo demográfico de la capital respecto a las urbes provinciales, como entre La Paz, Cochabamba o Santa Cruz y sus provincias. La victoria en San Borja puede haber tenido un sabor doblemente dulce para los vencedores: fue por la urgencia de llevar generadores de electricidad al lugar, que estaba sin luz, que el gobernador Ernesto Suárez acabó apartado del cargo.

Los resultados de la elección beniana merecen un estudio minucioso. El Beni, siquiera momentáneamente, se ha erigido en un bastión disconforme con la visión de país del presidente Morales. En términos políticos, es un “núcleo duro” que las autoridades deberán ver como una trinchera tropical gigante.

Se debe suponer que el gobierno revisará sus métodos y observará autocríticamente los episodios que han dominado el escenario político boliviano de los últimos años. Pocos creen que la causa de la derrota ha sido solo la red de corrupción, de cuya prolongada existencia se enteró el país hace apenas dos meses. La candidata perdedora supo apuntarla, para desazón de algunas autoridades, como factor que frenó su carrera al gobierno beniano. Pero tiene bases sostener que  la elección ha aparejado un voto contra la forma de gobernar que sirvió de caldo de cultivo para que la red pudiese medrar.  Es plausible creer también que al voto del Beni le abrieron camino episodios como el Hotel Las Américas, Porvenir, Chaparina, Caranavi, Huanuni, Yacuiba, asilados y exiliados.

El himno beniano dice que el departamento es una “promesa de ventura, paz y unión”. Alcanzar esos propósitos luce hoy como una aventura.

Y luego no quedó ningún indiecito

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De los nueve indiecitos –eran diez en la famosa novela Ten Little Indians de Agata Christie- todos han ido cayendo en una red uno tras uno; al principio, todos pensaban salvarse de la mano criminal que los acechaba. Al final, todos caen, de una forma u otra, pero misteriosa, a lo largo de una cena en una mansión. Esta mundialmente famosa novela de misterio se parece a lo que ha ido aconteciendo con los gobernadores bolivianos de oposición. Eran tres hace un año. Han ido cayendo uno a uno, y todos han creído que iban a salvarse. El año pasado, fue el gobernador de Tarija, Mario Cossío, ahora asilado en Paraguay. El final, como toda novela de misterio, es inesperado. Veremos qué ocurre en “nuestra” novela.

El año está por cerrarse con la caída de Ernesto Suárez, acusado de malversar fondos públicos por comprar, sin cumplir meticulosamente todos los  burocráticos trámites, un generador de energía eléctrica para San Borja, la población beniana que, junto a Rurrenabaque, ganó  renombre al oponerse al traslado de los prisioneros del Tipnis, cuando ocurrió la represión de la marcha indígena el 25 de septiembre. En contacto con el programa televisivo Que No Me Pierda, conducido por Enrique Salazar, el líder beniano dijo que en su departamento estaba en curso “un golpe de estado” y aseguró que continúa siendo gobernador.

Como sustituto fue designado  Haissen Ribera, asambleísta del MNR, aliado circunstancial del partido de gobierno, informó la página web de El Deber.

La destitución de Suárez ocurrió en medio de una accidentada sesión del concejo municipal. La demanda para destituir al prefecto gobernador electo con amplia mayoría provino del partido de gobierno, que había perdido las elecciones.

Ahora sólo queda en pie Rubén Costas, de Santa Cruz. En torno a él gira el misterio de la pieza final de ajedrez político que se ha venido jugando en Bolivia. En el mismo programa, una autoridad cruceña anunció que este sábado, antes del mediodía, Costas dirigirá un mensaje al país.

El informe de Erbol, la red radial que congrega a unas 300 emisoras, ofrece la siguiente versión de lo ocurrido esta noche, que puede ser leída aquí.