Socialismo

Se fue un fundador del MAS

Posted on Actualizado enn

En agosto de 1968, miles de tanques rusos invadieron Checoslovaquia para sofocar a la que se había llamado ¨Primavera de Praga¨, empeñada en conferir un rostro humano al comunismo que dominaba Europa del Este con mano de hierro. La invasión remachó el desencanto que empezaba a prevalecer en el mundo con el comunismo de marca soviética y sus satélites en el mundo.

En Venezuela, donde juventudes izquierdistas habían admirado con fervor a la Revolución Cubana, la crema y nata del Partido Comunista Venezolano rompió indignada con el comunismo oficial y en una plaza pública de Caracas, cientos de jóvenes militantes repudiaron la invasión y quemaron sus carnets de militantes. Tiempo después, el desencanto ante la imposibilidad de forjar una sociedad mínimamente democrática con las líneas marxista-leninistas, los llevó a crear su propio instrumento politico: el Movimiento al Socialismo (MAS).  Una luminaria entre esos líderes, conocido por su coherencia radical a favor de los derechos sociales y recriminador lapidario del que denominaba ¨socialismo embustero¨, Teodoro Petkoff, murió en Caracas el miércoles 31 de octubre.  Tenía 86 años.

Apartado de los quehaceres prácticos de la dirección de Tal Cual, el diario que fundó, llevaba  enfermo varios meses y el golpe fatal se lo dio un infarto.

El MAS venezolano nunca reclamó la propiedad sobre el nombre pero los masistas bolivianos tampoco reclamaron paternidad sobre el nombre.

Para amargura de los nostálgicos del comunismo de Leonid Brezhnev y los que aún ahora, bajo denominaciones diferentes, añoran ese sistema despótico, Petkoff proclamaba que la democracia era un puerto fundamental de llegada de las naciones civilizadas. ¨La llamo simplemente Democracia con mayúscula, sin ningún adjetivo como ¨popular¨ o ¨formal¨, me dijo hace algunos años cuando hablábamos sobre la democracia en el continente.  Estaba entre los enemigos del Socialismo Unido de Venezuela.

Petkoff fue siempre un comunicador excepcional. Descolló con sus columnas en varios periódicos y dirigió con eficiencia el diario El Mundo, con el cual su firma se asentó en toda Venezuela. Tras dejar El Mundo fundó el semanario ¨Tal Cual¨. Las dificultades por obtener papel, lo llevaron a apartarse del sistema impreso y buscar una publicación enteramente digital. Fundó ¨Tal Cual Digital¨, que hasta ahora se mantiene.

Su ruptura con la Unión Soviética derivó en un distanciamiento con Cuba y con los hermanos Castro, con los cuales había tenido una relación ideológica de carne y uña.  Disuelta la Unión Soviética, Cuba encontró en la Venezuela de Hugo Chávez y, luego, Nicolás Maduro, el sustento que había procurado desde siempre: el petróleo venezolano para su propio sustento y para apoyar su relación con el mundo.

Petkoff no llegó a ver la desintegración política de Cuba pero sí de la economía de su propio país, cuyo hundimiento también amenaza a la isla. Dejar de contar con el  petróleo venezolano, para el consumo doméstico y para refinarlo y exportar, es una posibilidad sobre la que los economistas del régimen cubano no se atreven a especular.

 

Anuncios

El rastro del petróleo

Posted on

Los gritos de guerra de Nicolás Maduro (levantarse en armas si perdiera la elección dentro de dos semanas) han apagado el eco de dos noticias capitales. El apresamiento de dos ejecutivos de Chevron, una de las grandes ¨hermanas¨ del mundo petrolero, dentro de una razzia que días antes había derivado en el arresto de unos 80 funcionarios de Petróleos de Venezuela (PDVSA), en la peor ola represiva en el otrora poderoso conglomerado petrolero desde los despidos de miles de empleados y trabajadores a principios de siglo. Bajo la acusación de ¨traición a la patria¨ porque los empleados supuestamente rehusaron firmar compras con valores abultados y sin licitación, el arresto puede ser una ruptura en las relaciones frágiles del gobierno con los pocos inversionistas que aún se atreven a operar en Venezuela. Las áreas de Chevron están entre las aún productivas que tiene Venezuela.

La decisión se suma a un hecho que tiene frío de envidia al gobierno de Maduro: la declinación productiva de petróleo ha colocado a Venezuela después de Colombia como suplidor para las refinerías estadounidenses, y la tendencia no parece tener freno.  Colombia, rival geopolítico histórico de Venezuela, llegó a exportar a Estados Unidos un promedio de 426.000 barriles diarios en febrero, cantidad superior a los 409.000 de Venezuela, la mitad de los volúmenes de hace algunos meses. La noticia es grave porque exhibe sin matices la curva descendente de su producción petrolera, la clave de su sobrevivencia económica y política. De allí proviene el 95% de las divisas que el país recibe. La declinación es mejor percibida por los venezolanos en la escasez de alimentos y, de manera aún más dolorosa, en los anaqueles vacíos de las farmacias, en las cuales la falta de medicamentos es calculada estos días en un 85%.

Cuando Hugo Chávez asumió el poder a fines del siglo pasado, Venezuela producía un promedio de tres millones de barriles diarios y se preparaba para llegar a cinco millones. El promedio del año pasado fue de 1.920.000 bpd y las estimaciones para el próximo diciembre apuntan a una declinación persistente hasta 1.200.000, el volumen de hace 60 años. Es una ironía que si la OPEP no ha necesitado recurrir a recortes de producción entre sus miembros para mantener los precios ha sido porque la de Venezuela ha descendido sin que nadie lo ordenase.

El deslizamiento productivo repercute en las refinerías, que producen también menos, tendencia agravada por la falta de repuestos y de mantenimiento apropiado.

Venezuela luce como una geografía en ruinas. De ser un país cuyos fundamentos parecían irrompibles, se ha convertido en la mayor víctima del Socialismo del Siglo XXI.

Muchos de los que conocen ese país creen que los que quisieron mostrar un rostro risueño para el socialismo respecto al de los Gulag, las lubiankas y los paredones, se apresuraron a repartir sin producir y, en el fácil trayecto, llenarse los bolsillos. En la estela de ese fracaso sin parangón en el continente, queda un país con su economía reducida a la mitad y un éxodo bíblico que gran parte del mundo solo conocía a través de referencias o por imágenes del Medio Oriente o de África que publicaban los medios. Los grandes desastres politicos y económicos parecían distantes. Ahora, con la tragedia venezolana a la vuelta de la esquina, uno puede imaginar mejor las que se abatieron sobre Rusia y sus satélites, y se comprende con más admiración la valentía de los húngaros que enfrentaron a las tropas rusas, y la de los checos que se inmolaron en pos de una primavera de libertades aplastadas por los tanques del Pacto de Varsovia.

La caída de la URSS arrastró a todas las dictaduras europeas a su alrededor. La fuerza de succión del naufragio no dejó sobrevivientes. En América Latina, el hundimiento predecible del régimen de Maduro podría arrastrar en el corto plazo a otros regímenes del Socialismo del Siglo XXI. Todos están con las barbas en remojo.

El colapso de los aportes que en petróleo recibía Nicaragua de Venezuela ha sido un factor mayúsculo para los desórdenes que estallaron en Managua hace unos días. La cifra de víctimas mortales contabilizadas por organizaciones de derechos humanos supera con creces la decena oficialmente reconocida. Las protestas ahora apuntan a la salida del régimen Sandinista y el alejamiento de Daniel Ortega.

Está todavía por verse el impacto que pueda tener sobre Cuba un eventual colapso total del régimen venezolano. Los analistas ven en las tribulaciones de Maduro una fuente de preocupación fundamental para el nuevo presidente Miguel Diaz-Canel. Hasta hace pocas semanas, había en Venezuela unos 40.000 profesionales cubanos, cuyo trabajo era cotizado en dólares convertidos en petróleo enviado La Habana.

Venezuela tiene muy buenos escritores y narradores que, con seguridad, registrarán estos años de penurias de manera que la  lección permanezca vívida por generaciones.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Los astros se bambolean

Posted on

En solo un par de años, los astros que hasta hace poco parecían alineados para favorecer al presidente Evo Morales y a su partido, se han bamboleado y todo el mundo advierte que la luna está menguante y que el sol se oscurece. En una secuencia de infortunios políticos, la ciudadanía le dio la espalda el 21 de febrero de 2016, lo abandonó en la elección de jueces el 3 de diciembre pasado cuando dejó a un puñado de magistrados bajo sombras de ilegitimidad por el rechazo ciudadano que prefirió anular su voto; los médicos de todo el país expusieron las entrañas del Código Penal, que el 15 de diciembre había promulgado jubiloso el Vicepresidente García Linera; el Presidente enganchó en retro y dispuso anular los artículos controvertidos del nuevo Código; el piloto cruceño Leonardo Martínez enmudeció a  los dos mandatarios  al reclamar de frente  a Morales que cumpla los mandatos de la CPE como él cumplía las reglas del Dakar. Pero anular artículos controvertidos que habían encrespado los ánimos de los médicos era ya insuficiente. Un marco de fondo inocultable lo ofrecía la encuesta de Equipos Mori que publicó El Deber: la popularidad del presidente se marchitaba con rapidez y en un año había bajado del 58% de aceptación popular a solo 34%, el nivel más bajo de sus años de gobierno.  Rostro demudado, palabras que parecían empujadas para salir de la boca, el Presidente anunció el domingo, a horas de cumplir 12 años de su llegada al gobierno, que pediría la abrogación de todo el nuevo cuerpo legal.  De repente, el firmamento politico del presidente se había estremecido.

Las consecuencias de ese estremecimiento aún no están todas a la vista, pero es evidente que es menguante la confianza que exhibía el gobierno. La mayoría de los sectores críticos a la re-re-re tomó la palabra del Presidente, pero en actitud dubitante decidió ver para creer, y aguardaba la abrogación legal del Código, que en los primeros debates trepidaba en las cámaras en medio del descrédito que, para la independencia de poderes y para sus líderes legislativos, representaba el compromiso presidencial. En un intento de recuperar fuerzas y presentar alguna oferta al electorado para una cita distante 18 meses, el presidente anunció que este año el gobierno podrá pagar un segundo aguinaldo. Fue un paso arriesgado cuando dos elementos fundamentales son inciertos. ¿Se mantendrán los precios del petróleo sobre los que el mandatario parece fundamentar su optimismo? ¿Habrá más producción capaz de sustentar mayores gastos? La apuesta parecía como jugar a la ruleta. En el petróleo intervienen tantas variables que basar en sus cotizaciones algo tan importante luce riesgoso. El anuncio obligaría a las empresas a construir reservas forzosas, y a las amas de casa incluso a calcular sus costos domésticos. Los economistas dirán que se trata de un costo inflacionario anticipado ante el que muchos buscarán protección ajustando precios y evitando contrataciones de personal.

La cadena de acontecimientos tuvo un desenlace distante de las expectativas, con una recomposición del equipo de gobierno minima: solo Defensa y Jefatura de Gabinete cuando se hablaba de hasta seis cambios en el equipo de gobierno. El escepticismo en torno al reordenamiento ministerial elevó la barrera que se opone a la re-re-re del presidente el año que viene pues impacta en su credibilidad. Las encuestas muestran que la disconformidad con una re-re-re crece y que para el gobierno ya no es suficiente el ¨voto duro¨, con su mayor parte en áreas periurbanas y rurales, para garantizar la victoria en una elección. Consciente de esta realidad, la oposición ahora apunta a una pieza mayor: colocar al presidente en la camisa de fuerza del 21 de febrero para que desista de candidatear. Los meses que vendrán no auguran un gran sosiego.

El fenómeno no se circunscribe a Bolivia. La tendencia coincide con la decadencia del Socialismo del Siglo XXI que durante algunos años pareció la corriente indetenible del continente. Había emergido como heredera civilizada del Socialismo Real que, con gulags, hambrunas, y una represión política feroz en la que sucumbieron millones, escenificó la mayor tragedia política del siglo 20. Tres años después de la caída del Muro de Berlín, se hundió la Unión Soviética. Sociólogos e historiadores todavía enfrentan una tarea compleja para explicar y detallar el fracaso de una promesa forjadora de hazañas que afirmaba la creencia de que su triunfo planetario sería inevitable: el primer satélite artificial, el primer hombre en el espacio, sondas a la Luna y un arsenal nuclear que hacía temblar a Europa. Empero, el ciudadano corriente no podía aspirar a una batidora eléctrica que el capitalismo producía a raudales. Cuando el muro colapsó, la URSS se vio frente a la Alemania reunificada de sus pesadillas. En menos de tres años se fragmentó y exhibió lo que había logrado disimular: Rusia era todavía un país subdesarrollado, con una rémora de atrasos sociales y políticos que, 30 años después, aún lucha por superar. Su PIB actual es de 2,1 billones de dólares. El de Brasil es de 3,1 billones de dólares y el per cápita de ambos muy parecido, con cien dólares a favor de Rusia, que tiene 70 millones de habitantes menos.

Para América Latina, en algunos de cuyos centros estudiantiles y académicos deliberadamente se ignoran o se desdeñan aquellos capítulos esenciales de la historia, una pregunta aguarda respuesta: ¿podrán venezolanos, bolivianos o nicaraguenses lo que la gigantesca URSS no pudo y convertirse en potencias industriales modernas? Si la respuesta es Cuba, nadie quiere seguir el ejemplo, o nadie lo declara en público. Lo que ocurre en Venezuela es un vergonzoso fracaso histórico.

La percepción realista de muchos bolivianos sobre la vida en esas latitudes actúa como antídoto poderoso para las proclamas aisladas del gobierno del presidente Morales incitando a sus seguidores a emprender ese camino. El puño izquierdo en alto y la arenga de ¨patria o muerte¨ se desmoronan ante una invitación para emigrar en serio a La Habana o a Caracas.

En el fondo, una explicación para la obstinación de los líderes socialistas del Siglo XXI por mantener las riendas del poder es el desamparo en que podrían encontrarse cuando la dirección de las olas cambie. La condena con yapa impuesta esta semana a Luiz Inácio Lula da Silva por un juez que lo acusa de corrupción es una señal de alarma general.

A Maduro, también afanado en reelegirse, se le vio sonreir lisonjeado al comentar que sus opositores lo apodan de ¨Stalin¨, no solo por los  bigotes. Es posible que la ejecución de Oscar Pérez ocurrida hace pocos días se encuentre entre los cargos que podría enfrentar ante un eventual tribunal internacional. Una perspectiva similar puede asomarse para todos los que se han sentido amos del poder bajo el que se han cometido delitos de lesa humanidad.

El círculo se estrecha

Posted on

La decisión de los gobiernos de Estados Unidos y Colombia, refrendada el jueves durante la visita del presidente Juan Manuel Santos a Washington, de trabajar juntos por una solución democrática para Venezuela, ha apretado más la cuerda que asfixia al gobierno de Nicolás Maduro y a quienes lo sostienen. Casi al mismo tiempo ha sido divulgada la noticia sobre las sanciones contra ocho de los 32 magistrados de la Corte Suprema de Justicia, cuyas cuentas bancarias y bienes en Estados Unidos fueron congeladas, en una ampliación de sanciones contra funcionarios del régimen. Los observadores creen que se acaba el tiempo para el régimen venezolano y que su final será una pésima noticia para sus aliados del Socialismo del Siglo XXI.
Santos recibió de Trump un endoso a sus políticas económicas y sociales y a los esfuerzos por lograr la paz con las fuerzas guerrilleras aún en armas después del acuerdo alcanzado al año pasado con las Farc. A eso se sumó la ratificación del compromiso de combatir y eliminar la producción y el tráfico de drogas, una decisión que pronto podría sentirse en el resto del hemisferio.
El mensaje más importante fuera del significado bilateral del encuentro fueron las referencias a Venezuela. Trump dijo que lo que ocurre en la tierra de Bolívar y Sucre ¨es una desgracia¨ y que con otras naciones de la región los dos países harán ¨lo que sea necesario¨. No fue específico en cuanto a pormenores de ¨lo que sea necesario¨ pero subrayó que los problemas por los que pasa Venezuela ¨son horribles¨, en una escala no vista antes.
El robustecimiento de la relaciones entre Bogotá y Washington no escapa a la atención de los politólogos, menos de los militares venezolanos, cuyas escuelas de guerra estudian con regularidad hipótesis de un conflicto bélico entre ambos países. Es posible asegurar que el encuentro Santos-Trump ha sido sido seguido con aprehensión por los oficiales venezolanos, que no ignoran la soledad de su país, resultado de un experimento politico, económico y social que ha dejado a su economía en ruinas equivalentes a las de una guerra devastadora.
Con multitudes en las calles desde hace más de un mes, bajas fatales que esta semana se aproximaban a 50, y los heridos pasaban el millar, las cancillerías, en especial las dos o tres (sin contar islas del Caribe) del Socialismo del Siglo XXI, se devanan los sesos para determinar cuánto tiempo más Maduro podrá contener la avalancha.
La inventiva de los que protestan contra el régimen tiene sorprendidos a los militares que conducen la represión. La semana que pasó registró una peculiar marcha de centenas de personas mayores por la avenida principal de Caracas en ¨apoyo a nuestros nietos y su futuro¨. Después, contra todo cálculo, empezaron a ocurrir protestas públicas en la noche, una temeridad en un país también agobiado por la delincuencia nocturna. Al horario de la disconformidad fue agregada la madrugada. El viernes, cerca del alba, en frente a la gobernación del estado oriental de Monagas, un grupo de manifestantes plantó carteles de protesta.
Las preguntas sobre qué vendrá después se aglomeran. Las más frecuentes se refieren al destino de los eventuales desplazados, inclusive del propio Maduro y su entorno más inmediato.
La decisión de Estados Unidos de incluir a magistrados de la CSJ en la lista de funcionarios interdictos es vista también como un mensaje a los regímenes que tienen en la justicia un bastón de apoyo para perseguir a sus opositores.
Son cerca de cien los funcionarios con bienes congelados, visas suspendidas y prohibidos de realizar transacciones comerciales y bancarias con entidades estadounidenses. Uno de los sancionados más notables es el vicepresidente Tareck El Aissami. Ahora las sanciones han recaído sobre ocho magistrados de la Corte Suprema de Justicia, entre ellos su presidente, por suprimir la autoridad de la Asamblea Nacional.
Los analistas creen que 28 años después del colapso del experimento socialista en la ahora ex Unión Soviética y sus satélites, lo que sobró en este hemisferio parece vivir sus estertores.

Tiempos de cambio

Posted on

Libre de las obstrucciones que solía representar Venezuela, ahora suspendida del Mercosur, el bloque integracionista se dispone a retomar con ímpetu el diálogo con la Unión Europea, en un proceso llamado a dinamizar el comercio entre los dos bloques en momentos de desconcierto ante el proteccionismo de la administración de Donald Trump y la salida británica de la UE. Las expresiones de afecto entre los dos bloques llevan más de 20 años pero nunca como estos días parecen tan promisorias empujadas por el sentimiento común de que es imperativo oponer el libre comercio a la tendencia aislacionista estadounidense y a la ruptura británica con el continente europeo. Una alianza entre ambos puede estar más cerca que nunca.
Representantes del núcleo fundador del mayor bloque comercial del mundo en desarrollo se reúnen estos dias en Buenos Aires para definir pasos a seguir en un encuentro con la UE el mes venidero, demostrativo de la dinámica que empiezan a adquirir las relaciones entre países de la region. Argentina, Paraguay, Brasil y Uruguay están reunidos en Buenos Aires para discutir la agenda de Mercosur ante el bloque europeo, inclusive fórmulas para acelerar las negociaciones agrícolas donde el proteccionismo del viejo continente es mayor.
Excluidos de los desplazamientos de la diplomacia regional parecen los países del Socialismo del Siglo XXI, atados por ideologías que les impiden sumarse a las corrientes que se mueven en el hemisferio. Venezuela dejó de contar en el bloque sudamericano desde su apartamiento bochornoso en diciembre, al expirar su presidencia semestral. Fue un resultado ¨colateral¨ de los cambios de dirección política ocurridos en Brasil y Argentina. Bolivia era candidata a ingresar al grupo de manera plena, pero ahora que la brújula ideológica del continente ha dejado de apuntar a la izquierda, es incierto si todavía tiene interés en acoplarse. Ecuador dejará de ser una incógnita el 2 de abril, con la segunda ronda electoral.
Hace pocos días, asumió el mando de la política exterior brasileña el legislador Aloysio Nunes, como substituto de José Serra, quien en pocos meses trazó nuevas líneas a la política exterior de su país, distante de las del Socialismo Siglo XXI. Nunes acentuó esas líneas y acaba de declarar que Venezuela ha desbordado la normalidad democrática y es una dictadura indisimulada. Más aún, designó como jefe de su gabinete a Eduardo Saboia.
¿Recuerdan el nombre? Vale la pena tomar nota. Fue el diplomático que hace tres años condujo al senador boliviano Roger Pinto en una travesía épica por carretera La Paz-Corumbá, tras la negativa pertinaz de la cancillería de otorgarle salvoconducto. Llevaba 14 meses refugiado en la embajada brasileña.

Esos no volverán

Posted on

Hubo desconcierto en las filas oficiales venezolanas cuando hace tres meses el Consejo Nacional Electoral (CNE) de su país autorizó recolectar firmas del 1% de los inscritos en el padrón electoral para iniciar al camino al referéndum revocatorio de Nicolás Maduro.  El desconcierto fue mayor cuando, en una geografía donde el Socialismo Siglo XXI cree tener todo el fervor popular, los partidarios de remover al mandatario y a su partido reunieron, en un par de días, las 196.000 firmas requeridas, una demostración irrefutable del apoyo que los movía.

Al finalizar la recolección, tenían siete veces aquel total. Recién la semana pasada, el CNE validó esas firmas y anunció el siguiente paso esencial: los revocadores deberán reunir un quinto de todo el padrón electoral, es decir unos cuatro millones firmas. Apenas horas después, los revocadores de la Mesa de Unidad Democrática requirieron autorización formal para reunir y presentar todas esas firmas.  El consejo tiene tres semanas para dar luz verde y plazos para la nueva recolección. El CNE (el gobierno) se guía por instinto de conservación y no exhibe ningún interés en acelerar el paso.

Con las encuestas que colocan a Maduro sobre el piso, la oposición está segura de que, en el paso final, al que espera llegar hasta el 10 de enero, tendrá una ventaja superior al 70% de votos y comenzará una nueva historia. Para muchos observadores, eso es lo que el régimen venezolano no quiere: ser apartado por un golpe de votos después de haber alcanzado el poder con aluviones de sufragios ahora extinguidos.

La agonía de Maduro proyecta la del socialismo marxista que resiste salir del gobierno en un país donde creía tener todo para hacer realidad, sin ejércitos de ocupación ni guerras mundiales, lo que no logró la inmensa Rusia.

Pocas veces en la historia de las democracias un país ha tenido que enfrentar tantas dificultades para desembarazarse de un mal gobierno. El rubor inicial por la posibilidad de sucumbir ante quienes lo quieren fuera ha dado paso a demoras cínicas para alargar el calendario.

La tenacidad de Maduro y su partido en aferrarse a un sistema terminal nace de saber que perder el gobierno equivale a una rendición incondicional histórica. ¿Alguien que tenga juicio creería que los venezolanos volverían a votar por un partido o por líderes que los llevaron al desastre?

La lógica sugiere que pasará siquiera un par de generaciones antes de pensar en cualquier forma de socialismo de inspiración marxista, y quizá nunca más en el que aún vive Venezuela. Podría decirse, en parafraseo irreverente del poema inmortal de Bécquer: Esas (esos), no volverán.

Idus de Marzo

Posted on Actualizado enn

Las calles de las principales ciudades brasileñas volvieron a ser este viernes plataforma de protestas en contra y a favor de la presidenta Dilma Rousseff y de su mentor Luiz Inacio Lula da Silva, al agravarse una espiral que parece próxima a un clímax para definir el rumbo institucional del país más grande del continente. Sin un comando efectivo sobre la política y la economía de su país, el gobierno y el Partido de los Trabajadores (PT) parecen haber cedido al descontento el dominio de las calles.

La divulgación de grabaciones telefónicas en las que la presidenta anunciaba a Silva que le enviaba las credenciales que lo convertían en Ministro de la Presidencia enardeció a sus opositores y el expresidente quedó lejos de ser ministro con mando efectivo y menos de estar protegido ante la eventualidad de una orden de arresto. En la tarde del viernes, aún se debatía si llegaría a ejercer funciones. La designación, anunciada en pocas palabras salpicadas de afecto entre ambos líderes, fue vista como un intento de proteger al ex presidente ante investigaciones que apuntan a él y a miembros de su familia en actos de corrupción administrativa. Estos días, los idus de marzo han lucido como en desfile olímpico frente a los dos dirigentes y su partido.

En las horas siguientes, el PT intentaba asumir visibilidad luego de haber sido eclipsado por las concentraciones de millones de brasileños en todo el país que reclamaron la salida de la presidenta. Lucía difícil que pudiese restaurar la imagen de sus dos líderes acosados por la justicia. Las tribulaciones políticas de ambos se agravaron y entraron en un conteo descendente cuando, el jueves, quedó conformada la comisión de 65 miembros que deberá decidir si existen méritos para juzgar a la presidenta.

El informe que emita esa comisión será votado por la Cámara Baja, donde la oposición y los críticos de Rousseff son mayoría. De ser condenatorio y ganar aprobación, el Senado asumiría el juicio y la presidente sería apartada de sus funciones por 180 días. El tribunal juzgador lo presidiría el Presidente de Corte Suprema. De ser culpada, la presidente perdería sus derechos políticos durante ocho años. Una situación así no sería desconocida para los brasileños. Sería una repetición de 1992, cuando Fernando Collor de Mello fue alejado de la presidencia y perdió sus derechos políticos. Ex combatiente clandestina y  ex guerruillera, la presidenta  ha estado en coyunturas difíciles que parecìan insalvables y consiguió sobrevivirlas. Quienes conocen la historia brasileña contemporánea creen que la que le toca enfrentar ahora está entre las más formidables de toda su vida, pues no depende tanto de sí misma ni de su partido ni de sus colaboradores, sino de  gran parte de una sociedad indignada con la corrupción y las deficiencias administrativas e infraestructurales evidentes al cabo de  13 años de gobierno ¨petista¨-.

Los problemas de Brasil han hecho tocar a rebato las campanas de las izquierdas en todo el mundo, que perciben el peligro de extinción del intento de revivir desde el nuevo mundo el socialismo que representó la desaparecida unión Soviética y sus satélites. La angustia de unos no equivale a la felicidad en otros. El universo político del mundo capitalista no logra todavía zafarse de turbulencias del quinquenio anterior, a pesar de las ventajas que ofrece la caída vertiginosa de los precios del petróleo, de los minerales y de los productos agrícolas.

Los informados previenen que un naufragio político en Brasil podría operar con la fuerza de un sifón sobre sus vecinos ideológicos y fronterizos, que difícilmente podrán alejarse del área de turbulencia. Al moverse una ficha fundamental del juego que ha regido sobre gran parte de América del Sur en la primera y segunda década del siglo, el paisaje político del continente ingresaría a un período de cambios bruscos, impensables hace solo pocos años.