Socialismo Siglo XXI

Suspenso interminable

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Después de  los sucesos del 23 de febrero, que resultaron en un fiasco al creer que la Fuerza Nacional Bolivariana se volcaría en contra de Maduro al ver ingresar a territorio venezolano los camiones de ayuda humanitaria aportada por decenas de países, se presenta ahora un suspenso que luce interminable.  La ronda, que el presidente interino Juan Guaidó, basado en quién sabe qué informaciones, decía que sería decisiva, fracasó. ¿Cuándo se dará el próximo estallido en esta lucha que tiene de puntillas al hemisferio?

Desde hace dos meses toda la iniciativa está en manos de Guaidó, el presidente interino que preside la Asamblea Nacional. El régimen solo ha atinado a reaccionar a los pasos del joven asambleísta que congrega la esperanza de millones de sus compatriotas para apartar al régimen de 20 años que, tras concitar expectativas en cada rincón venezolano, bajo Maduro derivó en un régimen dictatorial de la peor naturaleza. La arremetida contra los que procuraban ingresar la ayuda estuvo ante los ojos de pantallas de todo el mundo y ahora pocos dudarían en calificar al de Maduro como un régimen tiránico, que evoca a Leónidas Trujillo, de la República Dominicana, o a Juan Vicente Gómez, el déspota que tuvo las riendas de Venezuela durante 27 años hasta 1935.

La tragedia venezolana no escapa a nadie, menos aún a los ojos de quienes la conocieron en mejores días. Gary Añez, periodista radial boliviano muy popular en Santa Cruz, estuvo hace pocos días en Venezuela, en San Cristóbal, y al volver dijo que le había sorprendido con amargura la devastación en que se encuentra ese país. Notó algo, dice, que parece una rutina del realismo socialista de la que ya pocos hablan: no vio a ninguna persona gorda y los niños rondaban las mesas del restaurant que frecuentaba a la espera de compartir alguna merienda. El vistazo corroboraba un informe de entidades internacionales que dice que en promedio,  los venezolanos han perdido !11 kilogramos en dos años!

La gira continental aún en curso ha llevado a Guaidó por Colombia, Brasil, Paraguay, Argentina, (donde la voz se le quebró al escuchar y cantar el himno nacional de su país), Ecuador y Perú. Ha puesto sus cartas en todo el continente sudamericano, excepto en Uruguay, cuya actitud mediadora se disipó cuando planteó elecciones libres, y Bolivia, cuyo gobierno mantiene respaldo indoblegable a Maduro. Las consecuencias de ese apoyo, basado en la militancia de los dos gobiernos en el Socialismo del Siglo XXI, que pretendió ser una versión liviana del socialismo de los Gulags en la ex URSS, no se  han manifestado.  

Al concluir la gira forzada de Guaidó, que ha permitido a la oposición venezolana y a sus aliados, Estados Unidos y el Grupo de Lima, repensar la estrategia para derribar a Maduro, el legislador emprenderá su retorno a Venezuela. Cualquiera que sea la ruta, aterrizar en Caracas o ingresar por tierra, el recorrido estará seguido por la mirada de gran parte del mundo. En medios diplomáticos estadounidenses se da por sentado que cualquier daño a Guaidó durante su gira, acarrearía graves consecuencias, inclusive para sus socios en la región, de acuerdo a informes periodísticos de ese país. Es decir, Cuba, Bolivia y Nicaragua estarían entre los países que con mayor atención siguen el periplo.

La llegada a Venezuela a comienzos de esta semana, además de  los riesgos que plantea el viaje en sí,  abre muchas interrogantes sobre su seguridad. ¿Dónde se instalaría? En su propio domicilio sería temerario, pero no menos peligroso sería cumplir funciones desde la Asamblea Nacional, a solo unos 200 metros del Palacio Presidencial de Miraflores. Es improbable que el régimen venezolano acepte un gobierno paralelo a su propio lado. Eso equivaldría a descoocerse a sí mismo. Si la Guardia Nacional lo tomase preso, el régimen recibiría condenas de todo el hemisferio y el peligro de un conflicto mayor estaría tocando puertas. Guaidó es reconocido por más de 50 países que, en consecuencia, desconocen a Maduro. En momentos en que Venezuela es un polvorín opositor, con más del 80%  de la ciudadanía contra Maduro, dicen algunas encuestas, más peligroso aún resultaría cualquier atentado a la seguridad física del mandatario interino.

Es en estas condiciones que la patria de Bolívar y Sucre ingresa a la semana de carnaval más agitada de su historia.

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Prueba de fuego

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El sábado que viene tal vez ocurra la última oportunidad de poner fin al régimen de Nicolás Maduro de manera no violenta ni insurreccional, cuando multitudes de venezolanos converjan sobre la frontera  para escoltar el convoy  de asistencia humanitaria que desde hace dos semanas yace en el lado colombiano y lo lleven hacia su país. Para la Guardia Nacional Bolivariana y el ejército de Venezuela será un dilema: ¿reprimir a quienes acarreen alimentos y vituallas para cientos de miles de compatriotas que aguardan socorro o dejar que las caravanas cumplan el cometido y desobedecer la orden de mantener cerrada la frontera sin dejar pasar una pizca de nada?

Sobre esa región estará gran parte de los ojos del mundo para observar el comportamiento de la guardia pretoriana de Maduro y de las legiones de venezolanos que se asegura irán al lugar, en uno de los mayores desafíos enfrentados por el régimen en sus dos décadas a la cabeza del país con las reservas petrolíferas más grandes del mundo.  La fecha del sábado fue puesta por el presidente interino, Juan Guaidó, quien hace menos de un mes se autojuramentó ante una manifestación multitudinaria que repudiaba al regimen de Maduro desde el centro de Caracas. Desde entonces, unos 60 países han reconocido a Guaidó como mandatario interino, inclusive  gran parte de América Latina, la Unión Europea, Estados Unidos y Canadá,  que repudian al régimen de Maduro.

Acorralado por la multitude de países y gobiernos que lo desconocen, Maduro rehusa admitir  tamaño repudio y, forzado por el creciente rechazo mundial, preguntó esta semana a sus entrevistadores extranjeros de dónde extraían aquel número de países que lo repudian. Éstos, al parecer no tuvieron mayor interés por  polemizar con un presidente ciego ante la adversidad. Salvo Cuba, Bolivia y Nicaragua, ningún país del continente latinoamericano está de su  lado y solo dos -México y Uruguay- se declaran neutrales.

La Santa Sede, que siempre mantuvo la esperanza de que Maduro fuese a sincerarse con la realidad, ha dejado de responder a  sus invocaciones para gestiones mediadoras y ahora se cuentan con los dedos los regímenes que forman filas a su lado.

La mayoría de los analistas está de acuerdo en que este sábado,  una pequeña chispa puede crear un alboroto descontrolado de consecuencias políticas y militares mayúsculas. Guaidó se propone encabezar la caravana que proyecta escoltar al convoy por el puente ¨Tienditas¨ que separa a Ureña, en Venezuela, de Cúcuta, en Colombia. Las especulaciones sobre un posible enfrentamiento que lleve a una revuelta mayúscula han ocurrido muchas veces en los últimos años pero ninguna resultó válida. El arma principal del régimen parece ser el control disciplinado que ejerce sobre la fuerza militar, una de las más poderosas y mejor armadas del hemisferio, subrayan los  observadores.

Ahora, al cabo de 20 años de ¨chavismo-madurismo¨ la situación en  la patria de Bolívar tiene demasiados flancos explosivos, fuera de sus extensas y dilatadas fronteras por las que la ayuda humanitaria podría filtrarse. Como en el caso de un globo, las perforaciones podrían desinflar al régimen con rapidez y el colapso sería inevitable. Los indios Pemones, la etnia que puebla el sureste de Venezuela, han dicho que ellos ya han empezado a recoger ayuda, aunque sin proporcionar detalles sobre cómo ni de dónde. Intentar frenar esa ayuda luce como tarea imposible.

En sus últimas entrevistas -antes rehusaba concederlas a medios en particular y prefería ruedas colectivas con medios nacionales- Maduro insistió en la tecla que ha tocado todos estos años: las sanciones son la causa de las carencias terribles que sufre su país que, sin embargo, admite con grandes reservas.  Una amiga caraqueña me dijo que aún si le muestraran los escaparates vacíos o los niños enflaquecidos y los enfermos de los hospitales desesperados por la falta de medicinas, diría que el mal no es exclusivo de Venezuela y que se explica por el congelamiento de recursos financieros del país.

Las sanciones que aplica Estados Unidos con rigor, han devastado gran parte de los suministros del país, tanto medicos como alimenticios. Pero la tendencia creció a partir de los célebres ¨exprópiese¨ ordenados por Chavez para las empresas que se apartaban de las reglas del estado. Nadie podría ignorar que el tratamiento discriminador hacia el sector privado es una de las causas de la aguda declinación productiva y la escasez de proporciones bíblicas que azotan a la nación que un tiempo figuró entre las más prósperas de la región.

La  lección que ofrece Venezuela es fatal para los países que abrazan el Socialismo del Siglo XXI sin reparos. La lección induce a apartarse cuanto antes de ese camino y buscar equilibirios racionales entre el sector privado y el estado. Ignorar esa premisa ha hundido todo el experimento que lanzó Hugo Chávez a fines del siglo pasado en una sociedad, como todas las en desarrollo, urgida de cambios  pero no de cambios suicidas.

La huella venezolana

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La alarma de los medios nacionales ante la convulsión que vive Venezuela proviene del  temor de estar viendo el futuro próximo de Bolivia al insistir en el Socialismo del Siglo XXI como guión rector del gobierno del presidente Evo Morales.

Los analistas admiten que las condiciones de los dos países son diferentes y que Bolivia dista mucho de las dificultades en que está Venezuela, económica, social y políticamente. Para comenzar, el factor geopolítico confiere a la Patria de Bolívar un valor excepcional, frente al mar Caribe, a un lado cercano de Estados Unidos, a un paso del Canal de Panamá y con bolsones de petróleo en su interior suficientes para cientos de años. La similitud ideológica  de los dos gobiernos , sin embargo, provoca malestares.  

Para muchos en Bolivia no ha sido tranquilizador ver al país tan cercano del gobierno venezolano como si los uniera el mismo destino. A eso se suma la convicción de que Bolivia nada puede hacer para cambiar la ruta del destino venezolano. Lo más que puede pretender es aminorar la sensación de soledad absoluta del régimen madurista en el continente sudamericano.

Son muchas las interrogantes ante esta hermandad. ¿Respaldaría Bolivia la represión contra quienes intenten ingresar con ayuda humanitaria a territorio venezolano? Hay sondeos de opinión que dicen que la oposición al régimen de Nicolás Maduro abarca al 80% de la población venezolana. El gobierno de Bolivia luce, entonces, al lado de un presidente repudiado como ningún otro en la historia de ese país. Esa cercanía no es ninguna receta saludable cuando el país avanza raudo hacia la largada para las elecciones presidenciales de octubre.

Maduro condenó la resolución del Grupo de Contacto creado el jueves para acompañar la crisis, procurar un encuentro entre las partes beligerantes y encaminar una solución no violenta a la crisis. La clave del rechazo de Maduro en esas resolución fue la mención, que suena a anatema para regimenes autoritarios, a elecciones auténticamente libres y supervisadas.

Con esas premisas, Maduro se sentiría maniatado y sin maneras de modificar cómputos, se encaminaría a  una derrota segura. Ante esa perspectiva, dijo que la exhortación de los países contactantes estaba parcializada con la mayoría que se opone a su gobierno. Fue una afirmación que ningún gobierno  independiente suscribiría. Bolivia se cuadró al lado de Maduro y no firmó  la resolución del grupo, en el que había visto una salida posible del atolladero en que se encuentra su socio principal en el Socialismo del Siglo XXI. Elecciones verdaderamente libres son anatema para regímenes autocráticos.

Brasil, parte del Grupo de Lima que vio con desagrado el surgimiento del Grupo de Contacto ahora vilipendiado, dijo que la emergencia de este grupo solo servía para dar oxígeno a Maduro. El canciller Ernesto Araujo desdeñó la iniciativa y anticipó que no prosperaría. Su vaticinio fue un gol imparable, dado el resultado conocido en la tarde del viernes.

Este fin de semana un ingrediente explosivo atizó el fuego. Tras las sanciones impuestas por Estados Unidos, con repercusión especial sobre la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA), la empresa no tendría capacidad de producción de combustibles ni siquiera para un día completo de abastecimientos. La notificación, conocida por informes de la producción de la empresa, acentuó la angustia de cientos de miles de consumidores que desde siempre han considerado un derecho el poder contar con combustibles baratos y en abundancia. En criterio de muchos analistas, la nueva privación es una chispa peligrosa para un ambiente volátil.

Tal Cual Digital informó que para el viernes, PDVSA contaba con apenas 20.000 barriles de gasolina de 95 octanos, apenas una gota para los cientos de miles de vehículos que circulan por las avenidas y carreteras del país. La empresa, según el periódico, no contaba ni con un litro de gasolina de 91 octanos, la calidad más popular. Al ritmo de las necesidades del país, la falta de combustible se sentiría en pocas  horas.

El peligro que emergía de esta crisis de abastecimientos era ser una paralización general del país en muy poco tiempo, a menos que rusos y chinos encuentren vías para llegar hasta los surtidores de combustible. Nada hacía presumir, al cierre de la semana, un aflojamiento de las tenazas que aprisionan al vecino país.

Más allá de Maduro

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Lo que está en juego en Venezuela va bastante más allá de la geografía y la política doméstica. Pasa por el petróleo y se amarra a las corrientes ideológicas que luchan activas desde hace más de dos siglos. Es la lucha por las riquezas naturales y su control. Y Venezuela posee las mayores reservas petrolíferfas del mundo, entre ellas la faja del Orinoco, un gigantesco cinturón que se extiende por más de 55.000  kilómetros cuadrados, algo así como el 80% del departamento de Pando o un tercio de todo Uruguay.

A los bolivianos nos tocó vivir esas luchas durante muchos años. Estábamos sometidos al yugo colonial cuando en 1545 fue descubierta la montaña argentífera de Potosí y vimos que la plata de ese cerro gigante era extraída para erigir grandeza y poder en otras naciones, encender rivalidades y alimentar discordias de las que los dueños legítimos de la montaña estaban ausentes.

Cuba, carente de grandes recursos naturales, vio a Venezuela con envidia. Fidel Castro intentó aliarse con el  líder demócrata venezolano Rómulo Betancourt, al rayar la década de 1960, pero fue desairado. Décadas más tarde, lo consiguió, a través de Hugo Chávez: Venezuela enviaba petróleo (más de 100.000 barriles diarios) y Cuba retribuía con miles de brigadas de jóvenes profesionales, médicos principalmente, que derivarían en el principal sostén económico de la isla.  Por ellos Cuba cobraba (y todavía lo hace) una porción considerable del que debía ser el sueldo de los profesionales. A éstos se sumaron pronto asesores en una gama amplia de especialidades, en particular seguridad. Estuvieron a cargo de gran parte de los sistemas de identificación de la ciudadanía e instalaron en Venezuela sistemas similares a  los que se habían instalado en Cuba para el control de las personas. Es difícil establecer, viviendo fuera de Venezuela, cuán efectivo fue el intento de convertir a ese país en un régimen policial, pero todos los informes que vienen de allí confirman la instalación de un régimen totalitario bajo el signo del Socialismo del Siglo XXI, en el que milita el gobierno boliviano. El presidente Morales ha estado firme al lado de Maduro todos estos días de crisis, a despecho de la actitud de sus vecinos mayores, especialmente Brasil y Argentina.

Pero ahora aquel sistema languidece, en gran parte debido a sus fracasos económicos, por la corrupción en las élites partidistas y por la represión. La dirigencia esclarecida de los regímenes entiende que el tiempo para ese socialismo se acabó. Venezuela es el peor ejemplo de despilfaro y enriquecimiento ilícito, en muchos casos derivado en nepotismo e incapacidad flagrantes. Infórmense de la vida dispensiosa de los jerarcas socialistas venezolanos y verán en ella una de las razones principales (tal vez la verdadera razón) por las cuales se aferran al poder, incluso la casta de militares que, el jueves, juraron lealtad a Maduro y sellaron su ruptura con las corrientes democráticas de su país. Gran parte del gabinete ministerial está formado por militares, que también dirigen las empresas del estado más rentables, entre ellas Petróleos de Venezuela (PDVSA), un tiempo considerada entre las más ricas y poderosas del mundo. ¿Quién podría sostener que ese gobierno es ¨socialista¨ y de los ¨trabajadores¨?

¿Alguien se atrevería a aproximarse a algún joven venezolano y solicitarle su voto para el partido oficial Partido Socialista Unido de Venezuela? Con cierto optimismo, pasarán décadas antes de que esas corrientes vuelvan a despertar alguna simpatía. Las presentes y futuras generaciones no  podrán olvidar que fue bajo ese signo politico que Venezuela pasó a militar entre los países más pobres del mundo, luego de haber estado en la ruta hacia el primer mundo. Culpables de este desastre también han sido las élites políticas y económicas venezolanas, incapaces de comprender que ninguna sociedad sobrevive mucho tiempo cercada de miseria y con expectativas crecientes atizadas desde los medios audiovisuales y electrónicos de comunicación.

En estos días se juega la suerte no solo de Venezuela. También el futuro de los socialismos que procuraron demostrar que ¨otro mundo es posible¨ y acabaron en el mismo socialismo del que buscaron diferenciarse. Maduro declaró anoche (viernes) que la ruptura que ordenó de las relaciones con Estados Unidos no era, en realidad, una ruptura, pues todo seguiría funcionando igual. Se trataba sin duda de un desvarío. Los venezolanos, que tienen  un agudo sentido de la realidad, le habrán dicho: ¨Chivo que se devuelve se desnuca¨.

Por ahora…Maduro

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Escrito tras la posesión de Maduro, ayer al mediodía. Habrá actualización. La situación en Venezuela se ha vuelto fluida.

Era previsible que Nicolás Maduro y los militares que lo sustentan recibirían de los poderes bajo su control, un nuevo mandato de seis años para gobernar Venezuela hasta 2025.  Pero de lo que nadie estaba seguro era cuánto podrán aguantar. Lo que siguía siendo claro el fin de semana que pasó era que completar ese mandato representaba una apuesta que ni Maduro ni los jefes militares, se atrevían a articular, pues desde hace por lo menos dos años el gobierno venezolano vive al día, aguardando completar la jornada incólume.  Lo mismo ocurre con la economía pues una gran parte de la población  hace esfuerzos para llegar al fin del día habiendo comido tres veces.

Maduro tomó posesión en un acto que no tiene paralelo en la historia hemisférica reciente, por la cantidad de países que desairaron la osadía de asumir el mando con pretensiones democráticas por parte de quien es equiparado a los tiranos más notables de la región. El mayor aporte para esa distinción abyecta lo representan millones de emigrantes que han abandonado el país desde que el Socialismo del Siglo XXI empezó a gobernar, a fines del siglo pasado.

El presidente Evo Morales fue a dar un abrazo y ofrecer apoyo a uno de los personajes más resistidos en el mundo, pero líderes de oposición rápidamente descalificaron ese gesto y lo definieron como individual. El candidato presidencial de Demócratas Oscar Ortiz dijo que ese apoyo ¨implica complicidad con una dictadura y mancha el nombre de Bolivia¨. Adelantó que si llegase a ganar la elección presidencial de fines de año, Bolivia se retirará de ALBA y UNASUR, los organismos multinacionales creados bajo el  impulso de Hugo Chávez. Ambos organismos languidecen  con el advenimiento de gobiernos de sello adeverso en casi todo el continente.   Carlos Mesa, el candidato presidencial más aventajado en las encuestas, dijo que Morales podía creer en la ¨legitimidad¨ de Maduro pero no hablar a nombre de todos los bolivianos.

Cercado por todos sus vecinos, con una economía a pique, que se ha encogido en más de la mitad en los últimos cinco años, es muy poco  lo que Maduro podría hacer para revertir el cuadro. Encuestas privadas le asignan una aceptación del 10% de la  población venezolana y un porcentaje aún menor cree que bajo su mando la suerte de Venezuela podría cambiar. Gobernar en esas condiciones era como caminar descalzo sobre el fuego.

La controversia sobre cómo Maduro obtuvo un segundo mandato ha sido tan persistente que muchos observadores vieron en ella la causa del atropellamiento del Presidente del Tribunal Supremo de Justicia, Maikel Moreno, al tomar el juramento a Maduro.

El magistrado, un ex  policía con antecedentes criminales por los cuales estuvo en prisión, no alcanzó a leer de corrido la formula de juramentación y hacia el final se atascó.Tras segundos interminables en los que acudió al papel en el que tenia escrita la formula, concluyó la frase mientras Maduro aguardaba inmutable, envuelto en la atmósfera tensa que había invadido la sala del tribunal.

El ostracismo internacional del régimen empezó a volverse sofocante ese mismo momento, cuando los países del Grupo de Lima, conformado el año pasado para lograr la salida de Maduro y la democratización de Venezuela, decidieron desconocer al gobernante y reconocer como único poder electo el de la Asamblea Nacional, que preside Juan Guaidó. El mismo día, la AN había declarado a Maduro como un usurpador. Paraguay se adelantó a todos y en una reviravolta de una maniobra venezolana que cinco años atrrás lo había excluido de Mercosur, rompió relaciones con Caracas.

La ceremonia de juramentación solo agregó incertidumbre . El viernes,  un cabildo abierto frente a la sede de  las Naciones Unidas, dispuso que  Guaidó, asumiese a las competencias del gobierno, en un quiebre mayúsculo de poderes. Con el respaldo de gran parte de la comunidad, Guaidó se disponía el viernes a actuar bajo ese mandato. La edición digital del diario El Nacional anunció que el Secretario General de la OEA, Luis Almagro saludó al asambleísta como el nuevo presidente de Venezuela, una movida que se esperaba fuese seguida por países que condenan a Maduro.

Maduro y los jefes militares contaban con el apoyo verbal de Nicaragua, Bolivia y Cuba. El margen de Maduro sería escaso: Resistir podría conducir a una matanza y a la corta o a  la larga perdería, pues otras naciones acabarían interviniendo. Abandonar el país, como lo hizo Marcos Pérez Jiménez en 1958, era un viaje sin destino: ¿A dónde? Quizá Cuba o Bolivia pero ¿por cuánto tiempo?

En una de sus primeras decisiones, Guaidó convocó a una concentración en el barrio histórico de 23 de enero, llamado así en memoria de la fuga de Pérez Jiménez. Qué ocurrirá hasta entonces era otra de las grandes incógnitas que han venido como avalancha este primer mes de 2019.

(https://haroldolmos.wordpress.com)

Una elección no elección

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El TSE se encamina a presidir una elección en la que no habrá elección. Esta extraña figura costará a los bolsillos de los contribuyentes la bicoca de casi 27 millones de bolivianos, suma es equivalente al costo de cinco hospitales equipados, capaces de attender las necesidades de salud de otras tantas áreas rurales y urbanas. Contra el gasto ha tomado cuerpo un movimiento de resistencia que demanda la cancelación de esa elección, pues luce como una manera escondida de dar legitimidad a la candidatura del presidente Evo Morales y de su vicepresidente Álvaro García, vetada por el referendum del 21 de febrero de 2016.

A la voluntad de ese referendum, que cerró la posibilidad legal de que Morales se candidatee por cuarta vez, el partido del gobierno interpuso un fallo del Tribunal Constitucional, que declaró válida la re-re-re candidatura en base al argumento de que prohibir las candidaturas repetidas sería atentar contra un original derecho humano de esas autoridades a reelegirse indefinidamente. El argumento es visto por como una mofa cruel que curiosamente coincide con el 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos este 10 de diciembre.

Al cerrarse las inscripciones el miércoles, las organizaciones registradas (nueve) tenían solo un binomio con lo cual las primarias quedaron en entredicho. ¨Por definición, con una sola formula no hay elección pues al elector no se le presentan opciones¨, dijo José Antonio Quiroga, politólogo y dirigente en el frente Comunidad Ciudadana que postula al ex presidente Carlos Mesa.  ¨Para  poder elegir debe dársele al elector siquiera dos opciones¨.

Dar curso a esa noción equivale a aceptar el sistema que aún rige en Cuba y en los que presidía la ex Unión Soviética. ¿Hay elecciones genuinamente pluralistas en Cuba, con más de una opción, o las hubo en la difunta URSS?

Freddy Terrazas, Jefe Nacional de Acción Democrática Nacionalista (ADN) es más radical: ¨Esta elección (prevista para el 27 de enero) debe abortar, pues no tiene ninguna razón de ser¨.

No hay opiniones discrepantes en las filas opositoras que,pese a prepararse a desgano para concurrir a ratificar al único binomio que tienen inscrito, ven la elección con sospecha. ¨El referendum del 21 de febrero fue un mandato supremo que no debe ser siquiera discutido¨, agregó Terrazas.Ese referendum rechazó la posibilidad de modificar el artículo 168 de la constitución actual que prohibe las re-re-re consecutivas que pretende el partido de gobierno.

Los estudiosos recalcan que ofrecer siquiera dos opciones expresa un principio de la libertad humana que, para manifestarse, requiere de cuando menos dos posibilidades. Una elección sin opciones anunciaría una abstención masiva de la ciudadanía.

El Tribunal Supremo Electoral, sin embargo, decidió el viernes ignorar presiones y reiteró que las primarias tendrán lugar y asumió la responsabilidad por la participación del binomio gubernamental Morales-García en las primarias de enero. Los que concurran a esas primarias irán a sancionar la designación de candidatos previamente escogidos en una versión actualizada del  ¨se le mete nomás¨, el mantra del  presidente.

Con los regímenes que militan en el Socialismo del Siglo XXI (Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia) en declinación,  perder una elección representa un peligro existencial para todo el bloque. La pérdida de elecciones en Argentina, Paraguay, Chile,Ecuador y Brasil, lo ha restringido a la mínima expresión. Eso, para muchos analistas, explica la resistencia que ofrecen los regímenes sobrevivientes para ceder cualquier nuevo espacio a sus adversarios.

La perspectiva inmediata es de tensión progresiva del ambiente político.

Lemings del Siglo XXI

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Los signos no dejan lugar a dudas y despellejan la realidad de un ciclo que llega al final. La ex presidente Cristina Kirchner está a un paso de ir a la cárcel, en medio del asombro de muchos argentinos que no sospechaban de la trama de corrupción que bajo sus narices se tejía. El camino de la ex presidenta hacia la prisión ya fue seguido por Luiz Inacio Lula da Silva y Ollanta Humala. De Fernando Lugo casi nadie se acuerda y a Rafael Correa la justicia le pisa los talones. Tras 23 años con el poder presidencial y presionado por una insurrección cívica, Daniel Ortega no encuentra a dónde ir. Otros de su misma línea en el continente presienten que el final se acerca inexorable y temen correr la misma suerte.

Surgido como una oportunidad de redención tras el fracaso monumental del socialismo real que se instaló durante 72 años en Rusia, el Socialismo del Siglo XXI luce en crisis terminal. Muchos analistas creen que, a menos que reorienten la ruta drásticamente, los sobrevivientes de este prolongado tsunami marchan hacia el final suicida hasta hace poco atribuido a los lemings de Europa del norte. No se conoce de ninguna banda musical auténtica que los acompañe pues el entusiasmo que consiguió congregar alrededor de sus postulados ahora languidece. Los sostiene una esperanza azarosa de que en algún momento la fortuna política les vuelva a sonreir.

El sistema que colapsa también trepida más allá de los límites geográficos inmediatos. Ahora afecta al nervio esencial del socialismo en su segunda versión, Cuba, que también siente que transita un retorno a los tiempos temibles del ¨Período Especial¨ que sobrevino tras la caída de la Unión Soviética, que durante 30 años mantuvo la economía de la isla a razón de unos cinco millones de dólares diarios. Fueron años de grandes sacrificios para los cubanos, en los que hasta los bueyes compensaron la falta de energía que derivaba del petróleo, que en trueques y a precios reducidos, recibía de los soviéticos. En un determinado momento, una legión de 200.000 bueyes arrastraba arados, tractores y propulsaba moliendas de azúcar. La fortuna, sin embargo, aún estaba del lado del régimen de los hermanos Castro.

Hugo Chávez Frías fue ungido presidente tras ganar las elecciones de 1998. Recibió la banda presidencial del mandatario que lo había amnistiado años atrás, Rafael Caldera, cumbre del socialcristianismo mundial. El comandante estuvo dos años en la cárcel del Yare, a unos 70 kilómetros por carretera desde Caracas, donde fue recluido tras la intentona golpista de 1992. Libre, empezó su escalada democrática hacia la presidencia.

En el joven mandatario Cuba encontraría el respaldo económico que perdía con el hundimiento soviético. A Cuba llegaban hasta hace poco unos 90.000 barriles diarios de crudo entregados en condiciones preferenciales y que la isla procesaba o vendía directamente a clientes. Esa cantidad se ha ido reduciendo a medida que la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) también entraba en una crisis sin precedentes y retrocedía en más de medio siglo.

La producción petrolera ahora está en alrededor de 1,5 millón de barriles diarios; las refinerías se paralizan por falta de repuestos y mano de obra calificada, y en ese declive las entregas subsidiadas a Cuba y otras islas del Caribe han sido afectadas o desaparecido por completo.

Los observadores subrayan que ese derrumbe ha repercutido en una de las naciones centroamericanas más favorecidas por el petróleo subsidiado. Contar con petróleo barato y, además, con acceso preferencial al mercado venezolano fue fundamental para que la economía nicaraguense pareciese pletórica de salud, con un crecimiento que bordeó el cinco por ciento anual, el más robusto después del de Panamá. La falta del apoyo venezolano apretó fuertemente el cinturón de la economía y en abril Ortega buscó paliar el déficit fiscal con cambios en el sistema de pensiones. Fue el fulminante para las protestas estudiantiles y las convulsiones políticas que amenazan al régimen. Cualquier parecido con otras realidades no es meramente casual.

El ex comandante guerrillero, aclamado en todo el mundo tras la caída de la dictadura de Somoza, no quiere saber de elecciones anticipadas el año próximo para recortar su mandato, que duraría hasta 2022. Los observadores temen que su intransigencia por mantenerse en el poder lleve a Nicaragua de vuelta a la guerra civil. Es una actitud parecida a la de otros líderes que, al creerse insubstituibles, se comportan como los roedores nórdicos y se enderezan hacia el despeñadero con el riesgo de sacrificar los logros alcanzados por la sociedad que presidieron.