Seguridad

Negligencia mortal

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¿Qué empresa o institución es aquella que envía a un joven mensajero a retirar de un banco y depositar en otro más de 291.474 bolivianos (más de 40.000 dólares)? A sabiendas de los peligros que una misión así representa, el joven Mario Cuéllar García (23) intentó cumplir la peligrosa misión y lo hizo a costa de su vida. Ha sido una irresponsabilidad de la institución en la que trabajaba que facilitó el trabajo de los asesinos: el banco de donde el joven retiró el dinero está sobre una calle que converge en la Plaza 24 de Septiembre y aquel donde debía depositarlo está a poco más de cien metros de distancia.
¿Costaba mucho realizar una transferencia bancaria de una cuenta a otra? ¿En qué medio vivimos que una operación tan sencilla no es practicada y resulta el camino para la comisión de asesinatos?
Creo que las autoridades tendrían que prohibir expresamente ese tipo de operaciones manuales. Hasta sugeriría que las transferencias superiores a 10 mil bolivianos sean obligatoriamente realizadas vía transferencias bancarias de una institución a otra.
A los colegas de la TV que hablan de los “antisociales”, por favor, se trata de delincuentes, de bandidos, asaltantes. ¿Por qué darles el beneficio del matiz de un calificativo más genérico?
El joven fue enterrado hoy.

Rebelión Policial

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Fuerzas de la policía boliviana se amotinaron este jueves de Año Nuevo Aymara y, precedidos por  una protesta que habían lanzado sus mujeres, novias y familiares, dejaron a gran parte del país desguarnecido de guardia pública en uno de los mayores desafíos al gobierno del presidente Evo Morales y a la estabilidad de su gobierno. El motín adquirió  características de  una  rebelión que abarcaba los mayores centros urbanos del país mientras se aguardaba la llegada desde Rio de Janeiro del presidente Morales. Se temía  que, de fracasar un eventual diálogo con los rebeldes, sólo  quedase una intevención militar. Los amotinados exigían que el diálogo, en caso de darse, tuviese lugar en la sede policial que tomaron durante la jornada.

El movimiento fue iniciado con una huelga de hambre en la víspera declarada por las esposas de los policías en reclamo por mejores salarios para sus maridos y parientes en función policial. En amotinamiento había adquirido características masivas en La Paz, Santa Cruz, Cochabamba, Oruro y Potosí.  La vigilancia policial estaba limitada principalmente a las cárceles, centros de salud y a las principales sedes de mando policial y de gobierno.

El movimiento sólo tendía a agravarse. Jaime Solares, de la COB, se sumó a los policías y les garantizó la solidaridad de los obreros bolivianos. Federaciones de Maestros hicieron lo propio.

Había unanimidad en afirmar que la jornada de este  jueves había sido inusitadamente tensa y violenta, aunque no había informes sobre víctimas fatales. Los informes de la TV decían que en el Palacio Quemado se encontraban esta noche el Vicepresidente Álvaro García y el Ministro de Gobierno, Carlos Romero, pero no había forma de verificar la información en fuentes oficiales. La Guardia Presidencial estaba dentro del más que centenario palacio.

Las esposas de los amotinados se concentraron durante algunos instantes frente a la puerta principal del Palacio presidencial y reclamaron la renuncia del presidente Morales y del Comandante de la Policía.

El ministro Romero, en una conferencia de prensa al mediodía, negó que hubiese un amotinamiento. Los acontecimientos lo desmintieron. Y las mujeres mostraron un rostro aguerrido y anunciaron que si el gobierno no cede a sus demandas “sangre va a correr”. “Defenderemos a nuestros maridos con uñas y garras en la lucha por un salario justo”, dijo Guadalupe Cárdenas, una de las líderes de los policías.

No se veía guardia policial ni en el Palacio ni en sus alrededores, que lucían desolados. Las imágenes de TV mostraban a rebeldes masivamente concentrados y en vigilia frente al edificio presidencial, en plena Plaza Murillo. A pocos metros, estaban las oficinas de la UTOP, Unidad Táctica de Operaciones Especiales, donde están atrincheradas las mujeres de los policías, ahora apoyadas por sus maridos y parientes.

A las noticias que daban la radio y la TV les encontraría un paralelo. En febrero 1975 estalló una rebelión policial en Lima. La ciudad quedó desprotegida y ocurrieron saqueos generalizados y el ejército recibió la orden de intervenir. Ocurrió la intervención con tanques rusos T-55 y hubo una masacre. Murieron 86 personas y al menos 155 resultaron heridas. Pero fue el fin del gobierno de izquierda que presidía el general Juan Velasco Alvarado, quien meses después fue depuesto;  asumió el general Francisco Morales Bermúdez. La policía boliviana tiene unos 31.000 efectivos. El conflicto que estalló hoy fue prangonado con uno similar de 2003, que desembocó siete meses después en la caída del gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada.

En Santa Cruz, Erbol informó del acuartelamiento de policías en la sede de la Asociación Regional de Suboficiales, Sargentos, Clases y Policías, después de la refriega que ocurrió durante la toma de la UTOP en La Paz. En esa toma hubo un número aún impreciso de bajas. No se conocían detalles de disturbios similares en Potosí, Cochabamba y Oruro.

El panorama que ofrecía La Paz era de una ciudad desierta, no solamente por causa del motín sino por las bajas temperaturas que afectan al país, una contraste con el calentamiento político generado con el movimiento policial.

Los amotinados, tras tomar la UTOP, detuvieron una vagoneta de la que extrajeron armas y municiones, entre ellas metralletas y pistolas. Dijeron que estaban dispuestos a mantener la rebelión hasta que el gobierno acceda a sus demandas. Piden, básicamente,  que sus sueldos sean nivelados a los que reciben los militares. Carezco de cifras precisas, pero con certeza un oficial de las fuerzas armadas percibe un sueldo varias veces más alto que el de oficiales con grado equivalente de la policía.

Un policía declaró a la TV que “si el gobierno quiere que desaparezca la corrupción” los sueldos policiales deben ser mejorados. Fue una admisión de la validez de un reclamo constante contra los cobros ilegales que realizan algunos funcionarios desde las oficinas de  tránsito hasta los guardias en la  calle. Un mayor de apellido Vargas,  entrevistado esta noche por la red Uno de TV, habló de “las miserias” con las que viven los policías: muchos duermen sobre cartones y la comida buena no existe sino como ficción, con un trabajo que se prolonga a 480 hors por mes, el doble de lo que permitiría la ley. Todas las penurias reprimidas de los policías salieron a flote en la televisión y muchos se enteraron por primera vez de la vida  miserable que lleva una porción importante de los guardianes del orden.