Sánchez de Lozada

El desafío del gas

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A comienzos de 2003 una misión frondosa de funcionarios bolivianos (nueve ministros) encabezada por el propio presidente de la república llegaba a Brasilia con una misión casi imposible: convencer a los gobernantes brasileños que Bolivia no podría reducir el precio para el gas que le entregaba desde hacía cuatro anos. Brasil calculaba que cuando se llegase al máximo requerido (31 millones de metros cúbicos diarios), el precio sería prohibitivo.
El entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada volvió a La Paz sin persuadir a los brasileños de que los precios contratados para el gas no debían ser discutidos. El asunto quedó para futuras reuniones. El gobierno boliviano –como siempre, salvo en estos los últimos años- estaba en graves apreturas y los ingresos fiscales no alcanzaban para cubrir los gastos presupuestados, menos aún para atender múltiples demandas salariales y de inversión. El precio del gas era entonces una fracción del actual.
Durante una entrevista en aquellos días en la capital brasileña, el mandatario me dijo que había agotado toda su fuerza de argumentación para conseguir imponer el punto de vista boliviano. “Les he dicho: Primero dejemos que el tubo (el gasoducto) se llene (Bolivia aún no había llegado al tope de sus entregas) y discutamos cuando eso ocurra. No hay caso. Llegué a decirles que si Brasil persistía en su actitud, pronto tendría que negociar con otros…”, entre los cuales mencionó a algunos líderes de entonces, entre ellos el actual presidente Evo Morales.
Los costos de la energía son sensibles en toda sociedad. Para Bolivia, reducir la factura de Brasil era como quitarse oxígeno para respirar. Para Brasil, cualquier rebaja en los costos de la energía que importaba también era importante. Había un ingrediente adicional: Sánchez de Lozada no era de los favoritos del gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva, del PT, entonces una estrella novedosa que refulgía en todo el escenario mundial. Además de los factores económicos, no había mayor interés político en otorgar una concesión al mandatario boliviano, ubicado en la otra esquina del modelo que encarnaba Lula. A fines de ese año, Sánchez de Lozada no era más presidente, en la cúspide de una secuela de eventos que desembocarían en la elección democrática de Morales, a fines de 2005.
La historia suele ser recurrente. Este viernes por la mañana leo en una entrevista (El Deber, Pág. 6) la declaración de un analista brasileño especializado en energía quien anticipa que Brasil demandará una disminución de precios en la discusión de un nuevo contrato, que substituiría al que fenece dentro de seis años. Marco Tavares dice que el precio debería ser de siete dólares por millar de unidades térmicas británicas (la medida para calcular el contenido energético del gas) en vez de los 10 dólares actuales. Es un 30% menos, que probablemente representa el valor que quiere Brasil. En ese porcentaje puede estar gran parte de la bonanza económica que ha tenido Bolivia estos años.
Con todo, el precio no es el único elemento importante. De acuerdo con el analista, y con cualquier observador de los vaivenes de la industria petrolera, el eje de todo es que Bolivia pruebe que tiene reservas suficientes como para garantizar un nuevo contrato. En negociaciones con Venezuela o con cualquiera de los productores árabes de petróleo habar de reservas es superfluo. Con Bolivia es esencial, pues el país no es más el reservorio gasífero que se creía a principios de siglo. ¿Se acuerdan que el presidente Chávez llegó a proponer un gasoducto continental sudamericano que uniría el gas de Venezuela (No. 1 en reservas) con el de Bolivia y Perú para llegar a toda América del Sur? La idea murió por imposible, ecológica (devastación en la región amazónica) y financieramente (US$30.000 millones).
Al ritmo actual de producción las reservas probadas bolivianas durarían entre seis y 10 años. Eso explica la prisa por conseguir inversionistas para explorar, pues YPFB sola no puede hacerlo. Se trata de una escala de miles de millones de dólares. No ha habido ningún hallazgo de magnitud en los últimos años. Hace poco, las autoridades anunciaron que los que encuentren hidrocarburos recibirían como compensación los gastos que hubieren tenido en la exploración. No es poco, pero está por verse si el incentivo es suficiente en esta carrera contra el tiempo.

Una propuesta inviable

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Reproduzco para Uds. un artículo del diplomático y ex vicecanciller Marcelo Ostria Trigo, sobre el oleaje producido por el roce verbal entre los presidentes de Bolivia y Chile hace unos días. Bajo el título de «Gas por mar: Por ahora una propuesta inviable entre Bolivia y Chile», el artículo fue divulgado por el sitio de América Economía, con base en Santiago.

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La propuesta llamada “gas por mar” presentada por el presidente de Bolivia, Evo Morales, en la Cumbre de la Celac-UE para solucionar el problema de le mediterraneidad de Bolivia, y la tajante negativa del presidente de Chile, Sebastián Piñera, han causado enorme revuelo en los dos países. En verdad, no sorprendió que nuevamente Evo Morales se refiera a la mediterraneidad de  Bolivia en una cumbre de países con distintos propósitos a los de ventilar diferendos o controversias.

El presidente boliviano no fue claro en su proposición. Esto dio lugar a que se interprete que había propuesto a Chile que ceda a Bolivia una salida soberana al mar, a cambio de la provisión de gas, presumiblemente como compensación. Pero, muy pronto la confusa propuesta del mandatario boliviano fue “aclarada” por funcionarios de su gobierno y, sorpresivamente, por el ex presidente Carlos Mesa,en sentido de que no se trataría de compensar a Chile con gas por la eventual cesión a Bolivia de una salida soberana al mar, sino de una oferta de venderlo -es decir, como proveedor seguro- a Chile, luego de que se concrete dicha solución de acceso al mar a Bolivia. Por su parte, el ministro boliviano de Gobierno, Carlos Romero, también aseguró que el presidente Evo Morales fue malinterpretado y que en ningún momento ofreció a Chile gas a cambio de una salida marítima para Bolivia. Según este funcionario, lo que realmente dijo el presidente Morales fue que, una vez concretada la cesión de una salida al mar a Bolivia, “se podía pensar” en conversar sobre la exportación gasífera a Chile.

Carlos Mesa, fue el vicepresidente que asumió el mando de la nación en octubre de 2002, cuando fue derrocado el presidente Gonzalo Sánchez de Lozada por el “pecado” de intentar la exportación de gas a mercados del norte, a través de un puerto chileno.Mesa, entonces, adoptó la llamada “Agenda de Octubre”, impuesta por los revoltosos, en la que se “prohibía” exportar gas boliviano a Chile, o a cualquier otro país a través de los puertos de país vecino. Pronto, Mesa varió su posición y estableció, a través de un plebiscito, la política de su gobierno. La pregunta fue: “¿Está usted de acuerdo con la política del presidente Carlos Mesa de utilizar el gas como recurso estratégico para el logro de una salida útil y soberana al océano pacífico?”. Nótese que se trata de un texto difuso, pues no se explicó el alcance de eso de “utilizar el gas como recurso estratégico”. Por lo demás, Mesa no propuso una política de Estado, sino “su” política.

Naturalmente, el ex presidente Mesa ahora aprovecha la ocasión para recuperar vigencia. Esta vez de la mano de Evo Morales. Y dice: el presidente Evo Morales nunca ofreció “gas por mar” y, apela a una acusación:“ese (la proposición de gas por mar) es un ‘paquete’ que fue ‘vendido’ por los medios de comunicación chilenos y en el que lastimosamente cayeron muchos periodistas bolivianos”.

¿Qué gas ofrece Evo Morales vender, o dar como compensación por una salida soberana al mar eventualmente cedida por Chile? Por lo que se sabe,con el actual ritmo de inversiones para el descubrimiento de nuevos yacimientos de  gas, solo será posible cumplir con los compromisos de venta a Brasil y Argentina y satisfacer la creciente demanda interna. Es que no parece haber variado sustancialmente la situación que se presentaba a fines de 2010, cuando Bolivia pasó, de tener reservas probadas de 28,7 TCF’s el año 2005, a 8,86 TCF’s el año 2010. Entonces, ya fue claro que las reservas no alcanzarían para proveer adicionalmente gas a la proyectada acería en los yacimientos de hierro del cerro Mutún en el Oriente boliviano, cuya explotación  estuvo a cargo de la compañía hindú Jindal Steel Co., que finalmente abandonó el proyecto.

Las últimas estimaciones sobre las reservas de gas de Bolivia alcanzarían a 9,91 TCF’s y, pese al gran potencial gasífero de su territorio, un posible aumento de las  mismas resultaría en excedentes de gas sólo dentro de ocho años, si se invierte lo requerido para el descubrimiento de nuevos yacimientos. Esto, naturalmente lo sabe el presidente Morales. Probablemente, el solícito ex presidente Mesa lo ignora.

Pero, además de la inviabilidad de la proposición del presidente Morales, su presentación fue, por lo menos, imprudente. Sorpresas como ésta no son propias de un buen manejo diplomático. La trascendencia de un asunto como la solución de la mediterraneidad de Bolivia exige preparación, consultas previas y, por supuesto, negociaciones. Sólo así se evita rechazos públicos que son difíciles de revertir; más aún si las respuestas, como la del presidente Piñera, son torpes y cierran posibilidades de entendimientos futuros.

Una vez más, el presidente Piñera, justificó su cerrada negativa en la “santidad” de los tratados de límites, sosteniendo que Chile no está -alguna vez dijo que nunca estuvo- en disposición de ceder a Bolivia una salida soberana al mar. Esta inexactitud la repite constantemente. Pero la historia muestra los contrario: en 1950 Chile declaró oficialmente que estaba “llano a entrar formalmente en una negociación directa destinada a buscar una fórmula que pueda hacer posible dar a Bolivia una salida propia y soberana al Océano Pacífico” (nota del canciller chileno Horacio Walker Larraín al  embajador de Bolivia en Santiago, de 20 de junio de 1950). Luego, transcurridos 25 años, también se llegó a negociar –luego de la reunión de Charaña– una fórmula concreta para la salida soberana de Bolivia al mar como solución de la mediterraneidad de Bolivia. En ambos casos, no se habló de revisión, modificación o nulidad del Tratado de 1904. En verdad, no es justo ni prudente torcer la verdad.

Pero en lo que tiene razón el presidente Piñera es que ambas partes están empeñadas en un “diálogo de sordos”. Claro que él, en esto, también tiene su parte.

Los rescoldos no pueden ser más decepcionantes: los adjetivos y las agresiones verbales ya provienen de los dos lados, llegando a las descalificaciones personales.

La explicación que vino del norte

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Durante días estuve procurando información oficial sobre la nota con la que Estados Unidos rechaza el pedido de extraditar al ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. El gobierno no la dio y los medios que leí no la ofrecieron. El problema es más simple y a la vez más complejo. Jack Tapper, columnista de ABC News, trajo el 10 de septiembre una explicación que puede insinuar el contenido de la nota misteriosa. Una fuente informó al columnista que, para ser exitoso, un pedido de extradición debe tener dos pilares: el delito debe ser tal en las jurisdicciones de los dos países y debe existir un convencimiento razonable de que la persona efectivamente lo cometió. Pero la petición boliviana no tenía esos pilares. Como cuestión técnica, en la legislación americana no cabe la acusación de genocidio en la forma en la presentada en la solicitud boliviana. Habría sido mejor “presentar acusaciones de asesinato o de conspiración para cometer asesinato”, dice el columnista, citando una fuente informativa. La misma fuente agrega que “la acusación es de genocidio pero no trajo pruebas” que demostrasen que el ex presidente hubiese ordenado la muerte de nadie, dice el columnista.
“En la solicitud no había evidencias”, dijo la fuente, tras agregar que el gobierno boliviano tiene la costumbre de enviar a menudo “peticiones muy defectuosas” al gobierno de Estados Unidos .
Dicho localmente, la redacción de la petición boliviana puede haber sido inconsistente, con la frecuente redacción de calidad pobre que se nota en algunos documentos (no sólo en documentos) oficiales. Todo esto explicaría porqué la nota oficial de Estados Unidos aún está protegida contra la divulgación. Adolecía, de acuerdo al columnista, de «graves fallas técnicas».