Romero

A la espera de las pruebas

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¨Si tenemos que volver a refrescar la memoria colectiva para recurrir a los instrumentos contundentes probatorios de la existencia de esos hechos, lo vamos a hacer nuevamente ante quien sea”. La frase del Ministro de Gobierno Carlos Romero fue dicha hace dos semanas  y, desde entonces, una buena parte del país aguarda con expectativa esos instrumentos probatorios que no llegaron a ser tales durante  más de cinco años de juicio oral  y de nueve que se cumplen hoy  del suceso brutal que le dio origen.   Es uno de los procesos más dilatados del mundo y nada anuncia su pronta conclusión.

Justo un día como  hoy en 2009, el presidente Evo Morales llegaba a Venezuela y denunciaba ante sus colegas del hemisferio, inclusive ante Barack Obama horas después, que habían querido matarlo y que él había ordenado atacar el hotel donde estaban los supuestos insurrectos. Recibió expresiones solidarias casi de todos, excepto del mandatario estadounidense apenas juramentado quien le dijo que su país rechazaba ese tipo de acciones y robusteció en el lenguaje oficial boliviano la identificación despectiva con ¨el imperio¨ en toda alusión a la potencia del norte.

Solo horas más tarde, el Comandante Nacional de la Policía dijo que  los supuestos conjurados, que dormían en el Hotel Las Américas, habían disparado sobre la unidad policial que invadía el hotel y ¨nos vimos obligados a responder…Esta es la versión de lo ocurrido y hay que creerla.¨

Hasta hoy no hay explicación  sobre el hecho de que los alojados en el hotel estaban en cueros cuando supuestamente  atacaron a la unidad policial. Era una condición que ni Freud podría interpretar. Esa condición de atacar piluchos a policías fuertemente armados haría de lo ocurrido un episodio  único en la historia de los enfrentamientos bélicos y ya estaría registrada entre las rarezas de Ripley. (Más detalles en ¨Labrado en la Memoria¨, 729 páginas, Plural, que presenté en la Feria del Libro de Santa Cruz el año pasado.)

Un testigo contundente habría sido el ex fiscal Marcelo Soza, ahora en el exilio, refugiado en Brasil e identificado con el ropaje de aquellos a  los que acusaba, pero luce improbable que las autoridades, inclusive el tribunal del que fue parte, se interesen en extraditar al locuaz ex magistrado para que declare.   Todo apunta a que el refrescamiento anunciado por el Ministro Romero no  tendrá una manifestación inmediata y que el Juicio del Siglo persistirá acumulando récords en tiempo y contenido hasta que el péndulo marque, como en Brasil, un cambio de dirección.

Se non é vero é ben trovato

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Actualización y ajustes

El paro convocado por las organizaciones cívicas para conmemorar el 21 de febrero se cumplió en la mayor parte del país con una magnitud y contundencia tales que es insensato creer que lo ocurrido este miércoles no influirá en el cauce politico nacional. La escala del movimiento muestra el tamaño de la montaña que el gobierno deberá escalar para su propósito de afirmar la re-re-re-re candidatura del presidente Morales en busca de una presidencia continua a través de reelecciones sucesivas. La dimensión del paro fue minimizada por el Ministro de Gobierno Carlos Romero y otras altas autoridades, pero quienes salían a las calles principales de Santa Cruz y veían las imágenes que de otras ciudades transmitía la televisión, percibían que las cúpulas gubernamentales trataban de cubrir el sol con un cedazo.  El paro fue consistente y vino acompañado de la convicción de que el partido ahora en curso apenas comienza y que adelante yacen presiones cívicas renovadas que pondrán en jaque constante a los objetivos del gobierno. El gobierno y el país tendrán que andar con los cinturones bien amarrados.

El presidente del Comité Cívico pro Santa Cruz, Fernando Cuéllar, advirtió en las primeras horas de la jornada: ¨Ahora estamos comenzando…unidos nadie vendrá a torcernos el brazo¨. Un par de días antes, en La Paz, José Antonio Quiroga, abanderado de una de las plataformas que hace dos años levantaron la muralla que derrotó la pretensión reeleccionista, dijo en que no tenía sentido participar en cualquier elección presidencial si el mandatario iba como candidato a pesar de haber sido derrotado en el plebiscito del 21 de febrero de 2016. Y el ex prefecto de Santa Cruz Rolando Aróstegui proclamó en su página de internet:  ¨Se podrá esconder el sol y desaparecer la luna, pero la voluntad del pueblo no se atropellará¨. La temperatura política nacional creció con la jornada del miércoles y ya no serán suficientes los analgésicos para detener el ascenso.

La información que corría por los teléfonos celulares dio cuenta de incidentes en lugares distantes como Puerto Suárez y Riberalta, donde el paro también tuvo consistencia. La TV mostró caravanas de cientos de motociclistas riberalteños que gritaban el mantra anti-reeleccionista que cundió en la jornada: ¨Bolivia dijo no¨. El paro abarcó los cuatro puntos cardinales bolivianos.

La declaración del presidente Morales de que el paro había sido un fracaso, era desmentida en Santa Cruz por las aulas vacías de un gran número de escuelas, el comercio cerrado y calles y avenidas desoladas que aprovechaban algunos vecinos para entablar sendas tertulias y hacer un día de campo mientras los niños gozaban con la oportunidad de pedalear triciclos y jugar. En La Paz, el alcalde Luis Revilla cerró la jornada asegurando que el paro había sido contundente y que la marea manifiesta durante la jornada estaría activa y en crecimiento, a menos que el presidente renuncie a candidatear. En la capital las tensiones fueron mayores, por la proclamación de grupos oficialistas al presidente Morales para una re-re-re. Allí ocurrió el incidente más destacado del día, cuando un disparo de gas lacrimógeno hirió en una pierna a Franco Albarracín, hijo del rector de la Universidad Mayor de San Andrés, Waldo Albarracín, ex Defensor del pueblo y opositor conspicuo.

La jornada tuvo un remate en Cochabamba, con una concentración multitudinaria, con decenas de miles de participantes que escenificaron una de las más grandes manifestaciones de tiempos recientes, que se contraponía a otra promovida por el partido de gobierno para afirmar la renovada candidatura del presidente Morales. Fue en Sacaba donde ocurrieron las tensiones más graves en ese departamento. La policá lanzó gases lacrimógenos profusamente sobre la carretera hacia esa población, decían los partes informativos, pero no se conocía si hubo heridos de gravedad.

Santa Cruz también remató la jornada con una extraordinaria concentración al pie del Cristo Redentor. En la noche, parecía haber calado en muchos participantes la idea de que concentraciones de multitudes como la que engrosaban serían un hecho frecuente en los meses por venir.

El jueves, el presidente iba a asegurar, desde Pando, que el movimiento nacional de ¨la derecha fascista¨ contra su candidatura había sido inferior al que organizaron sus partidarios.   Dijo que sus partidarios habían ganado ¨por goleada¨ la presencia militante en las calles que el paro cívico había vaciado, pero pareció más condescendiente que el Ministro de la Presidencia, Alfredo Rada, quien horas antes afirmó que el movimiento de los comités cívicos de todo el país resultó un fracaso pues, en su parecer, no había habido un paro cívico digno de ese nombre. Sin imaginarlo, el mandatario y su ministro evocaban al presidente Donald Trump cuando aseguraba que la ceremonia de su inauguración había sido la más concurrida de la historia de su país. Todo el mundo sabe que no fue así.


 

Notas al margen

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Los medios informativos impresos, radiales y televisivos y los sitios electrónicos que se nutren de los medios impresos o sus páginas digitales vivieron una extraña jornada de indecisión que los incapacitó para lidiar con la muerte brutal del Viceministro Roberto Illanes tan pronto como se supo la noticia. Erbol partió primera con la información y estuvo como única referencia durante las horas dominadas por la incertidumbre. A través de radio Pio XII, parte del conglomerado de 300 emisoras que forman la cadena, tuvo la iniciativa de hablar con el director de una radio que reportaba la tragedia para Erbol. La operación noticiosa estuvo a cargo del periodista Moises Flores, director de la Radio Fedcomin (Federación de Cooperativas Mineras).
En la que quizá fue una de las mayores primicias de su vida, informó que había visto el cadáver de la autoridad del gobierno ¨en la zona de las antenas¨ de la emisora, probablemente en el patio o fuera de los estudios de transmisión. A partir de ahí pasaron cinco horas antes de que el Ministro de Gobierno Carlos Romero hablase al país. El lugar donde fue dejado el cadáver de la autoridad era impreciso. A la versión del periodista Flores se agregó la del Ministro de Trabajo Gonzalo Trigoso quien dijo que el cadáver del funcionario estaba en un barranco. La localización del cadáver de la infortunada autoridad se convertía en un eslabón importante de la investigación. Tras la versión que ponía Erbol en sus páginas, vino la petición (tal vez el término no sea apropiado) del Ministerio de Comunicaciones para reprimir toda información sobre el caso mientras no hubiese una versión oficial. No hubo un detalle justificativo de la decisión, pero consiguió el propósito de levantar, de momento, una muralla alrededor de la noticia.
La mayoría de las versiones digitales de los medios calló lo ocurrido durante horas. La televisión encontró una razón para no informar y las emisoras de mayor sintonía continuaron la programación habitual que llena las primeras horas de la noche. Y salvo raras excepciones, las páginas digitales de los medios impresos pasaron por alto lo que ocurría. Página Siete estuvo entre las excepciones al mantener en su primera página la escueta versión que había dado Erbol, la única que durante horas tuvieron los bolivianos. A diferencia de lo que ocurría entre medios locales, algunos sitios internacionales de la web, en base al trabajo de corresponsales de agencias de noticias, traían información amplia de lo que acababa de ocurrir.
Transcurrieron más de cinco horas entre la emisión del boletín de Erbol y la declaración televisada del Ministro de Gobierno, Carlos Romero. Si alguien esperaba que el funcionario trajese algún detalle mayor sobre la suerte del viceministro se encontró con que la autoridad, voz trémula y palabras que parecían pesarle toneladas, solo confirmaba la tragedia anunciada por el periodista radial. La voz del presidente Morales solo vino mucho después, para denunciar una conspiración, los actores acostumbrados: la derecha, el imperialismo y el capitalismo.
La tragedia de Panduro, el lugar del crimen, es reminiscente del asesinato de Vicente Álvarez Plata, cuando era Ministro de Asuntos Campesinos de Hernán Siles Zuazo, en 1959. Lo mataron campesinos de Achacachi pero los culpables, a aquellos que se presumía que fueron culpables, no fueron ni enjuiciados ni castigados.
La tragedia es también un desafío y una oportunidad para los medios tradicionales. Hay avidez por conocer, no mediante opiniones sino vía información, detalles relevantes de lo que ocurrió, por qué ocurrió y cómo y en qué magnitud alteran el escenario político del país. De modo general, algunos observadores ven en lo ocurrido el eslabón de una cadena extensa que se origina en las estrecheces económicas a las que ha entrado el país.

¿RebeCop Delgado?

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El turbión de denuncias y arrestos que esta vez arrincona a jueces y fiscales ha eclipsado parcialmente a una de  las protagonistas del capítulo en desarrollo. Rebeca Delgado, la Presidente de la Cámara de Diputados, se ha vuelto una navaja en el zapato de algunas autoridades y dirigentes de su partido. Tras haber ganado por puntos la pelea con el Ministro de Gobierno Carlos Romero en torno a  la  ley de extinción de dominio sobre bienes mal habidos (que supuestamente iba a contrarrestar la corrupción cuando la corrupción ya anegaba varios compartimientos del barco del gobierno)  la legisladora cochabambina lanzó de nuevo el sombrero al cuadrilátero. Dio un ultimátum para que hasta “mediados o fin de mes” las investigaciones abarquen niveles de mayor jerarquía y avancen al segundo y primer piso.  Es probable que  haya quienes no desean que el turbión se extienda más, pero sospecho que el ímpetu que lleva no tiene control y que pronto puede engullir a otras personalidades.

Coincidencia o no, las tareas policiales han arreciado estos días. Jacob Ostreicher ahora puede defenderse en libertad, lejos de Palmasola, ahora bautizado como uno de los penales más oprobiosos del mundo. Lo mismo ocurre con Dirk  Schmidt, el alemán que decía que se jugaba la vida en defensa del presidente Morales y que incomprensiblemente acabó preso acusado de alzamiento armado por causa de armas de caza con las que practicaba incluso al lado de algunos de los agentes que lo detuvieron.  Estas personas, como muchas otras, incluidas las de una insuficientemente investigada “masacre” en Porvenir hasta otras arbitrariamente involucradas en el gastado “caso terrorismo”, han tenido sus vidas desarticuladas. Lo que han perdido es incuantificable, gran parte por culpa de  moradores del primer y segundo piso del gobierno cuya identificación buscada por la legisladora Delgado puede resultar desagradable para  los malhechores.

Es probable que los abogados presos hayan sido parte de la legión contratada por el gobierno del MAS para forzar la corrección de entuertos (“Legalicen ustedes. Para eso han estudiado”). La cuestión es que los neo-presos pueden haber sido piezas esenciales de una arquitectura encargada de dar apariencias de legalidad a actos que el gobierno consideraba políticamente necesarios para su confort interno y externo (el fin justifica los medios). Las tareas que tenían a su cargo eran indispensables en el diseño del “Socialismo del siglo 21” que sus críticos dicen que se arropa de democracia con una justicia sumisa y dependiente que permite a los gobiernos que lo adoptan presentarse ante el mundo con un traje democrático falso.

No está claro si los que ahora están tras las rejas tendrán sustitutos ni cómo orientarán sus tareas los nuevos legionarios del singular sistema de justicia que habían instalado en Bolivia. En todo caso, tendrán ante sí una tremenda lección del tamaño de la eficiencia con la que manejen los asuntos a su cargo: pueden también acabar entre rejas.

RoboCop (1987) es un personaje de la ficción cibernética. Resurrección de un policía que en su versión humana tuvo una muerte cruel en manos de maleantes, se trata de un tenaz vigilante de la ley y terror de los delincuentes que no se interesa en medir consecuencias sino en cumplir su labor. Es plausible preguntarse si los afanes de la legisladora, cuyo nombre he alterado para simular el de la ficción, la llevarán a incluir en el ultimátum el esclarecimiento de la represión en Chaparina, Hotel Las Américas y otros casos sórdidos, o quiénes y dónde están los responsables de  las empresas fallidas, creadas o asumidas por el estado.

Apasionada confesa de la cocina (lapping y costillar de cordero, con sabor cochabambino, claro),  quién sabe si en su agenda  de limpieza y su ultimátum incorpora no sólo fiscales y jueces corruptos.

¿A quién creer? ¿Al ministro Romero o a Erbol?

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La visita a Colombia del presidente Morales y las gestiones que el gobierno aseguró que había realizado ante su par colombiano Juan Manuel Santos en relación a la demanda boliviana de una salida al Océano Pacífico han puesto a los bolivianos ante una grave dilema: ¿A quién creer? La noticia registrada este lunes en la mayor parte de los medios aseguraba que el mandatario colombiano ofrecería sus buenos oficios en favor del reclamo boliviano a su vecino. Pero durante la misma jornada, la cancillería colombiana precisó: Colombia interpondría sus buenos oficios para que Bolivia y Chile hablen, pero sin que eso signifique inclinarse hacia uno u otro país.
La noticia de la posición colombiana la había dado el Ministro de Gobierno Carlos Romero en una entrevista con medios estatales bolivianos, decía el despacho de AFP reproducido por El Deber. El despacho decía, citando al Ministro Romero, que el presidente colombiano “ofreció al presidente Evo Morales y al pueblo boliviano cualquier iniciativa y toda aquella diligencia y actuación que pueda desarrollar el estado colombiano que pueda favorecer el apoyo a la causa marítima, reconociéndola como un problema histórico que debe resolverse en ese contexto de integración”. Santos habría ido aún más allá y, en virtud de la larga tradición solidaria de Colombia con Bolivia, le había dado a Morales “algunos consejos de cómo manejar la relación con Chile en términos prácticos y proactivos”. Para el gobierno podría haber sido como tocar el cielo con las manos. Pero era demasiado bueno para ser cierto. En las horas siguientes, Erbol traía una ducha helada: “El presidente Juan Manuel Santos manifestó al presidente Evo Morales que este era un tema bilateral entre Bolivia y Chile, que debía ser abordado a través del diálogo, de manera práctica y evitando las instancias internacionales”. Mejor no lo habría dicho ni la cancillería chilena. El despacho se basaba en otro de RCN (Radio Cadena Nacional) de Colombia. Es decir, Colombia estaría dispuesta a ayudar a que Bolivia y Chile dialoguen y nada más.
La información puso en entredicho la que se atribuía a Romero haber comunicado a “medios estatales” bolivianos.
Alguien entendió mal. Difícilmente Colombia rompería su tradicional vocación de equilibrio entre sus vecinos, pero si hubiese dicho algo como lo que se atribuyó al ministro Romero haber declarado, habría sido un gol diplomático de Bolivia. Colombia fue uno de los países que suscribió la Declaración de La Paz en la que la Organización de los Estados Americanos (OEA) dio un nítido respaldo a Bolivia (al suscribir el concepto de que la mediterraneidad “afecta” a Bolivia, por ejemplo) y convino en recibir un informe anual sobre la marcha de las eventuales negociaciones entre los dos países. Pero desde 1979 en adelante ha corrido mucha agua bajo el puente y ni siquiera se habla de ese informe anual.
La supuesta actitud colombiana era vista como un paso adelante de la diplomacia boliviana con miras a la próxima Asamblea General de la organización hemisférica en Cochabamba. Era un peso pesado en la campaña sobre la que el gobierno deberá informar este viernes, cuando se conmemorará un nuevo aniversario de la Defensa del Topáter y la inmolación de Eduardo Abaroa.
Hasta la noche, no había un comentario oficial boliviano sobre la… ¿gaffe?