Referendum

Un No memorable

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Pasó desapercibido en nuestros medios el trigésimo aniversario de una fecha que en su tiempo sacudió las estructuras de  uno de los regímenes más repudiados y temidos  en el continente.  Augusto Pinochet, seguro de tener a su país en el puño y ansioso de conseguir legitimidad democrática, convocó a un plebiscito que resultó en uno de los más grandes reveses propinados a un régimen dictatorial.

El 5 de octubre de 1988 el pueblo chileno le dijo No al plan del dictador, que le habría permitido prorrogarse  hasta 1997. Sólo entonces el país se encarrilaría por una vía democrática diseñada a la medida del pensamiento autoritario que regía el país desde el golpe de 1973. Es decir, cuando el regimen militar habría alcanzado la edad de 24 años.

La ansiedad que prevalecía en todos los ambientes democráticos del continente casi igualaba a la que existía entre los demócratas chilenos. Se estaba ante la posibilidad de apartar sin grandes traumas y con solo con la fuerza del voto de la ciudadanía al dictador y a su régimen que habían asumido el destino chileno tras al golpe sangriento que depuso a Salvador Allende. Decirle Sí al plan de la dictadura habría sido darle credenciales para permanecer con las riendas del poder casi tres décadas antes de abrir rendijas para que el país exprese su voluntad soberana. Aquel 5 de octubre, 7,5 millones de chilenos fueron a los centros de votación a decidir su destino. El régimen había puesto todo su empeño para ganar, si bien solo atisbaba las consecuencias de perder sin imaginar  que estaba ante el principio de su fin.

Sistemática y pletórica de recursos, la maquinaria propagandística oficial  copaba espacios de los medios, de la forma en que lo hacen todos los autoritarismos. Amedrentada, la oposición confiaba en las fibras democráticas vitales de los chilenos. En las calles el sentimiento que más se manifestaba era el miedo a un triunfo del Sí a Pinochet y el temor de que eso prolongase aún más las violaciones a los derechos humanos  con su secuela de una justicia sometida a los dictámenes del poder. Confiados en la pulcritud del sistema de votación y en la honestidad de los árbitros, siete millones y medio de chilenos salieron a decidir su destino en los centros de votación.

Eran muchos los que no creían que el regimen sería capaz de perder así nomás y empezaba a tomar cuerpo el temor de que el regimen desconociera su derrota y volviera a aplicar su fuerza salvaje sobre la mayoría descontenta. Al acabar la votación y conocerse los primeros resultados boca urna,  gran parte del país no creía lo que escuchaba: el No había Ganado y en cuestión de horas los ánimos tenían un vuelco radical. Inclusive los  policías que antes reprimían, se abrazaban en las plazas públicas con la población jubilosa. Era un nuevo Chile el que emergía.

Los ánimos eran tales y el alborozo recorría latitudes globales con tal entusiasmo que el régimen no se atrevió a dar ningún paso en contra de la victoria que había alcanzado el No.  Aún hoy se especula sobre los alcances que habría tenido un Plan B para contrarrestar la derrota que nunca se aplicó. Consignados en la documentación secreta rescatada después, había  planes para lanzar al ejército a revertir la situación fundamentados en el 45% de votación que había obtenido el régimen, pero el alborozo general del pueblo chileno y la presión internacional desanimaron a los jefes militares.

Pinochet fue consciente de que había perdido la apuesta. Cumplió su palabra de apartarse del gobierno y se apartó para ingresar a un lento crepúsculo. Fue el comienzo de se alejamiento del poder que  había ostentado. Continuó a la cabeza de las Fuerzas Armadas pero eso también llegó a su fin.

La periodista Mary Helen Spooner tuvo un recuento vívido de  los últimos días de Pinochet (The general slow retire) University of California, 2012), hasta su arresto en Londres y su retorno a Chile donde esperaba que sus seguidores lo desagraviaran. Pero Chile ya había cambiado y su interés primordial era consolidar la democracia renaciente sin ocuparse mayormente de quien ahora era parte del pasado.

En su obra, la periodista hace sentir a sus lectores la cínica impunidad del regimen, las violaciones recurrentes de los derechos humanos  que exacerbaron a la ciudadanía que, por fin, de manera democrática, logró expulsar al regimen y abrió las amplias alamedas de la democracia por las que ahora transita.

Esos no volverán

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Hubo desconcierto en las filas oficiales venezolanas cuando hace tres meses el Consejo Nacional Electoral (CNE) de su país autorizó recolectar firmas del 1% de los inscritos en el padrón electoral para iniciar al camino al referéndum revocatorio de Nicolás Maduro.  El desconcierto fue mayor cuando, en una geografía donde el Socialismo Siglo XXI cree tener todo el fervor popular, los partidarios de remover al mandatario y a su partido reunieron, en un par de días, las 196.000 firmas requeridas, una demostración irrefutable del apoyo que los movía.

Al finalizar la recolección, tenían siete veces aquel total. Recién la semana pasada, el CNE validó esas firmas y anunció el siguiente paso esencial: los revocadores deberán reunir un quinto de todo el padrón electoral, es decir unos cuatro millones firmas. Apenas horas después, los revocadores de la Mesa de Unidad Democrática requirieron autorización formal para reunir y presentar todas esas firmas.  El consejo tiene tres semanas para dar luz verde y plazos para la nueva recolección. El CNE (el gobierno) se guía por instinto de conservación y no exhibe ningún interés en acelerar el paso.

Con las encuestas que colocan a Maduro sobre el piso, la oposición está segura de que, en el paso final, al que espera llegar hasta el 10 de enero, tendrá una ventaja superior al 70% de votos y comenzará una nueva historia. Para muchos observadores, eso es lo que el régimen venezolano no quiere: ser apartado por un golpe de votos después de haber alcanzado el poder con aluviones de sufragios ahora extinguidos.

La agonía de Maduro proyecta la del socialismo marxista que resiste salir del gobierno en un país donde creía tener todo para hacer realidad, sin ejércitos de ocupación ni guerras mundiales, lo que no logró la inmensa Rusia.

Pocas veces en la historia de las democracias un país ha tenido que enfrentar tantas dificultades para desembarazarse de un mal gobierno. El rubor inicial por la posibilidad de sucumbir ante quienes lo quieren fuera ha dado paso a demoras cínicas para alargar el calendario.

La tenacidad de Maduro y su partido en aferrarse a un sistema terminal nace de saber que perder el gobierno equivale a una rendición incondicional histórica. ¿Alguien que tenga juicio creería que los venezolanos volverían a votar por un partido o por líderes que los llevaron al desastre?

La lógica sugiere que pasará siquiera un par de generaciones antes de pensar en cualquier forma de socialismo de inspiración marxista, y quizá nunca más en el que aún vive Venezuela. Podría decirse, en parafraseo irreverente del poema inmortal de Bécquer: Esas (esos), no volverán.

Todo por quedarse

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Del temor del presidente venezolano a un referéndum revocatorio de su mandato a la obsesión del presidente Morales por una nueva consulta popular que le reasegure el futuro, el cuadro que ofrecen los regímenes del Socialismo del Siglo XXI es de desconcierto y temor. Los vientos que soplaban a su favor desde comienzos de siglo han cesado, aplacados junto a la brutal contracción de precios de las materias primas, y carecen de brisa que los aliente.  Resultaría cuesta arriba contradecir la noción de que una época está pasando a  la historia.

Llevados a la cúpula de sus países por amplias mayorías, los dirigentes de  los dos regímenes parecen haber quemado todas sus naves y no les quedarían sino muy pocos caminos a seguir.

La resistencia de Nicolás Maduro a abrir paso al referendo que podría alejarlo del poder es explicada por los analistas por el miedo al futuro inmediato más que en el alegato de que reformas y beneficios sociales instituidos desde principios de siglo podrían perderse. Las escenas pavorosas que describen los medios de información y quienes aún viajan a Venezuela dejan clara la devastación sufrida por el país que hace medio siglo exhibía las mejores condiciones del continente para alcanzar los niveles de las naciones ricas. Con tres cuartas partes de la población electoral en contra, como señalan las encuestas, para el mandatario venezolano es brumoso hablar del futuro desprovisto del poder que le confiere el Palacio de Miraflores.

La obsesión del presidente Morales y de sus colaboradores  inmediatos y su partido por un nuevo referéndum luego de haber perdido el del 21 de febrero carece de seriedad. Luce como un  lloriqueo del niño que perdió una apuesta importante en la escuela.

En medio de la exhibición pública de una parte de su vida personal, con formato de telenovela exenta de valores y ahora reflejada en diarios de resonancia mundial, el presidente ha denunciado en su cuenta twitter: ¨Medios de comunicación de la iglesia católica continúan como en el tiempo de la colonia. Hoy humillan al presidente indígena¨. La historia dice que al comenzar ese tiempo Gutenberg acababa de inventar la  imprenta y los periódicos surgirían en América más de tres siglos después.

Extrapolado, el ejemplo explicaría por qué el régimen se mueve con mucha dificultad en las redes sociales, y exhibe la distancia a recorrer para hacer efectiva la llamada ¨estrategia de comunicación social¨ anunciada por un ministro. Para que esa estrategia pueda lograr resultados, el país tendría que contar con niveles de educación escandinavos, y en ese caso cualquier estrategia de control de redes resultaría inviable.

Tiempos nuevos

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Los pasos para designar al Defensor del Pueblo han traído una realidad que muchos rehúsan admitir: el proceso está lejos de lucir ecuánime, la sociedad boliviana es cada vez más consciente de esa anomalía, y no la aceptará pasivamente.  Sin rectificaciones que vuelvan creíble la designación, quedará la sensación de que a los bolivianos les ofrecieron un plato precocido y el que se pensaba que sería un torneo de capacidad, experiencia y honestidad fue un juego con cartas marcadas.

Un resultado de este proceso ha sido exhibir la precipitación oportunista ocurrida cuando se incorporó a la CPE la noción de Bolivia como república de 36 naciones, todas bajo una igualdad en la práctica irreal. Ahora vemos aplazadas incluso a personas llamadas a saber la lengua nativa adicional fuera del castellano de manera coloquial y espontánea.

Uno de los miembros de la comisión calificadora de los postulantes declinó saludar a la audiencia de un canal televisivo en la lengua nativa que decía comandar.

La ignorancia de un requisito inscrito en la CPE es compartida por muchas autoridades del primer círculo gubernamental. Si ellas no cumplen con una exigencia legal, ¿qué ocurre con los demás funcionarios y con las demás normas?

Carlos Hugo Molina, uno de los creadores de la participación popular que marcó un paso firme hacia la autogestión, decía días antes del 21 de febrero que la derrota del gobierno pondría a las autoridades ante la evidencia desagradable de que ya no podrán hacer cosas que antes podían.  Un resultado de ese referéndum es que segmentos importantes de la sociedad boliviana ahora practican una vigilancia ciudadana que antes, en los hechos, no existía. La sociedad luce menos permeable a la intimidación de cualquier signo y más dispuesta a protegerse. Sin eso no se explica la rebelión de los candidatos a la defensoría del pueblo desahuciados que exigen razones suficientes para haber sido apartados de la preselección.

Un pregunta común ha sido saber si los certificadores van siquiera un poco más allá de las expresiones elementales y si son capaces de defender puntos de vista de manera articulada en una conversación. La ciudadanía acogió con simpatía el gesto del gobernador de La Paz Félix Patzi al hablar ante la asamblea departamental en aymara durante más de una hora. Que se sepa, nadie entre sus colegas y entre los legisladores nacionales dio un paso al frente para decir ¨yo también puedo¨.

El periodista John Arandia, uno de los candidatos, tuvo una sinceridad loable. Dijo que había recibido lecciones de quechua en la universidad hacía 20 años, pero que sería una osadía decir que hablaba esa lengua más allá de algunas frases convencionales.

 

Las redes y un ultimátum

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El descontento del gobierno con la condena reiterada de la Iglesia Católica a la expansión del tráfico de cocaína, las vinculaciones del narcotráfico con el poder y la amenaza que representa para la sociedad boliviana ha tenido estos días otro capítulo, a pocos días de un encuentro entre el Presidente Morales y el Papa Francisco. En el más reciente eslabón de la disconformidad gubernamental, el Vicepresidente Álvaro García Linera, quien está en el cargo hace 10 años, igual que el presidente, criticó que no ocurra renovación de los pastores de la Iglesia como sucede en la sociedad civil.

El nerviosismo que causó la carta de los obispos sobre un tema que preocupa cada vez más a la sociedad boliviana, sigue al desconcierto de las principales autoridades por la derrota del 21 de febrero a la tentativa de asegurarles la postulación para cinco años adicionales a la cabeza del gobierno.

Tras los titubeos respecto a los resultados del referéndum, el presidente ha dado un sello de confirmación a la derrota al atribuirla a una docena de ¨twitteadores¨ de Colombia y Costa Rica, enviados desde Estados Unidos, aseguró, para socavar su campaña re-reeleccionista. Es decir, fue derrotado y la culpable sería esa docena sucia y sus mandantes. Ninguno ha sido identificado.

Quienes observan el curso político de Bolivia han visto en esa afirmación algunos elementos extraños. El primero es si el presidente y otras autoridades tienen claro qué son las llamadas ¨redes sociales¨, conformadas por grupos de personas que se vinculan con mensajes electrónicas y hacen circular ideas, imágenes y ¨memes¨ a veces burlescos o satíricos pero con frecuencia con información de interés colectivo. Los mensajes sobre acontecimientos y tendencias pueden pasar de grupo en grupo y en segundos alcanzar a multitudes enormes. Eso ocurre en todas partes. Se trata de una reacción natural ante acontecimientos de impacto. Durante siglos la gente se reunía en las plazas para comentar cuestiones de interés. Ahora se reúne sobre las pantallas de sus celulares. (Un reportaje en El Deber este domingo subraya que en promedio cada boliviano pasa 2,2 horas diarias en su celular).

El nuevo fenómeno  ha encontrado en la orfandad a los medios de comunicación, que tienen una competencia fenomenal para la cual el mejor antídoto es la calidad y credibilidad de su información. Entre los más sorprendidos, por lo que vemos, están los políticos menos enterados y más refractarios a los nuevos recursos tecnológicos.

Pueden también ser una ayuda extraordinaria. Ejemplo: Substituyen al fax, hasta hace poco apoyo imprescindible. Por teléfonos celulares no solamente circulan fotografías, artículos, dirección de sitios, y hasta voz (por supuesto) y películas También son de gran utilidad en muchos afanes. El otro día, envié al teléfono de mi médico seis páginas con los resultados de unos exámenes de laboratorio y un mensaje hablado. Antes tendría que haber ido hasta su consultorio. En verdad, sólo decir esto es embarazoso porque se trata de algo tan común.

Hasta hace unos años, la comunicación interpersonal solía partir de un teléfono a otro, con solo dos participantes. Los textos pueden ahora llegar al mismo tiempo a miles y multiplicarse de manera asombrosa. Es raro que los asesores del presidente no le hubieran informado sobre el fenómeno, que a estas alturas del Siglo 21 es una verdad de Perogrullo y hablar de él es tan tedioso como hablar del tiempo.

Un segundo elemento que subrayan los expertos: es redundante y descabellado para cualquier grupo de interesados en dañar a alguna figura política desplazar a una docena ¨twitteadora¨ para lanzar mensajes. Pregunten a cualquier joven de El Alto, del Plan 3000 o de Equipetrol si, por ejemplo, para despachar mensajes y diseños sobre algún líder involucrado en los PP (Papeles Panameños) tendría que ir hasta Madrid, Moscú o Buenos Aires. Puede enviarlos desde su dormitorio inspirado en un Vivaldi o un Bach sin otra molestia que servirse un café.

El sentido común también enseña que es irrelevante desde dónde se envía un twitter, si desde una oficina, desde el ómnibus o el automóvil o de un bar. Lo importante es el qué y el interés del mensaje para el grupo destinatario.

Con todo esto, es comprensible la curiosidad creciente por el proyecto regulatorio de las redes que se ha dicho que prepararán sectores cocaleros. Muchos están impacientes por conocer sus alcances y detalles que calibrarán el conocimiento de esos sectores sobre la punta más destacada de la comunicación moderna.

La Carta de los Obispos derivó en un ¨ultimátum¨ para que los pastores de la Iglesia identificaran a quienes en el gobierno estarían involucrados en el narcotráfico. La jerarquía eclesiástica ignoró el ultimátum y pidió, más bien, unidad para combatirlo.

Algunas personas a las que consulté respondieron, para no entrar en detalles, que les dijera si las autoridades alguna vez identificaron con nombres y apellidos ¨a la derecha¨, a ¨los neoliberales¨, a ¨los separatistas¨ o a ¨los oligarcas¨. O siquiera a la docena sucia que el presidente dice que determinó su derrota.

Tras la derrota

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El triunfo oficial del No, que frenó la modificación de la CPE para que el presidente y el vicepresidente pudieran ser de nuevo candidatos a la reelección, ha cerrado un capítulo importante en la vida nacional.

La trascendencia de este ejercicio democrático no ha estado solo en el esfuerzo masivo de meses invertidos en campaña bajo cuya dinámica el país vivió situaciones desagradables, con capítulos de dimensión ética y moral que han empañado la calidad de la conducta de algunos líderes y puesto al desnudo la manera discrecional en que suelen manejarse los recursos del estado. Están registrados otros acontecimientos que inscriben al referéndum en un período tenso de la vida boliviana. El Alto, con la muerte de seis personas y una veintena de heridos en un incendio provocado por turbas enardecidas hace una semana, ha sido la mayor víctima en un período que debió ser solo una contienda democrática.

En las horas que siguieron a la derrota formal del Sí fue notable la ausencia de una voz del gobierno que reconociera la debacle, que se inserta en el derrumbe del Socialismo del Siglo XXI, que intentó reproducir el que dominó parte del mundo casi todo el siglo pasado. Esa experiencia agoniza en Venezuela, de donde partió bajo los auspicios ideológicos de Cuba, que ahora reorienta sus banderas y se apresta a recibir al primer presidente estadounidense en visitar la isla en siete décadas. La rápida declinación de las izquierdas del continente corre con la fuerza de una avalancha y amenaza acabar con Dilma Rousseff en Brasil, cuya gestión parece rumbo a una etapa terminal.

Bolivia era vista como una excepción, inoculada ante la crisis en la que navegan o zozobran algunos de sus vecinos. El No ahora oficializado luce como una convocatoria a entrar al mundo real, diferente del período de altos ingresos generados por las exportaciones.  Esto parece estar fuera del entendimiento del gobierno, empeñado en adecuar la realidad a sus deseos.

El presidente, en su primera aparición ante los periodistas en la mañana del miércoles, dijo que el rechazo oficial mayoritario a su cruzada re-re-releccionista era solo una batalla que no equivalía a la guerra. Para muchos analistas sus palabras reflejaron una postura distante de la realidad. El presidente ignoró que el referéndum no era sobre lo que él equiparaba a una contienda bélica (vencedores y vencidos, seguidores y enemigos, blanco y negro) sino sobre algo más específico, común en sociedades de madurez democrática. Era sobre si en el aún distante 2019 podía aspirar a cinco años más y llegar a 20 de gobierno consecutivo. La respuesta cívica identificada como una batalla menor sin consecuencias tiene el potencial de representar un agujero en el dique, hasta a la noche del miércoles intacto, que contenía inconformidades con su gobierno.

Humberto Vacaflor, columnista crítico del gobierno y uno de los más leídos del país, comentó que el miércoles que al MAS y al gobierno les faltó ¨el elemento de honorabilidad que hubiera podido concederles la dignidad de que gozan los derrotados¨. Enseguida advirtió: ¨Culpar a los extranjeros o a conspiraciones internas, verdaderas o no, denigra a la propia derrota¨.

Solo horas antes del anuncio oficial, algunos funcionarios se prodigaban en repetir su seguridad de que la iniciativa oficialista ganaría el plebiscito.

Las autoridades se basaban en ¨el voto indígena originario campesino¨ para sostener hasta el último minuto que ganarían la contienda. No percibieron la irreverencia y desdén que implica dar por descontado el voto de una población en cuya promoción todo del país está comprometido desde hace más de 60 años. Sobre todo, no tomaron en cuenta que esa población se empeña en urbanizarse y que el último censo corrobora sus esfuerzos pues muestra una sostenida declinación de la población rural frente a la urbana, a la que se integran con una dinámica asombrosa. Lo dijo hace unos días el demógrafo y multifacético estudioso cruceño Carlos Hugo Molina.

Con la dinámica de los acontecimientos en Bolivia habrá que estar atentos para ver si el cierre de este capítulo no está abriendo las puertas a otro.

-o-

Nota: Esta versión, del jueves 25, incluye ajustes mínimos de precisión.

 

Alfiles en jaque

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¿Qué blindaje tienen los ex presidentes Carlos Mesa y Eduardo Rodríguez para resistir las estocadas del gobierno? El primero dijo su punto de vista sin ambages contra la reelección presidencial y, luego, declaró que el presidente Evo Morales está en deuda con su némesis y antecesor Gonzalo Sánchez de Lozada porque las medidas que tomó abrieron el camino al proceso que vive Bolivia. Sobre el segundo, el mandatario citó un hecho anecdótico que reclamaba aclaraciones pero que quedó sepultado por otros sucesos de la ruta hacia el referéndum del 21 de este mes.

Ambos son parte de la unanimidad del país en torno a la cuestión marítima y exhiben la cara más lúcida de la estrategia nacional en la disputa ahora asentada en La Haya.

A Mesa, el presidente del senado le sugirió renunciar cuando dedujo que formaba parte del conglomerado sin banderas partidarias que enfrentaba al oficialismo empeñado en asegurar que sus líderes puedan ser re-reelectos. Después, el Ministro de Trabajo intentó abrirle un juicio, pero no fue muy lejos. Más tarde, Mesa fue excluido de una reunión con la delantera del equipo jurídico de la causa.

En algunos analistas quedó la sensación de que el vocero oficial de la demanda marítima había sido desairado. El presidente Morales explicó la ausencia de Mesa al decir que la reunión era ¨técnico-jurídica¨, que había habido muchas reuniones sin el ex presidente y que, en verdad, todos los expresidentes eran voceros de la causa boliviana. La vocería, que hasta entonces era considerada como función oficial de Mesa, se partió en cuatro: el propio Mesa, el general Guido Vildoso, Jaime Paz y Jorge Quiroga.

Para otros quedó claro que el gobierno no puede deshacerse sumariamente del ex presidente que adquirió la condición héroe nacional tras salir airoso de la TV chilena al defender la causa marítima. Algunos ¨halcones¨ quieren apartarlo porque no les gustó que el espejo mágico los contradiga respondiéndoles lo que no quieren escuchar. Despedir a Mesa tendría un precio tan alto que sería insoportable. Sería como despedir en medio de un campeonato al delantero que los aficionados admiran y que ya anotó un golazo para el equipo.

Se desconoce el propósito del presidente Morales cuando refirió una anécdota en torno a Eduardo Rodríguez Veltzé que el ex presidente no estaba en condiciones de comentar sin crear un alboroto. Referirla en programa televisivo, no decía mucho del afecto hacia su predecesor ni de su cuidado para manejar temas relacionados con quien representa a Bolivia en La Haya.

Los dos alfiles han sido jaqueados por el rey, pero aún quedan muchas jugadas en la mayor partida diplomática boliviana.

Hacia el referéndum

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El gobierno y los sectores que postulan el Sí en el referéndum del día 21 afirman que la obra del régimen que ha cumplido 10 años se mantendrá solo si continúa a cargo de  sus dos líderes principales. Todo peligraría si en el aún distante 2019 no fueran candidatos el presidente Evo Morales y el Vicepresidente Álvaro García para otros cinco años hasta llegar a 20 años continuos de gobierno.

El argumento no es sustentable. Algunos observadores citan un hecho histórico  inescapable. ¿Qué creen que decía Víctor Paz Estenssoro, cumplidos dos períodos alternados, cuando buscaba la reelección en 1964? Que el proceso que encabezaba y que ejecutó las reformas más amplias y profundas de la vida boliviana se iba a truncar si él no era candidato y que sólo él podría conducir el proceso de desarrollo económico que empezaba a asomar.

La insistencia en la reelección, que el estadista reconoció después como un error, llevó a su partido al descalabro y nunca más volvió a ser la fuerza que había escindido el Siglo XX boliviano en antes y después. Una lección fue que la obstinación por el ¨solo yo¨ obstruye el paso de nuevos líderes y puede llevar a desenlaces catastróficos.

Los bolivianos hemos sido convocados para aprobar o rechazar la modificación de la CPE para que el Presidente Morales y el Vicepresidente García puedan optar por una nueva reelección o se vayan a sus casas en 2020. Muchos están de acuerdo en que la convocatoria ha sido impropia por múltiples razones. Entre ellas, la impertinencia de un referéndum con efecto inmediato, contra la norma universal de legislar para el futuro, que busca apagar toda sospecha de que se articuló la modificación en beneficio de los proponentes. En nuestro caso, no ha habido reparos en sostener que, en efecto, se trata de habilitar a dos ciudadanos, lo cual empaña aún más la legitimidad del referéndum.

Otra pregunta que mortifica al ciudadano es si la modificación de la CPE que se busca será la única. Hay dudas de si podría jurarse que no habrá más e incluso sobre otros temas y si no se corre el riesgo de volver la CPE una armazón legal de plastilina, moldeable a toda circunstancia.

La prisa por el plebiscito del 21 ha sido explicada por los malos momentos que se avecinan para el país a causa de la reducción dramática del valor de sus exportaciones. El período que se anuncia puede durar años. Punto crucial es la pregunta que se  harán muchos bolivianos: Con referéndum o sin él, ¿podrá evitarse una rendición de cuentas sobre los años de la abundancia e investigación de hechos todavía no esclarecidos que marcaron al país? La lista puede ser larga.

 

Las conspiraciones

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El discurso oficial de estas semanas ha estado pródigo en denuncias sobre conspiraciones que aumentan en decibelios al aproximarse la fecha en que los bolivianos decidirán si se altera la CPE para beneficiar al presidente Evo Morales y a su Vicepresidente Álvaro García con la posibilidad de una nueva reelección. El ruido ha sido atizado por los resultados dispares de dos encuestas, una enrarecida por la presencia de un ¨voto secreto¨ inédito en la cuantificación y otra por no abarcar sino al eje central y truncar una tendencia que parecía favorecer al NO. Las encuestadoras pueden haber perdido fe del público y otra vez son densas las sospechas sobre la capacidad del TSE de administrar el referéndum con imparcialidad.
Los argumentos por la prórroga del binomio tienen un eje: Solo Evo Morales podría garantizar continuidad al proceso que inició hace dos lustros y que está rumbo al tercero; ningún otro sería capaz. La afirmación, una manera de diseminar temor, es insostenible en un debate racional. Los que miran la historia ven que alterar la CPE sobre un supuesto carácter imprescindible de personas lleva a un terreno incierto. Muchos que se creyeron imprescindibles, pronto se hallaron ante situaciones desagradables.
Como es habitual, en las teorías conspirativas figuran Estados Unidos, una derecha genérica y medios informativos. Esta vez ingresaron por la puerta grande también las llamadas ¨redes sociales¨ que expresan opiniones individuales, gran parte sin mayor autoridad.
También ha llegado raudo a la categoría conspirativa el perro potosino más famoso. ¨Petardo¨, gracias a las denuncias del Primer Mandatario, se ha convertido en baluarte del No a la secuencia reeleccionista. Cuando hace una semana el presidente dijo a un canal televisivo ¨para mí, la oposición se reduce a un perro y a un zorro¨, alusión a un opositor, catapultó la fama del can potosino y revalorizó su imagen asociada a quienes, desde Potosí, rechazan alterar la Carta Magna para dar libre tránsito a los re-aspirantes. Las encuestas aún no han detectado tendencias generadas por la matriculación política nacional del can.
Hace un par de meses, invitado por líderes de Santa Cruz, el can había sido recibido con un churrasco abundante. La noticia que los líderes potosinos dieron esos días era que ¨Petardo¨ se había multiplicado y que eran varios los canes que llevaban el mismo nombre.
La serie la inauguró la Ministra de Comunicación Marianela Paco, cuando aseguró que en Bolivia hay una ¨conspiración mediática pro-chilena¨. La declaración fue vaga, no identificó medios, circunstancias ni casos específicos, pero puede haber tenido un efecto Espada de Damocles sobre los medios.

La segunda baja

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Cuando los precios del petróleo empezaban a estabilizarse tras el derrumbe de la segunda mitad de la década de 1980, la desolación económica ya había cundido entre los grandes productores y sus consecuencias políticas eran inocultables. Exhausta y desgastada por las deficiencias económicas que agobiaban al ciudadano tanto como la opresión, la Unión Soviética contempló impotente la caída del Muro de Berlín y luego su propia disolución, en un final que nadie osó llorar en público.

La desaparición de la que por gran parte del Siglo XX fue la Patria Roja, representó la mayor baja de la contracción de precios de la materia prima estrella de los mercados hace 30 años. Tercer productor mundial después de USA y Arabia Saudita, el petróleo suma un tercio del PIB ruso y 60% de sus exportaciones. Rusia también se angustia cuando caen los precios.

Los analistas dicen que el hundimiento en curso desde la segunda mitad de 2014, ha sido un factor aún no cuantificado en el deshielo entre Estados Unidos y Cuba, que no habría querido continuar enemistada con la principal potencia del planeta mientras se desvanece su aliado incondicional.

Por carambola, la primera baja del turbión actual ha sido el fin de la guerra fría regional que durante más de medio siglo acaparó la atención de las cancillerías occidentales. Ahora parece llegar la baja siguiente.

El Socialismo del Siglo XXI que apuntalaba la exuberancia financiera de Venezuela   entró en crisis de identidad tras la reconciliación cubano-estadounidense y sufre una agonía que no luce reversible.

Sin mucho más para ofrecer y las arcas exhaustas, el régimen inaugurado por Hugo Chávez recibió una estocada profunda el 6 de diciembre, réplica del terremoto que dos semanas antes había apartado al peronismo del gobierno argentino tras décadas de ejercicio. Los naipes empiezan a mostrar el rostro de la segunda baja de la contracción de precios: Venezuela y, de alguna manera, sus socios en el socialismo que intentaba reproducir, con variantes más livianas, el modelo que había lanzado casi un siglo atrás la ahora ex URSS.

Con el gobierno de la presidente Dilma Rousseff sumergido en la crisis política y económica en que se debate Brasil, pocos apuestan a una sobrevida prolongada del sistema de gobiernos populistas que hace poco parecía solo crecer.

El presidente Morales estaba en lo cierto cuando en Buenos Aires decía que de su estirpe pronto iban a quedar solo dos: él y Nicolás Maduro. Rafael Correa, de Ecuador, no correrá por un nuevo período consecutivo. Como se dibuja el escenario venezolano, -y el boliviano pre-referéndum- la previsión del presidente puede ser optimista.