Reeleccionismo

Límites de la propaganda

Posted on

Estos tiempos lucen aptos para mostrar los límites de la propaganda política. Pese a representar una maquinaria poderosa, la propaganda no ha conseguido detener el deslizamiento de la aprobación popular del presidente Morales en un grado que puede anunciar cambios de estrategias. Dos encuestas (El Deber y Página Siete) mostraron que en apenas un año la aceptación del mandatario ha caído en dos tercios y ahora estaría ubicada en un mero 22%.  Una recuperación luce empinada ante la persistencia del factor que aparenta ser el que empuja la caída: la decisión de ir adelante con la idea de re-re-re candidatear a la presidencia, apoyada en una decisión controvertida del Tribunal Constitucional Plurinacional.  La máxima instancia de la justicia nacional parece encaminada a sufrir la madre de todos los desaires si la Corte Interamericana de Justicia invalida el argumento de que la reelección indefinida es un derecho humano del presidente.

Enciendan sus televisores, escuchen las radios, observen algunos periódicos: la propaganda del gobierno y de sus obras es abrumadora. El sistema propagandístico oficial es uno de los más hábiles y costosos de la Bolivia contemporánea y la caída de la aprobación popular del presidente puede ser uno de sus mayores fracasos.  En su primer discurso tras haber ganado la contienda electoral de 2005, el presidente subrayó que no llegaba a la Casa de Gobierno como inquilino sino como representante de un sector con derecho propietario. Esa pretensión tuvo victorias recurrrentes, pero ahora el ciclo parece extinguirse. En un desafío a la propaganda, perdió el 21 de febrero de 2016, cuando el voto mayoritario le cerró el paso. La barrera volvió a erigirse en diciembre con el masivo desdén ciudadano hacia los magistrados de la justicia, encumbrados con votaciones paupérrimas. Ahora se avecina una nueva contienda, con el paro nacional convocado por organizaciones cívicas de todos los departamentos para ratificar la voluntad anti-re-re-releccionista expresada hace dos años

Se supone que el fenómeno es seguido con frecuentes debates por las escuelas de comunicación de las universidades. No ocurre con frecuencia que los esfuerzos propagandísticos sufran traspiés que cuestionan sus estrategias ni que surjan movimientos nacionales que ponen en grave entredicho intereses reeleccionistas. Muchos sociólogos extranjeros pagarían por estar en Bolivia y estudiar el caso.

Dilema

Posted on

A estas alturas, el presidente Evo Morales podría estar arriando sus banderas reeleccionistas y comenzando una preparación serena para apartarse del poder que ha ejercido durante casi 12 años. La mayoría de los analistas cree que ésta sería una actitud dictada por la razón. Si no estuviere en ese camino, se abriría en Bolivia  un período de tensiones, con riesgos para la estabilidad vivida por el país todos estos años.

Dos referendos consecutivos avalan esa perspectiva, inclusive un tercero, el que puso en vigencia la actual CPE en 2009. La historia boliviana reciente es pródiga en ejemplos que ilustran sobre las consecuencias de permanecer con las riendas del país en contra de una voluntad popular que se manifiesta mayoritaria.  Las objeciones a la pretensión se han generalizado y nada indica una inflexión de la tendencia que dio más del 50% a la votación nula y superó los 2/3 con los votos en blanco. Nadie podría dudar que este resultado expresa una decisión contra el reeleccionismo y contra la curiosa manera de elegir magistrados para administrar la justicia.

La Iglesia Católica tuvo un mensaje inequívoco que el gobierno habría preferido no escuchar.  El mensaje proclamó: ¨Sin respeto a las leyes no hay democracia¨ y subrayó que los obispos no pueden callar ante la sentencia del Tribunal Constitucional que dio luz verde a la reelección indefinida y abonó a la hoja de vida de los supremos magistrados uno de los fallos más repudiados de la justicia nacional. En un país con mayoría de católicos, eso podría tener un peso determinante.

A una semana del fallo pro-reeleccionista, la decisión del Tribunal de Justicia había ganado el más amplio abanico de críticos del que se tenga memoria reciente. Pocas veces, oposición, grupos juveniles espontáneos e instituciones cívicas estuvieron tan sintonizados en una visión sobre qué es lo que no quieren. Ante el anuncio de manifestaciones de protesta e incluso paros cívicos durante la semana que comienza, no estaba claro si los magistrados resistirían la presión de la opinión pública, menos aún de un repudio como el pronunciado por los obispos en días previos a la Navidad.

Si el presidente abandonará la vía reeleccionista y si los jueces desoirán el veredicto ciudadano, eran cartas en una mesa de apuestas voluminosas. La situación del gobierno parecía retratada en un dicho popular sobre situaciones imposibles: Si corro, la fiera me alcanza, si no corro, me come.

 

Después del fallo

Posted on Actualizado enn

En las horas que siguieron a la decision del Tribunal Constitucional que dio luz verde a la pretension cuadrielectoral del presidente Morales, la Bolivia que mostraron las redes sociales fueron la de un volcán en erupción. El contraste con lo presentado por gran parte de los medios escritos, los medios radio-televisivos exhibieron fuerza al presentar imágenes y sonido de lo que ocurrió en esas horas y dejaron distantes a los medios escritos. La mayoría de los medios impresos fracasó en retratar el estado de ánimo que prevaleció en Bolivia tras el anuncio del TCP. Era una tarea esencial para medios que solo pueden competir con los audiovisuales con la calidad de sus descripciones informativas. No hubo entrevistas a manifestantes ni a gente presente en la calles capaces de ilustrar ese estado de ánimo para quien no hubiese sido testigo directo de lo que ocurría. El caso podría ser objeto de estudio en las escuelas de comunicación para atisbar cómo se informó al país sobre una cuestión sensible y fundamental de la vida nacional. Podría ser también motivo de autocríticas en los medios impresos interesados en mejorar la calidad del producto que entregan a sus lectores.

Miles de mensajes fueron transmitidos entre grupos que repudiaban la decisión del tribunal de cinco miembros que rige las leyes nacionales y que, por extraordinario que parezca, había concluido su mandato quinquenal semanas antes del fallo. La decisión del TC, basada en una extraña prevalencia de derechos que confiere al supuesto ¨derecho humano¨ del presidente un valor superior al de toda la comunidad, dio lugar a una circulación asombrosa de protestas ciudadanas, visibles y audibles en las pantallas de teléfonos celulares, demostrativas del ánimo prevaleciente. Nunca se vio en las redes sociales que una institución suprema tuviese la voz tan desprestigiada ni tan abrumada por la desconfianza del público, ni que el público recibiera con tanto desagrado la idea reeleccionista. Una de las imágenes que más me impresionó fue la de un ojo juvenil cubierto por los colores de la tricolor nacional y una lágrima de sangre que se descolgaba desde una de sus esquinas.

Cuando fue anunciada la decisión del tribunal favoreciendo la reelección sine die, el prestigio de ese organismo ya estaba reducido a niveles equivalentes a la votación menor a diez puntos porcentuales con la que sus integrantes fueron designados. Algunos no lograron ni el 5% de los votos emitidos en 2011. La decision tomada esta semana condujo a un terreno minado sin salida. El estado de ánimo que emergió de tal decision parecía llamado a presentar facturas en los comicios de este domingo por parte de un electorado que ya había perdido confianza en la administración de justicia.

Los observadores creen que el pronunciamiento puede llevar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos a esclarecer la pretensión de que la reelección se encuentra entre los derechos supremos de algunos ciudadanos. La luz verde que la aspiración reeleccionista recibió del TC parecía una ironía y estaba abierta a la especulación cuál será la reacción del gobierno y de los magistrados postulantes al voto que emerja de la nueva jornada.

El fallo tuvo de inmediato algunas consecuencias. Una de ellas fue plantear un desafío para los críticos del reeleccionismo y obligarlos a buscar caminos unitarios. Otra puede ser obligar al gobierno a prepararse para enfrentar las críticas internacionales, que vendrían dar la mano a una gran porción ciudadana contraria al reeleccionismo. Una muestra de la actitud que puede prevalecer en muchos países democráticos  partió del pedido del Departamento de Estado estadounidense para que el gobierno respete la Constitución que él mismo proclamó en 2009, al igual que el resultado del referendum que el año pasado votó contra el reeleccionismo.

Salvo un puñado de cancillerías, pocos países estarían interesados en apostar por la causa que enarbola el gobierno boliviano. En el hemisferio, solo Cuba, Venezuela y Nicaragua lucen dispuestas a suscribir el reeleccionismo verbalmente. Esta soledad podría expresarse mejor el momento en que Bolivia llegue a requerir de asistencia si entraren en juego causas aún mayores.