Reelección

Constitucionalismo abusivo

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Recomiendo leer el siguiente artículo de la politóloga Susana Seleme Antelo sobre las controversia que se ha instalado en Bolivia en torno a la reelección consecutiva de Evo Morales y su vicepresidente Álvaro García. El título del artículo es el consignado arriba.

Susana Seleme Antelo El Día. Santa Cruz de la Sierra 20.XII.18

Bien decía Moisés Naím que “La principal amenaza política para América Latina no es el populismo, es el continuismo. Es el intento que hacen los presidentes, apenas llegan al poder”. Ha sido una epidemia: Costa Rica (2003), Nicaragua (2009), Honduras (2015) y Bolivia (2017) Sabíamos de la existencia de Roberto Viciano Pastor, catedrático de la Universidad de Valencia, pues fue asesor en la redacción de la Constitución Política del Estado (CPE), entre agosto de 2006 y diciembre de 2007. Más de 10 años después, volvemos a saber de él, pues junto a su colega Gabriel Moreno González elaboraron un trabajo titulado “Cuando los jueces declaran inconstitucional la Constitución”.

Los autores estudiaron y compararon las sentencias constitucionales de los países mencionados para favorecer la reelección presidencial indefinida. Sostienen que es una “ola que no viene precedida de la voluntad constituyente o del ejercicio legítimo del poder de reforma constitucional, sino de un ‘constitucionalismo abusivo’”. Con ello, esos magistrados declaran la “inconstitucional de la Constitución”.

El texto desnuda la patología antidemocrática que cometieron los del Tribunal Constitucional (TC) en Bolivia amparados en un supuesto derecho humano de Evo Morales a una elección indefinida, e incurrieron, en un despropósito interpretativo del Art. 23 del Pacto de San José de Costa Rica. Sobre esa base, ambos catedráticos analizan el fallo 084/2017 del TC boliviano que dio luz verde para que Evo Morales y Álvaro García presentasen su cuarta candidatura a las elecciones de octubre de 2019*.

Afirman que esa sentencia, cae en “un fraude interpretativo”, por permitir la reelección pese a la “existencia explícita, de su prohibición en la Carta Magna”. Se refieren al Art. 168 de la CPE que estipula solo una reelección continua, o solo dos mandatos consecutivos. Al comparar la sentencia del TC de Bolivia, con las de Honduras y Nicaragua, detectaron que tienen en común “una confusión doctrinal y una errónea interpretación de categorías teóricas inadecuadas… además, de la asunción hipertrofiada de funciones impropias a la naturaleza y fines de la justicia constitucional”.

Viciano Pastor y Moreno González sostienen que la sentencia del TC boliviano es “bastante caótica en lo referente” a la razón suficiente, pues salta “desordenadamente de unas consideraciones a otras”, que utilizaron jurisprudencia de forma tergiversada y un ejercicio de interpretación “abiertamente criticable y de inexistente fundamentación”. Añaden que el caso boliviano reviste especial gravedad porque la sentencia del TC se produce “después de que tuviera lugar un malogrado proceso de reforma constitucional, ad hoc, para eliminar la prohibición de reelección presidencial, que tuvo voto negativo mediante referéndum popular”. Los docentes aluden al Referéndum de 21 de Febrero (21F) de 2016. También afirman que, aunque la Constitución boliviana contemple la aplicación preferente de las normas más favorables de los tratados internacionales de derechos humanos, aquí “no cabe una interpretación pretoriana en sede local de la Convención Interamericana que sirva para soslayar la Carta Magna Nacional, sin apoyarse, siquiera mínimamente, en la posible jurisprudencia de la Corte Interamericana”.

Enfatizan en la gravedad del caso boliviano pues “el Tribunal Constitucional, utilizando de manera injustificada el control de convencionalidad y la cesión de jerarquía que establece la Carta Magna, ha terminado modificando explícitamente la configuración de los poderes del Estado y sus límites; hecho aún más grave por cuanto el pueblo boliviano, en uso de su soberanía, ya había sido llamado a referéndum para decidir sobre la reelección y había manifestado, inequívocamente, su rechazo”. Más claro que el agua clara: la Convención no dice que haya un ‘derecho humano a la reelección indefinida’, como afirma el TC boliviano, “ni existe sentencia alguna de la Corte de San José que así lo establezca”, sostienen los juristas españoles. Para ellos, la sentencia boliviana cae en “un fraude interpretativo”, ya que “el control de convencionalidad es utilizado torticeramente para justificar la interpretación… que nunca realiza, en ningún momento, la propia Corte Interamericana”. Los docentes ponen el acento en el 21 F cuando Bolivia dijo NO a la cuarta elección del binomio oficialista y en Art. 168 de la CPE.

En otras palabras, el binomio Morales/García desde la filosofía del Derecho y la Jurisprudencia está inhabilitado. Mientras tanto, las huelgas de hambre en todo el país suman, lo mismo que las crucifixiones. Son expresión de repudio y de inhabilitación social y política. A esas expresiones locales, se suman los países de la Unión Europea, Estados Unidos de Norteamérica, 20 expresidentes, y varios medios de prensa del mundo. * Unas previas elecciones primarias, en enero del próximo año, sacadas de la manga, como magos de la mentira y el abuso, le ha permitido al oficialismo inscribir su binomio en un proceso preelectoral de 10 meses, plagado de abusos y amenazas.

Se llama opinión pública

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(Edita versión anterior. Crónica publicada en El Diario, 15 de julio)

Una premisa esencial de la propaganda es sintetizar las ideas en pocas palabras, en un proceso que culmina en una imagen o un símbolo capaz de representar de un solo vistazo todo el bagaje que le dio origen.

Un caso de estudio es el ¨Bolivia dijo No¨, que partió del resultado del referendum del 21 de febrero de 2016. La expresión se ha convertido en un dictamen que se esparce por doquier. Donde haya una comunidad fuerte de bolivianos, es probable que allí aparezcan esas tres palabras. Tras manifestarse en competencias deportivas, hace poco llegó hasta Roma, en un recorrido cada vez más amplio aún está en desarrollo.  Por haber ocurrido en la Santa Sede tuvo amplia resonancia y causó una incomodidad mayúscula entre todas las autoridades. Durante días fue plato noticioso favorito entre bolivianos y, sobre todo, en el mundo diplomático. En la red circularon fotografías con banderas en el estadio de fútbol de Moscú, donde se jugaba la final Francia-Croacia, que sostenían una bandera boliviana con el ¨Bolivia dijo no¨ a lo largo del emblema.

Es obvio que los diplomáticos bolivianos se sienten incómodos ante el surgimiento de banderas y poleras que llevan inscrito el trio de palabras. Aunque no  lleven ninguna explicación escrita, todo el mundo sabe que se refieren al gobierno y a sus autoridades empeñadas en contradecir el mandato popular  contra las reelecciones.  La expresión potencia su efecto emotivo y racional si la expresión ocurre en presencia de la primera autoridad del país, a quien van dirigidas las tres palabras y que ahora empieza a percibir la magnitud del fenómeno. Sus asesores inmediatos también y es comprensible que se inhiban de comentarlo, pues se dan cuenta de que intentar apaciaguarlo opera como combustible para avivarlo.

No recuerdo en la Bolivia de las últimas décadas que un movimiento se hubiese extendido tanto en las alas de tres palabras, detrás de las cuales yace una tendencia vigorosa en contra de las candidaturas presidenciales sine die. El mensaje, que ya no require de explicaciones, recuerda que hubo un referendum, que las autoridades creyeron que ganarían con facilidad pero les resultó adverso. El resultado es que la tendencia vencedora del referendum sobre las reelecciones infinitas ahora quiere hacer valer su decision, que no pertenece a ningún grupo en particular sino a la ciudadanía.

Algunos equivalentes recientes que alcanzaron toda la magnitud del fenómeno podrían encontrarse en las guerras del agua y del gas o en la demanda por la apertura democrática de fines de la década de 1970.

El que se da en Bolivia es un típico fenómeno social con aristas políticas que ahora crecen con dinamismo propio, sustentadas por ideas, deseos, aspiraciones y sentimientos de arraigo profundo. Las lecciones de sicología social enseñan que una vez desencadenado, el fenómeno rara vez desaparece antes que sus metas sean satisfechas.

De dónde parten las raíces de estos movimientos y cuál es el momento exacto de su estallido es complejo precisarlo. Pero se da con una cadena de hechos, sucesos, eventos, accidentes, sentimientos y frustraciones que los van conformando hasta que en un momento que nadie podría determinar, se activan y convocan a la unanimidad y a la acción.

A favor o encontra, nadie se siente neutral. Los que se sienten parte del movimiento defienden que su causa es justa y victoriosa. Es como una marea, que puede comenzar con un oleaje suave para ir creciendo hasta convertirse en un tsunami. Sin duda, hechos remotos y recientes alimentan el caudal, que se retroalimenta constantemente.

Es de suponer que las escuelas nacionales de comunicación están saturadas de iniciativas para estudiar y debatir el tema. Si no fuera así, habría que urgirlas a hacerlo. De lo contrario, sería como dejar pasar frente a las narices un fenómeno ilustrativo, mejor que mil lecciones, sin estudiarlo ni analizarlo.

En el genesis del fenómeno boliviano actual no sería difícil detectar episodios de fuerte impacto, desde la paliza que recibieron cientos de campesinos del Tipnis, la masacre del Hotel las Américas y la justicia, hasta el imponente palacio de gobierno a ser inaugurado en semanas más que alimenta ideas de despilfarro o de malas inversiones. Todas contribuyen a formar una ¨matriz de opinión¨ que yace latente hasta que ocurre algo que la activa y la impulsa a actuar. Reproducir las tres palabras en las formas más originales, se ha vuelto, de hecho, una competencia.

Movimientos así no encuentran antídotos con facilidad, salvo en otros equivalentes, en la mayoría de los casos improbables, que reorienten la atención pública y conlleven mayor fuerza y emotividad. Los investigadores dirán que es una competencia completamente desigual. Pocos dudarían en reconocer que hay una distancia abismal entre los postulados del ¨Bolivia dijo No¨ y el de ¨Bolivia dijo Sí¨ (este último pretendería demostrar que las reelecciones continuas son benéficas para las sociedades.) Se trata de una idea aún no corroborada empíricamente pues quienes lo intentaron fracasaron. Ejemplos abundan, inclusive a nuestro alrededor.

Enfrentar esas corrientes de opinion suele ser contraproducente y equivale a entrar en arena movediza en la que todo movimiento contribuye a hundir más lo que se quiere salvar. El tema es vasto y debería llamar la atención de los académicos.

 

Días para cambiar rumbos

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Anotaciones en torno al paro regional de Santa Cruz. Las barreras instaladas en las arterias viales más importantes de la ciudad empezaron a ser levantadas al anochecer del viernes, en la culminación de dos jornadas intensas capaces de llevar al Presidente Evo Morales a rediseñar su hoja de ruta para la carrera que deberá desembocar en las elecciones presidenciales de finales del próximo año. Al llamado de un corredor ante las cámaras que transmitían la llegada de los corredores del Dakar a La Paz, se sumó el viernes un movimiento cívico que convirtió a la mayor ciudad boliviana en una urbe paralizada al influjo del reclamo para que el Presidente desista de buscar un cuarto período de gobierno y derogue el nuevo código penal que ha crispado los nervios de gran parte del  país.  Que se tenga memoria, muy pocas veces la ciudad se detuvo como el viernes.

El paro estuvo precedido por la sorpresa que representó el llamado casi suplicante del piloto cruceño Leonardo Martínez en la carrera del Dakar para que el presidente abandone sus pretensiones reelecionistas y respete las reglas de la CPE en contra de re-re-reelegir a las autoridades. El pedido del deportista al culminar la etapa de ingreso a Bolivia desde Perú, conmovió los ambientes políticos del país y llegó a playas extranjeras, donde el presidente conserva simpatía de tendencias izquierdistas influyentes que no habría querido perjudicar por un episodio impredecible. Para muchos de los noticieros televisivos la noticia fue imperdible.

Las primeras reacciones fueron intentos fugaces de descalificación del corredor, cuyas palabras habían sido recibidas con Ia mirada incrédula del presidente y una media sonrisa del vicepresidente que pareció congelarse en cuanto percibió la avalancha que se venía. El Ministro de Defensa, Reymi Ferreira, les restó importancia diciendo que al gobierno le habrían importado las palabras del corredor si hubiesen provenido de ¨Chavo¨ Salvatierra o Walter Nosiglia, ¨que son los mejores¨. La declaración lució destemplada y no tuvo, de inmediato, mayor impacto.

La magnitud del ruego público de Martínez, ante las cámaras de la TV oficial en cadena deportiva mundial,  aún estaba bajo evaluación cuando, pocas horas después, a partir de la medianoche, comenzó un paro de todo Santa Cruz en protesta contra el nuevo Código Penal y contra la reelección indefinida del Presidente Morales. El paro fue compacto, con algunas excepciones en zonas populares como el Plan 3.000 y Villa Primero de Mayo, reductos tradicionales del gobierno, donde negocios de pulpería estuvieron relativamente activos en la mañana.

La disciplina con la que el paro fue acatado representó la demostración regional pacífica más contundente contra la reelección y el conflictivo Código Penal. Brigadas de jóvenes se instalaron desde el amanecer sobre las principales rotondas de la ciudad y cerraron el paso al escaso transporte que se asomaba por las avenidas. La mayoría de los vecinos se prodigó en darles asistencia con café al amanecer y meriendas al mediodía. El espectáculo que ofrecían muchos bloqueadores era de día campestre. Los asistía también el Comité Cívico pro Santa Cruz que, con el paro y la coordinación con todas las entidades que lo conforman para que fuese exitoso, retornó a sus días memorables de resistencia a las autoridades del gobierno.

En Santa Cruz la noche del viernes prevalecía la impresión de que la región había retomado iniciativas exitosas que ayudarían a tomar rumbos en el país. Para el martes está previsto un paro regional en Cochabamba, y luego en otros departamentos, dentro de un cronograma aún no definido que podría desembocar en un paro nacional.

 

Todo vale

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En el climax de un antagonismo sin perspectivas de calma, el gobierno ha llevado a las calles estos días a miles de ciudadanos para celebrar un supuesto derecho humano del presidente Evo Morales a postularse a la presidencia cuantas veces él y sus partidarios lo quieran, con la creencia de que esa ambición está apoyada en el Pacto de San José, la norma diseñada para proteger los derechos humanos en el hemisferio. La oposición hizo otro tanto, sobre todo en Santa Cruz, Cochabamba y La Paz, y dejó en evidencia que si bien el gobierno tiene poder movilizador basado en el empleo, negocios e intereses que genera el estado, gran parte del país repudia su movimiento reeleccionista. El argumento de ¨el pueblo me lo pide¨ o ¨me sacrifico por mi pueblo¨ ha sonado cínico y oportunista, tan conocido en otros tiempos en estas y otras latitudes, pues se sabe que tras la frase hay intereses apoyados por un esfuerzo propagandístico masivo a costa del estado para favorecer a la clase gobernante.  Pocos dejarían de sonrojarse si la dijeran. Imaginen a Ricardo Lagos pronunciándola, a Mauricio Macri o a Pepe Mujica.

El gobierno y su partido se han prodigado en buscar argumentos que respalden el pronunciamiento del Tribunal Constitucional que abrió la ruta para una presidencia vitalicia del presidente Evo Morales. El dictamen, el más controvertido en la historia de esa instancia, fue la chispa para un polvorín que bajo cualquier visión está lejos de apagarse. Hasta ahora no se conoce una sola opinión institucional que sostenga que la interpretación de que el supuesto derecho humano del presidente a hacerse reelegir cuantas veces quiera es superior a la norma que limita la reelección. No es mínima la ansiedad para que en algún momento la Corte Interamericana de Derechos Humanos expida una aclaración.

La jugada de los abogados del presidente es vista como una ¨avivada¨ mayúscula, pues a ningún jurista se le habría ocurrido, cuando la norma fue aprobada en 1969, que sería esgrimida para favorecer la presidencia vitalicia. El Pacto fue concebido para amparar a individuos ante abusos de poderes del Estado, no para garantizar ambiciones presidenciales vitalicias, han sostenido quienes creen que el argumento reeleccionista es disparatado. Sorprende, entonces, que el TCP lo hubiera endosado, en una decisión de tinta indeleble para la historia de sus integrantes.

El fondo del debate en torno a un tema nada enaltecedor echa más sombras a la justicia boliviana bajo el gobierno del MAS y atiza otros casos irresueltos sobre los que se impone la voluntad del Poder Ejecutivo. Tema central en todos estos años de gobierno MAS ha sido el asalto al hotel Las Américas (2009), de cuyas sombras las autoridades no consiguen apartarse.

Es una conclusión generalizada que todo intento de conferir alguna credibilidad a la justicia pasa por el esclarecimiento convincente de ese episodio brutal.  Para los acusados, los jueces Sixto Fernández, Julia Elena Gemio, Anastasia Callisaya y Sonia Mamani carecen de confiabilidad y los creen dóciles al gobierno. Pregunten en privado a cualquiera de ellos y recibirán una rotunda confirmación. Los fiscales están bajo órdenes del Ministerio Público, que les instruye acusar y lograr sentencias. Ningún otro norte los aparta de la que consideran una misión suprema que se impone sobre todo y para la cual la verdad o la falta de evidencias parecen apenas una variable. Tres aún están presos en Palmasola. Svonko Matkovic Ribera, Juan Carlos Guedes y Alcides Mendoza han tocado en vano todas las puertas en procura de siquiera la prisión domiciliaria. Incluso escribieron al Papa Francisco cuando éste vino a Santa Cruz en 2015. Media docena de otros admitió la comisión de delitos negados durante seis años, en confesiones que parecieron replicar las de los Juicios de Moscú en las purgas de los años de 1930. Y queda un puñado bajo prisión domiciliaria, a la cual han se han visto forzados a adecuar sus vidas.

La justicia, en fin, está llena de ¨mala praxis¨ y es legítimo preguntarse a quién cobrar. Todo el país podría preguntarse a quién responsabilizar por ¨mala praxis¨ con proyectos e inversiones mal concebidos, mal ejecutados y por los sobreprecios que conllevaron.

La ¨Constitución Vitalicia¨

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Jorge Órdenes trajo esta semana un artículo de claridad meridiana que es necesario leer. Es un aporte, valioso para los que desconocen la historia o la conocen muy a medias, importante en estos días en que habla de la reelección sine die.

La “Constitución vitalicia” fue una opción de Simón Bolívar

Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz

El 21-II- 2016 Bolivia votó en contra de la reelección de SE, Evo Morales. Apelar a la posibilidad de una nueva candidatura, recurriendo increíblemente a la Constitución redactada por el Libertador en 1825, es desconocer la historia ya que esa Constitución fue inmediatamente cuestionada. El historiador Alcides Arguedas (1879-1946), en Historia de Bolivia, “Fundación de la República”, dice: “El proyecto de constitución y el reconocimiento por el Perú de la independencia de Bolivia fueron enviados por el Libertador el 25-V-1826… y llegaron a Chuquisaca el 14-VI cuando el congreso estaba en plenas labores…” Sucre leyó los 152 artículos… y se discutió el art. II “referente a la inviolabilidad del presidente, y que ocupó varias sesiones… por la multiplicidad de pareceres… con Calvo pidiendo cuántos deseaban la presidencia vitalicia. La proposición, fue rudamente combatida y desechada, tanto por estar en manifiesta contradicción con los principios netamente republicanos y democráticos y… porque iban a poner vallas a las ambiciones de mucha personas que…dada la ignorancia y el oscurantismo de las masas, se creían con legítimo derecho a dirigir los negocios del país…”

Enrique Finot (1891-1952), en su Nueva historia de Bolivia (1964) dice: “Tanto en Bolivia como en el Perú la constitución “Vitalicia” fue recibida con reservas y constituye el principio de la propaganda contra el autor.” Antonio Díaz Villamil (1897-1948) en su Historia general de Bolivia (7ª edición) dice: “Esta constitución llamada ‘vitalicia’, era muy semejante a la que el mismo Bolívar había dado a Colombia y Perú… tenía todos los visos de gobierno monárquico. Lo que no se avenía con el frenético espíritu republicano democrático que caracteriza a los altoperuanos.” El historiador peruano Luis Alberto Sánchez (1900-1994), en Breve historia de América (1965): ”Impelido por adversas circunstancias, Sucre se vio obligado a dimitir el 14-IV-1828, dejando en su lugar al general Urdininea. El cual no titubeó en firmar el Tratado de Piquiza con [el peruano] Agustín Gamarra (6-VII-1828), corroborando la extinción del régimen bolivariano. …El 24-V- 1829… Andrés de Santa Cruz ocupaba el gobierno y desconocía la constitución Boliviana.” El ensayista-historiador español Salvador de Madariaga (1886-1978) en Bolívar, tomo II (1959), dice: “En la Carta a Santander (XII,1825) describe Bolívar la Constitución que había redactado para Bolivia, y aún para toda América: ‘Estoy haciendo una constitución muy fuerte y muy bien combinada para este país, sin violar ninguna de las tres unidades, y revocando, desde la esclavitud abajo, todos los privilegios… Se califica a los ciudadanos por sus calificaciones y no por su fortuna. El que no sabe escribir ni paga contribución, ni tiene oficio conocido, no es ciudadano.’ La constitución era pues equivalente a una monarquía cuya línea determinaba el primer presidente.”

Bolívar, vaticinando, en Carta de Jamaica (IX, 1815), decía: “… las provincias americanas se hallan lidiando por emanciparse; … algunas se constituirán… en repúblicas federales y centrales; se fundarán monarquías casi inevitablemente en las grandes secciones, y algunas serán tan infelices que devorarán sus elementos, ya en la actual, ya en futuras revoluciones; que una gran monarquía no será fácil consolidar; una gran república imposible.” De ahí que emular al Libertador, en 2017, sea ahistórico y… bochornoso.

 

Costos del continuísmo

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Con un nuevo récord cuando cumpla 12 años de gobierno, el presidente Morales se encamina a otra marca: la de presidente más empeñado en un cuarto mandato, y si posible llegar al quinto y al sexto. En el camino para el nuevo empeño está un plebiscito con nombre de elecciones judiciales. Al amparo de las elecciones del 3 de diciembre, la población le dirá sí o no a su gestión reeleccionista, ya repudiada en un primer intento a comienzos del año pasado. Bajo la mirada sospechosa de muchos países, el presidente ha enganchado el conjuro que él mismo describió y ahora se despliega a todo vapor: Se le mete nomás.

A solo semanas del dictamen sobre la legalidad de una nueva reelección, pocos esperan que el Tribunal Supremo de Justicia vaya a desairar el ímpetu reeleccionista del presidente y la cúpula de gobierno. Al parecer ante un eventual desaire a través de votos nulos, el vicepresidente anunció que la próxima carta será el llamado a una modificación de la Carta Magna para costurarla a medida de los gobernantes. Una opción siguiente sería la renuncia del presidente para decir borrón y cuenta nueva y volver a comenzar una ronda reeleccionista desde cero.

Algunos analistas ven en el empeño reeleccionista el propósito de garantizar  inmunidad para irregularidades durante la serie de mandatos, incluso una revisión meticulosa de la administración de los recursos obtenidos en los años de las vacas gordas, cuando fueron acumuladas reservas monetarias gigantes ahora en declinación. El Hotel Las Américas figura entre los mayores desafíos para el presidente. A cerca de nueve años de ocurrido el episodio sangriento que lo originó, aún repercute la admisión pública de que él impartió la orden de invadir el hotel. Al margen de quiénes ejecutaron la orden, a su cargo están anotados los resultados: tres muertes y persecución de decenas de líderes orientales. Igual espinoso resultará explicar decisiones ejecutivas como la planta de Bulo Bulo, muy cerca del Chapare y las plantaciones de coca y lejos de la frontera por donde se exportarían úrea y fertilizantes.

Un riesgo del continuismo es opacar logros sociales, ignorados bajo la obsesiva propaganda reeleccionista. Otro factor no buscado es inyectar vida a la oposición, estimulada para mantener y buscar posiciones unísonas. El costo reeleccionista puede ser muy alto, como también quedar inerme cuando el péndulo llegue al extremo opuesto.

 

La angustia de las urnas

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El recorrido del gobierno para consolidar su ruta hacia la re3 (tercera reelección) para luego conferirle un carácter  indefinido se ha vuelto más espinoso tras las concentraciones del 10 de octubre en todo el país. Con miles de ciudadanos en las calles, las demostraciones exhibieron para el presidente  y la cúpula gobernante que una gran parte de la ciudadanía  quiere respeto al ordenamiento constitucional y repudia la noción del líder único indispensable para regir la nación.

Los observadores coinciden en que las concentraciones del martes son una muestra de la urgencia que se siente en el país por un cambio  de líderes, y  el reclamo por una administración austera y responsable. Lo ocurrido el martes no podrá ser ignorado por el Tribunal Supremo de Justicia que en días más deberá pronunciarse sobre la constitucionalidad de la pretensión de una re3.

La presión indudable que ahora existe sobre la máxima institución de la justicia, que gran parte de la ciudadanía percibe como dócil a los requerimientos del gobierno, es incompatible con la noción de que  los jueces deben decidir libres de presiones.

A esta coyuntura se ha llegado tras la aceptación que hace dos semanas anunció el tribunal de considerar la demanda del partido de gobierno para dejar sin efecto los preceptos constitucionales que prohíben una nueva reelección del Presidente Evo Morales. Esta aceptación acentuó el desaliento de quienes aún quieren creer en la imparcialidad de los jueces supremos. La expectativa sobre el fallo que debe pronunciar el Tribunal es creciente por  las actitudes del propio presidente, quien en otras ocasiones aseguró que no volvería a candidatear y que al final del periódo de gobierno en curso se iría a cultivar su hato de coca en el Chapare.

La coyuntura ha agravado la impresión de muchos de que gobiernos del Socialismo del Siglo XXI solo ceden poder si los reclamos vienen acompañados por avalanchas de votos.  El régimen de Nicolás Maduro ha resistido incluso a la derrota legislativa de 2015, y se las arregló para conservar su poder apoyado en la fuerza militar. En las elecciones regionales de este domingo, en Venezuela están en juego las 23 gobernaciones del país. Con índices de aprobación de 20-25 por ciento, no es mucho lo que Maduro y su partido podrían esperar pero habrán logrado una tregua que, por todo lo visto, puede ser muy efímera.

Una razón principal por la que dirigentes del Socialismo Siglo XXI se aferran al mando puede yacer en tropelías cometidas  en el ejercicio ilegal de ese poder y el temor a rendir, algún día, cuentas ante una justicia cuyas reglas nunca sospecharon que podían volcarse contra sus propios diseñadores.

La semana antepasada el gobierno nacional quemó uno de sus últimos cartuchos cuando no consiguió ningún respaldo en la OEA para la original tesis de que al Presidente Morales se le violan sus derechos de ser humano a través de la CPE de 2009, algunos de cuyos artículos prohiben la reelección que buscan el mandatario y su partido. La oposición ha acudido a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que aclare si es correcta la interpretación del gobierno que asegura que la CPE interfiere los derechos humanos del presidente al impedir su re3. La corte deberá dar su veredicto en las semanas próximas.

El empeño reeleccionista amenaza con restar brillo a la gestión del presidente y afectar áreas no vinculadas necesariamente a sus acciones internas. No son pocos los que creen que tras ese empeño  yace un temor al futuro. Salvo algún pacto nacional creíble, nadie estaría en condiciones de garantizar, en los límites nacionales,  un retorno no traumático de los hombres del gobierno a la vida fuera del poder. En eso estriba la angustia de las urnas presente en los últimos regímenes de la izquierda del siglo 21.

Escenario de confrontación

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Las cartas para una contienda política decisiva están echadas: el presidente Evo Morales no está dispuesto a obedecer el mandato del 21 de febrero y en el aniversario de esa fecha puede comenzar un camino sin retorno. Todos los indicios hasta ahora disponibles señalan que cualquiera que que sea la modalidad que el gobierno escoja, la ciudadanía que hace un año detuvo su empeño por una re3 (re-re-reelección), reafirmará su decision y esta vez más convencida de la corrección de su voto.
Son grandes los obstáculos que el presidente y su partido tendrán que sortear. A diferencia de hace un año, la oposición se ha visto tonificada con la victoria sobre la re3. Su ánimo es mayor porque cree que los vientos históricos ahora soplan a su favor. Antes de perder el referendum, Evo Morales lucía como un coloso. Ahora se lo ve con su caudal popular disminuido y envuelto en una tendencia que luce irreversible al haber acabado la temporada de las vacas gordas que un tiempo le permitió gastar a manos llenas y cubrir demandas de sus partridarios. También animadas por la victoria del No, las fuerzas opositoras aceleran su reorganización y se preparan para la gran batalla contra la re3.
Conducido por su líder fundador Jaime Paz, el MIR está cerca de recuperar la personería jurídica que perdió hace algunos años y con la identidad complementaria de Comunidad Política Ciudadana se dispone a reunir más de 100.000 firmas requeridas por la legislación electoral para su rehabilitación como organización política. Lograr ese número de firmas en un período relativamente breve puede colocar a ese partido dentro de la vanguardia anti re3.
Sectores que participaron de manera activa en la conformación del bloque cívico opuesto a la re3 están en el mismo empeño movilizador que exhibe un dinamismo curioso: gana ímpetu al hacerse más ostensible el esfuerzo del gobierno al colocar la re3 como su primera prioridad. Es una retroalimentación continua. Por otro lado, también aumenta el esfuerzo del gobierno para asegurarse que su empeño no será en vano.
En este marco el martes 21 de febrero luce como un punto de partida fundamental en el calendario político boliviano. Si es lo que los primeros escarceos propagandísticos señalan, plazas y lugares públicos de gran parte del país serán escenario de concentraciones a favor y contra la re3. En busca de apuntalar la re3 y desacreditar la derrota del año pasado trabajan en una sola estrategia todas las reparticiones del Estado en un despliegue pocas veces visto en el país.
El gobierno atribuye la derrota de hace un año ¨al cartel de la mentira¨ (para muchos otros ¨la mentira del cartel¨) y que un puñado de medios (Página Siete, El Deber y Agencia de Noticias Fides) maquinó su ruina electoral. Resulta interesante notar los parecidos de los juicios sobre la prensa bajo el gobierno actual de Estados Unidos y el de Bolivia. Ambos atribuyen sus dificultades mayores a medios informativos.
Hace algunas semanas circuló una película financiada por el gobierno a través de un productor argentino que endosa esa tesis. Para formarse un juicio equilibrado, sugiero ver la respuesta de Carlos Valverde que circula en la red desde hace pocos días. La respuesta de Valverde, refugiado en Argentina desde el año pasado, subraya que el caso sigue abierto y que el punto mayor -tráfico de influencias- continúa descubierto con todas sus implicaciones. La crónica reabre las interrogantes que han rondado la cabeza de un gran número de bolivianos sobre la forma de gobernar y sobre la utilizacion de recursos públicos para una causa política y el comportamiento de los gobernantes actuales.
El escenario para la contienda anti y pro re3 está nublado en casi todos los frentes. En la economía, no hay signos de mejoría del sector petrolero, ahora con un tercio de los ingresos que tuvo hace tres años, y la minería está lejos de la exuberancia de un pasado no tan distante. Las señales de malos tiempos tuvieron estos días nuevas expresiones: el aumento lineal de impuestos para las importaciones de la línea blanca (refrigeradores, lavadoras, hornos de micro-ondas) aleja para muchos la posibilidad de adquirir esos productos, y el sector bancario, uno de los que mejor relación ha tenido con el gobierno, está disconforme, a causa de un impuesto que grava sus robustas utilidades. Está claro que la quimera de la abundancia se disipó.

La carrera prematura

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Con casi tres años de anticipo, la contienda electoral boliviana ha empezado a correr a toda máquina tras haber sido lanzada hace una semana cuando el gobierno decidió enfrentar la voluntad del país expresada el 21 de febrero y rebuscar una rehabilitación del presidente Evo Morales como candidato por enésima vez.
Con la anuencia entusiasmada del presidente, los sectores que lo apoyan empiezan a movilizarse y auguran un 2017 agitado. Por lo visto hasta ahora, parecería que no han calibrado la magnitud del paso dado ni tampoco la extensión de la reacción opositora. En solo una semana desde el anuncio, en el país se ha desencadenado una dinámica que sumada a otros sucesos dentro y fuera del país anuncia un tiempo prolongado de luchas intensas. El país empieza a ser envuelto por un clima de confrontación entre el movimiento prorroguista y sus adversarios, que el 21 de febrero probaron ser mayoría y le propinaron una primera derrota al presidente Morales que ahora no acepta. Haber ingresado a este clima presupone el descuido de asuntos importantes más inmediatos capaces de condicionar el curso del propio empeño reelectoralista, desde la economía al ambiente externo.
Los observadores subrayan que nada indica que la economía vaya a mejorar durante el año que empieza, mucho menos alcanzar los niveles de ingresos por exportaciones en 2014 y 2015. Las reservas de gas natural no solo se agotan sino que nuestros compradores Brasil y Argentina, con sus economías también agobiadas, comprarán menos, si es que se logra renovar contratos de suministro, y a precios alrededor de los que regían a principios de siglo. El tiempo de la holgura se acabó y queda la tarea de recoger la mesa y ver si quedan sobras del festín para recalentar.
En pocas horas han empezado a salir al frente del reeleccionismo sine die los actores ganadores del referendum de febrero, a los que podrán sumarse los disgustados con los apretones de cinturón que provoca el fin de la bonanza. Pronto podrían manifestarse opiniones para que el propio presidente defienda, en debates televisados, su posición reeleccionista.
Los analistas también señalan que el 21 de febrero fue expresión de un propósito nacional para respetar las normas constitucionales. El referendum estuvo gobernado por un clima de opinión que desde entonces puede haberse vuelto más denso y cobrado más fuerza, atizado por las penurias económicas que empiezan a sentir muchos hogares, la insatisfacción general con el mal funcionamiento de la justicia y la percepción en aumento de que los recursos que tuvo el país durante la bonanza de los años pasados no fueron debidamente aprovechados.
Algunos analistas encuentran en la atmósfera política nacional parecidos con la que había hace 40 años. En 1977, sin opciones para prorrogarse al mando del país, el regimen militar optó por llamar a elecciones generales. Entre los primeros en aceptar el reto estuvieron dos movimientos de izquierda, el Partido Socialista, de Marcelo Quiroga Santa Cruz, y el Movimiento de la Izquierda Revolucionaria, nacido clandestino seis años antes. El regimen militar perdió la jugada y con la economía cuesta arriba y huérfano de amigos en el exterior, acabó en golpes y contragolpes que desembocaron en el renacimiento democrático en 1982. Tanto el MIR como los movimientos inspirados en el PS están en el mismo frente anti re-re-re que incluso cuenta con ADN, el partido generado por el fallecido presidente Hugo Banzer en la etapa en que abrazó la democracia y consiguió cimentarse entre los creyentes en la democracia representativa y la alternabilidad.
Es posible que el partido gobernante hubiese subestimado los problemas externos que el intento prorroguista puede acarrearle. Sin gobiernos amigos, salvo el de Venezuela, cuya sobrevivencia parece una hazaña diaria, y el de Ecuador, donde Rafael Correa está de partida, el movimiento reeleccionista solo puede generar antipatías. Todo esto, sin incluir el factor mayúsculo que ingresará a regir desde el 20 de enero, cuando tomará posesión Donald Trump, la mayor expresión política del capitalismo del que el gobierno boliviano es enemigo acérrimo declarado.

Todo por quedarse

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Del temor del presidente venezolano a un referéndum revocatorio de su mandato a la obsesión del presidente Morales por una nueva consulta popular que le reasegure el futuro, el cuadro que ofrecen los regímenes del Socialismo del Siglo XXI es de desconcierto y temor. Los vientos que soplaban a su favor desde comienzos de siglo han cesado, aplacados junto a la brutal contracción de precios de las materias primas, y carecen de brisa que los aliente.  Resultaría cuesta arriba contradecir la noción de que una época está pasando a  la historia.

Llevados a la cúpula de sus países por amplias mayorías, los dirigentes de  los dos regímenes parecen haber quemado todas sus naves y no les quedarían sino muy pocos caminos a seguir.

La resistencia de Nicolás Maduro a abrir paso al referendo que podría alejarlo del poder es explicada por los analistas por el miedo al futuro inmediato más que en el alegato de que reformas y beneficios sociales instituidos desde principios de siglo podrían perderse. Las escenas pavorosas que describen los medios de información y quienes aún viajan a Venezuela dejan clara la devastación sufrida por el país que hace medio siglo exhibía las mejores condiciones del continente para alcanzar los niveles de las naciones ricas. Con tres cuartas partes de la población electoral en contra, como señalan las encuestas, para el mandatario venezolano es brumoso hablar del futuro desprovisto del poder que le confiere el Palacio de Miraflores.

La obsesión del presidente Morales y de sus colaboradores  inmediatos y su partido por un nuevo referéndum luego de haber perdido el del 21 de febrero carece de seriedad. Luce como un  lloriqueo del niño que perdió una apuesta importante en la escuela.

En medio de la exhibición pública de una parte de su vida personal, con formato de telenovela exenta de valores y ahora reflejada en diarios de resonancia mundial, el presidente ha denunciado en su cuenta twitter: ¨Medios de comunicación de la iglesia católica continúan como en el tiempo de la colonia. Hoy humillan al presidente indígena¨. La historia dice que al comenzar ese tiempo Gutenberg acababa de inventar la  imprenta y los periódicos surgirían en América más de tres siglos después.

Extrapolado, el ejemplo explicaría por qué el régimen se mueve con mucha dificultad en las redes sociales, y exhibe la distancia a recorrer para hacer efectiva la llamada ¨estrategia de comunicación social¨ anunciada por un ministro. Para que esa estrategia pueda lograr resultados, el país tendría que contar con niveles de educación escandinavos, y en ese caso cualquier estrategia de control de redes resultaría inviable.