Rebeca Delgado

Tramonto populista

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El Socialismo del Siglo 21, abrazado por algunos países de la región desde comienzos de siglo, está en aprietos que marcan sus limitaciones y su declinación como modelo. Ideado por un sociólogo alemán (Hans Dietrich Steffan) residente en México, el auge de este modelo sufrió un frenazo en 2009 con el derrocamiento de Juan Manuel Zelaya, el presidente hondureño que buscaba la reelección. Vino después otra caída, la de Fernando Lugo, de Paraguay, como secuela de un juicio de responsabilidades, en junio del año pasado. Un vistazo sobre Venezuela y Bolivia muestra a gobiernos presionados por penurias económicas y sociales. Incluso aliados como Argentina no logran salir de una atmósfera también volátil.
A un mes de las elecciones más controvertidas de la historia de Venezuela en décadas, el régimen de Nicolás Maduro no ha conseguido afirmarse y es visto con olor a fraude por muchos países no comprometidos con el “neo socialismo” que seguía su mentor, el fallecido presidente Hugo Chávez. Políticas económicas fallidas del régimen son vistas como la causa de un agudo desabastecimiento que abarca a más de un quinto de los productos esenciales de la dieta venezolana. La escasez agudiza el descontento y ha llevado a nuevos choques verbales entre Maduro y algunos industriales, pero el desabastecimiento persiste y tiende a empeorar como una paradoja en un país bendito con una abundancia descomunal de ingresos petroleros.
Si y cómo saldrá Maduro del atolladero es todavía motivo de apuestas. Un termómetro infalible suele ser el valor oficial de la divisa norteamericana comparado con el del mercado paralelo. En Venezuela, el paralelo tiene un precio cuatro veces superior al oficial.
En los socialismos del Siglo 20 los desastres económicos causaron hambrunas y millones de víctimas de las que sólo se supo con algún detalle después. El “socialismo real”, desprovisto de matices, que expusieron los Premio Nobel Boris Pasternak (Dr. Zhivago) y Aleksandr Solzheinstsyn (Archipiélago Gulag), habría tenido dificultades para sobrevivir hoy, con la revolución de las comunicaciones que hace que las noticias sean vistas y escuchadas “en vivo” en gran parte del mundo. Eso puede explicar la tendencia de los gobiernos populistas hacia el control de medios informativos.
En Bolivia, la Central Obrera Boliviana (COB), un baluarte anti-dictaduras en los años de los regímenes militares, ha puesto estos días en graves aprietos al gobierno, acosándolo con bloqueos, marchas y protestas callejeras por todo el país para mejorar substancialmente una propuesta oficial para las jubilaciones. Hasta el jueves, el gobierno contraatacaba con la recurrente acusación de que los manifestantes conspiraban para derrocarlo.
En la culminación de una jornada furiosa de manifestaciones y bloqueos, una dirigente “libre-pensante” del partido de gobierno se alzó contra la forma en que ha sido decidida la candidatura hacia una reelección del presidente Morales, ignorando una disposición transitoria contenida en la CPE. Rebeca Delgado ha dicho que gran parte de sus colegas oficialistas en el congreso es de “levanta manos” que siguen pasivamente las órdenes del Poder Ejecutivo. El ambiente social y político boliviano se ha vuelto más volátil todavía con un ingrediente que puede ser letal: policías, que a media semana dijeron que se podrían sumarse al reclamo de la COB por una jubilación con el 100% de sus salarios. Han puesto un ejemplo: los militares tienen ese beneficio. ¿Por qué no el resto?
En Argentina, la presidente Cristina Fernández acaba de renunciar la posibilidad, que la oposición observaba con recelo extremo, de una modificación de la constitución que, en 2015, le permitiría una nueva reelección. Si esa decisión es irrevocable, se verá en los próximos meses. Pero nadie duda que parecen lejanos los días en que los gobiernos populistas lograban imponer iniciativas sin mayores contratiempos y el socialismo del Siglo 21 sólo parecía crecer en la región.

Rebeca Delgado contraataca

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La ex presidenta de la Cámara de Diputados Rebeca Delgado sacudió esta noche los cimientos del gobierno y de su partido, el Movimiento al Socialismo, a lo largo de una entrevista en el escenario de PAT (No Mentirás) en la que reclamó el retorno a los orígenes del movimiento que encumbró a Evo Morales y Álvaro García. Se declaró católica y defendió su derecho de alzar el puño izquierdo y de jurar haciendo la señal de la cruz con la mano derecha al aclarar a la entrevistadora Ximena Antelo que se trata de una representación de convicciones que “no son incompatibles”.
Articulada, asegurando militar en una izquierda ideológicamente humanista, lejos de los ejemplos marxista-leninistas del siglo pasado que hundieron al socialismo y de sus expresiones actuales, Rebeca Delgado denunció la dictadura que impera, dijo,  en el Movimiento al Socialismo.

Sus colegas, dijo, se han vuelto,  simples “levanta manos” para aprobar las normas e instrucciones que reciben del Ejecutivo. Muchos de sus compañeros no expresan su oposición a esos métodos autoritarios de eliminar a los “libre-pensantes” por temor a represalias. (Contra el libre pesamiento se manifestó hace unas semanas el presidente Morales y advirtió a los dirigentes del MAS que no pueden actuar por iniciativa propia).
La parlamentaria desahució moralmente la reelección del presidente Morales por violar el artículo transitorio de la CPE que la prohibió. El Tribunal Constitucional, dijo, no tenía manera de responder negativamente a la consulta que le envió el senado que estaba redactada de manera que que la respuesta fuese la que buscaba el gobierno. Respondió a las objeciones que le hicieron las presidentas del Senado y de la Cámara de Diputados y les dijo que dijeron lo que afirmaron porque se les había ordenado que lo hicieran.
Puso nombre al autor, o director de esas políticas: el Vicepresidente Álvaro García Linera.
Y dijo que también ella sentía miedo. Había recibido, dijo, llamadas de compañeros de ruta que le han advertido que tenga cuidado. Su posición, y las palabras con las que se expresó esta noche, será un tema de debate en los gabinetes políticos.
Como telespectador y observador atento a las noticias, aguardo las reacciones a esta entrevista, reveladora de  fisuras profundas que ocurren en el gobierno.

¿RebeCop Delgado?

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El turbión de denuncias y arrestos que esta vez arrincona a jueces y fiscales ha eclipsado parcialmente a una de  las protagonistas del capítulo en desarrollo. Rebeca Delgado, la Presidente de la Cámara de Diputados, se ha vuelto una navaja en el zapato de algunas autoridades y dirigentes de su partido. Tras haber ganado por puntos la pelea con el Ministro de Gobierno Carlos Romero en torno a  la  ley de extinción de dominio sobre bienes mal habidos (que supuestamente iba a contrarrestar la corrupción cuando la corrupción ya anegaba varios compartimientos del barco del gobierno)  la legisladora cochabambina lanzó de nuevo el sombrero al cuadrilátero. Dio un ultimátum para que hasta “mediados o fin de mes” las investigaciones abarquen niveles de mayor jerarquía y avancen al segundo y primer piso.  Es probable que  haya quienes no desean que el turbión se extienda más, pero sospecho que el ímpetu que lleva no tiene control y que pronto puede engullir a otras personalidades.

Coincidencia o no, las tareas policiales han arreciado estos días. Jacob Ostreicher ahora puede defenderse en libertad, lejos de Palmasola, ahora bautizado como uno de los penales más oprobiosos del mundo. Lo mismo ocurre con Dirk  Schmidt, el alemán que decía que se jugaba la vida en defensa del presidente Morales y que incomprensiblemente acabó preso acusado de alzamiento armado por causa de armas de caza con las que practicaba incluso al lado de algunos de los agentes que lo detuvieron.  Estas personas, como muchas otras, incluidas las de una insuficientemente investigada “masacre” en Porvenir hasta otras arbitrariamente involucradas en el gastado “caso terrorismo”, han tenido sus vidas desarticuladas. Lo que han perdido es incuantificable, gran parte por culpa de  moradores del primer y segundo piso del gobierno cuya identificación buscada por la legisladora Delgado puede resultar desagradable para  los malhechores.

Es probable que los abogados presos hayan sido parte de la legión contratada por el gobierno del MAS para forzar la corrección de entuertos (“Legalicen ustedes. Para eso han estudiado”). La cuestión es que los neo-presos pueden haber sido piezas esenciales de una arquitectura encargada de dar apariencias de legalidad a actos que el gobierno consideraba políticamente necesarios para su confort interno y externo (el fin justifica los medios). Las tareas que tenían a su cargo eran indispensables en el diseño del “Socialismo del siglo 21” que sus críticos dicen que se arropa de democracia con una justicia sumisa y dependiente que permite a los gobiernos que lo adoptan presentarse ante el mundo con un traje democrático falso.

No está claro si los que ahora están tras las rejas tendrán sustitutos ni cómo orientarán sus tareas los nuevos legionarios del singular sistema de justicia que habían instalado en Bolivia. En todo caso, tendrán ante sí una tremenda lección del tamaño de la eficiencia con la que manejen los asuntos a su cargo: pueden también acabar entre rejas.

RoboCop (1987) es un personaje de la ficción cibernética. Resurrección de un policía que en su versión humana tuvo una muerte cruel en manos de maleantes, se trata de un tenaz vigilante de la ley y terror de los delincuentes que no se interesa en medir consecuencias sino en cumplir su labor. Es plausible preguntarse si los afanes de la legisladora, cuyo nombre he alterado para simular el de la ficción, la llevarán a incluir en el ultimátum el esclarecimiento de la represión en Chaparina, Hotel Las Américas y otros casos sórdidos, o quiénes y dónde están los responsables de  las empresas fallidas, creadas o asumidas por el estado.

Apasionada confesa de la cocina (lapping y costillar de cordero, con sabor cochabambino, claro),  quién sabe si en su agenda  de limpieza y su ultimátum incorpora no sólo fiscales y jueces corruptos.