PT

Como México no hay dos

Posted on

(Nota publicada por El Deber de Santa Cruz el 15 de julio, 2018)

Andrés Manuel López Obrador ha traído vientos renovados para las corrientes de la izquierda en el continente, en momentos en que estaban en retroceso, resultado principalmente de la ineptitud y deshonestidad de los propios gobernantes izquierdistas, de graves violaciones a los derechos humanos de cuyo respeto algunos de ellos juraban que eran campeones, y por la repentina oportunidad que el poder brindó a unos pocos para enriquecerse por generaciones. Una pregunta que recorre el hemisferio es si AMLO, como ahora es universalmente conocido, podrá escapar al estigma que marca a los regímenes que se jactan de distribuir en desmedro de producir y acaban perdidos por propósitos continuístas.

Las primeras imágenes suelen ser las más duraderas. En medio del júbilo de millones que lo veían por televisión, el presidente electo subrayó sus expectativas con una humildad que contrastaba con el abrumador 54% de la votación que acababa de obtener: ¨Quiero pasar a la historia como un buen Presidente de México. No les voy a fallar¨, prometió en su primer discurso tras su elección.

Escucharlo me llevó a evocar a otro personaje que, 15 años antes, acababa de jurar al cargo y se dirigía a una multitud de seguidores. Era Luiz Inacio Lula da Silva, que discurseaba ante miles congregados en la imponente avenida que sirve de cuerpo central para la figura de avión bajo la que fue construida Brasilia.

La llovizna de esa tarde de enero de 2003 no desanimó a la multitud que aguardaba expectante al líder que había ganado la presidencia en segundo turno y abría un período de grandes esperanzas. Lula arrancó lágrimas cuando dijo que su mayor aspiración era concluir su mandato habiendo conseguido que ningún brasileño fuese a dormir con hambre. Al dejar el gobierno ocho años más tarde, con una reelección a cuestas en 2007, pudo jactarse de haber conseguido extraer de la pobreza a unos 30 millones de brasileños e incorporarlos a la categoría de clase media.

No era poco. Esa población triplicaba la de Bolivia o duplicaba la de Chile. Ocurría, sin embargo, en medio de una escalada de precios espectacular para gran parte de las materias primas que daba una sensación de bonanza ilimitada a las arcas brasileñas y que el cielo era el límite. Pero el júbilo no tuvo aliento duradero.  La austeridad no sería el signo de los gastos gubernamentales brasileños en los años que vinieron. La honestidad menos.

Uno de los primeros escándalos ocurrió al ser expuesto un sistema de sobornos a los legisladores que garantizaban al gobierno el pasaje de todos sus proyectos. Fue el ¨mensalao¨, o la mesada que recibían los parlamentarios del Partido de los Trabajadores (PT) y de la coalición aliada por alinearse disciplinadamente con el gobierno. Tiempo después vino la factura, que ahora tiene a Lula en la prisión y a su sucesora, Dilma Rousseff, cerca de hacerle compañía tras haber sido apartada del gobierno por otro mega escándalo, el de maquillaje de las cuentas públicas para mostrar buenos resultados donde las cuentas estaban en rojo. El estigma de la deshonestidad, o del robo y el raterío, en lenguaje mas callejero, han sido marca profunda en regímenes populistas y autoritarios.

En nuestro caso, recordemos que la caída del MNR en 1964 ocurrió bajo una percepción generalizada de que el país había sido tomado por asalto y que la corrupción era un signo transversal y vertical del régimen que se iba; o también el descontento que cundió bajo el régimen militar del general Banzer con el enriquecimiento de muchos de su círculo más estrecho, represión y sobreprecios. Lo que vino y la sucesión de otros escándalos amortiguaron el peso del bagaje de las décadas de 1960 y 1970.

El ámbito regional de AMLO no es muy ejemplar. En el norte sudamericano, Venezuela ha roto todos los parámetros de comportamiento de los estados y el régimen de Nicolás Maduro desfallece sin más aliados que Bolivia, Nicaragua y Cuba. Para el recién llegado AMLO, Nicolás Maduro puede resultar demasiado tóxico para merecer algún gesto de México más allá de decir: ¨Arréglenselas ustedes. Respeto la no intervención y no me meto¨.  El nuevo mandatario mexicano no querría entrar a las aguas turbulentas de Venezuela cuando su posesión ocurrirá en cinco meses, una eternidad cuando se aborda la urgencia de sanear el pantano venezolano. La presencia de Maduro es incómoda en el continente, salvo en aquel trio de países que tampoco pueden hacer mucho por un sistema colapsado.

La sociedad mexicana y, en verdad, todo el mundo, estarán atentos a cómo luchará contra la corrupción, para comenzar con ¨la mordida¨ que gobierna desde gran parte de las relaciones interpersonales hasta los grandes contratos del Estado. ¨No voy a tener la corrupción a raya. La voy a erradicar¨, prometió durante su campaña.

Por lo que espera, la tajada será multimillonaria como para acometer trabajos capaces de convertirse en demostración y tener jactancias tipo¨esto costó tanto y fue financiado con la represión sobre gastos agigantados que se iban a realizar en tales y tales sectores. Los responsables están siendo procesados¨.

¿Un sueño?  Cierto, pero sería el camino ideal que promete AMLO.

Del vecindario izquierdista no será mucha la inspiración que AMLO pueda conseguir. La cruzada que pretende emprender contra la corrupción, que identifica no como un fenómeno cultural mexicano sino resultado de la decadencia de regímenes anteriores, es la que puede emerger como gran contribución mexicana a la cultura del continente y a conferirle brillo.  En un gesto capaz de ruborizar a otros líderes de la región, ha archivado el avión presidencial y se dispone a viajar no solo con modestia y sino a donde su presencia resulte imprescindible.

Con gran simpleza que expuso en sus tweets, dijo que no habla inglés (¨no lo necesito¨) y que con el castellano tiene suficiente. Sin aumentar impuestos ni endeudar al país, todo apuntala su idea aún vaga de una gran revolución dentro de la legalidad, sin efectos desestabilizadores ni pérdida de inversiones. Parece la cuadratura del círculo, pero ante su manera de decirlo trepidan hasta los escépticos.

Su gran reto yace al norte, donde Donald Trump cree que puede moldear el TLCAN a su visión unilateral del mundo.  AMLO tiene una vision distinta de la que tenía hace 20 años cuando era opositor intransigente a la integración comercial con el país a donde ahora van cuatro quintas partes del comercio exterior mexicano.  Ambos con fuertes rasgos populistas podrían encontrar en esas similitudes puentes para entenderse. En ese empeño, AMLO cuenta con una ventaja importante sobre Trump: de su lado estará Canadá, el tercero en el esfuerzo por redibujar el mapa del libre comercio en América del Norte.

 

 

El mundo que no fue

Posted on Actualizado enn

La destitución de Dilma Rousseff ha puesto fin a una era que durante 13 años representó las esperanzas de gran parte del mundo en desarrollo. El  ¨sin miedo de ser feliz¨ que presidió el destino del país más grande de América Latina acabó por decisión del senado que, con una mayoría abrumadora, la apartó por completo de la presidencia.

El fin del ciclo PT es un golpe fatal para las izquierdas del continente. Subraya un ocaso melancólico del Foro de Sao Paulo, las agrupaciones marxista-leninistas que intentaron revivir el experimento que durante más de siete décadas asfixió libertades y derechos en Rusia y el este  europeo. Brasil era la esmeralda de la corona para las esperanzas de instalar una versión socialista menos tiránica  que la de los gulags pero en muchos casos implacable en la persecución a la libre expresión y a la disidencia.

La alegría y optimismo naturales de los brasileños arroparon a Luiz Inacio Lula da Silva, en los años en que cundió el mantra de que un mundo nuevo sería posible con el PT. El ex líder metalúrgico ahora está en una senda capaz de llevarlo a la cárcel por enriquecimiento indebido. El mundo que anunciaban sus seguidores no llegó a ser.

El sueño que Rousseff encarnaba empezó a desvanecerse a partir de su reelección por margen mínimo seguida de una ola de descontento popular que sacudió al país con manifestaciones en la mayoría de los 5.400 municipios brasileños.

El nombre de ese descontento es recesión. Luego de años de crecimiento sostenido, a veces excepcionales, la economía se contrajo y el desempleo empezó a cundir. Para este año se pronostica una caída del 4.6% por ciento de su PIB, un fenómeno desconocido en casi dos décadas que mostró la cara fea del mundo que prometía el PT.

El desenlace reafirma que las economías no están blindadas y tumban gobiernos en cuanto situaciones de auge ceden por la ineficiencia o el dispendio. La conclusión de Bill Clinton al debatir con su adversario cuando era candidato presidencial, ¨es la economía, estúpido¨, tiene una notable confirmación. Después de encogerse este año, la economía brasileña podría recuperarse solo en 2018. Con el PIB en crecimiento, otra habría sido la suerte de la ahora ex mandataria.

La decisión de los senadores causó una perplejidad que llegó al embajador británico en Brasil, Alex Ellis, quien vía twitter pidió que le explicaran cómo una presidente podía ser apartada y conservar sus derechos políticos. Entre sarcástico y bienhumorado, un seguidor le dijo que los senadores la habían enjuiciado porque hubo un delito, pero como al enjuiciarla se vio que no lo hubo, se le mantuvieron los derechos políticos.

 

Idus de Marzo

Posted on Actualizado enn

Las calles de las principales ciudades brasileñas volvieron a ser este viernes plataforma de protestas en contra y a favor de la presidenta Dilma Rousseff y de su mentor Luiz Inacio Lula da Silva, al agravarse una espiral que parece próxima a un clímax para definir el rumbo institucional del país más grande del continente. Sin un comando efectivo sobre la política y la economía de su país, el gobierno y el Partido de los Trabajadores (PT) parecen haber cedido al descontento el dominio de las calles.

La divulgación de grabaciones telefónicas en las que la presidenta anunciaba a Silva que le enviaba las credenciales que lo convertían en Ministro de la Presidencia enardeció a sus opositores y el expresidente quedó lejos de ser ministro con mando efectivo y menos de estar protegido ante la eventualidad de una orden de arresto. En la tarde del viernes, aún se debatía si llegaría a ejercer funciones. La designación, anunciada en pocas palabras salpicadas de afecto entre ambos líderes, fue vista como un intento de proteger al ex presidente ante investigaciones que apuntan a él y a miembros de su familia en actos de corrupción administrativa. Estos días, los idus de marzo han lucido como en desfile olímpico frente a los dos dirigentes y su partido.

En las horas siguientes, el PT intentaba asumir visibilidad luego de haber sido eclipsado por las concentraciones de millones de brasileños en todo el país que reclamaron la salida de la presidenta. Lucía difícil que pudiese restaurar la imagen de sus dos líderes acosados por la justicia. Las tribulaciones políticas de ambos se agravaron y entraron en un conteo descendente cuando, el jueves, quedó conformada la comisión de 65 miembros que deberá decidir si existen méritos para juzgar a la presidenta.

El informe que emita esa comisión será votado por la Cámara Baja, donde la oposición y los críticos de Rousseff son mayoría. De ser condenatorio y ganar aprobación, el Senado asumiría el juicio y la presidente sería apartada de sus funciones por 180 días. El tribunal juzgador lo presidiría el Presidente de Corte Suprema. De ser culpada, la presidente perdería sus derechos políticos durante ocho años. Una situación así no sería desconocida para los brasileños. Sería una repetición de 1992, cuando Fernando Collor de Mello fue alejado de la presidencia y perdió sus derechos políticos. Ex combatiente clandestina y  ex guerruillera, la presidenta  ha estado en coyunturas difíciles que parecìan insalvables y consiguió sobrevivirlas. Quienes conocen la historia brasileña contemporánea creen que la que le toca enfrentar ahora está entre las más formidables de toda su vida, pues no depende tanto de sí misma ni de su partido ni de sus colaboradores, sino de  gran parte de una sociedad indignada con la corrupción y las deficiencias administrativas e infraestructurales evidentes al cabo de  13 años de gobierno ¨petista¨-.

Los problemas de Brasil han hecho tocar a rebato las campanas de las izquierdas en todo el mundo, que perciben el peligro de extinción del intento de revivir desde el nuevo mundo el socialismo que representó la desaparecida unión Soviética y sus satélites. La angustia de unos no equivale a la felicidad en otros. El universo político del mundo capitalista no logra todavía zafarse de turbulencias del quinquenio anterior, a pesar de las ventajas que ofrece la caída vertiginosa de los precios del petróleo, de los minerales y de los productos agrícolas.

Los informados previenen que un naufragio político en Brasil podría operar con la fuerza de un sifón sobre sus vecinos ideológicos y fronterizos, que difícilmente podrán alejarse del área de turbulencia. Al moverse una ficha fundamental del juego que ha regido sobre gran parte de América del Sur en la primera y segunda década del siglo, el paisaje político del continente ingresaría a un período de cambios bruscos, impensables hace solo pocos años.

Sigue el juego

Posted on Actualizado enn

Los dados electorales que los brasileños lanzaron el domingo antepasado ahora se desplazan por la recta final y en dos semanas mostrarán quién tomará las riendas de la mayor potencia económica y territorial de América Latina. Es una disputa que coloca en el cuadrilátero de las urnas a la socialdemocracia que estabilizó la economía y a la izquierda no radical representada por el Partido de los Trabajadores (PT), que por primera vez enfrenta la perspectiva de perder el poder.
No es un escenario a ser contemplado pasivamente. Se trata del principal mercado para los hidrocarburos bolivianos y la contienda ocurre cuando las relaciones bilaterales no están en su mejor momento, razones suficientes para alimentar la curiosidad sobre el rumbo que escogerá el electorado vecino. Los datos de las encuestas tempraneras exhiben un empate. Por la magnitud del desafío, es posible que la indefinición se mantenga hasta el final.
En esta etapa, los amigos valen muchos votos. Incluso si la meta de mejorar posiciones conlleva el riesgo de malograrlas, o de disparar sobre el propio pie, ni la presidente y candidata Dilma Rousseff ni su rival Aécio Neves parecen en condiciones de desperdiciar apoyos o desdeñar simpatías.
En una concentración en la que la candidata reiteró que combatirá la corrupción, a su lado estuvo el ex presidente Fernando Collor, hasta ahora el único mandatario que tuvo que renunciar al cargo para evitar que el congreso lo procesara por corrupción y lo destituyera. No se le encontraron pruebas, pero fue privado de ejercer cualquier función pública por ocho años (1992-2000). En 2006 candidateó al senado federal y ganó.
En la otra esquina, los analistas hacían notar que los altibajos en la bolsa de valores de Sao Paulo se reflejaban en el ánimo de los electores respecto a Aécio Neves. Cuando los índices subían, impulsados por el ascenso de Neves o de Marina Silva, la ecologista que no logró avanzar a la vuelta final, las encuestadoras detectaban un fortalecimiento del respaldo a Rousseff. Parecía una clásica confirmación del “dime con quién andas…”.
La candidata Rousseff no puede menospreciar el apoyo del senador Collor, aún en momentos en que su gobierno está acosado por denuncias de corrupción en torno a Petrobras, la empresa más identificada con el nacionalismo brasileño. Y su rival Neves tampoco puede molestarse con el entusiasmo que su candidatura provoca en las bolsas, cuyos operadores creen que con él tendrían un presidente más amigo. En este caso, quedaría endosado el comentario popular: “No me defiendas, compadre…”

Eclosión de multitudes

Posted on

Los fenómenos sociales brasileños solían diluirse en la inmensidad del territorio del quinto país más extenso del mundo. Una huelga de metalurgistas en Sao Paulo acababa en la periferia de esa urbe gigante. Las otras regiones seguían su propia rutina. Esa premisa no tiene más vigor. Las primeras manifestaciones contra el aumento de las tarifas del transporte público ocurrieron en el eje Sao Paulo-Rio, pero prendieron como reguero de pólvora y, con más de un millón de personas en la calle, la noche del jueves eran una llamarada en más de 80 ciudades. Los heridos suman centenas y hasta la mañana del viernes había dos muertos causados por la violencia.

Lo que ocurre en Brasil luce como un gigante “caracazo” (1989), sin una causa única identificable como motor sino una variedad difusa de motivos, que la geografía brasileña no ha logrado amortiguar. De un extremo a otro de Brasil las multitudes han arrinconado al gobierno del PT, que daba la impresión de carecer de antídotos para la magnitud del fenómeno que, por el inmenso escenario, era una conmoción continental.

Desorientados ante la generalización de las marchas, dirigentes oficialistas instruyeron a sus militantes que se sumen a la protesta. Si lo hicieron, ni se notó, pues las protestas mantuvieron invariablemente una premisa: Nada que ver con partidos políticos.

Algunos analistas brasileños subrayan que la población acaba en las calles (Túnez, Egipto, Turquía) cuando en todos los espacios, especialmente el legislativo, la oposición es sofocada por una mayoría que impide debates genuinos y no canaliza democráticamente las discrepancias. Cuando fue oposición, el PT tuvo las calles abiertas para manifestarse y fueron su área casi exclusiva. Ese monopolio se ha acabado para dar lugar a una oposición difusa que aún no encuentra otra manera de expresar su insatisfacción “contra todo lo que hay allá”.

En Bolivia se debería reflexionar. Detrás de la propaganda, late la sensación de que podríamos salir frustrados de la bonanza apoyada en los precios de los productos que exportamos, del gas a la soya, o que, con un poco más de eficiencia y honestidad, los resultados podrían ser mejores.

Como en Brasil y otros lugares, aquí también hay disconformidad con los políticos en general. Sería interesante saber cuántos genuinamente comparten la ovación de los dos tercios de la bancada legislativa oficial a la presentación y defensa del Ministro de la Presidencia sobre el programa “Evo cumple”. Cuando las fotografías muestran deficiencias del programa, obras inacabadas o de precios inflados, la ovación suena a ditirambo.