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Una nueva realidad

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Venezuela dio el domingo un viraje gigantesco cuando una mayoría abrumadora de electores rechazó a los candidatos oficiales a la Asamblea Nacional y optó por dirigentes opositores. Por primera vez parece al alcance de la mano la posibilidad de corregir el rumbo del gobierno que instauró el comandante Hugo Chávez al cerrar el siglo pasado. Al acercarse el resultado final, la Mesa de Unidad Democrática había consolidado las condiciones legislativas para colocar una camisa de fuerza en uno de los regímenes que muy pocos dudarían en clasificar entre los más autoritarios del continente.

Las jornadas que han precedido a la debacle han sido las contiendas más crispadas de la vida democrática venezolana moderna,  parte esencial de una historia reciente de tensiones, violencia y de cambios en la composición política, económica y social de la nación petrolera.  Con un eco que retumba en todo el continente, los clarines tocan la retirada en la nación fundadora del Socialismo del Siglo XXI y surge con vigor la perspectiva de suprimir sus aspectos más crueles, liberar a los presos políticos y devolver credibilidad  a la justicia. El telón de fondo principal es la pregunta que angustia a la mayoría de los hogares: ¿Cómo aliviar a corto plazo las colas y normalizar el abastecimiento de alimentos esenciales?

La Mesa de Unidad Democrática ganó en todas las circunscripciones de Caracas, donde el oficialismo se presumía invencible. La victoria abarcó el centro donde había votado Nicolás Maduro, y ratificó el llamado del himno nacional venezolano: “ …seguid el ejemplo que Caracas dio¨. Los resultados del Consejo Nacional Electoral  muestran que los mayores centros agrícolas e industriales no necesitaron del llamado. El oficialismo fue noqueado en casi todos. Incluso el intemperante Diosdado Cabello quedó en segundo lugar en su propio distrito y accedió a un escaño por lista. Un dato dice mucho: La MUD logró el triple de legislaturas uninominales (candidaturas individuales) respecto al oficialismo.

A las 24 horas, en una reunión con dirigentes del Partido Socialista Unido de Venezuela, Maduro anunció  el reaglutinamiento de las fuerzas oficiales para relanzar a su gobierno. El esfuerzo lucía como una autopsia para examinar las causas del deceso.  Las causas las habían dicho los electores que votaron hastiados de la escasez, la carestía de la vida, la represión, la inseguridad, el narcotráfico, la delincuencia, la incapacidad administrativa y la asombrosa corrupción. Y sobre todo, cansados de un lenguaje violento de confrontación reproducido sin retoques del socialismo real y sus similares fascista y nazista durante más de 15 años. Maduro simplificó la derrota en cinco palabras: ¨Circunstancialmente ha triunfado la contrarrevolución¨ y admitió el triunfo opositor. Para su desaliento y perplejidad, le llovieron felicitaciones de todos lados.

Es inevitable encontrar similitudes con la Polonia de hace algo más de un cuarto de siglo, cuando Solidaridad capitalizó el descontento con la  represión, los racionamientos y la extrema vida austera que los polacos debían soportar. En la primera oportunidad para expresarse en libertad votaron en aluviones contra el régimen y entregaron a la oposición que aquel movimiento representaba todos salvo un escaño del Sejm, la Cámara Baja. Lo mismo ocurrió en el senado, donde el régimen comunista consiguió conservar apenas una de 100 representaciones. Los aires rebeldes se esparcieron por los países comunistas y pronto abarcarían a toda la Unión Soviética, que acabó disuelta al cabo de 72 años de dominio. Los dirigentes polacos, y luego los rusos y todos los europeos del este del viejo continente, también se preguntaban por qué. La aspiración de igualdad de derechos había acabado instalando una clase en la que unos, los de la nomenklatura del partido, eran más iguales que el resto.

El propósito hacer de Venezuela otra Cuba nunca logró afincarse, pero estos años los dos países han sido carne y uña. No se vislumbra un alejamiento drástico entre ambos, aunque Cuba está en una ruta que contrasta con la fuerte retórica anti-norteamericana de Maduro.

La mayoría de los análisis coincide en que el triunfo de la MUD fue regido por la convicción  de que votar por los candidatos del gobierno era votar para seguir con lo mismo y acentuar la desesperanza que cunde en el país que durante gran parte del siglo XX había sido tierra de promisión, incluso para decenas de miles de exiliados de otras latitudes.  Es célebre la confesión de García Márquez que en Venezuela vivió ¨feliz e indocumentado¨ y que a veces se afeitaba utilizando agua mineral de Escocia.

La que dio el triunfo legislativo a la MUD fue la Venezuela de la inconformidad, que también había encumbrado a Chávez años antes descontenta con el destino de los torrentes de petrodólares que al país ingresaban sin alterar la división entre los que tenían y los que no tenían. Era obsceno y manifiesto el contraste entre los rancheríos que circundaban las grandes ciudades y sus segmentos modernos, Igual que ahora, después de tres lustros chavistas, con factores agravantes que irritan a todos: mayor criminalidad y escasez aguda de casi todo lo esencial.

En un mundo entrelazado como nunca, los fenómenos de un país repercuten sobre sus vecinos. Marcan una tendencia de las sociedades.  Pretender desconocerlo equivale a querer cubrir el sol con un dedo.

 

Conmemoraciones

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Todavía se escucha el eco de las conmemoraciones centenarias de la Primera Guerra Mundial y las lecciones de ese conflicto que sembró la segunda conflagración, cuyas secuelas sólo se disiparon a partir del 9 de noviembre de 1989, al caer el Muro de Berlín y el subsiguiente desplome de la Unión Soviética dos años después. Esos momentos tienen necrológicos que nadie discute, pero cuando se aborda del colapso de uno de los mayores  imperios políticos de la historia, muchos, inclusive aquí, rehúsan siquiera leer la noticia.

Jean Francois Revel,  el  pensador francés (“Ni Marx ni Jesús”) que hace medio siglo vaticinó que el socialismo sucumbiría aplastado por sus fracasos económicos y su desprecio por los derechos humanos, menciona una paradoja: “A pesar de que el comunismo no se aplica en ninguna parte, se le condena cada vez menos; y a pesar de que es condenado casi universalmente, el liberalismo se aplica en todas partes. ¿Por qué?”

En una conversación con el ensayista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza (“El Olor de la Guayaba”), a propósito del más reciente trabajo del pensador, éste esbozó una respuesta: Entre 1917 y 1991 estuvo vigente el socialismo real. “Y no era bueno. Mal que bien, la izquierda no comunista se veía obligada a reconocer los errores y aun los horrores de este sistema: el gulag, los desastres económicos de la Unión Soviética, las masacres de gran salto hacia adelante en China…Pero, desaparecido el socialismo real y libres ya de esa incómoda realidad, políticos e intelectuales de izquierda pueden hoy regresar cómodamente a un socialismo que recupera su primitiva condición de utopía. Y la utopía, por definición, es imposible de objetar. Así, sus bellas intenciones y sus ideas generosas de igualdad y justicia social se enfrentan ventajosamente al infame liberalismo…”

Las conmemoraciones menudean. Está  la del  6 de junio de 1944, hace 70 años, cuando las tropas aliadas desembarcaron en Normandía y sellaron la derrota de Alemania nazi. Dos días antes, los fascistas habían sido expulsados de Roma. También un  4 de junio de 1989, los tanques del ejército chino masacraron a cientos (no se sabe cuántos y quizá fueron miles) de jóvenes que en la Plaza Tianamen demandaban democracia y protestaban contra la corrupción.  Ese mismo día los polacos aplastaron al comunismo con votos e iniciaron el dominó que acabó con la URSS.

Sin conmemoraciones correspondientes, otros aniversarios han tenido importancia mayúscula,. Ejemplo: el  5 de marzo de 2013 se cumplieron 60 años de la muerte de Stalin; su partida horadó  un sistema  cuyo fracaso económico y su crueldad oprobiosa  serían reconocidos sólo mucho después.  Curiosamente, ese aniversario pasó inadvertido, tal vez por el ruido de otros acontecimientos el mismo dia.  Así transcurre la gloria del mundo, habrían dicho los romanos.