Petróleo

Una visión sobre Kurdistán

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Kurdistán iraquí merece la independencia
Por Jorge V. Ordenes-Lavadenz
Kurdistán iraquí de 40.643 kilómetros cuadrados y 8,5 millones de habitantes, autónomo dentro de Irak, celebró un plebiscito a fines de septiembre de 2017 en el que el voto independentista ganó el 92 por ciento. Es una región democráticamente estable y organizada dentro de la inestabilidad política de Irak el cual se mantiene gracias a la ayuda externa sobre todo de EEUU, a los triunfos bélicos que va alcanzando contra el ISIS, y a la habilidad perenne de mantener relativamente satisfechas a las colectividades musulmanas sunitas, shiítas y desde luego kurdas que pueblan Irak, aunque Kurdistán es un caso aparte sobre todo ahora con el resultado de este plebiscito ante el cual el primer ministro de Irak, Haider al Abadi, ipso facto amenazó con enviar fuerzas armadas iraquíes para contrarrestarlo aunque luego escuchó consejo, recapacitó y declaró que no quería guerra entre iraquíes. Irán, Turquía y las milicias iraníes shiítas que están en Irak también mostraron alarma ente el resultado del plebiscito e incluso blandieron amenazas financieras y de hecho que hasta el momento no han pasado a los hechos aunque Irán movilizó tanques y Turquía dijo que iba a cortar el flujo del oleoducto kurdo. Los kurdos a su vez, y ante tales reacciones, dijeron que “no buscaban la libertad inmediatamente”… aunque es obvio que difundieron ante el mundo su preferencia por la independencia lo que no deja de ser un clamor justo dada la historia única que los caracteriza.
 Derrotado el imperio Otomano en la Primera Guerra Mundial, Inglaterra y Francia se repartieron el Oriente Medio y, en el Tratado Sykes-Picot, omitieron por descuido monumental hacer de Kurdistán un país… lo que hoy es reclamo justo de su presidente y su pueblo. Kurdistán iraquí está al sur de lo que históricamente se conoce como el gran Kurdistán cuya población, que se remonta a la época romana, se extiende en porciones territoriales de todos los países vecinos: Irán al este, Turquía al norte con más de la mitad del territorio, Siria al oeste y, el sur ocupa parte del norte de Irak hasta Kirkuk. Todos pendiente de lo que los kurdos hagan. Su capital es Erbil y su presidente de facto es Bazoud Barzani. Su moneda es el dinar iraquí. Tiene un ejército de hombres y mujeres, o Pashmerga, que se ha destacado en las luchas contra el ISIS en el norte de Irak, y en el sur sobre todo por la toma de los pozos petroleros de Kirkuk en 2014, luego de que el ejército iraquí hubo emprendido la retirada.
 EEUU, el Reino Unido y otros países, excepto Rusia e Israel, se han opuesto a la independencia kurda aunque, en vista del resultado del voto, han intervenido para calmar los ánimos e impedir, entre otras cosas, el bloqueo aéreo que en su momento hizo cancelar vuelos comerciales a Erbil. Irán, que controla milicias que luchan en Irak contra ISIS, ha amenazado con avanzar sobre Kirkuk cuyo petróleo es crucial para la economía de Kurdistán. Los kurdos del norte han construido por Turquía un oleoducto hasta el Mediterráneo que permite la exportación. Por otro lado el comercio entre Erbil y Ankara alcanza diez mil millones de dólares al año y el presidente Erdogan de Turquía prefiere no entorpecerlo pese a las endémicas escaramuzas entre kurdos y turcos.
 Kurdistán tiene hoy una economía fuerte que se basa en el petróleo. Su población tiene un nivel de vida 20% más alto que el resto de Irak; además registra las más bajas tasas del pobreza y el más alto nivel de vida. Es una región organizada y segura que mantiene su propias relaciones exteriores y es sede de consulados de EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Suecia, Rusia y Holanda lo que hace que el actual gobierno de Irak no vea con buenos ojos una posible independencia de Kurdistán que, junto con Israel, son las únicas democracias estables de una región convulsa y violenta donde el fanatismo ha demostrado ser infame con la población civil que se ha visto obligada a emigrar por millones sobre todo a Europa… y lo continúa haciendo. 

Ante un posible desenlace

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Un número creciente de cancillerías del continente está convencido de que el colapso del Socialismo del Siglo XXI en Venezuela puede ocurrir a corto plazo y que con eso sobrevendría un reacomodamiento geopolítico del que ningún país de la región podría escapar. Los incidentes internos ocurridos estos días, desde el sobrevuelo bizarro de un helicóptero que atacó el edificio del Consejo Nacional Electoral y cuyo piloto sigue hasta ahora clandestino, hasta las escarmuzas legales entre el gobierno y la Fiscal General Luisa Ortega, ahora contrapuesta al régimen de Nicolás Maduro y prohibida de salir de su país, configuran para los observadores la aceleración de una crisis a la que pronto sobrevendría un estallido final. El apartamiento forzado de Maduro y la instalación de un gobierno de transición para convocar a elecciones generales quizá este mismo año es la hipótesis más favorecida por los analistas, que ven una situación cercana a una guerra interna en el arreciar de las confrontaciones en las que la Guardia Nacional ha tomado partido para proteger al régimen acosado de Maduro.  Los observadores coinciden en que esa situación bélica entre un país alzado y la Guardia Nacional no podrá continuar por mucho tiempo sin una definición.

La palabra ¨crisis¨ es insuficiente para definir lo que vive la patria de Bolivar y Sucre, donde cada día hay nuevas víctimas fatales originadas en la represión de los militares para ahogar a los manifestantes que exigen que Maduro se vaya. Los muertos en esta epopeya rondan los 90 y, al ritmo que van las confrontaciones desde su estallido nacional hace tres meses, pronto bordearán el centenar, en una matanza con pocos paralelos en la historia regional. No es aventurado predecir que la marea contra Maduro no cejará hasta lograr su salida del gobierno. Determinar cuándo y cómo es una de las grandes incógnitas que pesa sobre las cancillerías latinoamericanas.

No es difícil imaginarse que el mandatario venezolano y quienes lo sostienen están agarrándose de las ramas en una caída vertical que ahora involucra a lo último del sistema cuyo tronco principal se quebró en 1989 con la caída del Muro de Berlín y, poco después, de toda la URSS.

Lo que se derrumba en la región son las sobras de un sistema que surgió de las esperanzas de la humanidad por un mundo menos desigual. Esa utopía fue distorsionada de una manera brutal el siglo pasado por cúpulas que se apoderaron de la conducción de las sociedades con la convicción sacramental de que nadie más que la nomenclatura del partido podía agarrar las riendas. De esa convicción surgieron las tendencias de gobernar para toda la vida que luego, con mayor o menor intensidad, se han manifestado en América Latina y que ahora ingresan a una zona crepuscular tormentosa.

La palabra con la que conjugan todas las dificultades de esos regímenes se llama petróleo. Bajo Chávez y Maduro, Venezuela afianzó con petróleo subsidiado sus alianzas geopolíticas en el Caribe, fundamental para apuntalar sus reclamos sobre el territorio Esequibo, que comprende dos tercios del territorio guyanés. Esas alianzas han mostrado su eficacia estos meses como escudo para las ofensivas en las reuniones hemisféricas donde se buscó afilar aún más la retórica contra Maduro. El régimen de Caracas consiguió evitarlas. Ahora, todos los observadores parecen concordar en que es improbable que el petroleo subsidiado o con pagos a plazo vaya a mantenerse tras el desenlace que parece avecinarse.

Todo el Caribe entraría en una nueva fase si acabaran los subsidios. Sería afectada inclusive Cuba, que recibe de Venezuela unos 100.000 bariles diarios bajo acuerdos triangulados con Rusia, que entrega petroleo y refinados a clientes venezolanos en Europa a cambio del que recibe Cuba de Venezuela para las refinerías de la isla. Ésta, a su vez, que paga a los rusos con productos agrícolas y Venezuela retribuye a Cuba en especie los servicios de miles de medicos, técnicos y profesores cubanos, la base de la pirámide. Ese abigarrado tejido comercial con matices ideológicos trastabillaría.

Tiene sentido decir que las relaciones con Bolivia, robustecidas por el condimento ideológico, se estremecerían. Una pregunta agobiante es determinar si el servicio diplomático boliviano tiene un ¨plan b¨ para una circunstancia semejante.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

La segunda baja

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Cuando los precios del petróleo empezaban a estabilizarse tras el derrumbe de la segunda mitad de la década de 1980, la desolación económica ya había cundido entre los grandes productores y sus consecuencias políticas eran inocultables. Exhausta y desgastada por las deficiencias económicas que agobiaban al ciudadano tanto como la opresión, la Unión Soviética contempló impotente la caída del Muro de Berlín y luego su propia disolución, en un final que nadie osó llorar en público.

La desaparición de la que por gran parte del Siglo XX fue la Patria Roja, representó la mayor baja de la contracción de precios de la materia prima estrella de los mercados hace 30 años. Tercer productor mundial después de USA y Arabia Saudita, el petróleo suma un tercio del PIB ruso y 60% de sus exportaciones. Rusia también se angustia cuando caen los precios.

Los analistas dicen que el hundimiento en curso desde la segunda mitad de 2014, ha sido un factor aún no cuantificado en el deshielo entre Estados Unidos y Cuba, que no habría querido continuar enemistada con la principal potencia del planeta mientras se desvanece su aliado incondicional.

Por carambola, la primera baja del turbión actual ha sido el fin de la guerra fría regional que durante más de medio siglo acaparó la atención de las cancillerías occidentales. Ahora parece llegar la baja siguiente.

El Socialismo del Siglo XXI que apuntalaba la exuberancia financiera de Venezuela   entró en crisis de identidad tras la reconciliación cubano-estadounidense y sufre una agonía que no luce reversible.

Sin mucho más para ofrecer y las arcas exhaustas, el régimen inaugurado por Hugo Chávez recibió una estocada profunda el 6 de diciembre, réplica del terremoto que dos semanas antes había apartado al peronismo del gobierno argentino tras décadas de ejercicio. Los naipes empiezan a mostrar el rostro de la segunda baja de la contracción de precios: Venezuela y, de alguna manera, sus socios en el socialismo que intentaba reproducir, con variantes más livianas, el modelo que había lanzado casi un siglo atrás la ahora ex URSS.

Con el gobierno de la presidente Dilma Rousseff sumergido en la crisis política y económica en que se debate Brasil, pocos apuestan a una sobrevida prolongada del sistema de gobiernos populistas que hace poco parecía solo crecer.

El presidente Morales estaba en lo cierto cuando en Buenos Aires decía que de su estirpe pronto iban a quedar solo dos: él y Nicolás Maduro. Rafael Correa, de Ecuador, no correrá por un nuevo período consecutivo. Como se dibuja el escenario venezolano, -y el boliviano pre-referéndum- la previsión del presidente puede ser optimista.

 

Guerra a la imprecisión

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La noticia pisó fuerte el 15 de septiembre y fue título principal en los diarios del día siguiente. El presidente Evo Morales confirmaba el hallazgo de un nuevo campo de gas natural y petróleo en Rio Grande, departamento Santa Cruz, que debía ser anunciado solo durante los festejos del aniversario cívico departamental, nueve días después. Pero los datos principales del anuncio fueron anticipados debido a que ya se había filtrado en los medios y no confirmarlo carecía de sentido.  La misma noche, el sitio internet de un respetable diario paceño decía en su página principal: El gobierno confirmó hoy el hallazgo de un yacimiento de gas y petróleo en el departamento de Santa Cruz a una profundidad de 3.500 metros del pozo 102D, ubicado en la población de Rio Grande¨. El párrafo siguiente detallaba: ¨Resultados preliminares de esta exploración dicen que hasta ahora aportaría 3,5 millones de pies cúbicos día (de gas natural) y en petróleo 65 barriles de petróleo por día¨, informó el presidente Evo Morales en la zona de Rio Grande, donde realizó una inspección de la construcción de plantas de gas licuado¨.

Todos los sitios informativos traían la misma versión y los mismos datos. El titular de un sitio digital era más llamativo:   El presidente Morales dijo que el pozo descubierto contaría con una ¨reserva preliminar¨ de 65 barriles día de petróleo.

Ningún medio se preocupó por verificar los datos del hallazgo. ¿Eran los 65 barriles diarios (unos tres barriles por hora) un remanente exiguo y necesario para la extracción de gas? Para visualizarlas, las cifras deben ser comparadas. Ese volumen equivale a 10.330 litros. Si Ud. tiene un vehículo que utiliza 50 litros por día, el hallazgo de YPFB le habría resuelto el suministro durante 206 días, casi siete meses. Seamos claros: Solo a usted. ¿Y el resto? Lo siento. Solo a usted.

Uno se pregunta si al presidente le dieron bien los datos que debía anunciar o si hubo algún cero o algunos ceros perdidos, o si la producción calculada para el nuevo campo es en efecto y sin ninguna duda 65. Era labor de los medios clarificar los números o cuando menos compararlos para que las autoridades los expliquen y para que todo el público pudiese entender de qué se hablaba.   Las comparaciones pueden ser muchas, incluso si se toman como referencia las inversiones programadas para desarrollar una mayor producción.

No por venir de una fuente oficial, o del más alto nivel oficial, las cifras deben pasar sin mayor filtro. Hace pocos días, el gobierno atribuyó al presidente haber dicho que ¨la producción de hidrocarburos líquidos llega este año a 52 millones de barriles por día¨ sin reparar que esa cifra era superior con creces a la de toda la OPEP, o a unas cinco veces la de Arabia Saudita. Tampoco hubo ninguna aclaración, ni oficial ni oficiosa, y los medios que divulgaron la información no agregaron ni una palabra. Es ineludible la sospecha de que algunos lectores pueden haber creído que Bolivia es un mar de petróleo.

Los volúmenes de gas del nuevo campo también despiertan hambre por precisiones. Los medios están habituados a hablar de metros cúbicos de gas natural, que es la medida utilizada para las exportaciones de Bolivia. Gran parte del público aferra mejor el concepto de metros cúbicos que de pies cúbicos. El anuncio, sin embargo, habla de pies cúbicos, y ahí uno se marea. ¿Cómo calcular la magnitud del nuevo hallazgo?

El total de 3,5 millones de pies cúbicos diarios que se estima que el área descubierta podría agregar al volumen que Bolivia exporta (o al que produce) es importante pero todavía exiguo. La magnitud del volumen anunciado es apreciada mejor si se habla en metros cúbicos: menos de 100.000 metros cúbicos por día. Para alcanzar el volumen que corresponde a las exportaciones actuales a Brasil la cifra tendría que ser 300 veces mayor. Sin comentarios.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Las aguas turbias del norte

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En el norte sudamericano emerge una disputa que eriza los cabellos de las cancillerías de la región. Un nombre que parecía exótico al oído hispanoparlante empieza a ser lugar común y peligroso: Esequibo, una derivación, dicen los historiadores, de Juan de Esquivel,  el navegante hijo de Colón que se aventuró por costas más allá del Caribe y confirió a la región un nombre que cada cierto tiempo equivale a tensiones y trae malos recuerdos del poder colonial inglés.

El cuadrilátero de la disputa tiene a Guyana en  una esquina, y a su lado a todos los países anglófonos del Caribe, incluso algunos integrantes de ALBA, la agrupación geopolítica  forjada por el comandante Hugo Chávez y sustentada por  petrodólares otrora abundantes. En la otra esquina está Venezuela, armada de mucha retórica, sin ningún apoyo externo ostensible y escindida por antagonismos internos que parecen superar los límites para una reconciliación racional.

La disputa incomoda y enmaraña a la región. Cuba, para citar un caso, es aliada íntima del gobierno social-chavista de Venezuela, a donde ha enviado a decenas de miles de médicos y maestros que trabajan en salud, educación y otras áreas, y de donde aún recibe suministros importantes de petróleo subsidiado. (Con la declinación de precios, el subsidio puede haberse evaporado de manera natural, pero no puede prescindir de profesionales con valores contratados que Cuba no tiene condiciones de cambiar.)  Con Guyana, Cuba tuvo  relaciones siempre estrechas, parte de la red de amistades que forjó durante décadas con las islas anglófonas. La Habana sabe que con ellas no debe crear susceptibilidades que generaría un apoyo abierto a Caracas en desmedro de Georgetown.  Aun sus amigos más próximos y beneficiados por la que un tiempo fue la billetera más repleta y abierta del continente trepidan ante una perspectiva de inclinarse por Venezuela, que resultaría como agarrar una granada. Otro ejemplo sería Bolivia: ¿colocarse del lado de Guyana, un campeón del tercermundismo,  y malograr la relación histórica vital que ha tenido con Venezuela? Eso equivaldría a olvidar que Hugo Chávez llegó a decir, para disgusto de Chile, que deseaba tomar sol en playa boliviana del Pacífico? Bajo cualquier análisis, es un asunto complicado.

La disputa plantó raíces hace 116 años, cuando un laudo arbitral internacional adjudicó la región a Gran Bretaña, entonces el mayor poder naval y colonial del mundo. Venezuela no tuvo una representación propia y su lugar en el tribunal de cinco miembros estuvo a cargo de dos magistrados norteamericanos. Los otros eran dos ingleses y un ruso que se suponía neutral.  Hasta ahí, la cuestión parecía acabar. Pero en sus memorias póstumas conocidas (1949) a los 50 años del laudo que fijó los límites de Venezuela con la región entonces bajo dominio inglés, uno de  los abogados denunció que el ruso había presionado a sus colegas norteamericanos para favorecer la posición inglesa y definir los límites adjudicando a Guyana todo el lado oeste del Esequibo. El laudo había sido fraguado.

Venezuela lo declaró sin valor en 1962, pero para entonces el gobierno inglés estaba camino a conceder independencia a Guyana. En contra de los deseos de Venezuela, que quería el entuerto arreglado antes de que su vecino se convirtiese en nación independiente, en 1966 nació Guyana como ente soberano a cargo de una región que Venezuela reclamaba como suya. Fue un momento curioso de inflexión de las percepciones sobre los dos países. Venezuela era hasta entonces vista como una víctima frente al poder inglés que la despojaba de una porción importante de su territorio, unos 150.000 kilómetros cuadrados, casi el tamaño del departamento de La Paz. La riqueza petrolera la convertía en potencia frente a una nación que surgía pobre y de la que pretendía llevarse más de dos tercios de su extensión territorial.

La región de la que Venezuela se siente despojada y por la que Guyana se siente amenazada es rica en petróleo y minerales, inclusive uranio y otros de carácter estratégico. Y no solo en tierra firme. No es fantasía hablar de la riqueza petrolífera potencial de un país vecino de Venezuela, detentora de las mayores reservas del mundo, y Trinidad y Tobago, el mayor productor del Caribe (85.000 barriles diarios). La gigante petrolera Exxon anunció hace poco que ha descubierto petróleo en la plataforma continental que Venezuela considera parte de su reclamación sobre Guyana.  La susceptibilidad de Venezuela tocó las nubes  al saber que entre los concesionarios de áreas ricas en potencia está China, su mayor proveedora de inversiones y créditos.

La escalada de tensiones tuvo hace pocas semanas un momento destacado con el apoyo de  los 15 miembros de Caricom, que dejaron a un lado los años y petrodólares invertidos por Hugo Chávez para granjearse su apoyo o al menos por considerar la posición de Venezuela. Se alinearon con Guyana sin reservas.

Para la nación bolivariana no es un gran momento para encarar el desafío. Corta de recursos y con un petróleo que solo apunta a la baja, la inflación interanual es supera el 200% interanual, a solo pasos de la espiral de vértigo experimentada por Brasil, Argentina y Bolivia en las décadas de 1980 y 1990, cuando los precios subían de una hora para otra. El porcentaje es sólo estimación, pues el Banco Central no emite informes desde hace un ano y medio.

Sin que su causa genere mayores simpatías entre sus vecinos pero con respaldo interno absoluto, Venezuela ha acudido a las Naciones Unidas en busca de  mediación. Con todo el Caribe anglófono en contra y ninguna voz sudamericana equivalente a su favor, la que está en curso parece una partida en la Venezuela luce en terrible desventaja. Pocas veces las aguas tibias del Caribe y norte del Atlántico sudamericano estuvieron tan calientes.

Tobogán petrolero

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La estabilidad relativa que gobernaba los precios del petróleo tras encogerse a la mitad de los niveles de hace un ano ha sido de nuevo alterada y ahora está en curso probable una nueva picada. ¿Qué productores aguantan?

Venezuela necesitaba un precio promedio de 120 dólares el barril para equilibrar su presupuesto, (su PIB se encogerá un 7% este año, de acuerdo a la mayoría de las previsiones), Irán requería de $US 130  y Rusia precisaba que le pagaran  US$ 90 mientras su PIB estaba rumbo a achicarse en 5%. Esto era antes de que los precios volvieran a ingresar al tobogán y perforasen la base de 50 dólares el barril en la que parecían asentados desde hacía un trimestre.

Bolivia había calculado que sus ingresos por ventas de gas natural, ligados a los precios del crudo, bajarían unos 30 o 40 millones de dólares. La autoridad que dio la cifra hace pocos meses evitó precisar en cuánto tiempo, seguro que para evitar alarmas. Pero si decía que esa diferencia sería semanal, no habría estado lejos de la verdad, aunque ella misma entonces no  lo habría creído.

El nuevo descenso, que desmiente la idea de que un repunte firme estaba en curso, ha venido tras el acuerdo alcanzado por seis potencias del mundo desarrollado (Estados Unidos, Alemania, Inglaterra, Rusia, Francia y Rusia) con Irán, que compromete al régimen de los ayatolás a someter sus planes nucleares a controles y verificaciones creíbles.

Para todo el mundo, ha sido el anuncio de que uno de los países con mayores reservas petrolíferas del mundo pronto estará bombeando a toda máquina, libre de embargos. Con el mercado ya repleto, eso solo puede significar precios más bajos.  Las cotizaciones descendieron con prisa ante la perspectiva de que los oleoductos iraníes dupliquen sus entregas al mercado para llegar en pocos meses a 2.3 millones de barriles por día. El telón de fondo, sin embargo, son los bitúmenes que han cubiertos las necesidades de Estados Unidos y han ingresado al mercado con una fuerza que luce imparable.

Es bajo ese trasfondo que han ocurrido dos movimientos tectónicos en el último medio año: el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba y el acuerdo con Irán. Nada asegura que serán los únicos.

Este panorama debería estar en la mente de los dirigentes nacionales a diario para promover un ambiente de concordia que permita sortear apreturas que pronto pueden mostrar dientes tan afilados como que los que aparecen con las demandas de Potosí para que se cumpla en su integridad un pliego de demandas suscrito hace cinco años.

Facetas de “la gateadora”

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Las encuestas muestran nubarrones para el partido de gobierno y en plena campaña crecen las señales que anuncian el fin de la abundancia financiera vivida por Bolivia a lo largo de casi una década. Con rumbo a los $US 40 el precio promedio del barril ($US 107 en junio), el  petróleo continúa sin base firme. La Organización de Países Exportadores de Petróleo no logra alterar la tendencia, como un piloto a cuyo avión se le acaba el combustible y sólo espera un aterrizaje forzoso sin fatalidades. Venezuela, el adalid del socialismo del Siglo XXI, se encamina hacia un desenlace nada risueño.

Para Bolivia, el remezón ya muestra su cara fea, pero en tiempos de campaña para ganar los gobiernos departamentales y municipales, los candidatos prefieren obviarlo. En ese marco puede situarse el desafío del Primer Mandatario a los empresarios para que inviertan un equivalente de hasta 3.000 millones de dólares, mucho más que los 1.200 millones de dólares que han previsto para la gestión. (Esa suma “es una vergüenza”, según el Ministro de Hacienda, Luis Arce.) No está muy claro si hay capacidad ni a qué sectores dirigirían los empresarios sus inversiones, ni cuánto de las previsiones involucran al área de hidrocarburos. La inversión pública, dijo el presidente Morales, será ampliamente mayor y superará los 7.000 millones de dólares, en una tendencia semejante al aumento del valor que tuvieron las exportaciones.

El  llamado de urgencia para nuevas y mayores inversiones refleja los esfuerzos por enfrentar los tiempos austeros anunciados en cartelera. Los anuncios tomaron un tono más gris cuando un ex presidente (Carlos Mesa) tocó un tema tabú generalmente eludido por las autoridades: ¿Es posible mantener el tipo de cambio enyesado desde hace años?  Una variación brusca y acentuada sería sísmica para un sistema financiero dominado por el valor de la moneda local. Las autoridades parecen pretender que la Tierra está firme en el universo. “Eppur si mouve”, diría Galileo.

Todo converge en la imagen que hace un tiempo expresó el ex prefecto de Santa Cruz Francisco Aróstegui: “la gateadora”, o el crecimiento paulatino, generalizado e inexorable de las aguas de  los ríos amazónicos cuyos daños pueden ser catastróficos si no se construyen defensivos apropiados.

La gateadora

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Los precios de casi todas las materias primas y productos agrícolas  declinaron a lo largo del año que acaba de irse. Este lento descenso ha sido eclipsado por el derrumbe estrepitoso del petróleo y sus consecuencias económicas y políticas más inmediatas, pero su amenaza sobre naciones como la nuestra puede ser mayor que la que nadie querría imaginar. Ese avance puede poner a prueba la creencia de que las reservas monetarias del país son garantía en los tiempos de vacas flacas a los que se ha ingresado.

Están acosados los 15.000 y pico millones de dólares de los que se ufanan las autoridades. Una porción está en oro, cuya cotización ha bajado en un 40%  la semana que pasó respecto a un año atrás. El euro, parte de la canasta de divisas del Banco Central, declina frente al dólar, que se yergue poderoso con la economía expansiva del mayor país capitalista.  Al cuadro se agrega el declive de las remesas de bolivianos en Europa, que se encogen al igual que el valor de la moneda europea o que deben retornar al país porque no hay más trabajo.

Soya y granos en general no están más en los niveles de hace dos años, cuando el júbilo de los productores ensordecía. Los minerales también retroceden y los productores procuran subsidios del Estado.

Con Cuba y Estados Unidos en pleno deshielo, y Rusia empantanada en su condición petro-exportadora, están cada vez más solos  los que creen que el capitalismo está por morir.

Nadie ha arriesgado decir oficialmente cuánto Bolivia dejaría de percibir en el nuevo ciclo  petrolero. El presidente dijo que la  nueva tendencia sólo “salpicaría” a Bolivia, el Ministro de Finanzas aseguró que los ingresos menores serían compensados con los combustibles importados más baratos, pero sin ofrecer cifras para corroborar la afirmación,  y el vicepresidente dijo que desde julio o agosto la merma estaría entre 40 millones y 60 millones de dólares. Si decía que eso sería mensual, se habría aproximado a la realidad.

El ex prefecto de Santa Cruz Rolando Aróstegui compara el panorama con el que ofrece un fenómeno de la temporada lluviosa que en el Beni se lo conoce como “la gateadora”. Las aguas sobrepasan sus contenciones naturales y avanzan desde todas las direcciones a ritmo lento, persistente y avasallador, dice Aróstegui, y sus efectos resultan calamitosos si las comunidades por las que avanzan no se unen  para crear defensas. Eso incluye reconocer errores, subsanarlos,  resolver disputas y sanear agravios en aras de un bien mayor: evitar que “la gateadora” destruya todo.

La primera baja

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Algunos recién parecen enterarse, pero desde hace meses solo crece la onda gigante de un nuevo tsunami petrolero cuyas dimensiones pueden ser percibidas mejor recordando algunos rasgos y consecuencias del anterior.  La disparada de precios de hace 40 años,  cuando se triplicaron al fragor de las guerras del Medio Oriente,  fue seguida de un colapso, en medio de una feroz competencia entre productores que llevó los precios a una fracción de los que regían hasta poco antes. En su recorrido, la escalada contribuyo a la desaparición de la Unión Soviética, económicamente exhausta, con empresas ineficientes y con la carga insoportable de la invasión a Afganistán.

Con el petróleo como su producto rey de exportación, una Rusia financieramente fuerte, con recursos para cubrir las crecientes demandas de su sociedad, podría haber resistido un poco más. Pero la tormenta era demasiado fuerte, incluso para un imperio como el soviético donde no se ponía el sol. En pocos años estaba desmembrado. Todos sus satélites recuperaron la independencia y su autonomía y se apartaron del imperio cuando Yeltsin arrió la bandera roja y levantó en el Kremlin la celeste-blanca de Rusia hasta antes de la revolución bolchevique.

El petróleo venezolano llegó a ser cotizado  hasta en seis dólares el barril. (Venezuela podría haberse dado por feliz, pues en otras latitudes el precio bajó hasta dos dólares.) A mediados del año que acaba,  nadie, ni en pesadillas, habría soñado con que el precio del petróleo llegaría a los niveles a los que de esta semana, peor aún a los niveles de algunos vaticinios pesimistas. La banda de 50-60 dólares es dolorosamente insoportable para algunos países. Imagínense lo que sería en niveles de 40-50. Para Bolivia, el desequilibrio de estos días puede costarle más de 1.000 millones de dólares a lo largo de un año, entre el 3% y 4% de su Producto Interno Bruto (todo lo generado por la economía en un año). En otras palabras, el crecimiento de la economía podría aproximarse a cero en 2015.

La economía de la patria de Bolívar ya daba tumbos cuando los precios empezaron a precipitarse. Es irreal creer que Cuba, en cuyo socorro acudió el fallecido presidente Hugo Chávez tras el  infarto fatal de la ahora ex URSS, no percibió que podría extinguirse pronto el apoyo venezolano expresado en unos 100.000 barriles diarios de petróleo a precios subvencionados y  ocupación para decenas de miles de profesionales. Perderlo sería tanto o más grave que lo que fue la extinción de la ayuda soviética. Muchos creen que un cálculo frío llevó a la cúpula cubana a buscar neutralizar otros frentes, en la medida de lo posible y conveniente.

El factor petróleo que sofoca financieramente a Venezuela es crítico para explicar el rumbo reconciliador tomado por Cuba y Estados Unidos.  El deshielo cubano-estadounidense se yergue como la mayor baja política del segundo tsunami petrolero en medio siglo.  Gorbachov no imaginaba que la  crisis petrolera de los años de 1980 que encogió sus ingresos por exportaciones acabaría con la URSS, durante décadas la estrella del rumbo de todos los que navegaban por la izquierda.  Es interesante ver que la crisis en curso vuelve a afectar notablemente las finanzas rusas y ha diezmado el valor del rublo, empeorado con las sanciones provocadas por la intervención en Ucrania, que muchos hallan equivalente a la que atascó a los soviéticos en Afganistán.

La escalada de precios de hace cuatro décadas, creó entre algunos exportadores una sensación de bonanza sin fin y un endeudamiento desproporcionado. Fue el caso de México, cuyas finanzas quebraron en septiembre de 1982, y de Venezuela, meses después, en febrero de 1983. Recuerdo que Luis Herrera Campins, el presidente venezolano de esa época, aseguraba que “Venezuela no es México” y que para el país era preferible endeudarse que pagar al contado porque el petróleo,  su mercancía primordial, iba siendo cada vez más cara. La afirmación fue desmentida en poco tiempo.

Bolivia ingresaría al remolino vertiginoso de la deuda externa e inflación un par de años después, con el vendaval que vino: renuncia prematura de Hernán Siles Zuazo, la llegada de Víctor Paz Estenssoro y su decreto estabilizador 21060, que rige aún ahora los destinos económicos del país.