Peru

Soledad boliviana -II-

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N.R. Actualiza y ajusta versión anterior.

El momento en que el  senado de Brasil votó 61-20 para alejar de la presidencia a Dilma Rouseff fue también el del Embajador boliviano en el vecino país, José Kinn, para sentirse fuera de sus tareas diplomáticas por tiempo indefinido, lo mismo que sus colegas de Venezuela y Ecuador. En ruta diferente de la de los que hasta hace poco eran cofrades muy cercanos, no se supo que Cuba hubiese tomado una decisión semejante o que hubiese alterado sus relaciones con Brasil. Pese al significado de la actitud cubana, o quizá por esa razón, la señal fue recibida con indiferencia por sus aliados.

Horas antes de la decisión del senado, el presidente Evo Morales había anunciado que convocaría a su embajador si ocurría el alejamiento de la primera mujer presidente en el vecino país. Actuó en consecuencia.

Pese a la proximidad ideológica que el presidente Morales expresa hacia la ex mandataria, ésta nunca visitó Bolivia durante su ejercicio presidencial. Dilma Rousseff no echó al olvido la actitud del gobierno boliviano cuando dispuso que el ejército ocupase las instalaciones de Petrobras en 2006 sin que Brasil imaginase lo que ocurría. ¨Eso no se hace con un país amigo¨, reprochó a los pocos días Luiz Inacio Lula da Silva al presidente Morales en una reunión a la que también asistía el comandante Hugo Chávez, quien defendía al líder boliviano. Entonces, Lula era presidente y Rousseff presidía Petrobras.

El nuevo malestar de las relaciones bilaterales ocurre cuando está a la vuelta de la esquina la negociación por un nuevo contrato de venta de gas natural a  nuestro vecino. No es posible determinar todavía si el presidente Morales calibró la decisión delicada que tomaba. Se supone que su cuerpo de asesores lo hizo.

Respecto al de sus colegas de Venezuela y Ecuador, el paso boliviano es más sensible, dada la dependencia de la economía nacional del comercio con Brasil. El factor dominante no es solo el gas, sino la multitud de mercancías que Bolivia adquiere de su vecino. No es casualidad que, al cabo de años de gozar de un balance favorable, el valor del intercambio empieza a ser negativo para Bolivia. En valores, le compra más que lo que le vende, con el gas como factor dominante casi absoluto.

Una persistencia de la tendencia preanuncia problemas. El primero: cubrir la diferencia puede ser a costa de las reservas monetarias en el Banco Central, ahora en franco descenso. Una segunda observación es que nadie aconsejaría pelearse con el vecino con el que comparte la más extensa frontera sudamericana y un PIB cien veces mayor.

La crisis en curso es una de las mayores en el hemisferio. A diferencia de la comprensión amistosa que adoptaba el Brasil del PT de Lula y Dilma Rousseff, esta vez su canciller José Serra replicó de inmediato y también llamó de vuelta a sus embajadores en los tres países. Cuándo las relaciones de Brasil con sus vecinos podrán normalizarse es una especulación a largo plazo.

La decisión que deja en la cuerda floja las relaciones bilaterales sigue a otras que en estos años han llevado a la diplomacia boliviana a un ostracismo nada envidiable. De espaldas a Chile, las relaciones con todos los vecinos limítrofes están vidriosas. A Perú, el presidente no viajó para a la posesión del nuevo mandatario, Pedro Pablo Kuczynski. Jaime Paz Zamora le dijo que, de haber sido él, habría ido a Lima inclusive en camilla, dada la importancia de Perú, como hermano siamés de Bolivia, y en especial ahora, con la demanda marítima en La Haya y la necesidad de intensificar el uso del puerto libre que el país tiene en la costa peruana de Ilo. El Presidente Morales sí realizó viajes internos y a República Dominicana y Cuba. Con Argentina bajo Mauricio Macri las relaciones nunca fueron buenas. En días pasados empeoraron con sus críticas a la política económica de nuestro vecino que en materia de comercio es el segundo en importancia para Bolivia. Con Paraguay tampoco son cordiales.

Los límites de la capacidad boliviana para aislarse son centro de la atención preocupada de los diplomáticos nacionales. No es especular demasiado decir que ahora deben preguntarse cuál podrá ser el próximo paso.

Soledad boliviana

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Incorpora en tercer párrafo el congelamiento en las relaciones ordenado por Caracas.

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Cuando a las 13:34, hora de Brasilia, el senado de ese país votó 61-20 para alejar de la presidencia a Dilma Rousseff el Embajador boliviano en el vecino país, José Kinn Franco debe haberse sentido también fuera de sus tareas diplomáticas por tiempo indefinido.
Horas antes de la decisión del senado, el presidente Evo Morales había anunciado que convocaría a su embajador si ocurría el alejamiento de la primera mujer presidente en el vecino país. (Pese a la proximidad ideológica que el presidente Morales sentía hacia la mandataria, ésta nunca visitó Bolivia durante su ejercicio presidencial.)  No había información disponible sobre el retorno del embajador a Bolivia, cuando está a la vuelta de la esquina la negociación por un nuevo contrato de venta de gas natural a nuestro vecino.
La de las autoridades bolivianas era una actitud casisolitaria. En mayo, cuando la apertura para el enjuiciamiento de la presidente fue decidida, Venezuela y El Salvador retiraron a sus embajadores en Brasilia. Esa situación, ya cercana a la ruptura, se agravó la tarde de este miércoles cuando el gobierno de Nicolás Maduro anunció que las relaciones con el gigante que le compra importantes volúmenes de petróleo y le provee de artículos esenciales, quedaban congeladas de manera indefinida. Para la cancillería venezolana lo ocurrido hoy ha sido la consolidación de ¨un golpe parlamentario¨.

Para Bolivia, las relaciones con Brasil son fundamentales en extremo. Aún no se pueden determinar las consecuencias de las decisiones diplomáticas, en manos del presidente Morales. Pero es posible prever un enfriamiento glacial en las relaciones con el vecino que comparte las fronteras más extensas de América del Sur y con el que tiene la mayor tajada de su comercio exterior.
La decisión que deja colgando en el trapecio las relaciones bilaterales sigue a otras que en estos años han llevado a la diplomacia boliviana a un ostracismo asfixiante. De espaldas a Chile, las relaciones con todos los vecinos bolivianos están en la cuerda floja. A Perú, el presidente no viajó para a la posesión del nuevo mandatario, Pedro Pablo Kuscinsky. Jaime Paz Zamora le dijo que, de haber sido él, habría ido a Lima en camilla, dada la importancia de Perú, como hermano siamés de Bolivia, y en especial ahora, con la demanda marítima boliviana en La Haya y la necesidad de intensificar el uso del puerto libre que el país tiene en la costa peruana de Ilo. El Presidente Morales sí realizó viajes internos y a Cuba. Con Argentina bajo Mauricio Macri las relaciones nunca fueron buenas. En días pasados empeoraron con sus críticas a la política económica de nuestro vecino que en materia de comercio es el segundo en importancia. Con Paraguay tampoco son cordiales.
Los límites de la capacidad boliviana para aislarse son centro de la atención preocupada de los diplomáticos nacionales. No es especular demasiado decir que ahora deben preguntarse ansiosos cuál podrá ser el próximo paso en un momento en que las relaciones sudamericanas han alcanzado temperaturas pocas veces tan altas en su historia.

Círculo cerrado

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El triunfo de Pedro Pablo Kuczynski sobre Keiko Fujimori certifica la caída de una pieza más en el dominó político que ahora se impone en el horizonte donde hace menos de un año predominaban el rojo y el rosado. Habría sido lo mismo si la victoria favorecía a Fujimori pues la izquierda había salido del juego electoral peruano en la primera vuelta el 10 de abril y el campo estaba copado por Kuczynski, centro-derecha, y Fujimori, derecha sin apellidos.

Con ambos quedó confirmada una premisa: en prosperidad, la gente suele deslizarse hacia la izquierda. En tiempos de recesión económica, lo hace hacia el pragmatismo de derecha. La economía peruana tuvo una fuerte desaceleración en 2014 y 2015, sin lograr salir del tobogán al que entraron los exportadores de materias primas con la caída de precios del petróleo. Comenzaba el tiempo de las vacas flacas.

Ambos candidatos no representaban ninguna perspectiva particular de mejoramiento de las relaciones con Bolivia, opacas bajo gobiernos que en teoría deberían haber tenido muchas semejanzas como el de Evo Morales y Ollanta Humala. La victoria de Kuczynski por el ancho de un pelo de ángel cuando escribía esta nota, representa tener al costado norte y oeste a un presidente alineado sin complejos con el capitalismo y el libre mercado, anatema para el gobierno que conduce Evo Morales. No sería mayor la diferencia si la triunfadora hubiese sido Keiko Fujimori. ¿Qué hacer cuando un círculo se cierra alrededor del país?

De inmediato, para la diplomacia boliviana la elección en Perú no provoca  entusiasmo. Cuando ambos pasaron a la segunda vuelta, para  los diplomáticos nacionales el cuadro era incómodo como encontrarse frente al yunque y al martillo. Kuczynski es una versión similar a la de Gonzalo Sánchez de Lozada. Fujimori no estaba muy lejos de su contendor.

La elección no ha sido fácil. En la región fronteriza de Puno, con apreciable presencia aymara, Kuczynski arrasó con cerca de dos tercios a su rival Fujimori. Ésta devolvió el revés y en la región de Madre de Dios, también fronteriza con Bolivia y con presencia indígena amazónica, triunfó con porcentajes similares a los que había perdido: 63% vs 37%.

Una muestra de lo que se viene con el nuevo gobernante surge en el plano externo: concuerda con aplicar la ¨cláusula democrática¨ a Venezuela, que podría llevar a la suspensión del régimen de Nicolás Maduro de la OEA.

Con las flechas verbales entre Chile y Bolivia cubriendo el sol, Brasil de espalda a los países bolivarianos, Argentina con controles crecientes sobre la frontera boliviana y Paraguay siempre receloso de Bolivia y ahora rumbo a estrechar relaciones como pocas veces con su vecino brasileño, el cuadro de aislamiento boliviano luce casi perfecto.

Periodistas y robots

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Las noticias sobre el avance de la robótica llamaban la atención cada vez menos. Inclusive la noticia de que productores de comida rápida iban a utilizar “drones” para las entregas surgió, llegó y se fue. Sin embargo, cuando hace poco The Associated Press anunció que estaba asignando a robots la tarea de procesar los informes trimestrales de las empresas con relevancia en las bolsas de valores, pareció que los periodistas estaban ante la ruptura de un límite. La base de la novedad está en un programa que convierte en información periodística los resultados de la gestión de una empresa. La AP podrá ahora procesar 14 veces más el volumen de información que antes producían los redactores. ¿Empiezan los “chips” a substituir inexorablemente el trabajo del reportero y del editor?

La noticia causó revuelo, especialmente entre los medios menos informados sobre la evolución de la robótica. Un trabajo de The New York Times expuso hace un tiempo los cambios dramáticos en la industria y comparaba la fuerza de trabajo de Philips en Holanda y de su filial en China. Miles de empleados en China tienen como rivales en Holanda a una docena de robots que trabajan tres tunos y siete días por semana.

En el mediano y largo plazo los ahorros son enormes. La robotización acelerada ha sido una de las respuestas del capitalismo al uso intensivo de mano de obra barata que incorporó a China y a la India al club de los gigantes de la economía mundial y un freno al desplazamiento de líneas productivas hacia países asiáticos. Si se puede producir en terreno propio en forma masiva y barata, ¿por qué irse tan lejos?

Lou Ferrara, vicepresidente y gerente ejecutivo de la AP, trajo la respuesta. Apartar a los redactores del trabajo sobre los informes empresariales responde a una estrategia para incorporar más fuerza inteligente al reportaje y la investigación, el alma del buen periodismo.

El paso dramatiza el avance de la inteligencia artificial, pero subraya sus limitaciones ante la inteligencia humana que la dirige. Una historia bien elaborada, compacta, con verbos precisos y adjetivos oportunos no será substituida por la interpretación mecánica de datos. Ningún programa habría equiparado la destreza de Joe McGowan, de la AP, cuando a mediados del siglo pasado, tras revisar los datos de su fuente, anunció al mundo que la tragedia del callejón de Huaylas en Perú había matado a miles y no sólo a pocas decenas. O menos a Isaac Levi, cuando inició la nota que, en 1974, plena guerra fría, cambiaba políticamente a ese país: Tanques rusos T-55 irrumpieron en las calles de Lima para sofocar una rebelión policial, etc.

En verdad, la vieja libreta de notas y la información digital, fuerzas tradicionales y modernas, se dan la mano, como en otros momentos críticos de la historia.

Lecturas necesarias

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En tres semanas más conoceremos el fallo de la Corte Internacional de La Haya sobre la controversia marítima peruano-chilena, en el final de una disputa que ha fortalecido las bases para un mayor entendimiento entre las dos naciones y abonado la cooperación económica,  ahora en la cumbre de sus relaciones bilaterales.  Será uno de los momentos  de mayor trascendencia en el Pacífico sudamericano desde la guerra del siglo antepasado, cuando Bolivia y Perú se enfrentaron a Chile.  Nuestros  dos vecinos engavetaron la cuestión, por años una espina en los pies de ambas, y decidieron que la mejor manera de evitar traumas mayores en sus relaciones era fortalecerlas de modo que cualquiera que resulte el fallo, se vuelva sólo una anécdota en la historia de ambos.  

Cuando La Haya se pronuncie, las relaciones peruano-chilenas estarán acorazadas por un floreciente  comercio bilateral que al final de 2013 bordeaba los 5.000 millones de dólares. A ese intercambio se sumaban las inversiones directas que, por parte de Chile en Perú, llegaban a los 12.000 millones de dólares  el año pasado; las de Perú en Chile se aproximaban a los 10.000 millones de dólares. Integrantes fundadores de la Alianza del Pacífico, ambas se perfilaban como las economías mejor entrelazadas de América del Sur.

El acontecimiento ocurrirá cuando Bolivia tiene su propio litigio con Chile anclado también en La Haya,  que deberá pronunciarse en algunos años. Hasta entonces, el margen de maniobra boliviano para su demanda marítima será estrecho. Sin aliados firmes de peso efectivo, las gestiones que pueda desarrollar Bolivia dependerán de su capacidad de convencer a nuestros vecinos chilenos de mostrar un camino más claro y expedito para resolver la cuestión.

Sobre el curso accidentado de las relaciones boliviano-chilenas he recibido estos días las obras de dos protagonistas que vieron de cerca los vaivenes de la política marítima boliviana: el ex presidente Carlos Mesa Quisbert y el ex vice-canciller Marcelo Ostria Trigo. “El largo camino a casa”, del primero (Editorial Pazos Kanki), y “Temas de la Mediterraneidad” (Garza Azul, La Paz), del segundo, ilustran sobre capítulos salientes que precedieron a la política emprendida por el presidente Morales. Algunos conceptos se vuelven indelebles. El de Mesa, cuando subraya que las propuestas bolivianas siempre fueron mesuradas, como los pasos de quien camina sobre un campo minado; el de Ostria Trigo, cuando en su compacto y detallado recuento histórico subraya la necesidad de jugar simultáneamente a dos bandas y de avanzar sólo cuando todas las aristas de cada banda hayan sido debidamente limadas.

Ante el inminente fallo sobre el litigio peruano-chileno, vale la pena  repasar cada detalle que nos llevó, al menos hasta 2006, a nuestra actual encrucijada.

P.S. Este artículo fue publicado por El Deber, de Santa Cruz, este lunes 6 de enero.

Chile-Bolivia: En busca de forjar intereses comunes

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(Último artículo de una serie)
Las relaciones entre Perú y Chile han ingresado en los últimos años a un “círculo virtuoso” de inversiones y de integración que ha robustecido la confianza mutua entre los dos vecinos y asegurado un despegue económico bilateral que asombra por su intensidad y proyección. Por contraste, este fenómeno subraya la inexistencia de corrientes similares equivalentes entre Chile y Bolivia.
Nuestros dos vecinos han “encapsulado” la controversia sobre límites marinos que los llevó a La Haya, cuyo dictamen es esperado para el próximo año y, sin atizar episodios históricos, han estimulado las áreas no polémicas de sus relaciones. El resultado es uno de los intercambios comerciales y flujo de inversiones más dinámicos del continente.
Los vínculos económicos Bolivia-Chile se expresan en un intercambio comercial de menos de 700 millones de dólares, bastante menor que los 1.200 millones de nuestro intercambio con Perú. Ambas cifras corresponden a 2012. Todos los que abordan el tema consideran que ese volumen está lejos del potencial que existe entre ambas naciones. El comercio entre nuestros dos vecinos es casi cinco veces mayor y con una participación creciente de productos no tradicionales.
Cuando chilenos y bolivianos imaginan las posibilidades de una relación económica estrecha, de inmediato surgen el agua y minerales (litio, los dos países, junto con Argentina, acumulan de lejos los mayores depósitos del planeta y Chile es el principal productor) como palancas para un vigoroso desarrollo industrial. “Son las bases para un entramado que supere las distancias que hay entre las dos naciones”, dijeron algunos funcionarios con los que un grupo de periodistas y ex diplomáticos bolivianos conversó en Chile a principios octubre. “¿Cómo hacerlo?”, se les preguntó.
Entre las objeciones, casi todas basadas en la desconfianza entre las dos naciones, surgió una que nadie pudo discutir: factores no económicos que encarecen el transporte por Bolivia hacia Chile. Una modalidad boliviana de descargar sobre otros la responsabilidad para resolver problemas fue un ejemplo imbatible. Los bloqueos de caminos perjudican a los usuarios del sistema carretero.
En estos días, los diarios trajeron la noticia de un bloqueo sobre la carretera entre Puerto Suárez y Santa Cruz, nominalmente una ruta “transoceánica” abierta al tráfico internacional. Los bloqueadores pedían la restitución de un sub-alcalde y la presencia del alcalde titular para aquel acto. El bloqueo estaba encabezado por el asesor legal (!) del municipio donde se originaba el conflicto. Se desconoce cuántos camiones (ni volumen de negocios) fueron afectados por esa actitud, pero con certeza los transportistas dudarán antes de ofrecerse para recorrer la ruta. Otra razón citada fueron las trancas y los peajes a lo largo del trayecto de esa carretera (aún se aguarda una visita de la presidente de Brasil para proceder a la inauguración oficial). Se exige que los camiones paguen una tasa en cada municipio por los que pasa la carretera. Otro ejemplo: la demanda de los transportistas bolivianos para que sean conductores bolivianos los que manejen los camiones en el trayecto dentro de Bolivia. Uno de los interlocutores argumentó que ningún exportador, con su flota propia de transporte, cuyo personal ha sido entrenado para el tipo de trabajo que debe realizar, aceptará entregar su carga a un transportista extraño. En esta ecuación no ingresaron los seguros: no se sabe si las compañías aseguradoras aceptarían otro personal y, si lo aceptaran, cuál sería la tasa extra que cobrarían.
Hasta no hace mucho, el gas natural era un factor a considerar. Chile es uno de los grandes compradores de ese combustible, del que se creía que Bolivia sería el proveedor natural para todo el sur del continente. Chile tiene ahora varios proveedores, que van desde Trinidad y Tobago hasta Yemen. Bolivia ha salido de su circuito pese a representar un mercado potencial equivalente a un tercio de los volúmenes vendidos a Brasil.
Establecer intereses comunes permanentes ha sido elusivo desde la Guerra del Pacífico. La historia, sin embargo, prueba que los intereses comunes se imponen, aun cuando para lograrlo transcurran más de cien años.

Reclamo desprestigiado

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El gobierno se hizo el desentendido con la creencia de que esquivando los problemas se los resolvía. Después comprobó  que el mundo real no funciona de esa manera y que nada se logra con querer esconder la realidad que, tarde o temprano, aparecerá. Ante la evidencia de  la declaración del Ministerio de Defensa de Brasil,  no le quedó otra opción sino reconocer que sí hubo aviones brasileños que Bolivia inspeccionó, al menos uno de ellos sin el consentimiento del vecino país. Hoy, el resultado es que la exigencia boliviana de satisfacciones y explicaciones por el incidente que tuvo por escenario los cielos de cuatro países europeos está desprestigiada. Con todos  los  elementos que ya son públicos, habría que preguntarse  qué harían las autoridades nacionales si mañana se realizara la reunión (disminuida) de UNASUR que se solidarizó con  Bolivia y condenó al grupo de países europeos con profusas alusiones a Estados Unidos por una supuesta o presumida responsabilidad principal en todo el incidente. ¿Habría el mismo resultado?

Nada es más dañino en las relaciones entre estados y entre personas que la sospecha de una  mentira o de verdades incompletas admitidas a regañadientes. Bolivia se quejaba de  lo que antes había hecho ella misma y nadie se lo había reprochado públicamente. En ese marco, el reclamo lucía como una actitud con olor a hipocresía. En tesis, Brasil tuvo la poco agradable tarea de decir al gobierno: Ustedes inspeccionaron tres aviones de la Fuerza Aérea Brasileña pero en aras de  las buenas relaciones colocamos paños fríos sobre la cadena de incidentes.  Ahora  nos toca decir basta.

Brasil fue uno de los cuatro países que no tuvieron a sus presidentes en la reunión de UNASUR. Perú Colombia y Chile encontraron razones para ausentarse de la cita convocada con prisa con el eco de la protesta boliviana por  el trato humillante dispensado a su máximo representante.  Pero para el gobierno no fueron  suficientes los pedidos de disculpas, y sus exigencias crecieron hasta abarcar una  investigación que traiga la afiliación completa de todos  los involucrados. Era aparente que se apuntaba a Estados Unidos con propósitos ni objetivos claros. Algunos países puede haberse preguntado: ¿A dónde se quiere llegar?

Las relaciones de Bolivia con Brasil han sido con frecuencia difíciles en los años del gobierno actual. Deberían haber sido idílicas. Brasil es el  mayor comprador de gas natural de Bolivia, suficiente para procurar un empeño sostenido por elevarlas al mejor nivel. No ha sido así.

En2006, en  una reunión de Mercosur en Paraguay , en la que estaba presente Bolivia como país observador, hubo  un encuentro tenso entre los presidentes Morales y Luiz Inacio Lula da Silva. En la narración que hizo ante  el congreso brasileño el entonces canciller y actual Ministro de la Defensa, Celso Amorím, el brasileño le reprochó al boliviano haber ejecutado la nacionalización de  los campos que operaba Petrobrás con el despliegue militar que ocurrió. “Eso no se hace con un país amigo”, le dijo airadamente Lula a Evo.  Para Lula resultaba más  incomprensible el hecho de que la  medida hubiese venido de un gobierno con el que sentía cierta afinidad. Del relato que hizo Amorím, se deduce que el ahora fallecido presidente Hugo Chávez  (testimoniaba el encuentro) intervino para ayudar al acosado presidente boliviano. Brasil absorbió el golpe, pues tampoco podía asumir una actitud que critica a las grandes potencias por su comportamiento con naciones menores. Pero los planes que tenía para elevar las relaciones comerciales con Bolivia fueron archivados, entre ellos plantas petroquímicas y termoeléctricas en base al gas natural. Es también plausible suponer que las autoridades vecinas optaron por mantener las inversiones de Petrobras sólo en un nivel suficiente para garantizar el contrato de suministros que acaba en 2019.

La batalla por el libre comercio

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El bullicio de la colisión verbal entre los presidentes Evo Morales y Sebastián Piñera en la reciente cumbre realizada en Santiago acalló un hecho trascendente para todo el hemisferio,  con un reflejo especial sobre Bolivia que no se debe ignorar. Mientras en Santiago los asistentes a la reunión de CELAC estaban engarzados en temas generales que suelen llevar a declaraciones extensas que frecuentemente ni siquiera todos los firmantes leen, los países de la Alianza del Pacífico optaron por una dinámica diferente y retomaron el acelerador de su proyecto integrador. Hasta el 31 de marzo, el 90% del comercio intra-zonal (Chile, Perú, Colombia y México) estará liberado de impuestos en la zona. La liberación impositiva para el restante 10% estará en discusión en los meses siguientes, de manera que no pasará mucho tiempo antes de que el grupo esté plenamente estructurado y sus habitantes circulen sin restricciones por las cuatro naciones.  Los anuncios originales decían que todas las barreras arancelarias estarían derribadas hasta el 31 de diciembre pasado. Hasta aquí hay un retraso de tres meses, cuya importancia será apreciada en la medida en que el grupo avance hacia sus metas.

El avance de esta alianza, hasta ahora con un número creciente de observadores, la aleja de Mercosur, al que Bolivia se postula, y se acerca más a la idea original del Área Latinoamericana de Libre Comercio (ALCA), patrocinada por Estados Unidos y ahora fuera de juego en virtud de la tenaz oposición de Venezuela, apoyada entre otros países por Bolivia, Argentina y Brasil.  En el grupo de observadores están Japón, Guatemala, Canadá, Nueva Zelandia, Australia, España (ahora busca ser miembro activo), Uruguay, Panamá y Costa Rica.

Es curioso que Bolivia, cuya economía ha gravitado sobre el occidente sudamericano a lo largo de toda su historia, no haya requerido el status de observador. Por la cuenca del Pacífico fluye más de la mitad del comercio mundial y su PIB, pero Bolivia  parece desdeñar un proyecto que puede ayudarla a combatir el atraso abyecto de un gran número de compatriotas.

No conozco estudioso alguno de las relaciones internacionales que conciba positivo y saludable colocar todas las apuestas en un solo caballo, con el riesgo de alejarse del único sobre el que ahora cabalga, la Comunidad Andina de Naciones (CAN). Quienes observan la geopolítica continental abogan por la permanencia de Bolivia en el originalmente llamado Pacto Andino del que, tras el abandono de Venezuela para incorporarse a Mercosur, va quedando sólo el esqueleto: Perú, Colombia, Bolivia y Ecuador. Fue la posibilidad de exportar productos agro-industriales, especialmente soya al mercado de Colombia y Perú, la que sustentó el crecimiento del agro de Santa Cruz.

Resulta cuando menos incongruente que Bolivia aumente los decibelios de su demanda de una salida soberana al Pacífico mientras parece observar con desdén a la región a la que busca tener acceso directo.  El grupo en gestación comprende a los países que actualmente detentan el crecimiento económico más elevado de América Latina: Perú (6.3%), Chile (5.5%), Colombia (4.8%) y México (3.5%).

En un reciente artículo en Prisma, el ex canciller Gustavo Fernández defiende la permanencia de Bolivia en la CAN y su incorporación a la Alianza del Pacífico. “Bolivia no puede renunciar a su condición de país de la cuenca de Pacífico. Esa es su ancla histórica. Nació ribereña de ese Océano y algún día, tarde o temprano, recobrará esa condición”, escribió. “Ese vínculo –dijo- no puede debilitarse, ni siquiera en el plano puramente simbólico”.

El tren actual de la integración de las naciones hacia el comercio mundial sólo tiende a aumentar velocidad. Los que lo pierdan difícilmente podrán alcanzarlo más adelante o encontrar otro que los lleve al mismo destino.

Delimitación maritima peruano-chilena

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Reproduzco la más reciente entrega del diplomático e historiador Ramiro Prudencio Lizón sobre la controversia marítima peruano-chilena.
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Ha concluido la fase oral del litigio sobre la delimitación marítima entre Chile y Perú. Y lo más destacable para los bolivianos ha sido la consideración de la negociación iniciada en Charaña, por parte de los abogados de la parte chilena; negociación que se llevó a cabo entre 1975 y 1978.
Los abogados recordaron que en 1975 Chile ofreció a Bolivia un corredor al norte de Arica con mar territorial adyacente. Y reiteraron que Perú no se había opuesto a dicha cesión. Es decir, también había aceptado que nuestro país poseyese un mar territorial contiguo a su costa.
Es importante tener presente la nota del Perú de 18 de noviembre de 1976, en respuesta a la consulta de Chile sobre la propuesta de entrega del corredor al norte de Arica. Chile estaba obligado a la consulta por el Protocolo Complementario al Tratado de Lima de 1929, firmado por esos estados.
En su respuesta, Perú había determinado lo siguiente: “Concesión a Bolivia del derecho a construir un puerto bajo su exclusiva soberanía de conformidad con el interés peruano de lograr una solución definitiva, real y efectiva a la mediterraneidad boliviana, para lo cual es indispensable que dicho país cuente con un puerto propio”. La nota peruana agregaba: “Soberanía exclusiva de Bolivia sobre el mar adyacente al litoral del territorio bajo soberanía compartida”.
Muchos bolivianos creen que el juicio sobre la delimitación marítima entre Chile y Perú sería poco preocupante para el país. Esto es un grave error pues la sentencia de la Corte de La Haya es fundamental para Bolivia. Si la Corte fallara a favor del Perú, y determinase que la delimitación marítima se fundamentara en la bisectriz, el corredor al norte de Arica ya no tendría mar. Sólo le correspondería un pequeñísimo triángulo que impediría hasta el libre tránsito marítimo. Y naturalmente, casi no habría espacio para una utilización pesquera.
El desconocimiento del derecho del mar por parte de los bolivianos es tan grave que muchos han llegado a consolarse creyendo que si se estableciera la bisectriz, el mar territorial del corredor boliviano seguiría la ruta de dicha bisectriz. Pero se debería comprender que el mar territorial siempre es perpendicular a la costa desde tiempo inmemorial y, además, consagrado por la Convención del Mar. Precisamente, se establece una bisectriz cuando dos perpendiculares se chocan, como es el caso entre Chile y Perú.
Por lo tanto, si falla la Corte de La Haya a favor de la bisectriz, la vía crucis boliviana hacia el mar se complicaría aún más. Primeramente se deberá negociar con Chile para la concesión del corredor, y luego con Perú para que se nos permita circular, y quizás explotar mancomunadamente, en el ex mar territorial del corredor.
Este problema de la bisectriz fue previsto por el presidente Morales en 2009 cuando manifestó que si Perú triunfaba en su controversia con Chile, sería pertinente que se considerasen los derechos marítimos bolivianos del corredor. En 2011, el Gobierno presentó un documento a la Corte de La Haya para manifestarle su preocupación en caso que el fallo pudiese perjudicar la demanda marítima
Lamentablemente, la delegación nacional enviada a la Corte para presenciar el alegato oral del litigio, no se dignó conversar con la delegación peruana sobre el particular. Y ello, pese a tener presente que el Perú ya había cedido a nuestro país sus derechos al mar territorial del corredor en su respuesta a Chile de 1976. Hubiera sido menester una gestión semejante a la del Ecuador, quien no se inmiscuyó en el litigio chileno-peruano pero dejó plenamente consolidados sus derechos sobre su litoral marítimo.
El periodista peruano Alvaro Vargas Llosa, hijo del ilustre escritor Mario Vargas Llosa, ha publicado una extensa nota sobre el pleito de su país con Chile, donde considera que es poco probable que la Corte de La Haya se incline por la posición peruana basada en la bisectriz. Él cree que la corte dejaría como límite marítimo entre Chile y Perú, a la actual frontera, que va paralela al meridiano terrestre. El periodista estima que Perú podría obtener el triángulo exterior que surge después de las 200 millas correspondientes al mar territorial chileno.
Si la Corte de La Haya emitiera sentencia como don Alvaro prevé, significaría que si Bolivia obtuviera el Corredor al norte de Arica con su consecuente mar territorial perpendicular a su costa de 200 millas, pasada esta extensión el océano sería internacional para nuestro país, es decir alta mar, pero para Perú estaría dentro de su mar territorial. Sería una situación confusa pero no atentaría contra el verdadero interés nacional.
El Gobierno nacional está abocado a llevar a La Haya una demanda sobre una revisión o sobre incumplimiento del Tratado de Paz, en la cual además, se incluirían los compromisos contraídos por Chile de otorgar una costa soberana, durante las negociaciones de 1950 y 1975. Es menester recordar que Bolivia no tiene derechos jurídicos para reintegrarse al océano, sólo derechos históricos y morales. Y cabe destacar que las cortes internacionales son reacias a tratar temas referentes a revisiones o incumplimientos de tratados. Además, la reintegración marítima de Bolivia no requiere de una revisión del Tratado de 1904 ya que la zona que pretende no está comprendida en este acuerdo. Como reiteradas veces manifestó Chile, sobre todo en 1950 y 1975, se puede llegar a una solución del problema marítimo al margen del Tratado de Paz.
En consecuencia, llevar la cuestión marítima a tribunales internacionales demandará solamente una gran pérdida de tiempo y dinero. Lo peor es que lo único que se obtendrá será retardar nuestra salida al mar.

Enterrados (o enmarados) vivos

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Este agudo amigo paceño hace ver situaciones que normalmente no son observadas por nuestro mundo diplomático plurinacional. Me escribe y me dice de las fatalidades que enfrentaría Bolivia con el fallo que se viene de la Corte Internacional de Justicia de La Haya en torno al diferendo de límites marítimos entre Perú y Chile. Lean Uds. su carta:

El litigio sobre delimitación marítima de Chile y Perú es de fundamental importancia para nuestro país. Pues si la Corte Internacional de Justicia de La Haya falla en favor del Perú, y determina que la delimitación marítima se fundamente en la bisectriz, el corredor boliviano ya no tendría mar. (Al corredor sólo le correspondería un pequeñísimo triángulo que impediría hasta el libre tránsito marítimo) (Naturalmente casi no habría espacio marítimo para una utilización pesquera) Es decir los peruanos nos enterrarían vivos. Tendríamos costa pero no mar.
Cabe recordar que durante la Negociación de Charaña, el Perú presentó una contra oferta donde proponía que Bolivia contase con el corredor al norte de Arica pero sólo hasta llegar al tramo de la carretera panamericana que une Arica con la ciudad de Tacna. Y en el territorio comprendido desde la carretera panamericana hasta la costa, se conformaría una soberanía compartida entre los tres países, Bolivia, Chile y Perú.
Pero Perú aceptó que Bolivia tuviese derecho a construir un puerto “bajo su exclusiva soberanía”; y también que sea de exclusiva soberanía boliviana, el mar adyadente al litoral del territorio bajo soberanía compartida. Es decir, en esa época, Perú aceptó que Bolivia tuviese mar pero no costa. (En el alegato chileno también se va a incluir esta posición peruana de aceptar la concesión del mar territorial del corredor a Bolivia)
Es menester tener presente además, que cuando en 1985, el embajador Bákula presentó a Chile, el Memorándum referente a la delimitación marítima, lo hizo con un fin específico: “Evitar un nuevo charañazo”.
Pero los bolivianos amamos tanto a los peruanos que nadie se ha opuesto a la posición peruana en La Haya. Pese a que don Evo Morales ya manifestó en 2009, que dicha posición afectaría al mar territorial boliviano del corredor. (En ese tiempo Evo tenía poca simpatía por el presidente Alan García; pero ahora que la tiene grande por Humala, se olvidó del asunto y prefiere meter alfilerazos a Chile)
En un momento en que se juega el destino marítimo del país, en vez de presentar a la Corte la preocupación boliviana por el resultado del fallo, el presidente Morales prefiere amenazar a Chile con una demanda en La Haya. (Y todos sabemos que dicha demanda es una chacota, ya que sería inmediatamente rechazada por la Corte) (La Corte no tiene facultad para revisar tratados anteriores al Pacto de Bogotá)
La “locura” de los bolivianos ha llegado al extremo de consolarse creyendo que si se establece la bisectriz en la delimitación marítima de La Haya, el mar territorial del corredor boliviano seguiría la ruta de dicha bisectriz. (Esta es una sugesión del gran “péndex”, Manuel Rodríguez Cuadros, ex cónsul en Bolivia, y actual miembro de la delegación peruana en La Haya. Este vino a La Paz y dio una conferencia donde se refirió al mar territorial en diagonal para Bolivia) Pero nuestros pobres compatriotas deberán comprender que el mar territorial siempre es perpendicular a la costa. Ello desde tiempo inmemorial y, además, consagrado por el Convención del Mar. Precisamente se establece una bisectriz cuando dos perpendiculares se chocan, como es el caso actual entre Chile y Perú.
¡Pobre nuestro país, cuanto más amamos al Perú, más nos quiere ahogar! Y lo ha dicho el diputado García Belaúnde, hermano del co-agente en La Haya. Este manifestó que los bolivianos no deberían meterse en el asunto ya que no cuentan con el corredor al norte de Arica.
En consecuencia, si falla la Corte en favor de la bisectriz, el vía crucis boliviano hacia el mar sería pavoroso. Primeramente deberíamos negociar con Chile para la concesión del corredor, y luego con Perú, para que nos permita circular por el ex mar territorial del corredor. Es decir tendríamos derecho sólo a mojar los pies en nuestro corredor. ¡Estaríamos enterrados vivos!
Un fuerte abrazo