Perú

Nunca es tarde

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Muchos han celebrado una confesión reciente del presidente Morales cuando dijo hace unos días que entendió la importancia de la educación solo al llegar al gobierno, al cabo de más de una década de vida política intensa para alcanzar la presidencia. La declaración fue un abandono oficial de la idea, profunda en gran parte de sus allegados, de que el mejor aprendizaje lo imparten las arrugas de los abuelos. El daño causado por ese atavismo, romántico pero irreal, en especial entre niños campesinos, puede haber sido grande. Una cosa sería que algo así lo dijeran los mayores de los niños o sus padres. Pero venido de las más altas autoridades, ante quienes los niños tienen un respeto reverencial, equivalía a un mandato. Al subrayar, durante la entrega de premios a bachilleres sobresalientes, que ahora reconoce ¨la importancia de la educación¨, puede estar intentando reparar aquel daño, cuyos efectos nocivos nunca podrán ser cuantificados.
Otra sorpresa ocurrió cuando instó a los estudiantes a aprender inglés, la lengua global y oficial del imperio. Los especialistas coinciden en que el aprendizaje de una lengua esencial ensancha el horizonte de los jóvenes, pues obtienen una herramienta que les ayuda a percibir mejor el mundo moderno, aún más donde hay grandes segmentos de la población desprovistos de una noción esencial de modernidad.
Los pedagogos creen que aún más provechosa habría sido la recomendación presidencial si incluía hablar y escribir mejor el español antes de lanzarse a la aventura de aprender la lengua imprescindible del mundo globalizado. Países vecinos ya tienen al inglés entre las materias de vencimiento obligatorio. En la carrera diplomática, es imposible avanzar sin un dominio pleno de esa lengua y la cultura que la rodea.
Fue auspicioso que la declaración presidencial coincidiera con el anuncio del país ganador de las pruebas PISA (programa de evaluación internacional de estudiantes). Ganaron los estudiantes de Singapur, la pequeña isla-estado del sudeste asiático (5.4 millones de habitantes) independiente desde 1965. De esencia capitalista de la que no tiene intención de renegar, y uno de los países más ricos del mundo, el idioma oficial de Singapur es el inglés, junto al malayo, tamil y mandarin.
La evaluación es trianual entre adolescentes de 15 años en más de 70 países. De Sudamérica, Bolivia y Venezuela no participan. Hace un par de años Bolivia justificó su ausencia diciendo que eran pruebas ¨neoliberales. La evaluación mide el conocimiento en ciencias, matemáticas y lectura, disciplinas a las que no es fácil atribuir cualquier sesgo político. Las autoridades correspondientes tendrían que explicar dónde es neoliberal la trigonometría o el cálculo de la base de una pirámide. (¨La regla de cálculo no tiene ideología¨, me decía un viejo profesor.)
Una revelación de la pruebas este año fueron las mejorías de Colombia y Perú respecto a la anterior, cuando figuraron entre los peores. Esta vez ocuparon las posiciones 57 (67) y 64 (71), aún insuficientes para salir de la cola en que están los países latinoamericanos. El mejor desempeño latinoamericano fue el de Chile: del puesto 48 pasó al 44, entre 76 participantes.

Charaña

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Una de las causas para el fracaso de la negociación que emergió del encuentro en Charaña, en febrero de 1975, entre los generales Banzer y Pinochet, fueron las críticas prematuras y, casi todas, insuficientemente informadas, que esa  iniciativa trascendental recibió, afirma un protagonista esencial de aquella frustrada negociación. El diplomático Marcelo Ostria Trigo, entonces Subsecretario de Relaciones Exteriores, recuerda en un artículo que registra hoy el diario paceño Pagina Siete, que un diplomático, no en funciones entonces, llegó a decir que le parecía preferible “una Bolivia enclaustrada a una Bolivia mutilada”.

La frase revive el ambiente de oposición que surgió en todo el país cuando el gobierno militar intentó consagrar su gestión con una solución práctica y aceptable a la mediterraneidad boliviana.  “Hubo una concertación política para impedir una eventual solución, puesto que, si ésta se daba, el entonces gobierno de facto que llevaba adelante la negociación podía reforzarse y seguir en el  poder”, dice el ex subsecretario. La base de la negociación era un canje de territorios que, por definición, no debía representar ninguna mutilación, pues, por tratarse de un canje, un intercambio, un quid pro quo,  los dos países no disminuirían su patrimonio territorial. Si hubiera que mencionar a sólo cuatro personajes responsables de la apertura de esa negociación, ciertamente en ese cuarteto estaría prominentemente Ostria Trigo. El artículo que registra aquel diario de La Paz tiene un nítido sabor de historia contada por un protagonista. Además, coincide con el 133 aniversario de la inmolación de Abaroa en defensa del Topáter, y cuando ya se disipó en el gobierno del presidente Morales el entusiasmo que colmaba los pasillos de la cancillería boliviana con la carta que durante cuatro años el mandatario jugó sin fruto alguno con la presidente Michele Bachellet. Pero todo eso es ya otra historia.

El artículo del Dr. Ostria Trigo puede ser leído en su integridad aquí.

Chabuca Granda está aquí

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Hace 29 años se fue para siempre Chabuca Granda, la mujer que cantó a las limeñas una canción que dio la vuelta al mundo y se afincó grande en los corazones de América hispana. La Flor de la Canela ha sido el pasaporte universal peruano y una inspiración que sigue abriendo corazones de todos los extranjeros, especialmente bolivianos, que encontraron su patria en Perú cuando la suya era cubierta por la oscuridad de las dictaduras. Tal Cual Digital, el diario caraqueño, le dedicó este jueves una nota que quiero compartir con ustedes aquí.  Al acabar esta lectura, pueden deleitarse con la canción interpretada por María Dolores Pradera en este video.

En torno a la ocupación de Antofagasta

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Con el título arriba citado, el diplomático e historiador Ramiro Prudencio Lizón ha escrito sobre el aniversario de la invasión sobre territorio boliviano por el ejército chileno. Con su autorización comparto la nota del diplomático, publicada por el diario paceño La Razón:
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Este mes se conmemora un nuevo aniversario de la invasión a Antofagasta. El 14 de febrero de 1879, tropas chilenas al mando del coronel Emilio Sotomayor, desembarcaron y tomaron ese puerto, hecho que dio inicio a la Guerra del Pacífico.
Existe actualmente entre historiadores de los tres países involucrados en esa contienda una corriente interesada en estudiar la posibilidad de escribir una historia de la guerra con la mayor comprensión y ánimo integrador. Es una laudable intención pero muy improbable de lograr ya que los problemas devengados de ella, como la salida al mar de Bolivia, no se han podido resolver hasta ahora.
Además, existen aspectos de ella en que Chile muy difícilmente cambiaría de opinión, como el relativo a las causas de la guerra. Allá se menciona constantemente que sería Bolivia la causante de la misma.
Pero para Bolivia, la cuestión de los motivos que provocaron la ocupación de Antofagasta es de fundamental importancia. No podemos callarnos ante una afirmación de que por culpa de la ley de los diez centavos, Chile se sintió obligado a invadir territorio boliviano. Actualmente el gobierno nacional está terminando de nacionalizar las acciones de una gran empresa argentina de petróleo y no por ello la República Argentina tendría derecho a invadir nuestro país.
El origen de la Guerra del Pacífico no fue la mencionada ley de los diez centavos, sino el plan chileno, preparado con antelación, de apoderarse por lo menos de la zona sur del litoral boliviano, donde estaban ubicados los puertos de Antofagasta y Mejillones, y la zona interior de Caracoles. Y el argumento en que se basaba era el asentamiento de una gran población chilena en ese territorio, población que tarde o temprano se alzaría contra las autoridades locales y pediría su anexión a Chile.
El más importante historiador chileno, don Francisco Antonio Encina, dice: “La población chilena, por impulso espontáneo de la sangre, tenía que rebelarse contra la soberanía artificial de Bolivia y tender hacia Chile, cualesquiera que fueran la prudencia y honradez de los funcionarios bolivianos”. Pues bien, los gobiernos chilenos anteriores a la guerra, conscientes de ello, organizaron un fuerte ejército y una poderosa escuadra para llevar a cabo esa anexión. En general, los textos escolares de historia de ese país dan cifras muy reducidas (2.000 soldados) sobre el ejército chileno cuando comenzó la guerra. Pero el historiador chileno, don Ignacio Santa María, hace referencia a 14.000 hombres en pie de guerra, armados con los fusiles más modernos de la época, y apoyados por 16 cañones Krupp de acero. Este potente ejército esperaba día a día el levantamiento de la población chilena contra las autoridades bolivianas en la zona de Antofagasta; levantamiento fomentado naturalmente por el gobierno de ese país.
Pero en vez de que ello sucediera, provino la cuestión de la ley de los diez centavos que facilitó el plan chileno, el cual no sólo incluía la toma de Antofagasta sino también la rica provincia peruana de Tarapacá, donde también habitaba una considerable población de esa nacionalidad. El gobierno de la Moneda bien sabía de la existencia de un tratado secreto entre Bolivia y Perú, tratado motivado por el temor a esa expansión chilena y, por tanto, obró en consecuencia. Preparó la guerra no contra Bolivia, país que no tenía recursos ni posibilidades de defender su litoral, sino contra Perú, para arrebatarle Tarapacá, con lo cual obtendría el control total del salitre del mundo.
Es una ardua tarea buscar la debida imparcialidad y comprensión en hechos que han provocado un distanciamiento que dura más de un siglo. Sólo cuando nuestro país solucione su problema marítimo, mediante una salida propia y soberana al mar, se podrá estudiar la Guerra del Pacífico como un acontecimiento del pasado, porque la lacerante herida provocada por ella, dejará de lastimar por fin a bolivianos y peruanos.