Periodista

Alberto Zuazo Nathes (1932-2019)

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El miércoles 2 de enero falleció en La Paz el periodista Alberto Zuazo Nathes.Tenía 87 años. Uno de los periodistas más galardonados de Bolivia, Zuazo Nathes era Editor General de El Diario, el decano de la prensa nacional. Armando Mariaca, académico de la lengua y periodista de trayectoria notable, escribió el viernes un artículo que refleja las cualidades humanas y profesionales de Zuazo Nathes, a quien Mariaca destaca como ¨amigo de siempre¨. Dice el artículo:

La vida es corta, se dice siempre; pero, cuando estuvo acompañada de seres queridos como es la familia y también cuando participó de ella un gran amigo como fue Alberto Zuazo Nathes a quien me unió la vida durante más de sesenta y cuatro años (desde el año 1954), esta vida se hace larga porque se compartió con el amigo momentos gratos, instantes difíciles que, a través del periodismo, vivimos las peripecias del país siempre colmados de esperanzas.

Se fue Alberto Zuazo, se adelantó a quienes siempre creímos llegado nuestro tiempo; se fue en la línea del periodismo al que sirvió hasta el último día: trabajó en prensa desde los años 50 y ocupó situaciones expectables no solamente como redactor, columnista, editorialista, articulista, ensayista, sino también como corresponsal de prensa porque estuvo ligado a la agencia de noticias United Press International (UPI); fue dirigente de la Asociación de Periodistas y miembro de muchas instituciones.

Presidente de la Asociación de Periodistas, mereció el Premio Nacional de Periodismo, el primero otorgado luego de su creación. Fue galardonado con el Premio Libertad de la Asociación Nacional de la Prensa y cumplió amplia y meritoria labor en Última Hora, ocupando la subdirección, trabajó muchos años en EL DIARIO y llegó a ser Jefe de Redacción; pasado el tiempo, ocupó muy eficientemente hasta hace pocos días el cargo de Editor General y escribió muchos editoriales, profundos y medulares, artículos y notas especiales.

El periodismo tuvo en Alberto Zuazo su gran promotor y ejemplo de grandes méritos, de profundas convicciones religiosas, sabía de materias generalmente ignoradas por la mayoría de los componentes del periodismo; fue de alguna manera, un maestro viviente de muchas disciplinas; fue defensor incansable de la libertad de expresión; pero, en todo caso, fue amigo leal y sincero compañero de trabajo, amigo personal de mi familia, puesto que periódicamente estuvimos en casa, conjuntamente varios amigos, a escuchar las obras de los genios de la música, porque era apasionado por la música selecta, era apasionado por lo bueno, lo bello, lo constructivo.

Fue, como columnista, crítico de la demagogia y del populismo, enemigo de todo lo que significaba corrupción y condenó la ausencia de institucionalidad en el país y las violaciones a la Constitución y a las leyes; lamentablemente, su palabra, publicada en EL DIARIO, no siempre fue práctica de quienes, teniendo poder, deberían enmendar errores y corregir yerros garrafales.

Alberto Zuazo Nathes se fue, pero queda su mistad, su cariño por el periodismo y por las artes, su pasión por la música y las letras; queda el recuerdo de su amistad como símbolo permanente de sentimientos nobles. Alberto, con el mayor cariño deseo que Dios te colme de bendiciones en el cielo y dé a tu familia el consuelo y la resignación que solamente Él puede dispensar a quienes fueron hijos a los que tuvo en sus brazos, como te tuvo a ti durante tu larga y prolífica vida en servicio del país y de todo lo bueno de la Creación.

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Jaime Humérez Seleme

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Fue un profesional sin recreos, convencido de que Bolivia sí tenia futuro,  dueño de una lógica persuasiva con sus causas cobijadas en el bien común. Como Jefe de Redacción y Director buscaba equilibrios sin desviarse de su misión de informador, su vida profesional fue un camino empeñoso y sin claudicaciones. Jaime Humérez Seleme emprendió su ruta final el 21 de octubre.

Los años de Jaime en el ejercicio profesional periodístico se insertan en la lucha de Presencia por salir adelante y por consolidar el liderazgo que alcanzó con las armas más nobles de la comunicación social: noticias, muchas de ellas exclusivas, redacción de calidad y respeto a las normas éticas.

Entre las últimas empresas en las que se embarcó estuvo la redacción del Código de Ética de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP). Debía haber sido uno solo, que englobara a todas las instituciones periodísticas, pero hubo sectores que quisieron escribir ellos mismos sus propias normas y elaboraron estatutos separados. Jaime Humérez y Willman Durán, también fallecido, se esmeraron en elaborar un documento digno de profesionales, que sirviese de antorcha ética para los periodistas. Creo que la meta fue lograda, aunque pocos recuerdan la contribución de esas dos personas en la elaboración de un conjunto de normas que buscaban hacer la tarea periodística éticamente más confiable. Tal vez no sean muchos los que sepan, pero Jaime y Willman quemaron las pestañas en la concepción y redacción de las normas éticas del que guían a los profesionales  de las empresas bajo el alero de la ANP. Junto a Alberto Zuazo Nathes fui parte del Tribunal de Ética Periodística gestado por la ANP, el primero de esa institución.

Muchos años antes, Jaime fue un puntal del sindicalismo entre los periodistas, cuando alcanzó la dirección del Sindicato de Trabajadores de Prensa de La Paz y  luego la Federación de Trabajadores de la Prensa de Bolivia. Desde allí libró batallas siempre actuales para proteger la libertad de prensa,  a los periodistas y a los medios impresos acosados por tentaciones totalitarias.  Cochabambino egresado de la facultad de Derecho,  nunca ejerció la profesión, consecuencia de su inconformidad con una justicia mezquina y  con frecuencia tramposa. Jaime Humérez desarrolló  un camino profesional largo y señero, como pivote esencial de Presencia en los años en que el periódico pasó de semanario a diario, en 1958. Sus primeras páginas, que él mismo diagramaba con un inflatable lápiz Faber bicolor rojo-azul,  obedecieron a una concepción noticiosa atractiva para el público. Esas páginas, cuando la extension de un artículo se medía en centímetros y no en caracteres,  fueron muchas veces resultado de las jornadas nocturnas aliviadas con el sabor de un café tinto remachado por un Singani San Pedro.

Desde la jefatura de Redacción, Humérez coordinó y él mismo ayudó en el armado del diario de Che Guevara que el periódico decidió publicar de un envión y dejar en su rastro la hazaña de un tiraje de 134.000 ejemplares, todavía récord quizá imbatible del periodismo escrito boliviano. Con esa primicia, un verdadero ¨scoop¨, Presencia se anotó un poroto histórico que no dejó sobra para ningún otro diario, ni para los más fervientes medios del castrismo de aquella época. Lo que ellos habrían querido hacer, Presencia lo hizo, gracias a una combinación fortuita de episodios que hicieron que uno de los primeros ejemplares de la edición parisina llegara a la redacción. Esa madrugada fuimos varios los que nos hincamos sobre del pavimento de Editorial Lux para armar los cientos de páginas del documento. A esa incomodidad pueden ser atribuidos unos pocos errores de compaginación de esa edición.

A ratos veíamos a Jaime como un ¨toro¨. Incansable, a veces amanecía a la espera de las últimas noticias. Llegaba el alba con la satisfacción de haber cumplido la tarea, y aún con tiempo para ir el estadio Hernando Siles, donde las caseras escuchaban tertulias sobre la jornada que acompañaban a docenas de anticuchos consumidos por esos voraces comensales de las madrugadas.

Dotado de una paciencia excepcional, Jaime buscaba aclaraciones del redactor, corregía e indicaba cómo escribir mejor una noticia. Su letra menuda pero clara no representaba un gran esfuerzo para los linotipistas pues era muy  legible. Imponía su autoridad con una fuerza profesional que a nadie incomodaba. Jaime enseñó el camino para una buena redacción y entrenó en el buen olfato periodístico a muchos de las siguientes generaciones.  Tuvo a su cargo los diarios Hoy y Meridiano, en La Paz. Los cambios politicos, a menudo intempestivos, que ocurrían en Bolivia, lo llevaron a apartarse de Presencia. Fuera del periódico, incursionó en la internet con un blog: Bolivioscopio. Algunas de sus notas aún perduran en la red.

Su pasión por entender y construir Bolivia desde una óptica del Bien Común lo colocó entre los dirigentes del Partido Social Cristiano, antes de que se convirtiera en PDC. Inconforme con esa conversión,  refundó, junto a otras personas, el PSC original, pero el esfuerzo se diluyó en los períodos autoritarios que vivió el país.

La partida de Jaime cierra un capítulo del periodismo boliviano del que fue uno de sus grandes gestores. Fue parte destacada de una ¨belle époque¨ del perenne quehacer por forjar una sociedad mejor informada.   Le sobreviven su esposa Nelly y sus hijas Carole, Heidi, Marienka, Cecilia, Julieta, Karina y Claudia.

 

Un suplemento extraordinario

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Es el que registró este miércoles el diario caraqueño El Nacional, con artículos sobre la vida del comandante Hugo Chávez. Recomiendo la lectura del artículo de la periodista Cristina Marcano: La reinvención del caudillismo. A principios de la década pasada, la periodista encabezó un efuerzo editorial reporteril y escribió uno de los mejores ensayos que yo haya leido sobre el desaparecido comandante: Chávez sin uniforme. Sería interesante que las librerías bolivianas procuren ofrecerlo al público.

Inseguridad de los periodistas

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El periodista y agudo comentarista nacional  Humberto Vacaflor ha denunciado atentados solapados contra su vida y su familia. “Les aviso a todos mis amigos”, escribió en su cuenta en Facebook, tras informar que el jueves la puerta principal de su vivienda en Tarija fue baleada con munición de calibre militar. Hizo la denuncia ante la policía (Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen) como todo ciudadano obediente de los procedimientos legales. Y ¿saben qué le respondieron? Él nos lo dice en la breve información que ofreció en Facebook: “Me dijeron que les lleve al sospechoso”. Sería para lanzar carcajadas o para proclamar la notable eficiencia de la policía boliviana si no fuera que cunde la sospecha de que el balazo (el segundo contra su residencia, informó) es un mensaje intimidatorio que se extiende a toda la prensa y periodistas independientes. No me pregunten quién emite el mensaje, pero el pálpito que Ud. tiene es correcto.
La mejor defensa de Vacaflor es la difusión de las amenazas y mensajes intimidatorios de que es objeto él y su familia. Desde que hizo la denuncia, que exhibe la inseguridad bajo la que viven en Bolivia quienes se dedican a informar independientemente, el periodista ha recibido mensajes solidarios de numerosos colegas y amigos de todo el mundo.