Periodismo

Historia y literatura ausentes

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Tras leer ¨La Guerrilla que contamos¨, escrita por tres periodistas que trabajaron en el diario ¨Presencia¨ durante la guerrilla de Ernesto Guevara en 1967 y, días después, ¨La Guerrilla Inmolada¨, del general (r) Gary Prado Salmón, meditaba sobre la necesidad de estudiar la historia boliviana con mayor detalle. Esa guerrilla ha sido uno de los mayores episodios bélicos desde el surgimiento de la república, pero 50 años después del episodio no existe un relato oficial conocido por el público, salvo los ensayos que después escribieron algunos protagonistas, o algunas aproximaciones anecdóticas no exhaustivas alrededor del tema.

Divagaba sobre la idea y tropecé con una realidad gigante: en el país no existe una facultad que enseñe historia y literatura bolivianas como carreras  universitarias. ¨No hay licenciatura, mucho menos maestría. Quienes quieren estudiar nuestra historia o nuestra literatura con todo rigor deben irse al exterior, si tienen los medios para costearse la carrera¨, me dijo Jorge Órdenes, miembro de la Academia Boliviana de la Lengua y uno de los académicos que postula la creación de una facultad con todos sus kilates para esas disciplinas.

Se debe suponer que el episodio guerrillero figura en las clases de historia de la educación media y la pregunta inmediata es en base a qué se cuenta a los alumnos esa historia. La pregunta podría extenderse a muchos otros episodios de la historia nacional. Es legítimo sospechar que las respuestas resultarían limitadas por la ausencia de la carrera que defienden Órdenes y otros académicos.

La divagación llevó a otra verificación. ¨Presencia¨ es un hito trascendental del periodismo boliviano pero pocas personas conocen su historia. Muchos de los que forjaron esa historia ya fallecieron. Por los relatos parciales que se conocen, esa epopeya periodística ha tenido capítulos heroicos que carecen de un registro formal. ¿Será que ese pedazo de historia es enseñado en las aulas de ¨comunicación¨, nombre genérico en el que se involucra al periodismo? Y ¿en base a qué?

Ahora que llegan fechas que evocan eventos de hace medio siglo, se debe recordar que fue ¨Presencia¨ el primer periódico del mundo en publicar sin recargo y en una sola edición todo el diario de campaña de Che Guevara. Los cerca de 130.000 ejemplares son record boliviano, ahora imbatible con la tendencia de los medios escritos a ceder espacio a sus áreas digitales.

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Perlas de la libertad de prensa

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En la segunda semana de febrero, cuando la administración de Donald Trump aún se instalaba, The Washington Post y The New York Times trajeron la primicia sobre los vínculos extranjeros de un asesor de la Casa Blanca en seguridad nacional. En pocos días, el general (r) Michael Flynn era alejado de uno de los cargos más influyentes del mundo, en un sismo cuyos remezones demolieron el miércoles pasado el mandato del director del FBI, James Comey, y elevaron la adrenalina en la política estadounidense como pocas veces en su historia.
Es raro que un alto funcionario de la inteligencia o, mejor, del espionaje, sea relevado de modo tan sumario y que la noticia le llegue por un ayudante que le dijo que las pantallas a su espalda, en el salón donde dictaba una conferencia, anunciaban un hecho real y no una broma como creía: Trump lo había destituido.
Solo días antes, el mandatario había elogiado al funcionario, en un zig-zag de opiniones desconcertantes en las que Comey pasaba de repente de héroe a villano y viceversa, de ¨persona maravillosa¨ a ineficiente. Al despedirlo, el mandatario dijo que no hacía buen trabajo y que el FBI le había perdido confianza. Para su desazón, el director encargado tras la destitución encomió el trabajo del destituído y ante un subcomité que lo examinaba aseguró que la institución nunca le perdió confianza. Algo más grave parecía rodear el despido. El FBI investigaba, bajo el funcionario despedido, a qué grado habría llegado la supuesta interferencia informática rusa en las elecciones del año pasado en detrimento de Hillary Clinton y en favor de Trump.
Antes que Comey, la Procuradora General encargada, Sally Yakes, había tropezado con el mandatario al decidir que los fiscales a su cargo no apoyarían la orden genérica de bloquear el ingreso de ciudadanos de países musulmanes a USA porque era una orden illegal. Más tarde había tratado de llegar a Trump para exponerle el peligro de la presencia en su círculo más estrecho de una persona con fuertes vínculos con Rusia que, además, había trabajado para el gobierno turco, del que había recibido honorarios cuantiosos. Le iba a hablar de Flynn. Fue un esfuerzo suicida pues acabó dimitida. Al igual que Comey, Yakes supo de su despido de modo indirecto: por los medios.
Todavía en desarrollo y en suspenso creciente, estos episodios han llegado al público con gran detalle gracias a los medios informativos estadounidenses, que estos meses evidencian su valor en sociedades modernas y abiertas, donde son considerados como expresión de un derecho primario. Para los demócratas, la tarea investigativa rigurosa y profesional de los medios es el mejor antídoto contra autocracias, dictaduras y cualquier sistema de naturaleza prorroguista.

El ¨plan Cuba¨ de los medios

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Preparar ediciones para el día en que Fidel Castro muriese fue un trabajo desafiante y agotador para los medios  más interesados en el tema. Elaborar obituarios sobre personajes destacados es una rutina en la mayoría de los periódicos, pero otra cosa es cuando se trata de personalidades que han influido de manera directa sobre tantas personas en muchos lugares del mundo y la actualización del material elaborado debe ser constante. Fue el caso de Castro. The New York Times, el diario global más influyente y comentado del mundo, y The Miami Herald, el medio impreso preferencial para los latinos en Miami y otras grandes ciudades, tomaron la mision a conciencia.
Aminda Marqués González, del Herald, redactó la nota sobre algunos rasgos de cómo el periódico se había preparado durante más de dos décadas, y eso obligaba a una atención máxima. El acontecimiento ¨sería una gran historia para Miami y, por extension, para el Miami Herald¨, escribió. Ante cualquier eventualidad, al menos media docena de editores llevaba consigo una copia impresa del plan (hasta la llegada del Google.Doc) y, si ocurría el desenlace, reporteros y fotógrafos tenían asignadas misiones específicas para cumplir: entrevistas, descripción de reacciones en la calle, comentarios de personalidades, en fin, todo cuanto se podia prever. Las instrucciones eran estrictas para el momento de entrar en acción. Los feriados, fines de semana y vacaciones concedidas a los editores estaban condicionados a un cambio inmediato de órdenes si Castro moría. En ese caso, todo lo demás sería secundario y deberían actuar ¨de acuerdo al plan¨.
¨Siquiera una vez al año -escribió la periodista- los rumores de que Fidel Castro había muerto entraban como a la redacción como un turbión. Sin comunicación con Cuba, los periodistas tenían que recurrir a todas sus fuentes para confirmar o negar la version. El rumor sería abatido después por cualquier fotografía, discurso o una imagen televisiva. Las falsas alarmas se sucedían una tras otra. Y cada vez revisábamos el plan para ajustar la cobertura, actualizar notas y asignar nuevas tareas¨. Al principio, el plan llegó a tener 60 páginas.
The New York Times se había preparado con una meticulosidad equivalente a la magnitude de la noticia. Tenía una nota desde 1959, el año en que Fidel Castro ingresó triunfante a La Habana, y el obituario consumió más horas de trabajo que cualquier otra pieza informativa similar. Los esfuerzos culminaron con una de las notas más extensas del periódico sobre un personaje: más de 8.000 palabras con la firma de Anthony de Palma, un tiempo entre las estrellas activas del periódico y ahora jubilado. Dejó la nota escrita antes de retirarse, en 2008, y en ella se insertaban modificaciones y nuevos encabezamientos.
En 2006, ante uno de los rumores más insistentes sobre la muerte del líder cubano, el obituario estuvo a punto de ser lanzado. Pero el rumor, como tantos otros, era falso y la nota continuó en el congelador. Fidel sobrevivió a todos los rumores, inclusive a los formatos impresos y digitales que guardaron el obituario de los primeros años. Siete años antes de su muerte ya había desaparecido el programa de Mac sobre el que estaba diseñado al comenzar el siglo.
Uno de los párrafos del obituario, donde cada miligramo de las palabras tiene peso específico, decía:
¨Castro fue quizá el líder más importante en América Latina desde las guerras de la independencia a comienzos del Siglo 19. Por cierto, fue el escultor más importante de la historia cubana desde que su héroe José Martí luchaba por la independencia cubana a fines del Siglo 19. La revolución de Fidel Castro transformó la sociedad cubana y tuvo un impacto más amplio en la región que cualquier otra insurrección latinoamericana en el Siglo XX, con la posible excepción de la Revolución Mexicana¨. Agregaba: ¨Su legado, en Cuba y más allá, ha sido una combinación de progreso social y pobreza abyecta, igualdad racial y persecución política, avances médicos y un grado de miseria comparable a las condiciones que existían en Cuba cuando ingresó a La Habana como comandante guerrillero victorioso en 1959¨.
Muchos otros medios estuvieron menos preparados. Algunos la ignoraron en sus primeros momentos y después corrieron detrás del resto del mundo con la noticia. En esos segundos de suspenso, algunos no la registraron, quizá dominados por incredulidad o por falta de un comando que les ordenase divulgarla. Informes desde La Habana decían que el diario oficial del Partido Comunista Cubano Gramna había ¨colapsado¨, lo mismo que Juventud Rebelde, el otro órgano oficial.
Eso significaba que las voces oficiales de Cuba no estuvieron accesibles para el público durante los momentos iniciales más críticos de la noticia, que en segundos cundía las redes sociales, los noticieros de la TV y los diarios corrían con detalles sobre lo que acababa de ocurrir.

nota: Aclaro el primer párrafo: se trata de los medios más interesados o vinculados al tema.

Ante un gran vacío

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Don Pedro Rivero Mercado (19 de octubre 1931-13 de Junio 2016) se fue esta madrugada en medio de la desazón de quienes lo acompañaron a lo largo de tres generaciones, en especial de quienes se nutrieron de sus enseñanzas y aprendieron de su empeño en informar que lo llevó a construir El Diario Mayor, a cuya cabeza estuvo mientras la vida le dio aliento.

Sabíamos que don Pedro estaba en coma desde hacía varias semanas. Pero sus amigos numerosos en todo el país resistían creer que se iría. Ahora lo ha hecho pero queda su legado de periodista recio y luchador en todo tiempo y estación.

En el mundo periodístico pocos emergieron con el olor a tinta de imprenta calado en los poros como Pedro Rivero Mercado. Estuvo en el quehacer de su vida más de 60 años y conoció al detalle todas las etapas y escalones de la profesión que abrazó, desde la linotipia hasta el armado electrónico, desde la cobertura informativa hasta la redacción de opinones y editoriales.

Ahora que este hombre de letras y diplomático ha partido, parecería que sus largas semanas en el lecho de terapia intensiva fueron para despedirse de manera que todo el mundo supiera que se estaba yendo. Quiso decir adiós a todos sus amigos y colegas, probablemente de la manera jovial y a la vez austera que lo caracterizaba. Eso explicaría su extraordinaria resistencia en la última batalla. En el universo periodístico se ha abierto un gran vacío.

Los sentimientos de luto y de ausencia que cundieron en Santa Cruz y en la familia periodística boliviana fueron reflejados en los miles que habían desfilado hasta esta noche por la sala funeraria Las Misiones donde los restos del patriarca del periodismo eran velados. De allí partirán el martes a su sepultura en el Cementerio Norte de Santa Cruz.

 

Periodistas y robots

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Las noticias sobre el avance de la robótica llamaban la atención cada vez menos. Inclusive la noticia de que productores de comida rápida iban a utilizar “drones” para las entregas surgió, llegó y se fue. Sin embargo, cuando hace poco The Associated Press anunció que estaba asignando a robots la tarea de procesar los informes trimestrales de las empresas con relevancia en las bolsas de valores, pareció que los periodistas estaban ante la ruptura de un límite. La base de la novedad está en un programa que convierte en información periodística los resultados de la gestión de una empresa. La AP podrá ahora procesar 14 veces más el volumen de información que antes producían los redactores. ¿Empiezan los “chips” a substituir inexorablemente el trabajo del reportero y del editor?

La noticia causó revuelo, especialmente entre los medios menos informados sobre la evolución de la robótica. Un trabajo de The New York Times expuso hace un tiempo los cambios dramáticos en la industria y comparaba la fuerza de trabajo de Philips en Holanda y de su filial en China. Miles de empleados en China tienen como rivales en Holanda a una docena de robots que trabajan tres tunos y siete días por semana.

En el mediano y largo plazo los ahorros son enormes. La robotización acelerada ha sido una de las respuestas del capitalismo al uso intensivo de mano de obra barata que incorporó a China y a la India al club de los gigantes de la economía mundial y un freno al desplazamiento de líneas productivas hacia países asiáticos. Si se puede producir en terreno propio en forma masiva y barata, ¿por qué irse tan lejos?

Lou Ferrara, vicepresidente y gerente ejecutivo de la AP, trajo la respuesta. Apartar a los redactores del trabajo sobre los informes empresariales responde a una estrategia para incorporar más fuerza inteligente al reportaje y la investigación, el alma del buen periodismo.

El paso dramatiza el avance de la inteligencia artificial, pero subraya sus limitaciones ante la inteligencia humana que la dirige. Una historia bien elaborada, compacta, con verbos precisos y adjetivos oportunos no será substituida por la interpretación mecánica de datos. Ningún programa habría equiparado la destreza de Joe McGowan, de la AP, cuando a mediados del siglo pasado, tras revisar los datos de su fuente, anunció al mundo que la tragedia del callejón de Huaylas en Perú había matado a miles y no sólo a pocas decenas. O menos a Isaac Levi, cuando inició la nota que, en 1974, plena guerra fría, cambiaba políticamente a ese país: Tanques rusos T-55 irrumpieron en las calles de Lima para sofocar una rebelión policial, etc.

En verdad, la vieja libreta de notas y la información digital, fuerzas tradicionales y modernas, se dan la mano, como en otros momentos críticos de la historia.

Ojo de editor: Malas costumbres

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Hay muchas maneras de cansar a los lectores y de apartarlos de un tema que podría ser importante o inclusive interesante. Es el recurrente ejercicio del no periodismo cuando las entrevistas se convierten en una manera cómoda de llenar espacios. Preguntas seguidas de la respuesta del entrevistado son una forma excepcional de presentar al lector una cuestión importante. Pero hay que tener cuidado para no caer en la monotonía y dejar al lector el trabajo que deben hacer el periodista y el editor: desmenuzar el tema y rodearlo de antecedentes para presentar una versión amena. Veo que esta forma pesada de informar se ha vuelto común en Bolivia -y en la mayoría de los países hispano-parlamentes. Detrás suele estar agazapada la incapacidad de convertir el tema que tratan las respuestas del entrevistado en una crónica agradable, legible de principio a fin.
Agarren Uds. su diario favorito de este domingo y recorra sus páginas. Vea cuánto espacio está cubierto por este tipo de trabajo. Un feriado reciente conté seis entrevistas pregunta-respuesta en un periódico ¿Será que hay tanta paciencia en los lectores para deglutir semejante dosis? A menos que el personaje sea alguien extraordinario, de ideas y lenguaje fluidos, cuyas palabras son importantes y las dice sin provocar tedio; que logra mantener la atención en todo momento y que el público no necesite de antecedentes para identificarlo… Esos personajes son muy raros, ustedes convendrán. En todo caso, deberían ser una excepción en el material que se presenta al lector.
Nada substituye una crónica bien armada, que contextualice con habilidad las ideas que expresa el entrevistado. Llevar un ramillete de preguntas para que el entrevistado las responda implica varias cosas. La primera es entregar injustamente al entrevistado el trabajo que debe hacer el reportero. Eso puede representar una abdicación profesional. La segunda es someter al lector a un suplicio cuando tiene que llenar los contextos y vacíos que deja un trabajo de cuestionario. Ese trabajo de cobertura de contextos y vacíos corresponde al redactor, no al lector. Esta monotonía ocurre con todas publicaciones que recurren a esa forma barata de escribir (o de transcribir), inclusive en folletos.
Creo que hay que empezar a decir !cuidado! con esta manera de informar (o desinformar).

Caballero de la información

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Oscar Peña Franco fue un caballero en todo sentido, especialmente en el ejercicio abnegado de su profesión de periodista. Las notas periódicas que escribía en medios nacionales fueron una prueba de equilibrio en el mar a menudo agitado de los sucesos políticos nacionales y regionales. En un medio en el que abundan los que se creen profetas y dictaminan que desparrama quien no está con determinado personaje, los mensajes de este periodista empeñado en juntar antes que dispersar fueron apaciguadores. Murió el domingo pasado, 21 de julio, a los 73 años, cuando fueron vanos los esfuerzos para contrarrestar a dolencia hepática que lo venció.
Se destacó en su profesión que lo llevó a ocupar cargos directivos importantes en medios nacionales. Asumió el Ministerio de Información para defender desde las tribunas al gobierno más inerme durante los intentos fallidos para restablecer la democracia entre 1978 y 1980. Sufrió, como muchos de sus colegas, cuando irrumpió la dictadura de García Meza-Arce Gómez, patrocinada por la facción más derechista del ejército argentino. Lo apresaron a empellones en el Palacio de Gobierno y lo pegaron con saña en el Estado Mayor. Salió a Argentina y alli también alcanó posiciones destacadas en los medios que lo contrataron.
Al retornar la democracia a Bolivia, su conducta fue pacificadora. Sus modales de moderación y la prevalencia de sus buenos modales se juntaron para conferirle un perfil diplomático que llevó a su nombramiento como Embajador en la Habana. Volvió a La Paz y al poco tiempo se reinstaló en Santa Cruz. Estuvo varios días en una clínica antes de optar por la decisión, ayudado por sus esposa Roxana Viscarra, de transcurrir los últimos días en su casa. Con él se va una voz crítica y serena del periodismo boliviano.