Penurias

Gritos de Venezuela

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Para esta semana está prevista una reunión del Grupo de Lima, compuesto por 12 naciones de la region aferradas a la esperanza cada vez más tenue de alcanzar una solución menos violenta para las tribulaciones de Venezuela. Es un nuevo esfuerzo para desatornillar a Nicolás Maduro y al Socialismo del Siglo XXI del poder al que tienen sometida a la patria de Bolivar desde hace dos décadas. Nunca un país ha sufrido tantas penurias en tiempos modernos ni ha quedado tan a la vista el fracaso cruel de una ideología que intentó igualar a una sociedad a costa de ¨desigualar¨ a todos, salvo a la exigua cúpula gobernante que creció hasta volverse rectora implacable de los destinos de los venezolanos.

No se espera gran cosa de la cita de los doce países, entre los cuales no milita Bolivia, cuyos gobernantes son aliados de Maduro y su régimen. La cita, sin embargo, puede parecer parte de un réquiem para las izquierdas marxistas que encumbraron a Hugo Chávez y a Maduro. Son muchos los observadores convencidos que, acabado el régimen venezolano, pasarán muchas décadas antes de que vuelva a surgir un fenómeno politico similar, si es que resurge alguna vez, como el encarnado por ese tipo de socialismo.  En ese diagnóstico está gran parte de la explicación para la obstinación de los socialistas del Siglo XXI por aferrarse del poder con dientes y uñas, pues la caída de Maduro puede catapultar la de otros regímenes. Razonando ¨en grande¨, Bolivia, incómoda con la ruta siniestra que ha seguido el vecino venezolano, quedaría sin referencia alguna en el continente, Nicaragua perdería el apoyo todavía substancioso que le brinda el petróleo venezolano, y Cuba se vería privada del puntal económico que le ha permitido resistir la hostilidad de Estados Unidos. China, Rusia e Irán podrían concluir que sus esfuerzos por mantener a flote a Maduro han sido insuficientes ante el descalabro que quisieron ayudar a evitar.

Los últimos tres años han puesto al descubierto la escala del desastre. Personas disputando con los perros los desechos de la basura, hospitales  sin medicinas ni aparejos médicos, estantes vacíos de los supermercados, hileras de amas de casa para comprar cualquier alimento,  electricidad inexistente en muchos lugares del país que veinte años antes desbordaba de energía, una diáspora de al menos cuatro millones de personas que han salido del país, una hiperinflación indetenible, para Venezuela se han agotado los términos capaces de describir penurias en masa.

Este lunes, se conmemorarán 60 años de la caída de Marcos Pérez Jiménez, quien rigió Venezuela con mano de hierro de 1948 a 1958. Una fracción del ejército se rebeló con un movimiento que incendió los ánimos reprimidos de la población y en poco tiempo el dictador estaba en fuga rumbo a España, donde murió años después. El aniversario era recordado con festejos en toda Venezuela, orgullosa de haber puesto fin a la dictadura e instaurado un régimen de libertades democráticas que anunciaba, por fin, el advenimiento de una sociedad moderna. La fecha pasa desapercibida, a la sombra del régimen a cargo de Maduro.

Algunos no la olvidan. La efusiva coordinadora de Vénte Venezuela, María Corina Machado, ha anunciado en Caracas tributos públicos a la gesta de hace seis décadas. No será fácil que los encuentros que se realizan en República Dominicana ignoren la fecha ni los clamores manifiestos en Venezuela por un cambio.

La truculencia que ahora caracteriza al régimen sumó una página más, con la ejecución de Oscar Alberto Pérez, el ex funcionario policial alzado en armas contra Maduro.  Transcurrida una semana del episodio, en el que Pérez y otros compañeros fueron abatidos por la Guardia Nacional que los había cercado y que ignoró la rendición de los alzados, el gobierno mezquinaba la entrega de los restos.  Al concluir la semana, el régimen pretendía ignorar el repudio que concitó su manejo del episodio.

Muerte de un ruiseñor

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Aquel día de fines de enero de 1985 toda Venezuela se detuvo y miles se llevaron la mano a la garganta para sofocar sollozos emocionados con la voz de un niño que le cantaba a Juan Pablo II. La voz inocente de Adrián Guacarán llegó a todos los rincones de Venezuela que, en los ocho minutos de la balada ¨El Peregrino¨, se sintió sobrecogida por una emoción misteriosa como si de repente un portento milagroso llegara al país. Las imágenes de esos momentos resumieron la visita del Pontífice, que quedaron registradas como uno de los momentos más felices de la sociedad venezolana. Sin hipérbole, desde el barrio gigante de Montalbán, al oeste caraqueño, la voz del niño de 12 años vibró en cada rincón venezolano.

Adrián Guacarán murió el jueves, a los 44 años, arrastrado por el turbión de penurias que agobia a la sociedad venezolana. Padecía de insuficiencia renal que no pudo tratar por la escasez de medicinas que mata a centenas de venezolanos bajo un estadística macabra que solo crece.  El miércoles murió una paciente con transplante renal, 15 días después de recibir un riñón. Su organismo resistió esas dos semanas sin inmunosupresores , inexistentes en el sistema de seguros. Días antes, otra paciente murió horas después de haber denunciado que llevaba tres meses  sin recibir las medicinas necesarias luego de un transplante.  Cada día mueren niños venezolanos por hambre o por falta de medicinas o desnutrición. La Sociedad Venezolana de Puericultura y Pediatría calcula que en 2016 murieron 11.466 niños, un tercio más que el año anterior. Eso representa más de un niño por hora. El dato expresa la tragedia que se ha abatido sobre el que años atrás figuraba como el país más rico de América Latina y entre los más optimistas del mundo.

Solo en un hospital de Guaiparo, un barrio de San Félix, al sur venezolano,  habían muerto 41 niños en los primeros nueve meses del año. En ese mismo lugar se han vuelto rutina los alumbramientos en el suelo.

Guacarán es la segunda figura del mundo artístico venezolano  que muere a la sombra de responsabilidades del gobierno que preside Nicolás Maduro.  En mayo, un balazo  en la cabeza disparado desde la Guardia Nacional, la temible policía del regimen venezolano, cortó la vida de Armando Cañizales, un joven de 17 años, parte de uno de los grupos musicales más famosos de Venezuela. La tragedia llevó al renombrado director de orquesta Gustavo Adolfo Dudamel a reclamar la atención de Maduro  hacia las necesidades diarias queesos días  tenían a miles de venezolanos en las calles protestando contra el gobierno. El reclamo fue una ruptura del director musical con Maduro y su régimen.

Son constantes en las redes sociales los pedidos de auxilio a favor de pacientes urgidos de medicinas. Un dirigente chavista conocido hizo hace unos días un pedido al presidente Maduro, al Instituto Venezolano de Seguro Social y a la Asamblea Nacional Constituyente, designada a dedo por el gobierno, para que le faciliten medicinas para combatir la hemofilia que amenazaba la vida de su hijo de cuatro años. ¨No sigan permitiendo más muertes¨, escribió Juan Carlos Prado, citado por el diario El Nacional. El propio Guacarán había escrito en su muro días antes de morir: ¨Saludos a todos. Soy Adrián Guacarán. Solicito con urgencia para mí Aldactone de 100 mg. Dios le pague¨. El mensaje fue registrado a las 07:56 del 6 de noviembre. Una señora fue hasta el hospital y donó cuatro unidades de albúmina, pero fueron insuficientes para los volúmenes que el paciente necesitaba.

La descomposición de todos los tejidos sociales, políticos y económicos de Venezuela ha sido lograda en un tiempo relativamente breve: en los 18 años transcurridos desde que se instaló el Socialismo del Siglo XXI.  Sociólogos y analistas políticos apuntan a tres causas para ese récord: Populismo, corrupción e ignorancia.  Con las tres, combinadas en cualquier orden, los líderes venezolanos parecen haber compuesto una receta mortal de cómo acabar con la prosperidad de un país y, en algunos sectores como salud, lograr que retroceda décadas. Epidemias como la malaria y la difteria, hace tiempo erradicadas, se han vuelto una amenaza que lllega hasta países limítrofes como Brasil y Colombia.

Todas las empresas del estado están fallidas, inclusive Pdvsa, que antes del ascenso del Socialismo Siglo XXI era, junto a la Exxon, uno de los conglomerados petroleros más ricos del mundo. Hoy está ahogada, entre otras causas por el peso de una deuda externa de 70.000 millones de dólares. (Es irresistible la comparación con las empresas públicas de Bolivia, pupila por excelencia del Socialismo Siglo XXI, donde, que se sepa , salvo YPFB, todas las empresas públicas trabajan a pérdida, resultado de un principio entre los socialistas criollos que privilegia la generación de empleo por parte del Estado sin cuidar de la competencia y los buenos resultados.)

Es posible que para el régimen de Maduro y para los dos o tres que le tienen simpatía en el continente, la muerte de Guacarán no diga gran cosa. Las muertes por hambre y falta de medicinas son ya una realidad cotidiana, pero las gotas pueden acabar en turbiones y éstos arrastrar todo a su paso, una lección que parece aún no aprendida del todo por los regímenes sobrevivientes del experimento socialista Siglo XXI.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com