Ortiz

Un nuevo vendaval

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A menos de ocho meses del naufragio de la causa marítima en la Corte Internacional de Justicia, el país empieza a batallar ante un nuevo vendaval diplomático, con la presentación de alegatos y contraalegatos en torno a las aguas del Silala, que corren a más de 4.000 metros de altura en las tierras áridas y frías de la región fronteriza con Chile. Bolivia consideró históricamente esas aguas como un manantial dentro de territorio boliviano, en tanto que Chile, al asomar la disputa sobre la soberanía del curso, empezó a denominarlas como río, cuyo recorrido empieza en Bolivia para seguir un curso descendente y conformar el que llama “río internacional”. Para los bolivianos no fue la naturaleza, sino desvíos artificiales construidos por Chile en el recorrido de las aguas que durante muchos años alimentaron la maquinaria a vapor de los ferrocarriles del norte chileno, los que le dieron su configuración actual.

Chile elevó la disputa ante la Corte Internacional de Justicia hace tres años, cuando todavía arreciaba la zanjada el 1 de octubre del año pasado con el dictamen de que Chile no está obligado a negociar con Bolivia una salida al mar. El paso chileno vino tras el anuncio de autoridades del Gobierno boliviano de que se disponía a presentar una demanda ante la corte mundial. Chile no esperó y se adelantó. El pasado miércoles 15 entregó su réplica a Bolivia, que había contestado la demanda inicial con una contra-demanda. Nuestro país podrá replicar dentro del plazo que le fije la CIJ y, a partir de ahí, se juegan los descuentos, en un proceso que presumiblemente se extenderá hasta el próximo año.

La “ronda Silala” ha creado ansiedad entre diplomáticos bolivianos, algunos temerosos de que el país no esté lo suficientemente preparado como para emprender la nueva batalla. Ellos se consideraron sorprendidos por la demanda chilena, precipitada, según creen, por la ligereza de altas autoridades mucho antes de que acabase el pleito mayor.

La ansiedad creció ante declaraciones descuidadas del presidente Morales, quien en una conferencia de prensa en el Palacio de Gobierno hace unos días, dio a entender que Bolivia podría perder el nuevo pleito. Esa sensación surgió cuando subrayó que más agua entra a Bolivia desde la cordillera chilena que la que se va al vecino país por el Silala. “Mejor es dialogar”, dijo, y enigmáticamente agregó: “Ustedes imaginarán cómo serán los resultados”.

Para muchos, el presidente intentaba curarse en salud, pero sin medir la magnitud de su palabra como jefe de Estado. Una cosa es que haya sectores de opinión temerosos de los resultados del “pleito Silala” y tengan ideas semejantes, y otra es que el jefe del Estado las deje deslizar.

Óscar Ortiz, senador y candidato emergente de Bolivia dice No, cargó contra el Gobierno y anunció una ofensiva que empezaría con una interpelación legislativa oral al canciller “por el desastre de octubre y lo que puede pasar con el Silala”. “Nos están llevando a un nuevo desastre en La Haya”, previno.

Como es comprensible, el Gobierno también debe estar ansioso. Siente la diferencia entre los ánimos que circulaban antes del 1 de octubre y los que se sienten estos días, así como lo valioso de la enseñanza popular de no cantar glorias antes de la victoria o, quizá mejor, a lo irlandés: La lengua fue hecha para estar detrás de los dientes.

Estertores del Juicio del Siglo

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El mayor juicio penal de la historia boliviana está rumbo a quedarse sin acusados encarcelados, tras la decisión de una corte de La Paz de otorgar detención domiciliaria a Svonko Matkovic Ribera, el joven cruceño cuyo registro en el celular de Eduardo Rózsa Flores para confirmar un pernocte campestre disparó las sospechas del ex fiscal Marcelo Soza que le costaron ocho años de cárcel y extorsiones sucesivas por 90.000 dólares a su padre Svonko Matkovic Fleig. La salida inminente de la prisión de Palmasola por parte de Matkovic, dejará en las celdas del penal solamente a dos de los 39 que figuraron inicialmente en la lista de acusados del ex fiscal Marcelo Soza con la que el ex magistrado mantuvo en vilo e incertidumbre a cientos de personas y familias en Santa Cruz y Beni.

Al retornar a Santa Cruz el miércoles por la noche tras la audiencia que determinó su salida del penal de Palmasola, el joven Matkovic celebró que nunca se doblegó a las presiones para someterse a un ¨juicio abreviado¨ que habría significado admitir culpas en la trama que sostiene el gobierno, y que salía de la prisión sin haber negociado su nueva condición. Vicepresidente del Comité pro Santa Cruz, Matkovic pasa en Palmasola los primeros días bajo su nuevo estado, contando las horas para concluir los trámites y trasladarse a casa de sus padres. Se anticipa que será foco de atención nacional el lunes, al reiniciarse las audiencias del Juicio del Siglo radicado en Santa Cruz desde hace seis años.

Cuando Matkovic deje Palmasola, en el penal solo quedarán los ex dirigentes de la Unión Juvenil Cruceñista Juan Carlos Guedes y Alcides Mendoza Masavi.

El juicio se reabrirá en medio de especulaciones sobre qué llevó a la sala penal de La Paz a dictar detención domiciliaria Para Matkovic, después de que ese beneficio fuera negado en 20 ocasiones a lo largo de los años que el dirigente cívico ha estado preso. En un ambiente de desconfianza sobre la imparcialidad e independencia de la justicia en Bolivia, la pregunta parece pertinente. El mismo joven Matkovic explicó que su salud sufría un fuerte deterioro, con una hernia de disco y una cirugía en la rodilla que amenazaban con privarlo de caminar. Citando esos malestares había planteado una nueva petición de amparo a principios de enero que fue negada por el juez del Tribunal Primero de Sentencia Sixto Fernández, la juez técnica Julia Elena Gemio y las ciudadanas Sonia Mamani y Anastasia Callisaya, todos de La Paz.

Abogados defensores y analistas trataban de descifrar estos días qué determinó el cambio de posición. En un marco mayor, una referencia sería la necesidad de aliviar la carga que lleva el gobierno, en particular el presidente Morales, de acusaciones que lo presentan como irrespetuoso de los derechos humanos, y de someter a la justicia. En ese plano, sería importante subrayar la imagen exterior que ofrece el gobierno, ahora distante de la que ostentaba en los albores de su administración, como representante desguarnecido de un sector indígena mayoritario negligido y abusado. Nadie negaría que en la imagen actual del presidente ahora están instaladas violaciones a los derechos humanos, desde Chaparina y el Hotel Las Américas, y casos notables de corrupción. Al lado de ese cuadro se dibuja la quiebra del Socialismo del Siglo XXI, con el que sintoniza el gobierno boliviano y que languidece con el naufragio de Venezuela. Nicolás Maduro, identificado con raras excepciones como un dictador de quien los líderes democráticos se alejan, fue ¨desinvitado¨ a la Cumbre de las Américas a mediados de abril en Perú y estará ausente de la posesión de Sebastián Piñera dentro de pocos días en Santiago. En todo este panorama, el aflojamiento de la prisión de Svonko Matkovic Ribera sería un paso para mostrar una imagen diferente del presidente Morales que ayude a restituir la que tenia hace una década.

Otros politicos y analistas creen que tal apreciación sería tardía y exigua. ¨Ha sido solo un pequeño paso. No es justicia. Debería estar libre¨, dijo el expresidente Jorge Quiroga en tanto que el senador Demócrata Social Oscar Ortiz dijo que todo el juicio debería ser anulado. El ex prefecto de Santa Cruz, Francisco Aróstegui, disparó más municiones. ¨Entre la justicia y la apariencia hay mucha diferencia. Podrán decir muy sueltos de cuerpo, como nos quieren acostumbrar, que dar libertad a un ciudadano después de ocho años de prisión es justicia. Si dar libertad para cambiar la autoritaria imagen del presidente, es un frío cálculo que deja maltrecha a la justicia… la usa para mostrar un fingido rostro humano¨.  Al llegar a Cumaná, en el oriente venezolano, el presidente declaró que él impartió la orden para la toma del hotel.

Tras la salida de Matkovic Ribera de Palmasola, ¨como quise, sin negociar y sin echarme la culpa¨, quedan aún presos los ex dirigentes de la Unión Juvenil Cruceñista, Juan Carlos Guedes y Alcides Mendoza Masavi, los primeros en ser arrestados tras el asalto al hotel. Sobre Guedes pesa la acusación de ser comerciante de armas encargado de proveerlas al supuesto movimiento separatista que el gobierno atribuye a Eduardo Rózsa Flores. La única evidencia para sostener la acusación, que coloca a Guedes entre los grandes traficantes de armas, es una vieja pistola sin cacerinas que vendió a Rózsa con la que éste iba a capitanear la rendición del ejército boliviano. A Mendoza se le atribuye un papel central en la trama por su condición de dirigente juvenil y contactos que tuvo como tal. Aún guarda las secuelas de las golpizas que recibió, tiene dificultades para caminar y lo hace apoyado en un bastón.

Desde sus inicios en Santa Cruz el panorama del juicio ha cambiado. El fiscal acusador, Marcelo Soza, huyó del país y está refugiado en Brasil. Y la unidad policial que tomó el hotel por asalto, fue disuelta.

Matkovic Ribera abogó por la libertad de sus compañeros, que han recurrrido a organizaciones de derechos humanos. Con ellos también fuera del penal, el mayor proceso penal de la historia boliviana perdería sostén. Resultaría extraño hablar de un complot separatista y planes terroristas en Bolivia con ningún acusado preso en la cárcel. Los demás están defendiéndose en libertad y bajo arresto domiciliario o sentenciados pero ya libres, pues pasaron tanto tiempo en la cárcel que, a esas alturas, gran parte de la condena que recibieron ya estaba cumplida.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com