Ortega

Nicaragua también ¨desinvitada¨

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Este domingo, el presidente electo de Brasil Jair Bolsonaro, quien jurará al cargo el 1 de enero, decidió ¨desinvitar¨ a las ceremonias de inauguración en Brasilia al presidente de Nicaragua Daniel Ortega. La decisión configura una secuencia de ¨desinvitaciones¨ que afecta también a Cuba y Venezuela, y reafirma la alianza estrecha del nuevo presidente brasileño con los Estados Unidos y su presidente Donald Trump.

Las ¨desinvitaciones¨ (retiro de la invitación ya cursada) subrayan  la política exterior que seguirá Bolsonaro, equidistante de la que abrazan los países ¨desinvitados¨, que militan en el Socialismo del Siglo XXI  que, con apoyo  cubano, puso en marcha el fallecido comandante Hugo Chávez Frías a comienzos de siglo.

La noticia circulaba profusamente en las cancillerías de la región y en las redes, que subrayaron la declaración del futuro canciller Ernesto Araujo en su cuenta twitter, en la que anunciaba el marginamiento de Nicaragua de las ceremonias de posesión.  El diario nicaraguense La Prensa, anunció que Ortega  no será recibido por la nueva autoridad brasileña debido a las violaciones a los derechos humanos cometidas por régimen nicaraguense contra sus ciudadanos.

Los tres países excluidos forman, junto a Bolivia, el bloque socialista Siglo XXI del continente.

La cancillería brasileña cursó, inicialmente, invitaciones a todos los países con los que mantiene relaciones diplomáticas. Pero, a pedido de las autoridades entrantes, retiró las invitaciones a Venezuela y Cuba. Este domingo amplió el retiro a las autoridades de Nicaragua.

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Lemings del Siglo XXI

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Los signos no dejan lugar a dudas y despellejan la realidad de un ciclo que llega al final. La ex presidente Cristina Kirchner está a un paso de ir a la cárcel, en medio del asombro de muchos argentinos que no sospechaban de la trama de corrupción que bajo sus narices se tejía. El camino de la ex presidenta hacia la prisión ya fue seguido por Luiz Inacio Lula da Silva y Ollanta Humala. De Fernando Lugo casi nadie se acuerda y a Rafael Correa la justicia le pisa los talones. Tras 23 años con el poder presidencial y presionado por una insurrección cívica, Daniel Ortega no encuentra a dónde ir. Otros de su misma línea en el continente presienten que el final se acerca inexorable y temen correr la misma suerte.

Surgido como una oportunidad de redención tras el fracaso monumental del socialismo real que se instaló durante 72 años en Rusia, el Socialismo del Siglo XXI luce en crisis terminal. Muchos analistas creen que, a menos que reorienten la ruta drásticamente, los sobrevivientes de este prolongado tsunami marchan hacia el final suicida hasta hace poco atribuido a los lemings de Europa del norte. No se conoce de ninguna banda musical auténtica que los acompañe pues el entusiasmo que consiguió congregar alrededor de sus postulados ahora languidece. Los sostiene una esperanza azarosa de que en algún momento la fortuna política les vuelva a sonreir.

El sistema que colapsa también trepida más allá de los límites geográficos inmediatos. Ahora afecta al nervio esencial del socialismo en su segunda versión, Cuba, que también siente que transita un retorno a los tiempos temibles del ¨Período Especial¨ que sobrevino tras la caída de la Unión Soviética, que durante 30 años mantuvo la economía de la isla a razón de unos cinco millones de dólares diarios. Fueron años de grandes sacrificios para los cubanos, en los que hasta los bueyes compensaron la falta de energía que derivaba del petróleo, que en trueques y a precios reducidos, recibía de los soviéticos. En un determinado momento, una legión de 200.000 bueyes arrastraba arados, tractores y propulsaba moliendas de azúcar. La fortuna, sin embargo, aún estaba del lado del régimen de los hermanos Castro.

Hugo Chávez Frías fue ungido presidente tras ganar las elecciones de 1998. Recibió la banda presidencial del mandatario que lo había amnistiado años atrás, Rafael Caldera, cumbre del socialcristianismo mundial. El comandante estuvo dos años en la cárcel del Yare, a unos 70 kilómetros por carretera desde Caracas, donde fue recluido tras la intentona golpista de 1992. Libre, empezó su escalada democrática hacia la presidencia.

En el joven mandatario Cuba encontraría el respaldo económico que perdía con el hundimiento soviético. A Cuba llegaban hasta hace poco unos 90.000 barriles diarios de crudo entregados en condiciones preferenciales y que la isla procesaba o vendía directamente a clientes. Esa cantidad se ha ido reduciendo a medida que la empresa estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) también entraba en una crisis sin precedentes y retrocedía en más de medio siglo.

La producción petrolera ahora está en alrededor de 1,5 millón de barriles diarios; las refinerías se paralizan por falta de repuestos y mano de obra calificada, y en ese declive las entregas subsidiadas a Cuba y otras islas del Caribe han sido afectadas o desaparecido por completo.

Los observadores subrayan que ese derrumbe ha repercutido en una de las naciones centroamericanas más favorecidas por el petróleo subsidiado. Contar con petróleo barato y, además, con acceso preferencial al mercado venezolano fue fundamental para que la economía nicaraguense pareciese pletórica de salud, con un crecimiento que bordeó el cinco por ciento anual, el más robusto después del de Panamá. La falta del apoyo venezolano apretó fuertemente el cinturón de la economía y en abril Ortega buscó paliar el déficit fiscal con cambios en el sistema de pensiones. Fue el fulminante para las protestas estudiantiles y las convulsiones políticas que amenazan al régimen. Cualquier parecido con otras realidades no es meramente casual.

El ex comandante guerrillero, aclamado en todo el mundo tras la caída de la dictadura de Somoza, no quiere saber de elecciones anticipadas el año próximo para recortar su mandato, que duraría hasta 2022. Los observadores temen que su intransigencia por mantenerse en el poder lleve a Nicaragua de vuelta a la guerra civil. Es una actitud parecida a la de otros líderes que, al creerse insubstituibles, se comportan como los roedores nórdicos y se enderezan hacia el despeñadero con el riesgo de sacrificar los logros alcanzados por la sociedad que presidieron.

Ocaso sandinista

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La tensión bajo la que vive Nicaragua desde hace mas de un mes escaló estos días con nuevos enfrentamientos y al rondar la cota de un centenar de víctimas fatales la crisis parece encaminarse a desenlaces capaces de hacer temblar la geopolítica continental. Un ícono de la izquierda mundial está ante un jaque que quizá ni el genio de Capablanca pueda resolver.

Los disturbios que estallaron el 18 de abril cuando multitudes salieron a las calles para protestar contra un nuevo régimen de seguridad social que había dictado el gobierno Sandinista de Daniel Ortega fueron solo una chispa para las protestas que ahora han tomado un cariz insurreccional. La oposición creciente a la medida, que buscaba equilibrar los gastos fiscales con recorte de pensiones, forzó a las autoridades a anularla. Para entonces, estudiantes y organizaciones cívicas que tomaban las calles habían redoblado la apuesta con una demanda mayor: la salida del régimen con nuevas elecciones generales. El régimen Sandinista, que encantó a gran parte del mundo al cerrar la década de 1970 para dar paso a una larga era de romanticismo politico forjado tras la caída de Anastasio Somoza, luce en el ocaso y quizá ante un anochecer inevitable.

El reclamo de los jóvenes apunta al relevo de Ortega y su esposa Rosario Murillo, dirigente Sandinista poderosa que ostenta anillos lujosos en cada dedo de las dos manos, y a quien muchos ven como la gran rectora de la política nicaraguense. Ortega estuvo en el gobierno hasta 1990, como coordinador de la Junta de Reconstrucción Nacional que se instaló tras la caída de Somoza. La demanda para alejarlo del poder es el mayor desafío enfrentado por el sandinismo, que retomó el poder presidencial en 2007 al ganar las elecciones ese año. En 2016 venció por tercera vez consecutiva y muchos creen que buscará una cuarta y una quinta oportunidad, pues bajo su aliento fue instaurada la reelección indefinida. Siempre que logre pasar incólume la barrera de los disturbios ahora esparcidos por las principales ciudades del país.

Hasta hace mes y medio, Nicaragua parecía el más tranquilo de los países regidos por gobiernos de izquierda. Con un respetable 4,7% de crecimiento de su producto interno bruto el año pasado, su gobierno confiaba en tener firmes las riendas del país.  Nada  parecía amenazar al régimen, hasta que grupos de estudiantes universitarios y de secundaria comenzaron a protestar, indignados porque a sus padres o a sus abuelos se les reducirían las pensiones que para muchos de ellos sustentaban sus hogares. El régimen creyó que con lanzarles gases lacrimógenos a profusion y golpearlos a palos los controlaría. Fue un pésimo cálculo, pues 11 años de Ortega, con fuerte control policial y limitadas libertades políticas, habían agotado la paciencia de un gran número de jóvenes que veían sus esperanzas diluirse en un país donde un tercio de la  población de seis millones vive debajo de la línea de pobreza (menos cuatro dólares por día).

La confrontación jóvenes versus gobierno recrudeció el 30 de mayo, el Día de La Madre en Nicaragua, cuando la policía y turbas sandinistas reprimieron a los primeros, que gritaban consignas antigubernamentales. Solo en esa jornada murieron 15 personas y decenas de otras resultaron heridas. Hasta entonces, el gobierno se negaba a reconocer que las víctimas de más de un mes de disturbios fuesen más de 15. Ese día, la cifra official dio un salto y dobló para 30.  Para entonces, el número de muertos que registraba la Cruz Roja Internacional era de 84. El total de 99 (en los dos días que siguieron hubo otras dos víctimas) exhibía sin dudas la magnitud del conflicto que el gobierno ya no podría minimizar y menos ignorar. El reclamo por elecciones generales anticipadas levantó un signo de interrogación sobre el futuro del gobierno de la pareja Ortega, cuyas tribulaciones son seguidas con angustia por las cancillerías del hemisferio, especialmente por las de Cuba, Bolivia y Venezuela, militantes del Socialismo del Siglo XXI. Los cuatro sostienen una plataforma de la que retirar una de las patas provocaría desequilibrios en el resto.

Aún no hay una cuantificación de los daños que la ola de disturbios ha acarreado para la economía nicaraguense, ya sacudida por la reducción de la asistencia de Venezuela, cuyas propias tribulaciones han disipado la idea de que a fuerza de petróleo el socialismo se irradiaría por todo el continente. Los observadores consideran que es aún demasiado temprano para esa cuantificación, sobre todo cuando el proceso está en pleno desarrollo y quizá haya con muchos capítulos por delante.

El rastro del petróleo

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Los gritos de guerra de Nicolás Maduro (levantarse en armas si perdiera la elección dentro de dos semanas) han apagado el eco de dos noticias capitales. El apresamiento de dos ejecutivos de Chevron, una de las grandes ¨hermanas¨ del mundo petrolero, dentro de una razzia que días antes había derivado en el arresto de unos 80 funcionarios de Petróleos de Venezuela (PDVSA), en la peor ola represiva en el otrora poderoso conglomerado petrolero desde los despidos de miles de empleados y trabajadores a principios de siglo. Bajo la acusación de ¨traición a la patria¨ porque los empleados supuestamente rehusaron firmar compras con valores abultados y sin licitación, el arresto puede ser una ruptura en las relaciones frágiles del gobierno con los pocos inversionistas que aún se atreven a operar en Venezuela. Las áreas de Chevron están entre las aún productivas que tiene Venezuela.

La decisión se suma a un hecho que tiene frío de envidia al gobierno de Maduro: la declinación productiva de petróleo ha colocado a Venezuela después de Colombia como suplidor para las refinerías estadounidenses, y la tendencia no parece tener freno.  Colombia, rival geopolítico histórico de Venezuela, llegó a exportar a Estados Unidos un promedio de 426.000 barriles diarios en febrero, cantidad superior a los 409.000 de Venezuela, la mitad de los volúmenes de hace algunos meses. La noticia es grave porque exhibe sin matices la curva descendente de su producción petrolera, la clave de su sobrevivencia económica y política. De allí proviene el 95% de las divisas que el país recibe. La declinación es mejor percibida por los venezolanos en la escasez de alimentos y, de manera aún más dolorosa, en los anaqueles vacíos de las farmacias, en las cuales la falta de medicamentos es calculada estos días en un 85%.

Cuando Hugo Chávez asumió el poder a fines del siglo pasado, Venezuela producía un promedio de tres millones de barriles diarios y se preparaba para llegar a cinco millones. El promedio del año pasado fue de 1.920.000 bpd y las estimaciones para el próximo diciembre apuntan a una declinación persistente hasta 1.200.000, el volumen de hace 60 años. Es una ironía que si la OPEP no ha necesitado recurrir a recortes de producción entre sus miembros para mantener los precios ha sido porque la de Venezuela ha descendido sin que nadie lo ordenase.

El deslizamiento productivo repercute en las refinerías, que producen también menos, tendencia agravada por la falta de repuestos y de mantenimiento apropiado.

Venezuela luce como una geografía en ruinas. De ser un país cuyos fundamentos parecían irrompibles, se ha convertido en la mayor víctima del Socialismo del Siglo XXI.

Muchos de los que conocen ese país creen que los que quisieron mostrar un rostro risueño para el socialismo respecto al de los Gulag, las lubiankas y los paredones, se apresuraron a repartir sin producir y, en el fácil trayecto, llenarse los bolsillos. En la estela de ese fracaso sin parangón en el continente, queda un país con su economía reducida a la mitad y un éxodo bíblico que gran parte del mundo solo conocía a través de referencias o por imágenes del Medio Oriente o de África que publicaban los medios. Los grandes desastres politicos y económicos parecían distantes. Ahora, con la tragedia venezolana a la vuelta de la esquina, uno puede imaginar mejor las que se abatieron sobre Rusia y sus satélites, y se comprende con más admiración la valentía de los húngaros que enfrentaron a las tropas rusas, y la de los checos que se inmolaron en pos de una primavera de libertades aplastadas por los tanques del Pacto de Varsovia.

La caída de la URSS arrastró a todas las dictaduras europeas a su alrededor. La fuerza de succión del naufragio no dejó sobrevivientes. En América Latina, el hundimiento predecible del régimen de Maduro podría arrastrar en el corto plazo a otros regímenes del Socialismo del Siglo XXI. Todos están con las barbas en remojo.

El colapso de los aportes que en petróleo recibía Nicaragua de Venezuela ha sido un factor mayúsculo para los desórdenes que estallaron en Managua hace unos días. La cifra de víctimas mortales contabilizadas por organizaciones de derechos humanos supera con creces la decena oficialmente reconocida. Las protestas ahora apuntan a la salida del régimen Sandinista y el alejamiento de Daniel Ortega.

Está todavía por verse el impacto que pueda tener sobre Cuba un eventual colapso total del régimen venezolano. Los analistas ven en las tribulaciones de Maduro una fuente de preocupación fundamental para el nuevo presidente Miguel Diaz-Canel. Hasta hace pocas semanas, había en Venezuela unos 40.000 profesionales cubanos, cuyo trabajo era cotizado en dólares convertidos en petróleo enviado La Habana.

Venezuela tiene muy buenos escritores y narradores que, con seguridad, registrarán estos años de penurias de manera que la  lección permanezca vívida por generaciones.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Coletazos de la guerra fria

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La historia reciente dista del final armonioso que predijo Francis Fukuyama cuando hace 25 años escribió su controvertido ensayo: La evolución socio-política acabaría con el fin del conflicto este-oeste y el derrumbe de la tesis marxista-leninista que proclamaba la inevitabilidad del triunfo socialista. ¨El fin de la historia y el último hombre¨ predecía la expansión de la democracia como la practican los países donde rige un capitalismo moderno. Los acontecimientos lo desmintieron. Casi al mismo tiempo estallaba la guerra en Irak y Yugoeslavia se desmembraba en seis, reaparecían los conflictos étnicos e insurgía el terrorismo más cruel de la historia reciente. Nunca la escala del terror fue tan alta.
Por la misma época, surgía ¨El Foro de Sao Paulo¨, convocado por partidos comunistas y alas radicales de América Latina que, al desaparecer del firmamento politico el país símbolo de la hoz y el martillo, quedaron sin matriz de referencia. Cuba, la rebelde del continente, quedó menos solitaria.
Apoyados en el descontento con las desigualdades económicas congénitas y las políticas pro libre mercado, empezaron a surgir los regímenes populistas. Hasta los reveses en Honduras y Paraguay (2009 y 2012), estuvieron cerca de cubrir de rojo-rosado a toda la región, apuntalados por el auge fantástico de los precios de las materias primas. La bonanza se acabó y en el continente emergieron fuerzas de signo distinto.
Ahora el péndulo sigue una dirección adversa a los regímenes del Socialismo del Siglo XXI. Todos, con mayor o menor intensidad, perciben que el final se acerca. La resistencia de Nicolás Maduro en Venezuela se explica en el pánico entre las fuerzas de izquierda en el mundo por su derrumbe y por el temor a una justicia que luce inescapable. Venezuela recibió riquezas faraónicas cuyo destino Maduro deberá explicar. Aún más: al frente lo aguardarían multitudes de juicios por violaciones a los derechos humanos, estos días patentes con la represion militar y policial.
Después de dos meses con miles de manifestantes en las calles, 60 muertos, 1.500 heridos, y cientos de prisioneros, Fukuyama podría comprobar que por lo menos aquella historia socialista llegó a su fin. Pero el régimen y los que en él se ¨enchufaron¨ no lo creen y no dan tregua a la represión.
No todos han cerrado los ojos. En las últimas semanas, se han distanciado de posiciones de Nicolas Maduro dos magistrados de la Corte Suprema, la Fiscal General y algunos de sus ex ministros. Periodista, ex Ministro y dirigente sindical, Vladimir Villegas ha sido el más reciente en cuadrarse con la constitución que Maduro quiere cambiar. Los que creyeron que con el ¨chavismo¨ Venezuela alcanzaría la gloria empiezan a disminuir. Por lo visto, Maduro escribe el epitafio de una historia convertida en horror.