Opinión Pública

Enredos de la propaganda

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Hace algunos años, un comentarista intentó emular ¨Poema 20¨ de Neruda y queriendo ofrecer un ánimo optimista y risueño opuesto al mensaje del poeta, escribió en su columna de un diario de La Paz:  ¨Puedo escribir los versos más alegres esta noche…¨ La intentona murió de rechazo por el mal gusto, antípoda de los versos entristecidos que fluían de la inspiración del gran poeta, después premiado con el Nobel. El desdén del público al intento de parodiar el sentido del poema grandioso (¿quién no tuvo adolescencia para recordarlo y memorizarlo?), sepultó la idea para siempre.

Estos días, El Deber, de Santa Cruz, y Página Siete, de La Paz, han destacado la noticia de una cumbia que intenta neutralizar el mensaje que ha cundido a lo ancho y largo de la geografía boliviana. La primera línea lo dice todo: ¨Bolivia dijo no te vayas Evo¨. En las imágenes y audios que vienen enlazados a las publicaciones, aparecen las primeras autoridades del país que, en un climax de entusiasmo, bailan al son de la cumbia.

Para medir el efecto de la iniciativa habría que interpretarla en ambientes de concurrencia masiva. Mejor todavía, habría que determinar si se logra hacerlo en grandes urbes donde la tesis contraria también se manifiesta: Sao Paulo, Buenos Aires, Roma, Berlin o París, donde ya retumbó el original Bolivia dijo No. Es obvio que el esfuerzo conllevaría mucho coraje pues tendría que posicionarse frente a una opinión adversa ya asentada y con tendencia a crecer. Podría afirmarse que la iniciativa ha partido con desventaja autoinfligida, al incorporar y, por ende potenciar, las tres palabras de la expresión que se quiere antagonizar: ¨Bolivia dijo no te vayas Evo¨. Le agrega tres (…te vayas Evo), que quitan originalidad al mensaje y lo vuelven pueril. Es como si en los años de 1950 se hubiera querido cantar ¨viva la Falange, Gloria a Villarroel, y a Paz Estenssoro…¨ etc. bajo la tonada movimientista ¨Siempre¨.

¿Se han dado cuenta los que lanzaron la idea?

El fenómeno ¨opinión pública¨ no es una suma de opiniones pero sí una amalgama potente, un conjunto de sentimientos, ideas, protestas, recuerdos y creencias nuevas y añejas, que de pronto convergen y se manifiestan públicamente de una manera contagiosa, reclaman unanimidad y llaman a la acción bajo una sola idea.  Observen el ¨Bolivia dijo no¨ y verán esas características.

Los estudiosos aún no logran de manera unánime definir el fenómeno que, sin embargo, es esencialmente dinámico y visible en sus manifestaciones. Pocas veces ocurren fenómenos de la escala que presenta el ¨Bolivia dijo No¨. Nadie podría pronosticar el resultado si los que ahora interpretan la novísima tonada ¨Bolivia dijo No te vayas Evo¨ lo hicieran durante una competencia deportiva o en una plaza pública.

El tema es fascinante y continuará como objeto de estudio aún cuando las causas que le dieron origen hayan desaparecido. Los sociólogos tendrán mucho para hablar sobre esta demostración empírica de cómo se impone el fenómeno masivo que, a falta de otra denominación es, simplemente, ¨opinión pública¨.

Una cuestión de opinión pública

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El diario paceño Página Siete me pidió razonar sobre por qué existe tanto interés en los bolivianos por el “caso Rózsa”. Escribí el siguiente artículo, publicado hoy:
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Una cuestión de opinión pública

Los audios divulgados por la senadora por Pando Carmen Eva Gonzáles son tema obligado de conversación y debate porque ponen en entredicho una versión oficial sostenida a lo largo de cuatro años; vienen en dirección contraria a la que en su momento el gobierno proclamó como la única verdad que los bolivianos debían creer.
Con su contenido, los audios han generado un fenómeno de opinión pública que explica la actitud crispada de muchos cuando se los aborda. Nadie se siente aislado y todos endosan la importancia de aplicar justicia para aquel que las informaciones nos muestran diariamente como un hecho violento de características raras veces vistas en Bolivia. La crispación crece con grabaciones en las que una voz atribuida al fiscal principal del caso admite que hubo “siembra de pruebas” para apuntalar la versión del gobierno, inclusive que hubo disparos a paredes del lugar donde estaba el grupo de Eduardo Rózsa Flores para simular intercambio de fuego. Las afirmaciones del fiscal de que se trata de un montaje no han logrado neutralizarlos.
Los especialistas dicen que un movimiento de opinión pública surge ante algún acontecimiento fuertemente emotivo que primero concita unanimidad; luego se manifiesta en juicios que gran parte de la ciudadanía comparte y que, finalmente, convocan a la acción. Esto concurre en el “caso terrorismo” que surge con violencia (en el cadáver de Rózsa los forenses certificaron un balazo en cada hombro, otro que le destrozó el cerebro, tres más al lado derecho del tórax y un séptimo en la base del pulgar derecho) y mensajes impactantes para la sociedad boliviana. No fue menos brutal la muerte de sus dos compañeros acribillados la madrugada del 16 de abril. A todo eso se suman dudas sobre si alguno de ellos, o los tres, podían ser auxiliados oportunamente (hay una clínica a 200 metros). Y luego están los procesados y afectados en el “juicio del siglo”.
“Terrorismo” no era un término frecuente, al menos en Santa Cruz. Si se le agregan “magnicidio” y “alzamiento armado” para culminar en “separatismo” surge un conjunto fuertemente emocional que, por su magnitud, en muchos generó un escepticismo que en estos días, con las revelaciones atribuidas a los audios, empieza a hacerse sentir. La importancia de aclarar el episodio plenamente se ha convertido en unanimidad. Y la convocatoria a la acción, la fase cumbre de un movimiento de opinión pública, se manifiesta en la presión ciudadana para que toda la verdad sea descubierta. Estamos solamente al comienzo de este proceso.

Entre Radio Fides y el MAS

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Una preocupación de los partidos, en el gobierno o fuera, es mantener y aumentar el grado de confianza que la sociedad transitoriamente les confiere. Cuando esa confianza se rompe y empieza a declinar, se produce un contagio dinámico que en poco tiempo puede erosionar sus bases de sustentación y el resultado parece estar escrito en la pared. Por eso los “pulsos de opinión” son importantes para las organizaciones políticas, que suelen tener encuestadores que les dicen constantemente las marcas de desaprobación/aprobación que aparecen en los termómetros. Esas marcas les sirven para ajustar o rectificar el rumbo.
Una encuesta de Radio Fides ha provocado malestar en el círculo más estrecho del gobierno y sus seguidores. La razón: Tres de cada cuatro encuestados desaprueban la re-elección del presidente Evo Morales para un nuevo mandato. La encuesta es un retrato, una imagen del momento en que se lo toma y, por eso, pueden ocurrir variaciones a lo largo del tiempo. La persistencia del retrato dependerá del comportamiento de las personas o instituciones objeto de la encuesta.
Algunos datos: la encuesta fue realizada en 50 barrios de la sede de gobierno entre el 28 y 29 de abril, antes de los sacudones sociales ocurridos este mes. Circunscrita a la ciudad de La Paz, la encuesta consultó a mil personas. Una de las catorce preguntas de la cartilla era: ¿Usted estaría de acuerdo con un nuevo mandato de Evo Morales?
El 75,40% estaba en contra de un nuevo mandato para el actual presidente. Sólo un 24,50% respondió a favor de un nuevo mandato y un minúsculo 0,10% (una persona de las mil consultadas) no sabía responder o se excusó de hacerlo. Algo también relevante surgió de la encuesta. En esos días, el 70,20% no confiaba en el gobierno. Sólo el 29,70% dijo que confiaba.
Como La Paz fue en casi todas las elecciones de los cinco últimos años un bastión del gobierno que contribuyó notablemente al 54% de 2005 y más del 64% en la reelección que hubo después, la imagen que emergía de la encuesta tocó nervios vivos del partido oficial, el Movimiento al Socialismo (MAS). Los resultados semejaban un Waterloo en ciernes. Sus dirigentes los rechazaron y temerariamente dijeron que eran falsos. No presentaron otras encuestas que mostrasen un escenario diferente al que trajo la encuesta de la emisora católica, de manera que abrieron una apuesta entre su propia credibilidad y la de Fides. El público decidirá a quién dar la razón.
El senador masista Eugenio Rojas dijo que la finalidad de la encuesta era “hacer quedar mal al presidente”. Como no ofreció ningún argumento técnico a favor de su tesis, se deduce que su comentario fue solo un reflejo condicionado. Se limitó a expresar la creencia de que la encuesta había sido hecha entre los médicos que esos días –aún no había llegado lo peor- marchaban en las calles contra un decreto que les imponía mayores cargas horarias.
“Esas encuestas son falsas y no comparten (representan) la realidad de la opinión de la gente, principalmente en el área rural”, dijo el diputado Antonio Molina. Nadie le aclaró que el sondeo era exclusivo de La Paz y que la urbe capital había contribuido decisivamente a los triunfos presidenciales.
Las sociedades pueden soportar durante un tiempo situaciones que le desagradan y no comparten. Ese estado de ánimo puede llevar a un momento peligroso cuando la pregunta de qué vendrá después deja de angustiar y se vuelve secundaria ante la necesidad encontrar un nuevo curso. Es el punto en que la sociedad empieza a hastiarse. Durante un primer tiempo estaba dispuesta a aceptar errores y pequeñas mentiras. Pero transcurrida con creces la época de prueba, rehúsa concordar con sus líderes y es entonces que la caminata se vuelve empinada.