OPEP

El rastro del petróleo

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Los gritos de guerra de Nicolás Maduro (levantarse en armas si perdiera la elección dentro de dos semanas) han apagado el eco de dos noticias capitales. El apresamiento de dos ejecutivos de Chevron, una de las grandes ¨hermanas¨ del mundo petrolero, dentro de una razzia que días antes había derivado en el arresto de unos 80 funcionarios de Petróleos de Venezuela (PDVSA), en la peor ola represiva en el otrora poderoso conglomerado petrolero desde los despidos de miles de empleados y trabajadores a principios de siglo. Bajo la acusación de ¨traición a la patria¨ porque los empleados supuestamente rehusaron firmar compras con valores abultados y sin licitación, el arresto puede ser una ruptura en las relaciones frágiles del gobierno con los pocos inversionistas que aún se atreven a operar en Venezuela. Las áreas de Chevron están entre las aún productivas que tiene Venezuela.

La decisión se suma a un hecho que tiene frío de envidia al gobierno de Maduro: la declinación productiva de petróleo ha colocado a Venezuela después de Colombia como suplidor para las refinerías estadounidenses, y la tendencia no parece tener freno.  Colombia, rival geopolítico histórico de Venezuela, llegó a exportar a Estados Unidos un promedio de 426.000 barriles diarios en febrero, cantidad superior a los 409.000 de Venezuela, la mitad de los volúmenes de hace algunos meses. La noticia es grave porque exhibe sin matices la curva descendente de su producción petrolera, la clave de su sobrevivencia económica y política. De allí proviene el 95% de las divisas que el país recibe. La declinación es mejor percibida por los venezolanos en la escasez de alimentos y, de manera aún más dolorosa, en los anaqueles vacíos de las farmacias, en las cuales la falta de medicamentos es calculada estos días en un 85%.

Cuando Hugo Chávez asumió el poder a fines del siglo pasado, Venezuela producía un promedio de tres millones de barriles diarios y se preparaba para llegar a cinco millones. El promedio del año pasado fue de 1.920.000 bpd y las estimaciones para el próximo diciembre apuntan a una declinación persistente hasta 1.200.000, el volumen de hace 60 años. Es una ironía que si la OPEP no ha necesitado recurrir a recortes de producción entre sus miembros para mantener los precios ha sido porque la de Venezuela ha descendido sin que nadie lo ordenase.

El deslizamiento productivo repercute en las refinerías, que producen también menos, tendencia agravada por la falta de repuestos y de mantenimiento apropiado.

Venezuela luce como una geografía en ruinas. De ser un país cuyos fundamentos parecían irrompibles, se ha convertido en la mayor víctima del Socialismo del Siglo XXI.

Muchos de los que conocen ese país creen que los que quisieron mostrar un rostro risueño para el socialismo respecto al de los Gulag, las lubiankas y los paredones, se apresuraron a repartir sin producir y, en el fácil trayecto, llenarse los bolsillos. En la estela de ese fracaso sin parangón en el continente, queda un país con su economía reducida a la mitad y un éxodo bíblico que gran parte del mundo solo conocía a través de referencias o por imágenes del Medio Oriente o de África que publicaban los medios. Los grandes desastres politicos y económicos parecían distantes. Ahora, con la tragedia venezolana a la vuelta de la esquina, uno puede imaginar mejor las que se abatieron sobre Rusia y sus satélites, y se comprende con más admiración la valentía de los húngaros que enfrentaron a las tropas rusas, y la de los checos que se inmolaron en pos de una primavera de libertades aplastadas por los tanques del Pacto de Varsovia.

La caída de la URSS arrastró a todas las dictaduras europeas a su alrededor. La fuerza de succión del naufragio no dejó sobrevivientes. En América Latina, el hundimiento predecible del régimen de Maduro podría arrastrar en el corto plazo a otros regímenes del Socialismo del Siglo XXI. Todos están con las barbas en remojo.

El colapso de los aportes que en petróleo recibía Nicaragua de Venezuela ha sido un factor mayúsculo para los desórdenes que estallaron en Managua hace unos días. La cifra de víctimas mortales contabilizadas por organizaciones de derechos humanos supera con creces la decena oficialmente reconocida. Las protestas ahora apuntan a la salida del régimen Sandinista y el alejamiento de Daniel Ortega.

Está todavía por verse el impacto que pueda tener sobre Cuba un eventual colapso total del régimen venezolano. Los analistas ven en las tribulaciones de Maduro una fuente de preocupación fundamental para el nuevo presidente Miguel Diaz-Canel. Hasta hace pocas semanas, había en Venezuela unos 40.000 profesionales cubanos, cuyo trabajo era cotizado en dólares convertidos en petróleo enviado La Habana.

Venezuela tiene muy buenos escritores y narradores que, con seguridad, registrarán estos años de penurias de manera que la  lección permanezca vívida por generaciones.

(*) https://haroldolmos.wordpress.com

Escaramuzas en ciernes

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Los precios de los hidrocarburos continuaron esta semana su ruta de descenso, un curso que al cabo de año y medio aún no parece llegar al piso para iniciar una curva de recuperación sostenida. En la semana que acabó quedó consolidada una banda entre 30 dólares y 40 dólares el barril, la mitad de la que ocurría hace un año.

Con la OPEP atenazada por divergencias internas, quedó claro que para los productores lo importante es preservar y ampliar sus mercados antes que reducir volúmenes de producción, como quieren Venezuela e Irán.

En este marco, sorprendió la noticia de que Bolivia amenazaba con  cortar el suministro de gas natural a Argentina, su segundo mayor comprador (16 millones de metros cúbicos diarios, casi la mitad de lo que compra Brasil).

El vecino debe dos facturas mensuales y adeudaría a su vendedor unos 300 millones de dólares. Estos días, el ministro de Finanzas, Carlos Arce, dijo que si se acumulase una tercera factura, Bolivia tendría que tomar una decisión ¨contundente¨ y cerrar las válvulas de suministro al país vecino. En sus cálculos, el daño que sufriría Argentina por no recibir el gas boliviano sería mayor que el que sufriría Bolivia por dejar de vender. No se conocen detalles, que se presume importantes, que llevaron a esta convicción.

Era como una advertencia entre duelistas que provocaba escalofríos: veamos quién cae primero. Es difícil no imaginar escaramuzas económicas en el horizonte de las relaciones bilaterales.

Muchas preguntas han emergido de la disputa en curso. Los analistas están de acuerdo en que acudir a los medios informativos para decir que Argentina está en mora con sus pagos no contribuye a la relación armoniosa que corresponde a dos vecinos con múltiples intereses. Esta situación se agrega al apoyo que el presidente Evo Morales dio al candidato que perdió las elecciones presidenciales del 22 de noviembre y a sus premoniciones de que habría dificultades con Mauricio Macri presidente. La regla de oro de la diplomacia es la discreción, con frecuencia ignorada por las autoridades.

Cuando el atraso argentino fue hecho público, quedaron interrogantes por aclarar, importantes para comprender el paso anunciado. Por ejemplo, si en la historia de las ventas de gas al vecino país ha habido otros atrasos, cuándo y por cuántos meses antes que los pagos fuesen regularizados.

Los acuerdos binacionales establecen un suministro de hasta 27 millones de metros cúbicos. A aquel volumen se llegaría siempre que Argentina complete un gasoducto en su región norte.

Ese tramo ha dejado de ser una prioridad y lo será menos si Bolivia no logra aumentar sus reservas, cuyo volumen real es todavía una incógnita. El periodista Humberto Vacaflor, uno de los que más conoce de la industria petrolera boliviana, sostiene que no habrá interés argentino mientras Bolivia no demuestre que cuenta con reservas suficientes para garantizar los nuevos suministros.

La caída de precios del petróleo, con los que se calcula el del gas natural, es una señal de alarma. Ante una turbulencia en los precios, no son muchos los que juzgarían oportuno amenazar en público con un corte de suministros capaz de alterar la relación bilateral.

Ningún informe oficial ha explicado si existen disponibles en el corto plazo mercados alternativos e infraestructura para el gas que se dejaría de vender. Chile habría sido una alternativa sobre la cual hoy ni vale la pena pensar. Uruguay podría ser una opción, pero se desconoce si hay estudios económicos y técnicos que la respalden.