OEA

Dilemas de la reelección

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Shane Hunt (New York) y Harold Olmos (Santa Cruz de la Sierra)

Primero, el anuncio parecía tan bizarro que desafiaba  la lógica. El Secretario General de la OEA, un diplomático cuya figura pública estaba definida por su defensa férrea de los valores democráticos, que había expresado fuertes críticas al presidente Morales por  conculcar esos valores al desafiar el referendum del 21 de febrero, y enemigo jurado del régimen de Maduro, vendría a Bolivia en un contexto que brindaría asistencia máxima al presidente Morales en sus ambiciones reeleccionistas.

Era la pura verdad.

Analistas y ciudadanos de la calle en La Paz y Washington se rascaron la cabeza preguntándose qué pasaba. Las discusiones en ambas capitales parecen haber alcanzado la misma conclusión: Hubo un quid pro quo. El rédito inmediato del presidente Morales resultó obvio: beneficio de su imagen internacional, y popularidad  interna para su campaña por la reelección. Pero a cambio de ese quid, ¿cuál era el quo para Almagro?

La idea en ambas capitales oscilaba entre dos posibilidades: Una y la más obvia era que aseguraría el apoyo de Bolivia a su propia campaña para reelegirse en el cargo y que Bolivia invitaría a un equipo  de monitoreo para observar las elecciones del 20 de octubre.  ¿Era esta una gran concesión de Morales o una gran victoria para Almagro?

El día de la elección habrá sin duda observadores para comprobar la limpieza y honestidad del proceso. Si hubiere cualquier fraude, habría ocurrido de antemano, con la descalificación de algún candidato, para no mencionar la calificación de uno de los candidatos rechazado por un referendum nacional.

Estos antecedentes suelen, sin embargo, ser parte del informe del grupo observador, de modo que uno debería esperar o que el informe equipo sea negativo o que el gobierno  tenga que cambiar radicalmente su estrategia. Con el control absoluto del Poder Judicial y de las instituciones electorales, tendría que renunciar al uso del poder y abrirse a la posibilidad real de perder la elección.

Alternativamente, podría hacer lo que deba para ganar y prepararse para un informe negativo de los observadores. Después de todo, el informe vendría después de haber vencido la elección. ¿Cuán dañino sería eso?

Respuesta: Nada sería tan dañino como perder la elección.

Algunos objetarían que la lección de Venezuela es que una elección fraudulenta persigue a los perpetradores. Debería notarse, sin embargo,  que en Venezuela hubo escasas reacciones negativas de  la comunidad internacional al momento de la elección. El revés ocurrió solo en la posesión, cuando Maduro siguió la tradición de invitar a los presidentes vecinos como huéspedes de honor, sin percibir que al invitarlos los hacía cómplices de un fraude electoral. Eso no les gustó.

La lección nos lleva formular una nueva regla política: Si usted vence una elección con fraude, que su posesión sea modesta.

Pensar así llevó a varios observadores a concluir que Almagro hizo un mal acuerdo, o que pretende más de Morales. Y eso no podría ser otra cosa que el apoyo firme de Bolivia a su propia campaña para ser relecto para ser reelecto como Secretario General de la OEA.

Este  reproche, especialmente si involucra el voto de Bolivia,  representa un drástico cambio para ambos líderes. ¿Pueden convencer a su gente que hicieron lo correcto?

Para el presidente Morales no sería un problema. Hay pocos masistas tan enfocados en las relaciones internacionales como para resentirse por confraternizar con un enemigo de Maduro como Almagro. El rédito de la reelección es tan obvio como para aplacar cualquier aprehensión.

A primera vista, el problema  podría ser más grave para Almagro, pero comentaristas en Washington sugieren que no.

Los apoyos más firmes de Almagro  -Estados Unidos y el Grupo de Lima- resultan de su liderazgo contra el régimen de Maduro, y quieren que continúe como Secretario General. Si lograrlo require cierta elasticidad moral con Bolivia, pues que así sea.

El apoyo de Estados Unidos parece sólido, si bien las acciones de Almagro van directamente contra una resolución reciente del Senado que planteó a Morales no recandidatearse sino seguir el mandato de la constitución boliviana.

Empero, la resolución del Senado, aun con buenas intenciones, no está conectada con los engranajes del poder en la política exterior estadounidense. Esto es visible en la política exterior, ahora administrada por una Casa Blanca habituada a las ventajas de corto plazo, al parecer sin mayor guía de principios morales. Conclusión: Almagro no recibiría un revés de la derecha por aliarse con la izquierda en Bolivia.

Apoyado por Estados Unidos y otros países, Almagro debe haber hecho sus cálculos y entiende que el voto boliviano puede serle fundamental.

Cada uno de  los 34 estados de la OEA representa un voto y Almagro necesita de 18 para asegurarse la reelección. Los países del Caricom, casi todos pequeños y anglófonos, suman 15 y se los presume contrarios a Almagro, en parte como recipientes de la ayuda  petrolera de Venezuela, y en parte porque Almagro ha criticado las elecciones realizadas por algunos de ellos.

El Grupo de Lima suma14, de los cuales dos (Guyana y Santa Lucía) son también parte del Caricom y se presume que apoyarían a Almagro. Los demás no son de ningún grupo. Estados Unidos y Venezuela (representada por partidarios de Guaidó) votarían por Almagro. Uruguay y Nicaragua lo harían contra. Los tres restantes estarían sentados en el muro: Ecuador, el Salvador y Bolivia.

Así, el problema principal de Almagro, serían los países del Caricom. En tamaño, comparados con sus vecinos, son como  un ratón. Pero ahora los ratones rugen. Como resultado, Almagro ha ido al encuentro de Chapare con la sonrisa congelada en el rostro, pese al rechazo  indignado de líderes opositores a su presencia en Bolivia, y al repudio general a las piruetas de opinión del líder hemisférico que hasta poco antes denostaba la reelección de Morales.

Cualquier acuerdo entre los dos, explícito o implícito, se enmarcaría en todos estos antecedentes.

A estas alturas, nadie apostaría a que Morales vaya a alejarse de Maduro y acabe votando con Almagro.  Pues tras recibir de  la OEA fuerza para su candidatura, Morales puede decidir continuar al  lado de Maduro y acabar, al final, votando contra Almagro, cuya permanencia en el cargo solo estará decidida a mediados del próximo año, mucho después de las elecciones bolivianas.

Es probable que, entretanto, Almagro se inhiba de criticar a Morales. Si en el interim los activistas del MAS se descontrolan, estará ante un terrible dilema:  denunciar o guardar silencio.

Cualquiera que sea el curso de la cuestión, luce claro que, siquiera  por los próximos meses, la democracia boliviana será como el cordero destinado al sacrificio. El efecto del encuentro en Chapare, para citar un dicho entre políticos americanos, puede ser empujar a la democracia boliviana bajo las ruedas del camión.

Publicado en el diario Página Siete, de La Paz, 25-5-2019

Una moción sobre Bolivia

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Veinte ex mandatarios latinoamericanos han emitido una declaración sobre los tropiezos de la democracia boliviana y la preocupación que cunde en las cancillerías del continente por el futuro de la democracia en nuestro país. El documento es público e importante para el  país, pero en Bolivia no se lo conoce integralmente. Por eso lo transcribo para los lectores de este blog:

DECLARACIÓN SOBRE BOLIVIA
Los ex jefes de Estado y de Gobierno firmantes de las declaraciones de Iniciativa Democrática de España y las Américas (IDEA), a propósito de la ruptura del orden constitucional y democrático en Bolivia:
Considerando:
a) Que la Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia, aprobada mediante referéndum constitucional del 25 de enero de 2009 con una participación del 90,14% de los votantes, establece, en su artículo 168, la reelección del Presidente o del Vicepresidente de la República “por una sola vez de manera continua”.
b) Que habiéndose sometido a referéndum constitucional la eventual reforma de la norma constitucional que impide la reelección continua del Presidente de la República el 21 de febrero de 2016, fue negada mediante el sufragio de la mayoría de los bolivianos, habiendo participado el 84,45% de los sufragantes.
c) Que a través de una mutación constitucional, violatoria y en fraude de la Constitución, desconociéndose a la soberanía popular, el Tribunal Constitucional Plurinacional de Bolivia declara, el 28 de noviembre de 2017, que la reelección continua del Presidente de la República es un derecho humano, que como tal priva sobre la norma constitucional que la impide; a cuyo efecto obvia la jurisprudencia de la propia Corte Interamericana de Derechos Humanos, a cuyo tenor: “La previsión y aplicación de requisitos para ejercitar los derechos políticos no constituyen, per se, una restricción indebida a los derechos políticos. Esos derechos no son absolutos y pueden estar sujetos a limitaciones. Su reglamentación debe observar los principios de legalidad, necesidad y proporcionalidad en una sociedad democrática”.
d) Que la Comisión de Venecia, a instancias del Secretario General de la Organización de Estados Americanos, en su Informe adoptado los días 16 y 17 de marzo de 2018 concluye que “los límites a la reelección tienen como objetivo preservar la democracia y proteger el derecho humano a la
participación política […] son una restricción autoimpuesta al poder del
pueblo de elegir libremente a un representante con el objetivo de
mantener un sistema democrático”.
e) Que la Carta Democrática Interamericana dispone en su artículo 3 que es
elemento esencial de la democracia “el acceso al poder y su ejercicio
conforme al estado de derecho”, lo que, en el caso del ejercicio continuo de
la Presidencia de Bolivia se vería vulnerado.
f) Que no obstante todo ello, el Tribunal Supremo Electoral de Bolivia ha
anunciado este 5 de diciembre pasado la habilitación de Evo Morales,
actual Presidente de la República, para que participe en una cuarta
reelección.
Declaran:
Instamos, respetuosamente, a los gobiernos de los Estados miembros de la
Organización de los Estados Americanos y de la Unión Europea, a mantenerse
vigilantes y disponer las medidas preventivas y efectivas necesarias y
apropiadas a la ruptura del orden constitucional y democrático ocurrido en
Bolivia bajo la presidencia de Evo Morales.
8 de diciembre de 2018
Óscar Arias, Costa Rica
José María Aznar, España
Enrique Bolaños G., Nicaragua
Rafael Ángel Calderón, Costa Rica
Alfredo Cristiani, El Salvador
Fernando de la Rúa, Argentina
Vicente Fox, México
César Gaviria T., Colombia
Felipe González, España
Osvaldo Hurtado L., Ecuador
Luis Alberto Lacalle, Uruguay
Jamil Mahuad, Ecuador
Mireya Moscoso, Panamá
Gustavo Noboa Bejarano, Ecuador
Andrés Pastrana A., Colombia
Jorge Tuto Quiroga, Bolivia
Miguel Ángel Rodríguez, Costa Rica
Julio María Sanguinetti, Uruguay
Álvaro Uribe Vélez, Colombia
Juan Carlos Wasmosy, Paraguay
Es auténtica:
Asdrúbal Aguiar
Secretario General de IDEA / http://www.idea-democratica.org

¿Hacia el final?

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Desde el ¨por qué no te callas¨ que soltó el Rey Juan Carlos, exasperado por la perorata interminable del comandante Chávez, nunca una intervención en alguna reunión regional concitó tanta adhesión como cuando el canciller chileno Roberto Ampuero, con ira reprimida, le dijo a Jorge Arreaza, su par venezolano, que entregue y escuche a su propio pueblo la tarjeta de visita que le había dado tiempo atrás.

Las malas maneras de la oratoria social-comunista se encogieron ante los ojos de millones que vieron la escena y otros tantos que estos días la ven por las redes sociales como una reafirmación del fantasma de la Corte Penal Internacional que persigue al autócrata venezolano y a su régimen y, quizá, a sus amigos más incondicionales.  Los aplausos para Ampuero mostraron la magnitud del repudio hemisférico a un sistema que hace 20 años prometía el paraíso y ahora se ha vuelto un Rey Midas al revés, que vuelve miseria todo que toca.

Fuera de la propia Venezuela, la pared ciega e insensible con la que Ampuero equiparó a Arreaza, recibió el respaldo de Bolivia, Surinam, y las islas caribeñas de San Vicente y Granadina y Dominica. Un año antes, los alineados con Venezuela fueron 11. El cómputo del lunes en la Asamblea de la OEA fue una muestra más del crepúsculo que ensombrece al régimen de Nicolás Maduro.  Nadie apuesta a si va a caer, sino cuándo.

Bolivia, que se sepa, no mostró ningún rubor al figurar en el exclusivo mini-club de simpatizantes de Maduro ni de importarle su identificación con un régimen del que han escapado cerca de dos millones de ciudadanos el último par de años, en sí una terrible advertencia para la ciudadanía de cualquier país cuyo gobierno se empeñe en militar en el Socialismo del Siglo XXI que encabeza Maduro.

El agotamiento de las últimas pilas del régimen está a la vista. La producción de petróleo (95% de los ingresos del país) está en menos de 1,5 millón de barriles diarios y por falta de inversiones y mantenimiento decrece entre 3.000 y 5.000 bpd. Pronto, a menos que ocurran cambios drásticos en el país, podrían descender a un millón, nivel de 1945. Si los militares estarán decididos a llegar a eso, que puede asomar en un año, será asombroso por la magnitud de la catástrofe. Ni los propios militares podrían subsistir pues es probable que el maremoto también los ahogue.

Nada indica que el trayecto cambiará bajo Maduro y su régimen. Sus amigos ni siquiera podrían remojar las barbas, por la verguenza de haber apoyado a un régimen que llevó a su país al naufragio.

La angustia de las urnas

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El recorrido del gobierno para consolidar su ruta hacia la re3 (tercera reelección) para luego conferirle un carácter  indefinido se ha vuelto más espinoso tras las concentraciones del 10 de octubre en todo el país. Con miles de ciudadanos en las calles, las demostraciones exhibieron para el presidente  y la cúpula gobernante que una gran parte de la ciudadanía  quiere respeto al ordenamiento constitucional y repudia la noción del líder único indispensable para regir la nación.

Los observadores coinciden en que las concentraciones del martes son una muestra de la urgencia que se siente en el país por un cambio  de líderes, y  el reclamo por una administración austera y responsable. Lo ocurrido el martes no podrá ser ignorado por el Tribunal Supremo de Justicia que en días más deberá pronunciarse sobre la constitucionalidad de la pretensión de una re3.

La presión indudable que ahora existe sobre la máxima institución de la justicia, que gran parte de la ciudadanía percibe como dócil a los requerimientos del gobierno, es incompatible con la noción de que  los jueces deben decidir libres de presiones.

A esta coyuntura se ha llegado tras la aceptación que hace dos semanas anunció el tribunal de considerar la demanda del partido de gobierno para dejar sin efecto los preceptos constitucionales que prohíben una nueva reelección del Presidente Evo Morales. Esta aceptación acentuó el desaliento de quienes aún quieren creer en la imparcialidad de los jueces supremos. La expectativa sobre el fallo que debe pronunciar el Tribunal es creciente por  las actitudes del propio presidente, quien en otras ocasiones aseguró que no volvería a candidatear y que al final del periódo de gobierno en curso se iría a cultivar su hato de coca en el Chapare.

La coyuntura ha agravado la impresión de muchos de que gobiernos del Socialismo del Siglo XXI solo ceden poder si los reclamos vienen acompañados por avalanchas de votos.  El régimen de Nicolás Maduro ha resistido incluso a la derrota legislativa de 2015, y se las arregló para conservar su poder apoyado en la fuerza militar. En las elecciones regionales de este domingo, en Venezuela están en juego las 23 gobernaciones del país. Con índices de aprobación de 20-25 por ciento, no es mucho lo que Maduro y su partido podrían esperar pero habrán logrado una tregua que, por todo lo visto, puede ser muy efímera.

Una razón principal por la que dirigentes del Socialismo Siglo XXI se aferran al mando puede yacer en tropelías cometidas  en el ejercicio ilegal de ese poder y el temor a rendir, algún día, cuentas ante una justicia cuyas reglas nunca sospecharon que podían volcarse contra sus propios diseñadores.

La semana antepasada el gobierno nacional quemó uno de sus últimos cartuchos cuando no consiguió ningún respaldo en la OEA para la original tesis de que al Presidente Morales se le violan sus derechos de ser humano a través de la CPE de 2009, algunos de cuyos artículos prohiben la reelección que buscan el mandatario y su partido. La oposición ha acudido a la Corte Interamericana de Derechos Humanos para que aclare si es correcta la interpretación del gobierno que asegura que la CPE interfiere los derechos humanos del presidente al impedir su re3. La corte deberá dar su veredicto en las semanas próximas.

El empeño reeleccionista amenaza con restar brillo a la gestión del presidente y afectar áreas no vinculadas necesariamente a sus acciones internas. No son pocos los que creen que tras ese empeño  yace un temor al futuro. Salvo algún pacto nacional creíble, nadie estaría en condiciones de garantizar, en los límites nacionales,  un retorno no traumático de los hombres del gobierno a la vida fuera del poder. En eso estriba la angustia de las urnas presente en los últimos regímenes de la izquierda del siglo 21.

Breve historia del Lauca

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El diplomàtico e historiador Ramiro Prudencio Lizón ha escrito el siguiente artículo, publicado hoy por La Rzón, de La Paz. Lo reproduzco con autorización del autor.

El problema del rio Lauca
Ahora que el gobierno nacional ha determinado solicitar a Chile la reconstitución del sistema de consultas políticas que regía la relación bilateral, sería conveniente incluir en la nueva agenda, el problema del río Lauca; problema que deviene desde el año 1962 y que determinó la primera ruptura de relaciones diplomáticas.
El 14 de abril de 1962, el presidente chileno Jorge Alessandri ordenó la apertura de las esclusas de la obra de derivación, para que escurrieran las aguas del Lauca hacia el valle de Azapa, en Arica. Nuestro país respondió ante este acto con la ruptura de relaciones diplomáticas y con una queja a la OEA, destacando la existencia de una “amenaza de agresión a su integridad territorial por parte del Gobierno de Chile”.
El Consejo de la OEA aprobó la demanda y emitió una resolución, el 24 de mayo de 1962, donde se solicitaba a nuestro país que acudiese a alguno de los medios de solución pacífica de controversias contemplados en el Pacto de Bogotá.
Lo lógico hubiese sido que en forma conjunta, los dos países eligiesen uno de esos medios. Pero nuestra Cancillería, dirigida por un hombre muy temperamental, Fellman Velarde, decidió escoger en forma unilateral a un grupo de países del continente para que mediara en el asunto. Chile rechazó tal postura y en cambio propuso llevar la controversia a la Corte Internacional de Justica de La Haya. Como ninguno quiso ceder en su posición, nuestro gobierno consideró que la OEA había demostrado poca voluntad para solucionar el diferendo y optó por una inusitada determinación: suspender su asistencia al Consejo de la OEA y a los organismos de ese sistema.
Posteriormente, sucedió algo tragicómico. Cuando el presidente Kennedy planteó ante la OEA el grave problema originado por la instalación de misiles soviéticos en Cuba, en forma sorpresiva nuestro delegado, Emilio Sarmiento, se hizo presente en la reunión para aprobar la posición norteamericana. De este insólito modo, Bolivia retornó al seno de ese organismo interamericano.
Posiblemente, por influencia de EEUU, el nuevo Presidente del Consejo, don Gonzalo Facio, inició una gestión extraoficial para superar el problema suscitado por el Lauca y para que se reanudaran las relaciones diplomáticas entre Bolivia y Chile.
Pero Facio se llevó la sorpresa de que Bolivia no sólo pedía una solución satisfactoria respecto del desvío del Lauca sino que insistía en incluir en el conflicto, su exigencia de una salida soberana al mar. Lamentablemente Chile rechazó terminantemente dicho tema y con ello, la gestión de Facio terminó en fracaso. Y nuestro país, nuevamente se retiró de la OEA. Dos años después, Bolivia retornó a su seno, pero el problema del Lauca quedó archivado de la organización.
Posteriormente hubo algunas tímidas gestiones que se hicieron respecto a dicho río. Una ante el gobierno del presidente Eduardo Frei Montalva, y luego otra ante el de Allende. En ellas se vio la posibilidad de conformar una comisión mixta técnica para estudiar cuánta agua del Lauca era aprovechada por Chile. Además, durante el gobierno del general Pinochet, el tema del Lauca quedó incluido en la negociación iniciada en Charaña. Luego vino una nueva ruptura de relaciones diplomáticas, en marzo de 1978, y tanto el asunto marítimo como el del río Lauca quedaron sepultados.
Con posterioridad a la negociación de Charaña, Bolivia continuó insistiendo en negociar el problema marítimo, pero nunca más habló del Lauca. Entonces Chile consideró que ello le daba derecho a usar no sólo el porcentaje desviado inicialmente, sino mucho más. Posiblemente ahora aprovecha más del 90% de las aguas del Lauca.
Como ahora el Gobierno desea restablecer una agenda de negociaciones con Chile, es menester que se incluya en ella la actual situación del río Lauca, porque nuestro país no puede ni debe permitir que prosiga este irregular estado sin recibir una adecuada compensación.

Crisis sin fin

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La tensión en la frontera colombo-venezolana mantiene alertas a las cancillerías de la región, con la mitad cruzando brazos como quien contempla un incendio peligroso y espera que el fuego se extinga solo y la otra mitad conforme con que las puertas de la casa sean cerradas para que el desastre no se vea.

El presidente venezolano Nicolás Maduro cruzó la línea sin retorno hace tres semanas cuando cerró pasos comerciales importantes la frontera, y comenzó un bloqueo que ahora amenaza extenderse sobre toda la línea divisoria superior a los 2.200 kilómetros. El presidente Juan Manuel Santos trasladó durante un par de días gran parte de su gobierno a Cúcuta, la principal ciudad colombiana fronteriza con Venezuela, en una acción de enorme efecto interno y externo. Allí llegaron embajadores y altos funcionarios para observar la magnitud del insólito desplazamiento forzoso.

Maduro responsabiliza a Colombia de casi todo lo que ocurre en Venezuela. Un gobernador oficialista proclamó alborozado que las largas filas para comprar alimentos desaparecieron tras el cierre fronterizo. El alborozo no  pasaría de una semana. Hasta la criminalidad era atribuida a los colombianos lo mismo que, por supuesto, la caída vertiginosa del bolívar.

La frontera binacional fue siempre brasa. A la sombra de los desequilibrios entre un lado percibido como rico y a menudo despreocupado con su dinero, y otro agobiado por las  penurias de una economía de recursos escasos y mal distribuidos florecieron las guerrillas hace medio siglo. Nombres como ¨Tiro Fijo¨ (Manuel Marulanda) o Camilo Torres recorrieron el mundo en coplas sobre una lucha sin fin. El final tomó cuerpo en diciembre de 2014 cuando Cuba y Estados Unidos iniciaron el camino del reencuentro y el hechizo lánguido que aún producía La Habana empezó a perder luz con rapidez.

Los desequilibrios se han vuelto abismales con las políticas económicas del régimen social-chavista que hacen que el equivalente en dólares de dos bolivianos (correcto) permita llenar con holgura un tanque de gasolina de 60 litros, o que un litro de leche que en Venezuela cuesta 200 bolívares se pueda vender por un valor 70 veces superior en Colombia. Un país con esas diferencias no es serio y nadie negaría que parece bajo liquidación apresurada. Venezolanos o colombianos, muy pocos desperdiciarían la oportunidad.

Nadie habría objetado que Maduro intentase corregir esa situación de manera civilizada. Pero ha querido tapar el dique con un dedo engatillado, ha afectado a miles de colombianos y su imagen ha recorrido el mundo equiparada a la de déspotas cuya evocación aún causa escalofríos.

Otras logias

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“Al final no hubo patria ni socialismo, sólo muerte”, decía el cartel desconsolado que sostenía  una joven manifestante en las calles de Venezuela. La imagen publicada por Tal Cual Digital,  el diario digital caraqueño que dirige Teodoro Petkoff,  expresa la frustración de millones de venezolanos que hace tiempo dejaron de creer que el socialismo de Hugo Chávez y los manotazos  de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello vayan a traer una igualdad que no sea en la pobreza, en la represión y la mansedumbre.

Estos días pueden haber agregado otra decepción: una cosa son los pueblos y otra distinta son los gobiernos para los que la solidaridad yace en la ideología o la sustenta el petróleo. Algunos gobiernos se instalan en instituciones regionales y se organizan como logias para mantenerse en el poder.  Para algunos de ellos, la perspectiva de perder el poder es insoportable.  En eso son similares a  los del socialismo  real del siglo XX: sólo salen por la fuerza, con pobladas, desmoronamiento de la economía y alzamientos generalizados.  Ejemplos parecidos recientes en nuestro hemisferio han sido Honduras y Paraguay.

Para defender a la cofrade Venezuela, sus amigos activaron todos los mecanismos pactados y negados a  los venezolanos que llenan las calles.  Causa escalofríos pensar que la misma vara pueda ser utilizada para medir lo que ocurriría si volvieran las dictaduras estilo hace cuatro décadas.

Es notable, con todo, ver que a favor de los debates públicos de  la tragedia venezolana estuvieron los  fundadores de la Alianza del Pacífico (Colombia, Chile, Perú, México, al lado de Panamá, Costa Rica, Estados Unidos, Canadá, Guatemala, Honduras y Paraguay.) De tres pasaron a once.  Los que se han opuesto presiden los mercados cerrados de Mercosur (Argentina, Brasil, Venezuela y Uruguay, este último con desgano, fortalecidos  con Bolivia, Ecuador y países del Caribe y América Central).  

El Nacional, de Caracas, informó hace unos días que dependen en un 40% del petróleo subsidiado que entrega Venezuela, los países centroamericanos y del Caribe que votaron por taparse los oídos y cerrar los  ojos ante María Corina Machado en la reunión del Consejo Permanente de la ni OEA. Consiguieron impedir que sus palabras fuesen públicas. Eso explica los votos de esos países. Defienden una efímera factura petrolera barata y temen que el subsidio se acabe si al chavismo cae. Es una manera vergonzosa de monetizar principios universales.

La resistencia del gobierno de Maduro y la lealtad de sus aliados tiene también una explicación en Cuba, Pero esa es historia aparte.  

 

 

Tropiezos de la diplomacia del mar

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La unanimidad que rodeó al gobierno en los pasos relativos a la reivindicación marítima parece haber empezado a romperse. Dos conocidos articulistas, atentos al tema por el papel que jugaron en la diplomacia boliviana, han criticado con preocupación este fin de semana los movimientos más recientes y los consideran desafortunados para la causa que abrazan los bolivianos: la gestión del presidente Morales ante el ex presidente Carter y el retiro del tema nacional de la agenda que guiará las sesiones de la OEA la próxima semana en Guatemala.

El guante fino con el que los dos comentaristas trataban este tema parece agotado.
En un artículo en el diario La Patria, de Oruro, el ex vicecanciller Marcelo Ostria Trigo afirmó que “tras la presentación de la demanda de Bolivia contra Chile en la Corte de la Haya la posición del actual gobierno chileno –que desde su inicio fue dura y aun intolerante– se ha radicalizado.” “Por ahora», dice, «se ve muy lejana la posibilidad de una negociación directa, como las de 1950 y 1975; esto, para gozo de los halcones chilenos, contrarios a una solución efectiva de la mediterraneidad de Bolivia.”
Ostria Trigo, ex embajador en Israel, Hungría y la OEA, fue uno de los artífices de la reaproximación con Chile en 1975 con el “abrazo de Charaña” de los generales Banzer y Pinochet, y es considerado entre los que mejor conoce de la cuestión de la mediterraneidad y sobre la negociación frustrada para conseguir una salida directa al Pacífico sobre la frontera chileno-peruana. Es la primera vez que opina públicamente sobre la cuestión desde que el gobierno nacional optó por el camino a La Haya tras los acercamientos con los presidentes Michelle Bachelet y Sebastián Piñera.
Otro diplomático y ex ministro, Manfredo Kempff Suárez, opinó en El Diario, que el retiro de la cuestión marítima del temario de la asamblea de la OEA “deja una sensación frustrante, un tufillo a desistimiento y abandono de uno de los pocos logros diplomáticos bolivianos que producían escozor y malestar en la Cancillería chilena… (Con) la resolución de 1979 apoyada masivamente en La Paz y las subsiguientes resoluciones del organismo, Bolivia abrió un espacio de discusión sobre la necesidad de que nuestro vecino diera pasos efectivos hacia una solución de nuestro justo reclamo”.
Insertada en los temas anuales de consideración de la asamblea a partir de entonces, la resolución obligaba a Bolivia y Chile a abordar el tema e informar a la región. Esa resolución fue considerada como la mayor hazaña diplomática de Bolivia en su reclamo por un acceso soberano al Pacífico Las opiniones de los dos ex diplomáticos podrían provocar otras sobre el nuevo paso dado por Bolivia.

“Parece -dice Kempff- que con la nueva Diplomacia de los Pueblos que ha instaurado el MAS… Chile ya no tendrá que preocuparse de la OEA”.
Ambos consideran innútil el viaje del presidente Morales y el encargado de la gestión boliviana en La Haya, el ex presidente Eduardo Rodríguez.
Ostria Trigo subraya que “el canal de Panamá fue devuelto luego de una negociación bilateral” y que no se parece a la situación que se ha creado con la demanda en La Haya. “Es impensable… que La Haya acepte influencias… para fallar en las causas judiciales que le han sido presentadas. Es un tribunal serio, idóneo y con una conducta nunca observada como parcializada”.
Kempff nota la coincidencia entre el anuncio del retiro de la demanda boliviana con el viaje a Georgia donde procuró “arrancarle (al ex presidente norteamericano) una promesa extemporánea e inútil de mediación con Chile.” Y ahora, dice, Bolivia está con las manos atadas y no podría plantear su reclamo en otras instancias internacionales a causa de la demanda ante La Haya.

Choquehuanca, los medios y el mar

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La página web de Radio Fides trae en la mañana de hoy esta perla:

El canciller del Estado, David Choquehuanca había revelado ayer jueves que durante la Asamblea General de la Organización de Estados Americanos realizada en junio del año pasado en Cochabamba se tocó el tema marítimo y se invocó a Chile a resolver este diferendo con Bolivia.

 “Hay una redacción, el presidente de la Asamblea Ordinaria de la Organización de Estado Americanos, que estaba bajo la presidencia de Venezuela termina con una redacción sobre el tema marítimo, ningún medio de comunicación ha publicado esa redacción, ninguno, y esa redacción obliga a Chile que se tiene que resolver este problema, que hay un problema pendiente”, dijo ayer Choquehuanca.

Hasta el mediodía no sabía de ningún medio que hubiese hecho el favor a su audiencia de presentar tal «redacción». Y si es como el canciller dice, por qué él mismo no la dio a conocer? Podía haber agregado elegantemente: «Por si acaso, estas palabras están en el documento tal leído hace año y medio en la asamblea de la OEA en Cochabamba, pero ninguno de los medios que Uds. representan se dio cuenta de ella.»

Paraguay: Un respiro más

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El gobierno de Federico Franco ganó un nuevo respiro político frente al asedio al que ha sido sometido por sus socios de MERCOSUR y UNASUR cuando este mediodía el Consejo Permanente de la OEA aceptó el informe del Secretario General de la organización para someterlo a discusión en los próximos días. La decisión dejaría de lado la sugerencia de los gobiernos izquierdistas de la región capitaneados por Venezuela, que gustarían que el debate sea asumido en una reunión extraordinaria de cancilleres de la región. Esta vez, los gobiernos de MERCOSUR y de Venezuela fueron tildados de adoptar decisiones farisaicas pues en sus propios países habían ocurrido acortamientos de mandatos presidenciales por disposición de los congresos. Incluso Brasil se inclinó por analizar el informe en una próxima sesión del CP y apartar la posibilidad de una cita de cancilleres, como había abogado Argentina, uno de los países que con más estridencia censuró la destitución de Fernando Lugo.

El ejecutivo de la organización hemisférica recordó a sus colegas que en los últimos veinte años ha habido más de veinte casos de acortamiento de mandatos presidenciales dispuestos por el congreso en muchos países de la región. El caso paraguayo, entonces, no era una excepción sino una recurrencia en países latinoamericanos. Bolivia tuvo dos -Gonzalo Sánchez y Carlos Mesa; ambos tuvieron que renunciar por presiones de «movimientos sociales», sin contar a Walter Guevara Arze (un golpe militar) y Hernán  Siles Zuazo (presiones políticas y convulsiones sociales).

Venezuela fue el único país que observó con desdén el informe del Secretario General, el chileno José Miguel Insulza. El delegado Roy Chaderton Matos equiparó el informe de Insulza al título de una vieja canción francesa con cuyo título “No hay novedad, baronesa”  subrayaba que el ejecutivo no había aportado nada nuevo respecto a la situación de Paraguay. El viaje de la misión de cinco miembros podría haber sido innecesario si se compraban los diarios de las últimas semanas y se leían sus informaciones sobre Paraguay, todo con una inversión de apenas unos 100 dólares, dijo. Nadie agarró del desaire y la mayoría de los embajadores decidió enviar el informe a sus espectivas cancillerías para recibir instrucciones y volver a reunirse quizá a fines de semana.

El paraguayo Bernardino Hugo Saguier tuvo una nueva oportunidad de defender al gobierno de Federico Franco y recalcar el ambiente de libertades y relativa calma bajo el que se vive en su país, en reiteración a lo expresado por el Informe Insulza y reclamar contra «la injerencia en asuntos internos de Paraguay» de la que acusó a Venezuela. Un par de delegados del ALBA, que comanda Venezuela, se quejó de que la misión de Insulza en Paraguay no hubiese incluido a gobiernos izquierdistas de la región. Insulza respondió que originalmente se había contado con la inclusión de dos gobiernos de los bloques que censuran al nuevo gobierno paraguayo, pero que sus representantes no recibieron autorización de sus cancillerías. Quedó en el misterio cuáles habrían sido esos países.

De todos modos, Saguier subrayó que en la sesión anterior había extendido una invitación para que, sin exclusiones todos los representantes que deseasen ir a Paraguay lo hicieran. Y aprovechó para censurar la exclusión de su país de MERCOSUR y criticar el ingreso de Venezuela al grupo subrayando que contra Paraguay se ha formado una Triple alianza + 1. Fue más sal en la herida de la guerra de la triple alianza del siglo antepasado, que costó a Paraguay gran parte del territorio que tenía y diezmó a su población.
Presidida por el embajador boliviano Diego Pary, presencié la sesión en vivo y directo gracias a la página web de la organización.